domingo, 7 de febrero de 2016

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL CORONEL AMBROSIO CRÁMER

El día 7 de febrero de 1792, nace en París, Francia, el Coronel Ambrosio Crámer. Egresado de la Escuela Militar de Nobles en 1808, pasó a formar parte del 5° Regimiento de Infantería de la Grande Armée. Después de la Batalla de Waterloo vino al Río de la Plata con otros oficiales franceses como Brandsen y Bruix. Colaboró con entusiasmo y valentía en la emancipación americana, acumulando fama y gloria. El Director Supremo, General Juan M. de Pueyrredón lo nombró Sargento Mayor del 1er. Batallón de Cazadores de los Andes en 1816. Luego el General José de San Martín le encomendó la organización –durante la formación del Ejercito de los Andes- del Regimiento N° 8 de Infantería, sobre la base del 2° Batallón de dicha unidad. Poco después cruzó con su unidad la Cordillera, batiéndose con singular determinación en la Batalla de Chacabuco. Posteriormente fue ayudante de campo del General Manuel Belgrano. Volvió a Francia, para retornar luego a la Argentina. En 1821, por encargo del gobierno, hizo un relevamiento de las defensas del puerto de Carmen de Patagones, en la desembocadura del Río Negro. En 1823, formó parte de una campaña al desierto como jefe de ingenieros. Fue uno de los fundadores de Tandil. Murió en la Batalla de Chascomús, luchando como parte de la Revolución de los Libres del Sur contra Juan M. Rosas, en el año 1839.
Se enroló como cadete en los ejércitos de Napoleón Bonaparte en 1806. Hizo la campaña de España, donde fue herido dos veces.
Años más tarde se recibió de ingeniero militar y combatió en la batalla de Waterloo. Después de esa batalla fue dado de baja del ejército francés y proscrito por sus ideas políticas, al considerársele bonapartista.
Llegó a las Provincias Unidas del Río de la Plata a mediados de 1816 junto con otros oficiales, como Federico Brandsen, Alejo Bruix y su hermano, Benjamín Viel y otros en el Celeste, provenientes del puerto de Calais, Francia. El Director Supremo Pueyrredón lo nombró Sargento Mayor del 1er. Batallón de Cazadores de los Andes, de modo que se incorporó al Ejército de los Andes. Posteriormente, el general José de San Martín le encargó la organización del Regimiento N° 8 de Infantería, formado por esclavos negros sobre la base del 2do. Batallón de Cazadores.
Participó del Cruce de los Andes al frente de las Compañías de Fusileres de esa unidad, y participó en la Batalla de Chacabuco, en la que la carga a la bayoneta de su cuerpo tuvo un papel principal en la victoria.
Posteriormente fue asignado a la guarnición de Santiago de Chile, mientras el resto del Ejército hacía la campaña del sur de Chile. Tras un entredicho con el general San Martín, obtuvo la baja y regresó a las Provincias Unidas. Allí se unió al Ejército del Norte y fue edecán del general Manuel Belgrano. A fines de la década hizo un breve viaje a Francia.
Tras el motín de Arequito se unió al ejército de Buenos Aires y luchó en Cepeda y Cañada de la Cruz. Al año siguiente participó en la campaña contra el caudillo federal Francisco Ramírez.
En 1821 fue enviado a efectuar reparaciones en el puerto de Carmen de Patagones, y acompañó como jefe del contingente militar una frustrada empresa de colonización de la bahía de San Antonio, en la costa de la actual provincia de Río Negro, dirigida por el francés Leloir, fundador de la familia de ese apellido. Pero el barco naufragó al salir de Carmen de Patagones, y fue uno de los pocos sobrevivientes.
Participó en la campaña que el gobernador Martín Rodríguez llevó contra los indígenas en 1823, y fue el autor de los planos del Fuerte Independencia, inicio de la actual ciudad de Tandil. Estuvo destinado en las guarniciones de Bahía Blanca y Carmen de Patagones.
Pidió su retiro militar en 1825, y al año siguiente obtuvo la licencia oficial de agrimensor; se dedicó a la mensura de campos, en la época de reparto por la ley de enfiteusis. Junto a ese trabajo, acompañó al coronel Federico Rauch en varias operaciones contra los indígenas. Beneficiándose de la ley de enfiteusis, fundó la estancia "La Postrera", un gran establecimiento de cría de ovejas, junto al río Salado y al sur de Chascomús. Por su trabajo de agrimensura fue integrado a la sociedad constituida por Juan Pedro Aguirre, Pedro Andrés García, Manuel José de Haedo y José María Rojas en la enfiteusis de cien leguas solicitada el 21 de febrero de 1826 en la "Sierra del Bolcán", hoy parte de los partidos de Balcarce y Ayacucho; allí surgiría la Estancia San Juan de la familia Girado.
Durante la guerra civil entre Juan Lavalle y Juan Manuel de Rosas tenía amigos en ambos bandos, por lo que se encerró en su campo y no tomó partido.
Fue jefe de ingenieros en la Campaña de Rosas al Desierto del año 1833. En los años siguientes trabajó activamente en mensura de campos y en deslindes de lotes en pueblos del interior de la provincia de Buenos Aires. Tuvo serios problemas con varios jefes políticos y militares de la época de Rosas, especialmente con Prudencio Rosas, hermano del gobernador.
Cuando se produjo el Bloqueo francés al Río de la Plata —a partir de 1838— se vio perjudicado en sus intereses económicos, por la imposibilidad de exportar su producción. La actitud intransigente del gobierno lo llevó culpar a éste de sus problemas. Por otro lado, se lo veía como sospechoso por su origen francés. De modo que pasó rápidamente de la protesta privada y pública a la participación en conspiraciones contra el gobierno de Rosas.
En 1839, los estancieros del sur de Buenos Aires se rebelaron contra Rosas, azuzados por lo que quedaba del partido unitario y la flota francesa que bloqueaba el río. Pedro Castelli, de la zona de Balcarce, fue elegido como jefe militar, dado que era el estanciero que más tropas había logrado reunir. Esta sublevación debía coincidir con el complot dirigido por el coronel Ramón Maza en Buenos Aires y con el desembarco de Lavalle en la zona del Tuyú.
Los otros dos jefes de la conjura eran los coroneles Ambrosio Crámer y Manuel Rico. Este último había participado de la expedición al desierto de 1833 y era entonces Juez de Paz de Dolores. Crámer también aportó tropas y se puso al frente de las fuerzas del partido de Chascomús. Prestó también algunos galpones de su propiedad en Chascomús para ser utilizados como cuarteles de ese ejército improvisado.
Pronto las cosas empezaron a andar mal para los autodenominados "Libres del Sur". La conjuración de Maza fue descubierta, su jefe ejecutado, y su padre, el ex gobernador Manuel Vicente Maza, asesinado en su despacho de la legislatura provincial.
Para empeorar todo, Lavalle faltó a la cita, aceptando en cambio dirigir un pequeño ejército de oficiales hacia la provincia de Entre Ríos: terminaría recorriendo el país entero, de derrota en derrota, hasta terminar muerto de un balazo casual en San Salvador de Jujuy.
Los revolucionarios quedaron librados a sus propias fuerzas y encerrados de tal forma que no podían esperar escapar: tenían a todo el ejército de Rosas al norte, y los “indios amigos” al sur. No obstante, siguieron adelante con sus planes. Habían reunido 2 000 hombres en Dolores y otros 1 000 en Chascomús, y los trasladaron en su totalidad hacia Chascomús. Crámer y Rico se encargaron de la maniobra y del escaso entrenamiento que pudieron dar a sus bisoños gauchos.
El 7 de noviembre de 1839, el ejército al mando de Castelli fue atacado por Prudencio Rosas en las orillas de la Laguna de Chascomús, en la llamada batalla de Chascomús. En un primer momento, la victoria pareció quedar del lado de los rebeldes, y el propio Rosas huyó hacia el norte. Pero la decisiva reacción del coronel Nicolás Granada volcó la batalla en su favor, que quedó decidida cuando el coronel Crámer fue muerto en combate. Una parte de los soldados rebeldes huyeron, y el resto se entregó al enemigo, que fue indulgente con ellos.
Pedro Castelli fue muerto varios días más tarde, cerca de Dolores, mientras Rico pudo huir.
http://www.fotolog.com/ejercitonacional
https://www.facebook.com/EJERCITO.NACIONAL.ARG

