domingo 18 de marzo de 2012

BICENTENARIO DEL REGIMIENTO DE GRANADEROS A CABALLO GENERAL SAN MARTIN


"De lo que mis Granaderos son capaces, solo lo sé yo. Quien los iguale habrá; quien los exceda, no." General Jose de San Martín.

El Regimiento de Granaderos a Caballo entra en la historia de la Patria al mismo tiempo que su ilustre creador el General San Martín. El 16 de marzo de 1812 marca el momento en que el Libertador, apenas llegado al suelo natal, inicia su obra con la creación de una unidad modelo, que sería su predilecta y que justificaría siempre, con creces, la confianza y el orgullo de su Jefe.Sabía el General San Martín que la grandiosa empresa de la libertad de América requería soldados apasionados por la Patria y el deber, seleccionados y disciplinados austeramente, orgullosos de su Regimiento, conscientes de su propio valor, poseedores de un alto sentido de la responsabilidad y de la dignidad humana. Soldados tales que constituyeran ejemplo sobre el cual moldear el tipo de un Ejército capaz de acometer los mayores esfuerzos.Así crecieron los Granaderos a Caballo que desde Buenos Aires a Quito, sembraron a lo largo del camino con sangre y con valor, los ideales de libertad y soberanía de los pueblos que habían surgido en los días de Mayo, a través de un decenio de constantes luchas.Desde el 03 de febrero de 1813, en el combate de San Lorenzo, su bautismo de fuego: 120 Granaderos enfrentaron con derroche de valor y sin límites a 250 bizarros españoles. En dicho combate pierde la vida el Sargento quien arriesgó su vida para salvar la del Gran Capitán, quien fue mal herido, hasta Ayacucho en 1824, el Regimiento combatió en todos los teatros de operaciones en que se luchó por la libertad y seis países americanos supieron de su valor y disciplina. En este lapso actúa en veinte campañas, sus efectivos participaron en ciento diez acciones de guerra y conquistaron 22 condecoraciones. Nuestro país le confirió los títulos de Benemérito de la Patria en Grado Eminente y a su vez Colombia los designa Benemérito en Grado Eminente.En enero de 1817 el Regimiento, formando parte del glorioso Ejército de los Andes, bajo las órdenes del Coronel Zapiola inicia la gran hazaña de atravesar la Cordillera de los Andes y libertar a Chile. El mismo año el triunfo de Chacabuco corona sus esfuerzos. En 1822, en el combate de Riobamba, donde Lavalle agrega una página más de gloria al ya extenso historial de los Granaderos, logrando la victoria. En agosto de 1824 se define la Independencia del Perú. en la Batalla de Junín, donde “Granaderos de Colombia”, “Granaderos de los Andes” y “Húsares de Colombia”, compiten con valor y arrojo, cubriéndose de heridas y gloria. En diciembre, con la derrota y rendición de las fuerzas españolas en la Batalla de Ayacucho, se cumple así el vaticinio y anhelo del Gran Capitán. Liberado Perú, América es libre.Tal fue el Regimiento de Granaderos, su historia es la de la Patria misma y su trayectoria está unida indisolublemente a la libertad del continente. Así ha podido decirse que es "la más alta personificación de la gloria militar en América" y "que con sus hechos de armas dejó trazado a su paso una este la luminosa de triunfos tan señalados, de victorias de tanta importancia, que no hay, aún hoy, en la historia de todas las fuerzas militares de las diferentes naciones que forman el mundo americano, unidad orgánica alguna que ostente un historial de servicios análogos".En enero de 1826 se cierra el ciclo glorioso y regresan a Buenos Aires los restos del Cuerpo después de 11 años de lucha, al mando del Coronel Bogado, quien fue el último Jefe del Regimiento de la primera época. Sus armas, se depositaron en el cuartel del Retiro de donde un día las habían tomado para iniciar la gesta, se guardaron en una sencilla caja de madera en la que se colocó en bronce, esta simple pero elocuente inscripción: "Armas de los Libertadores de Chile, Perú y Colombia". El Regimiento "que nunca fue rechazado y cubrió de laureles a la Patria, había hecho honor a las palabras de su glorioso Jefe "de lo que mis Granaderos son capaces sólo yo sé; quien los iguale habrá, quien los exceda no".A principios de siglo, el General PABLO RICHIERI, de su propio puño, en un documento que se atesora en el Museo de la Unidad, escribió el borrador del decreto de recreación del Regimiento que se promulgó con fecha 29 de mayo de 1903, con la firma del Presidente ROCA.La unidad volvió a utilizar el histórico uniforme que dispusiera su fundador y un tiempo después en el año 1907 y durante la Presidencia del Doctor FIGUEROA ALCORTA se le confirió la función de ser escolta presidencial, denominándoselo como Regimiento Nro 1 Granaderos a Caballo hasta que el Presidente ROQUE SAENZ PEÑA en 1909 resolvió que mantuviera su designación original.
El cuerpo tuvo asiento provisorio en Campo de Mayo, en el Regimiento 8 de Caballería luego sigue a éste a Ciudadela, donde permanecería hasta la finalización de la construcción de un nuevo edificio que tendría lugar sobre la barranca del Plata, sitio donde se construyó un edificio en una variante del Art Nouveau francés. Esto constituía una verdadera revolución estética en el mundo de fines del siglo XIX y comienzos del presente. Es una confirmación del cuidado puesto en la concepción de la obra, pues se eligió un estilo arquitectónico de vanguardia, en pleno auge, cuya elegancia despojada de adornos excesivos, se prestaba para una obra militar.En esta segunda época el Regimiento de Granaderos ha visto transcurrir casi un siglo de su existencia y ha sido testigo activo de los principales episodios políticos y militares que jalonaron la historia moderna de la Argentina.Por decreto del Poder Ejecutivo Nacional 1109 de fecha 24 de octubre de 1997 es declarado Monumento Histórico Nacional a las instalaciones del cuartel de Palermo del Regimiento de Granaderos a Caballo "General San Martín", incluyendo a los edificios, jardines, y la barranca sobre la avenida Luis María Campos, convirtiéndose así en el PRIMER Cuartel del Ejército Argentino que merece tan alta distinción.
El Regimiento de Granaderos a Caballo "General San Martín", es el Regimiento Escolta Presidencial de la República Argentina, teniendo vinculación de dependencia de la Guarnición Militar Buenos Aires por sus misiones operacionales, y en el cumplimiento de las misiones de Ceremonial y Seguridad, como una Unidad dependiente de la Presidencia de la Nación.

