miércoles, 24 de mayo de 2017

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE PICHINCHA

El dia 24 de mayo de 1822 se produce la batalla de Pichincha. Un ejército independentista, compuesto por fuerzas colombianas, peruanas y argentinas al mando del General venezolano Antonio J. de Sucre, derrotan al ejército realista mandado por el General Melchor de Aymerich, en las estribaciones del cerro Pichincha, en el Ecuador. Las consecuencias de esta batalla fueron la capitulación de la ciudad de Quito y el fin de la dominación española en el Ecuador.

PARTE DE GUERRA DE LA BATALLA DE PICHINCHA
A las 8:00 de la mañana llegamos a las alturas del Pichincha que dominan a Quito, dejando muy atrás nuestro parque cubierto con el Batallón Albión: Mientras las tropas reposaban, la Compañía de Cazadores del Paya fue designado a recorrer las avenidas; seguía luego el Batallón Trujillo (del Perú) dirigido por el Crnl. Santa Cruz, Comandante General de la División del Perú. A las nueve y media dio la compañía de los Cazadores con la División Española, que marchaba por nuestra derecha a la posición que teníamos; y roto el fuego se sostuvo mientras conservó municiones; llega el Batallón Trujillo y se comprometió al combate; muy especialmente las dos compañías de Yaguachi reforzaron este Batallón conducido por el Crnl. Morales, en persona, El resto de nuestra infantería a las órdenes del General. Mires seguía el movimiento excepto las dos compañías de Magdalena con el Sr. Crnl. Córdo v marcho a situarse por la espalda del enemigo, pero encontrándose con obstáculos invencibles, tuvo que volverse.
El Batallón Paya pudo estar firmado, pero consumidos los cartuchos de estos dos cuerpos, tuvieron que retirarse, no obstante su brillante comportamiento. El enemigo se adelantó, por consiguiente, algún poco; Y como el terreno apenas permite entrar más de un batallón de combate, se dio orden al Payaque marchase a bayoneta, lo ejecuto con un brío que hizo perder al enemigo en el acto la ventaja que había obtenido y comprometido nuevamente el fuego, la mezcla del terreno permitió que los españoles aún se sostuviesen.
El enemigo destacó tres compañías de Aragón a flanquearnos por la izquierda; Y a favor de la espesura del bosque conseguía estar ya sobre la cima, cuando llegaron las compañías del Albión que se había atrasado con el parque; y entrando con la bizarría que siempre ha distinguido a este cuerpo, puso en completa derrota los de Aragón. Entre tanto, El Crnl. Córdova tuvo la orden de relevar al Paya, con las dos compañías del Magdalena y este jefe, cuya intrepidez es muy conocida, cargo con un denuedo admirable y desordenado al enemigo y derrotándole, la victoria coronó a las doce del día a los soldados de la Libertad. Reforzado este jefe con los Cazadores del Paya, con una compañía del yaguachi y con los tres del Albión persiguió a los españoles, entrándose hasta la Capital y obligando a sus restos a encerrarse en el Fuerte del Panecillo.
Los resultados de las jornadas del Pichincha sido la ocupación de esta cuidad y su fuerte es el 25 por la tarde, la posición y tranquilidad de todo el Departamento, y la toma de 1.100 prisioneros de tropa, 160 oficiales , 14 piezas de Artillería, 1.700 fusiles, fornituras, cornetas, cajas de guerra y cuantos elementos de guerra poseía el Ejército español. Cuatrocientos cadáveres enemigos y doscientos nuestros han regado el campo de batalla: Además tenemos 1.190 heridos de los españoles y 140 de los nuestros. Entre los primeros contamos al Tnte, Molina, Subt. Mendoza, y entre los segundos a los capitanes Cabal, Castro y Alzuro, Tnte. Calderón y Ramírez y a los Subts. Borrero y Arango.

Los cuerpos todos han cumplido su deber: jefes, Oficiales y Tropa se disputaban la gloria del triunfo: El boletín que dará el Estado mayor recomendará a los jefes y subalternos que se han distinguido; y yo cumpliré con el deber de ponerlos en consideración del Gobierno; en tanto:, hago una particular de la conducta del Tnte. Calderón, que habiendo recibido sucesivamente cuatro disparos no quiso retirarse del combate. Probablemente morirá, pero el Gobierno de la República sabrá compensar a su familia los servicios de este oficial heroico.

La caballería española va dispersa y perseguida por el cuerpo del combate Cestaris, que antes había yo interpuesto sobre Quito y Pasto. El 26 han salido comisionados de ambos Gobiernos para intimar la rendición a Pasto que creo será realizada por el libertador: Otros oficiales marchan para Esmeraldas y Barbacoas; de manera que, en breve, el reposo y la paz serán los primeros bienes que gozarán estos países, después que la República le ha dado Independencia y Libertad.

La División del Sur ha dedicado sus trofeos y laureles al Libertador de Colombia.
Dios guarde a U.S. muchos años.

martes, 23 de mayo de 2017

ANIVERSARIO DEL HISTÓRICO ANUNCIO DE LA LEGIÓN DE PATRICIOS VOLUNTARIOS

El día 23 de mayo de 1810 se realiza la publicación por bando y al son de cajas de guerra (tambores) en la ciudad de Buenos Aires, de la resolución tomada en la noche anterior por el Cabildo Abierto, 1810. Una compañía de la Legión de Patricios Voluntarios Urbanos -luego Regimiento 1 de Infantería Patricios-, mandada por el Comandante Eustaquio Díaz Vélez, hace saber al pueblo de la ciudad que acaba de caducar la autoridad del virrey y que el Cabildo la asumía, debiendo nombrarse una Junta hasta que las provincias establezcan a través de sus diputados la forma de gobierno más conveniente.


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lunes, 22 de mayo de 2017

CONTINÚA EL DESEMBARCO INGLES EN MALVINAS

El enemigo continúa el desembarco de tropas en San Carlos. Por la tarde, oportunidad en que la Fuerza Aérea Argentina reinicia sus ataques, el enemigo ha logrado consolidar su desembarco, observándose una efectiva defensa aérea con base en tierra, circundando la cabeza de playa.
Se realiza la primera apreciación de situación sobre la base de la reducida información disponible, llegándose a las siguientes conclusiones:
El enemigo ha consolidado su cabeza de playa entre Puerto San Carlos y el Establecimiento San Carlos, configurando un perímetro de seguridad exterior dotado de armas pesadas y de DA entre los Cerros Montevideo, al norte, alturas al este del Establecimiento San Carlos y Puerto Sussex.
La cabeza de playa se supone constituida por un máximo de 5 y un mínimo de 3 unidades, con sus correspondientes elementos de apoyo de fuego, de combate y SPAC. Mantiene todavía, importantes efectivos embarcados.
Las capacidades que se adjudican establecen:
Ejecutar una operación terrestre de envergadura sobre Darwin y, posteriormente, sobre el flanco oeste de la posición de Puerto Argentino.
Ejecutar una operación terrestre de envergadura hacia Puerto Argentino, sin la conquista previa de Darwin, destacando efectivos de seguridad en la zona de Monte Sussex para bloquear cualquier acción sobre los flancos.
Ejecutar una operación anfibia y/o aeromóvil sobre la península de Fresinet.
Ante la situación planteada, se estudian las siguientes alternativas:
Operar ofensivamente contra los efectivos desembarcados para impedir su consolidación y progreso.
Ocupar sucesivas posiciones defensivas entre la zona de Puerto San Carlos, Puerto Argentino, para retardar y desgastar el ataque enemigo.
Las dos alternativas presentan limitaciones para su ejecución, debido a:
La neta superioridad aérea enemiga.
La falta de disponibilidad de medios de transporte terrestres unido a la inexistencia de caminos.
La escasez de combustible.
La escasa información sobre las actividades del enemigo.
La superioridad naval del enemigo.
Finalmente se concluye que:
Es operativamente imposible desplazar efectivos de magnitud.
Emplear fuerzas de magnitud es reducir la capacidad de defensa de Puerto Argentino.
No se posee la capacidad para las dos alternativas y las bajas serían sumamente elevadas.
Ese mismo día, es abatido un Harrier en Puerto Darwin.
Fuente: Informe Oficial - Ejército Argentino.

