viernes, 22 de junio de 2018

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL RUDECINDO ALVARADO

Nacido en Salta, recibió su bautismo de fuego en el combate de Huaqui. Como guerrero de la independencia, participó de combates y batallas durante toda su extensión. Alcanzó los grados de Mariscal de Campo de Chile, Gran Mariscal del Perú y Brigadier General argentino. En la Batalla de Maipú rindió al Regimiento Real Burgos, de muy exitosa actuación en la Guerra de la Península. Fue gobernador de la fortaleza del Callao durante la revuelta de los prisioneros realistas y hecho prisionero y liberado después de la victoria decisiva de Ayacucho. En 1831, fue gobernador de Salta.Nacido en Salta el 1 de marzo de 1792. Hijo de un comerciante español, Don Francisco de Alvarado y Doña Luisa Pastora Toledo y Pimentel de Alba, se educó en su ciudad natal. Estudió derecho en la Universidad de Córdoba, debió abandonar demasiado pronto por la muerte de su padre que lo puso al frente del hogar debiendo convertirse en comerciante en defensa de la integridad familiar pero a la muerte de su padre se dedicó al comercio. Con ese motivo viajaba continuamente a Buenos Aires procurando afianzar el comercio heredado, razón por la que se encontró allí en la semana de mayo de 1810.Estaba en Buenos Aires cuando se produjo la Revolución de Mayo. Se unió al Ejército del Norte, pero no hizo la primera campaña al Alto Perú.En 1812 participó en la batalla de Tucumán y, al año siguiente, en la de Salta, en ambas ocasiones a las órdenes del general Manuel Belgrano. Formó parte de la escolta de Juan Martín de Pueyrredón. Con José Rondeau se batió en Sipe Sipe. En agosto de 1816, junto a San Martín atravesó los Andes.En 1818 se distinguió en Chacabuco; mandando el ala izquierda del Ejército que aseguró la independencia chilena, obligó al famoso regimiento de Burgos a rendirse por vez primera en Maipú. Su sereno coraje ante el desastre de Cancha Rayada salvó a gran parte del ejército. Creó la campaña al sur de Chile, para luego retornar a Mendoza para descansar sus tropas y obtener nuevos reclutas. Intrépidamente recruzó los Andes hacia Chile. Organizo un ejército para la futura empresa de San Martín en el Perú, en prevención de que sus tropas se contagiaran de los motines de Cuyo.En 1820 pasó a ser comandante del famoso regimiento de granaderos a caballo. En el Perú operó junto a Tomás Guido representando a San Martín en las reuniones previas a las negociaciones de Punchauca.Fue jefe del Estado Mayor de San Martín cuando Lima fue ocupada. Permaneció al frente del ejército unido tras la renuncia y partida de San Martín del Perú.En octubre de 1822 emprendió la previamente planeada expedición de los puertos intermedios peruanos, con desastrosos resultados; sin embargo, tanto el gobierno peruano como Bolívar, lo excusaron. Nombrado gobernador del Callao, hubo de hacer frente a una rebelión de la guarnición, que lo retuvo prisionero hasta después de la batalla de Ayacucho (1824).Fue remitido a los españoles, se fugó, junto con otros prisioneros patriotas, al conocer las noticias sobre la victoria de Sucre en Ayacucho, para levantar a los bolivianos contra los realistas que quedaban. A su retorno a Lima, ya ganada la independencia, Alvarado recibió de Bolívar los más altos honores, incluyendo el grado de gran mariscal del Perú. Vuelto a la Argentina, Alvarado obtuvo distinciones y cargos, pero pronto comenzó su oposición a Rosas y a los caudillos locales.En 1831 Quiroga lo obligó a exiliarse mientras era gobernador de Salta. En 1848 regresó, a su provincia natal con permiso especial de Rosas. Después de Caseros reanudó su vida pública. En 1854 fue nombrado ministro de la Guerra en el gobierno de Justo José de Urquiza (1853-1860), conforme a la nueva Constitución de 1853.Renunció para reasumir la gobernación de su provincia. Hasta sus últimos días. Murió en Salta el 22 de junio de 1872.

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jueves, 21 de junio de 2018

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE HUAQUI

Luego del triunfo de Suipacha, del 7 de noviembre de 1810, las fuerzas de Buenos Aires habían cumplido el objetivo estratégico de ocupar ciertamente el Alto Perú. Pero, el interrogante que se planteaba ahora era saber qué hacer con este triunfo. Castelli, a diferencia de Moreno, no creía que la Patria terminara en el Desaguadero. José María Rosa nos transmite las angustiosas palabras de Castelli al respecto:
“…que la gloria emprendedora de la capital se sentará en el virreinato de Lima para confundir el orgullo de sus habitantes… estimo muy importante y necesario que nuestras armas se adelanten al Desaguadero… no conviene dejar enfriar el calor de nuestra gente… Estamos muy cerca, y nada falta para realizarlo sino la resolución de V. E. …”.
Pero Castelli debe atenerse a las “Instrucciones” ordenadas desde Buenos Aires. El “terror” cobra las vidas de Córdova, Nieto y Paula Sanz. Asimismo, el ejército es muy bien recibido en Potosí, Charcas y en La Paz. Finalmente se dirige a Laja, junto al Desaguadero. Ahí debe contentarse con observar pasivamente cómo Goyeneche prepara las fuerzas peruanas. El grave error estratégico estaba sellado… Sin embargo hemos de destacar que otro error cometido por la Junta porteña es haber nombrado jefe militar operativo al Dr. Juan José Castelli. Dice Bassi:
“Los patriotas continuaron en el campamento de Huaqui, como en el de la Laja, descuidando la instrucción y disciplina de las tropas y llevando una vida irregular bajo el amparo de Castelli. En medio de este desorden, agentes del enemigo entraban con facilidad en el campamento, llevando al comando español toda clase de informaciones respecto a lo que hacían y proyectaban los patriotas”.
Según parece Castelli pasó por alto groseramente los comentarios de Santo Tomás de Aquino, quien en su “Summa Teológica”, Parte II, Sección II, cuestión, advertía sobre la ocultación de los planes de guerra.
Más aún, entre los patriotas se habían formado dos bandos: uno de ellos respondía a Castelli y Balcarce y el otro a Viamonte, quien a su vez contaba con el apoyo del gobierno.
El 16 de Mayo de 1811, se había firmado el “armisticio del Desaguadero”, un notorio fiasco pues sólo consiguió darle el tiempo suficiente a Goyeneche para preparar la contraofensiva. Sumados los siguientes elementos nada desdeñables: el ejército patriota indisciplinado y con el comando dividido en facciones. El ejército realista, en cambio, contaba con unidad de comando y era férreamente disciplinado, faena a la que se había dedicado con ahínco Goyeneche en esos meses de aparente inactividad. El germen de la derrota ya estaba sembrado según Bassi.
La mañana del día 19, los revolucionarios habían localizado sus fuerzas en Huaqui, Caza y Machaca y echado un puente sobre el río Desaguadero haciendo pasar una columna de 1.200 hombres con la excusa de evitar que continuasen las acciones de saqueo llevadas adelante por fuerzas realistas que cruzaban el río Desaguadero en busca de víveres, debido a que el paso no se hallaba guarnecido. Sin embargo, con este plan pretendían distraer las fuerzas de Goyeneche por el frente y flanco derecho mientras rodeaban a los realistas por la espalda mediante la comunicación establecida con este nuevo puente.
En esta situación de violación del armisticio por los patriotas y franco peligro para todas sus tropas al verse rodeado por todos los flancos, el general Goyeneche determinó el ataque directo con todo su ejército. A las 3 de la mañana del 20 de junio ordenó a los coroneles Juan Ramírez (con los batallones de los beneméritos), Pablo Astete, tenientes coroneles Luis Astete y Mariano Lechuga (con 350 efectivos de caballería y cuatro cañones) que atacaran Caza, que es una quebrada sobre el camino de Machaca con comunicación a Huaqui, mientras él se dirigía a la toma de Huaqui con los coroneles Francisco Picoaga y Fermín Piérola al mando de 300 efectivos de caballería, 40 miembros de su guardia y 6 piezas de artillería.
Al amanecer las alturas de los cerros que las tropas españolas debían conquistar estaban tomadas por gran número de independentistas, caballería y fusileros que hacían fuego sobre los españoles con acompañamiento de granadas y hondas. Sin embargo el ejército realista les puso en fuga en pocas horas.
Cuando las tropas independentistas tuvieron noticia de la aproximación de Goyeneche a Huaqui, salieron de dicha población Castelli, Balcarce y Montes de Oca al mando de 15 piezas de artillería y 2.000 hombres tomando una posición sobre el camino a Huaqui casi inexpugnable entre la laguna y los montes superiores.
Goyeneche ordenó el avance introduciéndose bajo fuego enemigo sin contestar con un fusilazo mientras el batallón del coronel Picoaga rompía el fuego, contestado por los independentistas con enorme energía. Como las tropas independentistas, al reconocer al general Goyeneche, dirigían su fuego contra él, ordenó a uno de sus edecanes que transmitiera la orden de atacar al flanco derecho de su ejército, mantuvo cubierto el camino con el batallón de Piérola y destacó tres compañías para que avanzasen dispersas por el frente mientras él, con el resto de tropa en columna atacaba por la izquierda.
La caballería argentina trató de detener el empuje pero fue arrollada y huyó, junto a todo el ejército rebelde, hacia Huaqui. Goyeneche dio orden de perseguirlos y consiguió tomar el pueblo. El coronel Ramírez comunicó poco después la victoria en Caza.
La batalla terminó en la desbandada de las tropas argentinas, con el saldo para éstas de más de mil hombres perdidos y abandono de numeroso parque y de artillería. En precipitada retirada, se refugiaron en Potosí y luego en la ciudad de Jujuy. Dice Sierra respecto a la huida:
“El desbande del ejército patriota se efectuó en el mayor desorden en todas direcciones y cometiendo toda clase de depredaciones. Castelli, Balcarce y Monteagudo pasaron la noche del veinte en Laja, de donde siguieron a Sicasica, a donde no pudieron entrar por estar alzada. Refiere Bolaños que cuando llegó a ese pueblo, a las doce de la noche, encontró en la plaza a unos quinientos hombres de tropa, que embriagados descerrajaban las puertas e insultando de todos modos al vecindario. (…). El ejército patriota se desbandó completamente. Los soldados oriundos de Salta, Santiago del Estero, Tucumán y Córdoba abandonaron las columnas llevados por el pánico de la persecución, viéndose alejados de sus lugares nativos en provincias que les eran extrañas (…). Hecho triste la retirada. En su huida los soldados cometieron robos, asesinatos, incendios, siendo atacados por los naturales”.
Días después, Castelli achacaría el desastre a la infantería de La Paz, que se desarticuló casi de inmediato, dejando a Viamonte desguarnecido, entre otras excusas. Goyeneche iría por los caudales de Potosí, pero la rápida acción de Juan Martín de Pueyrredón los salvo, remitiéndolos a Salta.
Las bajas patriotas fueron más de mil hombres perdidos y abandono de numeroso parque y de artillería
Según Goyeneche: Después de tres horas de combate -casi al anochecer- los revolucionarios se dispersaron aprovechando las escabrosidades del terreno. Una fuente realista afirma que los altoperuanos en su retirada dejaron “seiscientos muertos en el campo, haciéndoles Goyeneche setenta prisioneros y cogiéndole ocho cañones (…) y una bandera”.
Por su parte, los realistas tuvieron quince muertos, siete prisioneros y un oficial contuso según lo que afirma Goyeneche. A nuestro juicio, parece que las cifras asignadas a revolucionarios y realistas, son exageradas -las primeras en más y las segundas menos- ya que, más de tres horas de combate donde se llegó al arma blanca no pueden dar una diferencia de bajas tan dispar, nada menos que quince contra seiscientos, vale decir una proporción de uno a cuarenta.
Algunas consideraciones
¿Por qué la magnitud de esta derrota? A priori, volvemos sobre lo citado más arriba, vale decir, la carencia de una unidad de comando efectiva que mantuviera organizado al ejército al unísono cual orquesta sinfónica. ¿Disidencias entre los mandos intermedios? ¿Tropas multitudinarias pero indisciplinadas? ¿Inactividad de Viamonte? ¿La ausencia del comandante en jefe en el campo de batalla? Para el académico de la Historia César García Belsunce fue principalmente la indisciplina de la soldadesca: “a tal punto que el ejército se evaporó después de la batalla”
Análisis político de la batalla
El historiador de larga duración, como diría la Escuela de los Annales, puede ver claramente la magnitud del desastre y el daño político causado ante el colapso de esta primera expedición al Alto Perú. La pérdida definitiva de estas antiguas provincias del Virreinato del Río de la Plata era casi inevitable. Bassi es más atrevido aún y manifiesta tranquilamente que la posterior privación de la Banda Oriental está vinculada con Huaqui en el norte. La revolución quedaba con un frente de batalla en situación inerme, pues los realistas bien podrían haber descendido hacia Salta y Tucumán y de ahí a Córdoba y quizás hasta Buenos Aires. Dada la exigüidad de los efectivos de la Revolución y ante la necesidad de disponer de fuerzas que fueran la base de la resistencia en orden de salvarla, Buenos Aires dispone el retiro del ejército sitiador de Montevideo. El frente político interno se desplomó y la Junta debió por sí misma cambiar de forma de gobierno en la forma de un triunvirato. Nacía el Primer Triunvirato, más, la Junta se mantiene como órgano moderador bajo el nombre de “Junta conservadora”. El camino del norte quedaba bloqueado definitivamente para las fuerzas revolucionarias. Sucesivas campañas militares tendrían éxitos engañosos que terminarían inexorablemente en derrotas, como verbigracia, Vilcapugio, Ayohuma o Sipe Sipe. Sólo la mente brillante estratégica del Libertador San Martín comprendería que el camino emancipador conducía hacia otro lado. Moralmente, la Revolución se hallaba en un momento de hondo dramatismo. El norte perdido, la expedición al Paraguay fracasada y las operaciones contra Montevideo suspendidas. Sumado a estos factores estructurales, debemos mencionar las conductas deplorables desde el comandante en jefe, Castelli y de sus subalternos hasta la tropa. Este y Balcarce casi son asesinados después de Huaqui en Oruro, calificados de impíos y herejes. Económicamente la campaña fue también un cataclismo, pues amén de los pertrechos perdidos (no pocos por cierto), debemos añadir los considerables tesoros que cayeron en manos de los “godos”, salvo algunos pocos rescatados por Pueyrredón.
Análisis militar
A diferencia del ejército español, se advertía una dualidad de comando, pues no era Balcarce quien se hallaba en la cúspide de mando, sino Castelli, quien no se desprende del mando militar en ningún momento, pese a que “no dio orden alguna durante la batalla”, hecho lo cual es inadmisible. Sin embargo, de facto, tuvo Balcarce que impartir las órdenes más acuciantes para el movimiento de tropa. Reparamos, ergo, en una especie de colegialidad impensable y aberrante en la cadena de mando que debe existir en la lógica militar, “(…) el ejército patriota no fue dirigido con unidad de concepción; los comandos de división procedieron sin concierto entre si y sin que la acción del único jefe militar se dejara sentir debida y oportunamente”. Fue inaceptable que tanto Castelli como Balcarce no tomaran medida disciplinaria alguna en referencia a la vida licenciosa del ejército. Una vez más subrayamos esto, pues sólo las divisiones de Viamonte y Díaz Vélez podrían ser consideradas aptas para combatir. El resto era una masa informe y tosca apenas armada con chuzas o lanzas. Aunque parezca casi absurdo, en el plan patriota, el objetivo principal no era el ejército enemigo, sino las alturas de Vila-Vila, un mero objetivo táctico geográfico que solamente reportaba una posición más ventajosa y que en razón del armisticio fue dejada en manos de los españoles por la ineptitud de Castelli. Dado el tiempo otorgado a Goyeneche, ¿Se estaba en condiciones de conquistar el Perú con apenas 2500 hombres frente a un enemigo más numeroso, adiestrado, disciplinado, ordenado? Ocupar Vila-Vila sería un objetivo táctico, que vislumbraría corregir el error cometido. Expulsando al enemigo de Vila-Vila, se evitaría que éste atacara por sorpresa a Huaqui. El plan de Castelli, sólo se hubiera coronado con éxito con un factor: la sorpresa. Pero ésta fue esquiva, al ocupar el enemigo las alturas de mentas. Ni bien se movieron las divisiones Viamonte y Díaz Vélez los realistas las advirtieron. También el “dispositivo de avance” fue improcedente, pues el ejército revolucionario se encontraba fragmentado, lo que permitió a los realistas “batirlos por partes”, además de no ocupar la quebrada que intercomunicaría a las columnas patriotas, causando ello la división irremisible de éstas. En lo concerniente a la “exploración”, podemos decir que fue ineficaz en ambos bandos. Ninguno de los ejércitos enviaron partidas de reconocimientos que son imprescindibles para proyectar cualquier ataque. Del lado godo, pese al éxito rotundo logrado, se comete el grave error de no buscar la persecución a fondo y aniquilamiento del adversario.
Para finalizar dejaremos a Bassi cerrar este breve escrito:
“El resultado de la batalla de Huaqui, no es sino la consecuencia a que siempre ha de estar expuesto un ejército poco disciplinado, mal instruido y sin una dirección única, capaz y decidida”.
Los historiadores civiles posteriores han coincidido plenamente con estas apreciaciones vertidas.
Fuentes:  Vai, Jorge; Maratea, Vladimiro y Turone, Oscar A. – Primera expedición libertadora al Alto Perú – Escuela Superior de Guerra – Buenos Aires (2010).

