martes, 17 de julio de 2012

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE ACAYUAZÁ


Sofocada la revolución del interior y ya de regreso la mayor parte de los cuerpos retirados del frente para combatirla, aumentaba aún más en los argentinos el deseo de que se aceleren las operaciones. Quienes venían de la guerra civil, anhelaban volver definitivamente a sus hogares. Había que desplegar todo el empuje y el valor de aquellos cuerpos prematuramente envejecidos por las penurias de casi tres años de campaña, para poner fin a la contienda. Así pensaban los que se aprestaban a participar en las operaciones sobre la fortaleza de Humaitá.
Sin embargo el mariscal Francisco Solano López levantaba nuevas fortificaciones sobre el Timbó, que podían tornar dificultoso lograr el objetivo. De ahí que en mayo de 1868, argentinos y brasileños desplegaran sus fuerzas para cerrar el cerco y obstaculizar los trabajos de apuntalamiento. El mando aliado designó al frente de las tropas argentinas allí destacadas a Ignacio Rivas. Como se sabe, el general se pintaba solo para los ataques vigorosos y no escatimaba la vida de sus hombres ni la propia existencia cuando le ordenaban tomar una posición. Y pidió como jefe de estado mayor al coronel Miguel Martínez de Hoz, otro arriesgado.

En un ataque a la bayoneta, el 5 de línea, con este último al frente, ocupó el 30 de mayo de 1868 una batería de importancia táctica que protegía con sus fuegos a Humaitá. Un mes y medio más tarde, Rivas decidió realizar un reconocimiento sobre un reducto artillado construido por el coronel Caballero. Para efectuar la operación, el grueso de los sus efectivos debían ocupar uno de los puentes situados sobre el río Acayuazá, con el fin de permitir que una guerrilla lo cruzara y realizara dicha tarea. Martínez de Hoz partió con su batallón; con el Cazadores de la Rioja, comandado por el teniente coronel Gaspar Campos, y con otros dos cuerpos brasileños. Además llevaba como elemento de choque una partida formada por 40 hombres escogidos.
Era el 18 de julio. Los aliados marchaban en columnas paralelas: los brasileños por el monte y los argentinos por la costa. Estos últimos, al llegar al puente, arrollaron a los paraguayos, que fingían dispersarse para obligarlos a entrar el propio terreno. Martínez de Hoz y Campos se dejaron llevar por su temeridad indómita y se pusieron al frente de la guerrilla, que se lanzó en persecución de manera desenfrenada. Los Cazadores de la Rioja habían quedado sobre el puente, sin tener quien los mandara, y los brasileños estaban lejos. Pasaron así por el punto en que estaba oculto el capitán paraguayo Taboada, sin advertir su presencia. El Reducto Corá no daba señales de vida. Cuando los dos jefes advirtieron la maniobra era tarde. De pronto la artillería lanzó sobre los aliados una furiosa andanada. Martínez de Hoz despachó a su ayudante con un pedido de refuerzos al general Rivas, le ordenó a Campos que tratase de desplegar una compañía de su batallón y se dispuso a vender cara la vida. El coronel y sus hombres fueron rodeados y acribillados a bayonetazos y lanzazos, pues no quisieron rendirse por más que el Cnl. Bernardino Caballero, admirado por la presencia de ánimo de su adversario lo invitó a deponer las armas.
Mientras tanto las tropas brasileñas huyeron siendo acuchilladas por la espalda hasta las proximidades de Andaí.
Campos llegó al puente, tomó la bandera de su unidad, la hizo flamear por última vez con el fin de que la contemplasen sus soldados, y la arrojó al río para que no la tomase el enemigo. De inmediato volvió con algunos de sus hombres al lugar en que expiraba Martínez de Hoz y, tras resistirse con furia, fue tomado prisionero. Al saber lo ocurrido, el mariscal López dispuso que se lo condujera a San Fernando con los demás sobrevivientes. El gallardo jefe argentino corrió después la suerte del ejército paraguayo, sufrió con él sus penurias y privaciones, pero mereció siempre los respetos debidos por parte del enemigo. Enfermó gravemente de disentería en la retirada al Pikisyry y falleció en Itá Ybaté el 12 de setiembre cuando tenía sólo 37 años. El coronel Bernardino Caballero le asistió en sus últimos momentos y recibió de sus manos algunas reliquias para los suyos, que entregó después de la guerra.
Humaitá cayó, finalmente, el 5 de agosto de 1868, y pareció que se aproximaba el fin de la guerra. Pero faltaba más de un año de esfuerzos y sacrificios para que argentinos, brasileños y orientales pudieran regresar a sus respectivas patrias.

