martes, 12 de diciembre de 2017

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL CORONEL PEDRO JOSE DIAZ

Hijo de un militar, se enroló como soldado en el Regimiento de Granaderos a Caballo fundado por el General Jose de San Martin, y a principios de 1814 fue enviado al Ejercito del Norte. No participó de las campañas al Alto Perú, pero a fines de 1816 tomó parte en la campaña para aplastar la sublevación de Juan Francisco Borges en Santiago del Estero. Luego formó en el ejército que, al mando de Eustaquio Diaz Velez, hizo la campaña contra los Federales de la Provincia de Santa Fe.
Se unió en 1816 al Ejercito de los Andes e hizo la campaña de Chile, combatiendo en la Batalla de Chacabuco, en la campaña del sur de Chile, en la sorpresa de Cancha Rayada – luego de la cual se destacó reuniendo soldados dispersos – y en la batalla de Maipú. Después de esa batalla fue ascendido al grado de Capitán; hasta entonces sólo era sargento.
Hizo la campaña del Perú, combatiendo en Ica, en la toma de Lima – según sus memorias, fue el primer oficial patriota en entrar en la ciudad – y en la desastrosa campaña de Puertos Intermedios. En la sublevación del Callao, en que varios cuerpos se pasaron a los realistas, fue tomado prisionero y enviado a Puno, cerca del límite con el Alto Perú. Huyó con la ayuda de sus carceleros a fines de 1824, poco después de la Batalla de Ayacucho.
De regreso a Buenos Aires, se incorporó al ejército para la Guerra del Brasil. Reconocido con el grado de Teniente Coronel, combatió en la Batalla de Ituzaingo, tras la cual se le dio el grado de Coronel de Infantería.
Regresó a Buenos Aires con el General Juan Galo de Lavalle a cuyas órdenes participó en la revolución con que éste derrocó al Manuel Dorrego, y participó en las batallas de Navarro y Puente de Márquez.
Tras la derrota a manos de Juan Manuel de Rosas, se exilió en Montevideo, siguiendo a Lavalle. Allí se dedicó al comercio, apartado completamente de la actividad militar, hasta el año 1837, en que se unió con su jefe a la revolución de Fructuoso Rivera, combatiendo a sus órdenes en la Batalla de Palmar.
Participó junto al General Lavalle en 1839 en la Batalla de Yeruá. Fue jefe de una división del Ejercito de la Provincia de Corrientes, y tuvo una destacada actuación en la Batalla de Don Cristobal.
Continuó con el ejército hasta el ingreso a la Provincia de Buenos Aires, y la retirada desde allí hacia el norte. En la captura de la ciudad de Santa Fe fue el jefe que logró la rendición del jefe de la defensa, General Eugenio Garzon.
Cuando Lavalle se retiró en dirección a la Provincia de Córdoba, participó en la batalla de Quebracho Herrado. Durante el transcurso de la misma, debió contener con sus fuerzas de infantería las cargas de la división del General Angel Pacheco. Pese a la orden terminante del ayudante del general Lavalle de retirarse, abandonando a sus hombres, respondió:
"Dígale al general Lavalle que, donde mueren sus hombres, muere el coronel Díaz."
Tras perder la mitad de sus hombres, fue tomado prisionero junto a sus soldados; tomando un gran riesgo sobre su vida, se aseguró que no hubiera represalias de los vencedores sobre ellos. Sus vencedores respetaron el acto heroico de Díaz, en una batalla tras la cual varios oficiales unitarios fueron ejecutados.
Pasó los siguientes años prisionero en el cuartel de Santos Lugares. Temió especialmente por su vida en el año 1842, en que las represalias sobre los unitarios costaron decenas de muertes, pero logró ser trasladado a la ciudad de Buenos Aires a fines de ese año.
Fue liberado en 1849, reincorporado al ejército y reconocido en su grado militar. Se había hecho amigo del Coronel Antonio Reyes, jefe del campamento de Santos Lugares, que intercedió por él.
En 1851, al saber que el Ejercito Grande de Justo José de Urquiza, avanzaba hacia Buenos Aires aliado con el Imperio del Brasil, se unió espontáneamente al ejército de Rosas, sin ocultar en ningún momento su pertenencia convencida al partido unitario.
En la Batalla de Caseros, Rosas le dio el mando de la fuerza más importante de la infantería, con base central en la casona y palomar de Caseros. Se destacó por la valentía demostrada en el combate, y – a pesar de las sucesivas defecciones de las divisiones del ejército federal – se mantuvo en el frente de batalla hasta el final de la misma. Solamente cuando el jefe de la artillería, coronel Mariano Chilavert – otro unitario decidido, que había sido el jefe del estado mayor de Lavalle en 1839 – se quedó sin municiones, abandonó sus posiciones ya inútiles para salvar la vida de sus soldados.
Los dos últimos jefes en rendirse fueron Díaz y Chilavert. Éste último fue ejecutado al día siguiente, por decisión de Urquiza. Díaz tuvo más suerte, ya que varios amigos unitarios intercedieron por él, a pesar de que era generalmente considerado enemigo personal de Urquiza. Apenas conseguida su libertad, consiguió el indulto para el coronel Reyes.
Fue nombrado Capitán del puesto de Buenos Aires y participó en la Revolución Unitaria del 11 de septiembre. Fue ministro de guerra del gobernador Manuel Guillermo Pinto durante el sitio de Buenos Aires por el federal Hilario Lagos, con resultados brillantes.
Tras la muerte de Pinto y el final del sitio, se retiró a la vida privada, especialmente ofendido por el juicio contra Reyes, en que se pretendía condenarlo a muerte.
En 1856 fue nombrado nuevamente jefe de estado mayor del Estado de Buenos Aires. Enfermó gravemente por haberse expuesto al sol muchas horas, al concurrir al sepelio de su amigo de la época de la campaña del Perú, el Coronel Jose Melian.
Falleció en Buenos Aires en diciembre de 1857.
Es posible que la importante Avenida Coronel Diaz, de la Ciudad de Buenos Aires, se refiera a este personaje. Pero la resolución municipal que le dio nombre a la misma no aclaraba a quién se honraba y, para la fecha de la imposición del nombre, había habido ya más de diez coroneles de apellido Díaz en el Ejército Argentino. Desde entonces, los admiradores de cada uno de ellos se la adjudicaron a sus favoritos.

