sábado, 23 de marzo de 2013

EL ESCUDO DE CHANCAY O LA HISTORIA DE UNA SANCIÓN ENALTECEDORA



Chancay es una pequeña localidad que se encuentra en territorio peruano, sobre la costa del Océano Pacífico, en la cual, el 25 de noviembre de 1820, un puñado de valerosos soldados patriotas protagonizó una heroica acción que se perpetuaría en la historia.Corrían los duros años de la epopeya emancipadora y poco faltaba para que esta culminara en Ayacucho. El avance del ardor libertario, partiendo del Plata, había corrido a través de la mole andina liberando a Chile y en esos momentos, estaba consolidando su plan en suelo peruano.Entre uno de los tantos hechos de armas que contribuyeron al esfuerzo patriota, se encuentra el protagonizado por un piquete de 19 granaderos, al mando del fogoso y temerario Teniente Juan Pascual Pringles. Este había recibido orden de marchar a la Caleta de Pescadores, a 15 Km de Chancay, donde debía aguardar al comandante colombiano Tomás Heres, y a varios oficiales del Batallón Numancia, para transmitirles una orden y aguardar la respuesta
Como expresa recomendación, había recibido la de evitar todo encuentro con tropas realistas, debiendo replegarse en ese caso al emplazamiento de la reserva patriota, con prohibición absoluta de empeñarse en combate.El destacamento realizó una marcha forzada durante la noche desde su campamento hasta el lugar indicado, que quedaba entre los médanos de una costa relativamente baja con algunas barrancas, encontrándose allí al amanecer. Hasta allí, cumplió en un todo las precisas indicaciones que tenía, cuando de improviso surgieron de las brumas de la todavía incierta mañana, tres escuadrones españoles que superaban holgadamente al reducido destacamento de granaderos.El aparecer y presentar combate fue una sola acción que, sorprendiendo a los patriotas, tanto por el número cuanto por la configuración del terreno, los obligó a combatir desigualmente y de espaldas al marPringles, resuelto a abrirse paso, cargó en varios intentos, dejando tres muertos y once heridos, incluido él mismo. Negándose a entregarse y en un arrebato de indignación e impotencia desesperada, volvió grupas a su cabalgadura e intrépidamente se internó entre las olas, ante la vista atónita y admirada de sus propios soldados y del enemigo.El jefe español, mandó rápidamente un estafeta a informar del hecho a su jefe inmediato, el general Valdez, quien marchaba no lejos de allí, al mando del grueso de las tropas españolas. Enterado, éste galopó hasta el lugar del combate, llegando a presenciar el momento en que Pringles, aún montado, era envuelto por el oleaje, perdía el equilibrio y era presa de la violencia del mar, siendo desmontado. Valdez picó espuelas a su cabalgadura y también penetró en el agua, ofreciéndole a Pringles a viva voz la garantía de su vida.Este, advirtiendo tal vez lo estéril de su sacrificio y medio ahogado, alcanzó las ancas del caballo del general y aceptó su propia salvación. Llegado a la playa, Valdez ordenó rescatar al caballo del valeroso oficial y reunir a sus soldados.San Martín recibió el parte del jefe de Pringles, Alvarado, en el cuartel general de Supe. En el Boletín del Ejército Unido Libertador del Perú, correspondiente al 2 de diciembre de 1820, se hizo conocer lo ocurrido a las tropas, en los siguientes términos:
[...] Una partida de 19 granaderos al mando del Teniente Pringles salió a reconocer al enemigo y por fortuna nuestra fue cortada por 80 caballos y hecha prisionera cerca de Chancay. Ellos se rindieron, pero el enemigo quedó cubierto de ignominia; quizá no hay ejemplo en el mundo, de un combate más desigual y que tanto deshonre al vencedor: los vencidos se han hecho acreedores de la admiración de los enemigos y del aplauso de sus compañeros de armas.
Posteriormente, la orden del día, proclamó lo siguiente: [...] ¡Soldados! Una de nuestras partidas de observación ha caído en poder de los enemigos en Chancay: el teniente Pringles y 19 granaderos fueron sorprendidos por setenta hombres. Cargaron sobre ellos, rompieron la línea, pero al fin tuvieron que ponerse en fuga a la vista de cien hombres más que venían a unirse a los últimos. De nuestros bravos, tres quedaron en el campo, once fueron heridos y seis han caído prisioneros, incluso el oficial. La excesiva superioridad del número y el estado en que se hallaban los caballos de nuestra partida, han dado al enemigo este humillante triunfo. Él debe avergonzarse de haber vencido a 20 granaderos que acababan de romper su línea y dejar tendidos en el campo, entre muertos y heridos, a 26 lanceros y a más de un oficial, según se asegura. El vencedor ha quedado escarmentado en este choque, y llenos de orgullo, los vencidos. ¡Soldados!: No temáis a un enemigo que sólo busca victorias que degradan y daos la enhorabuena por una pérdida que hace tanto honor a nuestros compañeros de armas. San Martín.
En los primeros días de enero de 1821 el teniente Pringles y sus granaderos fueron canjeados y remitidos de Lima al campamento patriota, en Huaura, después de una penosa estadía en los lóbregos calabozos de Casas Matas, en las baterías de El Callao, donde no tuvieron honores ni reconocimiento a su bravura, sino solamente, y en dura forma, el tratamiento dado a un enemigo prisionero. Pringles recibió una severísima reprimenda, seguida de una grave sanción, por parte del general San Martín, pero no por ello su magnanimidad dejó de reconocer la intrepidez y el valor del joven oficial, por lo que al anunciarle su reincorporación al Ejército Libertador, resolvió otorgarle un honroso premio.
Consta de un escudo redondo de paño celeste, que lleva bordadas en plata en su perímetro, dos ramas de laurel y una inscripción singular, no tanto en su mensaje, cuanto por las formas en que está expresado. Dice así:
“GLORIA A LOS VENCIDOS EN CHANCAY”
El premio, sin olvidar la derrota, resaltaba el reconocimiento a la recia bravura de la acción, mediante una inscripción en grandes letras, mientras que aquella aparecía en caracteres pequeños.Así, la sanción se convirtió en honrosa prenda de reconocimiento al valor y al arrojo demostrados por el gallardo oficial. Ejemplos como este, que abundan en nuestra historia militar, deberían ser tenidos en cuenta a la hora de poner pecho, no solamente a las armas enemigas, sino también, incluso, hasta la ofensa verbal y cobarde de quienes pretenden atacar o insultar a las instituciones de la República. He aquí, una vez más, otra de las muy actuales enseñanzas que nos da nuestro venerable pasado, y en este caso, relacionado con el Espíritu Militar.
Fuente: Por el My (R) Sergio O. H. Toyos para el Diario Soldados.

