miércoles, 28 de septiembre de 2016

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL ANGEL PACHECO

El 28 de septiembre de 1869, fallecía en Buenos Aires el general don Ángel Pacheco. Ante sus restos mortales, el general Bartolomé Mitre pronunció un elocuente discurso resaltando los eminentes servicios que había prestado a su país en su larga y fecunda carrera militar. Había nacido en Buenos Aires el 14 de julio de 1795. En 1811, se incorporó como cadete al Regimiento de Milicias Patricios de Buenos Aires. Desde entonces escaló posiciones y jerarquías en el Ejército de la patria hasta alcanzar los galones de general. Actuó junto al general San Martín, destacándose por su valor en Chacabuco y Maipú y años más tarde, durante la guerra contra el imperio del Brasil, en Ituzaingó. Arrastró su vida en Camacuá y en tantas otras importantes acciones guerreras. Su vida política puede ser discutida, pero no su desinterés y su sano patriotismo.
Según algunos historiadores nació en Buenos Aires el 13 de abril de 1793; otros, opinan que nació el 15 de junio de 1795. Fue hijo de Don Juan Pacheco Negrete, español, y de Doña Teresa Concha Darregrande, chilena. Recibió una educación esmerada y realizó estudios de filosofía en el Colegio de San Carlos.
En el año 1811 se incorporó como cadete al Regimiento de Milicias “Patricios de Buenos Aires”.El 22 de noviembre de 1812 pasó a formar parte del Regimiento de Granaderos a Caballo. En vista del Combate de San Lorenzo, se desempeñó como astuto observador sobre la escuadra realista. Y su actuación heroica en la contienda lo hizo acreedor del ascenso de Portaestandarte Alférez del primer escuadrón, el 26 de febrero de 1813. Con un piquete de cuarenta hombres permaneció en el Convento de San Carlos, rechazando un desembarque realista en las proximidades de Zárate.
En 1815 fue ascendido a Ayudante Mayor y, un año después, atravesó La Rioja con rumbo a Mendoza para incorporarse al Ejército de Los Andes. Intervino en el Encuentro de las Coimas y luego en la Batalla de Chacabuco. También luchó con coraje en la contienda de Cancha Rayada.Más tarde, en 1817, fue comisionado para traer a Buenos Aires los trofeos de la Batalla de Chacabuco y, el 10 de marzo de aquel año, Pueyrredón lo ascendió a Sargento Mayor. Participó en la Campaña de Talcahuano y más tarde en la decisiva Batalla de Maipú.Durante los años 1818 y 1819 prestó sus servicios en la campaña del sur de Chile, al mando del Coronel Manuel de Escalada.
En el año 1822, contrajo enlace con Dolores Reynoso. El matrimonio tuvo nueve hijos: Ángel, José Felipe, Julio, Román, María Elvira, María Dolores, Águeda, Eduardo y Pablo.Ya por aquel entonces Teniente Coronel, en 1825 se le confió el mando del reciente Regimiento III de Caballería. Con él, Pacheco abrió la Campaña contra el Imperio del Brasil.Dos años después combatió en las batallas de Ombú, Ituzaingó y Camacuá, en la cual el Ejército Argentino derrotó a los brasileros del General Barrito, y dejó libre a la República Oriental del Uruguay, de Brasil y de la Argentina.
De regreso a Buenos Aires, en 1830, sirvió en la frontera oeste y participó en la Campaña del Interior contra el General Paz.
En 1831, como parte del Ejército Confederado y a las órdenes del General Estanislao López, derrotó en Fraile Muerto a la vanguardia del General Paz, la que se encontraba a las órdenes del Coronel Pedernera. Como mérito por su actuación lo promueven a Coronel Mayor.En 1833 fue nombrado Mayor General en la Campaña del Desierto, comandado por Juan Manuel de Rosas. Al parecer fue uno de los militares más adictos al Brigadier General. Nombrado Jefe del Estado Mayor, ocupó el Río Negro y derrotó al Cacique Paylloven. Más tarde alcanzó la isla Choele Choel y por asalto tomó ese territorio, haciendo prisioneros a todos los indios.
El 6 de agosto de 1840 fue derrotado por Lavalle en el Combate de El Tala. El 20 de octubre, tras reorganizar sus fuerzas y junto al Comandante Herrado, derrotó a Lavalle en el combate de Muira.
En 1841 actuó como Jefe de la vanguardia de Oribe, y venció al General Videla del Ejército de Lavalle en el combate de San Calá. El 24 de septiembre derrotó al General Lamadrid en el Combate del Rodeo del Medio.
También participó en el sitio de Montevideo junto con el General Oribe, en 1843, donde fue destacada la actuación de las fuerzas del General Pacheco.
Durante el sitio de Montevideo (1844), al lograr salir el General Paz con el propósito de abrir una brecha, Oribe y Pacheco, luego de una cruenta batalla, rechazaron a Paz el 24 de Abril en el combate de Tres Cruces.
En 1845 asumió como Jefe de la Frontera del Centro, con asiento en Luján; organizó varios cuerpos y estableció los Fuertes de Bragado y Mulitas (hoy 25 de Mayo).
En 1850 fue elegido Diputado para la Legislatura de Buenos Aires.
En 1851, al levantarse Urquiza contra Rosas, fue nombrado Comandante en Jefe de las Fuerzas Federales.
En 1852, disgustado con Rosas (según algunos no consideraba oportuno enfrentar a Urquiza en aquel momento), se abstuvo de participar en la Batalla de Caseros y se retiró a su estancia El Talar. Los historiadores no se han puesto de acuerdo sobre ese distanciamiento, y algunos opinan que si el General Pacheco y sus fuerzas hubieran estado en la batalla, el resultado de Caseros habría sido otro.
Después de la Revolución del 11 de Septiembre se lo nombró sucesivamente: Comandante General de Armas de la Provincia, luego General en Jefe de las Fuerzas de la Capital, y finalmente Ministro de Guerra y Marina, cargo que desempeñó hasta Febrero de 1853.
El 28 de septiembre falleció en Buenos Aires. En el sepelio de sus restos hablaron, entre otros, el poeta Guido Spano y el General Mitre, quien había sido su adversario. En uno de sus párrafos dijo Mitre: “Los Generales de la República vienen a inclinarse con doloroso respeto sobre su cadáver. Ellos vienen a darle el último adiós a las puertas del sepulcro y le dirigen por mis labios estas palabras: General Pacheco, tus antiguos compañeros de armas y los que siguieron tus huellas cruzando los ásperos senderos de la guerra, desean goce en el lecho de la muerte; tanta paz como glorias alcanzasteis en la vida”.