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lunes, 11 de diciembre de 2017

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE LA TRINCHERA

Esta batalla tuvo lugar el 11 de diciembre de 1882 en la margen sud del lago Huechulafquen, Departamento Huiliches, provincia del Neuquén, entre las tropas al mando del teniente coronel graduado D. Juan Gregorio Díaz, con 2 oficiales y 25 individuos de tropa del Batallón 2 de Infantería de Línea, y 5 oficiales y 65 de tropa del Regimiento 5º de Caballería de Línea; contra la indiada de Ñancucheo. En relación al sitio de la contienda, por un error Vigil en su libro lo menciona en la margen Norte. El Dr. Gregorio Alvarez apelando a citas del comandante Prado y del Tcnl Walter difiere y solicita una rectificación del lugar declarado histórico por el Decreto Nº 8.729 de 1943; cita a las Memorias Militares pero no recurre a ellas al exponer sus fundamentos. Debe aclararse que el Decreto mencionado no especifica el lugar exacto ni menciona en qué margen se desarrolló el hecho, y esto porque tampoco el informe precedente de la Comisión Nacional lo trae. Es decir, que oficialmente no se ha señalado el lugar exacto del suceso.
Debido a ello y considerando que en los partes del combate que se transcribirá más adelante, no figura en cuál margen del lago se desarrolló el combate debimos cerciorarnos controlando toda la documentación de la Campaña, encontrando felizmente este detalle revelador: “Día 14 (enero de 1883). El día de hoy debía ser penoso por la marcha entre desfiladeros que debíamos efectuar. Nos movimos a las 3 y 10’ a.m. y a las 4 estábamos en la costa S. del Huichú Lauquen, avanzando al O. por dicha banda.
Hemos pasado tres desfiladeros. El primero, elevado del nivel del lago, 30 y tantos metros, no ofreció gran inconveniente; su última parte llamada “La Trinchera”, nos obligó a echar pie a tierra para pasarla. “La Trinchera” son moles de granito escalonadas y disgregadas en senda estrecha y talud rápido. En ella los indios se han defendido admirablemente, y 200 metros antes de atravesarla, fue herido de bala y ultimado por los vándalos, el teniente 1º del Regimiento 2º de Caballería, D. Joaquín Nogueira, el día 11 del mes de diciembre.
El segundo desfiladero ofrece el paso llamado “Cantra” o “Contra” más acá del cual las serranías esconden sus faldas, dejando una planicie estrecha pero de pastos profundos en donde acampamos a las 7 y media. Hasta Contra la marcha es de 4 leguas”.
Este informe avalado con la firma del coronel Enrique Godoy, Jefe de la Segunda Brigada, no deja lugar a dudas. Por lo que entendemos que no corresponde una rectificación del “lugar histórico”, sino el aclarar el verdadero sitio.
Parte del Combate
“Campamento en Quemequementreo (sic) – Diciembre 16 de 1882 – Al señor jefe de la 2ª Brigada, coronel D. Enrique Godoy – Tengo el honor de dirigirme a V. S. dando cuenta de la expedición a mi mando. El día 9 del corriente a las 11 p.m. recibí orden del Jefe accidental de la Brigada, teniente coronel Don Alejandro Montes de Oca, de pasar el río con 15 infantes, recibiendo del Jefe accidental del Regimiento 2º de Caballería, teniente coronel Don Roque Peiteado, 60 hombres de caballería y 10infantes más, tomar datos de este Jefe sobre la dirección que habían tomado los indios que sus fuerzas habían batido y tomándolos, perseguir los indios hasta alcanzarlos y batirlos.
A las 5 y media p.m. me puse en marcha de este punto y el 11 a las 3 de la mañana encontré la avanzada del cacique Nancucheo (sic) que se encontraba como a 4 leguas de sus toldos; inmediatamente mandé al teniente 1º del Batallón 2, Don Manuel Sontag, que los atacara, poniéndose éstos en fuga a dar aviso a la tribu y reunirse en un punto fortificado que tenían cerca de los toldos en el desfiladero Uichó-Lauquen (sic); antes de llegar a este punto se presentaron grupos de indios sobre nuestro flanco izquierdo; ordené al teniente Grimau del Regimiento 2, perseguir uno de éstos, sin conseguir darle alcance por lo elevado de la cordillera, continuando mi marcha hasta llegar al desfiladero, en el que me interné legua y media más o menos en donde una cantidad de indios estaban apostados en la cumbre de la sierra, defendiendo el paso arrojando piedras con hondas y haciendo rodar las más grandes, lo que ocasionó el caer a la laguna, que corre a pique a la derecha del camino, algunos caballos; en este punto tuve aviso por el teniente Nogueira, del Regimiento 2, que la excesiva piedra que arrojaban los indios dificultaban el paso, a lo que ordené seguir la marcha continuándola a pesar de todo acompañado del teniente Sontag.
“Hasta este momento no tenía conocimiento de la existencia en este punto de la fortificación hecha de palos a pique, piedras y madera amontonada, la que interceptaba y abrigaba a los enemigos armados a lanza y Remington. También se encontraban cantidad de ellos en la cumbre arrojando piedras, las que indudablemente habían sido preparadas allí con tal objeto. No se distinguía a los defensores por la buena posición que ocupaban, lo que hacía casi inútiles nuestras armas de fuego. Me permito llamar la atención de U.S. sobre esta trinchera que evidencia demasiados conocimientos sobre la construcción de ellas para poder ser hechas por los indios.
Viendo imposible el asalto de frente mandé echar pie a tierra a la fuerza, dejando una guerrilla que continuara el fuego para arredrar a los defensores y colocando los caballos defendidos en una arboleda que existe allí cerca, mandé al teniente Sontang con una guerrilla de infantes trepar a la cumbre de la cordillera y atacar el flanco derecho del enemigo…; y mientras se cumplía esa orden, se incorporó el teniente Grimau, el cual regresaba de perseguir la partida de indios que intentó flanquearnos al principio; en el acto le ordené echar pie a tierra y con soldados de infantería y caballería tomar por asalto la fortificación así que le protegiese la guerrilla del teniente Sontang, lo que dio por resultado que el enemigo abandonara su trinchera al verse flanqueado por donde menos pensaba, encontrándose en ella 3 carabinas Remington, varias lanzas y 4 caballos ensillados que quedaban en la falda de la cordillera; al trepar la fuerza del teniente Grimau, el soldado Funes del Regimiento 2 dio muerte a un indio.
El enemigo ha debido tener pérdidas de consideración, pues la mucha sangre que quedó en la trinchera como en el trayecto de la persecución lo hace presumir así, no encontrándose heridos ni cadáveres los que sin duda han sido ocultados en el bosque llevados durante más de dos horas y media que tardaríamos en flanquear y tomar la trinchera.
Una vez tomada la fortificación, traté de organizar la fuerza que se encontraba dispersa y con los primeros que pude reunir formé una guerrilla a pie que fue a reconocer el bosque hasta tanto se incorporase la fuerza y con los primeros caballos que llegaron ordené al teniente Grimau se pusiese en persecución del enemigo mientras yo esperaba los que quedaban en la falda de la cordillera. Concluida esta operación me puse en marcha en protección de dicho Teniente, y después de pasar un gran bosque, donde los indios habían cortado árboles grandes para impedirnos el paso, se empezaron a encontrar los toldos, pequeños grupos de hacienda (vacas y ovejas) juzgándose por el número de toldos que debe haber mucha chusma.
El estar bastante rendida la caballada de la fuerza que me acompañaba me determinó a hacer alto y recoger los animales que había en los alrededores, reconociendo personalmente el bosque con soldados de infantería y caballería a pie, continuando la persecución el teniente Sontang y sub-teniente Wappers del Batallón 2 con soldados de dicho cuerpo y del Regimiento 2 recorrían los toldos de Nancucheó donde como en la persecución se tomaron varias majadas formando un total de 800 ovejas más o menos, 180 vacas, ciento tanto caballos y yeguas, como también munición de Remington, pólvora y munición de caza, una espada, la gorra de gala del cacique Nancucheó y un muchacho que cuidaba una majada de ovejas y por él se supo que el citado cacique había salido el día anterior a reunir gente donde habían peleado con los cristianos.
Las pérdidas por nuestra parte, Señor Coronel, son bien sensibles por ser el primer choque y antes de descubrir la fortificación; herido gravemente el teniente 1º del Regimiento 2 de Caballería don Joaquín Nogueira y muerto el soldado Salomón del mismo cuerpo, ambos de bala, los caballos de ellos como el cadáver del soldado arrojados a la Laguna por las piedras, como también cuatro contusos de piedra, dos del Batallón 2 y dos del Regimiento, una carabina rota y varios caballos heridos de bala y piedra.
La gran distancia que tuve que dejar la caballada para evitar que las piedras la arrojaran a la laguna como la segura presencia el enemigo a nuestro franco derecho, a estar por las quemazones que se veían, me imposibilitaban continuar la persecución a mayor distancia que la llevada ya; por lo que dispuse regresar a protegerla y hacer cuidar a la vez al teniente herido, al que encontré muerto. A las 7 y media, me incorporé donde estaba la caballada y por los alféreces Montiel y Rouquaud supe que todo el día habían sido amenazados por grupos de indios que se presentaban con intención de arrebatársela, mas estos oficiales, cumpliendo mis órdenes, habían arreglado un corral con el objeto de asegurarla y tener pronta su fuerza si se atreviesen a atacarlos.