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miércoles, 20 de junio de 2018

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL MANUEL BELGRANO

En el libro parroquial de bautismos de la Iglesia Catedral de Buenos Aires, iniciado en el año de 1769 y concluido en el de 1775, se lee al final de la página 43: “En 4 de junio de 1770, el señor doctor don Juan Baltasar Maciel canónigo magistral de esa santa iglesia Catedral, provisor y vicario general de este obispado, y abogado de las reales audiencias del Perú y Chile, bautizó, puso óleo y crisma a Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús, que nació ayer 3 del corriente: es hijo legítimo de don Domingo Belgrano Pérez y de doña Josefa González: fue padrino D. Julián Gregorio de Espinosa”. 
Nació nuestro héroe, cuarenta años antes de la gran revolución que lo inmortalizó y a la que sirviera con abnegación ejemplar. 
Manuel Belgrano fue el cuarto hijo de un matrimonio que tuvo ocho varones y tres mujeres. El padre, Domingo Belgrano y Peri, había llegado al Plata en 1751. Era genovés. En Buenos Aires prosperó; obtuvo la naturalización; integró el núcleo de comerciantes importantes; se casó en 1757 con doña María Josefa González Casero -de antiguo arraigo en la ciudad-, y dio a su numerosa familia, educación esmerada y vida cómoda. Los hijos correspondieron a la solicitud de los padres: sirvieron al Estado en la milicia, en la administración o el sacerdocio, con dedicación y brillo. 
Quebrantos financieros en los últimos años de su vida -murió en 1795- motivados por un proceso en el cual se vio implicado sin razón, le crearon situaciones difíciles. Los hijos se hicieron cargo de las obligaciones pendientes, al abrirse la sucesión. Y la gloria de su cuarto vástago arrancó para siempre del anónimo a este esforzado comerciante ligur que tuvo confianza en la generosa tierra del Plata. 
Sus comienzos
Belgrano cursó las primeras letras en Buenos Aires. En el Colegio San Carlos, bajo la dirección del Dr. Luís Chorroarín, estudió latín y filosofía, acordándosele el diploma de licenciado en esta última disciplina el 8 de junio de 1787, cuando ya se encontraba en España adonde lo había enviado su padre para instruirse en el comercio. 
Sin embargo, fue en la Universidad de Salamanca, donde se matriculó, graduándose de abogado en Valladolid en 1793. Poco ha contado Belgrano de su paso por las aulas peninsulares. Más le interesaron las nuevas ideas económicas, las noticias de Francia y su revolución – filtradas a pesar de la rigurosa censura -, las discusiones de los cenáculos madrileños donde se hablaba de los fisiócratas – mágica palabra – y hacían adeptos Campomanes, Jovellanos, Alcalá GaIiano. 
Conoció la vida de la Corte, viajó por la Península, leyó a sus autores predilectos en francés, italiano e inglés; cultivó, en fin, su espíritu. 
Cercana la hora del regreso recibió a fines de 1793 una comunicación oficial en la que se le anunciaba haber sido nombrado Secretario perpetuo del Consulado que se iba a crear en Buenos Aires. En febrero de 1794 se embarcó para el Plata. Iniciaba, así, a los veinticuatro años de edad, su actuación pública. Hasta su hora postrera, estaría consagrado a servir a sus compatriotas. 
Apoyó la creación de establecimientos de enseñanza, como las Escuelas de Dibujo y de Náutica. Redactó sus reglamentos, pronunció discursos, alentó las vocaciones nacientes y trató de dar solidez a estas escuelas, prontamente anuladas por la incomprensión peninsular. 
Halló todavía tiempo para traducir un libro de Economía Política, redactar un opúsculo sobre el tema, contribuir a la fundación del “Telégrafo Mercantil”,. e interesar a un grupo de jóvenes que como él deseaba lo mejor para su patria, en los principios fundamentales de la economía política. No descuidó, sin embargo, su tarea específica de secretario del Consulado, donde, detallada y cuidadosamente, redactaba las actas. Durante una década – agitada ya por fermentos e inquietudes — se preparó para manejar a los hombres y encauzar los acontecimientos. El primer cañonazo del invasor inglés – que precipitó los hechos- alejará a Belgrano de su bufete, para lanzarlo a la acción.
Actitud durante las Invasiones Inglesas
El 27 de junio de 1806 fue un día de luto para Buenos Aires. Bajo un copioso aguacero desfilaron hacia el Fuerte los 1.500 hombres de Beresford, que abatieron la enseña real, mientras el virrey Sobremonte marchaba, apresurado, hacia Córdoba. 
Belgrano – capitán honorario de milicias urbanas – había estado en el Fuerte para incorporarse a alguna de las compañías que se organizaron y que nada hicieron, luego, para oponerse al invasor. “Confieso que me indigné; me era muy doloroso ver a mi patria bajo otra dominación y sobre todo en tal estado de degradación que hubiera sido subyugada por una empresa aventurera, cual era la del bravo y honrado Beresford, cuyo valor admiro y admiraré siempre en esta peligrosa empresa”. 
Días más tarde los miembros del Consulado prestaron juramento de reconocimiento a la dominación británica. Belgrano se negó a hacerlo, y como fugado, pasó a la Banda Oriental, de donde regresó, ya reconquistada la ciudad, aunque habían sido sus propósitos participar en la lucha popular. 
Belgrano militar
Al organizarse las tropas para una nueva contingencia, Belgrano fue elegido sargento mayor del Regimiento de Patricios. Celoso del cargo, estudió rudimentos de milicia y manejo de armas, y asiduamente cumplió con sus deberes de instructor. Cuando quedó relevado de estas funciones fue adscripto a la plana mayor del coronel César Balbiani, cuartel maestre general y segundo jefe de Buenos Aires. Como ayudante de éste, actuó Belgrano en la defensa de Buenos .Aires. 
A comienzos de 1815, Manuel Belgrano abandona completamente sus funciones militares y es enviado a Europa, junto a Rivadavia y Sarratea, en funciones diplomáticas. Conoce allí al célebre naturalista Amado Bonpland, y lo convence de venir a América, a estudiar la naturaleza y el paisaje de estas regiones. 
También se destacará como diplomático, desarrollando una importante labor propagandística, cuya finalidad es que la revolución sea reconocida en el Viejo Continente. 
Propuesta monárquica
Regresa al país en julio de 1816 y viaja a Tucumán para participar de los sucesos independentistas, donde tiene un alto protagonismo. Tres días antes de la declaración de la Independencia (9 de julio de 1816), declama ante los congresistas e insta a declarar cuanto antes la independencia. Propone una idea que contaba con el apoyo de San Martín: la consagración de una monarquía: “Ya nuestros padres del congreso han resuelto revivir y reivindicar la sangre de nuestros Incas para que nos gobierne. Yo, yo mismo he oído a los padres de nuestra patria reunidos, hablar y resolver rebosando de alegría, que pondrían de nuestro rey a los hijos de nuestros Incas.” No obstante, la propuesta monárquica de Belgrano no prospera, dado que habían corrido rumores de que incluía la cesión de la corona a la casa de Portugal. 
Más tarde, Belgrano seguirá desarrollando una ardua actividad político-diplomática: por ejemplo, será el encargado de firmar el Pacto de San Lorenzo con Estanislao López que, en 1919, pondrá fin a las disputas entre Buenos Aires y el litoral. Además, volverá a encabezar el Ejército del Norte, en el cual, gracias a la fama que gozaba entonces como jefe y patriota, será vivamente admirado por la tropa.
Sus últimos días
Aquejado por una grave enfermedad que lo minó durante más de cuatro años, y todavía en su plenitud, el prócer murió en Buenos Aires el 20 de junio de 1820, empobrecido y lejos de su familia. Si bien no se casó, de sus amores con una joven tucumana nació su hija, Manuela Mónica, que fuera enviada por su pedido a Buenos Aires, para instruirse y establecerse. También tuvo un hijo con María Josefa Ezcurra. Juan Manuel de Rosas y Encarnación Ezcurra, hermana de María Josefa, adoptan al pequeño, que pasa a llamarse Pedro Rosas y Belgrano. 
Sólo un diario, “El Despertador Teofilantrópico” se ocupó de la muerte de Belgrano, para los demás no fue noticia. 
Culminaba así una vida dedicada a la libertad de la Patria y a su crecimiento cultural y económico. En este sentido, se destaca de Belgrano que fue el promotor de la enseñanza obligatoria que el virrey Cisneros decretó en 1810. Se destaca también su labor como periodista (después de su actuación en el Telégrafo Mercantil), creó el Correo de Comercio, que se publicó entre 1810 y 1811, y en el cual se promovió la mejora de la producción, la industria y el comercio); y como fundador de la Escuela de Matemáticas (en 1810, costeada por el Consulado), y de la Academia de Matemáticas del Tucumán, que en 1812 instauró para la educación de los cadetes del ejército.
La Bandera Nacional
Belgrano es el creador de la bandera “azul y blanca” y no la “celeste y blanca” que impusieron Sarmiento y Mitre. La bandera, creada en Rosario el 27 de febrero de 1812 por Belgrano inspirada en la escarapela azul-celeste del Triunvirato, debido al color de la heráldica, que no es azul-turquí ni celeste sino el que conocemos como azul. Nada tuvo que ver el color del cielo con que nos quisieron convencer. El Congreso sancionó la ley de banderas el 25 de enero de 1818 estableciendo que la insignia nacional estaría formada por “los dos colores blanco y azul en el modo y la forma hasta ahora acostumbrados”. 
Tampoco fueron “celeste y blanca” las cintas que distinguieron a los patriotas del 22 de mayo, sino que eran solamente blancas o “argentino” que en la heráldica simboliza “la plata”. Fueron solamente blancas. La cinta azul se agregó como distintivo del Regimiento de Patricios. Pero tampoco era celeste, sino tomados del azul y blanco del escudo de Buenos Aires. 
Azul y blanca fue la bandera que flameó en el fuerte de Buenos Aires, en la Batalla de Ituzaingó durante la guerra con Brasil, y en la guerra del Paraguay. En 1813, José Gervasio de Artigas le agregaría una franja colorada (punzó) cruzada para distinguirse de Buenos Aires sin desplazar la “azul y blanca”. La bandera cruzada fue usada en Entre Ríos y Corrientes. La cinta punzó fue adoptada por los Federales, mientras los Unitarios, para distinguirse, usaron una cinta celeste, y no el azul de la bandera. Cuando Lavalle inició la invasión “libertadora” contra su patria (apoyado y financiado por Francia) también uso la bandera “celeste y blanca” para distinguirla de la nacional. ….. “ni siquiera enarbolaron (los libertadores) el pabellón nacional azul y blanco, sino el estandarte de la rebelión y la anarquía celeste y blanco para que fuese más ominosa su invasión en alianza con el enemigo” (Coronel salteño Miguel Otero en carta Rufino Guido, hermano de Tomas Guido, el 22 de octubre de 1872. Memorias. ed. 1946, pág. 165). 
Juan Manuel de Rosas, para evitar que al desteñirse por el sol, se confundiera con la del enemigo, la oscurece más, llevándola a un azul-turquí. ¿Por qué Rosas eligió el azul turquí? Por varias razones: porque el “azul real” es más noble y resiste por más tiempo, al sol, a la lluvia, etc. Rosas pensó que el color argentino era el azul, porque así lo estableció el decreto de la bandera nacional y de guerra del 25 de febrero 1818, y también porque el celeste siempre fue el color preferido de liberales y masones. Fue la bandera que, sin modificarse la ley flameó en el fuerte, en la campaña al desierto (1833 – 1834) en el Combate de la Vuelta de Obligado y en Batalla de la Angostura del Quebracho (1845 – 1846), y la misma que fue saludada en desagravio por el imperio ingles con 21 cañonazos. 
El 23 de marzo de 1846 Rosas le escribió al encargado de la Guardia del Monte, diciéndole que se le remitiría una bandera para los días de fiesta, agregando que “…Sus colores son blanco y azul oscuro con un sol colorado en el centro y en los extremos el gorro punzo de la libertad. Esta es la bandera Nacional por la ley vigente. El color celeste ha sido arbitrariamente y sin ninguna fuerza de Ley Nacional, introducido por las maldades de los unitarios. Se le ha agregado el letrero de ¡Viva la Federación! ¡Vivan los Federales Mueran los Unitarios!”. La misma bandera se izó en el Fuerte de Bs. As. el 13 de abril de 1836 al celebrarse el segundo aniversario del regreso de Rosas al poder. La misma bandera que Urquiza le regala a Andrés Lamas y que hoy se conserva en el Museo Histórico Nacional de Montevideo. 
Rosas, quiso que las provincias usaran la misma bandera y evitaran el celeste, y con ese propósito mantuvo correspondencia, entre otros, con Felipe Ibarra, gobernador de Santiago del Estero, entre abril y julio de 1836. “Por este motivo debo decir a V. que tampoco hay ley ni disposición alguna que prescriba el color celeste para la bandera nacional como aun se cree en ciertos pueblos.” (José Luis Busaniche) “El color verdadero de ella porque está ordenado y en vigencia hasta la promulgación del código nacional que determinará el que ha de ser permanente es el azul turquí y blanco, muy distinto del celeste.” Y le recordó que las enseñas nacionales que llevó a las pampas y la del Fuerte, tenían los mismos colores, y que las mismas banderas para las tropas fueron bendecidas y juradas en Buenos Aires. 
Rosas usó la azul y blanco y le adicionó cuatro gorros frigios en sus extremos, según Pedro de Angelis, en honor a los cuatro acontecimientos que dieron nacimiento a la Confederación Argentina: el tratado del Pilar del 23 de febrero de 1820 (que adoptó el sistema Federal), el Tratado del Cuadrilátero (de amistad y unión entre Bs. As y las provincias), la Ley Fundamental de 23 de enero de 1825 (que encargó a Bs. As. las relaciones exteriores y la guerra) , y el Pacto Federal del 4 de enero de 1831 (creación de la Confederación, a la que se adherían las provincias). 
Derrocado Juan Manuel de Rosas, Sarmiento adopta el celeste unitario en vez del azul de la bandera nacional. En su “Discurso a la Bandera” al inaugurar el monumento a Belgrano el 24 de septiembre de 1873 señaló a la enseña de la Confederación como un invento de bárbaros, tiranos y traidores, y en su Oración a la Bandera de 1870, denigra la “blanca y negra” del Combate de la Vuelta de Obligado diciendo además que “la bandera blanca y celeste ¡Dios sea loado! no fue atada jamás al carro triunfal de ningún vencedor de la tierra”. 
Mitre se basa en el “celeste” basándose entre otros argumentos en un óleo de San martín hecho en 1828, como si el color adoptado por un artista fuera argumento suficiente. El general Espejo, compañero de San Martín, en 1878 publicaba sus Memorias y recordaba como azul el color original de la bandera de los Andes conservada desteñida en Mendoza. Pero Mitre lo atribuyó a una “disminuida memoria del veterano”. 
En 1908, ante la confusión existente y a pedido de la Comisión del Centenario, se estableció el color azul de la ley 1818 para la confección de banderas. Sin embargo, siguió empleándose el celeste y blanco, en lugar del la gloriosa “azul y blanca” La misma bandera que acompaño a San Martín en su gloriosa gesta y la misma que acompaño los restos del propio Juan Manuel de Rosas en Southampton. 
Fuentes: Antook – Manuel Belgrano (2007). / Corvalán Mendhilarzu, Dardo: “Los Colores de la Bandera Nacional”. Hist. de la Nac. Arg. / Educar / Fernández Díaz, Augusto: “Origen de los Colores Nacionales”. Revista de Historia, Nº 11. / HT (Hijo ‘e Tigre) – La Bandera Nacional Ramirez Juárez, Evaristo: “Las Banderas Cautivas”. / Rosa, José María – Historia Argentina
 
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martes, 19 de junio de 2018

ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DE LA COMPAÑÍA DE CAZADORES DE MONTAÑA 6