jueves 15 de marzo de 2012

ANIVERSARIO DEL COMBATE DE PUESTO DEL MARQUÉS


En 1817, el frente norte de las Provincias Unidas del Río de la Plata era defendido por la valiente y decidida acción de las milicias gauchas a órdenes del coronel don Martín Miguel de Güemes. Ante el avance de los realistas hacia Salta al mando del brigadier Olañeta, los gauchos jujeños y salteños hostigaron sin respiro a las veteranas tropas peninsulares provocándoles más de 300 bajas, dándose lugar a duros enfrentamientos llenos de derroche de valor. Uno de ellos ocurrió el 15 de marzo de 1817, cuando se sucedió un formidable combate entre las fuerzas de La Serna - a la sazón encerradas en Jujuy – y los patriotas gauchos al mando del bravo comandante don José Francisco Gorriti, conocido por“Pachi” Gorriti, el mejor lancero del ejército del norte, que se destacó por cargar sobre las trincheras “con el arrojo mas sorprendente” en el concepto del militar e historiador español García Camba que formaba en el ejército del Perú. Tras esta acción, los gauchos norteños fueron considerados con mucho respeto por sus adversarios, que observaron con mayor escrupulosidad las leyes de la guerra.

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miércoles 14 de marzo de 2012

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL GENERAL MANUEL SAVIO


El general Manuel Savio fue el continuador -en la década de 1930- de las tesis esgrimidas y materializadas en los años veinte, desde YPF, por el general de brigada Enrique Mosconi, que tuvo una acción destacada durante el gobierno de Yrigoyen. En la década de 1920, Mosconi viajó a Europa, donde permaneció tres años, comprobando los profundos cambios que se estaban produciendo a partir del desarrollo de las industrias químicas y de la siderurgia. Cuando regresó al país, se propuso aplicar su experiencia para desarrollar y transformar la economía nacional agro-exportadora en otra que tuviera a las industrias de base como su motor de crecimiento, ya que consideraba que no existiría seguridad ni defensa del país desvinculadas de las manufacturas. Para ello formó un plantel de ingenieros militares, convocando como profesores a los profesionales más idóneos, realizando una "movilización nacional" de carácter militar y técnica al mismo tiempo, correlacionando las posibilidades de la industria con las necesidades de la defensa. Afirmaba que "la industria del acero es la primera de las industrias y constituye el puntal de nuestra industrialización. Sin ella seremos vasallos". En 1930 Manuel Savio -teniente coronel, jefe del Curso Superior y Especial del Colegio Militar- eleva el proyecto para crear la Escuela Superior Técnica, abierta a los oficiales de todas las armas. Por una suerte de compensación histórica, el general Uriburu, que manda detener e investigar a Mosconi -creador de YPF- facilita a Savio (su continuador en otro ámbito), el medio para realizar sus planes.
A fines de 1934 egresan los primeros ingenieros militares. El 24 de diciembre de 1936 asume la dirección de Fábricas Militares, pero advierte que no funciona como debería, para lo cual eleva el 11 de mayo de 1938 al Poder Ejecutivo un proyecto de ley para crear la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM). Con ese fin actúa como un verdadero político, buscando aliados en todos los sectores, convenciéndolos de sus beneficios para el país. El 9 de octubre de 1941 se promulga dicha ley, que además lo autoriza a realizar exploraciones y explotaciones tendientes a la obtención de cobre, hierro, plomo, estaño, manganeso, wolframio, aluminio y berilio. Además del desarrollo de un programa de prospección geológico-minera en la Antártida Argentina. "Es un error el haber estructurado 'a priori' nuestra economía, posponiendo arbitrariamente a los metales con respecto a los cereales", afirmaba. Luego propuso buscar yacimientos de hierro en el país. Los encontró en las serranías de Zapla (Jujuy). Los informes corroboran que el yacimiento es una cuenca sedimentaria de hematita cuya potencia visible asegura grandes reservas y justifica sobremanera la inversión necesaria para emplazar un "Alto Horno". Se inicia inmediatamente la "gesta Zapla" cuando el país sufre el bloqueo de los grandes consorcios. Savio intenta formar una "conciencia metalúrgica", apelando a los industriales, y recordando que la fábrica argentina de carburo de calcio debió cerrar por el "dumping" del exterior. Afirma en la ocasión: "La industria siderúrgica es fundamental, es primordial, la necesitamos como hemos necesitado nuestra libertad política". El 11 de octubre de 1945 (en plena evolución de los episodios militares que favorecieron la marcha del 17 y la posterior elección del entonces coronel Juan Domingo Perón) se produce la primera colada de hierro fundido hecha con materias primas nacionales. Poco después entrega al presidente Farrell -en enero de 1946- su Plan Siderúrgico Nacional (Ley 12.987 o "Ley Savio"), que es sancionada el 13 de junio de 1947 -durante la primera presidencia de Perón- con el apoyo tanto del justicialismo como del radicalismo. Así se origina SOMISA (Sociedad Mixta Siderurgia Argentina), cuyos altos hornos son emplazados en terrenos elegidos por el propio Savio en los márgenes del arroyo Ramallo, en las cercanías de San Nicolás. Como presidente de su directorio renuncia a sus honorarios, pero no alcanza a ver concluídos sus sueños, debido a que muere el 31 de julio de 1948, a los 56 años. El Gobierno -a pesar del asedio de los oficiales que sucedieron a Savio- prácticamente olvidó los planes siderúrgicos, y hubo que aguardar hasta 1960 para ver inaugurada a SOMISA y hasta el 5 de mayo de 1961 para presenciar la primera colada de acero nacional. Por ello se instituyó, con justicia, al 31 de julio como "Día de la Siderurgia".
Fuente: www.todo-argentina.net