La disminución que V. S. notará en los arreos arrebatados al enemigo y los llevados a este campamento, tanto en ovejas como en vacas, ha sido causado por lo carneado, cantidad de corderos y terneros cansados o ahogados en los arroyos que ha habido que pasar, como indudablemente algunos que se habrán extraviado en los montes.
Los oficiales y tropas a mis órdenes han cumplido todos con su deber, permitiéndome recomendar particularmente a V. S. a los tenientes Sontang del Batallón 2, y Grimau del Regimiento 2, y al malogrado teniente Nogueira, cuyo valor y arrojo le han costado la vida, como al soldado Salomón en justo tributo a su memoria.
Al terminar este parte, tengo la satisfacción de felicitar a V. S. por el buen éxito obtenido por las fuerzas a mis órdenes de la Brigada de su digno mando. Dios guarde a V. S. – Juan G. Díaz”.
Diario de Marcha
Por su parte, al informarse en el Diario de Marcha de la llegada de esta columna, hecho ocurrido a las 10 a.m. del 15 de diciembre, se expresa: “La relación de su jornada es curiosa y ha causado asombro entre nosotros, por cuanto las circunstancias en que se ha efectuado, difieren enteramente de las conocidas hasta ahora en la guerra contra los indios. Basta decir que se vio precisado a desalojar al enemigo de un desfiladero en que se habían fortificado levantando trincheras que cerraban el paso, y desde las cuales fueron recibidos a balazos, en tanto, que una fila de guerreros coronaban los cerros a lo largo del desfiladero y desmoronaban cantidad de piedras sobre nuestros soldados que marchaban al ataque. Pero ya se sabe que una fortificación no es inconveniente de tal magnitud que pueda detener a nuestros soldados; y si esta fortificación está defendida por indios, no se debe preguntar el resultado de la acción.
Durante el combate fue herido de bala el teniente Don Joaquín Nogueira, del Regimiento 2 de Caballería, y murió algunos momentos después; y el soldado Salomón del mismo cuerpo, fue desbarrancado por un peñasco que lanzó caballo y jinete a una laguna profunda situada abajo del desfiladero”.
Orden de Brigada
A renglón seguido se inserta la Orden de Brigada de ese día (15) donde se expresa: “En los pocos días de campaña que cuenta la segunda Brigada, se han realizado operaciones tan diversas como fructuosas y librádose combates, dejando en cada uno de ellos sembrado el escarmiento, el terror y el castigo terrible para los salvajes, que desesperadamente en sus últimos momentos de exterminio han osado oponerse a nuestro paso.
“Algunas víctimas tenemos que lamentar por nuestra parte, todos pertenecientes al Regimiento 2 de Caballería de Línea; el teniente 1º D. Joaquín Nogueira y soldado Isidro Salomón, muertos valientemente al forzar una fortificación, tenazmente defendida, pero franqueada a los pocos momentos de lucha por nuestros bravos compañeros, bizarramente dirigidos por el teniente coronel D. Juan G. Díaz”.
Comentarios
Aparte de las demostraciones que merecían los que actuaban en hechos clasificados de “acción heroica”, el jefe de la Brigada acusó en los siguientes términos recibo del parte oficial: “Al aprobar, como lo hago, su proceder en dicha jornada, me es muy agradable felicitar a Ud. y subalternos por la actividad y tino empleado en la expedición, como por el valor demostrado en la pelea. Al elevar al superior su precipitado parte me haré un honor en recomendar a Ud. y fuerzas que condujo a las consideraciones que se han hecho acreedoras, sin olvidar una mención especial para la memoria del infortunado teniente Nogueira, muerto en su puesto de honor al forzar intrépidamente la fortificación enemiga”.
Con respecto a las exequias del oficial caído en el combate, en la Orden de Brigada antes mencionada se comunica: “Habiéndose conducido hasta este campamento los restos del infortunado teniente Nogueira, su inhumación se practicará hoy a las 6 de la tarde con los honores que por las ordenanzas le correspondes, en el lugar que se determinará con antelación, y que le servirá de tumba provisoria hasta tanto sea posible trasladarlos a lugar sagrado. Invítase a los señores Jefes, oficiales y tropa francos a acompañar hasta la última morada al que fue teniente 1º Don Joaquín Nogueira. – Firmado: E. Godoy”.
En la Orden de Brigada siguiente se lee: “Mañana a las 5 a.m. se celebrará una misa por el descanso de los que han perecido en su puesto en las diferentes operaciones que se han llevado a cabo en la presente campaña. Será oficiada por el presbítero D. José M. Beauvois.
Los cuerpos de la Brigada con el mayor número de plazas posibles, asistirán a este acto que tendrá lugar en la tienda del Detall de la expresada.
Las fuerzas serán mandadas por el segundo Jefe del Batallón 2 de Infantería de Línea, teniente coronel D. Juan G. Díaz. – Firmado: E. Godoy”.
En el Diario de marcha se anota ese mismo día: “A las 6 de la tarde se inhumaron los restos del teniente D. Joaquín Nogueira y se le hicieron los honores de ordenanza.
Todos los Jefes, todos los Oficiales y la tropa franca presente en el campamento acompañaron el cadáver hasta el paraje en que se le iba a depositar. Queda sepultado en la falda oriental de la colina que tenemos a nuestro frente”.
En las anotaciones correspondientes al día siguiente, domingo 17 de diciembre de 1882, se registran las siguientes novedades: “A las 5 de la mañana tiene lugar la misa en el sitio y en la forma indicada en la orden de ayer”.
Queriendo perpetuar la memoria de los que perecen en el cumplimiento del deber, el señor Coronel Jefe de la Brigada ha dado en la fecha la orden siguiente: Orden de Brigada – Para honrar la memoria de los compañeros de armas que han caído en su ley combatiendo por la causa de la civilización, de la cultura y del derecho, y como justo tributo a su valor y abnegación, el Coronel y Jefe de la Brigada ordena: 1) Llámase fortín “Teniente Nogueira”, al establecido en Pichi-Picun-Leufú, y que va a guarnecer un destacamento del Regimiento 2 de Caballería de Línea. – Firmado. E. Godoy”.
Acotaciones
Al referir el comandante Prado, que fuera compañero de armas y amigo del extinto Nogueira, los pormenores de este combate, según las referencias que él recogiera en su Unidad, manifiesta: “Cuando Sontag y los suyos alcanzaban la cumbre del cerro y los indios abandonaban el reducto, Nogueira recibió una herida de bala en la pierna que lo postró. La tropa seguía en persecución de los asaltantes sin mirar atrás. Sólo un soldado de Caballería, que vio caer a Nogueira, quedó con él.
Los indios que defendían el desfiladero, al ser éste forzado, huyeron en direcciones distintas; y uno de los grupos que no siguió la dirección del valle, apareció precisamente donde estaba herido Nogueira.
Este valiente, al ver acercarse el grupo de bárbaros contra el cual nada podía, ordenó al soldado que lo acompañaba que lo dejara y se salvase.
- ¿Y qué le hice yo, mi teniente -contestó el soldado aquel-, para que me trate así? ¿Por qué quiere que me porte como un canalla?
- Retírate rápido… Anda a buscar protección… Avísale al comandante, que ha de tener tiempo de venir.
- ¿Yo? –murmuró el soldado, comprendiendo la intención de su oficial y húmedos los ojos por el sentimiento-, ¿yo dejarlo a usted? No le obedezco, señor.
- Pero ¿y tu carabina?
- Se cayó al barranco… No importa… ¿y éste qué es?, ¿no vale nada? –añadió esgrimiendo el sable por encima de la cabeza.
- Bueno, entonces –tuvo tiempo aún de agregar Nogueira-, siéntame arrimado a aquella piedra y alcánzame la espada.
Veinte indios cayeron sobre el oficial y el soldado; éste, ágil como el gato, saltaba de un lado para el otro, entorno de su teniente, que a su vez se defendía, como era posible hacerlo sentado, con la hoja de su espada.
Por flojos que fueran los indios era imposible que no acabaran de una vez con aquellos dos valientes. Y así fue. Nogueira, cuando fue hallado, tenía el cuerpo acribillado a lanzazos, la cabeza separada del tronco y los miembros mutilados. El soldado, abandonado por los indios que lo creyeron muerto, fue recogido herido y llegó a restablecerse por completo”.
Queda librada la libre aceptación de la veracidad del relato, para lo cual ha sido munido de los antecedentes oficiales. La posibilidad de la certeza del hecho estriba en que gestos como el antedicho fueron comunes a lo largo y a lo ancho de la Patria, pues no fue patrimonio exclusivo de los soldados expedicionarios, ya que el valor, la abnegación, la lealtad, la camaradería y el sacrificio, fueron los principales atributos que distinguieron en todo tiempo al soldado argentino.
El Dr. Gregorio Alvarez considera veráz esta relación y finaliza su artículo, en el cual solicita la rectificación del dato aportado por Vigil y que se ha comentado al comienzo de este artículo, opinando: “En este lugar, además, debiera erigirse un monumento o una gran placa de bronce alusiva, que perpetúe la heroicidad del soldado argentino en la Campaña de los Andes”.
Fuentes: Raone, Juan Mario – Fortines del desierto – Biblioteca del Suboficial Nº 143, www. revisionistas.com.ar