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domingo, 21 de mayo de 2017

ANIVERSARIO DEL DESEMBARCO INGLÉS EN SAN CARLOS

A las 0230 Hs del día 21 de mayo, desde el Puesto Comando del Jefe del Equipo de Combate Güemes en Puerto San Carlos, se escucha la ejecución de fuego naval en zona próximo a la altura 234. Se procede a llamar al Jefe de Sección de apoyo, en altura 234, quien no responde ninguna de las comunicaciones efectuadas desde la hora indicada hasta las 0600 Hs.
El cañoneo naval se produce en forma discontinua, con variada intensidad durante un lapso de 3 horas.
A las 0810 Hs, con las primeras luces un observador divisa en la entrada del canal a Puerto San Carlos, un buque blanco de grandes dimensiones (no es de guerra), seguido por tres fragatas. Los efectivos argentinos en la zona están constituidos por 1 Sección a órdenes del Jefe E.C. “Güemes”. Se ha perdido todo contacto con la Sección de apoyo en la altura 234.
A las 0820 Hs, el Jefe E.C. observa que un lanchón, más grande que los de desembarco, se desprende del buque blanco hacia el establecimiento San Carlos: varios helicópteros sobrevuelan los buques. A las 0822 Hs pueden apreciarse lanchones de desembarco que se desplazan en todas direcciones.
Inmediatamente el Jefe E.C. Informa la situación al Jefe FT Mercedes. Quien a las 0830 Hs la retransmite al Comandante de la Agrupación Ejercito Litoral en Puerto Argentino.
A las 0830 Hs, efectivos enemigos alcanzan la playa y se despliegan avanzando hacia el Este. Se abre fuego con armas automáticas sobre las fracciones enemigas.
Se ordena el desplazamiento de las tropas a las posiciones preparadas en alturas al Este del puerto, para evitar el cerco que pretenden conformar los infantes ingleses.
Aproximadamente a las 0840 Hs, efectivos caen sobre Puerto San Carlos en el vacío y, en el mismo instante, por el Este, un helicóptero Sea King intenta atacar por retaguardia a los efectivos argentinos. Se ejecuta fuego sobre la máquina enemiga y ésta, muy averiada, se aleja de la zona.
Los infantes ingleses ejecutan fuego de ametralladoras y morteros, sin alcanzar las posiciones de la Sección del equipo de Combate Quemes.
Más tarde, un helicóptero Gazelle se aproxima a las posiciones para hacer fuego con sus cohetes. Se le efectúa fuego reunido con todas las armas y la máquina se precipita a las aguas de Puerto San Carlos y se hunde de inmediato. Un cuerpo queda flotando y otro se amarra a una boya.
Una lancha concurre en su auxilio. El enemigo ejecuta intenso, pero poco efectivo fuego de morteros. Se observa a los pobladores auxiliando a las tropas enemigas e inclusive, señalando la zona de repliegue de las fuerzas argentinas.
Se ejecuta otro cambio de posición, hacia el Este, para eludir el fuego de morteros.
Un helicóptero Gazelle hace fuego con una ametralladora, lanza sus cohetes, y ataca la posición nuevamente. Se ordena fuego reunido, y la máquina, incendiada, se precipita a tierra, cayendo a pocos metros de las posiciones. Se puede comprobar que sus tres tripulantes han muerto. No cesa el fuego de morteros, aunque es poco efectivo.
Se ejecuta otro cambio de posición. Tres minutos más tarde, el enemigo envía otro Gazelle, aparentemente para dirigir el fuego naval. Se ejecuta fuego sobre la máquina y el piloto logra retirarla del lugar, humeante y seriamente dañada.
Comienza un intenso fuego naval. Continúa el de morteros sobre las posiciones del equipo de combate Güemes con errores de 100 metros sin que se pueda localizar la ubicación de los efectivos propios.
Durante el lapso de duración del combate, continúa el desembarco de los efectivos enemigos. Se observa, también, gran movimiento de lanchones hacia el establecimiento San Carlos.
Aproximadamente a las 0930 Hs, se detecta la acción de un avión propio atacando a una fragata enemiga, la que parece quedar averiada. Se desata un intenso fuego antiaéreo. El enemigo continúa combatiendo por el fuego (morteros y ametralladoras) con los efectivos propios, pero no evidencia intención alguna de atacar para conquistar la altura.
Hasta las 1300 Hs, la Sección (2 oficiales, 9 suboficiales y 31 soldados) mantienen su posición, esperando el repliegue de la Sección de Apoyo (1 oficial, 4 suboficiales y 15 soldados desde la altura 234).
Las bajas provocadas al enemigo son las siguientes: una decena de paracaidista muertos o heridos, 2 Gazelles derribados (de las dos tripulaciones hay un solo sobreviviente), 1 Sea King y otros Gazelles seriamente dañados. Estos últimos quedan, casi con seguridad, inoperables.
Durante la noche se ejecuta el repliegue hacia Puerto Argentino a través de Co Bombilla y Douglas Paddock.
La marcha se hace sumamente dura pues no se cuenta con abastecimientos, ni medios de abrigo. Deben enfrentarse la dureza del clima (vientos, bajas temperaturas y lluvias) y los problemas del desplazamiento a campo traviesa).
El enemigo trata sistemáticamente de ubicar a las fuerzas argentinas, sin lograr su objetivo.
Se marcha de noche y se descansa de día en situación de combate permanente.
Luego de tres días de marcha casi continua, se llega a la localidad de Douglas Paddok, donde el Jefe del Equipo de Combate organiza el racionamiento, higiene y descanso por turnos del personal, y el reacondicionamiento del armamento.
Operaciones de la Sección de Apoyo del Equipo de Combate Güemes en la defensa de la altura 234-
La Sección Apoyo (2 morteros 81 mm, 2 cañones S/R 105 mm) ocupa la altura 234, en condiciones de batir, con este fuego, el acceso norte del estrecho de San Carlos. La fracción está organizada con 1 Grupo de Pza(s) (constituido por 3 Suboficiales y 5 Soldados que operan las armas pesadas), y 1 Gpo Fus, que proporciona la seguridad inmediata a las piezas. Se mantienen comunicaciones por radio con el Jefe EC cada dos horas, y se establece, complementariamente un camino para el desplazamiento de estafetas.
A las 0130 Hs, una patrulla de seguridad, adelantada en el sector de la playa, informa sobre gritos y señales acústicas que se perciben desde el estrecho. Además, se distinguen siluetas, al parecer de buques, que penetrar en dirección norte-sur. En ese momento, el Jefe Sección se adelanta y verifica el ingreso al canal de varios buques.
Inmediatamente intenta comunicarse con su Jefe de Equipo de Combate para informarle la novedad. Recorre las posiciones, advierte de la situación y ratifica las misiones alertando al personal sobre la inminente apertura del fuego.
El radio operador informa que escucha a Jefe EC, pero éste no acusa recibir ningún mensaje. Se le ordena insistir. La visibilidad es prácticamente nula, por lo que se abre fuego con 2 proyectiles de iluminación de morteros, los cuales consiguen poco o nulo efecto. No obstante, se observa la silueta de buques que se desplazan. Inmediatamente, se abre fuego con proyectiles explosivos de los cañones S/R hacia el centro del canal, por no disponerse de medios de observación y/o detección nocturna.