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viernes, 22 de marzo de 2013

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL BRIGADIER GENERAL JOSÉ ZAPIOLA


El 22 de marzo de 1780, nace en Buenos Aires el Brigadier General José M. D. Zapiola. Regresó de Europa en el mismo buque en que viajó a Buenos Aires el General San Martín, de quién fue amigo. Siendo oficial de marina de profesión, contribuyó a la formación del Regimiento de Granaderos a Caballo y a la organización del Ejército de los Andes. Peleó en Chacabuco y en Maipú y tuvo actuación en la Guerra del Brasil.

Héroe de la Independencia, comandante de los granaderos a caballo en la batalla de Chacabuco. Nació en Buenos Aires, hijo de Manuel Joaquín de Zapiola, oficial de marina español que acompañó la expedición de Pedro de Ceballos al Río de la Plata y de María Encarnación de Lezica y Alquiza.Fue enviado a España para instruirse en la marina española; egresó de la Escuela Naval en 1796 y le asignaron tareas navales; en 1810, lo destinaron a Buenos Aires y su participación en la Revolución de Mayo le costó que las autoridades realistas lo enviaran de vuelta a España; allí, en Cádiz, conoció a Carlos María de Alvear y a José de San Martín y se unió a ellos en su decisión de regresar a Buenos Aires para luchar por la independencia; los acompañó a Londres y luego a Buenos Aires en el buque George Canning; cuando llegaron, en 1812, Zapiola se presentó, de inmediato junto con ellos, ante la Primera Junta; también colaboró para establecer la Logia Lautaro, ayudó a San Martín en la organización de los granaderos a caballo, intervino en el exitoso sitio de Montevideo en 1814, bajo las órdenes de Alvear.
Fue comandante del regimiento de granaderos en el ejército de los Andes; luchó en Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú; tomó la ciudad de Chillán en el sur de Chile, de manos de los realistas; en junio de 1819, regresó a Buenos Aires y se reincorporó a la marina; fue comandante de una escuadra fluvial que Buenos Aires envió contra los caudillos del litoral (1821).
En 1829 se retiró de la vida pública para dedicarse a las actividades rurales; permaneció en esta situación hasta después de la caída de Rosas en Caseros en 1852; regresó al servicio activo como comandante de marina y fue ministro de Guerra y de Marina en el gabinete del gobernador Valentin Alsina de Buenos Aires; se retiró de la marina; murió en Buenos Aires.

