miércoles, 7 de noviembre de 2012

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE SUIPACHA


El dìa 7 de noviembre de 1810 se produce la Batalla de Suipacha. Las fuerzas patriotas, comandadas por el Mayor General Antonio González Balcarce, derrotan a las realistas a las órdenes del Capitán de Fragata José de Córdoba. Más tarde el ejército patriota avanzó hasta el Río Desaguadero -cuyas aguas surgen del Lago Titicaca-, límite entre los virreinatos de las Provincias del Río de la Plata y del Perú, acampando allí. Después de este triunfo, el primero de las armas argentinas, las cuatro intendencias del Alto Perú que dependían de Buenos Aires, se declararon a favor de la emancipación americana.
Después del desfavorable combate de Cotagaita ocurrido el 27 de octubre, las fuerzas revolucionarias se vieron obligadas a retirarse en dirección a Tupiza sin ser perseguidas por los realistas. El 5 de noviembre las fuerzas realistas comenzaron la marcha hacia Tupiza, luego de recibir a Nieto con 100 veteranos de los Granaderos provenientes de Chuquisaca y a Basagoytía con 350 hombres de las milicias de Puno y de Arequipa, por lo que al día siguiente Balcarce desalojó ese pueblo, que fue ocupado al día siguiente por 1.200 realistas, y se situó en Nazareno el 6 de noviembre, ubicado sobre el río Suipacha frente a la población de Suipacha, en donde recibió por la noche un refuerzo de 200 hombres provenientes de Jujuy con dos piezas de artillería, junto con municiones y la paga de las tropas. Córdoba había recibido informes falsos sobre la moral combativa de las fuerzas de González Balcarce, convenciéndose de que marchaban descontentos y mal armados y por lo tanto sería relativamente fácil dispersarlos, tampoco se había enterado de la llegada de refuerzos con municiones y cañones.El Ejército del Norte tenía inferioridad numérica, 800 realistas con 4 cañones contra 600 patriotas con 2 cañones. Formaban parte del ejército realista de observación los veteranos del Real Borbón y del Cuerpo de Voluntarios del Rey, éste al mando del capitán José Fernando de Fontaneda, que habían partido de Buenos Aires en 1809 para reprimir las sublevaciones del Alto Perú y que luego formaron el Batallón Fernando VII.

La Batalla
Cuando el 7 de noviembre la vanguardia realista tomó contacto visual con las tropas de Balcarce, éste había ocultado gran parte de su infantería y artillería entre los cerros y quebradas vecinas.
Situados frente a frente sin atacarse hasta las 3 de la tarde, González Balcarce se impacientó e ideó un plan para forzar a Córdoba a atacarlo, para eso hizo adelantar 200 hombres sobre la playa del río y con dos cañones abrió fuego, lo que dio inicio al enfrentamiento cuando Córdoba destacó algunas fuerzas de guerrilla. González Balcarce desplegó más tropas y Córdoba envió batallones para reforzar a sus guerrillas abandonando sus posiciones seguras. González Balcarce ordenó simular una retirada en aparente desorden, haciendo caer en la trampa a Córdoba, quien dio la orden de perseguirlos con todas sus tropas hasta las proximidades de la quebrada de Choroya. Allí las fuerzas de González Balcarce que en apariencia huían, giraron para enfrentarlos, mientras las tropas de infantería y la artillería que estaban ocultas entre los cerros aparecieron brúscamente, emboscando a los realistas, quienes se dieron a la fuga arrojando banderas, armas y municiones, siendo perseguidos por tres leguas.La batalla duró media hora y concluyó con una fácil victoria para los revolucionarios ya que los realistas abandonaron el campo de batalla en fuga, dejando la artillería. Fueron tomados 150 prisioneros realistas. La aparición de indígenas para observar la batalla desde los cerros hizo pensar a Nieto que se trataban de fuerzas de refuerzo y se precipitó en fuga sin esperar el resultado de la batalla.
En la batalla, junto con las tropas provenientes de Buenos Aires (275 combatientes), participaron, salteños, jujeños, oraneses, tarijeños, cinteños y la Caballeria chilena de Tupiza, comandada por el Coronel Pedro Arraya. Martín Miguel de Güemes, quien estaba al frente de los salteños fue posteriormente a la batalla (ya en Potosí) despojado de su rango militar por desavenencias con Castelli y devuelto a Salta, mientras que sus tropas fueron incorporadas al Ejército del Norte. Las evidencias históricas señalan a Güemes como el ejecutante de las acciones de Suipacha, sin embargo Castelli no lo menciona en el parte de batalla.

