martes, 10 de diciembre de 2019

ANIVERSARIO DE LA DECLARACION DE GUERRA DEL IMPERIO DEL BRASIL A LAS PROVINCIAS UNIDAS DEL RIO DE LA PLATA

El día 10 de diciembre de 1825 se produce la declaración de guerra del Imperio del Brasil a las Provincias Unidas del Río de la Plata por el emperador de Brasil, Pedro I. Durante el gobierno del General Juan Gregorio de Las Heras se produjo una patriótica sublevación a la ocupación brasileña del territorio de la Banda Oriental y un pedido de incorporación a las Provincias Unidas, que fue reconocido por el Congreso reunido en la ciudad de Buenos Aires, lo que motivó esta declaración que condujo a una guerra victoriosa para la República Argentina.


En 1816 numerosas y bien pertrechadas fuerzas del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarave comenzaron la invasión lusobrasileña de la Provincia Oriental y de la casi totalidad de Misiones, así como practicaban incursiones en las provincias de Corrientes y Entre Ríos.
En1821 la entonces llamada Provincia Oriental del Río de la Plata, actual Uruguay y ex Banda Oriental, fue anexada al Brasil por Portugal con el nombre de Provincia Cisplatina tras ser derrotado Jose Gervasio de Artigas en la Batalla de Tacuarembò (1820).
Cinco años después, en 1825, y con el apoyo del gobierno argentino, un grupo de orientales y de otras provincias, llamados los Treinta y Tres Orientales y liderados por Juan Antonio Lavalleja, ingresó en la Provincia Oriental para desalojar a los ocupantes brasileños. A ellos se sumó oportunamente (tras haber servido a los brasileros) Fructuoso Rivera y en pocos meses logran retirar al ejército brasilero. El 25 de agosto de 1825, en el Congreso de Florida, se declaró la independencia del territorio oriental, y su voluntad de formar parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Pese a que al comienzo las fuerzas imperiales eran mayores a las rioplatenses, las Provincias Unidas lograron derrotar a Brasil luego de una lucha de tres años por tierra y mar; la batalla decisiva fue la de Ituzaingó. Sin embargo, los problemas económicos, provocados por el bloqueo de la Armada de Brasil al puerto de Buenos Aires obligaron a aceptar reclamos brasileños por lo que finalmente, Bernardino Rivadavia envió al ministro Manuel Jose Garcia a gestionar la paz; sin embargo, García firmó un tratado que luego sería conocido como el “tratado deshonroso” , ya que reconocía la soberanía del Imperio sobre la Provincia Oriental y se comprometía a pagarle a Brasil una indemnización de guerra. El presidente Rivadavia rechazó el convenio y posteriormente presentaría su renuncia.
El conflicto continuó hasta el 28 de agosto de 1828, cuando durante el gobierno de Manuel Dorrego se llegó a una Convencion Preliminar de Paz, donde se disponía la independencia de la Provincia Oriental y el cese de las hostilidades.


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lunes, 9 de diciembre de 2019