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jueves, 21 de marzo de 2013

ANIVERSARIO DE LA CREACION DE LA BASE GENERAL SAN MARTIN


EL LUGAR 
La bahía Margarita se abre sobre la costa O de la península Antártica. Encerrada entre la isla Belgrano, la costa Falliéres y la isla Alejandro I, es amplia y de aguas profundas pero su acceso es muy difícil durante la mayor parte del año debido a la espesa capa de hielo que la cubre.
En esta zona, muy poco frecuentada a causa de las dificultades que ofrece a la navegación, existen varios grupos de islas, islotes, rocas y arrecifes que dibujan una red de canales y fiordos, generalmente helados. Entre las islas se destacan la Pourquoi-Pas, Herradura, Caballete y Millerand, de la cual se hallan muy cerca los islotes Debenham.
En uno de estos islotes, el denominado Barry, fue erigida la base San Martín, a los 68º07’S y 67º08’W, debajo del Círculo Polar Antártico.

HISTORIA:
La base San Martín, que por mucho tiempo fue una de las más australes del mundo respondió al interés nacional por reconocer una de las áreas más alejadas de la Antártida, ejercer allí una soberanía efectiva y tener, además, una estación científica ubicada al S del Círculo Polar.
Las dificultades para hallar un barco que transportara a hombres y materiales hasta bahía Margarita obligaron a contratar a un buque carguero, el “Santa Micaela”, de la compañía naviera Pérez Companc, comandado por el Capitán de Ultramar Santiago FARRELL.
El “Santa Micaela” partió del puerto de Buenos Aires el 12 de febrero de 1951, para fondear en punto de destino el 8 de marzo. La última parte del viaje fue realizada con la escolta del remolcador “Sanavirón” de la Armada.
Tras la llegada, en 12 días de trabajo se levantó la casa-habitación de dos pisos, con paredes dobles de madera.
Se instaló además, una casa-depósito y otra de emergencia; cinco galpones de chapa para víveres, generadores, alojamiento de jaurías y se elevaron las cuatro torres de la antena rómbica de 25 metros de altura.
El 21 de marzo de 1951, en presencia del las tripulaciones del “Sanavirón” y del “Santa Micaela”, con la bendición del padre salesiano Juan MONTICCELLI, el entonces Coronel Hernán PUJATO inaugura la base San Martín, fruto de su proyecto visionario y marca un hito importante en la historia argentina, ya que constituye el primer asentamiento humano al S del Círculo Polar Antártico.
Dificultades iniciales postergaron en gran medida el trabajo científico, aunque diariamente se registraban todos los datos meteorológicos para irradiar a Buenos Aires y elaborar luego pronósticos. La base, proporcionaba datos invalorables para la navegación de los mares vecinos a la península Antártica.
A partir de la fundación de la base en 1951, se construyeron en su zona de influencia una serie de refugios que quedaron como testimonio del paso de los argentinos por aquellos recónditos lugares: Paso de los Andes, Nogal de Saldán, Granaderos, Plumerillo, Chacabuco, Yapeyú, Maipo y 17 de Agosto.
En marzo de 1952 el “Bahía Aguirre” se presentó en bahía Margarita trayendo la comisión de relevo: 
Teniente Primero Alberto P. GIOVANNINI 
Teniente José M. T. VACA 
Teniente Luis R. FONTANA Farmacéutico 
Subteniente Federico M. SOARES GACHE 
Sargento Primero Telmo F. SANTOS Radiotelegrafista 
Sargento Raúl C. URTASUN 
Sargento Mario J. DE LA TORRE 
Sargento Antonio OSÉS 
Cabo Mayor Jorge WEBER Aeronáutico 
Sargento Enrique E. GONZÁLEZ Mecánico/Radiotelegrafista 
Sargento Manuel S. ZABALA Cocinero 
Cabo Primero Edmundo C. BURGOS 
Soldado Carlos M. BUSTAMANTE 
Soldado Rogelio MONZÓN 
Soldado Ángel PEREREIT 
Soldado Ramón O. ALFONZO 
Doctor Félix A. OLMEDO DÍAZ 
Señor Hugo J. PARODI Piloto Helicopterista 
Señor Carlos R. MARRÓN Mecánico de Aviación 
En esta oportunidad hizo su aparición en la Antártida el primer helicóptero argentino, un Sikorsky 51, a cargo del piloto civil Hugo J. PARODI.
El 30 de junio de 1952, un incendio, exacerbado por el “blizzard”, devoró la vivienda principal y dos depósitos de víveres, la usina y la estación de radio.
De todos modos con los víveres racionados y con el combustible muy medido se hicieron reconocimientos en todas direcciones.
Durante la campaña 1952-53, el hielo impidió el paso de las naves de relevo, lo cual agravó la situación de los veinte habitantes de la base San Martín.
Fue entonces que el 26 de marzo de 1953, el avión “Cruz del Sur” de la Fuerza Aérea Argentina, sobrevoló la base arrojando víveres y otros elementos inapreciables.
Este vuelo, comandado por el Capitán Bordedes CASTEX, fue la segunda visita a bahía Margarita de nuestra aviación.
En 1960, la base fue desactivada volviendo a funcionar a partir del 21 de marzo de 1976, como base permanente.
Fuente: www. marambio.aq

