jueves, 5 de julio de 2018

ANIVERSARIO DE LA TOMA DE LA ISLA MARTIN GARCIA

El día 6 de julio de 1813 se produce el desembarco en la Isla de Martín García.
El Río de la Plata era de muy difícil navegación por los extensos bancos de arena que lo reducían al cabotaje de escaso calado o forzaban el uso de los pocos canales naturales existentes, sujetos por otra parte a las variaciones productos de la sedimentación y de los vientos cambiantes. La Isla Martín García controla el canal oeste, llamado Martín García o Buenos Aires, que por su relativa profundidad era paso obligado para cualquier nave que con un calado tan escaso como de 2 o 3 metros quisiera acceder a los ríos interiores, sea al Paraná por sus brazos de las Palmas o del Guazú o al Uruguay, cerrado por el oeste por el extenso banco de las Palmas o Playa Honda.
En una audaz operación de desembarco, un destacamento de 18 soldados al mando del Teniente de Dragones de la Patria –los Dragones eran soldados de infantería montada- José Caparroz, atacan la guarnición española de la isla de unos 70 hombres, quienes huyen ante la acometida patriota. Todas las municiones encontradas en las fortificaciones de la isla fueron embarcadas y conducidas como botín de guerra a Buenos Aires.
En la imagen: Regimiento de Dragones de Buenos Aires. Capitan Segundo.

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miércoles, 4 de julio de 2018

ANIVERSARIO DEL RECHAZO DE INTIMACIÓN DE RENDICIÓN DE BUENOS AIRES

El día 4 de julio de 1807 se produce el avance de fuerzas británicas en la ciudad de Buenos Aires. Las mismas logran ocupar varias calles y zonas de la ciudad. El General Whitelocke intima nuevamente la rendición a las fuerzas que defendían la ciudad, comandadas por el Brigadier General Santiago de Liniers y Bremond y por Don Martín de Alzaga, quienes rechazan nuevamente la intimación.
El General Sir John Whitelocke, comandante de las tropas inglesas desembarcadas en la ensenada de Barragán, desde su puesto de comando instalado en la quinta del comerciante norteamericano Guillermo Pio White, intimó rendición a Buenos Aires por segunda vez. El Brigadier Santiago de Liniers, repuesto tras la derrota sufrida en el combate de Miserere y a cargo ahora de la defensa de la plaza, la rechazó diciendo: “...mientras tenga municiones y exista el mismo espíritu que anima a toda esta guarnición y vecindario, jamás admitiré propuesta alguna de entregar el puesto que me está confiado, muy persuadido de que me sobran medios para resistir a todos los esfuerzos que V.E. haga para vencerme. Los derechos de la humanidad que reclama V.E., cualquiera que sea la definición de esta contienda, me parece que serán más bien vulnerados por V.E. que es el agresor, que por mí, que no pienso más que en cumplir con lo que me prescribe mi honor y el justo derecho de represalia.”
Fuente: Ejercito Argentino.

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martes, 3 de julio de 2018

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE APÓSTOLES

En junio de 1817, Andrés Guazurary había establecido su Cuartel General en el pueblo de Apóstoles, meses antes saqueado y destruido por la invasión portuguesa y brasileña dirigida por el comandante Francisco das Chagas Santos. Andrés Guazurarí, conocido por su pueblo como Andresito, comenzó la organización de las fuerzas misioneras con la finalidad de contrarrestar las invasiones de los portugueses. La concentración de las fuerzas misioneras en Apóstoles exacerbó los ánimos del comandante portugués Francisco das Chagas Santos, quien decidió organizar una nueva invasión a Misiones con el objetivo de atacar a los misioneros que se hallaban concentrados en Apóstoles.