Fuente: De Marco, Muguel A. – La Guerra del Paraguay – Buenos Aires (2003)/ O’Leary, Juan E. – El Centauro de Ybycui – París (1929).

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lunes, 16 de julio de 2012

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL CORONEL CARLOS FOREST


Nació en El Havre, Francia, en el año 1787. Su carrera militar la empezó en su patria y posteriormente abandonó las filas imperiales para trasladarse a Buenos Aires. Sus servicios militares empezaron en la época de la segunda invasión inglesa, siendo dado de alta el 29 de julio de 1807, como capitán del Cuerpo de Voluntarios del Río de la Plata.

Al producirse el movimiento emancipador de Mayo de 1810, el capitán Forest hizo causa común con los independientes. El 1º de enero de 1812 fue nombrado capitán de la 8ª compañía Fusileros del Regimiento Nº 5, de reciente creación. Marchó a incorporarse al Ejército del Norte, asistiendo al combate del río de las Piedras, el 3 de setiembre de 1812, con parte de los Cazadores; así como también en la batalla de Tucumán, el día 24 del mismo mes, donde mandó la primera columna de infantería en su calidad de capitán del Nº 1 a cargo interinamente de la sargentía mayor del Nº 6 (que ejercía desde el mes de mayo de igual año), columna que estaba formada a la derecha del dispositivo de combate adoptado por Belgrano, constituida por una compañía de 100 cazadores con dos piezas ligeras. Por su comportamiento en esta batalla fue promovido a sargento mayor efectivo del Regimiento Nº 6, el 1º de noviembre de 1812.
En la batalla de Salta, el 20 de febrero del año siguiente, Forest comandó la 4ª columna de infantería, constituida por el 2º batallón del Nº 6 (cuyo primer batallón formó la 3ª columna al mando del teniente coronel Francisco Pico). Participó en el avance victorioso hasta Potosí, siendo sensible que el carácter turbulento de Forest produjo frecuentes disgustos al general Belgrano y muchas rencillas en el Ejército Auxiliar. Forest había reemplazado en el comando del Regimiento 6º al coronel Pico el 5 de abril, por haber sido designado el último teniente gobernador de Jujuy.
Como teniente coronel asistió a la desgraciada jornada de Vilcapujio, el 1º de octubre de 1813, donde fue gravemente herido, por cuya razón no participó en la acción de Ayohuma, librada el 14 de noviembre. El 8 de enero de 1814 fue ascendido a coronel graduado del Regimiento Nº 6, pero meses después, cuando rendía la plaza de Montevideo, el Director Posadas reforzó aquel Ejército con varios cuerpos, el Nº 6 se refundió con el Nº 1 de Infantería que mandaba el coronel Ventura Vázquez, quedando Forest como 2º de este cuerpo.
Poco después el general Alvear fue nombrado comandante en jefe del Ejército Auxiliar en noviembre de 1814. El 8 del mes siguiente se producía en Jujuy, donde se hallaba acantonado aquel ejército, una asonada para deponer a los jefes adictos a Alvear, entre los cuales se hallaba el coronel Vázquez, quien fue reemplazado en el mando de Regimiento Nº 1 por el coronel Forest. Al tener conocimiento Alvear de lo ocurrido, estando a unas 30 leguas al Norte de Córdoba, se puso furioso y lleno de amargura contra los patriotas que así habían procedido, llamándolos rebeldes, y contra el pueblo de Salta, que había apresado a su gobernador coronel Hilarión de la Quintana (nombrado por Alvear). Ordenó que se hiciera cargo interinamente del Ejército el general Martín Rodríguez, o en su defecto, el coronel Carlos Forest, debiendo trasladarse a Tucumán el general Rondeau, a quien lo había nombrado Presidente de Charcas. Alvear resolvió finalmente, regresar a Buenos Aires, donde el 9 de enero de 1815 fue elegido Director Supremo, en reemplazo de Posadas, que renunció.