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martes 13 de marzo de 2012

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN


Hijo de un comerciante francés, no pudo terminar sus estudios y en 1795 fue enviado a Cadiz, España para asumir las responsabilidades del negocio de la familia después de la muerte de su padre. Pasó los años siguientes viajando por Francia y España.
Regresó a su ciudad natal en 1805, habiendo ya reunido una fortuna considerable como comerciante. Al producirse la primera de las invasiones inglesas en 1806, dirigidas por el General Beresford y el comodoro Sir Popham, se dirigió al campo y reunió un ejército voluntario que entrenó para recobrar la ciudad, junto a otros oficiales como Martín Rodriguez y Cornelio Zelaya. Cuando los ingleses se enteraron de sus actividades, lo atacaron en la Chacra de Perdriel (actualmente Partido de General San Martín), derrotándolo. Sin embargo, lo exiguo de la derrota dejó en claro que se podía derrotar a los invasores con mayores fuerzas. Se unió al ejército que trajo de Montevideo el también francés Santiago de Liniers y participó con él en la llamada Reconquista de Buenos Aires, el 12 de agosto.
Fue el primer comandante del regimiento de Húsares de Buenos Aires, que muy pronto quedó en manos de Rodríguez. A fin de año, el Cabildo de Buenos Aires lo nombró su representante ante el gobierno de Madrid para pedir ayuda, ya que la flota inglesa aún controlaba el río. No consiguió absolutamente nada.
Al producirse la invasión francesa a España, regresó a Montevideo en enero de 1809, pero fue arrestado por orden del gobernador Francisco de Elío, enemigo del virrey Liniers. Logró fugarse y llegó a Buenos Aires, donde intentó convencer a Liniers que no entregara el mando al nuevo Virrey, Baltasar Cisneros; sólo consiguió un nuevo arresto. Huyó por segunda vez, y viajó a Río de Janeiro, actuando como mensajero del partido carlotista, con lo que tampoco logró resultado alguno
En junio de 1810 llegó a Buenos Aires, donde se enteró del estallido de la Revolución de Mayo y se puso a disposición del nuevo gobierno. Poco después fue nombrado gobernador de Córdoba. Tras el fusilamiento de Liniers, llevó la tranquilidad a la ciudad por medio de una amnistía. Apoyó al Ejercito del Norte y envió al Deán Funes como diputado a la Junta Grande. En enero de 1811 asumió como gobernador de Chuquisaca, donde estaba cuando se produjo la derrota en la batalla de Huaqui.
Tomó el mando del Ejército y dirigió la retirada hacia el sur. Al pasar por Potosí se llevó toda la plata amonedada y sin acuñar que encontró, salvando los únicos caudales de que disponía el gobierno. En septiembre fue nombrado oficialmente comandante del Ejército del Norte, pero su papel fue muy deslucido; fue reemplazado por Manuel Belgrano en marzo del año siguiente y regresó a Buenos Aires.
Apenas llegado a la capital fue nombrado miembro del Primer Triunvirato en reemplazo de juan Jose Paso. El gobierno era dirigido por el ministro Bernardino Rivadavia, y su actitud hacia la revolución era, como mínimo, tibia. Encargó al recién llegado José de San Martín la formación del Regimiento de Granaderos a Caballo y detuvo la masacre de españoles que siguió a la denuncia de conspiración contra Martín de Álzaga.
Al llegar la noticia de la victoria de Belgrano en la Batalla de Tucumán, el Triunvirato fue acusado de debilidad, ya que ésta había sido logrado en contra de las órdenes del gobierno. Un golpe de estado obligó al cabildo a nombrar un Segundo Triunvirato.
Rivadavia y Pueyrredón fueron desterrados. Terminó confinado en San Luis, donde se dedicó al comercio y la agricultura. A fines del año siguiente, recibió la visita de San Martín, que lo convenció de la conveniencia de reconquistar Chile y desde allí hacer una campaña naval al Perú.