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domingo, 10 de diciembre de 2017

ANIVERSARIO DE LA DECLARACION DE GUERRA DEL IMPERIO DEL BRASIL A LAS PROVINCIAS UNIDAS DEL RIO DE LA PLATA

El día 10 de diciembre de 1825 se produce la declaración de guerra del Imperio del Brasil a las Provincias Unidas del Río de la Plata por el emperador de Brasil, Pedro I. Durante el gobierno del General Juan Gregorio de Las Heras se produjo una patriótica sublevación a la ocupación brasileña del territorio de la Banda Oriental y un pedido de incorporación a las Provincias Unidas, que fue reconocido por el Congreso reunido en la ciudad de Buenos Aires, lo que motivó esta declaración que condujo a una guerra victoriosa para la República Argentina.


En 1816 numerosas y bien pertrechadas fuerzas del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarave comenzaron la invasión lusobrasileña de la Provincia Oriental y de la casi totalidad de Misiones, así como practicaban incursiones en las provincias de Corrientes y Entre Ríos.
En1821 la entonces llamada Provincia Oriental del Río de la Plata, actual Uruguay y ex Banda Oriental, fue anexada al Brasil por Portugal con el nombre de Provincia Cisplatina tras ser derrotado Jose Gervasio de Artigas en la Batalla de Tacuarembò (1820).
Cinco años después, en 1825, y con el apoyo del gobierno argentino, un grupo de orientales y de otras provincias, llamados los Treinta y Tres Orientales y liderados por Juan Antonio Lavalleja, ingresó en la Provincia Oriental para desalojar a los ocupantes brasileños. A ellos se sumó oportunamente (tras haber servido a los brasileros) Fructuoso Rivera y en pocos meses logran retirar al ejército brasilero. El 25 de agosto de 1825, en el Congreso de Florida, se declaró la independencia del territorio oriental, y su voluntad de formar parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Pese a que al comienzo las fuerzas imperiales eran mayores a las rioplatenses, las Provincias Unidas lograron derrotar a Brasil luego de una lucha de tres años por tierra y mar; la batalla decisiva fue la de Ituzaingó. Sin embargo, los problemas económicos, provocados por el bloqueo de la Armada de Brasil al puerto de Buenos Aires obligaron a aceptar reclamos brasileños por lo que finalmente, Bernardino Rivadavia envió al ministro Manuel Jose Garcia a gestionar la paz; sin embargo, García firmó un tratado que luego sería conocido como el “tratado deshonroso” , ya que reconocía la soberanía del Imperio sobre la Provincia Oriental y se comprometía a pagarle a Brasil una indemnización de guerra. El presidente Rivadavia rechazó el convenio y posteriormente presentaría su renuncia.
El conflicto continuó hasta el 28 de agosto de 1828, cuando durante el gobierno de Manuel Dorrego se llegó a una Convencion Preliminar de Paz, donde se disponía la independencia de la Provincia Oriental y el cese de las hostilidades.
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sábado, 9 de diciembre de 2017