Consecuencias
El ejército realista que luchó en Suipacha sufrió una completa derrota, perdió sus 4 cañones, sus tiendas de campaña, armas, municiones, 10.000 pesos en plata, víveres y se desintegró por completo.
El triunfo de Suipacha tuvo un fuerte efecto moral, los jefes realistas del Alto Perú perdieron todo su prestigio, que se vio reflejado en el pronunciamiento de las ciudades de Potosí el 10 de noviembre apresando a su gobernador Paula Sanz,Chuquisaca,La Paz y Cochabamba (en donde Esteban Arze consiguió el triunfo de Aroma el 14 de noviembre) en favor de la Junta de Buenos Aires, ciudad en donde produjo una euforia generalizada.
En el momento de la batalla Juan Jose Castelli se hallaba en Yavi, desde donde el 8 de noviembre informó a la Junta sobre la victoria, redactando dos días después en Tupiza el parte completo, llevado a Buenos Aires por el mayor de patricios Roque Tollo.
En La Gazeta del 3 de diciembre, parafraseando al virrey del Perú José Fernando de Abascal y Sousa, se pudo leer:

“(...) que el americano nacido para vegetar y vivir en la oscuridad, (...) [excedía a los militares de España], donde por virtud del nuevo gobierno, se ha enseñado la táctica de fugar, manchando la memoria de nuestros abuelos y héroes de la milicia que ahora nosotros queremos renacer (...)”
Una de las dos banderas tomadas fue enviada a Buenos Aires con una nota de Castelli que decía:
“A fin de que V. E. la destine a la sala del rey D. Fernando, con las que adornan su retrato.”La Junta autorizó a todos los comandantes victoriosos en Suipacha, a llevar en el brazo derecho un distintivo con la inscripción:
La patria a los vencedores de Tupiza.

http://www.fotolog.com/ejercitonacional   http://www.facebook.com/EJERCITO.NACIONAL.ARG

martes, 6 de noviembre de 2012

ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN ESCUELA SUPERIOR TÉCNICA “GENERAL DE DIVISIÓN NICOLÁS SAVIO”


“Tengamos todos presentes que los grandes hechos, así como la grandeza de los pueblos, no fueron nunca consecuencia de milagros; fueron siempre, obras de perseverancia, de moral, de seriedad, de estudio, de trabajo, también, de sacrificio". Manuel N. Savio

Saludamos a todos los integrantes de la institución en la fecha en que se conmemora la creación de la Escuela Superior Técnica, impulsada en 1930 por el entonces Teniente Coronel Nicolás M. Savio.