A fines del mes de junio del año 1817 una fuerza portuguesa compuesta por 800 hombres pertenecientes al Regimiento de Dragones de Río Pardo y a la Infantería de Santa Catalina, comandados por el Brigadier Francisco das Chagas Santos, el Mayor José María da Gama, el Capitán Alexandre José de Campos y el Alférez Antonio de Souza Coutinho, cruzaron el río Uruguay y se dirigieron hacia Apóstoles. Eran en su mayoría soldados veteranos, gran parte de ellos se habían formado en las guerras napoleónicas de Europa. Ante el avance decidido de los portugueses los gauchos que habitaban las chacras y estancias se fueron replegando junto a sus familias hacia la guarnición de Apóstoles, uniéndose a los guaraníes.
Composición de las Tropas Misioneras
Las tropas de Andresito estaban compuestas por los sobrevivientes de las matanzas realizadas por los portugueses en San Carlos, San José, Concepción, Santo Tomé, La Cruz, Mártires, San Javier, Apóstoles y otras tantas reducciones de Misiones, durante los meses de enero y febrero de 1817. Eran el mismo pueblo, integrado por indios guaraníes y criollos habitantes de la campaña adyacente a los pueblos.
La Batalla
Al amanecer del día 2 de julio el enemigo se presentó en formación de batalla en las afueras del pueblo, hacia el Este, sobre la margen izquierda del arroyo Cuñamanó, dispuesto a iniciar el ataque. Los misioneros decidieron salir a enfrentarlos enarbolando una bandera roja. El enfrentamiento se produjo a media legua del pueblo. Los gauchos y guaraníes fueron rechazados al no lograr quebrar la línea de artillería de los portugueses y se replegaron hacia el pueblo, fortificándose en los patios de talleres, residencia y en el templo. Entonces los portugueses, a media mañana, comenzaron el asedio del pueblo. Dice textualmente el parte de batalla redactado por el Brigadier Das Chagas Santos:
“El escuadrón de la izquierda rompió el fuego tomando los costados del cementerio y la huerta. El de la derecha ganó al galope el portón del segundo patio y por el centro atacó nuestra infantería, que luego tomó la bandera encarnada siendo muerto su portador y atacando a los gauchos, huyeron éstos para la plaza y acosados por nuestra fusilería corrieron por el patio del colegio, cuyo portón cerraron guarneciéndose adentro con sus tiradores; así como por las ventanas de la iglesia de donde nos habían iniciado fuego. Al mismo tiempo, los milicianos de la derecha habían forzado el portón del segundo patio debajo del fuego de los gauchos, que precipitadamente corrieron para el primer patio, en que hubo mucho fuego de ambas partes.”
Mientras la batalla se desarrollaba, una torrencial lluvia se abatía sobre el pueblo, lo que tornaba más confusa e indecisa la situación. La batalla llegó a una resolución a las 3 de la tarde, momento en que entró en escena el Comandante Andrés Guazurary al frente de un cuerpo de caballería compuesto por doscientos hombres. Llegaba al galope desde el vecino pueblo de San José con este importante auxilio. Das Chagas intentó detenerlo y mandó al capitán de granaderos José María da Gama junto a 120 hombres para que rechazara a Guazurary a las afueras del pueblo. Los doscientos lanceros guaraníes de Andresito arrollaron en su marcha a la columna portuguesa del capitán da Gama y cayeron violentamente sobre los portugueses que atacaban al pueblo. El combate, en medio de la lluvia y el barro, se volvió terrible. Las cargas de los fusiles estallaron y los choques del acero de las lanzas, los facones y los sables, se mezclaron con sapucays (típico grito de coraje o de alegría originado en la cultura guaraní) de coraje y gritos de dolor. Los lusobrasileños comenzaron a perder terreno, hasta que el mismo brigadier das Chagas fue herido en el hombro derecho. Entonces comenzó la retirada de los invasores, y la implacable persecución de los gauchos y guaraníes misioneros se convirtió en un azote para los portugueses y brasileños hasta que lograron repasar el río Uruguay.
Consecuencias
Al anochecer de aquel 2 de julio la Batalla de Apóstoles concluía con una victoria rotunda de las fuerzas del comandante Andrés Guazurary y sus lugartenientes y subordinados como: Pantaleón Sotelo, Nicolas Alipi, Nicolás Cristaldo, Francisco Javier Sití, Blas Basualdo y el apostaleño Caqpitán Matías Abucú. 
La Batalla de Apóstoles no constituyó un hecho aislado. Es un episodio crucial que llena de gloria a las campañas militares del comandante Andresito, desarrolladas en el transcurso de los años 1815 y 1819. Forma junto a la Batallas de Candelaria, San Carlos, Saladas, Lomas de Caa Catí, San José, la pura expresión de la lucha desatada por el pueblo misionero contra la dominación extranjera y la defensa de los principios de la Libertad y la autonomía. Las bajas de las tropas al mando de Andrés Guazurary se calculan en 84 misioneros gauchos y guaraníes.
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lunes, 2 de julio de 2018

ANIVERSARIO DE LA HEROICA DEFENSA DE BUENOS AIRES

En la noche del día 2 de julio de 1807, al conocerse las noticias de la derrota de Santiago de Liniers en Miserere, el alcalde de Buenos Aires, don Martín de Álzaga, se hizo cargo de la defensa, para lo cual ordenó concentrar la artillería en las bocacalles de la ciudad formando un reducto central, con el fuerte y la plaza. Se hicieron barricadas y trincheras con tercios de yerba en las arterias que daban a la plaza, colocando en ellas los cañones que se mandaron traer de las baterías preparadas en la ribera de la ciudad. Se establecieron también una línea de cantones avanzados. Este plan obedecía al presentado el 20 de abril del mismo año por el teniente coronel ingeniero Doblas y que había sido rechazado por Liniers, que prefería una batalla a campo abierto.
Fuente: Ejercito.
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domingo, 1 de julio de 2018