Se desata un intenso fuego naval desde varios navíos. Este fuego cae próximo al equipo de comunicaciones, aparentemente localizado por el enemigo, pero no afecta significativamente el sector ocupado por las piezas. El Jefe Sección ordena interrumpir la comunicación. A partir de ese momento ya no habrá de retomar contacto con su Jefe del Equipo de Combate.
El fuego enemigo comienza a hacerse efectivo, ahora sobre los cañones S/R, al parecer porque se ha detectado el resplandor de su retroceso. Se ordena suspender el fuego con los mismos y cambiar de posición.
Mientras tanto, los 2 morteros 81 mm continúan batiendo al enemigo, sin que puedan apreciarse los efectos de su acción.
A las 0330 Hs. el Grupo Morteros agota su munición. Los cañones S/R, prácticamente, han quedado también sin munición. El fuego enemigo es cada vez más intenso aunque poco preciso, por los constantes cambios de posición que ejecuta la sección.
A las 0500 Hs y en cumplimiento del plan de defensa ya elaborado, se logra desprender la fracción, replegándose hacia las posiciones del resto del Equipo de Combate al noreste de San Carlos.
Inmediatamente iniciado el desplazamiento, se recibe intenso fuego de ametralladoras desde una altura ubicada al noreste de la zona de posiciones. El enemigo, aparentemente, ha desplazado efectivos aeromóviles y trata de cercar a la fracción. A su vez, el fuego naval se ha alargado y es efectivo sobre la retaguardia de la fracción. Dos soldados son alcanzados por esquirlas y resultan heridos.
Impedido de continuar su avance, el Subteniente Óscar Roberto Reyes, Jefe de Sección con cuatro voluntarios, se adelantan hacia la posición ocupada por las armas enemigas, para ponerlas fuera de combate.
Se inicia intenso combate por el fuego, lográndose momentáneamente silenciar las armas enemigas. Esto posibilita que la Sección pueda reunirse.
Desde la costa, se escucha intenso ruido de motores pertenecientes a vehículos anfibios.
Por las cercanías se percibe también la presencia de numerosos helicópteros que, al parecer, ejecutan viajes desde las naves hacia las alturas circundantes. En la cercanías, inclusive, se escuchan voces de mando.
Comienza a amanecer. Con las primeras luces se puede apreciar la magnitud de acción enemiga, ya que se observan, en el canal y la Bahía San Carlos, numerosos buques de guerra y de transporte y otros menores.
La Sección se ha reunido, salvo tres heridos graves, los que por orden del Jefe de Sección, quedan a cargo de un suboficial que les administra los primeros auxilios, en una posición protegida.
Nuevamente se intenta comunicación con el Jefe del Equipo de Combate para transmitir la información que se observa, pero es imposible lograr dicho contacto. Desde San Carlos se escucha intenso ruido de combate.
Durante el resto del día se permanece en las posiciones, comprobándose la magnitud de la operación enemiga. Numerosas patrullas aeromóviles enemigas sobrevuelan insistentemente la zona, sin lograr detectar las fracción argentina.
En la noche del 21/22 de mayo el Subteniente Reyes, imposibilitado de transmitir información o accionar sobre el enemigo con posibilidades de algún éxito y de reunirse con su Jefe del Equipo de Combate, resuelve iniciar su repliegue hacia el Este.
Durante esa noche la sección, subdividida en patrullas, atraviesa las líneas que el enemigo ha establecido al este de su cabeza de playa.
Se pierde contacto con una de dichas patrullas. Solamente once hombres logran eludir el cerco.
Se produce una larga y penosa marcha hasta el 11 Junio por el norte de la Isla Soledad, sin alimentos, ocultándose durante el día y marchando por la noche. Numerosos efectivos ingleses, en helicópteros, recorren la zona continuamente. Al parecer, ejecutan exploración y transportan personal y abastecimiento hacia el Este. Se elude el contacto con los pobladores. El 14 Junio, en la zona de New House, el Subteniente Reyes y su fracción son capturados por efectivos ingleses.
El Jefe del Estado Mayor General del Ejercito imparte la orden de organización inmediata de la Comandancia. Para ello convoca al personal necesario con AEC, que aún permanece en el continente.
Con las primeras luces, el enemigo efectúa ataques aéreos sobre la posición. En una de las incursiones quedan destruidos 1 Chinook, 1 Puma y 1 UH 1 H que se encontraban emplazados al E de Monte Kent, en la zona de reserva.
A las 0830 Hs se recibe la comunicación del Jefe del Equipo de Combate Güemes, a través de Darwin, quien informa:
Que durante la madrugada ha sido bombardeada intensamente por fuego naval la altura 234, posición con la cual ha perdido todo contacto.
Que observa 4 buques en la bahía, uno de ellos de gran tamaño, del cual se desprenden lanchones hacia la costa.
Que inicia el combate con las fuerzas enemigas.
El Comandante Conjunto ordena la ejecución de exploración aérea con los medios disponibles. A las 0915 Hs, despega un Aeromachi de la A.R.A. a cargo del Capitán Owen Crippa. Los Pucará de la Fuerza Aerea no pueden hacerlo, debido a problemas mecánicos.
El Capitán Owen Crippa regresa a las 1000 Hs e informa:
Ha observado un total de 12 naves de guerra y transporte, en la bahía, que desembarcaban tropas.
Ha descargado sus cohetes sobre una fragata enemiga a la que considera haber averiado seriamente.
A las 1030 Hs se informan los datos obtenidos al CEOPECON en Comodoro Rivadavia, prometiéndose la acción de la FAE a partir de las 1200 Hs.
Dado que no se han solucionado los problemas mecánicos y porque la acción aérea del enemigo en la zona es permanente, se hace imposible lanzar los aviones disponibles en Puerto Argentino.
Se ordena:
Al Jefe del FT Mercedes, adelantar patrullas hacia alturas al noroeste de cerro Alberdi. Para establecer contacto con el enemigo y explorar. No se le pueden asignar helicópteros, pues la intensa acción enemiga hace imposible desplazar esos medios fuera de la Defensa Aérea de Puerto Argentino, además no cuentan con instrumental para vuelo nocturno.
Al Regimiento de Infantería 5, adelantar patrullas de observación hacia Monte Rosalie para reunir información sobre la acción enemiga en San Carlos.
Al Comandante de la Agrupación Litoral, organizar con los elementos de Comandos disponibles operaciones de infiltración sobre el dispositivo del enemigo en San Carlos.
Se solicita al Comando Superior, exploración aérea sobre el dispositivo enemigo en San Carlos, pero la misma no se concreta.
Luego de los exitosos ataques ejecutados por la Fuerza Aérea por la tarde, en la noche, el enemigo ejecuta un intenso esfuerzo para desembarcar la masa de sus medios y lanzar elementos de seguridad hacia las alturas que circundan la cabeza de playa. Se emplean para ese fin, en forma sucesiva, los helicópteros disponibles.
En la misma tarde, numerosos movimientos son observados transportando tropas, armas pesadas y de defensa aérea, hacia el noroeste de cerro Alberdi y hacia alturas al sudoeste de Establecimiento San Carlos y cerro Montevideo.
El Comando Conjunto Malvinas ha solicitado la continuación del bombardeo aéreo, no pudiéndose apreciar los resultados obtenidos. Los requerimientos de fotografías aéreas no pueden ejecutarse por la activa defensa aérea enemiga.
Fuente: "Informe Oficial - Ejército Argentino".
 