Regresó a Buenos Aires a principios de 1815, y se instaló en una quinta en San Isidro. En enero del año siguiente fue electo diputado por San Luis al Congreso de Tucumán; a poco de llegar, éste lo nombró Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Antes de partir hacia la capital se entrevistó con el General Martin Miguel de Güemes y luego, en Córdoba, con San Martín, con quien ajustaron todo el plan de la campaña a Chile. De allí en más, la mayor parte de sus esfuerzos estuvieron concentrados en apoyar el plan de liberación continental de San Martín.
Envió al Ejército de los Andes todo el armamento y las tropas que pudo, además de algunos oficiales destacados. Por otro lado, envió en campañas de corso alrededor del mundo a los Capitanes Hipólito Bouchard y Guillermo Brown. Su papel en la liberación de Chile fue muy destacado, y también colaboró en lo que pudo a la organización del ejército que debería reconquistar Perú.
Su gobierno interno no tuvo ese brillo: entre sus numerosas iniciativas fracasadas estuvieron el avance de las fronteras hacia el sur, la fundación de un banco nacional, y varios repetidos intentos de coronar a un príncipe europeo como rey de su país.
Persiguió a la oposición, desterrando a varios de sus dirigentes, entre ellos Manuel Dorrego, Vicente Pazos Kanki, Feliciano Chiclana, Manuel Moreno, Miguel Pagola y varios más. Reorganizó la Logia Lautaro que había gobernado entre 1812 y 1815 a través de Carlos María de Alvear y la puso al mando de su ministro Gregorio García de Tagle.
Después de la invasión portuguesa, reemplazó al gobernador federal de Córdoba por uno adicto, y envió una serie de invasiones a las provincias federales del litoral: dos campañas contra Santa Fe, tres contra Entre Rios y una contra la Banda Oriental. Explicó a Artigas que no podía afrontar los gastos de expulsar a los portugueses porque todos los recursos iban al Ejército de los Andes; pero si pudo lanzar tantos soldados contra las provincias opositoras, bien habría podido intentar algo contra el enemigo exterior. De hecho, al menos uno de los ejércitos que invadió Santa Fe era más numeroso que el Ejército de los Andes.
Y aún así, no consiguió doblegar la resistencia federal del litoral, que resistía aún a mediados de 1819. Ese año, poco después de jurar la nueva constitución, renunció al cargo.
En su lugar fue electo José Rondeau, que continuó su política y presidió su fracaso. A principios de 1820 caían el Directorio, el Congreso y la constitución, y las provincias se declaraban autónomas del poder central. El gobernador Manuel de Sarratea lo hizo arrestar por exigencia de los caudillos federales, para enjuiciarlo por traición a la patria por sus invasiones a las provincias y por el apoyo a la invasión portuguesa. Pero, horas después, el mismo Sarratea lo ayudó a escapar, terminando exiliado en Montevideo, bajo protección portuguesa.
Regresó a Buenos Aires en marzo de 1821, y dos años después su esposa Calixta Tellechea y Caviedes — hija de uno de los ajusticiados de 1812 — le daba su único hijo, el famoso pintor e ingeniero civil Prilidiano Pueyrredón, nacido en Buenos Aires el 24 de enero de 1823.
Durante los años siguientes jugó sólo un papel de menor importancia en la política; el presidente Rivadavia lo acusó de falsear su declaración de bienes, pero poco después lo nombró miembro de la Comisión Militar encargada de la reforma del ejército. En 1829 intentó sin éxito mediar entre el General Juan Galo de Lavalle y Juan Manuel de Rosas; al iniciarse el segundo gobierno de éste, en 1835, se exilió en Burdeos, Francia, en Río de Janeiro y en Paris.
Regresó en octubre de 1849 a San Isidro, y allí murió en marzo del año siguiente. Sus restos mortales descansan en el Cementerio de la Recoleta de la Ciudad de Buenos Aires.