ENTRE VALIENTES

En lo más empeñado de la batalla de Boquerón, una de las mas sangrientas de la campaña del Paraguay, en los precisos momentos en que el bravo Ivanowsky, con una mano destrozada, arengaba a sus milicianos del Batallón Mendoza- San Luis, y caía al frente de sus soldados, Giuffra, del Batallón Córdoba, y cuando la victoria permanecia indecisa, sin inclinarse a ninguno de los dos campos, el coronel Mateo Martinez, cuyo admirable valor  ha hecho de él un soldado legendario, trató de remediar la crítica situación de su cuerpo por medio de uno de esos actos de heroísmo, que siempre tienen la virtud de caldear el alma del soldado argentino.
Acercose al abanderado y le pidió la enseña del regimiento para iniciar una última y decisiva carga, pero el joven oficial, consciente de su deber, le contestó firme y sereno:
- Iré donde vaya la bandera, y mi mayor gloria será mancharla con mi sangre. ¿Dónde quiere que la clave?
- Allí- le contestó Martinez, señalando con la punta de la espada el parapeto de la trinchera que le cerraba el paso.
El sublime niño cumplió la orden, seguido de todo el batallón que, con la fuerza de un torrente, se lanzó como un solo hombre por el camino que le trazara el sagrado símbolo de la Patria.
Fuente: Compilación de Anécdotas Militares, Subteniente Juan Carlos Cordoni, Bs. As. 1936.