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martes, 27 de septiembre de 2016

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL CORONEL BONIFACIO RUIZ DE LOS LLANOS

Nació en la ciudad de Salta el 15 de junio de 1791. Principió a servir el 15 de setiembre de 1811 en calidad de sargento 2º de la compañía de “Patricios de Infantería de Salta”, a las órdenes del entonces teniente 1º Rudecindo Alvarado. En octubre del mismo año marchó de Salta con su compañía hasta Humahuaca y de este punto hasta Orán, escoltando los caudales que conducía de la ciudad de Potosí, el coronel Juan martín de Pueyrredón, regresando nuevamente a Salta. En noviembre del mismo año se incorporó con su compañía a la vanguardia del Ejército Auxiliar que se hallaba en la provincia de Jujuy, habiendo sido ascendido a sargento primero, el día 1º de aquel mismo mes. El 12 de enero de 1812 se halló en la acción de Nazareno a las órdenes del coronel Días Vélez, después de la cual el Ejército se retiró hasta Yatasto, donde en el mes de marzo, el general Manuel Belgrano se recibió del comando en jefe.En la nueva organización que dio este General al Ejército Auxiliar, la compañía de Ruiz de los Llanos quedó refundida en los demás cuerpos del ejército, continuando sus servicios en la 2ª compañía del Regimiento Nº 6 de Infantería, que mandaba el capitán Francisco Antonio Sempol. De este cuerpo pasó a la Artillería a las órdenes del Barón de Holmberg, Jefe de Estado Mayor y comandante de aquella arma en el ejército, asistiendo en tal carácter a la batalla de Tucumán, el 24 de setiembre de 1812, volviendo en diciembre a incorporarse al Regimiento 6 de Infantería, por orden del general Belgrano, con el cual se batió en la gloriosa jornada de Salta, ya con el empleo de subteniente efectivo que le había sido conferido el 1º de febrero de 1813. El 1º de junio del mismo año fue promovido a teniente, con cuya jerarquía asistió a la acción de Vilcapugio, el 1º de octubre, y el 14 de noviembre a la de Ayohuma, retirándose después de esta derrota, a Tucumán, con los restos del ejército.
El 20 de mayo de 1814 obtuvo su baja por hallarse enfermo, pero apenas restablecido, se presentó a las avanzadas del Ejército Patriota, mandado por el sargento mayor José Apolinario Saravia, situadas en Guachipas, a las que fue incorporado el 1º de marzo de 1815, sirviendo en ellas hasta que fue desalojado de Salta el ejército español. Al incorporarse a las avanzadas de Apolinario Saravia, Ruiz de los Llanos fue reconocido como teniente 1º.
En 1815 se creó en Salta el cuerpo de “Infernales” a las órdenes del coronel Miguel Martín de Güemes, del que formó parte Ruiz de los Llanos, en clase de ayudante mayor desde el 1º de noviembre de aquel año, hasta el 16 del mismo mes, en que obtuvo su baja.
El 1º de marzo de 1816 volvió al servicio, incorporándose en clase de capitán al Regimiento “Páramo del Orden”, sirviendo a las órdenes del coronel mayor Juan José Fernández Campero, el famoso Marqués de Yaví, el cual tenía a su mando directo una división de 800 hombres, de la cual era segundo jefe el teniente coronel Juan José Quesada y comandante de la caballería; desempeñando el capitán Ruiz de los Llanos el cargo de jefe de las avanzadas. Participó del combate de Colpayo, el 14 de setiembre de aquel año. En Yaví, el 12 de noviembre de 1816, las avanzadas de Ruiz de los Llanos tuvieron un fuerte choque con los realistas del coronel Marquiegui, que se apoderó de sus caballadas y tomó prisioneros al jefe y 2º de aquella, y 300 hombres de tropa, después de matarle muchos individuos.