lunes 12 de marzo de 2012

ANIVERSARIO DE LA ADOPCION DEL ESCUDO NACIONAL ARGENTINO


Se conmemora el Día del Escudo Nacional, símbolo de nuestra identidad, que fue creado por la Asamblea Constituyente del año XIII.

Desde que se instaló la Primera Junta en 1810, en todos los documentos oficiales y actos gubernamentales se utilizaban las mismas “armas reales” (dibujo a modo de escudo) que durante el virreinato, hasta que fueron sustituidas por el Escudo Nacional, el 12 de Marzo de 1813, adoptado por la Asamblea General Constituyente.

La Asamblea encomendó al diputado por San Luis, Agustín Donado, que se encargara de la elaboración de un sello oficial destinado a legitimar sus resoluciones, para reemplazar al utilizado durante el gobierno virreinal. Donado confió el trabajo a un reconocido grabador de la época: Juan de Dios Rivera. Por otra parte, se ignora quién hizo los dibujos originales, aunque algunas versiones dan a Bernardo de Monteagudo como su gestor.

El sello finalmente adoptado por la Asamblea de 1813 da origen al Escudo Nacional Argentino. Ello se desprende de las evidencias y del indisimulable parecido entre ambos, aunque no se conoce decreto ni resolución alguna que imponga la adopción de dicho sello como símbolo patrio. De todos modos se estima que esta medida pudo haber sido tomada en las primeras sesiones de la Asamblea (que se instaló el 31 de enero de 1813), pues se conservan dos cartas de ciudadanía expedidas por aquélla el 22 de febrero, en las que aparece por primera vez el escudo estampado en un sello de lacre. Una de ellas (que se encuentra guardada en el Museo Histórico Nacional) fue extendida a favor de don Antonio Olavaria, mientras que la otra fue otorgada al extranjero don Francisco de Paula Saubidet.

El 12 de marzo de 1813 aparece la primera mención oficial expresa acerca del sello. La sesión de ese día dice: “Hecha una moción en este día por uno de los ciudadanos representantes para que se designe al Supremo Poder Ejecutivo el sello que debe usar en sus diplomas y contestaciones oficiales, se acordó por unanimidad de votos lo siguiente: La Asamblea General Constituyente ordena que el Supremo Poder Ejecutivo use el mismo sello de este Cuerpo Soberano, con la única diferencia que la inscripción del círculo deberá ser “Supremo Poder Ejecutivo de las Provincias Unidas del Río de la Plata”’.

Así quedó instituido nuestro actual escudo, y tiempo después se fijó el Día del Escudo Nacional (el 12 de marzo), en conmemoración de aquella trascendente jornada.

Significado

Las formas del Escudo Nacional representan gloria, unión y libertad, tres de los ideales básicos soñados con el nacimiento de la nueva Nación.

Parte por parte.

El óvalo: está dividido por una línea horizontal en la parte media, y los colores nacionales –azul y blanco- constituyen los dos cuarteles del escudo.

El Sol: figurado hasta tener rostro, el Sol naciente sobre el extremo del campo superior simboliza el nacimiento de la nueva Nación. Posee veintiún rayos visibles, diez de ellos flamígeros (es decir, con forma de llama) y los once restantes rectos.

Los brazos: Ingresan desde ambos flancos del cuartel blanco, inclinados elevándose hacia el centro a 45º sobre la horizontal. Las manos diestras se encajan en forma de apretón en el cuadro inferior del óvalo, sosteniendo la pica. Representan la unión de los pueblos de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

La pica: es una especie de lanza corta que representa el propósito de sostener la libertad (simbolizada en el gorro frigio) con las armas si fuera necesario.