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE AYACUCHO

El Ejército Independiente obtuvo una victoria decisiva para la independencia americana en los campos de Ayacucho contra las fuerzas realistas. Esta última batalla de la Guerra de la Independencia fue la culminación de una acción continua durante 14 años a través de medio continente.
La Batalla de Ayacucho, fue el último enfrentamiento dentro de las grandes campañas terrestres de la guerra de independencia hispanoamericana (1809-1826) que había comenzado con la Revolución de Chuquisaca en 1809 en el Alto Perú y que culminó con la ocupación de las fortalezas del Callao dos años más tarde en 1826. La batalla se desarrolló en la Pampa de la Quinoa en el departamento de Ayacucho, Perú, el 9 de diciembre de 1824. La victoria de los independentistas, selló de facto la independencia del Perú con una capitulación militar que se transformaría años más tarde en tratado diplomático firmado en París el 14 agosto de 1879.
En 1820 España entraba en la debacle política con la sujeción del rey Fernando VII y la reinstauración de la Constitución liberal por la sublevación del General Rafael de Riego apoyado en los veinte mil soldados destinados a auxiliar a los realistas de América. Esto acabó para siempre con las expediciones de refuerzos de España que desde entonces no se aprestaron para ningún lugar de América, y motivó que los dos grandes virreinatos del Perú y de México que hasta el momento habían contenido el avance de la revolución hispanoamericana tomasen caminos opuestos. Mientras en México los monárquicos absolutistas afianzados tras destruir a los insurgentes, proclamaron su separación negociada de la España Liberal mediante el Plan de Iguala, los Tratados de Córdoba y el pacto trigarante. En el Perú por el contrario, el Virrey Pezuela estaba desacreditado por la derrota en Chile y debilitado por la expedición a Lima de José de San Martín. El Virrey absolutista fue derrocado finalmente por el golpe militar del general José de la Serna que proclamó entonces su adhesión a la Constitución Liberal.Los independentistas sostenían una prometedora campaña para derrotar a la Serna y los militares contrarios a la independencia que le apoyaban. Pero los realistas bajo una sólida subordinación militar destruyeron sucesivos ejércitos independientes. Primero en las campañas de Ica dirigidos por Domingo Tristán y Agustín Gamarra, y después en Torata y Moquegua por Rudecindo Alvarado. El inesperado año 1823 terminaba con otra campaña abierta sobre Puno con la batalla de Zepita y que culminaba con la aniquilación del ejército patriota comandado por Andrés de Santa Cruz y Agustín Gamarra. El Virrey la Serna recuperaba Arequipa tras batir a los colombianos el 10 de octubre de 1823. Todavía más, la guarnición argentina del Callao se pasaba a los realistas que acudieron en su ayuda desde la Sierra.Finalmente lo que restaba de optimismo se apagaba por las denuncias de traición contra los presidentes peruanos José de la Riva Agüero y José Bernardo de Tagle. José de la Riva Agüero deportó diputados del Congreso del Perú y organizó un congreso paralelo en Trujillo y luego de ser declarado reo de alta traición por el Congreso del Perú fue desterrado a Chile. En cambio José Bernardo de Tagle buscaba la firmar la paz sin batallas con el Virrey La Serna por lo cual fue a entrevistarse con los realistas. Este acto que fue considerado por Bolívar como traición. José Bernardo de Tagle dispuso todas las fuerzas a su mando apoyen a Bolívar para hacer frente al enemigo. Bolívar buscaba capturarlo para fusilarlo. José Bernardo de Tagle fue refugiado por los realistas en la asediada fortaleza del Callao. Bolívar escribía solicitando refuerzos de Colombia.
Pero sorpresivamente el año 1824 comienza con la rebelión de Olañeta en el Alto Perú tras conocerse la caída del gobierno Constitucional en España. El monarca absoluto Fernando VII había recuperado el trono de España y las Indias apoyado por 132.000 soldados del ejército de la Santa Alianza que invadía España. Y el 1 de octubre de 1823 el rey decretaba la abolición de todo lo aprobado durante los tres años de gobierno constitucional; sin distinguir lo hecho para las américas. Rafael del Riego moría ahorcado el 7 de noviembre de 1823 y los propulsores del movimiento liberal fueron ajusticiados, marginados o exiliados de España. El alcance de ésta purga sobre los constitucionales de Virreynato del Perú era infalible.
Tras conocer la rebeldía del general absolutista español Pedro Antonio Olañeta contra los constitucionales, La Serna cambio sus planes de bajar a la costa para batir a Bolívar. El Virrey del Perú por el contrario desviaba sus fuerzas y cruzaba el río Desaguadero el 22 de enero 1824 para dirigirlo a Potosí y someter los ejércitos de su antiguo subordinado. Las Memorias para la historia de las armas españolas en el Perú del oficial peninsular Andrés García Camba (1846) detallan el trastorno que los sucesos del Alto Perú produjo en los cálculos defensivos del virrey, José de la Serna e Hinojosa. En una prolongada campaña con las batallas de Tarabuquillo, Sala, Cotagaita y finalmente en la Lava el día 17 de Agosto de 1824 las fuerzas realistas del Virreynato del Perú (monárquicos constitucionales) y de las provincias del Alto Perú (monárquicos absolutistas) se destruían mutuamente y lo peor, Jerónimo Valdés era llamado urgentemente por el Virrey la Serna para contener el avance de Bolivar tras la batalla de Junín.
Bolívar en comunicación con Olañeta aprovecha el desmontaje del aparato defensivo realista para "movernos en todo el mes de mayo contra Jauja" y así sorprende a José de Canterac aislado en Junín el 6 de agosto de 1824. Dio comienzo entonces una incesante persecución con la consecuente pérdida de 3.000 realistas que seguidamente engrosaban las filas independientes.
Finalmente el 7 de octubre de 1824 con sus tropas a las puertas del Cuzco Bolívar entregó al general Sucre el mando del nuevo frente de batalla que recorría el curso del Río Apurimac y se retiró a Lima para tomar de la capital más empréstitos para sostener la guerra en el Perú y recibir una división colombiana de 4000 hombres despachada por Páez que no llegaría sino después de Ayacucho.
 