sábado, 6 de febrero de 2016

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL JUAN GREGORIO DE LAS HERAS

El 6 de febrero de 1866 fallece en Chile el General Juan G. Gregorio de Las Heras. Valiente hasta la temeridad y abnegado hasta el sacrificio en defensa de sus convicciones. Nacido en Buenos Aires en 1780, su apellido era Gregorio de Las Heras y no Las Heras, como se ha difundido. En 1806, luchó en las Invasiones Inglesas. Comandó el Cuerpo de Auxiliares de Chile, enviado por el gobierno de Buenos Aires en ayuda del chileno. En tal carácter combatió en Cucha-Cucha, Membrillar, Maule, Tres Montes, Río Claro Quecheregua y Rancagua. Ante la derrota en esta batalla, los Auxiliares de Chile cubrieron la retirada del gobierno del país y de sus camaradas de armas chilenos hacia Mendoza, a través de la Cordillera de los Andes. Con sus Auxiliares formó parte del Ejercito Libertador, partiendo de Mendoza hacia Chile el 18 de enero de 1817. Intervino en las batallas de Chacabuco, Curapaligüe y Gavilán y en el asalto a la ciudad de Talcahuano. En la derrota nocturna de Cancha Rayada salvó una división de 3.000 hombres y 12 piezas de artillería en una brillante retirada. Esos mismos elementos fueron utilizados luego en la Batalla de Maipú del 5 de Abril de 1818, que selló la libertad de Chile. Integró la expedición libertadora al Perú que zarpó de Valparaíso en 1820, ya graduado de Mayor General, asistiendo al sitio de El Callao en el año siguiente. Electo Gobernador de la Provincia de Buenos Aires en reemplazo del General Martín Rodríguez, su administración duró de 1824 a 1826, en los comienzos de la Guerra con Brasil. Contribuyó a la organización de las tropas que iniciaron esa campaña. Al dimitir su cargo, dirigió un manifiesto a sus conciudadanos el 15 de marzo de 1826, dando cuenta de sus actos de gobierno. Se estableció en Chile hasta el fin de su vida.

http://www.fotolog.com/ejercitonacional
https://www.facebook.com/EJERCITO.NACIONAL.ARG