El gorro: es el símbolo de la libertad. Aunque su nombre es en realidad “gorro de gules”, suele ser comúnmente llamado “frigio” por ser semejante al usado por los frigios, que adoptaron luego como emblema de libertad los revolucionarios franceses de 1783 y posteriormente los republicanos españoles. Los frigios eran un pueblo de la antigua Asia Menor, de civilización adelantada, que constituyeron un pueblo independiente en tiempos de Midas (último rey de Frigia) a fines del siglo VII a.C., cuando fueron destruidos por los cimerios.

Los laureles: son símbolos de victoria y triunfo, y evidencian la gloria militar adquirida en Suipacha y en Tucumán. La rama izquierda posee veintitrés hojas en el lado interior y veinticinco en el exterior. La derecha, veintiuna en el interior y veinte en el exterior.

La cinta: en forma de moño, entrelaza con los colores de la Bandera Nacional los laureles que bordean el escudo.
En la Imagen: Sable de Caballeria

Fuentes: www . revisionistas.com.ar / Oscar J. Planell Zanone / Oscar A. Turone – Agrupación Patricios Reservistas / Patricios de Vuelta de Obligado.

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domingo 11 de marzo de 2012

ANIVERSARIO DEL COMBATE DE MARTIN GARCIA


La isla Martín García fue descubierta en 1516 por Juan Díaz de Solís, quien había partido de España un año antes, al mando de una flota integrada por tres naves, Portuguesa, Latina y Menor, tripuladas por unos 60 hombres, con la intención de hallar un paso entre el Océano Atlántico y el Pacífico.
En 1516 Solís arriba al Río de la Plata y el 2 de febrero de ese año, desembarca en una ensenada, Maldonado o Montevideo, a la que llamó Puerto de la Candelaria. Unos días después, continuando su viaje río arriba, muere su despensero, Martín García, frente a una isla en medio del río y decide enterrarlo allí, bautizando a la isla con su nombre.
La isla fue siempre un punto estratégico para mantener el control del Río de la Plata. Fue escenario de combates y luchas, especialmente en la guerra por la independencia.
En 1813 la isla continuaba en poder de los españoles, con una guarnición de 70 hombres. El 7 de julio de ese año, un grupo de 13 soldados patriotas al mando del Teniente José Caparroz, sorprende a los españoles, los dispersa y se apodera de 3 cañones y armamento portátil como trofeo, y luego se retira de allí. Luego de esto, en noviembre, el Capitán de Navío español, Jacinto de Romarate, fortifica la isla con una flota de 19 embarcaciones con el objeto de tener una base de ataque a Colonia del Sacramento que estaba ocupada por los patriotas.
En 1814 nuestra escuadra naval, comandada por el Teniente Coronel Guillermo Brown, estaba constituida por las siguientes naves: la nave insignia fragata Hércules (Comandante Sargento Mayor Elias Smith), la corbeta Zephir (Comandante Sargento Mayor Santiago King), el bergantín Nancy (Comandante Sargento Mayor Richard Leech), la goleta Juliet (Comandante Teniente Coronel Benjamin Franklin Seaver oriundo de EE.UU),la goleta Fortunata (Comandante John Nelson), el falucho San Luis (Comandante Sargento Mayor John D. Handel) y la balandra Carmen (Comandante Miguel Samuel Spiro de origen griego).
Estos bravos hombres tuvieron la difícil misión de enfrentar a la experimentada flota española comandada por el Capitán vizcaíno Jacinto de Romarate. Los españoles poseían una flota de 9 barcos armados con cañones de a 18 y 24 y, para peor, tenían apoyo de las baterías terrestres asentadas en la isla. Ambas fuerzas se encontraron el 11 de Marzo de 1814 en un feroz combate cerca de la isla de Martín García cuyo resultado final fueron 45 marineros muertos y 50 heridos.
Entre los fallecidos se contaban los Comandantes Benjamín Server y Elias Smith, el Jefe de las tropas embarcadas Capitán Martín de Jaume, el Teniente Segundo Robert Stacy, el grumete Edward Price, los marineros Richard Brook y William Russell y el cocinero Peter Brown. Bernard Campbell, quien era el Cirujano en Jefe, tuvo momentos muy difíciles debiendo tratar a los heridos con medios asistenciales inadecuados. Entre los heridos se encontraban el mayordomo Tomas Richard y los marineros James Stone, Henry Harris, Elsey Miller y Anthony O’Donnell. Al final del día Brown se encontraba varado y su nave insignia presentaba 82 impactos en el casco. La Hercules con sus velas y aparejos destrozados pudo zafar aprovechando la marea y maniobrando por el Banco de las Palmas. A la Hércules se le colocaron láminas de plomo por debajo de la línea de flotación y su casco fue cubierto con cueros y brea. De aquí su apodo de Fragata Negra.
El día 14 Brown recibió un refuerzo de 45 Dragones desde la Colonia del Sacramento comandados por el Teniente Primero Pedro Oroná. A las 08.00 PM, nuestras naves se aproximaron cautelosamente a la isla Martin Garcia y fondearon media milla al sudeste frente a Puerto Viejo. Al día siguiente, a las 02.30 AM Brown ordenó el desembarco de 240 hombres transportados mediante 8 barcazas. Nuestras fuerzas subían el cerro cuando recibieron un fuego granado por parte de las fuerzas españolas. El avance patriota hubo de detenerse a medida que los hombres iban cayendo.
Fue en ese momento crítico que Brown ordenó al ejecutor del pífano y tambor que tocaran Saint Patrick’s Day in the Morning (marcha que fuera oficialmente incorporado al repertorio de la Armada Argentina en 1977).
Tengamos presente que, si bien nuestras primeras tripulaciones estaban compuestas por 12 diferentes nacionalidades, la mayoría de ellas eran de origen irlandés, de forma tal que esta tonada tocada en el Día de San Patricio actuó como un estimulo de la moral. El avance de nuestras tropas se renovó así con gran espíritu siendo el fuerte atacado a bayoneta calada.Los españoles se vieron sobrepasados y hubieron de rendirse. Las naves realistas levaron anclas enfilando hacia el río Uruguay (siendo perseguidos por las naves de Brown ) y dirigiéndose a la ciudad fortificada de Montevideo. Ese día el Teniente Jones de la Zephyr hizó nuestra insignia en la isla.
Este es el acto más trascendental de la historia de la isla, pues con él nuestro país adquiere de hecho la soberanía de la isla Martín García.
La batalla de Martín García fue el comienzo de la campaña de los cien días, liderada por Guillermo Brown, que aniquiló el poder naval del Rey de España en el Río de la Plata.