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miércoles, 20 de marzo de 2013

ANIVERSARIO DE LA CRACION DE LA ESCUELA MILITAR DE MONTAÑA



El 20 Marzo de 1964 se crea la Escuela Militar de Montaña. Este Instituto nació el 20 de marzo de 1964 como “Destacamento de Instrucción Andino” nutriéndose inicialmente con los Oficiales y Suboficiales del Batallón de Ingenieros de Montaña 6. Tiene como antecedentes inmediatos a los Destacamentos de Montaña de Cuyo y Norte, que centralizaron la educación de los montañeses militares hasta el año 1940.La gran reorganización llevada a cabo en el Ejército en la década del 60, transformó esos Destacamentos de Montaña en las actuales Brigadas VI y VIII de la especialidad, ambas dependientes Cuerpo de Ejército IV “Ejército de los Andes”, el que debió su denominación al glorioso Ejército Libertador, primer Cuerpo de Montaña de América, ideado y conducido por el Gran Capitán Don José de San Martín.El 18 de diciembre de 1967 cambió su denominación por la de “Escuela de Instrucción Andina”, acorde con su dependencia orgánica del Comando de Institutos Militares. A fines de 1980, en razón de nuevos conceptos y criterios orgánicos, el Instituto tomó su actual denominación.Actualmente, la Escuela Militar de Montaña constituye el centro de entrenamiento avanzada de actividades y técnicas de combate en montaña del que dispone la Fuerza. Para ello, tiene responsabilidad primaria sobre el planeamiento y desarrollo de sus cursos complementarios para la preparación de los Cuadros del Ejército en técnicas, habilidades y destrezas, así como en la conducción táctica de fracciones específicas y particulares de montaña.El año académico militar se articula en una sucesión ininterrumpida de cursos: en época estival con prioridad en técnicas andinas de escalada, y en época invernal con preponderancia en técnicas esquísticas. Otros cursos complementarios contribuyen a vertebrar un adiestramiento homogéneo y coherente que alcanza su grado más avanzado en el curso de Cazadores de Montaña.A lo largo del año, la Escuela Militar de Montaña recibe contingentes de Oficiales, Suboficiales y Soldados de países amigos, que participan del desarrollo de diversos cursos, como así también en actividades de intercambio individual y de fracciones orgánicas.Dentro de las tareas que realiza el Instituto cabe destacar los periódicos reconocimientos realizados en la región de montaña de nuestro país, Los Hielos Continentales, apoyo al curso de adaptación que realiza el Comando Antártico y el apoyo a empresa andinísticas de envergadura, nacionales e internacionales, que pueda realizar personal civil y /o militar de la Fuerza o de otras FFAA. Consecuentemente con las misiones subsidiarias del Ejército, la Escuela Militar de Montaña participa en el apoyo a la comunidad en la lucha contra incendios forestales, desastres naturales como derrumbes, en la búsqueda y rescate de andinistas, y turistas extraviados o accidentados en la zona andina de su jurisdicción. Entre los cursos más importantes que se dictan encontramos el de Escaladores Militares, Instructores o Subinstructores Militares de Andinismo, Esquiadores Militares, Instructores o Subinstructores Militares de Esquí y el de Cazadores de Montaña.También existen cursos complementarios como Instructor de Cazadores de Montaña, Nivelación de Baqueanos, Rescate en Montaña y el de Jefes de Subunidad de Montaña.La tarea de la Escuela Militar de Montaña trasciende la frontera de lo estrictamente militar, ya que cuenta con el reconocimiento de otras instituciones privadas nacionales e internacionales, y actividades de intercambio con países como España, Chile y Estados Unidos.