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE AYACUCHO

El Ejército Independiente obtuvo una victoria decisiva para la independencia americana en los campos de Ayacucho contra las fuerzas realistas. Esta última batalla de la Guerra de la Independencia fue la culminación de una acción continua durante 14 años a través de medio continente.
La Batalla de Ayacucho, fue el último enfrentamiento dentro de las grandes campañas terrestres de la guerra de independencia hispanoamericana (1809-1826) que había comenzado con la Revolución de Chuquisaca en 1809 en el Alto Perú y que culminó con la ocupación de las fortalezas del Callao dos años más tarde en 1826. La batalla se desarrolló en la Pampa de la Quinoa en el departamento de Ayacucho, Perú, el 9 de diciembre de 1824. La victoria de los independentistas, selló de facto la independencia del Perú con una capitulación militar que se transformaría años más tarde en tratado diplomático firmado en París el 14 agosto de 1879.
En 1820 España entraba en la debacle política con la sujeción del rey Fernando VII y la reinstauración de la Constitución liberal por la sublevación del General Rafael de Riego apoyado en los veinte mil soldados destinados a auxiliar a los realistas de América. Esto acabó para siempre con las expediciones de refuerzos de España que desde entonces no se aprestaron para ningún lugar de América, y motivó que los dos grandes virreinatos del Perú y de México que hasta el momento habían contenido el avance de la revolución hispanoamericana tomasen caminos opuestos. Mientras en México los monárquicos absolutistas afianzados tras destruir a los insurgentes, proclamaron su separación negociada de la España Liberal mediante el Plan de Iguala, los Tratados de Córdoba y el pacto trigarante. En el Perú por el contrario, el Virrey Pezuela estaba desacreditado por la derrota en Chile y debilitado por la expedición a Lima de José de San Martín. El Virrey absolutista fue derrocado finalmente por el golpe militar del general José de la Serna que proclamó entonces su adhesión a la Constitución Liberal.Los independentistas sostenían una prometedora campaña para derrotar a la Serna y los militares contrarios a la independencia que le apoyaban. Pero los realistas bajo una sólida subordinación militar destruyeron sucesivos ejércitos independientes. Primero en las campañas de Ica dirigidos por Domingo Tristán y Agustín Gamarra, y después en Torata y Moquegua por Rudecindo Alvarado. El inesperado año 1823 terminaba con otra campaña abierta sobre Puno con la batalla de Zepita y que culminaba con la aniquilación del ejército patriota comandado por Andrés de Santa Cruz y Agustín Gamarra. El Virrey la Serna recuperaba Arequipa tras batir a los colombianos el 10 de octubre de 1823. Todavía más, la guarnición argentina del Callao se pasaba a los realistas que acudieron en su ayuda desde la Sierra.Finalmente lo que restaba de optimismo se apagaba por las denuncias de traición contra los presidentes peruanos José de la Riva Agüero y José Bernardo de Tagle. José de la Riva Agüero deportó diputados del Congreso del Perú y organizó un congreso paralelo en Trujillo y luego de ser declarado reo de alta traición por el Congreso del Perú fue desterrado a Chile. En cambio José Bernardo de Tagle buscaba la firmar la paz sin batallas con el Virrey La Serna por lo cual fue a entrevistarse con los realistas. Este acto que fue considerado por Bolívar como traición. José Bernardo de Tagle dispuso todas las fuerzas a su mando apoyen a Bolívar para hacer frente al enemigo. Bolívar buscaba capturarlo para fusilarlo. José Bernardo de Tagle fue refugiado por los realistas en la asediada fortaleza del Callao. Bolívar escribía solicitando refuerzos de Colombia.
Pero sorpresivamente el año 1824 comienza con la rebelión de Olañeta en el Alto Perú tras conocerse la caída del gobierno Constitucional en España. El monarca absoluto Fernando VII había recuperado el trono de España y las Indias apoyado por 132.000 soldados del ejército de la Santa Alianza que invadía España. Y el 1 de octubre de 1823 el rey decretaba la abolición de todo lo aprobado durante los tres años de gobierno constitucional; sin distinguir lo hecho para las américas. Rafael del Riego moría ahorcado el 7 de noviembre de 1823 y los propulsores del movimiento liberal fueron ajusticiados, marginados o exiliados de España. El alcance de ésta purga sobre los constitucionales de Virreynato del Perú era infalible.
Tras conocer la rebeldía del general absolutista español Pedro Antonio Olañeta contra los constitucionales, La Serna cambio sus planes de bajar a la costa para batir a Bolívar. El Virrey del Perú por el contrario desviaba sus fuerzas y cruzaba el río Desaguadero el 22 de enero 1824 para dirigirlo a Potosí y someter los ejércitos de su antiguo subordinado. Las Memorias para la historia de las armas españolas en el Perú del oficial peninsular Andrés García Camba (1846) detallan el trastorno que los sucesos del Alto Perú produjo en los cálculos defensivos del virrey, José de la Serna e Hinojosa. En una prolongada campaña con las batallas de Tarabuquillo, Sala, Cotagaita y finalmente en la Lava el día 17 de Agosto de 1824 las fuerzas realistas del Virreynato del Perú (monárquicos constitucionales) y de las provincias del Alto Perú (monárquicos absolutistas) se destruían mutuamente y lo peor, Jerónimo Valdés era llamado urgentemente por el Virrey la Serna para contener el avance de Bolivar tras la batalla de Junín.
Bolívar en comunicación con Olañeta aprovecha el desmontaje del aparato defensivo realista para "movernos en todo el mes de mayo contra Jauja" y así sorprende a José de Canterac aislado en Junín el 6 de agosto de 1824. Dio comienzo entonces una incesante persecución con la consecuente pérdida de 3.000 realistas que seguidamente engrosaban las filas independientes.
Finalmente el 7 de octubre de 1824 con sus tropas a las puertas del Cuzco Bolívar entregó al general Sucre el mando del nuevo frente de batalla que recorría el curso del Río Apurimac y se retiró a Lima para tomar de la capital más empréstitos para sostener la guerra en el Perú y recibir una división colombiana de 4000 hombres despachada por Páez que no llegaría sino después de Ayacucho.
 