El coronel Forest fue uno de los firmantes del Acta levantada en Humahuaca, el 31 de enero de 1815, desconociendo la autoridad del nuevo Director. Asistió a la batalla de Sipe-Sipe, el 29 de noviembre de igual año, al frente del Nº 1 y fue el causante principal de la derrota, a consecuencia de la temprana retirada de su cuerpo, lo que parece que en parte fue debido a que las graves heridas recibidas en Vilcapujio se le reabrieron en razón de haber montado a caballo, por lo cual fue necesario improvisar en la retirada una litera análoga a la que había empleado en las marchas, desde que recibió tan graves heridas. Dicha litera era llevada por mulas o por indios. Forest en aquella época caminaba arrastrándose, apoyado en un bastón.
A principios de 1816, cuando se incorporaron al Ejército del Norte los Regimientos Nº 2 y 3 de Infantería, mandados por los coroneles Bustos y French, respectivamente, el general Rondeau con el apoyo de estos dos jefes, pudo sobreponerse al coronel Forest, cuya conducta era escandalosamente anti-disciplinaria, manteniendo constantemente en alarma al ejército y en continuo disgusto al General en Jefe. Entonces se disolvió el cuerpo que mandaba Forest, siendo éste enviado a Buenos Aires, donde fueron empleados sus servicios en la Comisaría de Guerra y el 4 de enero de 1817, el Director Pueyrredón lo promovió a coronel efectivo del Ejército, con antigüedad del 7 de marzo de 1815. El 5 de noviembre del mismo año obtuvo su retiro a inválidos, “en clase de disperso” con la mitad del sueldo de su clase por las heridas recibidas en el Alto Perú.
Acompañó al general Alvear en la famosa asonada de la noche del 25 de marzo de 1820, cuando se apoderó del cuartel del Regimiento de Aguerridos, en el Retiro, siguiendo después Forest a aquel General en sus aventuras y en la campaña que realizó aquel año, asistiendo al combate de la Cañada de la Cruz, el 28 de junio, donde fue derrotado el general Soler; acompañándolo hasta que sus fuerzas, conjuntamente con las del caudillo chileno José Miguel Carrera, fueron totalmente destruídas por Dorrego, en San Nicolás de los Arroyos, el 2 de agosto de 1820.
El 4 de febrero de 1821 se puso a su cargo la Fortaleza de Buenos Aires. El 4 de enero de 1822 fue reincorporado a la P. M. A., como coronel, falleciendo en Buenos Aires el 16 de julio de 1823. Sus restos descansan en el Cementerio de la Recoleta.
El coronel Forest era casado con Carlota Joaquina Vieytes. El 10 de febrero de 1818 solicitó del Gobierno un terreno para labrarlo, cerca del fortín de Areco, “por no poder subsistir con sus medios de vida”. El 14 del mismo mes se le otorgó lo solicitado al solo efecto de poblarlo, y allí vivió Forest en los años siguientes, y en una solicitud del 18 de febrero de 1819 decía estar “sufriendo mil escaseces y enfermo de sus heridas”.