viernes, 5 de febrero de 2016

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL CORONEL JOSE IDELFONSO ALVAREZ DE ARENALES

Nació en San Antonio de Arque, hoy República de Bolivia, el 5 de febrero de 1798, siendo sus padres, el general Juan Antonio Alvarez de Arenales, soldado de la Guerra de la Independencia, y Serafina Hoyos, noble dama salteña. Estudió matemáticas en Buenos Aires y el 1º de setiembre de 1817 el Director Pueyrredón le extendía despachos de subteniente de Ingenieros. Cursó la Academia de Matemáticas desde el mes de febrero de 1817 hasta el 10 de abril de 1819. Tuvo que rendir examen para salir a campaña antes de esta fecha, mereciendo el cargo de “archivero y guarda-instrumentos” en el último año. En los exámenes respondió con el mayor acierto a todas las preguntas que le fueron formuladas y en sus notas de egreso figura la siguiente honrosa mención: “En todo el tiempo de su estudio ha manifestado la mayor exactitud, aplicación, honor y celo”.
A su solicitud fue destinado al Ejército de los Andes, al que se incorporó el 3 de enero de 1819. El 14 de febrero del año siguiente, el general San Martín le extendió despachos de teniente 2º, en una compañía del Batallón de Artillería de los Andes. En tal carácter concurrió a la campaña libertadora del Perú.
Desempeñó varias comisiones relativas al servicio de Ingenieros y obtuvo más adelante, por esta circunstancia, el diploma y medalla con el lema “Yo fui del Ejército Libertador” y también la “Orden del Sol”, pensionada. Acompañó a su padre en la segunda campaña de La Sierra, desde el 20 de abril hasta el 30 de agosto de 1821 fecha en que entraron en Lima, terminada aquélla y habiendo atravesado dos veces la Cordillera de los Andes. Hizo esta campaña por permiso especial del general San Martín, de quien era ayudante de campo. Por sus merecimientos fue promovido por este último a teniente 1º. El 25 de agosto de ese mismo año, el Protector del Perú, le confirió el empleo de capitán-comandante de la compañía de Artillería Volante de la “Legión Peruana de la Guardia”; y el 10 de diciembre de 1821, lo declaró asociado a la “Orden del Sol”, como queda dicho, con la pensión de 200 pesos anuales.
Promovido a sargento mayor el 24 de octubre de 1821, recibió despachos de teniente coronel graduado, el 10 de julio del año siguiente; pasando poco después a servir a las órdenes de su padre, en el llamado, “Ejército del Centro”, creado por este último en Lima. Habiéndose efectuado una revolución en este ejército contra el Supremo Gobierno, el 28 de febrero de 1823 renunció al cargo de Comandante de Artillería, y pidió su pasaporte para salir del Perú, lo que realizó por la vía de Chile, conjuntamente con su padre, llegando a Buenos Aires, a cuyo Gobierno se presentó el 20 de enero de 1824.
Habiendo sido elegido gobernador de Salta el general Arenales, con fecha 29 de diciembre de 1823, el 11 de marzo del año siguiente su hijo fue destinado por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires para servir a las órdenes de aquel y como jefe de un plantel de fuerzas nacionales que debían organizarse en Salta. Acompañó en clase de edecán al gobernador Arenales, cuando este alistaba la expedición a las provincias del Alto Perú. El 3 de abril de 1825, fue destacado por su padre para invitar al general Olañeta, el cese de las hostilidades, conminándolo a capitular. Pero dos días antes este General había sido herido por sus propios soldados que se le habían sublevado en el pueblo de Tumusla, inmediato a Cotagaita, falleciendo poco después.
La misión del comandante Arenales no solo se limitaba a formular la invitación de referencia, sino que también se le otorgó credencial para saludar “a los Gobiernos e Ilustres Ayuntamientos de las Provincias hermanas del Alto Perú; felicitarlas por haber llegado el momento de entrar en goce de la libertad y disfrutar de sus preciosos dones”.
Desde Tupiza, el 9 de abril, el edecán Arenales ponía en conocimiento de su progenitor los sucesos acaecidos en Tumusla, por la rebelión encabezada por el coronel Carlos Medina Celi (natural de Tupiza). En este punto Arenales recibió nuevas instrucciones, por las cuales debía tratar otros asuntos relativos a la buena marcha de las operaciones; debiendo ir en busca del general Sucre, con pliegos, pasando a Potosí, Chuquisaca, Cochabamba, Santa Cruz y La Paz, “no olvidando de manifestar a los gobiernos de Potosí y Charcas, copia del oficio dirigido a Medina Celi para que sirva de comprobante de las rectas intenciones con que se marcha al Perú”.
Terminada su comisión, Arenales acompañó a su padre, que se detuvo en Potosí y Chuquisaca, en comisión del Supremo Gobierno Argentino, gira que duró desde el 20 de marzo hasta el 30 de agosto de 1825, fecha esta última en que regresaron a Salta. De inmediato, el comandante Arenales fue despachado por el Gobernador para Buenos Aires donde el Superior Gobierno, por decreto del 26 de octubre de 1825, le dio de alta en el Ejército Nacional, en clase de sargento mayor en el Batallón de Artillería perteneciente a las fuerzas que se empezaban a organizar sobre el río Uruguay, cuerpo aquel, de cuya formación, disciplina e instrucción se encargó Arenales.
Hallándose en aquel destino fue nombrado diputado al Congreso Nacional por la provincia de Salta, y en consecuencia, y también por haber contraído una grave enfermedad que lo postró por más de un año, se separó del ejército de operaciones a principios de agosto de 1826 y regresó a Buenos Aires a ocupar su nuevo puesto.
Después de disuelto el Congreso Nacional fue nombrado por el Gobierno, comandante Militar del puerto de la Ensenada, por S. R. de 23 de agosto de 1827. Durante el desempeño de este cargo, sostuvo dos ataques contra la escuadra imperial bloqueadora uno con los fuegos de la batería en defensa de un bergantín que embicó en la playa próxima a la Ensenada; y el otro con los destacamentos de la guarnición de Punta Lara.
Arenales permaneció en el comando del puerto de la Ensenada hasta el 23 de enero de 1828, en que se retiró por haber sido nombrado 2º Ingeniero del Departamento Topográfico, cuya presidencia ejerció a partir de 1834. Confeccionó una gran carta geográfica de Bolivia, “siendo ésta ejecución preparatoria para encadenar la que debía seguirle, bajo relaciones más amplias, acerca de la República Argentina”, según su propia indicación. También diseño mapas para la expedición al desierto de 1833, que llevó a cabo Rosas.
Habiendo publicado el diario El Lucero una memoria del general Miller sobre la guerra del Perú, el 5 de octubre de 1830 publicó José de Arenales –como él firmaba- una carta en la cual refutaba “dos principales períodos” de aquella guerra, con relación a su padre: la retirada de 1821, desde la Sierra a Lima, y la no apertura de la campaña, en 1823, desde Lima. Anunciaba en dicha carta pública que había escrito sobre lo primero “una memoria histórica sobre la segunda campaña a la Sierra, de que fui testigo presencial”. El libro de refutación a Miller salió a la luz en 1832, con mapas ilustrativos del propio Arenales. Al año siguiente dio a conocer su importante obra Noticias históricas y descriptivas sobre el gran país del Chaco y Río Bermejo, la que incluye una carta de la Sección Austral del Gran Chaco con el curso detallado del río Bermejo, según los diarios de la campaña del gobernador Matorral en 1774 y del viaje por agua del coronel Cornejo en 1790.
Prestó un valiosísimo concurso durante la campaña contra el mariscal Santa Cruz, campaña que utilizó sus cartas geográficas, y en 1838 fue ascendido por Rosas a coronel, en mérito a sus patrióticos servicios. Se ha dicho que el jefe del Departamento Topográfico en tiempos del Restaurador era unitario; pareciera decir lo contrario un documento público de adhesión a la política del jefe de la Confederación Argentina publicado en la Gaceta Mercantil del 21 de diciembre de 1840, en el cual expresa el deseo siguiente: “Que los salvajes unitarios o su asesino caudillo, privado ahora del apoyo que creían tener en sus traidoras maquinaciones, sucumban de una vez para siempre al irresistible poder de la Confederación Argentina y de su más ilustre campeón”. Llama, asimismo, la atención que, después de Caseros, haya rechazado el generalato que le fue ofrecido, por considerar “terminada mi carrera con el último ascenso, e invalidado para el servicio de campaña, por la sordera que me aqueja de años atrás”; y que, además, renunciara a la presidencia del Departamento Topográfico el 26 de mayo de 1852.
En mayo de 1832, José de Arenales hizo entrega al general Rosas de una bandera arrebatada a los españoles por la división que comandaba su padre, en 1820. Este trofeo acompañó a don Juan Manuel hasta su última morada, en 1877, colocado sobre el féretro junto al sable de San Martín. Y se encuentra actualmente en el Museo Histórico Nacional, por donación de Manuelita Rosas de 1897.
El coronel Arenales confeccionó diversos planos militares y colaboró con Bacle en su litografía. Dibujó para éste una vista de Salta y varios retratos entre ellos el del general Arenales. Dejó, además, diversos manuscritos, entre los que se cuenta un diccionario geográfico de Chile, Perú y el Río de la Plata. Murió en Buenos Aires el 14 de julio de 1862 y sus restos se guardan en el cementerio de la Recoleta.