Ruiz de los Llanos después de este tremendo contraste, en el que cedió a Fernández Campero su caballo para que se salvara, sin lograrlo, se retiró al valle de Cachí. En enero de 1817 fue nombrado 2º comandante de las milicias de dicho valle, con las que bajó a la ciudad de Salta a hostilizar al enemigo que ocupaba toda la provincia, hasta que después de los violentos combates librados desde el 17 de abril al 1º de mayo, en las regiones de Cerrillos y de El Bañado, La Serna inició el repliegue sobre Jujuy, el día 4 de este último mes. Ruiz de los Llanos, por orden de Güemes había ocupado la pampa del Rosario. El día 13 de mayo de 1817, La Serna, intensamente hostilizado por sus flancos y su retaguardia por las partidas de Infernales, emprendía la retirada de Jujuy, a los seis meses de iniciada la invasión. En el parte de Güemes a Belgrano del 25 de abril de este año recomienda la conducta y valor militar de Ruiz de los Llanos, 2º de la división del Valle por el último triunfo que acababa de obtener.
En 1818 marchó a la Puna, a las órdenes del teniente coronel José Gregorio López, de 2º jefe hasta el año 1819; habiéndose distinguido en los diferentes encuentros que tuvieron con los enemigos, entre ellos, el de Acoyte, el 11 de febrero de 1818, en que tomó 40 prisioneros, haciéndose acreedor, Ruiz de los Llanos, por su conducta militar, al honroso timbre de Intrépido, con que lo califica su jefe superior en los partes publicados en aquella época. El 1º de enero de 1819 recibió la jerarquía de teniente coronel, y el 27 de agosto del mismo año fue nombrado comandante del 2º Escuadrón de Gauchos del Valle de Cachí. El general Güemes, en su carácter de general en jefe del “Ejército de Observación del Perú”, le otorgó el 15 de agosto de 1820, despachos de coronel graduado.
Continuó como Jefe de las Milicias del valle de Cachí, y como tal, asistió a los diferentes combates que tuvieron lugar los en los años 1810 y 21, para rechazar las nuevas invasiones realistas de entonces; continuando en aquel cargo hasta la terminación de la guerra de la Independencia. El 12 de julio de 1826 fue coronel efectivo.
Los gobiernos que se sucedieron conservaron a Ruiz de los Llanos en esos destinos. Actuó en las luchas contra la Coalición del Norte, formando parte de las tropas federales que respondían a Rosas. En marzo de 1841, siendo comandante General de los Valles fue tomado preso por el ejercito unitario y reemplazado el 11 de abril por el coronel Fiorentín Santos.
Continuó después desempeñando ese y otros cargos análogos hasta el año 1855, en que el Gobierno de la Confederación lo incorporó al Estado Mayor, Sección Salta, en Disponibilidad, mandándole extender el despacho de Coronel que había obtenido en el Ejército de la Provincia. Permaneció en aquella situación de revista hasta el 12 de diciembre de 1862, fecha en la cual el Gobierno de la República Argentina dispuso revistara en la Pasiva, en la que se hallaba a su fallecimiento ocurrido el 28 de setiembre de 1870, en Payagasta. Estaba casado con Buenaventura San Roque, hija del capitán Francisco Nicolás García de San Roque (dueño en 1795 de la estancia Payogasta en el Valle Calchaquí ) y de Polonia Solaligue y Plaza.Los restos de Ruiz de los Llanos y su esposa se hallan en la iglesia de PayogastaEn la actualidad, la Banda Militar del Regimiento de Caballería Ligero 5 lleva el nombre “Coronel Bonifacio Ruiz de los Llanos”.
Fuente: Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado - Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1939).

