Nació
en Buenos Aires en 1790, siendo sus padres Lucas Rolón y María Rita Nel
de Laviña. Lucas Rolón descendía de una antigua y principal familia de
Corrientes, donde su progenitor José Ponciano Rolón, entre otros cargos,
desempeñó los de alcalde del 1º y 2º voto del Cabildo, teniente
gobernador, comandante de armas y subdelegado de la Real Hacienda,
administrador de correos, juez conservador del Gran Chaco en una de las
expediciones que en él se internaron, coronel de caballería y sargento
mayor de plaza de la ciudad de Corrientes. José Ponciano Rolón era hijo
de Agustín Rolón, natural de Santa Fe, y de Micaela Chaves; el que casó
con Ana Perna, hija de Manuel de la Perna, oficial Real de Santa Fe y
tesorero de Corrientes, y de Bárbara Pérez. María Rita Nel de Laviña era
hija de Francisco Nel y Laviña, y de Catalina Drotel. Hermanos del
general Mariano Bento Rolón fueron: Josefa Rafaela, casada con el Dr.
José Gerónimo Salguero de Cabrera, abogado de la Real Audiencia; y Ana
María Rolón, casada con Juan Manuel Beruti, del comercio de Buenos
Aires.
Mariano Benito Rolón realizó sus estudios en esta ciudad y
muy joven se incorporó al servicio público en clase de meritorio del
Tribunal Mayor y Real Audiencia de Cuentas, pero sin sueldo, cargo para
el cual fue designado el 23 de noviembre de 1803, en virtud de la
Providencia del Visitador general Diego de la Vega; y destinado como
auxiliar en el Despacho de la “Mesa de Razón”, la que estaba a cargo del
Contador ordenador Manuel Moreno. En el ejercicio de este puesto, el
joven Rolón manifestó esmero, aplicación y buena conducta durante los
nueve meses que lo desempeñó; así como también, al frente de la
mencionada Mesa, que debió dirigir por espacio de 9 días, por hallarse
enfermo el contador Moreno, el que falleció dentro de este último plazo.
Con
motivo de la primera invasión inglesa, en circunstancias en que el
capitán de navío Santiago de Liniers alistaba la columna expedicionaria
para reconquistar la Capital, Rolón se presentó a aquel conduciendo 36
fusiles, 10 pistolas, 22 espadas y dos hombres montados y equipados a su
costa. Asistió a la gloriosa Reconquista de Buenos Aires, el 12 de
agosto de 1806, comportándose en forma destacada en aquella memorable
jornada.
Después de estos sucesos fue nombrado subteniente del
Cuerpo de Patricios Voluntarios, el 6 de setiembre de aquel año; cuerpo
que estuvo a las órdenes del teniente coronel Prudencio Murguiondo, y
con el cual marchó a la Banda Oriental para socorrer a los defensores de
Montevideo, ciudad que se hallaba sitiada por fuerzas británicas.
El
6 de junio de 1807 fue nombrado cadete del Regimiento de Infantería de
Buenos Aires. Con este cuerpo se halló en el combate de Quilmes, con
motivo de la segunda invasión británica; así como igualmente, en los
ataques a los Corrales de Miserere el 2 de julio de igual año, y de la
“Residencia”, el día 6, y desde el día 3 hasta “el 10 en las azoteas, en
la defensa de esta plaza”, según reza una foja de servicios del futuro
general Rolón, redactada poco después de aquellos acontecimientos.