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domingo, 8 de diciembre de 2019

EL UNIFORME DE LOS CADETES DEL COLEGIO MILITAR DE LA NACIÓN


El uniforme no es solamente “un vestido peculiar y distintivo que usan los militares por concesión o por ley”. No siempre fue un traje, sólo bastaba en ocasiones, un penacho, un símbolo o un emblema, para que se “uniformara” a un grupo de hombres. El objeto era distinguir, identificar, individualizar un cuerpo. Pero algunos de ellos se convirtieron en verdaderos íconos de los ejércitos a los que pertenecían. Éste es el caso del uniforme de los Cadetes del Colegio Militar de la Nación.
Vestir un uniforme es algo muy especial, y más cuando se lo hace a una edad en la que todo se idealiza y adquiere un matiz romántico y lírico. En ese uniforme se encarna la vocación de servir desinteresadamente, al igual que un antiguo caballero a una causa noble, a la Patria. La investidura, entonces, supone una predisposición intelectual y espiritual. Intelectual porque se debe tomar conciencia del significado de estos paños y qué cosas se deben defender como valores inmutables y permanentes. Espiritual porque se necesita estar en gracia de Dios, libre de espíritu y tranquilidad de conciencia.
Este uniforme ha variado en su forma pero no en su fondo, representando valores que han sido defendidos por hombres de la talla de Saavedra, quien fue uno de los forjadores de la Patria; Belgrano, que dio los colores a la bandera; San Martín, que dio la gloria a nuestras armas; Las Heras, que fue ejemplo de subordinación y valentía; de los generales Riccheri, Savio y Mosconi, contemporáneos forjadores de un Ejército Argentino más pujante; y también de los jóvenes oficiales que, a poco de egresados, derramaron generosamente su sangre, en pos de sus ideales de una Patria mejor, como Berdina, Massaferro y Barceló. Otros, como Larrabure, son ejemplo de abnegación y entrega suprema ante un enemigo cobarde y artero. Por último, otros jóvenes como Estévez, mostraron en el campo de combate de una guerra convencional, en el intento supremo de recuperar nuestras Islas Malvinas, la grandeza sin tacha del soldado argentino.

EL SIGNIFICADO DEL UNIFORMEMás de un siglo ha transcurrido desde el uso de aquel viejo uniforme compuesto de “blusa de paño azul oscuro con reverso de terciopelo, chaleco y pantalón del mismo paño con franja punzó, botines a la Crimea y kepi”, y muchos años más han pasado desde las solemnes entregas de armas e investiduras de aquellos guerreros que encontraban en la milicia su modo de santificación.
El paso del tiempo no pudo variar la esencia de los hombres de armas que permanecen fijas, inmóviles, idénticas, más allá de los cambios, de los gustos y las modas circunstanciales. Antaño, el distintivo exterior del soldado fue su uniforme. Pero ese no era (ni es) más que la exteriorización de una uniformidad interior que esos bravos llevaban, unían y reunían. Así llegaban a ser un sólo sentimiento, un solo corazón, una sola voluntad, una sola idea y uno solo frente al enemigo.
Los uniformes son la manifestación de una comunión espiritual verdadera y, aunque en su confección no haya habido una intención deliberada, los uniformados siempre han buscado un significado en esas prendas que, con devoción, usan. Una respetable tradición se ha transmitido a través del uniforme de nuestros cadetes. Predomina en él el azul, cual horizonte que recuerda la búsqueda constante de los permanentes, el llamado a trascender y a lo trascendente y la invitación a lo divino.
Los vivos rojos simbolizan la abnegación y su modo supremo, el sacrificio. Representa la sangre derramada por la multitud de muertos por la Patria y nuestra disposición perenne de ofrendar la vida entendiendo la muerte como un acto más del servicio, pero así mismo, el acto más sublime del servicio. Es además, sinónimo de valor, victoria y alteza.
El color blanco en la gorra, en los guantes, en la cabeza y en las manos, representa la pureza de pensamientos y la nobleza de los ideales en el primer caso y la integridad de proceder en el segundo caso. Es también la firmeza, la vigilancia, la integridad y la obediencia. Los botones son dorados; siete adelante y cuatro atrás. Los primeros simbolizan los sacramentos donde el cadete debe buscar la fuerza, el alimento, la salud y la vida. Los de atrás, configuran las virtudes cardinales que debemos adquirir y practicar para un mejor servir en la milicia: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza. Ese color dorado es símbolo de la dignidad, lealtad y constancia en nuestro obrar.
El cinturón muestra al cadete ceñido, envuelto doblemente por Dios en el cumplimiento de sus mandamientos y por la Patria en la obediencia y subordinación para su defensa. Los símbolos patrios, escarapela y escudo nacional, presiden desde lo alto todo el uniforme. Ocupan por privilegio el centro de la gorra.
El distintivo del Colegio Militar de la Nación, usado desde los primeros días de su fundación, consta de un castillo rodeado de dos gajos de laureles. El castillo significa la fortaleza, el valor, el dominio del temor y la tristeza, la entereza y la presencia de ánimo. Los laureles representan la gloria obtenida con heroísmo y nobleza siendo, además, signo visible del cumplimiento de la misión. El sable es una réplica del que usara el General San Martín durante sus campañas en América, símbolo del mando para el uso de la fuerza en el ejemplo de las virtudes sanmartinianas. En este tipo de armas, la empuñadura y la hoja simbolizan la prudencia. El pomo, la fortaleza y la cruz, la templanza.