La historia de la Subunidad data de principios de la década del 40 cuando se construyeron en Primeros Pinos unos galpones de madera y chapa para dar albergue a los Cursos de Baqueanos y de Esquí que se dictaban a las tropas asentadas en el territorio del Neuquén.
Primeros Pinos es un paraje ubicado a 50 Km al oeste de la ciudad de Zapala sobre la ruta provincial Nro 13, en la provincia de Neuquén. La cota de su cuartel es de 1615 m y se encuentra a 130 Km del límite internacional con la República de Chile.
Dichas instalaciones fueron siendo mejoradas hasta que en el año 1954 se resuelve construir un refugio militar con capacidad para una compañía.
Desde el punto de vista edilicio, la construcción de sus instalaciones se inicia en el año 1953 bajo supervisión del entonces Comando de Ingenieros, y con cierto apoyo logístico proporcionado por el RIM 21 cuando esta unidad se encontraba en Zapala. Cabe mencionar como anécdota que en 1958, siendo Jefe de ese regimiento el My Héctor M. Benavídes, la jura de la bandera se realizó en Primeros Pinos, cuando el refugio sólo tenía los cimientos.
Trabajaron en la obra sacrificados pioneros que, junto a sus familias, sufrieron el rigor del clima y el aislamiento. La materia prima de lo que hoy constituye esta verdadera fortaleza de piedra y cemento fue extraída del paraje Los Cautos distante 50 Km, realizándose el tallado de la roca en el lugar.
En 1955 se inician las obras que se paralizan en 1957 cuando se había terminado la estructura principal de hormigón, ladrillos y techo.
Una vez finalizada la construcción, ésta quedó bajo control del Regimiento de Infantería de Montaña 10, constituyéndose en Refugio Primeros Pinos con personal encargado de su custodia y mantenimiento.
Las instalaciones se utilizaron para alojamiento del personal de cuadros y tropas que desarrollaban sus períodos de instrucción en la zona, o personal a pie o montado en tránsito hacia otros lugares de instrucción.
Entre fines de la década del 60 y principio de los 70, se finaliza la construcción, oportunidad que resulta propicia para impulsar la conveniencia de crear un elemento eminentemente operacional en Neuquén, por similitud al que disponía la Brigada de Montaña VIII en Puente del Inca.
Tienen activa participación en el proyecto el Coronel Juan Carlos Bellatti y el Coronel Pedro Miguel De Pasquo.
En el año 1968, a raíz de un estudio de límites fronterizos, se visualiza la necesidad de crear una subunidad de esquiadores por similitud a la organizada en la VIIIva Br M, con sector de responsabilidad entre el límite con la provincia de Mendoza y el Paso Tromen.
Las conclusiones elaboradas por Dpto Tpa(s) M del Cpo Ej a cargo del Cnl Juan Carlos Bellatti en junio de 1970, consideraron como la zona más apta para la instalación de la Ca Esq M 6 a la localidad de Copahue, aprovechando la infraestructura de la Clínica Termal Militar existente, y como alternativa el Refugio Militar Primeros Pinos Sur.
El 18 de setiembre de 1975 el Jefe del Dpto Tpa(s) M Cnl Pedro Miguel de Pascuo, propuso formalizar la creación de la Subunidad en dos etapas; inicialmente con un Destacamento con efectivos de una Sección y una segunda etapa de completamiento.
Es así que por decreto del 2 de enero de 1976, se decide la formación del núcleo de la Compañía de Esquiadores, que finalmente se constituye como Subunidad Independiente, el 18 de junio de 1977, llevando la responsabilidad de ser el único elemento de la GUC M con plena capacidad para operar en la montaña nevada y en terrenos de particular dificultad andinística. Su primer Jefe, fue el entonces My Carlos Bertolini.
La existencia de estas tropas estaba a tono con la tendencia de evolución universal de los sistemas de armas, respondiendo su denominación de Cazadores de Montaña, a los antecedentes históricos del Ejército Argentino, donde ya habían existido tropas de igual cuño.
En 1984 se iniciaron regularmente los cursos de Cazadores de Montaña dictados por la Ec Mil M.
Nuevos conceptos de empleo y el asimilar la lección de Malvinas, llevaron al Ejército a iniciar un proceso de adaptación a las exigencias de fin de siglo. Así entonces con la intención de reconocer la elevada especialización de las fracciones que se emplearían en el combate en montaña, e inspirado en las tropas de vanguardia que acompañaron al Grl San Martín en el cruce de los Andes al mando del Tcnl Rudecindo Alvarado, con fecha 01 de enero de 1986, la Subunidad adoptó una nueva orgánica y una nueva denominación, desde allí será la Compañía de Cazadores de Montaña 6.
Durante los años 1987 y 1988, se experimentaron organizaciones tentativas y en Set 88, el Cdo Cpo Ej IV elevó una propuesta para la Ca Caz M 6.
En 1991, por resolución del JEMGE y en el marco de la racionalización y redimensionamiento de la Fuerza, la subunidad reducida a núcleo, continuó con el cumplimiento de la misión.
A partir de 1993, fue remontada de acuerdo a su nuevo cuadro de organización.
Como Subunidad Independiente con capacitación especial se prepara para el cumplimiento de su misión operacional y simultáneamente constituye un Centro de Instrucción para la impartición de la enseñanza referida a las Operaciones de Cazadores y técnicas básicas de andinismo y esquí, contribuyendo tanto a la formación como a la capacitación de los montañeses.
Principales actividades realizadas por la Subunidad:
-Planeamiento y ejecución de empresas andinísticas al Cerro Aconcagua.
-Ejecución de escaladas por nuevas rutas con exigencias técnicas en la pared sur del volcán Lanín (año 1992) y posterior trámite de su equivalencia.
-Planeamiento y ejecución anual de las siguientes actividades de educación para la Br M VI:
- Cursillo de Adaptación a la Montaña Estival (CAME).
- Competencia Andina Estival (CAE).
- Cursillo de Adaptación a la Montaña Invernal (CAMI).
- Centro de Instrucción de Esquí de la GUC (CIE).
 Participación en las Competencias Andinas Invernales (CAI), habiendo obtenido el primer puesto en el año 1993.
Sin perjuicio de su actividad específica, cumple en su nivel, con una de las misiones subsidiarias del Ejército desarrollando las siguientes tareas:
-Dictado de cursillo de supervivencia y otros para organismos oficiales que trabajan con personal en condiciones de aislamiento.
-Desarrollo de cursillos de vida en la naturaleza para escolares de distintos niveles y entidades de bien público.
- Apoyo a entidades y clubes que fomentan los deportes en montaña tanto estivales como invernales.
- Convenios con organismos oficiales para la reforestación y el mantenimiento del equilibrio ecológico de la zona.
- Ejecución de rescates. Al respecto cabe destacar el realizado en setiembre de 1993 que permitió poner a salvo un contingente de 60 personas aislado por un temporal de viento blanco en la zona de La Atravesada mediante el empleo de técnicas específicas, como la construcción de camillas con esquíes, carga de niños en mochilas y uso de vehículos de nieve.
A pesar de su breve historia, acciones de integración como las enumeradas han permitido a la Subunidad ganarse el reconocimiento tanto de los cuadros que transitaron por ella, como de la comunidad que habita en sus alrededores.
El cazador de montaña no se identifica con una habilidad técnica o con una capacitación adquirida, sino que constituye una tropa organizada, equipada e instruída para operar en ambiente de montaña, de un modo que otras no pueden hacerlo.
Su misión tiende al desarrollo de todo tipo de operaciones militares con capacidad de explotar las vías de mayor dificultad andinística y esquística para actuar allí, donde sólo el cazador se atreve.
Constituyen la culminación del perfeccionamiento andino, que se refleja en su escudo distintivo y que estimula el orgullo de pertenencia a las Tropas de Montaña.
Mediante el desarrollo de operaciones y procedimientos de combate sus hombres están en condiciones de actuar bajo la presión que impone el medio, encontrando en él un aliado, para ejecutar infiltraciones, incursiones, golpes de mano, emboscadas, bloqueo de vías de comunicación y otros requerimientos que conlleven a la libertad de acción de su comando.
Para ello sus integrantes desde 1984 deben cumplir las exigencias del Curso de Cazadores que dicta la Escuela Militar de Montaña, Instituto al que la une un espíritu y una trayectoria comunes.
En 1992 los cazadores son categorizados como Tropas de Operaciones Especiales, editándose en 1994 el Reglamento de Instrucción de Cazadores de Montaña.
Durante 1997 se elabora un nuevo Cuadro de Organización y el Reglamento de Conducción de la Subunidad de Cazadores, que se experimenta durante 1998, incluyendo la ejecución de un primer ejercicio aeromóvil dentro del marco de una operación de la GUC M.
Su rica historia se nutre de innumerables actividades destacándose la participación en la movilización de 1978, las ascensiones por diferentes rutas a todos los cerros de la región, las competencias militares de esquí, la impartición de cursos de andinismo, esquí, supervivencia y combate en montaña para personal de cuadros, tropas e instituciones educativas y deportivas de la región.
Asimismo ha colaborado en variados rescates en la zona de La Atravesada y contribuido a la preservación del medio ambiente reforestando anualmente vastos sectores del campo de guarnición.
Sus hombres efectuaron importantes aportes al ser seleccionados para participar de la actividad antártica, como así también en variadas misiones de Naciones Unidas.
Vale mencionar que el servicio militar voluntario ha otorgado la posibilidad de que los soldados cumplan las exigencias para obtener el Cóndor Plateado. Aptitud que hoy tienen un importante número de ellos, resaltando el compromiso de los cazadores con la montaña.
Parte integrante de la Brigada de Montaña VI, heredera de las campañas que aseguraron el patrimonio geográfico de la Patria, la Compañía se eleva orgullosa de su misión, fiel a su pasado y centrada en su futuro, desafiante a los vientos, allí adelante, "Dónde nadie se atreve".
Disposición legal que dió al uso del distintivo de "Cazador de Montaña"
Por Boletín Público de Ejército Nro 4573, el señor JEMGE aprobó el uso del Distintivo de Cazador de Montaña para el personal que posea esta capacitación especial.


lunes, 18 de junio de 2018

ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DEL REGIMIENTO DE CABALLERÍA LIGERO 3 "CORACEROS GENERAL PACHECO"