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viernes, 8 de diciembre de 2017

EL SABLE DEL OFICIAL

Me estaba desenganchando el sable, para dejarlo junto a la gorra y los guantes en el guardarropas, cuando el General me preguntó si sabía lo que estaba dejando sobre la mesa. Un tanto sorprendido le contesté que sí, que era el símbolo del mando del oficial.
De acuerdo -me dijo- ¿Pero cuál es su significado intrínseco?
A mi silencio correspondió pidiéndome permiso para tomarlo, dándome entonces la siguiente explicación:
- El pomo del sable significa: La Verdad, donde está acuñado el Escudo Nacional. Aquí, en el guardamanos, están talladas las más caras tradiciones nacionales, simbólicamente figura la efigie de Cuzco, hasta donde llegaron las armas argentinas llevando la libertad. La curvatura es igual a la usada por el Libertador, de origen Morisco, que representa: Equilibrio - Justicia – Paz. Este es Marte, Dios de la Guerra, en el anverso está: La Libertad. La Dragona tiene una cinta con un lazo corredizo, que como Ud. sabe, el oficial ciñe a su muñeca cuando desenvaina el sable. Bueno, si extendemos esa cinta, dentro de ella cabe la cabeza de un hombre. Y aquí en la hoja está grabada la inscripción: “SEAN ETERNOS LOS LAURELES”, que son los propósitos de nuestro Himno Nacional.
Sorprendido por tantas cosas que ahora, ante la explicación tomaban verdadero relieve, el señor General continuó su relato:
-En definitiva, mi joven amigo, el sable sintéticamente significa:
“Siempre que desenvaines tu sable, empuñando la verdad y teniendo al Escudo Nacional como divisa, en defensa de nuestra Libertad, aunque te empeñes en la guerra, las más caras y gloriosas tradiciones nacionales te protegerán la mano. Tuya será la victoria y eternos serán los laureles. Pero, piensa que atado a tu muñeca, llevas un juramento prendido que te recuerda:
¡Más vale morir ahorcado que traicionar a la Patria!”

Anecdota del Teniente Coronel Américo Flaiban respecto del General Expedicionario del Desierto Ricardo Anacleto Solá.

 
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jueves, 7 de diciembre de 2017