Fuentes: Arguindeguy, Pablo E. -Apuntes sobre los buques de la Armada Argentina (1810-1970)-Tomo I, 1972. / Bruce, George and Emmett, Daniel D. The Drummers’ and Fifers’ Guide New York, 1862Carranza, Angel J. –Campañas Navales de la República Argentina-2da Edición-Departamento de Estudios Navales de la Secretaría de Marina, Buenos Aires, Argentina. / www. revisionistas.com.ar / Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado / Memorias del Almirante Guillermo Brown sobre las operaciones navales de la Escuadra Argentina de 1814-1828-Biblioteca del Oficial de Marina- Vol XXI-Año 1936, Buenos Aires, Argentina. / Piccirilli, Ricardo y Gianello, Leoncio-Biografías Navales-Secretaría de Estado de Marina, Bs. As., 1963.
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sábado 10 de marzo de 2012

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE TACUARÍ


El 9 de marzo de 1811 se produce la Batalla de Tacuarí. Tropas argentinas al mando del General Belgrano, que permanecían en la Provincia del Paraguay después de la derrota de Paraguary, combaten contra el ejército realista comandado por el General Cabañas. La disposición de los argentinos, dispuestos a morir antes que a rendirse, hizo que se les ofreciera una capitulación honrosa exigiéndoseles que se retiraran del Paraguay con sus armas y bagajes.
Al estallar la Revolucion de Mayo en Buenos Aires, la Primera Junta de Gobierno invitó a las demás ciudades y provincias del mismo a unirse a la Revolución. Pero todo gesto en el sentido de conservar los gobiernos anteriores a la Revolución fue interpretado como hostil; en consecuencia, se ordenaron dos campañas militares para combatir a la resistencia, uno al Alto Perú y otro al Paraguay, cuyo gobernador español, Bernardo de Velasco, se había negado a reconocer a la Junta y había recibido el apoyo del Cabildo de Asuncion. Al mando de la campaña al Paraguay fue puesto Manuel Belgrano, miembro de la Junta que llevaba apenas 700 hombres, la mitad de ellos sin experiencia militar. No obstante, la prudente estrategia de Velasco lo llevó hasta Paraguarí, cerca de Asunción, donde logró derrotarlo con relativa facilidad.
Obligado a retroceder, Belgrano se dirigió hasta el río Tebicuary, donde se le unieron 400 hombres de las milicias guaraníes de Yapeyú y algunas compañías del Regimiento de Caballería de la Patria (ex Blandengues). Según anota en sus Memorias, los paraguayos no lo persiguieron, y así pudo continuar su retirada hasta el poblado de Santa Rosa. Allí recibió noticias de que se agravaba la situación en la Banda Oriental, por lo cual la Junta le ordenaba concluir pronto la campaña de Paraguay para atender al nuevo teatro de operaciones. A su vez, Belgrano pidió refuerzos y decidió detener la retirada en el río Tacuarí y resistir allí. Confiaba en poder mantener esa posición, siempre que Buenos Aires le mandara los refuerzos pedidos.La ayuda enviada por la Junta fue una pequeña escuadra naval para remontar el río Paraná y auxiliar a Belgrano. Pero esta flotilla, compuesta de tres pequeños buques mandados por Juan B. Azopardo fue vencida el 2 de marzo frente a San Nicolás. De modo que Belgrano quedó solo.
Los paraguayos avanzaron detrás de Belgrano, esperando que éste se retirara sin combatir después del desastre sufrido en Paraguarí. La vanguardia estaba al mando de Fulgencio Yegros y el grueso de las tropas al mando del general Manuel Cabañas, sumando en total unos 2.000 hombres, a los cuales se sumó un refuerzo de tres piezas de artillería y 400 soldados más.