ORIGEN, CREACIÓN Y ORGANIZACIÓN
El 10 de Junio del año 1823, la Honorable Junta de representantes de la Provincia de Buenos Aires sancionó un artículo adicional a la Ley del 1ro de Junio de 1822 por la cual expresa: "Se creará un tercer Regimiento de Caballería de Línea bajo el mismo pie y fuerza que prescribe el artículo 4to título III, de la citada Ley".
El 29 de Octubre de 1824, 16 meses después, el gobierno de Las Heras concretó esa disposición legal, decretando la formación del Regimiento 3 de Caballería de Línea con la denominación de "Coraceros de Buenos Aires". Por la misma resolución se nombra como primer Jefe de la Unidad al Coronel Don Juan Galo de Lavalle. El artículo 4to establecía que la Inspección General comunicaría a este Jefe las órdenes respectivas de la forma en que iba a realizar el reclutamiento del personal y el lugar donde debía organizarse. De acuerdo a esta disposición se fijó como lugar de establecimiento del Regimiento el entonces paraje denominado "El Kakel", hoy Partido de Maipú.
El 01 de marzo de 1826 el Presidente Rivadavia expidió los despachos de Coronel del Regimiento Nro 3 de Caballería de Línea a Manuel Escalada en su carácter de Coronel reformado, pero como fué designado para el desempeño de una misión política en la Provincia de Entre Ríos, se nombró Jefe del Regimiento al Teniente Coronel Don Ángel Pacheco, quien ya con fecha 20 de marzo actuaba como segunda autoridad en la Unidad.
El Regimiento orgánicamente se componía de Plana Mayor y 2 Escuadrones de 2 Compañías cada uno. Para facilitar su formación se destinaron algunos Sargentos y Cabos del recientemente disuelto Regimiento de Granaderos a Caballo creado en el año 1812 por el Padre de la Patria, General Don José de San Martín.
PRINCIPALES CAMPAÑAS MILITARES Y CIVILIZADORAS EN LAS QUE PARTICIPO.
GUERRA CONTRA EL IMPERIO DEL BRASIL
Participó en esta Campaña formando parte del IIIer Cuerpo de Ejército que comandaba el General Soler, a órdenes del Teniente Coronel Don Angel Pacheco.
OMBÚ
El 15 de febrero de 1827 350 jinetes destacados por el General Alvear al mando del General Lucio Norberto Mansilla, atacaron a una brigada brasileña, a la que derrotaron y obligaron a retirarse hacia el norte. Los imperiales tuvieron 40 muertos y los republicanos 10 muertos y 12 heridos. Una vez más los soldados del 3 de Caballería tuvieron un papel decisivo en el combate, siendo empleados como elemento de definición por quien los comandaba.
ITUZAINGO
El 20 de febrero de 1827 se inicia el ataque enemigo sobre el Regimiento 5 de Línea que sostenía la altura mientras ocupaban sus puestos las Unidades que venían en marcha. El Regimiento 3 de Caballería entró en línea a la izquierda de la Vanguardia. Las repetidas cargas de caballería sobre los cuadros imperiales, hizo retroceder a la infantería enemiga, lo que fue aprovechado por el General Alvear para ordenar la ofensiva general. Toca al 3 de Caballería el elogio que hace el General en Jefe de las Tropas a su mando durante la batalla: "Todos los jefes, oficiales y tropa se han desempeñado con el valor que siempre ha distinguido a los soldados argentinos".
CAMACUA
El 23 de abril de 1827 el General Alvear cae por sorpresa sobre las tropas del General Barreto, acampado sobre un brazo del Río Camacuá Chico, a 35 kilómetros de Bagué, pero la estrechez de los desfiladeros impidió el despliegue de la totalidad de sus fuerzas, pese a esto, el ataque se realizó por ambos flancos, actuando el 3 de Caballería por el flanco izquierdo. El enemigo huyó y fue perseguido por algunas leguas sin resultado, dado lo accidentado del terreno cubierto de desfiladeros.
OPERACIONES CONTRA EL EJÉRCITO DEL GENERAL PAZ EN LA PROVINCIA DE CORDOBA
Firmada la convención de paz con el Imperio del Brasil el 27 de agosto de 1828, el 3 de Caballería regreso a Buenos Aires, siendo destinado a guarnecer al oeste de la provincia.
Por una disposición del 16 de septiembre de 1829, el Cuerpo de Húsares y el Escuadrón Escolta, al disolverse, fueron destinados al 3 de Caballería, bajo la jefatura del Coronel Don Gervasio Espinosa, estando como Segundo Jefe su hermano, el Teniente Coronel Don Mariano Espinosa, quedando constituida esta Unidad por 2 compañías de Carabineros, el 1ro, 4to, 5to escuadrón y una compañía de Aguerridos.
Así organizado, en el año 1830, formó parte de Ejército Federal a órdenes del General Don Juan Ramón Balcarce, quien en combinación con el General Don Estanislao López, llevó acabo la Campaña de Córdoba enfrentándose al General Don José María Paz, investido con el supremo grado militar por las provincias del interior.
PRIMERA CAMPAÑA AL DESIERTO
Al mando del Coronel D Ramón Rodriguez y del Teniente Coronel Don Miguel Miranda, formó parte del Ejército Expedicionario al Desierto, que a órdenes del General Don Juan Manuel de Rosas, exploró el territorio argentino que se extendía por el oeste y sur de Buenos Aires hasta las alturas de los Andes y Magallanes.
BLOQUEO ANGLO-FRANCES
El Regimiento 3 de Caballería de Línea, formó parte también de los Ejércitos de la Confederación Argentina durante la intervención armada contra Gran Bretaña y Francia, durante el gobierno del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas.
Al mando del Coronel Don Julián Ciriaco Sosa, y como parte del Ejército de Vanguardia, asistió a las batallas de Arroyo Grande e India Muerta contra el Ejército Uruguayo a órdenes del General Don Fructuoso Rivera, aliado a los franceses.
Concurrió también al combate de Soriano contra las fuerzas de desembarque de los buques de guerra de Francia.
CASEROS
Intervino también en la Batalla de Caseros, formando parte del régimen constituido y contra el Ejército Aliado del Brasil, del Uruguay, de Entre Ríos y Corrientes.
Por decreto del Presidente Justo José de Urquiza, de fecha 22 de agosto de 1854, el Regimiento 3 de Caballería fue reorganizado, sobre la base del Escuadrón de Dragones que guarnecía en la frontera de Mendoza. Fueron sus jefes el Coronel Don Juan de Dios Videla y el Teniente Coronel Don Francisco Clavero.
Permaneció en el Cuartel de San Rafael hasta que caducaron los poderes nacionales en Septiembre de 1861, siendo reasignados su gente, material y animales a otras unidades.
SEGUNDA CREACIÓN DEL REGIMIENTO
La caída del Brigadier General Rosas dió origen a una profunda reestructuración en las Fuerzas Nacionales.
Por su parte el gobierno de Buenos Aires, separado de la Confederación, presidido por el Doctor Don Pastor Obligado, al reorganizar los Cuerpos de Caballería de Campaña creó el Regimiento Número 3 de Caballería de Línea por Decreto del 26 de enero del año 1855. Quedó así constituido por el Coronel Don Eustaquio Frías como Jefe de Regimiento; 2 Tenientes Coroneles en carácter de Comandantes de los Escuadrones, 1 Sargento Ayudante Mayor, 1 Teniente Ayudante, 2 Portaestandartes, 1 Sargento de Brigada, 1 Sargento de Cornetas, y 12 Individuos de Banda. A su vez, cada escuadrón contaba con 240 plazas y cada compañía 120 plazas divididos en la siguiente forma: 1 Capitán, 1 Teniente Primero, 1 Teniente Segundo, 2 Alfereces, 1 Sargento Primero, 8 Sargentos Segundos y 95 Soldados; lo cual totaliza un efectivo del Regimiento de 495 hombres.
OPERACIONES POR LA CONSOLIDACIÓN DE LA UNIDAD NACIONAL E INTEGRACIÓN TERRITORIAL.
SALINAS GRANDES
Al mando del Coronel Don Eustaquio Frías, el Regimiento 3 de Línea, guarneció la frontera norte hasta el año 1859, cuando marchó la División que éste integraba, al mando del Teniente Coronel Don Emilio Mitre y participó en la Campaña de Salinas Grandes contra los indígenas, asistiendo a los combates de Sol de Mayo y Chapaleufú.
INCORPORACIÓN DE BUENOS AIRES A LA CONFEDERACIÓN
La Unidad formó parte del Ejército de Buenos Aires y a órdenes del General Don Bartolomé Mitre hizo las Campañas de 1859 y 1861, que dieron por resultado la reincorporación de la Provincia de Buenos Aires al Estado Nacional, bajo la Constitución Nacional reformada en el año 1860.
El 3 de Caballería marchó de Rojas en julio de 1861 a las costas del Paraná. En febrero de 1862 ocupó Rosario de Santa Fé e intervino al mando del Teniente Coronel Don Emilio Vidal, integrando el Ier Cuerpo de Ejército, en la Batalla de Pavón. Luego prestó servicios en la frontera. Más tarde es trasladado nuevamente hasta Rosario de Santa Fé hasta febrero de 1862, año en el que regresó a su antigua guarnición en Rojas.
En 1862 el Estado de Buenos Aires mantenía un Regimiento Nro 4, formado a un Escuadrón de 124 hombres de tropa, y un Regimiento Nro 3 también con un Escuadrón de 76 hombres. El 27 de septiembre de ese año, un decreto del Presidente Mitre refundó ambos Regimientos denominándolo 3 de Caballería de la Patria y organizando con el ex Regimiento 3 el 3er Escuadrón.
A fines de 1862, el Coronel Don Julio de Vedia inició la Expedición contra los indios Ranqueles y la Unidad participó de ella, regresando posteriormente a Rojas.
El 25 de abril de 1863 intervino en el Combate de Guardia de la Esquina (en la frontera sur de Santa Fe) y, en julio, en el de Melincue.
En octubre de 1864 guarneció en Junín en la provincia de Buenos Aires.
CAMPANA AL PARAGUAY