ANIVERSARIO DEL COMBATE DE CHIMEHUIN

Se desarrolló el 6 de diciembre de 1882 en el valle del río Chimehuin, al sur de Junín de los Andes, entre una tropa de 25 hombres del Regimiento 2 de Caballería de Línea, al mando del capitán Vicente Bustos y la tribu del cacique Platero, asentada en ese lugar. El parte y la versión oficial dice lo siguiente: “Campamento de Auquenco, Diciembre 7 de 1882. Tengo el honor de comunicar a Vd. el resultado de la comisión que se me confirió en la noche del 5 del presente. Siguiendo sus instrucciones vadié el río Chinhuin (sic) y en combinación con el teniente 2º D.
Vicente Grimau, cargué los toldos que se encontraban sobre la margen izquierda de dicho río, cuyo resultado Ud. conoce. Enseguida se me presentó el citado oficial con 14 individuos de tropa y doce que yo tenía hicieron el total de 26, con los cuales, según orden suya, me dirigí a los toldos de Platero, llevando tan solo un caballo por hombre por haber sido imposible pasar los que Ud. me mandó. Emprendí la marcha a las 2 y minutos de la mañana y después de una hora de marcha, después de haber andado más de tres leguas, llegamos a unos toldos abandonados, los cuales habían sido del citado Platero según el baqueano, a quien reprendí seriamente porque aquellos toldos se conocía que no eran habitados desde mucho tiempo atrás.
Acto continuo seguimos adelante y llegamos a otros toldos después de haber marchado como una legua y notando que recién los habían abandonado seguí los rastros y como a una legua tomé trece indios de chusma que huían y avistando una toldería muy cerca, me dirigí a ella; siendo ésta la del capitanejo principal del cacique Ñancucheo el que teniendo conocimiento por los indios fugados de la anterior toldería, de nuestra aproximación, había pasado a la margen derecha del río Chimehuin; algunos indios que se encontraban de este lado huyeron a mi vista.
Ya los caballos estaban cansados y resolví acampar tomando para ello las precauciones del caso, pues sobre un médano de la margen derecha del río se veía un grupo de indios como de noventa, los que levantaron una bandera en señal de parlamento y habiéndole contestado de la misma manera, bajó a la orilla del río el Capitanejo acompañado de un lenguaraz y tres indios, desde allí me hizo presente que quería paz lo mismo que su cacique, que debía presentarse con 400 y tantos indios que tenía, contando con los que pertenecían a Namuncurá. En vista de esto mandé al baqueano que llevaba acompañado de un cabo y dos soldados a fin de poner en su conocimiento todo lo susodicho, dándole cuenta al mismo tiempo de que a una señal de humo, se reunían los indios llegando de todas direcciones, pero por la parte del río en que ellos se encontraban, y avisándole el estado de los caballos.
Mientras tanto volví a conferenciar con el Capitanejo dos veces más, pasando éste con varios indios desarmados a donde ya estaba, y al retirarse la última vez fui atacado como por doscientos indios aproximadamente que durante la conferencia habían vadeado el río sigilosamente, por un punto imposible de descubrir para nosotros.
El ataque lo trajeron divididos en tres grupos, dos a pie y el otro a caballo, armados de lanzas y carabinas, siendo la primera el arma que tenían el mayor número de ellos.
Los que cargaron a pie serían como unos cien, quienes llegaron hasta nosotros, haciéndome imposible la defensa de la caballada, que estaba atada y maneada a poca distancia, arrebatándola una parte de los indios montados; a pesar de habernos cargado muy de cerca; valiéndose para ello de los accidentes del terreno y de la arboleda de la costa, fue tal el fuego hecho por los soldados, y los golpes de sables de los mismos que pronto comprendí la desmoralización de los salvajes, y entonces redoblando nuestros esfuerzos, conseguimos después de media hora de combate, ponerlos en precipitada fuga, quitándoles trece lanzas y seis caballos, de los cuales uno era nuestro y los otros de ellos, estando estos últimos ensillados. Del total de lanzas tomadas, que es el mismo de muertos del enemigo entrego a Ud. diez, pues las otras se quedaron inútiles en el lugar de la acción, varios indios más perecieron ahogados, pues se arrojaban al río, los que no tenían otra salvación; pereciendo de la misma manera, toda la chusma prisionera, quien durante el combate, también se asotó al río.
Las pérdidas sufridas por nuestra parte, son los soldados Toribio Oliva y José Lacasa, muertos; el primero recibió un lanzazo en el costado a consecuencia del que cayó al río, y el segundo otra herida también de lanza en la misma naturaleza que la del primero, con la cual bastó para dejarlo fuera de combate, pero asimismo su cuerpo presentaba otras heridas.
Los heridos son, el que suscribe de dos lanzazos de poca gravedad, y un golpe de bola perdida; el cabo 2º Juan Guilleguer, de un bolazo en la pierna izquierda, el soldado Juan Chaparro, también herido de lanza en seis partes, y por último, el soldado Pedro Trejo presenta en el cuerpo veinticinco heridas, siendo algunas de gravedad; a más salieron contusos de golpes de bola perdida, el sargento Samuel Pérez, los cabos Ignacio Taboada y Jacinto Morales y los soldados Venancio Zárate, Bernabé Sosa y Sandalio Villaroel.
Los heridos del enemigo me supongo que son muchos, por la sangre que se notaba en el trayecto de su fuga.
Me falta hacer presente a Ud. que la munición ha sido de tan mala calidad que varios soldados se vieron en la imperiosa necesidad de abandonar su carabina, porque los cartuchos no detonaban, siendo así que tres de ellos resultaron sin carabina, habiéndose reventado una y la otra cayó al agua.
Viéndome casi completamente a pie, resolví buscar la incorporación, haciendo montar los heridos y cargar las monturas en los caballos restantes, marchando la fuerza a pie. Como los caballos venían bastante pesados y los indios me seguían, resolví dejar las monturas ocultas en un bosque de los que encontré en mi trayecto, distante del paso del río como una dos leguas, trayendo tan solo cuatro que fueron los caballos que se pudieran ensillar.
Sobre el camino encontré charcos de sangre y una medalla de las acordadas últimamente por el Superior Gobierno a los soldados, lo que me vino a demostrar la certeza de mi sospecha sobre el baqueano, pues no puede dudarse de que el cabo Alarcón y los soldados Pedro Bustos y Telmo Domínguez han sido muertos por los indios, en vista de no haber llegado a este campamento ninguno de ellos.
Réstame recordar a Ud. la digna comportación del teniente Grimau, lo mismo que el puñado de valientes que tenía a sus órdenes y que han demostrado una vez más, la pujanza en la pelea, el sufrimiento en la fatiga, la pronta obediencia y la ciega disciplina de que están poseídos. Dios guarde a Ud. - Vicente Bustos.”
Es conveniente agregar la nota aclaratoria del citado Capitán, donde se refiere a la actuación de suboficiales y soldados; dice así: “Collón-Curá, Enero 10 de 1883 – Al Señor Jefe Accidental del Regimiento 2 de Caballería de Línea, teniente coronel Don Roque Peiteado. - A pesar de que como lo digo en el parte que pasé a Ud. dando cuenta del combate que tuvo lugar con los indios en el día 6 de Diciembre próximo pasado, todos los soldados han observado una conducta bastante digna, se han hecho recomendables por su reconocido valor en los momentos de la lucha cuerpo a cuerpo, y después por el especial empeño en dar cumplimiento a las órdenes que recibían y por la tenacidad en la persecución que se hizo a pie hasta donde nos fue posible y en la que se consiguió ultimar varios indios heridos, herir a otros y quitar los caballos que me sirvieron para cargar las monturas y montar los heridos; el sargento 1º Cayetano Rosas, los cabos 2º Ignacio Taboada y Jacinto Morales y los soldados Hermenegildo Montenegro, Calisto Arias, Balbino Balquinta, Doroteo Barrios, Venancio Zárate, Pedro Trejo y Juan Chaparro. Dios guarde a Ud. – Vicente Bustos.”
Como los datos oficiales y extraoficiales no coinciden, veamos seguidamente la versión que se asienta en el Diario de la Brigada: “La lucha fue cruda y encarnizada por ambas partes: los salvajes alentados por la superioridad en el número y la seguridad de la victoria, y nuestros valientes, por su propio coraje y disciplina.
El intrépido capitán Bustos, que sereno y enérgico en el peligro dirigía el combate dando ejemplo de valor, rompió su espada en lucha y descargó eficazmente sus revólveres, quedando, por tanto, desarmado en lo más crítico de la pelea; los bárbaros dirigían sus golpes a este valiente oficial, a quien reconocieron por Jefe, y a no ser por la intrepidez y destreza del cabo Ignacio Taboada, que apercibido del peligro que corría su oficial, se colocó a su costado e hizo prodigios con su sable, quitando las lanzadas que a uno y a otro les dirigían e hiriendo a cada golpe que descargaba sobre los más atrevidos, hubiera sido víctima tal vez.
El teniente 2º D. Vicente Grimau, también del mismo Regimiento, secundaba dignamente en esta acción al capitán Bustos.
Media hora duró la lucha, cediendo por fin los salvajes en completa dispersión, dejando a los pies de nuestros bravos, 13 cadáveres; mientras que otros aterrorizados se lanzaban al río Chimehuin, a cuya margen tuvo lugar el suceso, juntamente con trece personas de familia que momentos antes se habían tomado prisioneras, pero perecieron todos por el fuego de nuestros soldados o devorados por las torrentosas aguas del Chimeuin.
De nuestra parte lamentamos un cabo y 4 soldados muertos; 4 heridos inclusive el capitán Bustos y la mayor parte contusos por golpe de bolas.
Tan distinguida acción, fue la que inauguró la serie de combates no menos honrosos, que se han sucedido en el curso de la expedición.”
Pero he aquí que el mismo comandante de la Brigada, al dar a conocimiento a sus subordinados de los hechos de armas en que habían intervenido sus tropas durante ese lapso de la campaña, expresaba el 15 de diciembre en su: “Orden de Brigada – En los pocos días de campaña que cuenta la segunda Brigada, se han realizado operaciones tan diversas como fructuosas y librádose combates, dejando en cada uno de ellos sembrado el escarmiento, el terror y el castigo terrible para los salvajes, que desesperadamente en sus últimos momentos de exterminio han osado oponerse a nuestro paso.
Algunas víctimas tenemos que lamentar por nuestra parte todos pertenecientes al Regimiento 2 de Caballería de Línea, los soldados José Lacaba y Toribio Oliva, también víctimas en su puesto de honor, en un combate de doscientos contra veinte, como el que tuvieron que sostener a arma blanca, tan brillantemente conducidos por el capitán D. Vicente Bustos y teniente 2º Don Vicente Grimau. Debemos también un recuerdo respetuoso para el cabo Atanasio Alarcón y soldados Pedro Bustos, Telmo Domínguez y Fidel Miranda, traidoramente asesinados los tres primeros al conducir una correspondencia, y el último ahogado en las aguas del río Chimehuin, al vadearlo a nado para atacar al enemigo.”
Algunos historiadores y escritores militares aportan algunos datos que difieren en algo a lo apuntado anteriormente. Juan Carlos Walter, al citar el combate dice: “La sorpresa no tuvo lugar porque los indios lograron escapar. Con todo se tomaron 22 prisioneros, 3 carabinas Remington, algunos animales y varias prendas de uniforme, probablemente de algunos desertores allí refugiados. Las propias tropas tuvieron la pérdida de dos soldados puestos fuera de combate y 10 heridos, entre ellos 1 soldado que presentaba en el cuerpo 25 heridas”.
Manuel Prado, en cambio, informa: “Por nuestra parte tuvimos que lamentar seis soldados muertos y el capitán Bustos y un soldado heridos. El resto de la fuerza, sin excepción, había sufrido contusiones de bola. Pero éstas, como nos contaba Grimau alegremente, se curaban fácilmente con agua del arroyo y la sal de la ración.”
Se hace la salvedad que Prado puede referirse, al citar los muertos, a alguno de los heridos que haya fallecido posteriormente, como consecuencias de las heridas, como por ejemplo el que cita Walter.
Juan J. Biedma Straw nos dice igual saldo al del informe del Diario, agregando: “Regresó al campamento con 24 prisioneros, numerosa caballada y ganado vacuno y lanar.”El general Pereyra hace la referencia del mismo informe transcripto, no dando nombres, y por último, Vigil, en su meritoria obra, menciona: “De las fuerzas expedicionarias hubo que lamentar cuatro bajas, entre ellas el cabo Atanasio Alarcón, resultando el capitán Bustos herido de dos lanzazos y un golpe de bola. Hubo además cuatro soldados heridos y varios contusos.”
En base a lo expuesto se puede expresar:
1) Que la acción se desarrolló en la margen izquierda del río. El mapa que figura en la obra de Vigil lo marca a la derecha, pero en el texto se ciñó al informe de la Comisión Nacional, que lo da al combate como realizado en la margen izquierda.
2) Que en esa ocasión no falleció el cabo Atanasio Alarcón y los soldados que lo acompañaron en su comisión; como figura en el informe aludido de la Comisión Nacional y en otros libros.
3) Que la tribu de Ñancucheo vivía en la orilla meridional del lago Huechulafquen, en el paraje denominado “Contra”, como surge del informe y mapa del sargento mayor Bejarano, que la visitara en 1872 en misión oficial, como así figura luego en varias partes de los Diarios de marcha de las brigadas intervinientes en esta campaña, tanto que la lucha contra este cacique insume la mayor parte de las acciones guerreras realizadas en la zona. La toldería atacada pertenecía al cacique “Platero” y su gente, de la misma parcialidad, como bien lo hace constar Walter en su libro.
Prado se equivoca con respecto a la actuación del referido cacique y su tribu, como lo certifican los informes de las brigadas actuantes contra él.
4) Que durante el combate fallecieron los soldados José Lacaba y Toribio Oliva; en cuanto al soldado Miranda, el informe de Peiteado dice: “Al pasar el río de regreso, tuve que lamentar la pérdida del soldado Fidel Miranda, que se ahogó sin habérsele podido prestar auxilio por la rapidez de la corriente.”
5) Que el fortín Picún Leufú, luego denominado Cabo Alarcón, situado en la confluencia de aquel río con el Limay, era custodiado por tropas del Regimiento 5º de Caballería de Línea, y no tiene relación alguna con este combate, librado por tropas del 2 de la misma arma. El nombre impuesto corresponde al Cabo citado.
Con fecha 28 de julio de 1883, por Superior Resolución, fueron ascendidos “por mérito de acción distinguida” el capitán Bustos y el teniente 2º Grimau.
Fuente: Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado, Raone, Juan Mario – Fortines del desierto – Biblioteca del Suboficial Nº 143.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE PASCO