La Escuela Superior Técnica
El Ejército Argentino no tenía ingenieros militares. Corrían las primeras décadas del siglo XX. Con la creación de la Escuela Superior Técnica, obra del General Manuel Savio, se pusieron las cosas en su lugar. El proyecto buscaba capacitar a los nuevos profesionales que se encargarían de la explotación de yacimientos, construcción de industrias y de la infraestructura para llevar adelante su plan de industrialización.
Un viaje a Bélgica marcó su destino. Manuel Savio era entonces capitán y profesor del curso de Metalurgia y Acción de Explosivos en el Colegio Militar de la Nación. Como miembro de la comisión de adquisiciones en el extranjero, en 1924 partió hacia Bruselas. Durante su estancia europea tomó contacto con la obra del capitán de artillería Jean Dumez, profesor de la Escuela Superior Técnica de Artillería de Francia. Lo visitó en París y consiguió ser su alumno. Quedó fascinado con sus enseñanzas. En las aulas de la Ciudad Luz se dio cuenta de la escasez de ingenieros y químicos industriales militares argentinos. Y además, que el curso que dictaba con miras al desarrollo industrial de la Argentina no alcanzaba para ponerse a la altura de los tiempos. De ahí surgió la idea de crear una Escuela abierta a los oficiales de todas las armas.
Tras retornar de Europa cinco años después, fue designado titular de la cátedra Organización Industrial Militar. Luego del golpe del 6 de septiembre de 1930, ascendió a teniente coronel. Sin embargo, su mente inquieta apuntaba a otros horizontes. En ese entorno, Savio le propuso al entonces presidente de la Nación de facto, General Félix Uriburu, la creación de la Escuela Superior Técnica. El 6 de noviembre de ese mismo año, se dio a conocer el decreto respectivo y quedó consolidado su funcionamiento. “El proyecto busca alcanzar cuanto antes la capacidad de producción de materiales y la capacidad de elaboración de materias primas básicas para la industria manufacturera y que permitan al país actuar con completa soberanía, sin la dependencia de intereses extranjeros que decidan cuándo y qué industrias la Argentina podía desarrollar”, decía con convicción.
Ese primer paso hacia la industrialización nacional había sido tomado como modelo de la Escuela Politécnica de Francia, fundada en 1794, con la dirección de Lazare Carnot, colaborador de Benjamín Franklin. Con el correr de los años la escuela argentina se convirtió en el almácigo del que surgieron los nuevos ingenieros militares. El propio Savio ocupó el cargo de director y, a la vez, integró el cuerpo de profesores que trabajaron ad honoren (lo mismo que él) desde la cátedra sobre la Movilización Industrial Argentina.
Durante los primeros años funcionó en dependencias del Colegio Militar, en la localidad de San Martín, mientras la Escuela de Mecánica de la Fuerza capacitaba a los operarios. Su convicción era tal sobre la importancia del instituto que había ideado, que una década después llegaron a poblar sus aulas oficiales de otros países de América. “Esta movilización permitiría un país listo tanto para la guerra como para la paz y que mediante las industrias desarrolladas se propone levantar las sólidas estructuras industriales que, llegado el caso, sirvan para la defensa”, aseveraba. Buscaba además preparar y disponer del recurso humano necesario para un programa de industrialización que habría de concretarse en etapas sucesivas (el Plan Industrial). “Un proyecto que no sería fácil, pero que llevaría adelante con cuidado y tozuda perseverancia”, afirman sus biógrafos.
Las clases se iniciaron el 12 de mayo de 1931. Desde el primer momento Savio buscó la excelencia académica. No era para menos: los ingenieros militares debían ser la piedra fundamental para el desarrollo tecnológico, industrial y del material asociado con la Defensa Nacional. Con ese norte fueron introducidas especialidades de ingeniería novedosas en el país y se facilitó un plan de industrialización inédito en América Latina. Además, encaminó la industria de armamentos que incluyó la producción de aviones. Savio se encargaría de convertirla en el centro de estudios de los problemas técnicos relacionados con el desarrollo de la industria pesada y en promotora de doctrinas nacionalistas en el seno del Ejército. En 1934 egresaron los primeros profesionales. En 1960 adquirió nivel universitario y en 1971 pasaría a llamarse General Manuel Savio en honor a su fundador. De él, el presidente Arturo Frondizi dijo: “es un hombre que honró los estudios económicos dentro del país. Su figura estará ligada a toda una serie de acontecimientos fundamentales para el desarrollo económico del país y no se podrá hablar en el futuro de la industrialización argentina sin tener en cuenta las ideas y los conceptos del General Savio, quien fijó con precisión, los límites y el significado del proceso económico nacional”.
Desde su gestión al frente de la EST, Savio entabló relación con varios empresarios industriales metalúrgicos con el fin de conseguir sustento financiero y político para proyectos industriales. Entre ellos, con Torcuato Di Tella, dueño de SIAM, con quien trabó amistad, y Ernesto Tornquist, de Talmet (conjunto de talleres metalúrgicos).
Este grupo de emprendedores, al que luego se fueron sumando más empresarios siderúrgicos, diseñaron varios proyectos para poner en marcha la industria básica del acero, lo que permitió resolver los inconvenientes de maquinaria que tanto afectaban los resultados de la producción. Hoy, el instituto de enseñanza superior es líder en su género y es llamado “la Facultad de Ingeniería del Ejército”.
Fuente: Diario Soldados Digital 2012.