 

sábado, 20 de mayo de 2017

¡YO CREÍ QUE USTED VENÍA A RENDIRSE!

-Subteniente Gómez Centurión, la Sección del Teniente Estévez ha sido, prácticamente, diezmada; pero ha cumplido con la misión de bloquear el ataque inglés que se ejecutaba sobre nuestras primeras líneas. Le comunico que Estévez ha fallecido heroicamente -el Teniente Primero Esteban, que recién se había reintegrado a la Compañía "C", después de su brillante acción en el Estrecho de San Carlos, fue quien le dio esta dolorosa noticia a quien fuera su camarada y amigo. En el rostro de Gómez Centurión se reveló la tristeza por la noticia. La crítica situación del momento impedía otra manifestación acorde con el acontecimiento.

-Es mi intención emplear su Sección para explotar lo hecho por Estévez. Esto, como última posibilidad, porque no se dispone de otras reservas y por la supremacía de la aviación inglesa. Usted es nuestra última carta. Entonces, usted ejecutará un nuevo contraataque hacia el Norte, apoyando su flanco derecho en el mar, con la finalidad de aprovechar el buen trabajo realizado por la Sección Estévez -concluyó Esteban.

Avanzó a través del fuego poco denso de artillería enemiga; en poco tiempo ya debió enfrentar al Segundo Batallón de Paracaidistas. Se originó un intenso tiroteo con armas automáticas, que duró aproximadamente treinta minutos; los ingleses quedaron cercados, entre el mar y un campo minado propio. La presentación de la Sección de Gómez Centurión los sorprendió y les provocó importantes bajas.

-Mi Subteniente, los ingleses suspendieron el fuego -gritó el Sargento Sergio Ismael García, Encargado de la Sección.

-¿Qué harán ahora? -el subteniente seguía cada uno de sus movimientos con los prismáticos.

-Están agitando sus fusiles y sus cascos en señal de parlamento -dijo el Sargento García, con entusiasmo. -¡Alto el fuego! -ordena Gómez Centurión a su aguerrida Sección de Tiradores Especiales; la orden se fue transmitiendo entre los soldados.

-Se acerca hacia nosotros.

-García, esté atento, me adelantaré para recibirlo; si llega a ocurrirme algo, abra el fuego con todas las armas -avanzó hacia el que venía, casi corriendo. La distancia aproximada era de doscientos metros. Llegó primero y allí lo esperó.

-¿Do you speak english? -preguntó el inglés, que resultó ser el Teniente Coronel Jones, Jefe del Regimiento 2 de Paracaidistas.

-Yes -respondió Gómez Centurión; dominaba el idioma inglés, por su permanencia en el exterior, acompañando a su padre.

-Terminó todo para ustedes, si me entrega el armamento de toda su tropa, le garantizo que van a salir vivos -dijo Jones.

-¡Yo creí que usted venía a rendirse! -respondió el Subteniente, en perfecto inglés, y basándose en la crítica situación en la que los ingleses se encontraban. Habían sufrido importantes bajas, los heridos estaban siendo retirados por los camilleros, bajo la vista de todos.

-Lieutenant Colonel, you have to retíre. In two mínutes, I will start the fire-gritó, enojado, recriminándolo por su actitud de soberbia; se replegó con la misma premura con la que había concurrido al encuentro. Mientras regresaba a su posición, la Sección comienza a recibir fuego desde el SE. Sin dudas, los ingleses, aprovechando el tiempo de parlamento, desplazaron fuerzas al flanco, con la finalidad de rodearlos. Aún faltándole unos metros para llegar hasta los suyos, y previendo lo peor, vuelve a girar sobre sí mismo.

-Me engañaste -observa a Jones, que ya estaba en posición de abrir el fuego, y dispara sobre él; lo hiere de muerte.

Con los ingleses ubicados en mejores condiciones tácticas, ganadas durante el tiempo en que duró el parlamento, se desató un intenso fuego entre ambas partes; ambos bandos sufrieron importantes bajas. -Sargento García, con los soldados Austín y Allende, trate de acercarse a la ametralladora que está disparando desde nuestro flanco, emplee granadas de mano para tratar de silenciarla. -La situación era muy crítica.
Mientras seguía dirigiendo el fuego en contra de la Unidad de Paracaidistas, que se encontraba desplegada a su frente, en un instante gira la cabeza para verificar la acción de la patrulla enviada, y los ve cuando caen heridos de muerte por una ráfaga de ametralladora.

-Malditos.

El fuego enemigo se hizo cada vez más intenso; resolvió replegarse con el primero y segundo grupos, protegidos por el tercer grupo que quedó a retaguardia, a modo de protección. Cuando esta última fracción inicia su repliegue, es herido el Cabo Fernández; debieron dejarlo por la gravedad de sus heridas.

-No se preocupe Fernández, volveré a buscarlo -y lo cubre con su poncho.

La intrépida y gloriosa Sección se retira con siete muertos y quince heridos. Un precario fuego, de la Artillería propia, cubrió su repliegue.
La suerte de la Guarnición Darwin-Goose Green quedó sellada. Ya no se dispone de más tropas para enfrentar al creciente ejército inglés.
-Necesito dos voluntarios para rescatar al Cabo Fernández -ante este pedido del Subteniente Gómez Centurión, toda su fracción dio un paso adelante.

Por la noche, tras infiltrarse entre las líneas enemigas, logra rescatar a Fernández, quien se encontraba casi en estado de agonía. Con el concurso de los médicos logran salvarle la vida.
Fuente: Malvinas, un sentimiento M. Seineldin.