sábado, 30 de junio de 2018

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL PABLO RICCHERI

Nació en San Lorenzo, provincia de Santa Fe, el 8 de agosto de 1859, siendo sus padres Lázaro Riccheri y Catalina Chufardi, ambos nacidos en la población marítima de la vieja Liguria llamada Sestri Levante. En 1848 llegó a Buenos Aires el padre del ilustre General, radicándose podo después en Rosario; pero al contraer enlace se estableció con una casa de comercio en el histórico pueblo donde San Martín recogió su primer laurel en su carrera libertadora en la América de Sud. Riccheri fue bautizado con el nombre de Pablo, el 13 de octubre de 1859, apadrinando la ceremonia Josefa Cutura (foja 12 del Libro 1º de bautismos de San Lorenzo).
Estudió las primeras letras en la escuela que funcionaba en el famoso convento de su pueblo natal, donde los misioneros franciscanos enseñaban con una paciencia y con una dulzura que el después general Riccheri no olvidó jamás. Su maestro de primeras letras fue el padre Antonio Bonti, y otro de sus maestros más notables fue fray Jeremías Petrelli, orador elocuente y erudito profundo.
Con motivo del estallido de la revolución del 24 de setiembre de 1874 se incorporó al Regimiento de Caballería que organizó en San Lorenzo el coronel Silverio Córdoba; pero mientras se organizaba el cuerpo, sus componentes se ejercitaban en la equitación y en uno de tales ejercicios, el caballo de Riccheri dio una rodada de la cual salvó milagrosamente el jinete, pero sufriendo la fractura de la clavícula derecha. Por esta causa debió quedarse en su casa cuando el Regimiento de Córdoba marchó a conquistar laureles en la batalla de Santa Rosa.
Al regreso de la campaña contra Arredondo, Córdoba fue recibido en forma estrepitosa en San Lorenzo y correspondió al jovencito Riccheri dar en nombre del vecindario, la bienvenida a aquellos valientes, y lo hizo en forma tan emocionante, que el veterano Coronel, conmovido, se quitó la espada y la puso en manos de Riccheri instituyéndolo caballero según los ritos medioevales de la caballería.Redactó su solicitud de ingreso al Colegio Militar y vino a Buenos Aires para gestionar personalmente su admisión de cadete. Con tal objeto, Riccheri iba todos los días a la Casa de Gobierno a la espera de una resolución, y allí, en el Ministerio de la Guerra esperaba tener noticias de su solicitud. Así pasaron 15 días. Al cabo de los cuales se le habían evaporado los pocos pesos que le había dado su familia, y se presentó por última vez a la Casa de Gobierno, decidido a regresar a San Lorenzo al día siguiente; al anochecer ya iba a retirarse, cuando un negro ordenanza –el moreno Luis- viéndolo tan triste, le preguntó qué le pasaba, y Riccheri le contó su aventura. El ordenanza lo condujo a una oficina de un empleado señor Manzini, el cual, a instancias del moreno Luis atendió al futuro General, y al dar éste su nombre, un militar que estaba allí, y que resultó ser el mayor Julián Falcato, que mandaba una compañía en el Colegio Militar, le dijo a Riccheri que su solicitud había sido despachada favorablemente desde hacía 15 días, y le ordenó que sin falta se presentase al día siguiente al Colegio, como lo hizo. Justamente, un cuarto de siglo después, al prestar el juramento de ley para hacerse cargo de la cartera de Guerra, el entonces coronel Riccheri, en medio del asombro de la compacta muchedumbre presente, rompiendo el protocolo, se abrió paso por entre los espectadores para ir a abrazar al humilde ordenanza Luis; y al día siguiente el Presidente Roca lo nombraba mayordomo de los ordenanzas de la Casa de Gobierno. A él le debía Riccheri su carrera y por ende, su cargo de Ministro.
En efecto, el 17 de marzo de 1875, el Ministro del Interior, Dr. Simón de Iriondo, se dirigía a su colega de Guerra, de parte del Presidente, manifestándole que estando “ocupadas todas las becas dotadas por el Gobierno en el Colegio Militar, me encarga decir a V. E. se sirva ordenar se acepte como alumno del expresado Colegio mientras no haya una vacante, al joven D. Pablo C. Riccheri, previos los requisitos legales, debiendo imputarse el valor de la beca a la partida de eventuales de este Ministerio”. El 17 de junio de 1975, habiéndose presentado el candidato, fue dado de alta como cadete.Su paso por las aulas fue singularmente distinguido; el 26 de diciembre de 1876 ascendió a cabo 2º, el 15 de noviembre de 1877 lo fue a cabo 1º y el 1º de setiembre de 1878 obtuvo las jinetas de sargento 2º. En las notas anuales del Jefe del Cuerpo, mayor Francisco Smith, en 1878 y 79, se leen conceptos como los que siguen: “Conducta inmejorable” – “De muchas esperanzas para la carrera militar” – “Sentimientos muy dignos de un soldado” – “Inteligencia despejada” – “Vida privada brillante” – “Carácter muy bueno aunque un poco ligero, tiene mucho amor a la carrera militar, como muy patrióticos sentimientos”.
Con tal brillantes conceptos y con clasificaciones sobresalientes, egresó del Colegio Militar el 24 de noviembre de 1879 con la jerarquía de teniente 2º de artillería, siendo destinado al día siguiente al Regimiento 1º del arma, destacado en esta Capital.
Asistió a la batalla de Los Corrales, el 21 de junio de 1880, y por los méritos que contrajo en aquella campaña, fue promovido a teniente 1º el 9 de julio de dicho año.
Su breve actuación en las filas del ejército le hizo ver de inmediato la necesidad que existía de perfeccionar los métodos de preparación del personal superior y subalterno, modernizando sus conocimientos y el material en uso. Al efecto, el 20 de enero de 1881 se dirigió a la Superioridad solicitando perfeccionar sus estudios en Europa, y el 29 del mismo mes, el Inspector y Comandante General de Armas, general Joaquín Viejobueno, elevaba aquella solicitud en los términos siguientes: aconsejaba fuese concedida la autorización pedida “En mérito de la conducta ejemplar y contracción que observa el recurrente”. El 22 de febrero le fue despachada favorablemente la solicitud formulada.