El Regimiento 3 de Caballería de Línea formó parte del Ejército Aliado de la República Argentina, República Oriental del Uruguay e Imperio del Brasil, en guerra con el Paraguay, incorporándose en octubre de 1865 al IIdo Cuerpo del Ejército Argentino que comandaba el General Don Emilio Mitre, en el campamento de Concordia, pasando a ocupar luego los asientos de Villanueva (noviembre), La Ensenada (febrero 1866), Arroyo San Juan (mayo), Tuyutí (julio), Ytapirú (agosto), Costas del Paraná (noviembre), Ytapirú (enero de 1867), Paso de la Patria (febrero), Tuyu Cué (agosto), Paso Canoa (febrero de 1868), Paso Pucú (abril) y Curuzú Cuatiá (noviembre).
Integró también las tropas aliadas que llevaron a cabo la Campaña de Humaitá, Tuyutí, Campamento del Tuyutí, Curupaytí, Lomas Valentinas y en marzo de 1868, en el avance y ocupación del Paraguay.
En diciembre, terminada esa campaña, comenzó la desconcentración y a principios del año siguiente regresó a Buenos Aires, siendo destinado a guarnecer en la Frontera del Norte, con asiento en Junín, donde permaneció hasta marzo de 1869.
Durante ese año guarneció sucesivamente en Médano de Hacha (marzo), Cabeza de Vaca (abril), Ancalú Grande (noviembre), Fuerte General San Martín (diciembre), y Fuerte General Lavalle (enero de 1870).
REVOLUCIONES INTERNAS DE 1870 A 1875
A raíz del asesinato del Grl Urquiza el 11 de abril de 1870, se produjo la revolución que encabezó el Grl D Ricardo López Jordán en Entre Ríos. El Regimiento 3 al mando del Coronel Vidal, secundado por el Teniente Coronel Bims y el Mayor Timote, formó parte del IIdo Cuerpo de Ejército que a órdenes del General Don Ignacio Rivas, fue destinado a sofocar la revolución, operando en toda la zona del Río Uruguay, en coordinación con el IIIer Cuerpo de Ejército que a órdenes del General Don Emilio Conesa operaba en la zona del Río Paraná.
En mayo de 1870 el 3 de Caballería ocupó Gualeguaychú, y sucesivamente Rincón de San José (junio), Arroyo San José (julio), Yuquerí (agosto), Yeruá (diciembre), Arroyo Gualeguaychú (enero de 1871), Yuquerí (febrero), y Gualeguaychú (abril).
En mayo regresó a su acantonamiento en la frontera, en el Fuerte General Paz.
En septiembre de 1871, al mando del Teniente Coronel Don Pedro Timote, secundado por el Mayor Don Lorenzo Winter, guarneció en el Fuerte General Lavalle. En febrero de 1873, fueron nombrados Jefe y Segundo Jefe el Teniente Coronel Don Conrado Villegas y el Mayor Don Daniel Cerri. El Regimiento continuó en su acantonamiento hasta el mes de julio, cuando habiendo estallado la nueva revolución encabezada por el General López Jordán, formó parte del Ejército Nacional destinado a restablecer el orden en esas provincias. En agosto llegó hasta el Ayuí Grande, y en septiembre ocupó el Ayuí Chico.
El 21 de septiembre se trabó en combate con la retaguardia revolucionaria en María Grande, y el 12 de octubre en la Batalla de Santa Rosa. En febrero de 1874 ocupó la ciudad de Paraná, y en marzo regreso a Junín y de aquí a su acantonamiento en el Fuerte Grl Lavalle.
Formó en el Ejército Nacional a órdenes del General Don Luis María Campos y fue destinado a sofocar la revolución que encabezó el General Mitre al sur de la provincia de Buenos Aires, el 24 de septiembre de 1874.
Intervino en la Batalla de La Verde el 28 de octubre a órdenes del Teniente Coronel Don José Arias, produciéndose la capitulación del Ejército Revolucionario en diciembre de ese año.
En enero de 1875 regresó al Fuerte General Lavalle.
CAMPAÑA DEL DESIERTO
El "3 de Fierro" hizo la campaña al Desierto al mando de su jefe el Coronel D Conrado Villegas, quien el 12 de marzo de 1873 se había hecho cargo de la Unidad en reemplazo del Coronel Don Pedro Timote. Dicha campaña fue dirigida por el Ministro de Guerra Doctor Adolfo Alsina, a mérito de la cual la frontera de Buenos Aires se ensanchó 2000 leguas de territorio.
El 2 de enero de 1876 los indios Pampas habían invadido la frontera de la Provincia de Buenos Aires a la altura de San Carlos, robando, incendiando poblaciones, y cautivando cristianos. El Coronel Villegas al mando del 3 de Caballería, acampado en Ancaló, se desplazó sobre su izquierda, atacó y venció a sable y lanza a la indiada que salía del Partido de Alvear frente a San Carlos, con un gran arreo, persiguiéndolos 14 leguas tierra adentro.
FUNDACION DE TRENQUE LAUQUEN
El Coronel Villegas avanzó desde Ancaló hastra ocupar el paradero "Trenquélauquén", fundando allí un pueblo el 12 de abril de 1976, en el que fijó el centro de opreaciones de la División Norte a partir del establecimiento de la Comandancia de Frontera.
El 21 de octubre del mismo año, fuerzas de esta Unidad, al mando de los Mayores Germán Sosa y Rafael Solís, atacaron en 2 columnas a 40 leguas de Trenque Lauquen, una toldería de indios de Loncomay, quienes se habían apoderado de la caballada del Regimiento. El combate fue duro. Finalizado el mismo. los indios iniciaron una persecución, lo que dio lugar a un nuevo combate a sable y lanza, en los Médanos de Potrolo.
En el mes de abril de 1877, se ejecutó el avance general de la línea de frontera y el 3 de Caballería, con el 2 de Infantería, ocupó Trenque Lauquen, cuya fundación se debe a los Regimientos antes nombrados.
CAMPAÑA DEL RÍO NEGRO
El 3 de Caballería formando parte de la primera división al mando inmediato del Ministro de Guerra en campaña, Grl Julio A Roca, fue el primer cuerpo que arribó a destino, el 24 de mayo de 1879.
Finalizada la campaña, salió de Carhué por Salinas Chicas, ribera norte y sur del Colorado y Río Negro hasta el Neuquén, incorporando al dominio de la Nación 20.000 leguas de territorio.
Se iniciaron las acciones en noviembre de 1882, sobre una superficie de 1200 leguas cuadradas. Avanzó 40 leguas al sur, desde el río Agrio y la cordillera hasta tomar contacto con la segunda brigada.
PERIODO DE LA REESTRUCTURACIÓN Y LA MODERNIZACIÓN ORGÁNICA
En el año 1883, con asiento en Ñorquín y a órdenes del Teniente Coronel Don Pablo Belisle, integra la 1ra Brigada con destino en Neuquén, como parte constitutiva de la 2da División con jurisdicción sobre Río Negro.
En 1884 el Tcnl Belisle construye un fortín en el campo El Hinojo, dando origen a un asentamiento poblacional, que es hoy la ciudad de Coronel Belisle. Entre 1885 y 1895, guarneció en el Fuerte Grl Roca, Choele - Choel y Roca. A partir de esa fecha fijó su asentamiento en la localidad de Patagones.
FUNDACION DE SAN MARTIN DE LOS ANDES
En el año 1898, el General Rudecindo Roca decide ocupar el Fuerte Maipú y fundar un pueblo a orillas del lago Lácar, con el fin de asentar la soberanía sobre la región. El 4 de febrero de 1898 el Coronel Celestino Pérez, Jefe del Regimiento 3 de Caballería, funda San Martín de los Andes, la última ciudad patagónica enmarcada en la campaña a desierto.
TRASLADO DEL REGIMIENTO 3 DE LÍNEA AL LITORAL
En el mes de enero de 1907, el Presidente de la Nación, firma el decreto Nro 4248, por el cual ordena el traslado de la Unidad a la ciudad de Gualeguay.
Este traslado se efectivizó completamente unos años más tarde, concluyendo el mismo en junio de 1913.
El Regimiento 3 de Línea permaneció en Gualeguay durante 32 años, siendo trasladado el 18 de diciembre de 1945 a la ciudad de Gualeguaychú, contribuyendo con su accionar a fortalecer los límites territoriales en el litoral patrio.
ETAPA ACTUAL (Asiento en la Patagonia)
TRASLADO A LA CIUDAD DE ESQUEL
El 16 de noviembre de 1964 es trasladado a la Guarnición Esquel, tomando la denominación de Regimiento de Caballería de Montaña 3 (R C M 3), siendo designado Jefe de Regimiento el Teniente Coronel Don Orlando Alberto Gutierrez. En el mes de noviembre del año 1967, la Unidad recibe la actual denominación de "Coraceros General Pacheco".
En el mes de enero del año 1973, por resolución inserta en el Boletín Confidencial del Ejército Nro 425 la Unidad se transformó en el Destacamento de Exploración de Caballería de Montaña 181 "Coraceros General Pacheco", con dependencia del Vto Cuerpo de Ejército.
CONFLICTO DEL ATLANTICO SUR
El día 5 de abril del año 1982, 2 Secciones de Exploración de la Unidad, integradas por 2 Oficiales, 13 Suboficiales, 14 Soldados y 9 vehículos blindados Panhard, inician la marcha en modo terrestre desde la localidad de Esquel hacia el puerto de Comodoro Rivadavia para posteriormente ser trasladados a las Islas Malvinas.
Estas fracciones fueron agregadas al Escuadrón de Exploración de Caballería Blindado 10 y se desempeñaron como reserva blindada del Sector Puerto Argentino teniendo un destacado desempeño en  el cumplimiento de su misión.
PARTICIPACIÓN EN MISIONES DE PAZ
Desde el año 1992 personal de Oficiales, Suboficiales y Soldados de la Unidad han participado en distintas Misiones de Paz desplegadas por Naciones Unidas para el mantenimiento y conservación de la paz.
CAMBIO DE DENOMINACIÓN
La Unidad pasó a denominarse a partir del 1ro de enero de 1993 Regimiento de Caballería Ligero 3 "Coraceros General Pacheco", nombre que mantuvo hasta el 1 de julio de 2007, tomando en esa fecha su actual denominación, la de Regimiento de Caballería de Exploración 3 "Coraceros General Pacheco".