El
16 de julio de 1807 pasó a servir en su clase de cadete, al Regimiento
de Dragones de Buenos Aires; cuerpo en el cual recibió el grado de
alférez el 18 de enero de 1808, cuyos despachos le fueron otorgados por
la Real Junta de Sevilla el 13 de enero de 1809. Producido el movimiento
emancipador de 1810 fue nombrado 2º ayudante de la plaza de Buenos
Aires. El 3 de mayo de 1811 fue promovido a capitán graduado de
Ejército, perteneciendo a la guarnición de esta plaza. El 5 de febrero
de 1814 fue nombrado ayudante de campo del General en Jefe del Ejército
de Buenos Aires, siendo ascendido el 11 de marzo del mismo año a capitán
efectivo de caballería de línea, y el 27 de junio de igual año recibió
los despachos de sargento mayor graduado de Ejército. (1)
Hizo la
campaña de la Banda Oriental en 1814 y 1815. El 13 de marzo de 1815
ascendió a comandante de escuadrón, jerarquía con la cual pasó a
comandar el Cuerpo de Inválidos el 13 de julio de 1816; y al tomar este
último la denominación de Batallón de Aguerridos, en enero de 1818,
Rolón quedó al frente del mismo, que pertenecía a la guarnición de
Buenos Aires, y en el cual obtuvo los despachos de coronel graduado el
11 de diciembre de 1818. Sin embargo, el 28 de marzo de 1817 se le
encuentra como Comisario de Prisioneros, y revistando como agregado al
Estado Mayor de Plaza desde el 1º de julio de 1815 al 31 de julio de
1817; y el 29 de mayo de este último año era habilitado de la guarnición
de la Capital.
El 23 de diciembre de 1818 el coronel Rolón se
hallaba listo con su tropa para marchar e incorporarse al “Ejército de
Observación”. A fines de 1819 se afilió a la Logia Directorial que
actuaba en Buenos Aires. En los primeros meses del mismo año, el coronel
Rolón actuó como defensor del comodoro Guillermo Brown en el proceso
que se le siguió después de la captura de la “Hércules”, habiendo
actuado primeramente en tal carácter el coronel Juan Ramón Rojas. El
Tribunal Militar dictó sentencia en dicho proceso, el 28 de mayo de
1819.
Formó parte del ejército directorial que, mandado por el
general Rondeau, salió a campaña contra López y Ramírez. En la batalla
de Cepeda, el 1º de febrero de 1820, Rolón actuó como 2º del general
Balcarce en el mando de la infantería. Como es sabido, Balcarce sacó
casi intacta del campo de la lucha la fuerza que comandaba, replegándose
con ella a San Nicolás de los Arroyos, a donde llegó al caer la tarde
del 2 de febrero, con una columna cuyos efectivos no bajaban de 900
plazas. Ramírez, creyendo muerto en la batalla a Balcarce, envió a Rolón
una arrogante intimación para que se rindiese, de la que fue portador
el comandante José María Pérez de Urdinenea. Sabido es qué contestó a
dicha intimación el pretendido muerto, verbalmente y con no menos
arrogancia.
El general Balcarce se aproximó lentamente a la
Capital por la vía fluvial, mientras tenía lugar los Tratados del Pilar,
después de la elección de Sarratea como gobernador. La estada más larga
de Balcarce en los puertos de tránsito fue en Zárate, desembarcando,
finalmente en el puerto de Olivos el 1º de marzo, desde donde dirigió
una nota a la Junta de RR., firmada por los principales jefes, la que
era en verdad un manifiesto de paz o de guerra. El mismo día, a las 6 de
la tarde, Balcarce llegaba a la Capital y por aquellos días fue dueño
de la situación. Para el 5 de marzo, el general Balcarce entraba en el
cuartel de los Aguerridos, situado en el Retiro, por la tarde,
acompañado del coronel Rolón; llegando poco rato después el general
Alvear con otro oficial de la guarnición, lo que alarmó al pueblo
porteño, que aborrecía aún el nombre del ex–Director Supremo. El día 6
asumía el mando el general Balcarce, el cual en la noche del 11 de
encerró en la Fortaleza acompañado del coronel Rolón, a quien acompañaba
el Cuerpo de Aguerridos. Este se sublevó en masa pocas horas después, y
Balcarce se vio obligado a salir de la ciudad acompañado por Alvear.