Se trasladó a Europa y el 10 de octubre de 1883 fue dado de alta en la Escuela Superior de Guerra de Bélgica, reputada la mejor del Continente, donde cursó regularmente todas las asignaturas para optar al codiciado título de Oficial de Estado Mayor Diplomado. Durante su permanencia en la Escuela de Guerra, el 15 de enero de 1884 fue promovido a capitán de artillería, , estando en 1er año, curso que terminó el 14 de agosto de de 1884.
Con singular aprovechamiento siguió los cursos de referencia, los que terminaron el 17 de diciembre de 1886, obteniendo el capitán Riccheri la clasificación final de 14,61 que lo colocó 2º en la lista de egreso, siendo aventajado sólo por un oficial belga que obtuvo unos centésimos más de punto. El 1º de febrero de 1887 el ministro argentino en París, Dr. José C. Paz, elevaba las notas y conceptos obtenidos por el capitán Riccheri en la Escuela de Guerra de Bruselas, y en dicha nota, Paz decía, entre otras cosas: “….. podría agregar que el señor Riccheri es también el primer oficial argentino de los que hoy hacen sus estudios en el extranjero que haya obtenido tan alto concepto entre sus profesores”. Egresado de la Escuela de Guerra mencionada, Riccheri fue nombrado el 1º de enero de 1887 agregado militar a la Legación argentina en París, en la que había figurado durante su permanencia en aquel Instituto. El 6 de diciembre de igual año pasó con el mismo cargo a la Legación en Alemania, donde ascendió a mayor el 26 de julio de 1888. El 12 de noviembre de este año se decidió postergar su permanencia en Europa, a fin de que asistiese a las experiencias de armas de repetición que tendrían lugar en Suiza y en el polígono de Beverloo; y para estudiar la organización de los establecimientos de enseñanza militar en Suiza.El 26 de diciembre de 1888 cesó en su cargo en la Legación en Berlín y pasó a revistar al E. M. G. -1er Cuerpo de Ejército- con la nota: “En comisión en Europa”. Asistió a las maniobras del XII Cuerpo de Ejército, en 1889, siendo condecorado con la cruz del Comendador de la Orden Militar de Alberto de Sajonia.
Terminada la comisión en Europa, Riccheri regresó al país, llegando a Buenos Aires en el momento del estallido del movimiento revolucionario del 26 de julio de 1890, presentándose de inmediato al Gobierno. Por su comportamiento en aquellas memorables jornadas, el 16 de agosto de aquel año ascendió a teniente coronel.
El 29 de setiembre de 1890 fue nombrado Director de la Comisión de Armamentos en Europa, y en el ejercicio de este cargo el comandante Riccheri prestó eminentes servicios al país, emprendiendo la adquisición del armamento que permitiese renovar por completo el muy anticuado que utilizaba nuestro Ejército. Adquirió importante cantidad de fusil Mauser modelo argentino de 1891, con innovaciones ventajosas ideadas por el propio Riccheri y miembros de la Comisión sobre el material en uso en el Viejo Continente. Se emprendió la adquisición del material de artillería indispensable para reemplazar el que se hallaba en servicio.
El 1º de enero de 1892 fue pasado a revistar en la P. M. A., regresando a Buenos Aires, donde permaneció hasta el mes de noviembre de aquel año, fecha en que volvió a Europa, continuando el desempeño de su comisión de armamentos. El 1º de enero de 1894 pasó a la “Reserva de 1ª Clase, pero figurando en Europa hasta abril de ese año en que regresó a Buenos Aires.
El 21 de mayo de 1895 pasó a la P. M. A., revistando en el Arsenal de Guerra con el título de “Director-Presidente de la Comisión Técnica, en la compra de armamentos en Alemania”, a donde se trasladó en aquella fecha. Promovido a coronel el 20 de setiembre del mismo año, en esta fecha fue designado Director titular del Arsenal de Guerra; el 20 de marzo de 1897 se dispuso que habiendo regresado de Europa recientemente el coronel Riccheri se le pusiese en posesión del cargo de Director del Arsenal de Guerra, para el que había sido nombrado en la fecha mencionada.
El 14 de enero de 1898 fue designado Director General de Arsenales hasta el 27 de marzo de igual año, en que pasó a ejercer el cargo de Jefe del E. M. G., pero debiendo ausentarse el coronel Riccheri “en comisión del servicio” a Europa, el 31 de mayo de 1898 se designó encargado del despacho del E. M. G. al coronel Saturnino E. García mientras durase la ausencia del titular.
Continuó al frente de la adquisición de armamentos hasta el 13 de julio de 1900, en que el presidente Roca lo nombró titular de la cartera de Guerra, habiendo revistado hasta aquella fecha como Jefe de E. M. G. en comisión en Europa. Terminada la importantísima misión, regresó al país, desempeñando entre tanto, la cartera respectiva el Subsecretario de Guerra, coronel Rosendo M. Fraga.
A las 3 de la tarde del 20 de setiembre de 1900 prestó el juramento de ley como Ministro de la Guerra. Con mano firme procedió a romper los moldes de una tradición vinculada a los orígenes mismos de la nacionalidad y con el pasado heroico de su ejército, para proceder a la modernización sistemática de éste.