Fuentes: Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado / www revisionistas.com.ar /Yaben, Jacinto R. – Biografías Argentinas y Sudamericanas – Buenos Aires (1938).

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domingo, 15 de julio de 2012

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL GENERAL JUAN ANTONIO ALVAREZ DE ARENALES

"“El es digno de mandar por su honradez acrisolada, por su habitual prudencia y la serenidad de su coraje”." General José de San Martín.

Nacido en Salta en 1770, aunque existe otra versión histórica que dice que nació en España (Villa de Reinoso), el 15 de Junio de 1770. Comenzó su carrera militar en 1784 en el regimiento Fijo de Buenos Aires; y sus servicios civiles en 1795 como subdelegado del partido de Arque, en Cochabamba, y de Yamparaes, en Charcas, posteriormente. Tuvo importante participación en la revolucion del 25 de Mayo de 1809 en Chuquisaca, aceptando el cargo de comandante general de armas, que en esas circunstancias importaba muy grave responsabilidad. Dominado el movimiento, sufrió dura prisión por mas de veinte meses, en que fue afligido con toda suerte de penurias y escapo al patíbulo muy difícilmente. Estuvo en la batalla de Salta y acompaño al general Belgrano en la campaña sobre el Alto Peru, nombrándole aquel gobernador de Cochabamba, el 6 de Septiembre de 1813. Derrotado nuestro ejercito en Vilcapugio y Ayohuma, Arenales hizo prodigios para sostenerse en aquella provincia sin auxilio alguno; pero con sus condiciones excepcionales de hombre de guerra, domino la situación; y después de librar muchos combates, obtuvo la famosa victoria de La Florida, el 25 de Mayo de 1814, en la que recibió catorce heridas y cuya acción conmemora una calle principal de Buenos Aires. El gobierno nacional lo ascendió al grado efectivo de coronel de ejercito; y lo designo gobernador intendente de la provincia de Cochabamba, el 19 de Octubre de ese año.
Como comandante general de las tropas del interior, para que fue designado por el general en jefe del ejercito auxiliar del Perú, general Jose Rondeau, asistio a la ultima campaña sobre aquellas regiones, a la que puso termino el desastre de Sipe-Sipe. Dos meses antes fue ascendido a la jerarquía de coronel mayor de los ejércitos de la patria (16 de Septiembre de 1815). Poco después ejecuto una segunda campaña (1821-1822) con que contribuyo efizcamente a las operaciones del ejercito. Fue presidente del departamento de Trujillo; y agrego a sus títulos de mariscal de campo de la republica de Chile y sub-oficial de su Legión de Merito, el de gran mariscal del Perú, fundador de la Orden del Sol, jefe de estado mayor general del ejercito y general en jefe del ejercito del centro. 
Cuando la anarquía comenzó a minar el Perú, Arenales se substrajo a su influencia , retirándose del teatro de sus estragos; y radicándose nuevamente en Salta (1823), sus conciudadanos le confiaron el gobierno de la provincia, que desempeño hasta que la anarquía le derribo del poder y le arrastro a la expatriación. Este insigne patriota, a quien Rivadavia diera en justicia el mas alto cargo militar de los ejércitos de la republica, el 7 de Agosto de 1826, consagrando con las palmas de brigadier general la culminación jerárquica de su gloriosa carrera, falleció en Moraya (Bolivia) el 4 de Diciembre de 1831.


sábado, 14 de julio de 2012

ANIVERSARIO DE LA CONSTRUCCIÓN DE LÍNEA TELEGRÁFICA Y TELEFÓNICA ENTRE SANTA ROSA Y DESAGUADERO

La Compañía de Construcción de Líneas Permanentes Nro. 3 inicia el día 14 de julio la construcción de una línea telegráfica y telefónica desde la localidad de Santa Rosa hasta Desaguadero, Provincia de Mendoza, uniendo las siguientes localidades: Las Caritas, La Dormida y La Paz. La línea totalizó una construcción de 100 kilómetros y estaba compuesta de cuatro conductores de hierro y dos de cobre, sobre crucetas de madera, que posibilitaron la utilización de canales telefónicos a frecuencia de voz y telegráficos. La obra ejecutada por el Ejército Argentino permitió el enlace telefónico y telegráfico entre estas localidades y su correspondiente integración al sistema nacional, y contribuyó así al progreso y desarrollo de la patria.


Fuente: Ejercito.




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viernes, 13 de julio de 2012

199 ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DEL REGIMIENTO DE INFANTERÍA 8 "BRIGADIER GENERAL BERNARDO O'HIGGINS"