http://www.fotolog.com/ejercitonacional

http://www.facebook.com/EJERCITO.NACIONAL.ARG









lunes, 5 de noviembre de 2012

CUERPO DE INGENIEROS. COMPAÑÍA DE ZAPADORES


El Ejército tuvo su origen, el 29 de mayo de 1810, en el decreto que se llamó “Reglamento de Milicia”. Por entonces se mencionaban como componentes a las unidades de las tres armas existentes hasta ese momento, a saber, Infantería, Caballería y Artillería.
Dentro de las unidades de Infantería, se incluía antes de la Revolución de Mayo un cabo de gastadores con seis soldados de esa especialidad por cada batallón; esto no se modificó luego de la revolución. No se crearon unidades de Ingenieros, pero continuó existiendo el “Real Cuerpo de Ingenieros” concebido en tiempos de la colonia. Este cuerpo junto con los gastadores pasaron a engrosar las filas del Ejército patrio.
Los orígenes del arma dentro del Ejército podríamos establecerlo cuando el Coronel San Martín, en septiembre de 1813, como Comandante de la Guarnición en Buenos Aires, propuso la creación de una sección de zapadores, compuesta por dos oficiales y cincuenta hombres de tropa con toda la dotación de útiles y herramientas que debían recibir la instrucción correspondiente. El 8 del mismo mes, el gobierno aceptó la propuesta y ordenó la creación de la Compañía de Zapadores poniendo al mando a un capitán, un teniente, un subteniente, sargento 1ro, cuatro sargentos y ocho cabos junto a cien soldados. La tarea quedó a cargo con grado de Comandante al Coronel Eduardo Kailitz, Barón de Holmberg. La compañía se estableció en el convento de la Merced, ubicado en la actual calle Tte Grl J. D. Perón y Reconquista en la ciudad de Buenos Aires.
El uniforme que usarían los zapadores a propuesta de su Comandante, la cual fue aprobada, consistía en una casaca color verde oscuro, abotonada al frente con una sola fila de botones plateados, cuello y puños de terciopelo negro con galón de plata y vivos color grana; pantalón blanco, botas altas o zapatones. Los oficiales generalmente usaban sombrero de tres picos (tricornio) a usanza española de color negro con galón de plata y escarapela o bicornio como la mayoría de los oficiales del Ejército. La tropa, en cambio, utilizaba un sombrero cilíndrico tipo morrión con guarniciones plateadas y penacho verde al frente con una escarapela en la parte superior; en esa época llevaban una calavera con las tibias cruzadas en metal plateado sobre la frente y los correajes de cuero en color blanco. El armamento consistía en carabina o fusil de chispa, en algunos oficiales pistola, machete o sable; estos machetes llevaban sobre el lomo de la hoja dientes de sierra con vaina de acero utilizados por la tropa. El equipo consistía en mochila de cuero para útiles, una manta y como principales herramientas de trabajo llevaban pala, pico, barretas, azadón o hacha. En campaña se utilizaban unas polainas de cuero grueso para protección de las piernas y delantales de cuero.
No se puede precisar si este uniforme, en su totalidad, fue utilizado ya que el 22 de octubre de 1813 se estableció que el nuevo cuerpo se incorpore a engrosar las filas del Regimiento de Granaderos de Infantería.
Durante la guerra por la Independencia, los zapadores desempeñaron múltiples acciones, como la fortificación de la Quebrada de Humahuaca dispuesta por el Gral Belgrano año 1812 durante la campaña del Ejército del Norte, ya que dispuso la formación orgánica de un Cuerpo de Ingenieros integrándose al Estado Mayor del Ejército del Norte, el Barón de Holmberg como especialista en el manejo de tropas de Ingenieros.
Una vez en Tucumán, Belgrano resuelve presentar batalla ante el ejército realista superior en número al propio en los alrededores de la ciudad y, previendo que si las tropas patriotas fueran superadas, se ofrecería resistencia desde la misma ciudad. Para ello encomendó a los Ingenieros la construcción de fortificaciones, trincheras y reductos para la defensa. Luego de la batalla, las tropas patriotas ocuparon dichas defensas lo que motivó el total repliegue de los realistas. Para ese entonces, los uniformes de Ingenieros eran los mismos que utilizaba la Infantería, distinguiéndose por el penacho, cuellos y puños; el uniforme era azul.
Cuando San Martín se hizo cargo del Ejército del Norte, entre otras medidas adoptó la construcción de un campo atrincherado llamado Ciudadela, en forma de pentágono regular con bastiones para la artillería. Además se crea una academia de matemáticas para la instrucción de oficiales; los conocimientos adoptados fueron utilizados para la construcción de la fortificación. No se emplearon tropas de Ingenieros específicamente.
Durante el sitio a Montevideo, se emplazaron fortificaciones para alojar piezas de Artillería. El Barón de Holmberg fue nuevamente el encargado de dirigir la construcción de dichos emplazamientos con el grado de Coronel Ingeniero Militar, además de encargarse en la fundición de piezas y municiones de Artillería. Las tropas de zapadores provenían del Ejército del Norte y llegaron a actuar durante el sitio tres compañías de Ingenieros.
En el litoral argentino, se emplazaron baterías con el objeto de defender las costas ribereñas (las más conocidas son “Libertad” e “Independencia”), cuya construcción a las márgenes del Río Paraná a la altura de Rosario fue ordenada por el Grl Belgrano.
Durante la campaña de los Andes, San Martín previendo la dificultad del terreno formó el cuerpo de Ingenieros de los Andes, los cuales se encargaron de los relevamientos, construcciones de puentes, movimiento de cargas pesadas, recuperación de materiales caídos en los precipicios de la cordillera y apertura de pasos (remoción de obstáculos) para el paso de las tropas. Se contrataron trabajadores y capataces mineros de Cuyo (Barreteros), quienes poseían la destreza en el manejo de herramientas acostumbrados a desarrollar las duras tareas de zapadores en los Andes. El uniforme no variaba mucho del creado por el Barón de Holmberg en 1812, salvo que cubriendo la cabeza se utilizaba un sombrero de piel negro tipo cosaco con la calavera y tibias cruzadas en la frente en caso de la tropa.
El Grl San Martín designó como Comandante de Ingenieros de los Andes al Sargento Mayor don Antonio Arcos, veterano de las fuerzas napoleónicas y que, luego de la caída de éste, abrazó la causa americana para la epopeya del cruce de los Andes. Se debió proveer las herramientas de zapadores: palas, picos y barretas, y se dotó, además, de materiales para la construcción de 43 mts de puente colgante (tableros, cuerdas y elementos de fijación del mismo), cabestrantes y anclones de fijación para la artillería y materiales pesados.
El Comandante de Ingenieros, junto a 90 “barreteros de minas”, avanzó en las operaciones adelantando la columna principal en tres grupos por Los Patos y una sección de 30 hombres lo hizo por Uspallata, acompañando el material pesado. Asimismo, cada regimiento contaba con una sección, un cabo y cuatro soldados gastadores.
Por lo expuesto, la invalorable tarea de nuestros Ingenieros se desarrolló a lo largo de toda la campaña por la Independencia y se extendió a Chile y Perú.
Fuentes: Jorge González Crespo / Héctor Arenales Solís