Fuentes: Chávez, Fermín – Iconografía de Rosas y de la Federación – Buenos Aires (1970) /  Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado / Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).

http://www.fotolog/ejercitonacional
https://www.facebook.com/EJERCITO.NACIONAL.ARG

jueves, 4 de febrero de 2016

ANIVERSARIO DE LOS COMBATES DE GUARDIA VIEJA, ACHUPALLAS Y LA VEGA DE CUMBEO

Con notable simultaneidad, en un frente que sobrepasaba los 300 Km, el Ejército de los Andes conducido por el Coronel Mayor don José de San Martín obtuvo sus tres primeros triunfos en suelo chileno. Uno por cada una de las tres columnas más numerosas, siendo éstas de norte a sur, son las siguientes: - La conducida por el Teniente de Granaderos Juan Galo de Lavalle, que al frente de 25 Granaderos ataca el caserío de Achupallas, en la tarde de ese día, a una partida de 100 realistas que se habían emboscado en las faldas que bordean el valle de Chalaco. Lavalle arrolló al enemigo en una épica carga, y provocó su dispersión.

La conducida por el Sargento Mayor del Batallón 11 de Infantería, Enrique Martínez, que en la última hora del día atacó a los españoles que ocupaban una altura que dominaba el cajón del valle del río Juncal, donde se encuentra el lugar denominado “Guardia Vieja”. Tras algunas horas de combate los derrotó completamente y tomó 43 prisioneros.Por último, la conducida por el Capitán de Granaderos Ramón Freire, que en la Vega de Cumpeo (caserío al noreste de Tasca), ataca a un destacamento enemigo de unos 100 hombres, los que al llegar la noche se retiraron dejando en el campo de batalla 18 muertos y tomando 20 prisioneros.
Fuente: www. ejercito.mil.ar

http://www.fotolog.com/ejercitonacional
 
https://www.facebook.com/EJERCITO.NACIONAL.ARG

miércoles, 3 de febrero de 2016

ANIVERSARIO DEL COMBATE DE SAN LORENZO

Primera acción militar y victoria del Regimiento de Granaderos a Caballo. El gobierno de Buenos Aires, ante las continuadas depredaciones que hacían las fuerzas españolas establecidas en Montevideo sobre las costas de los ríos Paraná y Uruguay, ordenó al jefe del regimiento que una parte del mismo protegiera las poblaciones del Paraná. Una flotilla española había remontado el río y anclado y anclado por falta de viento frente al monasterio de San Lorenzo -entonces en construcción-, cerca de la localidad del mismo nombre, en la Provincia de Santa Fe. Los españoles, al mando del Capitán Juan A. Zabala se aprestaron a desembarcar fuerzas de infantería con apoyo de algunos cañones chicos. El jefe argentino, Coronel José de San Martín, había arribado a la zona la noche anterior. Arengó a sus tropas y les ordenó que atacarían solamente a sable y lanza, prohibiendo el uso de armas de fuego. Dividió sus aproximadamente 200 hombres en dos escuadrones, el Primero al mando del Capitán Justo Bermúdez, reservándose el mando del Segundo, diciéndole a Bermúdez: "nos encontraremos en el centro del combate, donde le ampliaré mis órdenes...". A su orden los Granaderos cargaron al galope acometiendo a los españoles, sin darles tiempo a formar cuadro. Al llegar San Martín a la línea enemiga su caballo fue muerto tomando una de sus piernas en su caída, armándose a su rededor un entrevero con armas blancas. Un soldado español se disponía a matarlo con su bayoneta cuando el granadero Juan B. Baigorria lo mató con su lanza. El granadero Juan B. Cabral desmontó para ayudar a su jefe, recibiendo heridas mortales, mientras el alférez Hipólito Bouchard, quién se cubriría de gloria posteriormente como jefe naval, se apoderaba de la bandera española tomando la vida de quien la portaba. El combate fue sangriento y tuvo un rápido desenlace. Los españoles que pudieron, se reembarcaron.