“Regimiento de Infantería 8: Creado por el General Belgrano el 13 de julio de 1813”
Su primer antecedente de creación data del 5 de abril de 1811, oportunidad en el que fue creado bajo el nombre REGIMIENTO 8 DE INFANTERÍA "LA PAZ", siendo su primer Jefe el Sargento Mayor Clemente Diez de Medina y Parada.
La Unidad fue desactivada después del desastre de Huaqui ocurrido el 20 de junio del mismo año, y sus jefes sometidos al funesto "Proceso de Desaguadero"
El 13 de julio de 1813 y producto de las levas acaecidas en Potosí, el General Manuel Belgrano envió una carta al gobierno de Buenos Aires, solicitando se reconociera la creación del Regimiento de Infantería Nro. 8, designando como jefe al Teniente Coronel Benito Alvarez. Lamentablemente, a los 80 días de haber sido creado la masa de sus oficiales y el 40% de la tropa pereció en la derrota de Vilcapugio, razón por la cual fue disuelto nuevamente.
En 1814 fue recreado y participó en el Sitio y Rendición de Montevideo, razón por la cual fue declarado por primera vez en su historia "Benemérito de la Nación" (La segunda vez fue durante la Campaña de los Andes)
En 1816 fue destinado a engrosar el incipiente Ejército de los Andes a órdenes del General José de San Martín, siendo su Jefe el Teniente Coronel Ambrosio Cramer, militar francés de destacada actuación en el Gran Ejército de Napoleón Bonaparte.
Se batió con gallardía en Chacabuco y Maipú formando parte de la columna del prócer del cual hoy ostenta el nombre: Bernardo O'Higgins Riquelme.
Durante la sublevación del Callao escribió una brillante página en el anecdotario de la nación al negarse uno de sus soldados a reconocer la autoridad española, cuestión que terminaría por costarle la vida y elevarlo a la categoría de mártir por la independencia. Su nombre Antonio Ruiz, su apodo Falucho, arquetipo del soldado del 8 de Infantería.
En 1856 fue reactivado por decreto presidencial, y en 1865 concurrió a la Guerra de la Triple Alianza, fusionado con la Legión Italiana. En 1870, y luego de batirse con gloria en las trincheras de Curupaytí, recobró su número y se asentó en la ciudad de Corrientes.
Participó hasta fin de siglo de diversas acciones y guarneció en varias ciudades del interior de nuestro país.
El 12 de diciembre de 1935 recaló en su asentameinto actual, la ciudad de Comodoro Rivadavia.
El 6 de abril de 1982 se embarcó de modo aéreo hacia Malvinas, participando de las acciones en ambas islas.
La masa de la Unidad desarrolló sus acciones en Bahía Fox, y la Sección al mando del Subteniente Guillermo Aliaga se batió con gloria en el destacado combate de Darwin-Goose Green.
En 1991 se mecanizó integramente con vehículos de la serie americana M 113 en varias de sus versiones.
Hoy cumple 199 años de servicio a nuestra nación, y 77 años de permanencia ininterrumpida en la Patagonia Argentina.
Fuente: Mayor de Infantería D Alfredo Massarelli.

Información: http://www/. rimec8.ejercito.mil.ar/

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jueves, 12 de julio de 2012

ANIVERSARIO DE LA EVACUACIÓN DE LAS TROPAS INGLESAS DE BUENOS AIRES


El ejército inglés, vencido en las gloriosas jornadas de la defensa de la ciudad de Buenos Aires durante los días 5 y 6 de este mes, comenzó la evacuación de la ciudad. El día 9 de julio comenzó el embarque de las tropas el cual concluyó el 12, haciéndose a la vela en el mismo día con rumbo a Montevideo, puerto donde permaneció por un período de dos meses hasta completar la total evacuación del Río de la Plata. Durante la operación de embarque que se prolongó por varios días por la bajante del río, se produjeron numerosas deserciones entre las tropas derrotadas.

Durante aquellos días de combate, al igual que en la anterior invasión, el pueblo de Buenos Aires se defendió heroicamente desde las ventanas y azoteas de las casas, infligiendo serias bajas a los invasores que, después de luchar sin esperanzas, debieron parlamentar y embarcarse nuevamente en su flota, para regresar a la isla lejana con la convicción de que esta gran aldea colonial de calles polvorientas y veredas altas era inconquistable.
Por esta razón, los hospitales de campaña estaban repletos de heridos de ambos bandos y el Virrey Liniers los recorría preocupándose por igual del estado de sus hombres y de los ingleses.
En una de sus visitas, el Coronel Kingston, que se hallaba próximo a la muerte, le preguntó haciendo un esfuerzo:

- General ¿Quiénes son unos soldados de porte altivo que visten de azul y blanco y ciñen al cuerpo airosa faja?

- Los Patricios – le respondió con simpatía Liniers.

- Batiéndome con ellos fui herido y me complace reconocer que jamás un militar pundonoroso pudo hallar más dignos y valientes enemigos. ¿Seríais tan generoso caballero, que concedierais un preciado don a un enemigo desgraciado?

- Concedido, Coronel, si está en mis manos poder hacerlo.

- Pues bien; permitid a que se me entierre en el cuartel de esos patricios, moriré feliz sabiendo que voy a dormir mi último sueño bajo la protección de esos valientes.

Así fueron de hidalgos y valientes los adversarios de esa época. Gloriosa época, en que si se hubiera hecho un verso por cada acto heroico, nuestra historia estaría escrita en estrofas.

Fuente: Juan Román Silveyra, Anecdotario Histórico Militar, Ediciones Argentinas Brunetti.