http://www.facebook.com/EJERCITO.NACIONAL.ARG

domingo, 4 de noviembre de 2012

ANIVERSARIO DE LA CREACION DEL REGIMIENTO DE CABALLERÍA DE TANQUES 11 "DEFENSORES DEL HONOR NACIONAL"

El 10 de julio de 1826, el Presidente de la Nación Bernardino Rivadavia decretó la creación de once Regimientos de Caballería de línea. En la necesidad de cubrir las fronteras contra el indio, ya que Ejército regular había marchado a la guerra contra el Brasil.
El 18 diciembre de 1826 se crea un Regimiento de Caballería de línea denominado “DEFENSORES DEL HONOR NACIONAL”, cuyo jefe fue el General Mariano Necochea.
Ya para esta fecha habían sido creados todos los Regimientos de Línea menos el 11, por lo que se deduce que el nombre hace referencia a éste.
En 1838 formó parte del Ejército de Vanguardia, asistiendo a la Batalla de Arroyo Grande contra el Ejército Uruguayo aliado a los franceses, durante el bloqueo anglo-francés.
En 1855 es asignado a la frontera sur, posteriormente en el año 1859 formó parte del Ejército de Buenos Aires al mando del General Bartolome Mitre, logrando la reincorporación de esa provincia a la Confederación Argentina.
El 17 de septiembre de 1861 fue disuelto después de la Batalla de Pavon y reorganizado nuevamente en el año 1864 bajo el nombre de “REGIMIENTO GENERAL LAVALLE”
Entre los años 1865-1869 formó parte del Ejército Aliado (Argentina, Uruguay y Brasil), en la Guerra contra el Paraguay; participando en las Batallas de Yatay, Paso de la Patria, Tuyutí y Lomas Valentinas.
En 1871, de regreso a la Argentina, guarneció la frontera sur de Buenos Aires, formo parte de la División Sur a órdenes del Doctor Adolfo Alsina, participando en el avance de la frontera, batiéndose contra el indio en el año 1876.
En el año 1878 formó en el Ejército Expedicionario al Desierto (1ra división al mando del Coronel Conrado Villegas) que a las órdenes del General Julio Argentino Roca participó de la Campaña del Río Negro y Patagonia.
En 1882 participó en la Campaña de los Andes, destacándose su Jefe, el Teniente Coronel Manuel Rubial, en el combate de Cumullú.
Entre los años 1889 y 1898 tuvo su asiento de paz en diferentes lugares de la provincia de Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe.
En 1902 el Regimiento 11 de Caballería de Línea queda afectado al servicio de Gendarmería en la Provincia del Chaco, conservando su número pero agregando la denominación “Gendarmería”. Permaneció en Florencia hasta 1906 luego se trasladó a Formosa.
El 31 de enero de 1907 por Decreto del Poder Ejecutivo Nacional, el Regimiento 11 de Caballería de Línea, se transforma en el Regimiento 9 de Caballería de Línea.
En 1917 se reorganiza en la Ciudad de Concordia y posteriormente en Curuzú Cuatiá.
En 1923 se instaló en Paso de los Libres, luego en 1944 se trasladó a Villa Federal provincia de Entre Ríos y el 01 de marzo de 1958, fue disuelto por Decreto del Poder Ejecutivo Nacional.
El 3 de noviembre de 1980 por orden del Comandante en Jefe del Ejército, Teniente General Leopoldo Fortunato Galtieri, se recreó el viejo Regimiento 11 de Caballería, (Como consecuencia del conflicto con Chile en 1978, se advirtió la necesidad de disponer en el Sur Patagónico de suficientes unidades móviles y blindadas).
El 5 de enero de 1981 se inicia su reorganización en la Ec C, siendo su Jefe el Teniente Coronel Eduardo Fiorda y el 14 de febrero del mismo año se trasladó a Puerto Santa Cruz su actual asiento de paz, el primer escalón adelantado, conformado por el entonces Teniente Primero Luzuriaga, Teniente Guido y 20 suboficiales.
Durante 1982 la Unidad realizó operaciones militares con motivo del enfrentamiento armado con Gran Bretaña y el 14 de abril inició la movilización, teniendo como misión la defensa del litoral marítimo.
El REGIMIENTO DE CABALLERÍA DE TANQUES 11 “DEFENSORES DEL HONOR NACIONAL” en sus 180 años de servicio, fue distinguido por el Gobierno Nacional con las medallas del Río Negro y Patagónica, y por la Campaña de los Andes, también su bandera fue condecorada con las Palmas Sanmartinianas en 1991, entregadas por Instituto Nacional Sanmartiniano.