Operaciones militares en territorio paraguayo (diciembre 1810-marzo 1811)

Velazco había comunicado por carta a Cabañas el 29 de enero:

“Expulsarlos a la otra Banda del Paraná o más allá debe proporcionarnos la vía de comunicación con Montevideo y Portugal”

Las fuerzas paraguayas que formaban la división al mando de Cabañas totalizaban 1.400 hombres y 10 piezas de artillería. Cabañas comandaba directamente 1.000 hombres que se conformaban por un destacamento al mando del comandante Blas José de Rojas, 200 hombres de Villarrica que contaban con 7 piezas de artillería, la vanguardia al mando del comandante Fulgencio Yegros con 2 escuadrones de caballería (milicias urbanas de la Cordillera, Villarrica, Villa Real de Concepción y Caazapá) y 5 compañías de infantería (las 4 primeras llamadas de cuarteleros) al mando de: capitán Pedro Juan Caballero, capitán Antonio Tomás Yegros, comandante García, comandante José Mariano Recalde y sub teniente Pedro Pablo Miers, respectivamente. Estas fuerzas se completaban con 400 hombres al mando del comandante Juan Manuel Gamarra con tres piezas de artillería. La artillería estaba al mando del comandante Pascual Urdapilleta.

En la mañana del 7 de marzo se produjo la concentración de las tropas paraguayas con la llegada de las fuerzas de Gamarra a la margen derecha del río Tacuary. Cabañas escribió ese día a Velazco:

“(...) estoy resuelto desde mañana a comenzar mis hostilidades al enemigo y no darle cuartel hasta el sábado en que pienso meterlo dentro de tres fuegos (...) [el plan] es pasar por un puente (...) cuatro piezas de artillería y mil hombres y atacarlos de improviso si es posible de aquella parte y enfrente (...) [apoyados] los fuegos de la falúa y dos botes que tengo apostados en la boca del Tacuary.”

El 8 de marzo se terminó de construir un puente sobre el río y comenzaron a pasar las tropas paraguayas. El 9 de marzo, los paraguayos atacaron de frente la posición de las fuerzas de Belgrano. Éste se hizo fuerte detrás del río Tacuarí, obligando a las fuerzas de Cabañas a salvar el río bajo fuego enemigo. Pero Cabañas dejó sólo una parte de sus fuerzas, incluida toda la artillería, en esa posición, y avanzó por una picada a través de la selva. Por una senda abierta especialmente para esta operación, Cabañas atacó de costado al ejército porteño. El coronel Machain se desplazó hacia el costado para repelerlo, pero fue rodeado por la caballería paraguaya y obligado a rendirse. Entonces Belgrano dejó apenas unos pocos hombres en su posición defensiva y marchó en ayuda de Machain. Al mando de los defensores del paso del río quedó el mayor Celestino Vidal, que quedó casi ciego por un cañonazo. Aun así logró derrotar a los atacantes, usando como lazarillo a un niño, tambor del ejército. Éste siguió tocando, animando a los soldados y transmitiendo las órdenes de su jefe, hasta que fue alcanzado por el fuego enemigo y cayó muerto. El llamado Tambor de Tacuarí, de nombre Antonio Ríos, se convertiría con el tiempo en leyenda militar de la Argentina.

Belgrano se negó a rendirse ante el requerimiento de Cabañas, y se mantuvo en una firme resistencia, que obligó a los paraguayos a detener su avance. Rápidamente, Belgrano retrocedió con lo que quedaba de su ejército hasta una loma cercana. Desde allí envió una comunicación a Cabañas, en que le decía que:

"las armas de Buenos Aires han venido a auxiliar y no a conquistar al Paraguay. Pero, puesto que rechazan con la fuerza a sus libertadores, he resuelto evacuar la provincia, repasando el Paraná con el Ejército de mi mando…"

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