La adquisición de Campo de Mayo dio a las fuerzas que servían en la Capital y sus proximidades el campo de maniobra y adiestramiento que tanto necesitaba. Dicho campo lo adquirió en un millón de pesos, sobrante de su presupuesto de un año que manejó con estricta economía y reconocida habilidad. Adquirió igualmente el “Campo de los Andes”, con el mismo objeto. Reorganizó el cuadro de oficiales, renovando los cuadros, para lo cual se impuso la dura necesidad de hacer retirar muchos gloriosos soldados que habían lidiado en los esteros paraguayos y en la lucha contra los salvajes. Dividió el país en siete regiones militares. Reorganizó el Ministerio de Guerra y el E. M. G.; creó el cuerpo de archivistas y aumentó el número de los regimientos de las distintas armas. Creó las siguientes Escuelas: de Mecánica, de Sanidad, de Aplicación de Clases, de Caballería y para suplir las necesidades de oficiales, que el Colegio Militar momentáneamente era imposible remediara por completo, creó la Escuela de Aspirantes a Oficial, que surtió grandes beneficios para el objetivo que fue creada. La Escuela de Sanidad Militar, creada el 21 de mayo de 1902, y cerrada después en el Gobierno siguiente, no obstante los buenos resultados que dio. Organizó brigadas mixtas y refundó el glorio el Glorioso Regimiento de Granaderos a Caballo.Otras innumerables iniciativas del Ministro Riccheri transformaron fundamentalmente las características del ejército hasta entonces existente, dándole la fisonomía que ha servido de base al del presente. A los pocos meses de aprobada la ley de organización del Ejército y servicio militar obligatorio Nº 4031, que lleva su nombre, sancionada el 6 de diciembre de 1901, el Ministro Riccheri podía presentar en Campo de Mayo un ejército de contextura moderna que asombró a cuantos presenciaron sus demostraciones. Ese día, el domingo 15 de mayo de 1904, el coronel Riccheri alcanzó su consagración. Sobre el propio campo de ejercicios, en el cual juraron la bandera los conscriptos de la clase de 1882, el presidente Roca, recogiendo las ovaciones de la multitud que victoreaba entusiasmada al organizador del Ejército, lo promovió prácticamente a General, y al efecto, al día siguiente elevó el mensaje respectivo al Senado, que fue despachado de inmediato. El general Ignacio H. Fotheringham, en su libro “La vida de un soldado”, refiriéndose al Ministro Riccheri, dice: “Un gran organizador, dio al ejercito esa verdadera unción militar que hoy lo distingue. Un caballero correctísimo, y soldado lleno de ilusiones sanas y nobles entusiasmos. Se conquistó la estimación del país entero, a tal punto, que si no lo propone al Senado el P. E. para el ascenso a General, lo aclaman por “¡vox populi, vox Dei!”.
Sus despachos de general de brigada llevan fecha 19 de mayo de 1904 y ostentan la firma del presidente Roca y fueron refrendados por el ministro de Marina Onofre Betbeder. El 12 de octubre del mismo año cesó en su cargo de Ministro de Guerra y tres días después era nombrado Director de la Escuela Militar y de aplicación de Artillería e Ingenieros, en San Martín; cargo que asumió el 27 de octubre y del cual solicitó su relevo el 30 de diciembre del mismo año, el que le fue concedido el 3 de enero de 1905, pasando a revistar en la “Lista de Oficiales Generales”.
El 4 de octubre de 1905 fue nombrado jefe de la 2da Región Militar, con asiento en Bahía Blanca, cargo que ejerció hasta el 23 de setiembre de 1907, fecha en que fue pasado a la P. M. A., concediéndosele el relevo que había solicitado el general Riccheri desde Adrogué, el 18 de setiembre de aquel año.
El 14 de marzo de 1910 fue nombrado Presidente del Tribunal de Clasificación de Servicios Militares. El 19 de julio del mismo año, el P. E. envió un mensaje proponiendo al Senado su ascenso a general de división, junto con Saturnino E. García, Carlos E. O’Donnell, Victoriano Rodríguez, Rosendo M. Fraga y Rafael M. Aguirre. El 13 de agosto de 1910 se le confirió tan alta jerarquía militar.
El 14 de octubre de 1910 presentó una enérgica nota de protesta por haber ascendido el P. E. a varios capitanes declarados inaptos por el Tribunal que presidía el general Riccheri, renunciando al mismo tiempo a este cargo; el día 19 del mismo mes fue nombrado comandante del 3er Cuerpo de Ejército.
El 12 de junio de 1912 pasó a la P. M. A. y el 13 de diciembre del mismo año fue designado Presidente del Consejo de Guerra Permanente para Jefes y Oficiales, cargo en el cual fue reelecto por un nuevo período el 27 de marzo de 1913.
Se le concedió el 11 de enero de 1915 el relevo de la Presidencia del Consejo de Guerra, siendo reemplazado por el general Ricardo Cornell, y al día siguiente el P. E. expidió un decreto designando al general Riccheri para seguir las operaciones de la Guerra Europea: “Para adquirir conocimientos prácticos de la Gran Guerra, pudiendo alcanzar en el terreno mismo enseñanzas que es imposible adquirir en otras circunstancias”. Postergada su partida por su situación personal, el 26 de junio de 1916 dejó de figurar en la “Lista de Oficiales en el Extranjero” y pasó a Disponibilidad (Art. 31, inciso 1º, Boletín Militar 4476). El 5 de julio de 1916 solicitó un año de licencia para ausentarse al extranjero, la que le fue concedida el 20 del mismo mes (Boletín Militar Nº 4493), pasando a revistar en la lista respectiva.
No habiendo podido ausentarse a Europa como era su propósito por una grave afección a la vista que sufrió entonces, el general Riccheri permaneció en el país; y el 8 de febrero de 1918 se decretó que diese cumplimiento a la S. R. del 12 de enero de 1915. La terminación de la Guerra Mundial determinó el pase del general Riccheri a la Disponibilidad en noviembre de 1918, situación de revista que conservó en los años siguientes.Hallándose próximo a cumplir la edad máxima acordada por la Ley 4707 para la jerarquía de General de División, el 4 de agosto de 1922, el diputado Armando G. Antille presentó un proyecto de Ley que firmaban otros colegas de distintos colores políticos, proponiendo el ascenso de Riccheri al grado de Teniente General. El mismo día se trató en la Cámara el proyecto y en la discusión se pusieron en evidencia los eminentes servicios prestados a la Nación por el general Riccheri. En el curso del debate, el diputado Mariano Demaría dijo: “El verdadero título a la consideración pública que tiene, fue el de ser como Ministro de Guerra, quien promovió el establecimiento del servicio militar obligatorio. Pero éste no es el único, es uno de los tantos servicios que ha prestado y entre ellos hay uno que tengo presente y que quiero referir a la cámara. Cuando hizo la adquisición de armamentos el general Riccheri, un día el gobierno argentino recibió inesperadamente un giro por una suma muy grande; no quisiera darla porque no estoy seguro de ella, pero puedo asegurar que pasaba de dos o tres millones de pesos.