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martes, 19 de marzo de 2013

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE CANCHA RAYADA


El día 19 de marzo de 1818 se produce la Batalla de Cancha Rayada. Fuerzas realistas atacan el campamento del Ejército de los Andes, logrando desarticular las defensas y producir grandes pérdidas de hombres y material. El Coronel Juan Gregorio de Las Heras logró organizar una defensa efectiva con su unidad, el 11 de Línea, sin alcanzar a contener el ataque español.
Después del juramento de independencia el 12 de febrero de 1818, el ejército unido argentino-chileno conformado por 8.000 hombres, seguía observando a los realistas que avanzaron situándose en la ciudad de Talca.
Al caer la noche del 18 de marzo de 1818, el ejército aliado acampó en dos líneas paralelas dispuesto a pasar la noche. El General y Libertador José de San Martín viendo su posición muy comprometida, decidió cambiar de posición antes del amanecer, pero a iniciativa del General José Ordoñez, los realistas decidieron atacar cuanto antes.
Sorpresivamente, San Martín fue avisado de que el enemigo salía de la ciudad, y sin tiempo para organizar la defensa, fue atacado por las tropas realistas. La confusión y el pánico desorganizaron las filas patriotas. Pero el General Juan Gregorio de Las Heras, que conocía la táctica realista de tomar por sorpresa al enemigo, pudo salvar íntegra la división de 3.000 hombres, escapando a menos de 200 metros de la retaguardia realista en un acto brillante. Cabe aclarar que Ordoñez era un viejo conocido de Las Heras, que lo había enfrentado varias veces antes y durante el sitio y asalto de Talcahuano..
San Martín logró movilizar a sus hombres hacia una posición donde sus tropas comenzaron a responder el fuego. Una vez realizada la maniobra las tropas patriotas se retiraron dejando 120 muertos, 300 heridos, 2.000 dispersos y 21 cañones. Los realistas tuvieron cerca de 200 muertos y heridos.

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lunes, 18 de marzo de 2013

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE PARAGÜY


El 1 de marzo de 1876 el coronel Salvador Maldonado tiene que hacer frente en Horquetas del Sauce a 2.500 lanzas, que resultan batidas. Pero, rehechos los indígenas del revés sufrido, vuelven a irrumpir en los poblados, y son nuevamente vencidos por el coronel Victoriano Rodríguez y el teniente coronel Antonio Dónovan en el Paso de los Chilenos. El salvaje combatía con furia a pie o a caballo, como lo demostró en el combate de La Tigra, cuando miles de vacunos, lanares y yeguarizos eran arreados para la toldería. Después de dos días de seria refriega, los comandantes Vintter y Freire consiguen arrebatarle 250.000 cabezas.

Sin embargo, la batalla decisiva que dio en tierra con el propósito terrorista y de intimidación de esta serie pavorosa de malones, fue la de Paragüil. Del 16 al 18 de marzo se desata sobre el torturado escenario de Juárez, Tres Arroyos y Necochea una ola brutal de 3.000 jinetes al mando del propio cacique Manuel Namuncurá, de Juan José Catriel y de Pincén. Al coronel Levalle corresponde la grave responsabilidad de hacerles frente. Junto a la laguna de Paragüil se da la más encarnizada batalla de la serie conocida por “invasión grande”. Los indios rugían como bestias embravecidas, resueltos a triunfar o morir en el combate, y la suerte de la batalla se tornaba adversa para Levalle después de cinco horas de sangriento entrevero. La superioridad numérica del aborigen se imponía gradualmente, y ya tocaba a su fin la resistencia de los nuestros, encerrados en un estrecho círculo de lanzas y alaridos, cuando se produce la intervención providencial de Maldonado, “la mejor lanza del ejército, discípulo de Sandes, que entra en la batalla como un ciclón de aceros relumbrantes, a cuya vista el indio se sobrecoge de terror y huye abandonándolo todo y para siempre”.