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domingo, 17 de junio de 2018

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES

 Nació en la ciudad de Salta el 8 de febrero de 1785, siendo sus padres Gabriel de Güemes Montero, comisario de guerra y ministro general de la real hacienda de la Provincia, y María Magdalena de Goyenechea y la Corte (nacida en Jujuy e hija del general Martín Miguel de Goyenechea). Ambos progenitores del famoso caudillo estaban vinculados a las familias más respetables de Salta y de Jujuy.
Influenciado el joven Güemes por la tradición de su abuelo materno y con el beneplácito de sus padres, sentó plaza de cadete en el Regimiento “Fijo” de Buenos Aires (en una compañía que se encontraba en Salta), el 13 de febrero de 1799. El “Fijo” bajó a Buenos Aires en 1801 y de aquí a Montevideo en 1803. Más tarde compartió de las gloriosas jornadas de 1806 y 1807, con motivo de las invasiones inglesas, en las filas de su regimiento, ascendiendo por estos hechos a Alférez graduado, al mismo tiempo que le hacían Teniente de Milicias de Granaderos del Virrey Liniers. En la Reconquista de la ciudad de Buenos Aires, el 12 de agosto de 1806, Güemes desempeñaba funciones de ayudante de Liniers, general en jefe de las fuerzas libertadoras. La tradición cuenta que el combate había terminado después de dos horas de rápida acción llevada con toda energía por soldados bisoños, por el amor de la tierra en que nacieron, quebrantando el esfuerzo de expertos veteranos que habían hecho frente a los soldados de Bonaparte en San Juan de Acre. Pueyrredón acababa de arrebatarles el estandarte del glorioso Regimiento Nº 71, y el general Beresford había rendido su espada. Cercanas las sombras de lluviosa tarde de invierno, se reunía un grupo de jefes y oficiales al pie del asta bandera en el bastión Norte, contemplando con satisfacción el real pabellón, flameando donde hacía pocos momentos tremolaba el de la vieja Albión. El jefe vencedor dialogaba en aquellos instantes con el jefe de la escuadrilla que había trasportado de La Colonia a las legiones reconquistadoras, Gutiérrez de la Concha. El diálogo agitado de Liniers, apenas llegaba a herir los oídos de un joven bizarro de brillante uniforme, que inclinado desde sus años juveniles a la noble carrera de las armas, había revelado en aquellos angustiosos días una actividad y un comportamiento tan digno, que el general en jefe le había hecho quedar a su lado, en calidad de ayudante, como queda dicho; el día 11, enviado desde la plaza para informar a Liniers de la situación allí, había quedado al lado del futuro vencedor.
El diálogo entre Liniers y Gutiérrez de la Concha era producido por un buque de la escuadra de Popham, que había estado bombardeando la ciudad, el cual aparentemente estaba varado. El jefe de la Reconquista, después de observar con el catalejo el buque de referencia, se dio vuelta al ayudante Güemes y le dijo: “Usted que siempre anda bien montado, galope por la orilla de la Alameda, que ha de encontrar a Pueyrredón, acampado a la altura de la batería Abascal y comuníquele la orden de avanzar soldados de caballería por la playa, hasta la mayor aproximación de aquel barco que resta cortado de la escuadra en fuga”.
Güemes con la velocidad del relámpago trasmitió a Pueyrredón la orden de Liniers y más rápidos aún, los húsares de aquel Jefe, se apresuraron a arrojarse al río con el agua hasta el encuentro de sus cabalgaduras, y rompían el fuego de sus tercerolas sobre el buque varado, cuyo comandante comprendiendo la gravedad de su situación, hizo señales desde el alcázar con un paño blanco, anunciando su rendición; era el “Justina”, de 26 cañones, 100 tripulantes, el cual durante aquella dura jornada, habiéndose acercado mucho a tierra, había hecho un fuego realmente destructor contra las legiones libertadoras, pero su audacia le resultó cara, como se ve. Era una de las unidades de la escuadra británica del comodoro Home Popham.Participó también en las operaciones que tuvieron por escenario la Banda Oriental, con motivo de las invasiones inglesas, y de regreso de estas campañas, solicitó permiso para regresar a Salta, ya teniente de milicias, lo que le fue concedido el 7 de abril de 1808. llegado a su ciudad natal, el gobernador Isasmendi dispuso fuese agregado a la guarnición de la plaza con el grado de Teniente. La “Suprema Junta Gubernativa del Reino”, en Sevilla, el 13 de enero de 1809, le expidió a Güemes el ascenso a subteniente efectivo del Regimiento de Infantería de Buenos Aires.
Corría el año de 1810 y Güemes con el grado de Teniente de Granaderos de Fernando VII se encontraba en Salta con licencia, cuando estalló en Buenos Aires el movimiento emancipador. Este resonó con eco extraordinario en aquella ciudad, que fue la primera que respondió al grito de libertad lanzado desde la Capital. Güemes se incorporó a las fuerzas que la Primera Junta lanzó sobre el Alto Perú, con una partida de 60 jinetes, a cuyo frente se presentó al nuevo Gobierno. Esta partida de 60 hombres, fue llamada “Partida de Observación” y fue equipada con gran lujo, para el cual habían contribuido en gran parte las casas de Gurruchaga y de Moldes. Güemes fue nombrado capitán de la misma, en setiembre de 1810, fecha en que se le encuentra destacado en Humahuaca (el día 22 de aquel mes).
Güemes al frente de su partida, contribuyó a la victoria de Suipacha, el 7 de noviembre de 1810. Reunidas las fuerzas en Potosí, algo grave pasó entre el general Balcarce y Güemes, con motivo del parte de Suipacha, por lo que este último fue separado del ejército, actitud de la cual reclamó Güemes ante la Junta, la que con fecha 23 de junio de 1811 accedió a su reclamo, ordenando su reincorporación al ejército, el cual ya se hallaba al mando de Pueyrredón, pues había sufrido ya el contraste de Huaqui, el día 20 de junio, lo que obligó a replegarse sobre Jujuy. Güemes ya había sido ascendido a capitán y Pueyrredón al llegar a Jujuy reorganizó sus fuerzas, con las que avanzó nuevamente al Alto Perú, ocupando Suipacha con su vanguardia, mandada por Díaz Vélez; pero allí fue derrotado el 11 de enero de 1812, y al día siguiente en el combate de El Nazareno. Ante este fracaso, Pueyrredón resuelve retirarse a Tucumán, y desde Humahuaca solicita su relevo, llegando el 20 de marzo del mismo año, a Yatasto, donde le recibe el mando el general Belgrano.
Belgrano contramarchó a Jujuy, donde se propuso la tarea de reorganizar el ejército. Desde allí, despachó a Santiago del Estero al capitán Güemes, por un acto de indisciplina. El “pecado” de Güemes fue su relación amorosa con la esposa de un teniente del Ejército, que la había abandonado y ya separada convivía con Güemes, que era soltero todavía. Enterado Belgrano que esta señora se había ido a vivir a Santiago, decide el traslado de Güemes a Buenos Aires.
A su paso por Córdoba fue encargado de conducir a la Capital el contingente de presos realistas que se encontraba en aquella ciudad.
El 20 de enero de 1813 llega Güemes a Buenos Aires y solicita al gobierno se le haga conocer la causa de su confinación, respondiendo el Estado Mayor que “no hay antecedente alguno”, por lo que el gobierno se dirige a Belgrano para que haga conocer las causas. Pero antes de recibir la respuesta y en mérito a su carrera militar, Güemes es agregado al Estado Mayor General en calidad de capitán de Infantería.
El Oficio de Belgrano al gobierno decía: “Habiéndome informado el alcalde de la ciudad de Santiago don Germán Lugones de la escandalosa conducta del teniente coronel graduado, don Martín Güemes, con doña Juana Inguanzo, esposa de don Sebastián Mella, teniente de dragones en el ejército de mi mando, por vivir ambos en aquella ciudad aposentados en una sola mansión, y habiendo adquirido noticias que este oficial ha escandalizado públicamente mucho antes de ahora con esta mujer en la ciudad de Jujuy… Con estos antecedentes indubitables, considerando que cualquier procedimiento judicial sobre la materia sería demasiado escandaloso y acaso ineficaz, he tomado la resolución de mandarle a Güemes …
spero que vuestra excelencia se dignara aprobar estas medidas en que sólo he tenido por objeto la conservación del orden, el respeto a la religión…”.
El 15 de abril de 1813, Belgrano le escribía a Chiclana: …”Si usted no presta oídos más que a los patriotas, le llenarán la cabeza de especies,…estoy arrepentido, usted sabe cuál es mi lenguaje y siempre digo lo que siento…”
El 12 de agosto de 1813 el Gobierno resolvió que Güemes pasase agregado al Estado Mayor del ejército sitiador de Montevideo, como teniente coronel graduado; lo que no lo satisfizo porque se le rebajaba la jerarquía; ordenándose que se le abonasen los sueldos devengados desde aquella fecha. Ante una solicitud de Güemes pidiendo marchar al Norte con San Martín, y que este informó el 6 de diciembre del mismo año en forma conveniente, se accedió a lo pedido por el causante.
El 7 de diciembre de 1813 Güemes era ascendido a Teniente Coronel graduado del Ejército y era destinado nuevamente al Ejército Auxiliar, del cual recibía el mando en jefe el coronel San Martín, el 30 de enero de 1814. Güemes había concurrido presuroso a su provincia natal, al tener conocimiento de que se había producido una nueva invasión realista. San Martín que había oído ponderar los servicios del caudillo salteño, aceptó complacido sus servicios y lo nombró comandante de las avanzadas de Salta, por el lado del río Pasaje, mientras que Apolinario Saravia quedaba de comandante de avanzadas por el lado de Guachipas.
No estaba equivocado el futuro general de los Andes en la elección del personaje para hacer aquella guerra de partidas que mantendría en jaque a los españoles cuando se aventurasen en las provincias del Norte; en compañía de Francisco Gorriti, se propuso levantar todo el paisanaje por la causa de la libertad. Su éxito fue tan grande como rápido, pues todos los partidarios de la libertad pusieron su vida y sus bienes a su servicio, halagados tan sólo por cooperar en la emancipación del suelo natal. Desde aquel momento empieza a hacerse sentir la acción personal de Güemes en aquella guerra interminable de partidas, en que los realistas no podían asomar por ninguna parte sin encontrar inmediatamente fuerzas dependientes de Güemes que les presentarán combate, o mejor dicho, que les asesten un terrible zarpazo.