Retenía
aún el coronel Rolón el mando de los Aguerridos, cuando en la noche del
25 de marzo penetró el general Alvear en el cuartel de dicho cuerpo
seguido de numerosos oficiales adictos, estando ausente Rolón. Fue
recibido por el segundo jefe, teniente coronel Anacleto Martínez, quien
hizo causa común con Alvear. Este se mantuvo dos días en el precitado
cuartel, hasta que se vio obligado a abandonarlo el día 27, seguido de
una parte de los Aguerridos.
Estos sucesos determinaron al
Gobierno a disolver aquel Cuerpo, y el coronel Rolón sufrió un largo
arresto. El 10 de octubre de 1820 dirigió al gobernador Rodríguez la
siguiente nota:
“Excmo. Señor: Aunque jamás me he considerado en
la necesidad de dar una satisfacción a mi Patria por mi comportación en
la carrera militar a que me dediqué desde mis primeros años, ya porque
me he lisonjeado siempre de haberla andado con rectitud, ya porque han
sido muchas las veces que la he justificado en su mismo seno; mi honor
notablemente atacado por la conducta que observé en la jornada del mes
de marzo del presente año, que motivó también mi separación a puertos
extranjeros, no me ha permitido retardar por más tiempo mi regreso al
punto donde únicamente podía volver por él”.
“Esta es, Señor
Excmo., la causa esencial que ha originado mi venida al suelo de mi
nacimiento. A mi arribo, que fue el día seis del presente mes, tuve el
honor de presentarme a V. E. y después que con su suprema autoridad he
pasado a mi propia casa, donde se me ha impuesto me conserve en arresto,
lo tengo igualmente en suplicar a V. E. se digne disponer que por el
conducto que corresponda se proceda a la formación de la causa en que
debe examinarse la conducta militar que observé en la expresada jornada
del mes de marzo del presente año, y aún, si V. E. lo creyese
conveniente, la que he guardado desde que la Nación quiso distinguirme
con su confianza en esta ilustre carrera·.
“Dígnese V. E. acceder
a una solicitud que he entablado por sólo los impulsos de mi honor.
Esta alhaja, que cualquiera debe conservar a todo precio, pero que muy
principalmente, por ser la única que forma el patrimonio del que
ejercita la carrera de las armas, es el mío, y, por lo tanto, me es tan
preciosa y sagrada, no puede continuar por más tiempo si el lustre que
le he sabido proporcionar. Quiera V. E. darme un momento tan apetecible,
en disponer la formación de mi causa, y permítame, igualmente, eleve al
conocimiento de la Nación, por medio de la prensa, el motivo que ha
originado mi regreso a esta Capital y la solicitud que tengo el honor de
entablar ante la suprema y respetable autoridad de V. E.”.
“Dios guarde a V. E. muchos años – Buenos Aires, 10 de octubre de 1820 – Mariano Benito Rolón”.
Pocos días después Rolón se dirigía en los siguientes términos:
“Existe
en mi poder la llave de la caja de Aguerridos, que estuvo a mi cargo,
la cual me ha sido entregada por el D. capitán Sixto Quesada,
consecuente con lo que V. S. se dignó ordenar con fecha 21 del presente
mes, con el objeto de que rindiese, por mi parte, la cuenta
correspondiente a la comisión encargada de recibirla a los regimientos
extinguidos”.
“Me hallo emplazado por los S. S. que forman esta
Comisión para comparecer en este día a su Despacho con aquel mismo
objeto; pero como aún se halla vigente la Orden que el Sr. Gobernador se
dignó expedir para que guardase arresto en mi propia habitación, me veo
precisado a consultar si no obstante esto, podré comparecer a aquel
emplazamiento considerándome como no arrestado o siempre bajo esta
calidad”.