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lunes, 26 de septiembre de 2016

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL CIRJUANO MAYOR DR. COSME MARIANO ARGERICH

Nace en Buenos Aires el 26 de septiembre de 1758, era hijo del coronel y cirujano de los ejércitos del rey, D. Francisco Argerich y Batalla, llegado en 1755 al Río de la Plata con el Virrey Cevallos. Enviado a España, Cosme Argerich cursa sus estudios en la renombrada Escuela de Ciencias Médicas de Cervera, en Cataluña, regresando al suelo nativo a la edad de 26 años, casado y con un hijo, Francisco Cosme. Éste, con el tiempo habría de secundar a su padre en el ejercicio de la profesión, iniciándose a su vez como médico militar en el combate de San Lorenzo.
Durante el Virreinato de D. Juan José de Vértiz y Salcedo (1770-1784) se funda en Buenos Aires el Protomedicato con la finalidad del mantenimiento de la higiene de la ciudad, el Dr. Cosme Argerich compartió ese alto Tribunal. La fundación de dicho organismo tuvo significativa influencia en tanto se lo consideró "la primera expresión de alta cultura en Buenos Aires y punto de partida de la ciencia argentina".
El Dr. Cosme Argerich fue el primer maestro de estudios médicos que actuó en nuestro medio, no obstante haberse confiado al Dr. Fabre en 1801 la cátedra de anatomía y cirugía.
Argerich comenzó a impartir la enseñanza en la Escuela de Medicina en 1802, dando termino al primer curso en 1806. Dictó clases de anatomía, fisiología, cirugía, química, terapéutica y filosofía, que dicto con autoridad y prestigio.
En 1804 se funda la Junta de Sanidad integrada por los doctores Miguel Gorman y Cosme Mariano Argerich, destinada "no a conservar la vida de los habitantes, sino a precaver los males de que puede ser asaltada".
Dado por una parte el hecho de que a causa de las múltiples funciones del tribunal de Protomedicato le era dificultoso cumplir con la misión de enseñar que venia ejerciendo, y por la otra necesidad imperiosa de médicos, fue creada la Escuela de Medicina y Cirugía en 1811, confiándose su dirección al doctor Cosme Mariano Argerich. En 1813 se cambió la denominación de aquella por la de Instituto Médico Militar, primera disposición orgánica, del 16 de junio de 1816, referente al Cuerpo de Sanidad Militar, suprimido en 1821 tras el fallecimiento de su fundador y director en 1820. Por otra parte, en 1822 desapareció también el Protomedicato.
Su vida estuvo dedicada a la ciencia, que cultivó como un apostolado. Argerich realizó trabajos de organización y difusión que asombran aún hoy en día. A ello se debe que Rivadavia se propusiese honrar su memoria, cosa que no se materializó entonces a causa de los acontecimientos políticos de 1821. Varias décadas después, en 1886, su retrato fue colocado en la Facultad que él fundara, cumpliéndose así un acto de justiciera recordación. En el primer centenario de su muerte fue descubierto en la Facultad de Medicina de Buenos Aires un busto del doctor Cosme Mariano Argerich que perpetúa el nombre del ilustre fundador.
Honra su memoria el Hospital Municipal "Dr. Cosme Argerich" que lleva su nombre, en la calle Almirante Brown. Así también el Ejército Argentino lo ha recordado dando su nombre al Hospital Militar Central.

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domingo, 25 de septiembre de 2016

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL CORONEL JORGE OSCAR GRASSI