EL ESCUDO
Torreón que conforma el emblema del Colegio Militar de la Nación. Fue elegido como el símbolo de la fortaleza, no sólo física sino también moral, que debe caracterizar al militar argentino. Enmarcando el torreón, los laureles, símbolo del honor y de la gloria. Honor que nace en las virtudes sanmartinianas, ejemplo preclaro de nuestra historia. Gloria, que llegó a través de su pasado y que compromete su pensamiento y acción en el tiempo.

Fuente: Mayor Sergio O. H. Toyos para Diario Soldados Digital.

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jueves, 5 de diciembre de 2019

ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DEL GRUPO DE ARTILLERÍA BLINDADO NRO. 2

Se crea el 05 de diciembre de 1917, por Decreto del Presidente HIPÓLITO YRIGOYEN, con el nombre de PRIMER GRUPO DE ARTILLERÍA A CABALLO, organizándose a órdenes de su primer Jefe, Mayor JOSÉ MARÍA MANZO, en los cuarteles de la ciudad de DIAMANTE, provincia de ENTRE RÍOS.
En el año 1920, la unidad se traslada a la ciudad de GOYA, provincia de CORRIENTES, y en el año 1923, en ese lugar, el Grupo cambia de denominación por la de TERCER GRUPO DE ARTILLERÍA A CABALLO.
En el año 1931, la unidad participa de las acciones para sofocar el alzamiento militar, ocurrido en la ciudad capital de CORRIENTES, estos desgraciados acontecimientos estaban encabezados por el ex Teniente Coronel POMAR.Durante el año 1939, la unidad cambia de asiento, se traslada a la ciudad de MERCEDES , PROVINCIA DE CORRIENTES, la que será su nueva guarnición.
Durante el año 1942, la unidad es disuelta, creándose sobre la base de sus efectivos el REGIMIENTO 3 DE ARTILLERÍA A CABALLO, en la ciudad de MERCEDES, provincia de CORRIENTES, como parte integrante de la 2da DIVISIÓN DE CABALLERÍA.En el año 1945, se reorganiza como REGIMIENTO 2 DE ARTILLERÍA A CABALLO, cambiando de guarnición a la ciudad de VILLAGUAY, provincia de ENTRE RÍOS.
Nuevamente en esa guarnición en el año 1949, cambia de denominación pasando a llamarse PRIMER GRUPO DEL REGIMIENTO 2 DE ARTILLERÍA A CABALLO.
En el año 1961, cambia de destino y ocupa la guarnición en la ciudad de ROSARIO DEL TALA, provincia de ENTRE RÍOS, su actual asiento. En esta oportunidad también cambia de denominación por la de GRUPO DE ARTILLERÍA A CABALLO 2.
El 07 de julio de 1968, participa en el desfile en el que la última Gran Unidad de Combate Montada del país despide a sus caballos; él también le dice adiós a los tordillos, zainos y alazanes, que con su noble esfuerzo le permitieron hasta entonces acompañar a la ágil Caballería.
A partir del año 1968, adopta su actual denominación de GRUPO DE ARTILLERÍA BLINDADO 2. Recibe la provisión de sus VC M7A3 con Cñ Cal 105mm L 24,5 - M2A1, materiales que le brindarán la posibilidad de apoyar con sus fuegos a los elementos blindados.
En mayo de 1972, llegan a la unidad DOCE ( 12) piezas de Artillería Blindada VC AMX 13, autopropulsadas con Cñ 155mm, las que le permiten incrementar su capacidad operacional.
En el año 1982, nuevamente abandona su guarnición y ante la orden de preparase para el embarque marítimo, el 02 de mayo se traslada a los cuarteles del GRUPO DE ARTILLERÍA DE DEFENSA AÉREA 121 en la ciudad de GUADALUPE, provincia de SANTA FÉ, para su posterior marcha hacia la zona de operaciones en el ALTÁNTICO SUR; no habiendo concretado el anhelado embarque, el 21 de junio de 1982 regresa a su asiento en la ciudad de ROSARIO DEL TALA.
Ante los acontecimientos del 03 de diciembre de 1990, decididamente, la unidad se ve obligada a participar en un combate en proximidades de la ciudad de GUALEGUAYCHÚ, librado contra elementos rebeldes que intentaban deponer las autoridades legalmente constituidas y romper el orden constitucional.A partir del año 1993, la unidad ha participado, aportando personal y medios en las Operaciones Mundiales para el Mantenimiento de la Paz(OMMP), en la Ex–YUGOSLAVIA, CHIPRE, KUWAIT, MOZAMBIQUE y SAHARA OCCIDENTAL.
Fuente: www.gabl2.ejercito.mil.ar