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miércoles, 11 de julio de 2012

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL GENERAL JUAN GREGORIO LAS HERAS


El 11 de julio de 1780, nace en la ciudad de Buenos Aires el General Juan G. Gregorio de Las Heras. Inició su carrera de las armas en 1806, durante la Primer Invasión Inglesa, combatiendo luego también en la Segunda. Al producirse la Revolución de Mayo, en 1810, se alistó y el 24 de octubre fue nombrado Sargento Mayor del cuerpo de Patricios de Córdoba. En 1813, cruzó la Cordillera de los Andes para combatir a los realistas junto a los chilenos independentistas al frente del cuerpo de Auxiliares de Chile, enviados por el gobierno de Buenos Aires. Triunfó en Cucha-Cucha y fue derrotado en Rancagua, protegiendo con los Auxiliares la retirada de los chilenos a la provincia de Mendoza. Se incorporó al Ejército de los Andes, organizando el Regimiento 11 de Infantería, que habría de cubrirse de gloria en las futuras campañas bajo su mando. Con el grado de Coronel combatió en Chacabuco y en otros hechos de armas en Chile. Fue Jefe del Estado Mayor del Ejército Libertador del Perú. En 1822 volvió a Buenos Aires, siendo nombrado plenipotenciario ante las autoridades españolas que gobernaban el Alto Perú (hoy Bolivia). El 2 de agosto de 1824 fue designado gobernador de la provincia de Buenos Aires y el 23 de enero de 1825 puesto a cargo del poder ejecutivo Nacional. En 1828, fue ascendido a General. Falleció en Santiago de Chile el 06 de febrero de 1866.

EL HEROISMO DE LAS HERAS EN EL ATAQUE A TALCAHUANO
El General D. Juan Gregorio Gualberto de Las Heras era porteño e hizo sus primeras armas como oficial miliciano durante las invasiones inglesas. En 1813 marchó a Chile al mando de los “Auxiliares Argentinos” formados por soldados reclutados en las provincias de Córdoba y Mendoza.
Al frente de esa tropa se batió como un héroe en Cucha Cucha y, después de la derrota de los chilenos en Rancagua, regresó a la Patria, donde se le confió el mando de una Unidad de reciente formación, cuya base fueron los “Auxiliares”, que luego se inmortalizó con el nombre de “Leones Invencibles de Las Heras” y que aún subsiste: “El Batallón Nº 11 de los Andes”.
Combatió en Chacabuco y en Gavilán y, cuando el ejército argentino-chileno que mandaba O’Higgins puso sitio a la fortaleza de Talcahuano, fue designado para atacar el Morro artillado de la derecha. El 6 de diciembre de1817 rompió la marcha el glorioso Nº 11 antes de despuntar el alba y, poco después, los fuegos de los defensores alumbraban el escenario dantesco de la acción.
En avance inexorable y resistiendo a las descargas del enemigo, los infantes de Las Heras ocuparon la posición después de una corta pero sangrienta lucha, donde la bayoneta y el sable hirieron y desgarraron sin descanso. Al querer internarse en la fortaleza se encontró el Jefe argentino con una profunda zanja, cuyo puente había sido levantado, que impedía su paso y desde allí se trabó en un combate por el fuego con las fuerzas de Su Majestad que, justo es decirlo, se defendían con singular denuedo. Al amanecer, la posición de los conquistadores del Morro se hizo insostenible, sin embargo, Las Heras continuó al frente de sus hombres, sin retroceder un paso, hasta que recibió la orden de retirarse.
Sin mayor apuro, el bravo Jefe del 11º mandó retirar primero a los heridos y luego a los prisioneros, clavó los cañones del enemigo que tan valerosamente habían tomado y luego, sereno y magnífico, inició el repliegue al redoblar de los tambores, como si fuera en una parada, bajo el fuego de toda la artillería enemiga.
Cuentan los que tuvieron el honor de presenciar la heroica actitud de este coloso de la Patria, que se dirigió a su punto de partida con la espada bajo el brazo y señalando, con el brazo extendido el camino que debía seguir su tropa.
Estos son los ejemplos que deben seguirse para lograr proyectar un porvenir luminoso e inmenzo para nuestra Patria. Los Padres de la Patria tuvieron esa talla y ese temple. Rindámosle el homenaje que merecen y llevemos a Nuestra Nación al lugar que merece.
Fuente: Juan Román Silveyra, Anecdotario Histórico Militar, Ediciones Argentinas Brunetti.

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