Nació el 4 de abril de 1925, en Tornquist, provincia de Buenos Aires. Ingresó al Colegio Militar de la Nación el 25 de febrero de 1944, de donde egresó como subteniente del arma de ingenieros el 22 de julio de 1947.
Prestó servicios en numerosas unidades de su arma, en las guarniciones de Curuzú Cuatiá, Posadas, Olavarría, Las Lajas Neuquén, Uspallata, Campo de los Andes y Mendoza.
En 1968 y 1969 ocupó el cargo de Jefe del Batallón de Ingenieros 141, en La Rioja, donde se desempeñó en una tarea de apoyo a la comunidad con singulares resultados prácticos.
Pasó luego a dirigir una tarea similar (acción cívica) como oficial de ingenieros del Comando del Tercer Cuerpo de Ejército, a partir de 1970, en Córdoba, mereciendo destacar que durante su gestión se entregaron en distintas poblaciones, diez escuelas y cuatro dispensarios. Cumplía dicha función cuando fue asesinado el 25 de setiembre de 1974. Casado con la señora Esther Correa y era padre de dos hijos.
Fue Ascendido post mortem al Grado de General de Brigada.
Como lo hacía diariamente, a las 0710 horas del mencionado día, el Coronel Grassi abandonaba su domicilio en la calle 8 N° 35 del Barrio Parque Vélez Sársfield.
Luego de cruzar un pequeño jardín llegó a la acera y advirtió la llegada de un automóvil del cual se apearon dos sujetos armados que le abrieron fuego.
Parapetándose tras la camioneta que lo esperaba, logró eludir la primera ráfaga, pero nuevos disparos lo alcanzaron en la pierna izquierda y en el abdomen.
Los terroristas iniciaron la huida, no sin antes lanzar una ráfaga contra el Soldado, el que salvó su vida arrojándose al piso de su vehículo.
El Coronel Grassi, gravemente herido, fue socorrido por su propia esposa y vecinos que acudieron al cesar el tiroteo, pero falleció antes de poder ser intervenido en un nosocomio próximo a su domicilio.
Se tomó conocimiento a través de la revista del ERP Estrella Roja, que con motivo del fracasado intento de copamiento del Regimiento 17 de Infantería en Catamarca, donde murieron 16 extremistas, el Comité Central del Partido Revolucionario de los Trabajadores, dirección político – militar del Ejército Revolucionario del Pueblo, tomó la grave determinación de responder con una ejecución de Oficiales indiscriminada.
Dichas acciones fueron iniciadas el señalado 25 de Setiembre con los asesinatos del Coronel Grassi en Córdoba y del Teniente Primero Brzic en Rosario, y un atentado del que resulta herido el Teniente Coronel Roberto López Paz, también en Córdoba. En los dos meses siguientes se produjeron ocho muertes más.
Los diarios del 26 de setiembre mostraban en amplios titulares la conmoción causada por los atentados del día anterior, mencionando las adhesiones y expresiones de pesar que distintas entidades civiles hicieron llegar a las autoridades del Ejército.

"Lo demando el honor y obedecieron,
lo requirio el deber y lo acataron;
con su sangre la empresa rubicaron
con su esfuerzo la Patria engrandecieron.
Fueron grandes y fuertes, porque fueron
fiieles al juramento que empeñaron.
Por eso como valientes lucharon,
y como heroes murieron."

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sábado, 24 de septiembre de 2016

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE TUCUMAN