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viernes, 19 de mayo de 2017

EL ESCUADRÓN DE EXPLORACIÓN DE CABALLERÍA BLINDADO 10 EN MALVINAS

Esto que transcribo a continuación, es un resumen de una historia de valor y heroísmo, la historia de una Unidad, y remarco lo de Unidad porque eso es lo que fuimos, somos y seremos por y para siempre, la historia del Glorioso Escuadrón de Exploración de Caballería Blindado 10, única Unidad de Caballería que combatió (a pie) en la Gloriosa Gesta de Recuperación de nuestras Islas Malvinas, historia que, vaya a saber por que extraños vericuetos, es omitida y dejada de lado en el momento de hablar y contar sobre la heroicidad de los efectivos del Ejercito Argentino. Esta es la historia de una Unidad formada por 150 hombres, los cuales a partir de ser incorporados a sus filas, no solo se convirtieron en Soldados, sino que se convirtieron en Hermanos, quienes junto a los suboficiales (buenos y de los otros) y oficiales (buenos y de los otros), siguen, aun hoy, juntos y unidos como hace 24 años ("AGUANTE EL ESCUADRON"):
TRES NOCHES CON SUS DIAS
Por el Coronel de Caballería Rodrigo Alejandro Soloaga - Hoy General de Caballeria retirado.
La guerra constituye, a no dudarlo, un hecho extremo, un episodio brutal, que cambia la historia de los bandos participantes y también de los individuos involucrados.
Como participante de la llamada "Guerra de Malvinas", puedo dar testimonio de lo expresado. Mi vida profesional y personal ha quedado marcada por los episodios vividos.
El presente relato, sin otras aspiraciones que la de ser eso, un relato, tiene la modesta intención de compartir algunas de las vivencias de aquel momento, con la perspectiva que da el hecho de escribirlo dieciséis años después de ocurridas.
Como es dable imaginar, el tiempo transcurrido entre el 2 de abril y el 14 de julio, puede ser cronológicamente corto, pero emocionalmente resulta sumamente largo. En consecuencia, me limitaré voluntariamente en el alcance de mis recuerdos, tratando de circunscribirlos a los momentos de mayor carga emocional, de mayor contenido, a aquellos transcurridos en los últimos días, cuándo el combate llegó a nuestra zona de responsabilidad, imponiéndonos el tener que enfrentarnos con el otro gran protagonista de esta historia, el enemigo.
Sin embargo, antes de comenzar con el recuerdo de lo sucedido en el lapso del 11 al 14 de junio, es importante tener en cuenta que ello se desarrolló en un marco temporal más amplio, lo que implica que existe un antes y un después que, aunque brevemente, voy a abordar.
El "ANTES"
Cómo no recordar la profunda emoción que me embargó, cuando al despertar, el 2 de abril, tomé conocimiento de la recuperación de nuestras Islas Malvinas. Emoción que continuó durante el período previo a conocer que el destino del Escuadrón sería el de participar en las operaciones, incrementándose significativamente a partir de la recepción de las órdenes para cruzar a las Islas.
Cómo no recordar las febriles jornadas previas a la partida, la multiplicidad de tareas, las idas y venidas, la búsqueda de la inalcanzable perfección en los preparativos.
Un párrafo aparte para los soldados, los incorporados, con su predisposición y entusiasmo al máximo nivel y los convocados, que brindaron una respuesta tan rápida y eficiente que resultó conmovedora.
Llegó así el momento de la partida, interpretada por todos como la cristalización de un postergado pero siempre latente anhelo.
El 16 de abril llegamos al aeropuerto de lo que pocos días después pasaría a llamarse Puerto Argentino.
Después de reunir el Escuadrón, que transitoriamente se había separado como exigencia de los planes de transporte, nos aprestamos a pasar la primera de una larga serie de noches en las Islas Malvinas. Cabe agregar que no todas serían tan tranquilas como ésta.
Recibida la orden de defensa impartida por el Comando de Brigada, tomamos conocimiento de la que, con algunas variantes posteriores, sería nuestra misión. Cuál no sería nuestra sorpresa cuando comprobamos, a partir de ella, que el Escuadrón debería actuar separado, llegado el momento, constituyendo dos elementos de reserva del dispositivo defensivo. En lo personal, pese a ser 2do Jefe, pasé a ser un jefe "a plazo fijo", situación que se concretaría en el momento de la verdad, esto es, en el momento de ser empleada la fracción a mis órdenes. La opción de serlo, me produjo una carga adicional de responsabilidad, inquietud, incertidumbre y, por qué no, de orgullo y satisfacción, por poder conducir un elemento en combate, por pequeño que éste fuera.
Como lógica consecuencia, ocupamos nuestra zona de reserva, inicialmente apoyados sobre una construcción que nos brindaba comodidad, abrigo y cierta dosis de confort. Todo ello fue rápida e involuntariamente abandonado el 1 de mayo, como consecuencia del bombardeo británico.
Nos desplazamos a un posición próxima en la cual permanecimos seguros, gracias a la acertada decisión del Jefe de Escuadrón, hasta que llegó la hora de la verdad.
Fue allí, cerca de la zona de Moody Brook, donde pasamos el lapso previo a las tres noches con sus días que mencioné. Fue allí donde armamos nuestras carpas, instalamos nuestro eficiente y apreciado rancho, allí donde entregamos y recibimos material, donde completamos nuestras provisiones, en fin, donde velamos nuestras armas en la larga vigilia previa al combate. Fue allí también donde fuimos actualizando nuestras previsiones al unísono con los cambios de planes, donde sufrimos los rigores del clima y los primeros efectos de la humedad, donde seguimos paso a paso la evolución de las operaciones por la radio, que, con su carga de inexactitudes, nos llevó a escuchar que estábamos combatiendo en San Carlos, sin habernos movido de ese lugar.
Pero también fue allí donde vivimos intensamente los dos meses que pasaron desde nuestra llegada, allí donde reímos y lloramos, allí donde imaginamos cada episodio del combate a librar, allí donde profundizamos nuestros afectos de soldados, donde nos contamos nuestras vidas, donde recordamos y añoramos a nuestras familias, donde escribimos y recibimos noticias de nuestros seres queridos, donde fuimos dejando día a día nuestra condición de novatos y bisoños en estas lides, para convertirnos en curtidos soldados.
Una vez más, fue allí donde el tiempo y los hechos nos hicieron cambiar nuestra percepción de la situación, pasando del cándido e inocente entusiasmo inicial a un realismo pragmático posterior, terminando en una especie de fatalismo final que nos llevó a desear el ataque enemigo como única opción de terminar con la situación.
Con sus buenas y sus malas, sus realidades y sus fantasías, con optimismo y pesimismo, con certezas e incertidumbres, con fortalezas y flaquezas, con actitudes altruistas y miserables, con valentías y cobardías, pero siempre con una total convicción en la causa que defendíamos, se nos fue "el antes".
PRIMERA NOCHE – 11 de junio - 18 horas
Después de una jornada relativamente normal, matizada con ataques de artillería y bombardeos aéreos a baja altura del enemigo, con la convicción que el ataque final se acercaba, llegamos a este momento.
La prematura noche había caído un rato antes, las rondas de mate continuaban, radio Carve de Montevideo nos informaba de lo que había pasado y, en particular sobre la visita del Papa a nuestro país.
De pronto, en distintos sectores del dispositivo comenzaron los disparos. La intensidad creció, la frecuencia de los mensajes por radio también. Era una noche gélida y, cosa rara, totalmente despejada.