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miércoles, 4 de diciembre de 2019

DÍA DEL ARMA DE ARTILLERÍA “SANTA BÁRBARA”

En la fecha en que se celebra el Día del Arma de Artillería y el de su patrona, Santa Bárbara, enviamos nuestro saludo a todos los integrantes del Arma."
La misión general de la artillería de campaña será la de conducir y ejecutar los fuegos sobre aquellos blancos de superficie que impidan, interfieran y/o amenacen el cumplimiento de la misión de la fuerza apoyada. Entre otras funciones tendrá que: planificar y coordinar todos los fuegos en apoyo de la fuerza, en todos los niveles de comando, obtener y proporcionar adquisición de blancos e intervenir en la elaboración de cartas de contaminación, predicción de lluvia radiactiva y registros e informes de explosiones nucleares.
La Artillería Argentino tendrá como misión general accionar sobre la amenaza aérea, desde las mayores distancias posibles para prevenir, anular, interferir o reducir los ataques de los medios aéreos enemigos en vuelo, a fin de proteger los objetivos materiales, el despliegue de los medios de la Fuerza Ejército, y contribuir al logro y mantenimiento de la superioridad aérea, atenuando los efectos de una situación aérea desfavorable. La AA del Ejército cumplirá su misión en la muy baja, baja y mediana cobertura.
La Artillería, junto con Infantería, Caballería, Ingenieros y Comunicaciones, es una de las cinco armas que posee el Ejército Argentino. Se entiende por "Arma" el conjunto de organizaciones que participan, durante el transcurso de la batalla, respondiendo a funciones de combate determinadas y claramente diferenciadas. Cada "Arma" tiene características propias y definidas, y comprende organizaciones, equipos y materiales similares.

Su misión general abarca dos actividades bien diferenciadas:
* Artillería de Campaña.
* Artillería Antiaérea.

La Artillería de Campaña, que utiliza como armas principales cañones, obuses, morteros y proyectiles autopropulsados tierra - tierra, tiene como misión fundamental destruir o neutralizar blancos terrestres que dificulten el cumplimiento de la misión de la fuerza a la que se esté apoyando.
La Artillería Antiaérea, que emplea cañones antiaéreos y proyectiles autopropulsados tierra - aire, tiene como misión principal prevenir, anular, interferir o reducir los ataques de los medios aéreos enemigos en vuelo (pueden ser aviones tripulados o no, helicópteros, misiles, etc.), para proteger a las propias fuerzas, sus medios, actividades y otros objetivos importantes.
Tanto la Artillería de Campaña como la Artillería Antiaérea se organizan en unidades que se denominan Grupos. Eventualmente, cuando se necesita coordinar el trabajo común de varios grupos, se conforman organizaciones mayores, que los encuadran y reciben el nombre de Agrupaciones de Artillería. Cada Grupo, a su vez, posee un número variable de organizaciones menores, o subunidades, que reciben el nombre de Baterías.

Las Baterías pueden ser de diferentes tipos, a saber:
Baterías Comando: agrupan los elementos necesarios para facilitar la conducción del Grupo de Artillería, como aquellos correspondientes a la dirección del tiro, la adquicisión de blancos, para establecer las comunicaciones internas y las externas, hacia las tropas apoyadas.