Decidido el general Belgrano a detener su retirada hacia Córdoba prepara sus fuerzas con el entusiasta apoyo de la población tucumana, a fin de detener el avance del general español Pío Tristán. El 24 de septiembre, ambas fuerzas chocan al sudoeste de la ciudad de Tucumán. Tras un primer momento de zozobra ante la derrota de parte de las fuerzas patriotas, la decidida acción de Díaz Velez al mando de toda la infantería y la artillería frenó el ímpetu del ataque realista. Acudiendo Belgrano con 500 hombres en apoyo de Díaz Velez, que se había hecho fuerte en la ciudad, intimó a la rendición al jefe español. Este rechazó la misma y durante la noche se replegó a Salta dejando el triunfo a las armas patriotas. Tras la victoria, el general Belgrano se dirigió al Superior Gobierno de las Provincias Unidas remitiéndole el parte que decía: “La Patria puede gloriarse de la completa victoria que han obtenido sus armas el 24 del corriente día de Ntra. Sra. De las Mercedes, bajo cuya protección nos pusimos: 7 cañones, 3 banderas, y un estandarte: 50 oficiales, 4 capellanes, 2 curas, 600 prisioneros; 400 muertos, las municiones de cañón y de fusil, todos los bagajes, y aún la mayor parte de sus equipajes, son el resultado de ella. Desde el último individuo de ejército, hasta el de mayor graduación se han comportado con el mayor honor y valor”.
El ejército del Norte se retira lentamente, hostigada su retaguardia por dos columnas españolas envalentonadas por la facilidad de la maniobra. Belgrano se afirma ya en la idea de hacer frente al enemigo en Tucumán. Pero las órdenes que recibe del gobierno son terminantes: destruir todo lo que pueda ser útil al enemigo y continuar retirándose hacia Córdoba. El 3 de setiembre un combate de retaguardia sobre el río Las Piedras, demuestra el temple de los soldados que intervienen en él e infunde esperanzas a todos.
En las proximidades de la ciudad de Tucumán recibe Belgrano a una comisión que le ofrece los hombres y las armas disponibles para hacer frente a los realistas y, lo que es más, la decisión de vender caras sus vidas. Belgrano se decide; desobedecerá al gobierno para luchar al lado de este pueblo heroico. Pone a la ciudad en estado de defensa y forma sus tropas al norte de la misma, de espaldas a ella. Los españoles, confiados en su mayor experiencia, suponen el triunfo fácil. Flanquean por la izquierda la línea patriota para cortarles la retirada del sur, visiblemente, sin enmascarar sus movimientos, tan seguros están de la victoria. Belgrano cambia su frente hacia el oeste y el choque se produce. Es el 24 de setiembre de 1812: son las 8 de la mañana. Pronto la batalla se hace confusa, de difícil conducción. Los ejércitos se dividen, se fragmentan en grupos que pelean interpolados, medio ocultos por el humo hurente de los pajonales incendiados, mientras sobre el campo de las Carreras se abate una espesa manga de langostas que aumenta la confusión.
Recién al anochecer -ha sido toda una larga jornada de heroísmos individuales - Belgrano logra reunir a sus huestes vencedoras. Los realistas dejan en el campo de batalla 450 muertos y 700 prisioneros, 7 cañones, banderas y estandartes y, sobre todo, jirones de su petulancia de la víspera.
Be!grano no ha logrado, empero, la decisión total. Tristán tiene tiempo de reunir los restos de su ejército y, sin ser molestado, se dirige hacia Salta.
La victoria tuvo gran repercusión en todo el país. Tucumán, "cuna de la libertad y sepulcro de la tiranía", la celebra jubilosa. El 27 de octubre se realizó una misa en acción de gracias. Por la tarde, cuando la procesión portaba en las andas a Nuestra Señora de las Mercedes, en medio de la conmoción universal, Belgrano puso el bastón que llevaba entre los cordones del atuendo de la imagen.