Parte del Combate de San Lorenzo suscrito por el Coronel Jose Francisco de San Martin, al Superior Gobierno. San Lorenzo, 3 de febrero de 1813.
Exmo. Señor.
Tengo el honor de decir a V.E. que en el día 3 de febrero los granaderos de mi mando en su primer ensayo han agregado un nuevo triunfo á las armas de la patria. Los enemigos en numero de 250 hombres desembarcaron a las 5 y media de la mañana en el puerto de S. Lorenzo, y se dirigieron sin oposición al colegio S. Carlos conforme al plan que tenían meditado en dos divisiones de a 60 hombres cada una, los ataques por derecha e izquierda, hicieron no obstante una esforzada resistencia sostenida por lo fuegos de los buques, pero no capaz de contener el intrépido arrojo con que los granaderos cargaron sobre ellos sable en mano: al punto se replegaron en fuga a las bajadas dejando en el campo de batalla 40 muertos, 14 prisioneros de ellos, 12 heridos sin incluir los que se desplomaron, y llevaron consigo, que por los regueros de sangre, que se ven en las barrancas considero mayor numero. Dos cañones, 40 fusiles, 4 bayonetas, y una bandera que pongo en manos de V.E. y la arrancó con la vida al abanderado el valiente oficial D. Hipolito Bouchard. De nuestra parte se han perdido 26 hombres, 6 muertos, y los demás heridos, de este numero son: el capitán D. Justo Bermúdez, y el teniente Manuel Díaz Velez, que avanzándose con energía hasta el borde de la barranca cayó este recomendable oficial en manos del enemigo.
El valor e intrepidez que han manifestado la oficialidad y tropa de mi mando los hace acreedores a los respetos de la patria, y atenciones de V.E.; cuento entre estos al esforzado y benemérito párroco Dr. Julián Navarro, que se presentó con valor animando con su voz, y suministrando los auxilios espirituales en el campo de batalla: igualmente lo han contraído los oficiales voluntarios D. Vicente Mármol, y D. Julián Corvera, que á la par de los míos permanecieron con denuedo en todos los peligros.
Seguramente el valor e intrepidez de mis granaderos hubieran terminado en este día de un solo golpe las invasiones de los enemigos en las costas del Paraná, si la proximidad de las bajadas no hubiera protegido su fuga, pero me arrojo a pronosticar sin temor que este escarmiento será un principio para que los enemigos no vuelvan a inquietar a estos pacíficos moradores. Dios guarde a V.E. muchos años. San Lorenzo febrero 3 de 1813.

Carta de San Martín enviada al Excmo. Supremo Poder Executivo en Buenos Aires, el 27 de febrero de 1813.
Excelentísimo Señor:
Como sé la satisfacción que tendrá V.E. en recompensar a las familias de los individuos del Regimiento, muertos en la acción de San Lorenzo, o de sus resultas, tengo el honor de incluir a V.E. la adjunta relación de su número, país de su nacimiento y estado. No puedo prescindir de recomendar particularmente a V.E. a la viuda del Capitán Don Juan Bermúdez, que ha quedado desamparada con una criatura de pechos, como también a la familia del Granadero Juan Bautista Cabral natural de Corrientes, que atravesado el cuerpo con dos heridas no se le oyeron otros ayes que los de “Viva la Patria, muero contento por haber batido a los enemigos”; efectivamente a las pocas horas feneció repitiendo las mismas palabras. Nuestro Señor guarde a V.E. muchos años.
¿Todavia queda alguna duda de la existencia de un Sargento llamado Juan Bautista Cabral y de su Patriotico y abnegado heroismo?

http://www.fotolog.com/ejercitonacional
https://www.facebook.com/EJERCITO.NACIONAL.ARG