El coronel Nicolás Levalle dirige la siguiente nota al Ministro de Guerra y Marina, Coronel Alsina: “Campo de Combate, Laguna Paragüy. Marzo 19 de 1876 - Estimado Sr. Ministro y Amigo: Tengo el placer de comunicarle que ayer a las 5 de la tarde he batido a los indios que estaban en este punto, derrotándolos completamente, no habiendo podido efectuar persecución por haberse fraccionado los indios en su derrota, unos hacia el sur, los que probablemente saldrán entre Libertad y Lamadrid, y otros al sur-oeste, lo que me supongo saldrán entre Aldecoa y Defensa. Esto por una parte y por otra, por haber cerrado la noche y estar casi a pie, pues en el trayecto que he recorrido, que son nueve o diez leguas de campo completamente guadaloso, con una caballada que había hecho mas de 40 leguas, se postró completamente, dejando la mayor parte de ella, pues era necesario batirlos a esa hora y en todo trance, después que nos habían descubierto, a fin de que no se llevasen el arreo”
“Sr. Ministro, no puedo calcular en este momento el inmenso arreo que había, debiendo hacerle presente que los indios tenían muchas majadas de ovejas y muchos otros objetos. Sr. Ministro, los indios que había en este punto serían 1.500, lo que me hace suponer que hay indios adentro, y temiéndome que muchos de ellos puedan reunir la inmensa cantidad de hacienda que había aquí que se retiraba para adentro. No pudiendo darle a V.E. datos exactos hasta este momento, pues ha amanecido una neblina tan densa y que dura hasta este momento, que son las 10 de la mañana, que no se distingue a una cuadra de distancia, sin embargo he mandado los tres Regimientos de Caballería a explorar el campo en distintas direcciones, buscando las rastrilladas, los que hasta este momento no tengo parte, sin embargo, abrigo la esperanza que algo mas se puede hacer, pues se han avistado grupos de indios por parte de unos bomberos que acabo de recibir”.
“Sr. Ministro, al terminar ésta, debo hacer presente la brillante comportación de los Regimientos que han chocado, que son el 1º y el 11º, no habiendo cabido tal suerte al Regimiento 5º por haber iniciado su carga apoyado por infantería, a la vista de la que, los indios se retiraron a media rienda, habiendo seguido el Regimiento hasta donde pudo, y completamente cerrada la noche, mande tocar reunión a fin de organizar las fuerzas y que se nos incorporasen grupos de soldados que habían quedado a la retaguardia con los caballos cansados”.
“Sr. Ministro y amigo: Lo felicito con el profundo pesar de que esta jornada no haya sido tan completa como yo deseaba, los indios han dejado treinta y tantos muertos, llevando muchos heridos, por nuestra parte no tenemos mas que dos heridos del Regimiento 1º de Caballería y un soldado de mi escolta, un piquete de 20 hombres del Batallón 5º, la que también una parte de ella cargo. – Nicolás Levalle”
“P.S. Sr. Ministro, entre los indios que había, en su mayor parte eran los de Catriel, los que se han batido bravamente, haciéndonos fuego con muchas carabinas, Remington y revolver, encontrándose Juan José (Catriel) enancado y el que se supone herido. El caballo del coronel Plácido López recibió en la cabeza un balazo de Remignton. Vale”.

Este combate tuvo enormes trascendencias en el curso de la campaña. Cada vez arraigaba con mayor fuerza en la conciencia del enemigo el sentimiento de inferioridad ante la eficaz organización del cristiano. A partir de entonces las cosas fueron de mal en peor para el ambicioso y astuto cacique de la última gran confederación india que dominó en las llanuras. De ahí que empezase a retroceder tierra adentro, dejando para siempre la iniciativa en manos de las tropas nacionales.