Sr. Antille – Ocho millones.
Sr. Demaría – Me alegro que de la cifra el señor diputado. Me parecía superior a la que yo di, pero como no estaba seguro no quería citar una cifra tan elevada. Se averiguó en el ministerio y se supo que esta era la comisión que habitualmente daban las casas a los oficiales encargados de controlar las compras, comisión que casi estaba establecida en el uso y que el general Riccheri en nombre de la comisión argentina recibió de los fabricantes y la entregó al gobierno argentino, pidiendo que ella fuese destinada a adquirir nuevos armamentos. Y este criterio lo ha mantenido invariablemente en toda su vida militar”.
Desgraciadamente, después de un largo debate, al ir a votarse el proyecto se encontró con que no había quórum y por esta causa el general Riccheri pasó a situación de retiro por edad el 8 de agosto de 1922, con el sueldo y grado de teniente general de acuerdo al Art, 4, Capítulo I, Título III de la Ley 4707 y por hallarse comprendido en el 1er párrafo del Art. 94 de la Ley 8675; con un total de 64 años, 1 mes y 23 días de servicios computados.
Por Ley 11907 del 26 de setiembre de 1934 paso el teniente general Riccheri a revistar en actividad. El Art. 1º de dicha Ley decía textualmente: “Considérese revistando en actividad en el Ejército al señor teniente general (en retiro) don Pablo Riccheri”. Ese mismo año, en la sesión de la Cámara de Diputados del 16 de mayo, con motivo de cumplirse el trigésimo aniversario de la promoción de Riccheri al generalato, el diputado Carlos Alberto Pueyrredón dijo: “Viene oportunamente este recuerdo, porque se han cumplido 30 años de la fecha memorable en que el presidente Roca ascendió a general a don pablo Riccheri. Es, a mi juicio, y lo comparten la mayoría de los ciudadanos de mi tierra, la personalidad más brillante del cuadro de oficiales de los últimos cincuenta años de nuestro glorioso ejército”.
Pero la salud del ilustre General se hallaba en estado precario; una bronconeumonía que le tomó en su domicilio en Temperley obligó a sus amigos a trasladarlo al Hospital Militar donde falleció a los ocho días, a las 3:10hs del 30 de Junio de 1936. Su cadáver fue embalsamado y expuesto en la Casa de Gobierno, en el Ministerio de Guerra hasta el día siguiente, en que colocado al ataúd en una cureña del Regimiento 1 de Artillería, escoltado por un escuadrón del 8 de Caballería, el cadáver del ilustre General fue conducido a la Catedral, a las 10 de la mañana del 1º de julio, donde ofició una misa de cuerpo presente monseñor Manuel Elzaurdia, ocupando todo el templo compacto y calificado público. Finalizada la misa, se continuó la marcha en dirección a la Recoleta, lugar al que se llegó pasadas las once de la mañana.En el cementerio pronunciaron sendos discursos; en nombre del P. E. el ministro de la Guerra, general Basilio B. Pretiñe, quien puso de manifiesto el profundo pesar que embargaba al Ejército y a toda la Nación por tan irreparable pérdida; en nombre del Ejército, el general Camilo Idoate, que trazó a grandes rasgos la magnífica carrera de soldado del ilustre muerto; el Dr. Manuel M. de Iriondo, en atención a la vieja amistad que lo ligó al general Riccheri; y el Dr. Virgilio Reffino Pereyra, por el Club del Progreso. Cerrando la serie, el diputado nacional Gregorio N. Martínez, quien lo hizo en el seno de la H. Cámara a que pertenecía, en la primer sesión celebrada después del entierro del inminente soldado y esclarecido patriota.
El general Riccheri contrajo matrimonio en la Iglesia del Carmen de esta Capital, el 9 de enero de 1901, con Dolores Murature, porteña, nacida el 17 de octubre de 1874, hija de José Murature y de Dolores Lagarreta. Hija de tal matrimonio fue María Victoria Johanna Riccheri, nacida el 16 de mayo de 1904. Quiso la desgracia que la muerte la arrebatase en plena niñez, a la edad de 10 años, el 15 de julio de 1914, fecha en que falleció en Temperley, víctima de una apendicitis. El entierro, verificado al día siguiente, en el Cementerio del Norte, congregó desde el Presidente de la República hasta las personas más humildes que testimoniaron su homenaje al afligidísimo padre, que recibió un golpe de muerte moral para todo el resto de su existencia con tal irreparable pérdida: única hija.Ejerció la presidencia del Círculo Militar por los períodos de 1913-15 y de 1915-17. El 8 de junio de 1929 volvió a ser elegido para igual cargo, pero renunció sin haberse hecho cargo del puesto.
El 30 de setiembre de 1838 se sancionó una ley destinando 80.000 pesos para levantar un mausoleo en la Recoleta para guardar los restos del General. No obstante, recién en 1951 se autorizó la ejecución de la obra en el sitio en que había estado Bernardino Rivadavia, antes de su traslado a Plaza Miserere (actualmente Plaza Once), en 1932. Se inauguró el 15 de marzo de 1952, siendo colocados también los restos de: Félix de Olazábal, Bernardo Monteagudo, Juan O’Brien, Francisco Fernández de la Cruz, Elías Galván, Juan José Quesada de Pinedo y Luciano Fernández. Posteriormente fueron colocados también los restos de su esposa y su hija.El general Riccheri vivió sus últimos 20 años en la forma más austera que es posible imaginar. El hondo sentimiento que embargó su noble espíritu por la pérdida de su única hija fue la causa principal que lo impulsó a vivir con tanta sencillez, y también, por qué no decirlo, las tremendas sacudidas que sufrió en sus intereses, que lo llevaron al borde de la ruina.Poseyó las siguientes condecoraciones: del “Aguila Roja” de Alemania, “Al Mérito” de Chile de la 1ª clase, y la placa de “Gran Oficial de la Orden de la Corona de Bélgica”.
Fuentes: Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado / López Mato, Dr. Omar – Ciudad de Angeles – Buenos Aires (2001) / Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1939).
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viernes, 29 de junio de 2018