martes, 2 de febrero de 2016

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL MARIANO BENITO ROLÓN

Nació en Buenos Aires en 1790, siendo sus padres Lucas Rolón y María Rita Nel de Laviña. Lucas Rolón descendía de una antigua y principal familia de Corrientes, donde su progenitor José Ponciano Rolón, entre otros cargos, desempeñó los de alcalde del 1º y 2º voto del Cabildo, teniente gobernador, comandante de armas y subdelegado de la Real Hacienda, administrador de correos, juez conservador del Gran Chaco en una de las expediciones que en él se internaron, coronel de caballería y sargento mayor de plaza de la ciudad de Corrientes. José Ponciano Rolón era hijo de Agustín Rolón, natural de Santa Fe, y de Micaela Chaves; el que casó con Ana Perna, hija de Manuel de la Perna, oficial Real de Santa Fe y tesorero de Corrientes, y de Bárbara Pérez. María Rita Nel de Laviña era hija de Francisco Nel y Laviña, y de Catalina Drotel. Hermanos del general Mariano Bento Rolón fueron: Josefa Rafaela, casada con el Dr. José Gerónimo Salguero de Cabrera, abogado de la Real Audiencia; y Ana María Rolón, casada con Juan Manuel Beruti, del comercio de Buenos Aires.
Mariano Benito Rolón realizó sus estudios en esta ciudad y muy joven se incorporó al servicio público en clase de meritorio del Tribunal Mayor y Real Audiencia de Cuentas, pero sin sueldo, cargo para el cual fue designado el 23 de noviembre de 1803, en virtud de la Providencia del Visitador general Diego de la Vega; y destinado como auxiliar en el Despacho de la “Mesa de Razón”, la que estaba a cargo del Contador ordenador Manuel Moreno. En el ejercicio de este puesto, el joven Rolón manifestó esmero, aplicación y buena conducta durante los nueve meses que lo desempeñó; así como también, al frente de la mencionada Mesa, que debió dirigir por espacio de 9 días, por hallarse enfermo el contador Moreno, el que falleció dentro de este último plazo.
Con motivo de la primera invasión inglesa, en circunstancias en que el capitán de navío Santiago de Liniers alistaba la columna expedicionaria para reconquistar la Capital, Rolón se presentó a aquel conduciendo 36 fusiles, 10 pistolas, 22 espadas y dos hombres montados y equipados a su costa. Asistió a la gloriosa Reconquista de Buenos Aires, el 12 de agosto de 1806, comportándose en forma destacada en aquella memorable jornada.
Después de estos sucesos fue nombrado subteniente del Cuerpo de Patricios Voluntarios, el 6 de setiembre de aquel año; cuerpo que estuvo a las órdenes del teniente coronel Prudencio Murguiondo, y con el cual marchó a la Banda Oriental para socorrer a los defensores de Montevideo, ciudad que se hallaba sitiada por fuerzas británicas.
El 6 de junio de 1807 fue nombrado cadete del Regimiento de Infantería de Buenos Aires. Con este cuerpo se halló en el combate de Quilmes, con motivo de la segunda invasión británica; así como igualmente, en los ataques a los Corrales de Miserere el 2 de julio de igual año, y de la “Residencia”, el día 6, y desde el día 3 hasta “el 10 en las azoteas, en la defensa de esta plaza”, según reza una foja de servicios del futuro general Rolón, redactada poco después de aquellos acontecimientos.
El 16 de julio de 1807 pasó a servir en su clase de cadete, al Regimiento de Dragones de Buenos Aires; cuerpo en el cual recibió el grado de alférez el 18 de enero de 1808, cuyos despachos le fueron otorgados por la Real Junta de Sevilla el 13 de enero de 1809. Producido el movimiento emancipador de 1810 fue nombrado 2º ayudante de la plaza de Buenos Aires. El 3 de mayo de 1811 fue promovido a capitán graduado de Ejército, perteneciendo a la guarnición de esta plaza. El 5 de febrero de 1814 fue nombrado ayudante de campo del General en Jefe del Ejército de Buenos Aires, siendo ascendido el 11 de marzo del mismo año a capitán efectivo de caballería de línea, y el 27 de junio de igual año recibió los despachos de sargento mayor graduado de Ejército.
Hizo la campaña de la Banda Oriental en 1814 y 1815. El 13 de marzo de 1815 ascendió a comandante de escuadrón, jerarquía con la cual pasó a comandar el Cuerpo de Inválidos el 13 de julio de 1816; y al tomar este último la denominación de Batallón de Aguerridos, en enero de 1818, Rolón quedó al frente del mismo, que pertenecía a la guarnición de Buenos Aires, y en el cual obtuvo los despachos de coronel graduado el 11 de diciembre de 1818. Sin embargo, el 28 de marzo de 1817 se le encuentra como Comisario de Prisioneros, y revistando como agregado al Estado Mayor de Plaza desde el 1º de julio de 1815 al 31 de julio de 1817; y el 29 de mayo de este último año era habilitado de la guarnición de la Capital.
El 23 de diciembre de 1818 el coronel Rolón se hallaba listo con su tropa para marchar e incorporarse al “Ejército de Observación”. A fines de 1819 se afilió a la Logia Directorial que actuaba en Buenos Aires. En los primeros meses del mismo año, el coronel Rolón actuó como defensor del comodoro Guillermo Brown en el proceso que se le siguió después de la captura de la “Hércules”, habiendo actuado primeramente en tal carácter el coronel Juan Ramón Rojas. El Tribunal Militar dictó sentencia en dicho proceso, el 28 de mayo de 1819.
Formó parte del ejército directorial que, mandado por el general Rondeau, salió a campaña contra López y Ramírez. En la batalla de Cepeda, el 1º de febrero de 1820, Rolón actuó como 2º del general Balcarce en el mando de la infantería. Como es sabido, Balcarce sacó casi intacta del campo de la lucha la fuerza que comandaba, replegándose con ella a San Nicolás de los Arroyos, a donde llegó al caer la tarde del 2 de febrero, con una columna cuyos efectivos no bajaban de 900 plazas. Ramírez, creyendo muerto en la batalla a Balcarce, envió a Rolón una arrogante intimación para que se rindiese, de la que fue portador el comandante José María Pérez de Urdinenea. Sabido es qué contestó a dicha intimación el pretendido muerto, verbalmente y con no menos arrogancia.