viernes, 23 de septiembre de 2016

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL CORONEL MANUEL ROSETI

Nació en Buenos Aires en 1832, oriundo de una distinguida familia porteña. Inició su carrera militar en el sitio de esta capital, en diciembre de 1852, en las filas de la Guardia Nacional, ingresando poco después como subteniente del batallón 1º de línea, que mandaba el coronel Conesa, cuerpo en el que sirvió el resto del sitio, hasta el 13 de julio de 1853.

En agosto de 1854 ascendió a teniente 2º y el 16 de febrero de 1855, a teniente 1º, recibiendo los galones de ayudante mayor, el 12 de febrero de 1856. En este intervalo de tiempo se halló en varias expediciones que se llevaron a cabo al interior de la provincia de Buenos Aires, a consecuencia de las invasiones realizadas por fuerzas de la Confederación. A fines de 1856 marchó a la frontera con su batallón, hallándose en los combates que tuvieron lugar con los indios en diciembre de 1857 y posteriormente, en aquellos que se dieron en el Sol de Mayo, los días 16 y 17 de febrero de 1858, en el Arroyo de Pigué. El 15 de diciembre de 1857 fue promovido a capitán, pasando a mandar la 2ª compañía de su batallón.
En 1859 regresó con su cuerpo a Buenos Aires, siendo destacado de inmediato a la Isla de Martín García, donde permaneció hasta el mes de octubre, incorporándose a principios de éste, al ejercicio del general Mitre, con el cual se aprestaba a rechazar la invasión de las fuerzas de la Confederación, formando parte Roseti del 1º de Línea, a cargo de la 2ª compañía. En la batalla de Cepeda, el capitán Roseti se batió bravamente a las órdenes del general Conesa, recibiendo un balazo en un hombro, y asistió, a pesar de estar herido, a la famosa retirada sobre San Nicolás, y al regresar con el ejército embarcado en la escuadra, tomó parte en el combate naval sostenido frente a aquella ciudad, así como también, al corto sitio que le fue impuesto a la capital por las fuerzas de Urquiza, hasta el acuerdo del 11 de noviembre.
En enero de 1860 ascendió a sargento mayor graduado y el 14 de junio del mismo año alcanzó la efectividad. En la campaña de 1861 se halló al frente del batallón 1º de Línea, batiéndose con su bravura acostumbrada, en Pavón, el 17 de setiembre, participando en el avance del ejército vencedor hacia la provincia de Santa Fe, en persecución de las fuerzas de la Confederación, obteniendo Roseti en diciembre del mismo año, el grado de teniente coronel. Después de la expedición, marchó a la frontera Oeste de la provincia de Buenos Aires, a las órdenes del coronel Julio de Vedia, siendo uno de los fundadores del pueblo “9 de Julio”. Recibió la efectividad de teniente coronel el 28 de febrero de 1863, y confirmado en el mando del 1º de Línea. Asistió este último año a la campaña de Córdoba contra el Chacho, a las órdenes de Paunero. Nombrado por el coronel Vedia, el 18 de octubre de 1864, jefe de la Frontera del Oeste, fue confirmado por el Gobierno el 24 del mismo mes.
Provocada la guerra del Paraguay, marchó con el general Paunero, formando parte del 1er Cuerpo del Ejército: el 25 de mayo de 1865 desembarcaba en Corrientes y en el asalto a la ciudad ocupada por las fuerzas paraguayas, Roseti al mando de dos compañías del 1º de Línea, se batió aquel día con una intrepidez y serenidad admirables, destacando su hermosa figura de soldado y dejando imperecedero recuerdo en las fuerzas beligerantes.
Se halló en la batalla de Yatay, el 17 de agosto; en la toma de Uruguayaza, el 18 de setiembre del mismo año; pasaje del río Paraná, el 16 de abril de 1866; combate de Estero Bellaco, el 2 de mayo; gran batalla de Tuyutí, el día 24 del mismo mes, en la que actuó como jefe de la brigada formada por el 1º de Línea y el batallón San Nicolás. En esta acción Roseti reveló pericia y buen golpe de vista táctico, prestando oportuna ayuda a otros cuerpos que se habían comprometido imprudentemente en la vanguardia, distinguiéndose el 1º de Línea por una carga a la bayoneta dada oportunamente a una fuerza paraguaya.
En Yataytí-Corá demostró temple de acero, resistiendo con su batallón contra fuerzas superiores, perdiendo 11 jefes y oficiales, entre ellos el mayor Echegaray. Se halló igualmente en el Boquerón, el 18 de julio de 1866.
En el furioso asalto de Curupaytí, el 22 de setiembre de aquel año, al frente de su brigada, Roseti destacó su figura enérgica entre los soldados: en el transcurso del ataque es herido y sus oficiales lo rodean pidiéndole que se retire; “no es nada”, les dice, y levantando su espada, grita “¡Adelante!”, y más enardecido que nunca, marcha desafiando aquel granizo de plomo y de metralla; es una fuerza misteriosa que le impele a cumplir el glorioso compromiso de su muerte; herido por segunda vez, cae desfallecido. Algunos de sus compañeros intentan salvarlo, pero el plomo enemigo ocasiona nuevas víctimas, y al pronunciarse el retroceso de los atacantes, el valiente coronel Roseti queda en poder de los enemigos, entre el montón de cadáveres. Su agonía debió ser dantesca, viendo aproximarse aquellos demonios paraguayos con sus uniformes rojos, poseídos del vértigo de sangre y sin ninguna clemencia para los rendidos o heridos. Así perdió la Patria uno de sus más valerosos servidores.
En la Imagen: El coronel Manuel Roseti rodeado por dos tenientes del 1º de Línea.
Fuentes: Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado / Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).

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jueves, 22 de septiembre de 2016

150 ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE CURUPAYTÍ

El 22 de septiembre de 1866, Bartolomé Mitre, general en jefe de la Triple Alianza, ordenó el asalto a la formidable posición fortificada enemiga de Curupaytí con 9.000 soldados argentinos y 8.000 brasileños, la flor y nata del ejército, el apoyo del cañoneo de la escuadra imperial y la cooperación de las fuerzas orientales de Venancio Flores. De toda la guerra del Paraguay ésta es la primera batalla planeada por Mitre y también la primera (y única) dirigida directamente por él