uando los realistas ocupaban la ciudad de Salta, en 1814, Güemes concibió el audaz proyecto de apoderarse de su ciudad natal; en demanda de este objetivo, el día 27 de marzo de aquel año, pernocta en la Cuesta de la Pedrera, a tres leguas de Salta, donde existía una guardia realista, que Güemes sorprende al amanecer del 28, tomándola casi toda prisionera. Sabedor de que el jefe español de la ciudad, coronel Castro, se encontraba allí con todas sus fuerzas, resuelve atraerlo a su posición, para lo cual destaca un piquete para provocarlo. Pero Castro también era salteño y conocía muy bien las tretas criollas y no avanzó en la persecución de sus enemigos más de una legua, el día 29 de marzo, persecución que efectuó con 80 jinetes, los mejores del regimiento. Ante el fracaso para atraer a Castro, Güemes resolvió atacarlo y haciendo avanzar a su gente, le ordenó cargar puñal en mano, poniendo en fuga a Castro y sus jinetes, que no pararon hasta llegar a Salta, quedando en poder de Güemes 45 prisioneros, armas y caballos. Por sus merecimientos en esta acción, el Director Supremo le reconoció la efectividad de teniente coronel de Ejército el 9 de mayo de 1814 y por recomendación de San Martín, se lo declaró “Benemérito”, dándosele las gracias en nombre de la Patria. Se le nombró Comandante General de la Vanguardia, con lo cual los patriotas que operaban en Guachipas y en el Pasaje, quedaban bajo su comando. Güemes los organizó divididos en tres secciones; la primera, la más próxima al enemigo, tomó el nombre de guerrilla o avanzada de los campos de Salta, al mando de Pedro José Zavala; la segunda, llamada avanzada de Guachipas, que servía de sostén a la anterior, a las órdenes siempre de Apolinario Saravia, teniendo por teatro el Valle de Lerma; la tercera tenía por zona de operaciones hacia Oriente, sobre el camino que une Tucumán con Salta Y Jujuy, compuesta en su mayor parte por gauchos de esa región, bajo el mando personal de Güemes, con su vanguardia particular estacionada en Cobos y Campo Santo, al mando de Pablo Latorre.
Tantas dificultades para el avance de las fuerzas reales, decidieron al general Pezuela, comandante en jefe, trasladarse desde Tupiza hasta Jujuy, donde permanecía el general Ramírez Orozco, como jefe de la guarnición. A esta ciudad llegó Pezuela el 27 de mayo de 1814, al frente de 4.000 soldados aguerridos. Traían el propósito de realizar el plan que el Virrey Abascal había trazado en 1812 al general Goyeneche, esto es, socorrer a Montevideo, salvando al ejército de 6.000 hombres allí encerrado, que agregado a sus tropas y a las que le enviarían desde Chile, tendría a sus órdenes 12.000 soldados, con los cuales esperaba dar fácil cuenta del gobierno patriota de Buenos Aires.
Los gauchos de Güemes pronto convencieron al general español de las insuperables dificultades que era necesario vencer; que 4.000 gauchos armados de puñales, lanzas, boleadoras y escaso número de armas de fuego, a los que apoyaban apenas 300 soldados del ejército regular, era una barrera difícil de vencer. Pronto se convenció Pezuela de que no había nada que hacer contra esta infranqueable barrera y no encontró otro expediente que buscar una batalla general y con este propósito trató de atraer a San Martín a Salta, ya que los gauchos le impedían a él llegar hasta Tucumán, y concentró todas sus fuerzas en Salta. Sin embargo, la acción de Güemes y sus gauchos fue tan efectiva que el general Pezuela con todo su ejército en Salta y su Cuartel General en Jujuy, se encontraba imposibilitado de avanzar. Marquiegui, jefe realista natural de Jujuy, propuso al general Pezuela abandonar el camino real por el Pasaje a Tucumán, y tomar el que conduce al mismo punto más hacia Oriente, atravesando el desierto.
Marquiegui se puso en marcha desde Jujuy con 400 hombres de infantería y caballería, llegando a Yaví el 15 de junio, donde arrolló al comandante patriota Arias, y tomó rumbo al Este en dirección a Orán, tomando sucesivamente una serie de fortines en el Chaco con rumbo al Sur. Pero Güemes lo había sentido y cuando Marquiegui se proponía regresar a Jujuy, fue atacado por aquel el 26 de junio en Anta y el 29 en Santa Victoria; se desvió al Oeste y se dirigió a Jujuy por el camino de la Cuesta Nueva, pero el 4 de julio fue destrozada por Güemes su retaguardia. Al mismo tiempo, su subordinado Zavala, el 11 de junio llegaba hasta los aledaños de Salta en un ataque contra los realistas. Estos contratiempos le decidieron a iniciar su retirada el 25 de julio de 1814. Entretanto el general Rondeau mandaba el Ejército Auxiliar, en reemplazo de San Martín.
Tan pronto como Güemes tuvo conocimiento de la retirada de Pezuela, se aproximó a Salta, cuyo sitio estrechó a fines de julio. Güemes ocupó su ciudad natal y Pablo Latorre la de Jujuy, adelantando sus avanzadas en persecución del enemigo a las órdenes de Alejandro Heredia. Güemes se apresuró a trasladarse a Jujuy, mientras Pezuela, volaba más que corría, desde que abandonó Jujuy el 3 de agosto, llegando a Suipacha el día 21, después de haber perdido 1.500 hombres y haber recibido una lección soberbia. Indudablemente, influyó en la decisión para retirarse, la noticia de la caída de la plaza de Montevideo, el 23 de junio.
Rondeau avanzó a fines de 1814 hacia el Norte, habiendo sido reforzado su ejército en forma notable, gracias a los cuerpos que había dejado libres la caída de Montevideo. El 17 de abril de 1815, en la sorpresa del Puesto de Marqués, Güemes ejecutó una carga contra los realistas, haciendo una horrible matanza. Al día siguiente, el caudillo salteño pretextaba una enfermedad al general Rondeau para retirarse del ejército. Desde el 30 de setiembre del año anterior ostentaba los galones de coronel graduado. La causa de la enfermedad no era más que un pretexto. Al pasar por Jujuy se apoderó de 700 fusiles que existían en el parque del ejército, que Rondeau había ordenado que le remitieran, a lo que Güemes contestó con franqueza que era necesarios llevarlos para armar las partidas de Salta y resistir a la próxima invasión española. Llevó también unos 300 hombres enfermos que encontró en Jujuy, de modo que en breve, el caudillo salteño alcanzó a contar con 1.500 hombres.
Güemes se había retirado del ejército, porque prontamente se dio cuenta que con la indisciplina reinante en él, iba derecho a un desastre, como aconteció. El 6 de mayo de 1815 Güemes era elegido por asamblea popular, gobernador de Salta. Cinco meses más tarde lo eligió también el pueblo de Jujuy. Rondeau, después de su desastrosa campaña de aquel año, al replegarse a Huacalera, ya había declarado a Güemes traidor a la patria, en agosto, mediante un manifiesto; ahora, el 8 de marzo de 1816, Rondeau abandonaba su campamento de Huacalera, anunciando que como Güemes le había negado recursos, para proveérselos con más comodidad, se trasladaba a Salta con 3.500 soldados. Fracaso total de Rondeau fue esta empresa contra el bravo caudillo salteño. Aquel, que había llegado a Jujuy, sin esperar a Güemes para una entrevista a la que se habían citado, el 13 de marzo se puso en marcha sobre Salta, con 2.500 soldados veteranos, acampando en el campo de Castañares, a una legua de la ciudad, el día 15, ocupando la ciudad sin resistencia. Después Rondeau salió de Salta y acampó en el Viñedo de Tejada, a la entrada de Cerrillos, donde los gauchos le arrebataron 200 cabezas de ganado, toda la caballada del Regimiento de Dragones que la custodiaba, con lo que el ejército quedó a pie y sin sustento. El día 20 de marzo, los gauchos arrebataron a Rondeau los últimos animales que le restaban para la alimentación, lo que desconcertó profundamente al general en Jefe. El día 22, los buenos oficios de los hermanos Figueroa lograron llevar en los Cerrillos a Güemes a una entrevista con Rondeau, en la que ambos firmaron una capitulación, por la que se reconocía una paz sólida entre el Ejército Auxiliar y el Gobernador de Salta. Al llegar Rondeau a Jujuy de regreso, el 17 de abril, lanzaba un bando justificando la conducta de Güemes. El 7 de agosto del mismo año el primero entregaba en Las Trancas, al general Belgrano, el comando en jefe del ejército, mientras el segundo había vuelto a ocupar su línea de defensa al Norte, lo cual era una garantía para la causa patriota. Desde aquel momento Güemes es el Angel Tutelar de la Patria en aquellas apartadas regiones.
El general Ramírez de Orozco ordena a Olañeta que invada por la Quebrada de Humahuaca con su División de Vanguardia; el 17 de agosto de 1816 ocupa Yaví y el 29 llega a Humahuaca; por su parte el coronel Marquiegui logra tomar Tilcara, el 19 de setiembre, pero pocos días después las partidas de gauchos quebraderos y jujeños obligan a los invasores a retirarse, tenazmente hostilizados.
El general Olañeta ocupa sorpresivamente el 15 de noviembre del mismo año, Yaví, tomando prisionero al Marqués de este nombre, coronel mayor Juan José Fernández Campero, y a su segundo, el teniente coronel Juan José Quesada (El primero conducido a Potosí, logró fugar y permanecer algún tiempo oculto, pero no pudiendo salir de aquella Provincia, optó por presentarse; murió en viaje para España, en 1820). El 6 de enero de 1817, Olañeta se apodera de Jujuy, donde es sitiado tenazmente por Pérez de Urdinenea, que hábilmente dificulta el abastecimiento de sus tropas. El 14 del mismo mes llega el general en jefe, La Serna, a Humahuaca con el grueso del ejército., y resuelve fortificar dicho pueblo, dejando un depósito de armamento y víveres al cuidado de un destacamento y prosigue su marcha sobre Jujuy, donde diariamente se combate en los alrededores de la ciudad, distinguiéndose particularmente el capitán Juan Antonio Rojas, que al frente de los “Infernales” lucha ventajosamente contra fuerzas superiores mandadas por Arregui, en San Pedrito, haciéndoles muchas bajas. El 12 de enero, Olañeta se vio obligado a abandonar Jujuy para marchar en apoyo de su cuñado, el coronel Marquiegui; y el 23 del mismo mes, estos dos últimos entran en Jujuy seguidos del general La Serna.