Baterías de Tiro: en ellas se encuentran las piezas (cañones, obuses o lanzadores de proyectiles autopropulsados) y los elementos necesarios para su funcionamiento (abastecimiento de munición, dirección del tiro de la Batería, etc).

Baterías Servicios: en ellas se encuentran agrupados los elementos que brindan apoyo logístico a la Unidad. Ellos son Intendencia (comprende el apoyo de vestuario, alimentación y combustibles), Arsenales (provee repuestos, mantiene y repara los vehículos, cañones, armamento en general, equipos de comunicaciones y radares de la Unidad), Transporte y Sanidad.

Baterías Comando y Servicios: cuando en una sola Batería se reúnen los elementos mencionados al hablar de las subunidades Comando o Servicios.

Las organizaciones más comunes son las que se detallan a continuación:
* Organización de Grupo de Artillería de Campaña.
* Organización de Grupo de Artillería Antiaérea.

Fuente: www.artilleria.ejercito.mil.ar

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martes, 3 de diciembre de 2019

TRÁGICA PROFECÍA - CURUPAITY

En las vísperas de Curupaytí varios jefes del ejército argentino se reunieron a comer en la carpa del doctor Molina. Eran estos, los coroneles Luis María Campos y Juan Bautista Charlone y los comandantes Rosendo Fraga, Manuel Rosetti y Alejandro Díaz, el elegante oficial egresado de Saint-Cyr.
Saboreaban un banquete de soldado cuyo manjar más exquisito era un sábalo raquítico.
De pronto Fraga, con aquella arrogancia en el porte y en el hablar que lo hacia atrayente, dijo con visible contrariedad y triste sonrisa:
- ¡Hoy me van a matar! Recibiré un balazo en el vientre pero tendré el honor de morir con el quepis que Vd. me ha regalado –y dirigiéndose a Campos lo saludó con simpatía.
Alguien quería remover el silencio reinante cuando se escuchó la voz de Rosetti:
-¡Yo también voy a morir –exclamó- y es tan cierto mi presentimiento que he arreglado mis asuntos!
El joven Díaz, apenas extinguidos los ecos de las palabras de su camarada, murmuró con la cabeza gacha:
- ¡Yo también voy a morir!
El valiente Charlone, ese elegante oficial italiano que amaba tanto a su patria adoptiva, se irguió al tiempo que decía con un nervioso acento:
- Del mismo modo quedaré allí de un metrallazo; pero caeré en mis cabales, porque hasta ahora en el ejército argentino, en esa patria que tanto amo, nadie ha ido mas lejos que yo, y por eso que quiero darle mis glorias y mi sangre.
La atmósfera vibraba de puro tensa, y tristes pensamientos pasaban por las mentes esclarecidas de los bravos. Rosetti sacudió sus amarguras y llamando al Coronel Campos por su mote cariñoso dijo:
-¡El general Petit también ha de morir!
-¡No!- le interrumpió Fraga- saldrá herido solamente para que cuente el cuento.
En esos momentos se presentó un oficial de talla gigantesca, cabellos rubios y mirada infantil que traía una orden:
- ¿Y a éste? – dijo Rosetti sonriente.
- Como es tan grande, será el primero que muera – replicó secamente Charlone.
Salvo la herida de Campos, la siniestra profecía se cumplió. Todos murieron como héroes. Están en la gloria pero no en el bronce. Faltan esas estatuas.

De “Anecdotario Histórico Militar” de Juan Román Sylveira.

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lunes, 2 de diciembre de 2019

ANIVERSARIO DEL DESASTRE DE COLLON CURÁ

Si bien los combates ocurridos durante la conquista del desierto son los principales hechos de armas de dicha campaña, no se deben olvidar el considerar algunos desastres, que por su trascendencia y resonancia en el medio castrense, influyeron en el ánimo de los expedicionarios y fortineros. Muchos de ellos fueron olvidados, o, siguiendo una práctica muy usual, no dejaron registrados los pormenores, quedando la posteridad ignorante de tantos actos de heroísmo, cumplidos por oscuros soldados, como por humildes y serviciales indios amigos.