Todos salimos de nuestras carpas y refugios, mirando en dirección a los montes Longdon y Dos Hermanas, donde a cada minuto se incrementaba el intercambio de disparos de todo calibre. Por radio supimos que también era atacado el monte Harriet.
El espectáculo era sorprendente y, si no hubiera sido porque significaba el ataque enemigo, diría que hasta cautivante.
Los obuses estallaban, las balas trazantes con sus rebotes en las rocas y sus trayectorias disparatadas semejaban fuegos artificiales, las bengalas iluminaban la noche.
Los detalles los conocíamos por la radio, como cuando se mira un partido por televisión y se escucha el relato por radio.
Sin embargo, esos relatos no invitaban al optimismo. En mi interior, teniendo una misión prevista entre el Longdon y Dos Hermanas y al tenor de los informes, intuía que nuestro empeñamiento estaba próximo. Nadie lo decía, pero creo no equivocarme al decir que la masa de mi gente tenía la misma percepción.
En efecto, a las 23 horas nos ordenaron ocupar la posición de bloqueo prevista en proximidades del Valle del Moody y, previo recuperar la sección que estaba de seguridad en el Puesto de Comando de la Agrupación Ejército, se finalizaron los aprestos e iniciamos la marcha.
A las tres de la mañana estuvimos en la posición, cada uno en su sector, de acuerdo con las previsiones y reconocimientos y tomamos contacto con la gente del Regimiento de Infantería Mecanizado 7 según lo coordinado.
Poco después, recibimos intenso fuego de artillería y sufrimos las primeras bajas. También aparecieron los primeros problemas derivados de la incapacidad de atender a todos los heridos al mismo tiempo con un solo enfermero, quien, además, entró en crisis por ello, hasta que logramos calmarlo. A ello se sumó la incapacidad de evacuarlos, debiendo hacerlo en forma totalmente inadecuada en un camión que circunstancialmente pasaba por la zona, agradeciendo todavía que todos los heridos se salvaran.
Pasó el resto de la noche, con las vivencias propias del combate, con el impacto espiritual del bautismo de fuego. Mientras tanto, se nos unió una fracción del Regimiento 4 de Infantería que se replegaba de Dos Hermanas, a órdenes del Capitan Lopez Paterson, de quién voy a hablar más adelante. También recibimos un disperso del Regimiento de Infantería Mecanizado 7, proveniente del Longdon, a quién preferí enviar a retaguardia, por cuanto estaba en estado de shock por lo que había vivido y podía constituir un elemento negativo para la moral de mis hombres.
Cuando, unos años después, leí "Viaje al infierno" de Vincent Bramley, recordé vívamente los relatos de aquel soldado.
PRIMER DIA – 12 de junio– 8 horas.
Llegaron las primeras luces y con ellas, una sensación de seguridad que resultó gratificante. Es notable cómo el solo hecho de "ver" puede cambiar totalmente la percepción de la situación. Diría, sin querer pecar de exagerado, que nos embargó una sensación de optimismo.
También nos llegó la noticia de nuestra primera pérdida, el Sargento Primero Ron, a quién encontramos, como no podía ser de otra manera en él, en una posición más adelantada, de más riesgo, alcanzado por la artillería enemiga.
La calma en las antiguas posiciones propias era total. Vimos en el Longdon, movimiento de ingleses y, previo producir los informes del caso, abrimos fuego, iniciándose un intercambio de disparos que duraría todo el día, ambas artillerías incluidas.
El resto de las horas de luz transcurrió entre fallidos intentos de contacto con propias fuerzas, completamiento de munición, mejoramiento de posiciones, evacuaciones frustradas, informes radioeléctricos, ayuno y expectativas inquietantes ante la nueva llegada de las sombras.
SEGUNDA NOCHE – 12 de junio – 18 horas.
Cayó la noche, cayó también el ánimo, cundió el desasosiego, creció la convicción que, para muchos, podía ser la última noche; el fatalismo se apoderó de los hombres y el miedo empezó a carcomer las entrañas. Sin embargo pese a este escenario poco optimista, mis hombres, mis nobles oficiales, suboficiales y soldados, a quienes se sumaban los que se nos habían agregado, mantenían la decisión de hacer frente al enemigo.
Sabíamos que los ingleses atacaban de noche, teníamos conciencia de que estábamos aislados, con nuestros flancos y retaguardia totalmente expuestos, de que el enemigo era superior, de que su preparación, equipamiento y capacidades eran mejores, de que no podíamos esperar refuerzos o apoyo de otras fuerzas. Pese a ello, estábamos dispuestos a vender cara nuestra posición.
La gélida noche y la intensa helada daban marco a la situación. Adelantamos puestos de observación y escucha que relevábamos constantemente, para evitar los efectos del frío. Consumimos abundante munición de iluminación en la búsqueda de detectar el ataque con la mayor anticipación posible.
Fue durante estas horas, en particular, que valoré la presencia del Capitan Lopez Paterson, de mayor antigüedad que yo, pero que, por una situación singular no ejercía el comando de la posición. Fue en todo momento un compañero, un guía, un referente, yo diría un amigo, que contribuyó a atenuar la "soledad del mando", tan cierta como difícil de sobrellevar. Por ese sentimiento el que comanda, en este caso yo, siente el tremendo peso de la responsabilidad sobre la vida de sus hombres. Sabe que es observado atentamente, que todos esperan sus órdenes, que su comportamiento es examinado especialmente. Paralelamente, asume todas sus falencias, siente sus propios temores, pero no tiene referente; siente la presión de que, siendo falible, no puede equivocarse; percibe con absoluta nitidez el eventual costo de un error; se siente humano como el que más pero debe deshumanizarse. En síntesis, el "mundo" está encima de él, pero no puede agobiarse.
Con Lopez Paterson y con el personal del Grupo Comando, compartimos esas interminables horas, el agua de la caramañola, el escaso abrigo disponible y hasta la tapa de un cajón de municiones para pisar y buscar que volviera el calor a nuestros congelados pies. Compartimos también rezos, temores y la desgarrante incertidumbre sobre nuestro futuro.
Así pasó la noche y el sol, tenuemente, comenzó a iluminar el horizonte.
SEGUNDO DIA – 13 de junio – 06 horas.
Nadie conoce las causas por las cuales los británicos aplazaron veinticuatro horas el ataque a las posiciones finales de Puerto Argentino, pero sí sé que hubo ciento cincuenta almas que respiraron con alivio cuando amaneció. En esos momentos, ganar veinticuatro horas significaba toda una vida.
Superada la angustia vivida, con el espíritu más optimista, llegó el momento de ocuparnos de asuntos "mundanos". Después de obtener autorización, destaqué personal a nuestra zona de reunión a buscar abrigo y víveres, pues el frío nos estaba castigando mucho y el hambre se hacía sentir, después de 36 horas.
También comprobamos que no todos soportamos adecuadamente las sensaciones vividas, detectando que el Sargento Primero Aguero y el Soldado Baez se habían escapado durante la noche, abandonando la posición. Por ello, además de hacerse acreedores al repudio y al desprecio del resto, ambos fueron juzgados al regreso, siendo el suboficial condenado.
Con la llegada de los víveres y el abrigo, la situación mejoró un poco.
Después del mediodía, fui convocado a Moody Brook para recibir la orden de repliegue. Partí solo, lo que constituyó un grueso error de mi parte, el cual, por suerte, no originó consecuencias. Durante la ida, me sentí vivamente impresionado por la infinita soledad que reinaba, el frío, el valle, el arroyo, las alturas y yo solo caminando sin otro movimiento que el mío, sin otro sonido que el de mi corazón latiendo. La calma precedía a la tormenta, el día le daba paso a la noche.