El mariscal Francisco Solano López destinó a su mejor hombre de guerra, el general Díaz, vencedor de Estero Bellaco y Boquerón, que preparó en poco tiempo la defensa del campo, cortando árboles (abatíes) dispuestos por sus enormes raíces para dentro, ocultando unas 50 bocas de fuego.
El ataque al frente terrestre de Curupaytí se iniciaría con un bombardeo de la escuadra de modo de inutilizar sus defensas y ahuyentar las fuerzas de la trinchera. Los aliados calculaban que esto se conseguiría en dos horas de fuego. Después seguiría el ataque de las fuerzas de tierra.
El ataque estaba previsto para la madrugada del día 17 de setiembre de 1866, pero se postergó por el mal tiempo reinante. Se realizó recién el día 22. A las 7 de la mañana de ese día, la escuadra brasileña se movió para tomar la colocación dispuesta por el almirante Tamandaré a fin de iniciar el bombardeo. Entre los navíos había cuatro nuevos acorazados a vapor. El fuego de la escuadra se prolongó hasta el mediodía sin resultados apreciables. Las cubiertas del terreno impedían a los artilleros efectuar correctamente sus tiros. El duelo de artillería duró cuatro horas. Los paraguayos contestaban al fuego de la escuadra logrando mantener a los buques alejados de las fortificaciones.
Más o menos al mediodía, el almirante Tamandaré suspendió el fuego contra la fortificación del frente terrestre y se concentró sobre el frente fluvial. Comenzó entonces el ataque terrestre cuya dirección estaba a cargo del general Mitre.
Las dos columnas centrales, encargadas del ataque principal sufrieron desde el primer momento un fuego intensísimo de la artillería paraguaya mientras su marcha se veía entorpecida por el terreno fangoso y las malezas. Lograron salvar los obstáculos mediante el uso de fajinas y escalas que llevaban para tal fin y se lanzaron al asalto de la trinchera principal, pero se encontraron con una laguna y una inabordable barrera de malezales que les hizo imposible continuar su avanzada. En esta marcha, sufrieron pérdidas enormes.
La tercera columna, al mando del coronel Rivas siguió avanzando a pesar de los obstáculos, pero su ataque fracasó y los pocos hombres que lograron penetrar en la posición fueron ultimados. La cuarta columna, al mando del coronel Martínez, también fue detenida al borde de la laguna y la línea de malezales.
El combate se sostenía tenazmente sin que los asaltantes lograran el menor éxito sobre las tropas paraguayas. Se acordó entonces hacer replegar simultáneamente todas las tropas comprometidas en el ataque. La retirada se efectuó en orden y a las 17hs el ejército aliado estaba de regreso en Curuzú. Una vez que se retiró el ejército, la armada hizo lo propio.
Los paraguayos salieron entonces de sus trincheras para recoger el botín abandonado por el asaltante, desnudar a los muertos y ultimar a los heridos graves.
El desastre táctico de Curupaytí reconoce como causa esencial el desconocimiento de la situación del enemigo en su posición y de las características principales del terreno, cuyas ya de por sí magníficas condiciones naturales, fueron aumentadas aún más por las lluvias y las excelentes obras defensivas que realizaron los paraguayos.
La orden de ataque se había demorado por una torrencial lluvia de varios días que dejó el terreno convertido en un pantano. Lo cierto es que cuando se lanzaron los 17.000 aliados a la carga a bayoneta sobre las fortificaciones, en avance franco y a pecho descubierto, los cañones paraguayos ocultos entre los abatíes hicieron estragos. Los infantes chapoteando barro resultaron un blanco servido para el fuego a boca de jarro de los paraguayos que ellos no veían. Cuando inexplicablemente tarde se dio el toque de retirada, el campo de batalla hecho un fangal frente a Curupaytí quedó sembrado con 5.000 cadáveres argentinos y brasileños tendidos. Las bajas paraguayas fueron 92.
El emperador debió gestionar amistosamente que Mitre volviese a su país porque en las provincias del Oeste se habían levantado nuevamente las montoneras. Nunca se supo si la insinuación de la licencia fue nada más que por alejarlo de los campos de batalla. Porque efectivamente por los llanos de La Rioja se volvía a galopar como en los tiempos de Facundo o los más recientes del Chacho Peñaloza: Felipe Varela, el Quijote de los Andes, había enarbolado su proclama revolucionaria.
En la sangrienta batalla de Curupaytí el impacto de un casco de granada le destrozó la mano derecha a un ciudadano argentino alistado hacía unos meses como voluntario. Evacuado a Corrientes, la amenaza de la gangrena obligó a amputarle el brazo por encima del codo. Se trataba de un joven dibujante y cronista de 26 años, teniente segundo del ejército, que se llamaba Cándido López. Menos de un año después cumplió su promesa de enviarle al médico que le amputó el brazo un óleo suyo fruto de una prodigiosa reeducación de su mano izquierda. El sería, a través de sus cuadros, el documentalista histórico de la Guerra de la Triple Alianza.
También, en Curupaytí perdió la vida Dominguito, hijo adoptivo de Domingo F. Sarmiento.

Curupaytí
(autor: Cayetano Silva)
Saludemos la enseña sacrosanta
Que en cien combates flameó triunfal
Cobijando los héroes inmortales
De Tuyutí, Bellaco y Humaitá.

Saludemos la enseña inmaculada
Que heroica tremoló en Curupaytí,
Cuyos campos bañaron con su sangre
Rivas Díaz, Charlone y otros mil.

Saludemos la enseña victoriosa
Que en Corrientes, Yatay y Boquerón
Nuevos lauros de gloria inmarcesible
Para el pueblo de Mayo conquistó.

Gloria eterna bandera azul y blanca
Gloria eterna a los héroes que por ti
Inmolaron sus vidas en los campos
De Tuyutí, Humaitá y Curupaytí.


Fuentes: Agenda de Reflexión Nº 221, Año III, Buenos Aires, 22 de septiembre de 2004 / Efemérides – Agrupación Patricios Reservistas / Patricios de Vuelta de Obligado.

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