Uno de estos hechos fue el denominado desastre de Collón Curá, que merece figurar en nuestra literatura, para que nuestra juventud sepa y conozca que aquí en esta tierra, su Patria, hubo una pléyade de varones capaces, valientes, abnegados, tan héroes como esos que la literatura extranjera les presenta, pero que por desconocimiento o snobismo han dejado en el oscuro desván de la Historia, muchos de los escritores que han preferido beber en otras fuentes la inspiración para sus libros.
La de Collón Curá fue una de las mayores catástrofes ocurridas a las tropas expedicionarias, durante las campañas al sur argentino. Es un dato que no han observado los historiadores y escritores –por lo menos no se encuentra en la literatura a nuestro alcance- el peligro que siempre significó para nuestros abnegados soldados el tener que cruzar o vadear los impetuosos ríos cordilleranos. Esos ríos cuyo lecho es, por lo general, de cantos rodados patagónicos. A la velocidad y turbulencias de las aguas en las lisas piedras, se une la frialdad natural en corrientes de deshielo. La gelidez hace que el soldado caído en las aguas, con las ropas empapadas, con botas y los demás elementos que lleva cuando va montado, no pueda nadar, y menos con esas corrientes que lo van dando vueltas y lo arrojan contra las piedras que sobresalen del curso. De allí la gran cantidad de muertos en estos accidentes.
Una estadística de las campañas llevadas a cabo en la provincia neuquina, nos da el sorpresivo saldo de que las corrientes de agua han producido tantas muertes como el indio enemigo, con sus lanzas y otras armas. El Collón Curá, el Aluminé, el Traful, así como el Limay, Neuquén y otros ríos, cobraron a nuestro Ejército el pasaje de sus encrespadas aguas con la sangre generosa de muchos de sus valientes guerreros.
El desastre de Collón Curá tuvo lugar en el Paso del río del mismo nombre, al sur de donde se hallaba la balsa de Vialidad Nacional, antiguo tramo de la Ruta Nacional Nº 40, hoy rectificado al construirse el puente, aguas abajo. Antes de llegar a la confluencia del Quemquemtreu. Departamento homónimo.

“A las 12 y 55 se hizo acampar; de este punto se adelantó el comandante Suárez, acompañado del sargento del Regimiento 7º Felipe Torres y una partida del teniente Trayman y 10 indios, con el objeto de explorar el paso del río Collón-Curá, regresando al campamento a las 2 de la mañana, hora que hizo tocar a ensillar, poniéndose en marcha a las 2 y 30 acampando en el antiguo campamento de la 3ª Brigada se hizo la carneada, en seguida el jefe de la fuerza comisionó al cabo García, del Regimiento 7º, y al cabo Silva, del Batallón 6, para que fueran a cortar madera para la construcción de balsas que facilitaran el paso del río, disponiendo a la vez que armara el bote que con ese fin llevaban.
Momentos después regresaban los cabos García y Silva, diciendo no haber encontrado madera adecuada para balsas; pero dando cuenta de haber encontrado un paso por donde las fuerzas podían efectuarlo a caballo; al saber esto el Comandante, se trasladó acompañado del cabo Silva y el soldado Ocampos, ambos del Batallón 6 al paso indicado, para que a su presencia vadeara el río; verificada ésta y habiéndose persuadido de la facilidad que había, regresó al campamento y ordenó a los Comandantes de Piquetes hicieran tomar los mejores caballos para efectuar el pasaje en el punto donde se acababa de explorar.
A las 8 se emprendió la marcha, llegando al paso a las 9 y cuarto, hora que se dio principio a vadearlo, yendo el comandante Suárez adelante; el primer brazo lo pasó sin novedad alguna el mencionado comandante, capitán del Regimiento 7º D. Manuel Piñerory con más de cincuenta hombres del Regimiento y algunos cargueros con el equipo de la fuerza. En seguida inició el pasaje el Piquete de Infantería, pero habiéndose recostado el subteniente Scharples y algunos de la mitad que él mandaba, a la izquierda donde había un rápido, fue entonces cuando fue arrebatado por la corriente, ahogándose éste, 7 de la tropa del Batallón 6 de Línea y 2 del Regimiento 7 que seguían la dirección que aquel oficial llevaba.
El subteniente D. Pedro González del mismo piquete y al mando de la segunda mitad, siguió el rumbo por donde había pasado la primera fuerza y lo realizó sin novedad alguna.
En vista de este contratiempo dispuso el Comandante suspender el pasaje de los caballerizos para efectuarlo una vez terminado de armar el bote. El comandante Suárez comunicó al Jefe accidental de la Brigada, por medio de una nota que entregó al subteniente Aubone, lo ocurrido. Este oficial quedaba en el paso donde había venido para hacerse cargo del bote. Los que perecieron en esta catástrofe, son los siguientes:

Batallón 6 de LíneaSubteniente D. Lorenzo J. Sharples
Sargento 2º Carmen Ferreyra
Soldado Fortunato Ramírez
Soldado Eleuterio Varela
Soldado Mariano Celis
Soldado Andrés Pizono
Soldado Pastor Gallardo
Soldado Felipe Luna

Regimiento 7º de Caballería
Soldado Segundo Alvarez
Soldado Pedro Ochoa

Esta tropa pertenecía a la vanguardia de la 3º Brigada, que se dirigía hacia el sur neuquino, con la misión de evitar la huída de las huestes de Saihueque e Inacayal. Al llegar al lugar del suceso el efectivo de la Brigada habría de conmoverse ante el trágico suceso. Y así se registra en el Diario, que refiere:
“Este triste acontecimiento causó profunda impresión en todos los individuos de la Brigada, y muy particularmente entre la oficialidad del Batallón 6 que lamentaba la pérdida no sólo de un compañero querido, sino de un oficial distinguido como el subteniente Sharples, de un sargento que hacía años servía en el Cuerpo y de muy buenos soldados, todos llenos de méritos y servicios.
Se acampó inmediatamente; poco después el subteniente Aubone entregaba al Jefe de la Brigada dos notas del comandante Suárez. En la primera de fecha 2 del corriente, dicho Jefe daba cuenta que habiendo encontrado un paso bueno poco más arriba del conocido se resolvía a pasar sin emplear para ello el bote, el cual lo entregaba al subteniente Aubone por creerlo innecesario para pasar los demás ríos.
La segunda nota, era de fecha 4 del mismo y en ella daba cuenta que el paso elegido por él, tenía cinco brazos; que pasó el primero con felicidad pero que al efectuar el pasaje del segundo, la primera mitad de la compañía del Batallón 6 al mando del subteniente D. Lorenzo J. Sharples que venía a retaguardia de la del Regimiento 7º que pasó bien, dicho oficial, se inclinó un poco a la izquierda de la dirección, siendo inútiles las señas y voces que se le hicieron para que se hiciera a la derecha, siguiéndolo en tan funesto error toda la mitad, siendo arrastrados violentamente por la corriente cayeron al hondo del canal donde perecieron ahogados, el subteniente D. Lorenzo J. Sharples, el sargento 2º Carmen Ferreyra y los soldados Felipe Luna, Andrés Pizono, Pastor Gallardo, Eleuterio Varela, Mariano Celis y Fortunato Ramírez del Batallón 6, y los soldados Segundo Alvarez y Pedro Ochoa del Regimiento 7º.
El Comandante terminó el pasaje del Collón-Curá en uno de los botes que estaban armados, efectuándolo después la vanguardia de la segunda Brigada sin tener que lamentar pérdida alguna.
De los ahogados sólo se encontró el cadáver de un soldado al que se dio sepultura; los demás fueron buscados inútilmente.
Los oficiales del Batallón 6º, el día 8 del mismo mes, haciéndose eco del sentimiento de pesar que la pérdida de estos infortunados compañeros había producido en sus camaradas, dejaron en el lugar, como testimonio de su recuerdo, una pequeña cruz con la siguiente inscripción:
El 2 de diciembre de 1882 perecieron ahogados, en el paso de este río, el subteniente D. Lorenzo Sharples, el sargento Carmen Ferreyra y los soldados Felipe Luna, Andrés Pizorno (sic), Pastor Gallardo, Eleuterio Varela, Mariano Celis y Fortunato Ramírez, del Batallón Nº 6 de Línea; y los soldados: Segundo Alvarez y Pedro Ochoa del Regimiento Nº 7 de Caballería de Línea; nobles víctimas de su abnegación y disciplina”.
Han transcurrido muchos años desde ese infausto día y aún esperan que su pueblo, ese del cual salieron, por el cual lucharon y por quien cayeron, haga reponer esa sencilla cruz, símbolo cristiano que obliga a la meditación y al recogimiento, junto al cual una sencilla estela de piedra del lugar, lleve la inscripción que ayer dejaron los acongojados camaradas de los desaparecidos, para que entonces, el viajero que detenga sus pasos en ese lugar, pueda elevar una sencilla oración al Altísimo, por el eterno descanso de sus almas.

Fuentes: Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado, Roane, Juan Mario – Fortines del desierto – Rev. y Biblioteca del Suboficial – Vol Nº 143, 1969.


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