Durante el regreso, mis sentimientos eran totalmente diferentes, sentía la urgencia de llegar en la convicción que mi demora podía significar el aniquilamiento de mis tropas, dado que empezaba a oscurecer. Corría y caminaba, transpiraba, sentía cansancio y lo vencía, hablaba sólo para calmar mi angustia y, al fin, llegué.
TERCERA NOCHE – 13 de junio – 18 horas.
El Capitan Lopez Paterson, alertado por la Brigada, había ordenado los aprestos para el repliegue. En dos escalones, el primero a sus órdenes y el segundo a las mías, iniciamos el movimiento, mientras se había reiniciado el fuego en todo el frente.
Abandonamos aquel risco que nos había abrigado y protegido durante dos días, casi con alegría. Poco después de salir pudimos observar una impresionante concentración de fuego de artillería sobre la que había sido nuestra posición. La fortuna nos ayudó y nuestra salida fue más que oportuna. De haber estado allí, el efecto habría sido, a no dudarlo, devastador.
La marcha era difícil, el frío y la humedad nos dificultaban el movimiento y el fuego y las bengalas nos obligaban a detenciones permanentes. Teníamos algunos hombres con problemas para desplazarse.
Ocupamos la nueva posición luego de evacuar al personal en malas condiciones físicas, y de despedirme de mi compañero, el Capitán Lopez Paterson, llamado a cumplir otras misiones.
Sin embargo, no duramos mucho allí, nos ordenaron concurrir a reforzar la posición del Regimiento de Infantería Mecanizado 7 en las alturas de Wirless Ridge, donde ocupamos el extremo oeste de la misma, que sería, tiempo después, el lugar donde los británicos iniciarían el ataque desde el N y el O.
Relatar todo lo vivido en esas escasas horas es sumamente difícil; sólo diré que fue una situación límite. Antes de iniciarse el ataque enemigo, la concentración de fuego de artillería terrestre y naval fue impresionante, recibíamos fuego de misiles y de armas de todo tipo, algunas que no pudimos identificar.
Entre el control a mis fracciones, los contactos con el Jefe del Regimiento, los informes al Comandante, la recepción de mensajes contradictorios y muchas veces malintencionados, la concurrencia a los distintos sectores para acompañar y alentar a mi gente, ordenar y ejecutar fuego, todo bajo una nube de trayectorias trazantes, explosiones de obuses, esquirlas incandescentes, fue pasando el tiempo.
De pronto, como para anunciar la "parte principal del espectáculo" se iluminó nuestro sector gracias a bengalas terrestres y navales de los ingleses, que nos exponían totalmente a su observación, mientras ellos continuaban amparados en las sombras.
Con ello comenzó el ataque final, incrementándose aún más, pese a que no parecía posible, los fuegos de apoyo.
El ataque era importante, los efectivos empeñados muy superiores y el apoyo, impresionante.
En ese contexto, dicho ataque comenzó a progresar. Todo ello motivó permanentes informes de mi parte, inclusive la ejecución de fuego de nuestra artillería, próximo a las posiciones ocupadas por mi personal, generado por la cercanía del enemigo.
Ordené sucesivos repliegues para evitar el aferramiento de mis fracciones, hasta que la situación impuso al Comandante ordenar nuestro repliegue, después del Regimiento 7, hacia la localidad.
Llegamos ordenadamente, sumamente cansados, con el sabor amargo de la derrota en la boca. Nos ordenaron instalarnos y defender la Secretaría de Gobierno.
Analizamos las novedades, de lo cual resultó que, además de varios heridos, tuvimos que lamentar cinco muertos y un desaparecido. Este último se reunió con nosotros dos días después, durante los cuales estuvo prisionero de los ingleses.
En ese lugar pudimos descansar un poco después de pasar dos días de intenso frío, casi sin comer y con escaso descanso. Pienso que lo teníamos merecido.
TERCER DIA – 14 de junio – 0700 horas.
Ya de día, la situación que se vivía era confusa, la carencia de órdenes era la norma. Ante ello, evacué al personal herido y con principio de congelamiento y reorganicé a mi gente, ya sin los agregados de otras unidades, con quienes perdí contacto durante la noche.
Podía formar tres secciones de treinta hombres con armas livianas más el Grupo Comando y un reducido Grupo Servicios, hecho que informé a la Brigada.
Tiempo después, un estafeta enviado por el Jefe natural del Escuadrón, Mayor Carullo, que estuvo afectado a otras misiones con otra parte del mismo, me transmitió la orden de reintegrarme al resto de la Subunidad en el Apostadero Naval, actividad que concretamos sobre el filo del mediodía.
A las 1630 horas se recibió la orden del toque de queda a partir de las 1900 horas; aparentemente, se había producido la capitulación.
El "DESPUES"
Inicialmente, se sucedió un período de incertidumbre caracterizado por órdenes, contraórdenes, carencia de órdenes, rumores, o sea desorden, que por suerte no se nos contagió, manteniéndonos unidos y disciplinados.
Así llegó la orden de no destruir los vehículos y el armamento, pese a que después se negó su impartición. Pese a ello, alguna maldad hicimos.
Así llegaron los primeros ingleses a nuestro sector, sin que hubiera altercados.
Tuvimos que entregar nuestro armamento, en un acto que nos sumió en la mayor frustración, en una profunda amargura. La sensación de la derrota nos invadió, provocando un desánimo generalizado.
Después de tanta acción, de las incesantes actividades realizadas, de las impresionantes sensaciones vividas, de pasar por situaciones extremas, de sentimientos encontrados, de la vivencia de los horrores de la guerra, de tener que lamentar muertes entre nosotros, de sentir el lacerante sabor de la derrota, llegó la calma, llegó el momento de la reflexión, del arrepentimiento por haber hecho algunas cosas y dejado de hacer otras, de las culpas, de las satisfacciones, del orgullo por mi gente.
Es posible que el tiempo de reflexión aún no haya finalizado. Sin embargo, sin olvidar el calor de aquellos momentos, asumiendo nuestras conductas, con aciertos y errores, concluyo sin equivocación que la fracción a mis órdenes, pese a sus imperfecciones, se empeñó todo lo posible, intentó cumplir con sus misiones, expuso un elevado espíritu de sacrificio, evidenció valores morales y de carácter, acreditó virtudes de soldado; en síntesis, respondió a lo que se esperaba de ella, a lo que yo confiaba que podía dar, independientemente del lamentable y no deseado epílogo de la lucha.
No puede haber satisfacción completa en la derrota, siempre va a ser limitada. El soldado, naturalmente, se prepara anímicamente para la victoria: si no, no lucharía; en su espíritu no hay lugar para la derrota. Nosotros no fuimos la excepción.
Así llegó el momento del embarque, la separación de los oficiales del resto, el regreso del Escuadrón al continente sin ningún oficial a cargo, al mando de su encargado el Suboficial Mayor Cruz, dando en todo momento ejemplo de disciplina y comportamiento propio de soldados.
Esto último lo supimos por referencias, llenándonos a los oficiales de orgullo, dado que todos quedamos un mes como prisioneros de guerra.
Pero esa es otra historia.
El autor se desempeñó en el momento del relato, con el grado de Capitán, como 2do Jefe del Escuadrón de Exploración de Caballería Blindado 10 "Coronel Isidro Suarez", hoy, ya retirado, quien narró esta historia es General.
Como dije al principio, esta es la historia de la única Unidad de Caballeria que combatió (a pie) en Malvinas, una Unidad de HERMANOS, una UNIDAD...
"POR SOBRE EL MEJOR"
"SOLDADOS POR UN TIEMPO... HERMANOS PARA SIEMPRE"
Fuente: V.G.M. E.E.C.B.10 Jorge Eduardo Choque, General de Caballería Rodrigo Alejandro Soloaga para "EL MALVINENSE" .