ANIVERSARIO DE LA BATALLA EN LAS BARRANCAS DEL NEUQUEN

Esta batalla se libró el 28 de junio de 1879 en las barrancas de la margen septentrional del Río Neuquén, paraje llamado hoy “Vanguardia”, nombre que tomó del antiguo fortín que allí se construyera poco después. Por un lado combatieron las tropas al mando del teniente de baqueanos (de la Compañía de Voluntarios, llamados “choiqueros”) Isaac Torres, y 16 soldados de la 4ª División, y por el otro los indios del cacique Marillán. El Parte Oficial dice lo siguiente: “El teniente que suscribe – Campamento el Mangrullo, junio 30 de 1879 – Al señor comandante en jefe de la 4ª División del Ejército, teniente coronel don Napoleón Uriburu. – Tengo el honor de dirigirme a usted poniendo en su conocimiento que con la comisión de 16 hombres con que usted se sirvió despacharme el 27 del corriente, después de haber marchado en dirección de Auca-Mahuida casi todo el día, supe por prisioneros hechos por el mayor Illescas, que un pequeño grupo de seis indios, con algunos animales de arreo, debían caer al Neuquén abajo procedentes de La Pampa y como a cinco o seis leguas de este campamento. Marché toda la noche en su busca y a la diana de 28 di con ellos en el valle del río, pero no en número de seis como se me había informado, porque después de cargarlos sobre sus fogones, de día ya, se replegaron y formaron en las barrancas del río, en número de 90 de lanza, todos bien armados.
El desorden en que se puso la chusma y considerando que ésta se me escaparía si no andaba activo con ella, me obligó a juntarla, dejando que los indios se reunieran y así pude tomar ciento y tantas mujeres y criaturas, con una gran caballada, vacas y ovejas.
Entre los prisioneros hechos en la primera carga había quedado un viejo, y con éste mandé decir al cacique Marillán que mandaba los indios, y que con ellos formados me esperaba a una cuadra de distancia, que entregase las armas, bajo la formal garantía de sus vidas. Contestó a esta intimación que dudaba de mi palabra, y que antes quería pelear, a lo que le repliqué que descendiera al bajo, pero sin hacerles un tiro aún, pues me suponía que quisiera entrar por tratados. Un grito unánime de guerra fue su segunda contestación, y sin repararme mucho de la chusma prisionera y animales tomados, esperé, pie a tierra, haciendo fuego nutrido, la carga que rápidamente me traían a pie y a caballo, dirigida por el expresado Marillán. Sin embargo, de ser ésta muy violenta y excelentes los caballos en que venían montados, antes de llegar hasta chocar cayeron como 16 indios; pero los restantes nos rodearon por todas partes, trabándose un combate reñido a arma blanca. Muchos indios arrojaban al suelo las lanzas y luchaban brazo a brazo por arrancar a nuestros soldados las carabinas o fusiles; otros sacaban cuchillos y así duró un rato la pelea hasta desalojarlos y ponerlos en fuga, dejando ellos 14 muertos en el sitio, 5 prisioneros de lanza y 106 de chusma, con más de 80 caballos, 33 cabezas vacunas y 30 ovejas, teniendo por nuestra parte que lamentar la baja de 3 soldados heridos de lanza y cuchillo.
Los indios llevaban muchos heridos, pues dejaron en el camino un reguero de sangre
Terminado el combate me regresaba y en seguida de marchar encontré al comandante Aguilar con una fuerza, parte de la cual se encargó de conducir los prisioneros y ganados al campamento, acampando esa noche allí todos juntos. Ayer, 29, a la mañana, perseguimos a los indios nuevamente, el comandante Aguilar con la fracción de gente que tenía vacante, y yo con los trece hombres, los cuales todavía tomaron 5 indios de lanza prisioneros y 12 de chusma con 58 caballos y mulas.
Cada uno de los 16 individuos que componían la comisión que me ha cabido el honor de mandar en esta ocasión, se ha hecho digno de recomendación, pues todos ellos a la par han competido en valor y serenidad. Dios guarde a V. S. – Isaac Torres”.
En este combate resulta por demás destacable el comportamiento que le cupo a la reducida tropa del bravo teniente de choiqueros, a quien veremos actuar en muchísimas ocasiones, tanto en esta campaña como en las posteriores. Todos estuvieron a la altura de las circunstancias y dejaron bien alto el prestigio de esta tropa que, mal vestida, a veces mal montada y falta de abastecimientos, en pleno invierno neuquino (temperaturas de 8 y 10 grados bajo cero en ese invierno) supieron realizar el plan trazado por los altos mandos militares, llevando a cabo la construcción de los fortines que en aquella ocasión avanzaron la línea de frontera con el indio hasta la margen septentrional de los ríos Neuquén y Negro.
Fuente: Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado / Raone, Juan Mario – Fortines del desierto – Biblioteca del Suboficial Nº 143


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