Fuentes: Clifton Goldney, Adalberto A. – El cacique Namuncurá – Buenos Aires (1963) / Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.

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domingo, 17 de marzo de 2013

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL GENERAL JUAN RAMÓN BALCARCE



Nació en Buenos Aires, el 16 de Marzo de 1773, siendo sus padres el teniente coronel de Blandengues, Francisco Balcarce o Balcarcel –natural de Barcelona- y María Victoria Martínez Fontes. Fue el mayor de una familia de militares, habiendo nacido sus hermanos que siguieron su vocación en las fechas siguientes: Antonio González, el 13 de Junio de 1774; Marcos, el 25 de Abril de 1777; Francisco, el 9 de Noviembre de 1778; José Patricio, el 16 de Julio de 1779 y Diego, el 13 de Noviembre de 1784.
Ingresó en el Regimiento de Blandengues de la Frontera, el 2 de Octubre de 1789, ascendiendo a alférez en 1793 y a teniente en 1799. Revistando en esta unidad, participó en 1801 en la campaña realizada por Sobremonte contra los portugueses que habían ocupado las Misiones Orientales.
En 1805 con el grado de ayudante mayor, fue transferido a la Comandancia General de Armas de Tucumán donde se hallaba cuando los ingleses desembarcaron en la playa de los Quilmes. Quiso regresar de inmediato a Buenos Aires no consiguiendo permiso para hacerlo, dirigiéndose a Córdoba donde tuvo noticias de la Reconquista. Colaboró en la Defensa (5 y 6 de Julio de 1807) al lado de Liniers que lo designó su ayudante. Por Real Orden del 9 de Febrero de 1808 y en mérito a los relevantes servicios prestados al Rey, recibió el nombramiento de capitán de Caballería y el 8 de Noviembre siguiente el de sargento mayor del 1. Escuadrón de Húsares.
Activo conspirador en las reuniones previas al pronunciamiento de Mayo, ajustó su conducta a lo que hacían su jefe directo Martín Rodríguez y Saavedra, votando en el “Cabildo Abierto” del 22 de Mayo en contra de Cisneros. Formada la Junta presidida por el virrey, fue uno de los jefes que más se opuso a ello, firmando el petitorio que se remitió al Cabildo y que puso fin a las diferencias.
Establecido el Primer Gobierno Patrio, como gozaba de la confianza del presidente Saavedra, éste le encomendó dos tareas de gran responsabilidad: la primera, consistente en embarcar para Europa a Cisneros y a varios ex-funcionarios que dejando de lado el juramento hecho tomaron contacto con el gobierno instalado en Cádiz; la segunda, fue aún más trascendente pues se trató nada menos que de ejecutar a Liniers y a los rebeldes cordobeses. Ambas misiones encomendadas a Balcarce fueron cumplidas fielmente.
La presencia de Balcarce en las dos contingencias, respondió al deseo de Saavedra de que no se cometieran arbitrariedades y se desvirtuara lo resuelto por el gobierno. Tal vez convenga recordar, que Moreno propuso “cortarles la cabeza” a los funcionarios españoles comprendidos en el decreto de extradición y que Castelli luego del drama del “Monte de los Papagayos” se retiró tocando a Balcarce dar a los “arcabuceados” en Cruz Alta cristiana sepultura.
El 5 y 6 de Abril de 1811 como lo testificó el doctor Manuel Felipe de Molina, apoyó a los sediciosos. Reorganizada la Junta Grande, se lo destinó al Alto Perú junto con el teniente coronel de Patricios Juan Antonio Pereyra, con la misión de conversar con los oficiales de las unidades para apaciguarlos y encauzarlos en la disciplina. Partió hacia el norte y al llegar a Tucumán tuvo conocimiento del desastre de Huaqui y de la retirada general de las fuerzas hacia el Sur, desistiendo de cumplir con la misión encomendada trasladándose a Salta.
Incorporado posteriormente al Ejército, en Nazareno recibió los restos de su hermano Francisco, muerto heroicamente a orillas del Río Suipacha, mientras se batía al frente de una compañía de Dragones.
Al recibir Belgrano de manos de Pueyrredón el Ejército del Norte, procedió a reorganizar los mandos y las unidades asignando nuevos cargos y misiones a los distintos jefes; a Juan Ramón Balcarce le tocó comandar la Vanguardia adelantada en la Quebrada de Humahuaca, donde cumplió una difícil tarea poniéndose a prueba todas sus aptitudes, iniciativa y valor. Salió muy bien del paso y hasta que no se produjo el avance de la masa del Ejército Realista con el general Tristán no abandonó la Quebrada.