El general Balcarce se aproximó lentamente a la Capital por la vía fluvial, mientras tenía lugar los Tratados del Pilar, después de la elección de Sarratea como gobernador. La estada más larga de Balcarce en los puertos de tránsito fue en Zárate, desembarcando, finalmente en el puerto de Olivos el 1º de marzo, desde donde dirigió una nota a la Junta de RR., firmada por los principales jefes, la que era en verdad un manifiesto de paz o de guerra. El mismo día, a las 6 de la tarde, Balcarce llegaba a la Capital y por aquellos días fue dueño de la situación. Para el 5 de marzo, el general Balcarce entraba en el cuartel de los Aguerridos, situado en el Retiro, por la tarde, acompañado del coronel Rolón; llegando poco rato después el general Alvear con otro oficial de la guarnición, lo que alarmó al pueblo porteño, que aborrecía aún el nombre del ex–Director Supremo. El día 6 asumía el mando el general Balcarce, el cual en la noche del 11 de encerró en la Fortaleza acompañado del coronel Rolón, a quien acompañaba el Cuerpo de Aguerridos. Este se sublevó en masa pocas horas después, y Balcarce se vio obligado a salir de la ciudad acompañado por Alvear.
Retenía aún el coronel Rolón el mando de los Aguerridos, cuando en la noche del 25 de marzo penetró el general Alvear en el cuartel de dicho cuerpo seguido de numerosos oficiales adictos, estando ausente Rolón. Fue recibido por el segundo jefe, teniente coronel Anacleto Martínez, quien hizo causa común con Alvear. Este se mantuvo dos días en el precitado cuartel, hasta que se vio obligado a abandonarlo el día 27, seguido de una parte de los Aguerridos.
Estos sucesos determinaron al Gobierno a disolver aquel Cuerpo, y el coronel Rolón sufrió un largo arresto. El 10 de octubre de 1820 dirigió al gobernador Rodríguez la siguiente nota:
“Excmo. Señor: Aunque jamás me he considerado en la necesidad de dar una satisfacción a mi Patria por mi comportación en la carrera militar a que me dediqué desde mis primeros años, ya porque me he lisonjeado siempre de haberla andado con rectitud, ya porque han sido muchas las veces que la he justificado en su mismo seno; mi honor notablemente atacado por la conducta que observé en la jornada del mes de marzo del presente año, que motivó también mi separación a puertos extranjeros, no me ha permitido retardar por más tiempo mi regreso al punto donde únicamente podía volver por él”.
“Esta es, Señor Excmo., la causa esencial que ha originado mi venida al suelo de mi nacimiento. A mi arribo, que fue el día seis del presente mes, tuve el honor de presentarme a V. E. y después que con su suprema autoridad he pasado a mi propia casa, donde se me ha impuesto me conserve en arresto, lo tengo igualmente en suplicar a V. E. se digne disponer que por el conducto que corresponda se proceda a la formación de la causa en que debe examinarse la conducta militar que observé en la expresada jornada del mes de marzo del presente año, y aún, si V. E. lo creyese conveniente, la que he guardado desde que la Nación quiso distinguirme con su confianza en esta ilustre carrera·.
“Dígnese V. E. acceder a una solicitud que he entablado por sólo los impulsos de mi honor. Esta alhaja, que cualquiera debe conservar a todo precio, pero que muy principalmente, por ser la única que forma el patrimonio del que ejercita la carrera de las armas, es el mío, y, por lo tanto, me es tan preciosa y sagrada, no puede continuar por más tiempo si el lustre que le he sabido proporcionar. Quiera V. E. darme un momento tan apetecible, en disponer la formación de mi causa, y permítame, igualmente, eleve al conocimiento de la Nación, por medio de la prensa, el motivo que ha originado mi regreso a esta Capital y la solicitud que tengo el honor de entablar ante la suprema y respetable autoridad de V. E.”.
“Dios guarde a V. E. muchos años – Buenos Aires, 10 de octubre de 1820 – Mariano Benito Rolón”.
Pocos días después Rolón se dirigía en los siguientes términos:
“Existe en mi poder la llave de la caja de Aguerridos, que estuvo a mi cargo, la cual me ha sido entregada por el D. capitán Sixto Quesada, consecuente con lo que V. S. se dignó ordenar con fecha 21 del presente mes, con el objeto de que rindiese, por mi parte, la cuenta correspondiente a la comisión encargada de recibirla a los regimientos extinguidos”.
“Me hallo emplazado por los S. S. que forman esta Comisión para comparecer en este día a su Despacho con aquel mismo objeto; pero como aún se halla vigente la Orden que el Sr. Gobernador se dignó expedir para que guardase arresto en mi propia habitación, me veo precisado a consultar si no obstante esto, podré comparecer a aquel emplazamiento considerándome como no arrestado o siempre bajo esta calidad”.
“Con este motivo debo también hacer presente a V. S. para que se digne elevarlo a la consideración de S. E. el señor Gobernador que la representación que elevé con fecha 10 del que corre, solicitando se examinase mi comportación militar en la jornada de Marzo de este año, se halla aún sin resolverse, y que esto me infiere perjuicios de suma consideración, e igualmente que correspondiendo al sargento mayor del expresado Batallón de Aguerridos, D. Gregorio Manuel Mons, la administración y manejo de todos los documentos pertenecientes a la Mayoría, que actualmente existen en poder del capitán D. Sixto Quesada, se sirva dar las disposiciones convenientes para que este oficial verifique la entrega de ellos a aquel jefe”.
“Dios guarde a V. S. muchos años – Buenos Aires, 24 de octubre de 1820 – Mariano Benito Rolón”.
El coronel Rolón fue nombrado 2º jefe del 1er batallón de la “Legión Patricia” a mediados del año 1821, en el cual obtuvo despachos de comandante de dicho batallón el 2 de mayo de 1822. El 1º de enero de 1823 pasó a la Plana Mayor del Ejército y el 12 de febrero del mismo año obtuvo su reforma militar.
Se embanderó en la revolución que estalló la noche del 19 de marzo de 1823, encabezada por el Dr. Gregorio Tagle, disgustado Rolón con la reforma que le fue impuesta. Los conjurados se proponían una vez derrocado el gobierno de Rodríguez, nombrar un Cabildo abierto compuesto por Lorenzo López, Ambrosio Lezica, José Tomás Aguiar, Rafael Pereyra y José Jevenes y se encargaría al coronel Rolón el mando provisorio de la Provincia.
Comprometido así en el movimiento, Rolón no concurrió a la acción, sin explicar la causa, y en el proceso a los complotados hay muchas contradicciones entre las declaraciones de Rolón y de su esposa. Condenado por el juez de 1ª Instancia, Dr. Bartolo Cueto, el 5 de abril de 1823, a cuatro años de destierro, esta sentencia fue reformada por la Cámara de Justicia por la de 3 años de confinamiento. Rolón había obtenido, con pretextos de enfermedad, ser trasladado de la Fortaleza, donde se hallaba recluido, al Hospital General de Hombres; y en conocimiento de la sentencia y notificado de su próxima remisión a Patagones, eludió su cumplimiento, fugando de aquel Hospital el 11 de mayo.