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jueves, 18 de mayo de 2017

DIA DE LA ESCARAPELA NACIONAL

Se celebra el 18 de mayo, el Día de la Escarapela, instituido en 1935 por resolución del Consejo Nacional de Educación.
El origen de los colores de la escarapela y las razones por las que fueron elegidos para simbolizar a la Patria no pueden establecerse con precisión.
Entre muchas versiones, una afirma que los colores blanco y celeste fueron adoptados por primera vez durante las invasiones inglesas (1806-1807) por los Patricios, el primer cuerpo de milicia urbana del Río de la Plata y que luego empezaron a popularizarse entre los nativos. Se dice también que la escarapela argentina fue utilizada por primera vez por un grupo de damas de Buenos Aires al presentarse a una entrevista con el entonces coronel Cornelio de Saavedra, jefe del Regimiento de Patricios, el 19 de mayo de 1810.
Lo cierto es que el 13 de febrero de 1812 Manuel Belgrano -mediante una nota- solicitó al Triunvirato que se fije el uso de la escarapela nacional. Belgrano no vio el cielo celeste y las nubes blancas, y en esto se inspiró para crear la bandera nacional.
Se fundaba en que los cuerpos del ejército usaban escarapelas de distintos colores y que era necesario uniformarlos a todos, puesto que defendían la misma causa. El 18 de febrero de ese año, el Gobierno resolvió reconocer la Escarapela Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata con los colores blanco y azul celeste.
Entusiasmado con la medida, Belgrano diseñó una bandera con los mismos colores y la hizo jurar el 27 de febrero. Ese mismo día, el Triunvirato ordenó a Belgrano hacerse cargo del Ejército del Norte, desmoralizado después de la derrota de Huaqui. El general emprendió la marcha al norte de inmediato y, por esta razón, no se enteró del rotundo rechazo del gobierno a la nueva bandera.
Ese 27 de febrero de 1812 Belgrano inauguró las baterías Libertad e Independencia e informó al Gobierno: “Siendo preciso enarbolar la bandera, y no teniéndola, la mandé hacer celeste y blanca, conforme a los colores de la escarapela nacional”.
Los colores nacionales se usaron en la Argentina desde 1811, en la escarapela famosa erróneamente atribuida a la distribución de French y Beruti del año anterior. Provenían de los colores borbónicos, de la casa de Fernando VII (rey ausente de España). La escarapela blanca y celeste ya había sido utilizada por Pueyrredón y otros camaradas durante las Invasiones Inglesas. La escarapela es creada por decreto el 18 de febrero de 1812.
Institución del Día de la Escarapela Nacional
La fiesta de la escarapela fue autorizada por el Consejo Nacional de Educación con fecha 13 de mayo de 1935 (Expte. 9602-9º-935), sobre una iniciativa de la directora de la entonces Esc. 4 del C. E. 9º, profesora Carmen Cabrera, y los profesores Benito A. Favre y Antonio Ardissono, director y vicedirector, respectivamente, de la Esc. 11 del mismo Distrito, quienes, con el asesoramiento de la Inspección de Labores, resolvieron constituirse en comisión para celebrar la fiesta de la escarapela el día 20 de mayo. El C. N. de Educación autorizó la celebración de la fiesta, pero, si establecer razones, el día 18 en lugar del día 20. Por resolución del 4 de abril de 1941 (Expte. 33193-1º-940) instituyó el 18 como Día de la escarapela, estableciendo, además, que el acto debía realizarse en una de las escuelas de cada distrito con concurrencia de delegaciones de 4º y 6º grados y 4ª y 5ª secciones.
Por el “Calendario Escolar” del año 1951 (Res. del Ministerio de Educación, 8 de enero de 1951, Expte. 294282/950), se fijó el 19 de mayo como Día de la Escarapela. Esta disposición se fundó en las consideraciones (episodio de los rebozos celestes ribeteados con cintas blancas con que, en ese día, se adornaron las damas porteñas) formuladas por la Comisión de Antecedentes de los Símbolos Nacionales, publicadas en el folleto “French y la divisa de Mayo”, editado por el Círculo Militar de 1941. Pero esta celebración se limitaba a una anotación en la Cartelera de Efemérides (Forma IV). Desde entonces la celebración ha experimentado diversas alternativas.
El Consejo Nacional de Educación, por resolución del 12 de mayo de 1960 (Expte. 12515/960), resolvió restituir la celebración según los términos de la disposición del 4 de abril de 1941.

Resoluciones del Consejo Nacional de Educación
Fiesta de la escarapela. Autorización para celebrar la fiesta de la escarapela el día 18, según iniciativa de las Escuelas 4 y 11 del C. E. 9º (Res. 13-5-1935, Expte. 9602-9º-935).
Día de la escarapela. Institúyese el 18 de mayo como día de la escarapela. Forma de realizarse el acto (Res. 4-4-1941, Expte. 33193-1º-940).
Fíjase el 19 de mayo como día de la escarapela. Fijación establecida por el Calendario Escolar de 1951 (Res. 8-1-1951, Expte. 294282/950).
Restitúyese forma de celebración según Res. 4-4-1941. Restitúyese la forma de celebrar el día de la escarapela según los términos de la Resolución del 4-4-1941, con algunas variantes (Res. 12-5-1960, Expte. 12515/960).

Fuentes: Cagliani, Martín A. – La Página del Conocimiento / Fernández, Belisario y Castagnino, Eduardo H. – Guión de los Símbolos Patrios (1962).