El 3 de Setiembre de 1812, en plena retirada hacia el sur, intervino en la acción de Las Piedras, donde fue derrotado Huici y el 24 siguiente en la batalla de Tucumán dirigiendo la caballería del ala derecha, se constituyó en un factor decisivo para el triunfo.
Al producirse la elección de diputados para integrar la Asamblea General Constituyente a reunirse en Buenos Aires, conocida posteriormente como la Asamblea del año 13, resultó elegido para representar a Tucumán. Esto lo indujo a pedir su retiro del servicio activo, para dedicarse exclusivamente a la nueva actividad.
En 1814, ante la amenaza de una gran ofensiva española sobre el Norte, fue incorporado nuevamente al servicio activo, nombrándosele comandante general de Milicias de toda la Campaña puesto en que se lo promovió a coronel.
Ostentando los entorchados de coronel mayor, fue elegido gobernador-intendente de Buenos Aires y estando en esas funciones, derrotó el 27 de Noviembre en Paso de Aguirre a una fuerte montonera mandada por Estanislao López.
Al organizarse en 1819 una fuerza para operar contra Entre Ríos, Santa Fe y la Banda Oriental, se lo designó segundo comandante de la misma; el 1º de Febrero de 1820 los porteños sufrieron un descalabro en Cañada de Cepeda, desbandándose la caballería en tanto la infantería a las órdenes de Balcarce se negó a rendirse ante el requerimiento de López, desprendiéndose durante la noche en perfecto orden y sin bajas, alcanzando San Nicolás al amanecer.
El 6 de Marzo de 1820 reemplazó a Sarratea en el gobierno porteño, abandonando el cargo a los dos meses para expatriarse en Montevideo donde permaneció varios años.
En oportunidad de la Guerra contra el Imperio del Brasil, Dorrego lo designó el 14 de Agosto de 1827, ministro de Guerra y posteriormente, plenipotenciario en Río de Janeiro para negociar la paz y remediar los errores cometidos por Rivadavia en tan importante cuestión. De vuelta a Buenos Aires, el motín del 1º de Diciembre de 1828 lo obligó a refugiarse nuevamente en Montevideo a la espera que en la capital soplaran vientos más favorables.
Al asumir la gobernación Juan Manuel de Rosas requirió su colaboración, designándolo ministro de Guerra, a pesar de no ser un hombre ni adicto a su persona ni a su política.
Siendo ministro salió a campaña rumbo a Córdoba, con varias unidades de infantería para reforzar las columnas de montoneros e indios de Estanislao López amenazadas por el general Paz, dos veces vencedor de Facundo en la Tablada y Oncativo. Las unidades que llevaba Balcarce, tal vez hubieran creado problemas a Paz, acostumbrado a resolver las batallas mediante el empleo adecuado de la infantería, de la cual los federales en principio carecían. Las boleadoras lanzadas por Zeballo en Los Alvarez el 10 de Mayo de 1831, impidieron aquella confrontación.
El 17 de Diciembre de 1832 asumió nuevamente la gobernación de Buenos Aires elegido por la Undécima Legislatura Provincial. Su administración fue progresista, tratando de organizar el manejo de la cosa pública sobre bases jurídicas permanentes, cosa un tanto difícil en aquella época de improvisaciones y arbitrariedades. Derogó leyes retrógradas, restableció la libertad de imprenta y redactó una Constitución, donde fijó responsabilidades y derechos a hombres e instituciones.
Rosas a pesar de su militancia federal, lo depuso el 11 de Octubre de 1833 con la revolución que encabezó el general Agustín Pinedo, lo cual lo obligó a huir de la capital, estableciéndose en Concepción del Uruguay (entonces Arroyo de la China) donde residió hasta su muerte, ocurrida el 12 de Noviembre de 1836.
Fuentes: Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado / www. revisionistas.com.ar / Serrano, Mario Arturo – Cómo fue la Revolución de los Orilleros Porteños – Buenos Aires (1972).

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