Fuente: www. rctan11.ejercito.mil.ar

http://www.fotolog.com/ejercitonacional


sábado, 3 de noviembre de 2012

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE TUYUTÍ


El día 3 de noviembre de 1867 se produce la derrota paraguaya en Tuyutí. Ocho mil paraguayos mandados por el General Barrios atacan el campamento aliado de Tuyutí, donde acampaban fuerzas brasileñas y argentinas, consiguiendo un triunfo incipiente. Luego la caballería argentina, al mando del General Manuel Hornos los atacó a fondo con el apoyo de infantería brasileña, derrotando por completo a los paraguayos quienes por segunda vez fueron derrotados en Tuyutí.

Después de las batallas de Paso de la Patria y de Estero Bellaco, el 2 de mayo, las fuerzas aliadas, estimadas en más de 50.000 hombres, al mando del General Mitre avanzaban cautelosamente en territorio enemigo desconocido, una vez que no había mapas confiables sobre el terreno. Del mismo modo, no se disponía de informaciones sobre los efectivos y la disposición de las fuerzas enemigas.
La cautela de Mitre entraba en conflicto con las diposiciones de los comandantes de las fuerzas brasileñas, que pugnaban por mayor rapidez en el avance, comprendiendo que la lentitud era peligrosa para la moral de los soldados, y comprometedora para el prestigio que las tropas en marcha tenían ante el enemigo.
El 20 de mayo los aliados cruzaron el Bellaco Sur y los paraguayos se retiraron tras el Bellaco Norte. Según el coronel inglés George Thompson, del ejército paraguayo, "la posición paraguaya era formidable, si los aliados atacaban, el Mariscal López pensaba esperarlos y luego lanzar 10.000 hombres sobre la retaguardia enemiga por un camino abierto a través del bosque. Este plan hubiese sido coronado por el éxito, pero lamentablemente se lo cambió"
De acuerdo con el testimonio de Thompson, Fransisco Solano López confiaba en dar una batalla decisiva pasando a la ofensiva y empujar al enemigo de vuelta al Río Paraná. Los oficiales paraguayos parecían, al contrario, excépticos en la posibilidad de atacar y vencer un enemigo más númeroso en un terreno adecuado para la defensa, una vez que los aliados acamparon en los pantanos alrededor del lago Tuyutí. Sin embargo, López no consideró las objeciones y siguió con sus planes.
Estos consistían en el ataque coordinado de tres poderosas columnas por la derecha, centro e izquierda. Mientras una cuarta columna al mando del general Vicente Barrios, por la extrema derecha, debía cruzar el monte del Sauce y aparecer sorpresivamente en el Potrero Piris a la retaguardia enemiga. La unidad de Barrios debía unirse a las fuerzas del general Francisco Isidoro Resquín que atacarían en flanco izquierdo y encerrar al enemigo.
Tras salir del monte del Sauce en el Potrero Piris la columna del general Vicente Barrios, este debía avisar por medio de chasque al coronel José Eduvigis Díaz, que mandaba la columna que marcharía sobre el flanco derecho de los aliados, y este debía disparar un cohete. Al oír el cohete, la artillería mandada por el coronel José María Bruguez debía disparar un cañonazo a cuyo estampido comenzaría el ataque general.
Además el ataque debía llevarse al clarear el alba con el fin de tomar por sorpresa a las tropas aliadas. De tener éxito, el gobierno paraguayo quedaría en una posición inmejorable ya que la mayor parte de las fuerzas enemigas quedarían destruidas.
La tropa de Díaz se vio favorecida por el terreno y fue la primera en atacar. Derrotó a dos batallones uruguayos a cargo de defender delante de Bellaco Norte pero luego fue rechazada por tres batallones brasileños que usaron 26 piezas de artillería desde una sólida posición defensiva, los paraguayos retrocedieron al bosque hasta que finalmente fueron obligados a retroceder de ahí por un contraataque aliado.