La caída de Rivadavia y el advenimiento de Dorrego le permitieron volver a reincorporarse al Ejército y por decreto del Gobierno fechado el 20 de octubre de 1827, se mandó librar despachos al coronel Rolón de comandante del Batallón 4º de Cazadores, y al que lo era de este cuerpo, teniente coronel Francisco Sánchez de Zelis, se le destinaba a comandar el Batallón 2º de Cazadores. El 10 de octubre de 1828 obtuvo despachos de coronel efectivo.
Con el 4º de Cazadores (pardos y morenos) que mandaba Rolón, y el Regimiento de Artillería Ligera, a las órdenes de Iriarte, cuerpos que habían logrado introducirse en la Fortaleza, se intentó defender ésta en la madrugada del 1º de diciembre de 1828, levantando al efecto el rastrillo y colocando dos cañones en el baluarte del Oeste y otros tantos abajo para defensa de la entrada. La retirada de Dorrego, que no contaba con elementos para oponerse con éxito a la reacción operada, hicieron inútil la actitud de los coroneles Rolón e Iriarte, los cuales hicieron retirar la tropa que mandaban.
El 27 de diciembre de 1828, el coronel Pedro José Díaz reemplazó a Rolón en el mando del 4º de Cazadores. El último mandó una división de las fuerzas federales que a las órdenes de López y Rosas, operaron contra el general Lavalle, asistiendo a la acción del Puente de Márquez y al sitio de Buenos Aires a comienzos de mayo de 1829.
A la caída de Lavalle el coronel Rolón fue repuesto en el comando de su Batallón, que pasó a denominarse “Guardia Argentina”. Con este cuerpo formó parte del “Ejército de Reserva”, fuerte de 1.000 hombres de los cuales “800 hombres de infantería, mandados por los coroneles Olazábal y Rolón; 300 veteranos del 1º y 4º de Cazadores con 500 milicianos y una sección de artillería al mando del coronel Iriarte”(4). Dicho Ejército salió de Buenos Aires el 27 de febrero de 1831, dirigiéndose a Córdoba para combatir contra el poder del general Paz, pero capturado éste, los distintos cuerpos del “Ejército de Reserva”, regresaron a Buenos Aires el 20 de setiembre de igual año, siendo recibidos en forma entusiasta.
El 15 de diciembre de 1831 Rosas elevó a la Sala de RR, un mensaje pidiendo el acuerdo para promover a la jerarquía de coronel mayor a varios coroneles, entre los cuales figuraba Rolón; proyecto sancionado por la Sala el 11 de setiembre de 1832.
Mandaba el general Rolón todavía el Batallón “Guardia Argentina” cuando tuvieron lugar las elecciones del 16 de junio de 1833, en las cuales salió diputado electo a la Legislatura. Los acontecimientos posteriores que condujeron a la famosa “Revolución de los Restauradores”, que estalló el 11 de octubre de aquel año, llevaron al general Rolón a embanderarse con los revolucionarios, a los que se unió el día 13 en el puente de Barracas, con su cuerpo, después de haber hecho conocer tal actitud al gobernador Balcarce por intermedio del teniente coronel José Antonio Pieres. Segundo jefe del “Ejército Restaurador de las Leyes”, el general Rolón acompañó a su General en Jefe Agustín de Pinedo, el 7 de noviembre, en la entrada a esta ciudad a la cabeza de 6.000 hombres.
Era diputado de la Legislatura en 1835, cuando Rosas asumió la gobernación, y el día en que ocupo su puesto, Rolón mandó una guardia especial compuesta por 200 miembros de la “Sociedad Popular Restauradora”, de la cual era aquél uno de sus más característicos miembros. El general Rolón fue diputado a la Legislatura por varios períodos durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas.
Cuando se produjo la conjura de Maza, en junio de 1839, los complotados trataron de conseguir la adhesión del general Rolón, pero éste se mantuvo inquebrantablemente fiel a Rosas. Cuando Lavalle se aproximó a la Capital, en agosto de 1840, Rolón, al frente de su batallón “Guardia Argentina”, fuerte de 350 plazas, formó parte de las fuerzas que tenía Rosas a sus inmediatas órdenes para la defensa de la ciudad.
Fue uno de los firmantes del acta levantada el 18 de enero de 1847, con motivo de la colocación de la piedra fundamental de la muralla de la Alameda (después Paseo de Julio y hoy Avenida Leandro N. Alem).
El general Mariano Benito Rolón falleció en Buenos Aires, en la mañana del día 2 de febrero de 1849, “a la misma hora en que, en igual día de cada año, solía asistir, con la “Guardia Argentina”, a la iglesia de la Merced, con el objeto de oír la misa en celebridad de la Purificación de Nuestra Señora. Rolón al morir era diputado y jefe de la “Guardia Argentina” y también del “2º de Patricios”. Su funeral tuvo lugar el 9 de mayo, en la iglesia de la Merced, habiendo rendido honores los batallones “Guardia Argentina” y “2º de Patricios” mandados por el general Felipe Heredia. El duelo fue presidido por el presbítero José María Rolón, pariente del General y más tarde gobernador de Corrientes.
Rolón estaba casado con Juana Manuela Maciel.
Fuentes: Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1939)

http://www.fotolog.com/ejercitonacional
 
https://www.facebook.com/EJERCITO.NACIONAL.ARG

lunes, 1 de febrero de 2016

ANIVERSARIO DEL ARRIBO DEL PRIMER ESCUADRÓN DEL REGIMIENTO DE GRANADEROS A CABALLO A LA POSTA DE SAN LORENZO

Al atardecer del 2 de febrero de 1813, llega San Martín con el primer escuadrón del regimiento por el creado, a la posta de San Lorenzo, donde el portaestandarte del regimiento, don Angel Pacheco, que le había precedido en su marcha, le informa que el comandante realista don Juan Antonio de Zabala acababa de proceder a una maniobra de desembarco. Unido esto a la circunstancia de ver anclados entre la costa y la isla los barcos que formaban la flotilla española, dieron la idea a San Martín de que en San Lorenzo efectuarían los realistas su desembarco definitivo, y procedió entonces a tomar todas las disposiciones para la acción que con tal motivo iba a librar y en la que cosecharía con su regimiento gloria inmortal.

http://www.fotolog.com/ejercitonacional

https://www.facebook.com/EJERCITO.NACIONAL.ARG