El 6 de diciembre de 1820 se produce la Batalla de Pasco. Después de la victoria de Nazca del 15 de octubre de 1820, el General Juan A. Álvarez de Arenales recorrió varias localidades de la sierra peruana, capturando Guamanga, Huanta, Jauja y Jauma. El virrey del Perú envió en su contra a un ejército al mando del Brigadier Diego O'Reilly, quién lo desplegó en batalla en el Cerro de Pasco. El General Álvarez de Arenales obtuvo un triunfo completo. Luego de la batalla el Teniente Vicente Suárez, al frente de un piquete de Granaderos a Caballo, persiguió al general español y lo capturó en Lauricocha a unas 20 leguas de distancia.
Al comenzar el día de la batalla, la climatología ofrecía una nevada espesa y copiosa que entorpecía la marcha de la infantería y que disminuía la visibilidad a "unas cuantas varas". Para cuando dejó de nevar, la división de Arenales que se había puesto en marcha a las 10 am con cuatro cañones de montaña, ocupaba las alturas delante del pueblo de forma que la línea del frente se dibujaba al sur-oeste del pueblo, el cual estaba situado en la hondonada. En el ala izquierda realista estaba la laguna de Patarcocha que cubría el frente del batallón Concordia, a su derecha estaba el batallón Talavera, parapetado detrás de un foso que servía de desaguadero de la laguna y con las dos piezas de artillería en su centro. En el extremo del ala derecha realista estaban los Dragones de Carabaillo.
Movimientos de la batalla
La división de arenales se organizó en tres columnas que se moverían al trote, con una pantalla de tiradores desplegados en guerrilla al frente de cada una. A la derecha independentista estaba batallón número 2 de Chile formado en columna, y comandado por Aldunate iba dando un rodeo a laguna para atacar el flanco del batallón Concordia. La reserva formada, de cuatro mitades del Nº2 y Nº11, estaba mandada por Manuel Rojas, a dos cuadras por detrás y en el centro independiente, con la misión de seguir el movimiento del nº2. Finalmente Deheza con el batallón número 11 de los Andes con dos piezs de artillería era el encargado de atacar al Talavera, para lo que destacó una compañía contra el centro realista cubriéndose en la ribera de la Laguna, mientras el resto asaltaba el foso. Contaba con el apoyo de los granaderos a caballo que iban comandados por Juan Lavalle.
Conclusiones
El batallón nº 11 de los Andes tras los tiroteos de fusilería asaltó a la bayoneta el foso, empujando a los Talavera hacía el norte caserío. Los del nº2 de Chile, rodeando la laguna, flanquearon la posición dispersando completamente la división realista. En la persecución que siguió, Santa Cruz y la unidad de caballería que mandaba se pasaron al bando independiente. Los realistas tuvieron 83 bajas y 422 prisioneros, 4 jefes, incluido O'Reilly. Los independientes 43 bajas
En la imagen: Condecoración otorgada a los vencedores de la Batalla de Pasco.

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