El 13 de abril este último parte de la mencionada ciudad, en dirección a Salta, en la que entra el 16; pero cruelmente hostilizadas sus tropas por las partidas de Güemes que impiden el acopio imprescindible de víveres, el General español inicia la evacuación de la capital salteña el 5 de mayo, y el día 21 del mismo mes quedó evacuado todo el territorio de las dos provincias norteñas. En los primeros días de junio el ejército real llegaba a Tilcara; el día 2, proseguía su repliegue por fracciones, constantemente hostilizado por las partidas patriotas, quienes atacaron a sus enemigos en Tres Cruces, en Sococha y aún en Tupiza, donde obligaron a la guarnición a encerrarse bajo los muros de la ciudad. Por toda esta serie de brillantes triunfos alcanzados por Güemes y sus gauchos, el Gobierno premió a aquél con el grado de Coronel Mayor, con fecha 17 de mayo de 1817; una medalla de oro y una pensión vitalicia para su primer hijo, de $400.-; una medalla de plata con brazos de oro para los jefes y una puramente de plata para los oficiales, y para la tropa, un escudo de paño con la inscripción: “A los heroicos defensores de Salta”.
El 11 de junio de igual año, Olañeta invade nuevamente por la Quebrada de Humahuaca con 100 hombres y es combatido por el capitán Manuel Eduardo Arias el 23 en Los Toldos y Baritú; el 25 de noviembre en Colanzuli; el 27 en Humahuaca; el 1º, el 15, 18, 25 y 26 de diciembre en Uquía, Caluti, San Lucas y Tilcara, habiéndose visto obligado a retirarse de Humahuaca el día 3 del mismo mes, con grandes pérdidas y continuamente hostilizado por las columnas patriotas.
El 1º de enero de 1818. el general La Serna destaca desde Tupiza al general Gerónimo Valdés con 400 hombres para reforzar a su vanguardia, mandada por Olañeta, que se mantenía en Humahuaca. Reunidos ambos jefes realistas, avanzaron sobre Jujuy, que ocupaban el 14 de enero, saqueándola, pero fuertemente hostilizado Olañeta por las partidas de Güemes, el mismo día abandona su presa, retirándose al Norte, siendo perseguido por los patriotas hasta cerca de Yaví. El 26 de junio de aquel año, el general Canterac, unido al coronel Valdés, expediciona hasta Orán, pero diariamente son hostilizados por las partidas independientes, Canterac y el coronel Vigil combaten el 5 de agosto en Tarija y Orán, contra las partidas de Rojas y Uriondo.
El 17-18 de marzo de 1819 los generales Canterac y Olañeta invaden por la Quebrada de Humahuaca y son combatidos: el 3 de abril, en Huacalera y Tilcara; el 12 de mayo, en Iruya y Orán; el 9 de setiembre, en El Rosario; en octubre, en Orán y Santa Victoria y el 28 de ese mismo mes, en San Antonio de los Cobres. Del 10 al 20 de diciembre son combatidos: Canterac, en La Rinconada; Lóriga en la quebrada de Toro y Gamarra en San Antonio de los Cobres.
En mayo de 1820 es invadida Salta por un ejército de 4.000 hombres a las órdenes del general Ramírez Orosco, y los generales Canterac, Olañeta y Valdés y los coroneles Gamarra, Vigil y Marquiegui. Del 8 al 27 de mayo los gauchos de Güemes combaten contra Ramírez y Canterac, en Guaia, La Cabaña, Perico y Monte Rico. El 24 de mayo los españoles se apoderan de Jujuy y el 31 del mismo mes, después de las acciones en Lomas de San Lorenzo y en Salta, se apoderan de esta última ciudad; pero del 2 al 8 de junio se libran numerosos encuentros con las partidas salteñas; en La Pedrera, Quesera, Cruz y Chamical (contra Olañeta y Valdés) y Cerrillos, Chamical, en la Troja (con Olañeta) y en Pasaje (contra Vigil y Méndez). El 28 de junio de 1820 fuertes combates en Cerrillos contra Canterac, Clover y Ferraz, en los que muere el coronel patriota Juan Antonio Rojas (célebre guerrillero). El día 30, el ejército real inicia su retirada, evacuando la provincia de Salta el 5 de julio.
El 1º de febrero de 1821, Güemes delega el mando de la provincia en el Dr. Gorriti y se ausenta al Sud de la misma, para rechazar la invasión del gobernador de Tucumán Bernabé Aráoz e invade a su vez la de Tucumán. Los españoles, noticiados de este acontecimiento, a las órdenes de Olañeta, el 10 de marzo de 1821 invaden la Quebrada de Humahuaca, siendo combatidos hasta mediados de abril: en Humahuaca, Laguna, San Lucas, Valle Grande, Tilcara, Uquia y el día 21 de abril, la vanguardia realista, formada por 300 hombres mandados por Marquiegui, entra en la ciudad de Jujuy.
Mientras tanto, las tropas de Güemes, aliadas a las de Ibarra (de Santiago del Estero), son batidas por los coroneles Abraham González y Manuel Eduardo Arias, el 3 de abril, en las cercanías de Tucumán.
Ante el peligro de la invasión española, el gobernador substituto, Dr. Gorriti, delegó el gobierno en el Cabildo y se puso a la cabeza de 600 hombres que logró reunir y marchó en busca del enemigo, al que puso sitio en la boca de la Quebrada de Humahuaca, obligándolo el día 27 de abril a rendirse a discreción, con su jefe el coronel Marquiegui, contraste que obligó a Olañeta a regresar a sus posiciones.
Pocos días después del primer desastre, Güemes era nuevamente batido en Acequiones y Trancas, por las fuerzas tucumanas. La noticia de este contraste, así como también la del triunfo de Gorriti, llegadas casi simultáneamente a Salta, indujeron al Cabildo, el 24 de mayo, a deponer a Güemes y a designar gobernador provisorio al alcalde del primer voto Saturnino Saravia, pero el día 30, se presentó Güemes frente a Salta y no obstante que una parte de los civiles y dos escuadrones de caballería lo esperaban formados para combatirlo, bastó que sus soldados oyeran su vos gangosa, para que el grito “¡Viva Güemes!” brotara de todos los pechos y el famoso caudillo ocupara nuevamente el gobierno.
Estableció su cuartel general en Chamical, cuatro leguas al S. E. de Salta. Sabedor Olañeta de todos los acontecimientos relatados, resolvió destacar al coronel José María Valdés (Barbarucho) con 500 hombres, con orden de avanzar sobre la ciudad de Salta por el camino del Despoblado (quebrada del Toro) atravesando las fragosas sierras de Leser y Yacones. En la noche del 7 de junio de 1821 los españoles ocupaban la ciudad de Salta y Güemes que con una escolta de 50 hombres se encontraban en casa de su hermana Magdalena despachando la correspondencia con su secretario; al necesitar un documento que se encontraba en el Cabildo, despachó un ayudante a buscarlo, el cual en la plaza fue tiroteado en la oscuridad al contestar un ¿Quién vive? de los realistas. Güemes que creyó nuevamente en un movimiento subversivo, salió de la casa para indagar el origen del tiro y en la plaza fueron tiroteados por otra partida y al desbandarse la escolta, el caudillo tomó por una calle lateral, donde tropezó con otra partida realista que le hizo fuego, hiriéndolo de gravedad. La bala ingresó por la cadera y salió por la ingle. Sin largarse del caballo, logró salir a las afueras de la ciudad, donde algunos de sus partidarios acompañaron al general herido desde el Campo de la Cruz hasta su campamento en El Chamical. A los diez días, el 17 de junio de 1821, el gran caudillo, debilitado por la abundante hemorragia, quebrado por crueles dolores, viendo que se le escapaba la vida, aún tuvo aliento para celebrar una conferencia con un parlamentario que le enviara el general Olañeta. A esta conferencia hizo llamar al jefe de Estado Mayor, el coronel Jorge Enrique Vidt y delante de los parlamentarios le ordenó: “que marchase inmediatamente con sus fuerzas a poner sitio a la capital, haciéndole jurar sobre el pomo de le espada que continuaría la campaña hasta que en el suelo de la Patria no hubiera ya argentinos o no hubiera ya conquistadores” y dirigiéndose al emisario enemigo añadió: “Señor oficial, diga a su jefe que agradezco sus ofrecimientos sin aceptarlos; está usted despachado”. Aquel día, 17 de junio, a pesar de los solícitos cuidados de su médico Dr. Antonio Castellanos, moría el bravo guerrero, en La Cruz, en el lugar llamado La Higuera (o Higuerillas). Al día siguiente era sepultado en la capilla de El Chamical (hoy San Francisco), al mismo tiempo que se levantaba el país en masa contra los invasores, cumplimentando la orden postrera de su valeroso caudillo. Los “Infernales” al mando de Vidt cumplían aquella, poniendo sitio a la ciudad de Salta, con lo cual quedaban rotas las hostilidades, no obstante las gestiones de Olañeta con el Cabildo salteño para llegar a un armisticio. El 26 de julio de 1821, el general Olañeta, constantemente hostilizado por los patriotas, se retiraba al Alto Perú, con lo que terminaba la última invasión realista al territorio argentino. El espíritu de Güemes había sido el ángel tutelar de la Patria en peligro en aquellos días.
Una pincelada que metaforiza los alcances de la guerra social encabezada por el caudillo está contenida en el relato de Bernardo Frías: una vez muerto el General Güemes, los gauchos se arrojan sobre su cadáver para despojarlo de las vestiduras y quedarse con “un jirón de aquellos trapos”. Mientras esto ocurría en Salta, la elite porteña festejaba su deceso y la prensa bonaerense fiel a Rivadavia exclamaba: “Murió el abominable Güemes al huir de la sorpresa que le hicieron los enemigos. Ya tenemos un cacique menos”.
Güemes había contraído enlace el 9 de junio de 1815 con Margarita del Carmen Puch, hija única del afincado español de notable fortuna, Domingo Puch y Alcaraz, nacido en Tupiza, y Dorotea Velarde Cámara; la que murió apenada por el fallecimiento de su esposo.Por Ley del Congreso Nacional Nº 6286, del 30 de setiembre, fue erigido en la ciudad de Salta un hermoso monumento a la memoria del general Güemes, el cual fue inaugurado el 20 de febrero de 1931, por el Tte Grl José Félix Uriburu, Presidente Provisional de la Nación.
Fuentes: Colmenares, Luis Oscar – Martín Güemes, el héroe mártir – Ed. Ciudad Argentina. / Poderti, Alicia – Martín Miguel de Güemes, Fisonomías Históricas y Ficcionales / Yaben. Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).

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