“Con este motivo debo también hacer presente a V. S.
para que se digne elevarlo a la consideración de S. E. el señor
Gobernador que la representación que elevé con fecha 10 del que corre,
solicitando se examinase mi comportación militar en la jornada de Marzo
de este año, se halla aún sin resolverse, y que esto me infiere
perjuicios de suma consideración, e igualmente que correspondiendo al
sargento mayor del expresado Batallón de Aguerridos, D. Gregorio Manuel
Mons, la administración y manejo de todos los documentos pertenecientes a
la Mayoría, que actualmente existen en poder del capitán D. Sixto
Quesada, se sirva dar las disposiciones convenientes para que este
oficial verifique la entrega de ellos a aquel jefe”.
“Dios guarde a V. S. muchos años – Buenos Aires, 24 de octubre de 1820 – Mariano Benito Rolón”.
El
coronel Rolón fue nombrado 2º jefe del 1er batallón de la “Legión
Patricia” a mediados del año 1821, en el cual obtuvo despachos de
comandante de dicho batallón el 2 de mayo de 1822. El 1º de enero de
1823 pasó a la Plana Mayor del Ejército y el 12 de febrero del mismo año
obtuvo su reforma militar.
Se embanderó en la revolución que
estalló la noche del 19 de marzo de 1823, encabezada por el Dr. Gregorio
Tagle, disgustado Rolón con la reforma que le fue impuesta. Los
conjurados se proponían una vez derrocado el gobierno de Rodríguez,
nombrar un Cabildo abierto compuesto por Lorenzo López, Ambrosio Lezica,
José Tomás Aguiar, Rafael Pereyra y José Jevenes y se encargaría al
coronel Rolón el mando provisorio de la Provincia.
Comprometido
así en el movimiento, Rolón no concurrió a la acción, sin explicar la
causa, y en el proceso a los complotados hay muchas contradicciones
entre las declaraciones de Rolón y de su esposa. Condenado por el juez
de 1ª Instancia, Dr. Bartolo Cueto, el 5 de abril de 1823, a cuatro años
de destierro, esta sentencia fue reformada por la Cámara de Justicia
por la de 3 años de confinamiento. Rolón había obtenido, con pretextos
de enfermedad, ser trasladado de la Fortaleza, donde se hallaba
recluido, al Hospital General de Hombres; y en conocimiento de la
sentencia y notificado de su próxima remisión a Patagones, eludió su
cumplimiento, fugando de aquel Hospital el 11 de mayo. (2)
La
caída de Rivadavia y el advenimiento de Dorrego le permitieron volver a
reincorporarse al Ejército y por decreto del Gobierno fechado el 20 de
octubre de 1827, se mandó librar despachos al coronel Rolón de
comandante del Batallón 4º de Cazadores, y al que lo era de este cuerpo,
teniente coronel Francisco Sánchez de Zelis, se le destinaba a comandar
el Batallón 2º de Cazadores. El 10 de octubre de 1828 obtuvo despachos
de coronel efectivo. (3)
Con el 4º de Cazadores (pardos y
morenos) que mandaba Rolón, y el Regimiento de Artillería Ligera, a las
órdenes de Iriarte, cuerpos que habían logrado introducirse en la
Fortaleza, se intentó defender ésta en la madrugada del 1º de diciembre
de 1828, levantando al efecto el rastrillo y colocando dos cañones en el
baluarte del Oeste y otros tantos abajo para defensa de la entrada. La
retirada de Dorrego, que no contaba con elementos para oponerse con
éxito a la reacción operada, hicieron inútil la actitud de los coroneles
Rolón e Iriarte, los cuales hicieron retirar la tropa que mandaban.
El
27 de diciembre de 1828, el coronel Pedro José Díaz reemplazó a Rolón
en el mando del 4º de Cazadores. El último mandó una división de las
fuerzas federales que a las órdenes de López y Rosas, operaron contra el
general Lavalle, asistiendo a la acción del Puente de Márquez y al
sitio de Buenos Aires a comienzos de mayo de 1829.