La unidad del comandante Marcos, que debía atacar por el centro, flanquearía el estero por el paso Gómez, pero se vio retrasada en su avance y fue rechazada en tres ataques con graves pérdidas. La poderosa caballería de Marcos cargo contra las líneas brasileñas, pero el general francés Emílio Luís Mallet, comandante de las tropas brasileñas en el centro había ordenado cavar un foso delante de sus posiciones, por lo que los paraguayos nunca pudieron acercarse a menos de 50 metros, esto unido al fuego de la artillería imperial diezmó a los jinetes paraguayos.
En el caso del general Resquín, sus dos batallones de infantería cruzaron el estero por el paso Yatayty Corá y Lequizamón, y su caballería de ocho regimientos por paso Minas. La caballería derrotó a los pocos escuadrones argentinos que allí se encontraban, pero en su temerario ataque contra la infantería argentina formada en cuadros resultó prácticamente aniquilada aunque con gran dificultad, finalmente no pudó envolver el flanco. Los batallones de Resquín avanzaron con gran lentitud debido a las dificultades del terreno, lo que dio tiempo a los argentinos para tomar adecuadas contramedidas y rechazarlos a través del estero.
Las intenciones de López eran cortar el ejército aliado al medio usando la caballería, pero sus intenciones fueron frustradas por la artillería brasileña, comandada por el general Mallet, y por las formaciones en cuadro de los regimientos de Infantería argentinos.
El general Díaz y sus hombres por sus parte, debido a las dificultades del terreno, se vieron muy retrasados, llegando a Potrero Piris casi al medio día. En esos momentos las tropas argentinas ya estaban preparadas por lo que se perdió la sorpresa. Sin embargo, el general dió la señal y sus tropas atacaron a las unidades de brasileños y uruguayos. El actuar del general brasileño Manuel Luis Osorio fue decisivo, ordenó a las reservas ir a apoyar a las tropas más comprometidas.
Aunque la batalla casi fue una devastadora derrota, terminó en un sangriento desastre paraguayo. A las 16:30, tras cinco horas de combate, el combate ceso y las unidades paraguayas se retiraron. La batalla de Tuyutí fue una de las más sangrientas de la historia de América del Sur, entre 13.000 y 15.000 combatientes murieron ese día. Según la historiografía paraguaya su ejército sufrió cerca de 5.000 muertos y 8.000 heridos mientras que su enemigo perdió 7.000 hombres y 4.000 más fueron heridos. Pero las fuentes aliadas dan cuenta de 3.000 brasileños (entre ellos el general Antônio de Sampaio, comandante de la 3ª Divisón de Infantería), 800 argentinos y 300 paraguayos muertos y heridos frente a 13.000 bajas del enemigo.
Mitre al tener tal número de pérdidas y desconociendo realmente la situación de los paraguayos se negó a avanzar a Paso Pucú, sin saber que López era totalmente incapaz en esos momentos de contener cualquier ataque. Mitre no sacó mayor provecho de su victoria, se quedo en Tuyutí esperando lo que hiciera su enemigo. Lo que da la verdadera importancia de la batalla es que por la mala coordinación y poca planificación, un ataque que debió darles una victoria decisiva, costó a los paraguayos la destrucción de sus mejores unidades regulares, la mayoría de los jinetes muertos eran miembros de la élite de Asunción.
Al final de la batalla los aliados aún poseían una fuerza de combate, al contrario de López que, de allí en adelante, nunca más consiguió reunir una fuerza de aquella magnitud para combatir. Desde entonces, sin condiciones humanas para batir en campo abierto, a Solano López restaba resistir atrincherado en las fortificaciones (Fortaleza de Curupaytí y Fortaleza de Humaitá) con la esperanza de poder desgastar a las fuerzas enemigas. Con esta victoria, las tropas aliadas se establecieron firmemente en territorio enemigo.