A la caída de
Lavalle el coronel Rolón fue repuesto en el comando de su Batallón, que
pasó a denominarse “Guardia Argentina”. Con este cuerpo formó parte del
“Ejército de Reserva”, fuerte de 1.000 hombres de los cuales “800
hombres de infantería, mandados por los coroneles Olazábal y Rolón; 300
veteranos del 1º y 4º de Cazadores con 500 milicianos y una sección de
artillería al mando del coronel Iriarte”(4). Dicho Ejército salió de
Buenos Aires el 27 de febrero de 1831, dirigiéndose a Córdoba para
combatir contra el poder del general Paz, pero capturado éste, los
distintos cuerpos del “Ejército de Reserva”, regresaron a Buenos Aires
el 20 de setiembre de igual año, siendo recibidos en forma entusiasta.
El
15 de diciembre de 1831 Rosas elevó a la Sala de RR, un mensaje
pidiendo el acuerdo para promover a la jerarquía de coronel mayor a
varios coroneles, entre los cuales figuraba Rolón; proyecto sancionado
por la Sala el 11 de setiembre de 1832.
Mandaba el general Rolón
todavía el Batallón “Guardia Argentina” cuando tuvieron lugar las
elecciones del 16 de junio de 1833, en las cuales salió diputado electo a
la Legislatura. Los acontecimientos posteriores que condujeron a la
famosa “Revolución de los Restauradores”, que estalló el 11 de octubre
de aquel año, llevaron al general Rolón a embanderarse con los
revolucionarios, a los que se unió el día 13 en el puente de Barracas,
con su cuerpo, después de haber hecho conocer tal actitud al gobernador
Balcarce por intermedio del teniente coronel José Antonio Pieres.
Segundo jefe del “Ejército Restaurador de las Leyes”, el general Rolón
acompañó a su General en Jefe Agustín de Pinedo, el 7 de noviembre, en
la entrada a esta ciudad a la cabeza de 6.000 hombres (5).
Era
diputado de la Legislatura en 1835, cuando Rosas asumió la gobernación, y
el día en que ocupo su puesto, Rolón mandó una guardia especial
compuesta por 200 miembros de la “Sociedad Popular Restauradora”, de la
cual era aquél uno de sus más característicos miembros. El general Rolón
fue diputado a la Legislatura por varios períodos durante el gobierno
de Juan Manuel de Rosas.
Cuando se produjo la conjura de Maza, en
junio de 1839, los complotados trataron de conseguir la adhesión del
general Rolón, pero éste se mantuvo inquebrantablemente fiel a Rosas.
Cuando Lavalle se aproximó a la Capital, en agosto de 1840, Rolón, al
frente de su batallón “Guardia Argentina”, fuerte de 350 plazas, formó
parte de las fuerzas que tenía Rosas a sus inmediatas órdenes para la
defensa de la ciudad.
Fue uno de los firmantes del acta levantada
el 18 de enero de 1847, con motivo de la colocación de la piedra
fundamental de la muralla de la Alameda (después Paseo de Julio y hoy
Avenida Leandro N. Alem).
El general Mariano Benito Rolón
falleció en Buenos Aires, en la mañana del día 2 de febrero de 1849, “a
la misma hora en que, en igual día de cada año, solía asistir, con la
“Guardia Argentina”, a la iglesia de la Merced, con el objeto de oír la
misa en celebridad de la Purificación de Nuestra Señora. (6) Rolón al
morir era diputado y jefe de la “Guardia Argentina” y también del “2º de
Patricios”. Su funeral tuvo lugar el 9 de mayo, en la iglesia de la
Merced, habiendo rendido honores los batallones “Guardia Argentina” y
“2º de Patricios” mandados por el general Felipe Heredia. El duelo fue
presidido por el presbítero José María Rolón, pariente del General y más
tarde gobernador de Corrientes.
Rolón estaba casado con Juana Manuela Maciel.
Fuentes: Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y
sudamericanas – Buenos Aires (1939)
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