viernes, 2 de noviembre de 2012

DÍA DE LOS MUERTOS POR LA PATRIA


En este día, recordamos con admiración y orgullo a todos los grandes hombres y mujeres que ofrendaron su vida por la patria.
El Sargento Cabral fue uno de los tantos patriotas que murieron luchando por la grandeza de nuestra Nación, comenzando por los miles de soldados desconocidos que combatieron en las guerras para lograr nuestra Independencia (y la independencia de medio continente), empuñando las armas con gran valor en las filas patrióticas junto a líderes como Manuel Belgrano y el propio San Martín. Como así también los miles de jóvenes que combatieron heroicamente en las islas Malvinas.
El sacrificio de todos estos mártires tiene un enorme valor para todos los argentinos, sin importar el resultado de las batallas en las que participaron.
En este día los recordamos y les agradecemos también a todos los hombres y mujeres civiles que, desde los primeros tiempos de nuestro sueño como Nación, fallecieron cumpliendo el deber de defender a la Patria.
Porque defender a la Patria es actuar con heroísmo, con valentía y generosidad suprema. Es ofrecer la propia vida a las generaciones futuras, buscando que los argentinos vivan y sueñen con un país justo, libre y soberano. Así se manifiesta claramente en las sentidas palabras que el General Lucio Mansilla dirigió a sus tropas antes del combate de Vuelta de Obligado el 20 de noviembre de 1845, cuando la poderosa armada anglo-francesa se internó en el Río Paraná: “No dejemos que insulten a nuestra Patria, y muramos todos antes de ver bajar el pabellón azul y blanco de donde flamea”.

“Lo demandó el Honor y obedecieron
Lo requirió el Deber y lo acataron
Con su sangre la Empresa rubricaron
Con su esfuerzo la Patria engrandecieron

Fueron grandes y fuertes, porque fueron
Fieles al Juramento que empeñaron
Por eso como valientes lucharon
Y como Héroes murieron

Por la Patria morir fue su destino
Servir en los Ejércitos su vocación y sino
No quisieron servir a otra Bandera
No quisieron andar otro camino
No supieron morir de otra manera.”


jueves, 1 de noviembre de 2012

ANIVERSARIO DEL COMBATE EN CRISTIANO MUERTO


El 1 de noviembre de 1857 se produce el combate con indios en Cristiano Muerto. Tropas de Buenos Aires derrotan a indígenas de la tribu de Cafulcurá.

En camino de Azul y Tandil, hacia Bahía Blanca, se tuvo conocimiento de una invasión que Juan Cañumil, principal secuaz de Calfucurá, realizaba sobre los poblados de la costa (actuales partidos de Tres Arroyos, Juárez y Gonzales Chaves).
Dispuestos a interceptarlos a su regreso, tuvo lugar el 31 de octubre de 1857 un encuentro al sur de la sierra del Cristiano, que se denominó Sol de Mayo.
El Coronel Conesa mediante un decidido ataque dispersó a la indiada que venía con un cuantioso arreo y otros bienes. En la persecución al día siguiente (1 de Noviembre), alcanzó al grueso del malón en las puntas del arroyo Cristiano Muerto, al norte de la sierra de ese nombre. Cañumil tuvo 80 bajas en sus huestes, mas la pérdida del arreo que llevaba, debiendo apelar a la fuga hacia sus tolderías en Pigüé para salvar su vida. Esta acción se llamó “Cristiano Muerto”.
Fuente: Tradition.

http://www.fotolog.com/ejercitonacional

http://www.facebook.com/EJERCITO.NACIONAL