jueves, 9 de febrero de 2017

ANIVERSARIO DE LA PUESTA EN MARCHA DEL "OPERATIVO INDEPENDENCIA"

El 9 de febrero de 1975 se pone en marcha el “Operativo Independencia”. El ejército empieza las operaciones de guerra contra la subversión. Un año mas tarde, el enemigo ha sufrido importantes bajas. quedan héroes, mártires. historias, nombres. quedan fechas y batallas y estos testimonios.

Lo que sigue es parte del Relato, los Testimonios, las Experiencias de dos Periodistas de la Revista “GENTE” que, entre Octubre y Diciembre de 1975, estuvieron en el Frente de Lucha de Tucumán. HAY GUERRA y todo sucede rápido en la Guerra. A mediodía, cuando el sol es una gota de plomo fundido sobre las calles de la ciudad, cuando una Muchedumbre desfila entre Vendedores de abanicos mágicos, pilas, fósforos, cordones e indescriptibles costureros hechos con caracoles, un Helicóptero Militar nos lleva a Acheral, donde ha estallado un Combate. Nadie habla a Bordo. miramos hacia abajo, hacia los Cañaverales Verdes y amarillos, hacia los Campos prolijos e interminables y tenemos miedo. De pronto, otros ruidos inconfundibles nos ubican de una vez por todas a menos de quinientos metros donde hay Tableteo de Ametralladoras, Secos Estampidos de Fusiles FAL, disparos de Pistola, Humo de Cohetes que parten de un Helicóptero y revientan en los Surcos. Estamos Cara a Cara con la Guerrilla.
Aquí no hay sol. El Sol está arriba del Techo Verde. Debajo de nuestros zapatos la tierra es húmeda. La Tierra es Oscura y Pegajosa. Esta Tierra no Conoce la Luz. Es el Monte. Senderos Angostos. Subidas y Bajadas. Arroyos, Riachos, Quebradas que se alargan impenetrables y frías. De tanto en tanto el Sol quiebra el techo verde y se cuela en hilos delgados y fosforescentes. Parecen Pedazos de Vida. Es el Monte Tucumano. Hasta no hace mucho aquí sólo había Labriegos, Cañeros y Pastores que Cruzaban sus Rebaños de Pueblo en Pueblo. Ahora hay Hombres con Uniformes Verdes, con Cascos, con Armas. Ahora es un Territorio de Guerra. Un Paraje donde se Pelea Hombre a Hombre. Donde sólo hay una Posibilidad: Vivir o Morir".
Sigue la Lucha en el Cañaveral. Los Helicópteros Vuelan sobre los Surcos y los Abren como un Peluquero Abre el Pelo de su Cliente. Los Camiones Unimog se Bambolean por el Terreno Irregular y dejan los Soldados en Posiciones Estratégicas. El Cerco se Cierra sobre la Patrulla Extremista Sorprendida una hora antes (...) Uno de los Helicópteros Militares ha Sufrido una Emergencia: Alcanzado por una Bala de FAL en su Sistema Eléctrico, ha tenido que Bajar en el Centro mismo de la Patrulla Enemiga. El piloto ha Salvado su Máquina, pero ha Perdido su Artillero. Una Bala le ha Perforado el Pecho. El Hombre Caído era un Suboficial. Ese día había Terminado su Misión y tenía que salir con Licencia. Al producirse el Combate, insistió en Volar como Artillero. Esa fue su última misión.
El campamento está en la Cima de la Colina. Varios Senderos llegan hasta él. A cada trecho hay Hombres Apostados (con armas largas). El Peligro está en todas partes. Desde una Radio se Escucha: "Contacto con dos Oponentes. ... Contacto con dos Oponentes...".
Bajamos los mil metros que tiene la Colina y Bordeamos el Monte. Hace Calor. De la Tierra se Desprende un Vapor Maloliente que se Pega a la Piel. Cerca de Treinta Soldados están Alertas, Semiescondidos entre la Maleza. Un Suboficial Explica:
“Salieron del Monte y Entraron al Cañaveral”.
El Ruido de las Balas nos llega de cerca. Es un Tableteo Seco, como Dedos que Golpean sobre una Mesa de Madera. Una Patrulla Va Detrás de Ellos. Pero Ellos Logran Escapar. Llega un Grupo de Soldados. El Sudor les Baña la Cara. Algunos Mordisquean Caña de Azúcar, Uno de ellos, alto, trae una Charretera con una Insignia Azul. Es una Estrella. Era de un Sargento Extremista que Acababa de Matar".
Durante un Enfrentamiento un Soldado pierde la mitad del dedo índice de la mano derecha. Durante la Lucha siente el Dolor, pero quiere seguir Tirando. No puede Apretar el Gatillo: le falta el dedo. Un Guerrillero Pasa Cerca de él y su Desesperación es tal que Emprende la Lucha a Culatazos hasta que Mata a su Enemigo. Recién en el Campamento supo que no se le había Trabado el Fusil. La Danza de los Helicópteros No Termina. Han Empezado a Arrojar Bombas Incendiarias, y Bombas de Demolición Sobre los Surcos, donde se han refugiado los Extremistas. llega una Ambulancia. bajan tres Soldados. En el Fondo de la Ambulancia hay un Cadáver, el Cadáver de un Guerrillero. Lo sacan y lo dejan sobre el pasto junto al Fusil FAL que tenía en la mano. Alguien Pregunta: ¿Cuantas Vidas Habrá Costado ese Fusil?.
Hubo Muchos que Dejaron su Vida en Batalla. Y Aquí está la Prueba. Estos son los Soldados Muertos en el mes de Octubre de 1975:


*Ramón Pío Fernández, nacido en Palma Sola, Jujuy.
*Rogelio Ramón Espinosa, nacido en Caimancito, Jujuy.
*Juan Carlos Castillo, nacido en Aguaray, Salta.
*Enrique Ernesto Guastoni, nacido en Córdoba,
*Freddy Ordóñez (desertor incorporado por propia voluntad), nacido en Salta.

Todos estos Argentinos tenían 21 años.
Los Disparos Suenan cada vez mas cerca. Es el fin. La Patrulla Extremista, Acosada por los Cohetes, las Bombas y el Incendio del Cañaveral Abandona su Refugio en los Surcos. Entonces, los Soldados la Ametrallan. Son las Seis de la Tarde del Viernes 10 de Octubre. El Combate de Acheral se acaba con la última luz del día.
Tiene el rostro aindiado, la piel morena . Sus Gestos no saben de grandilocuencias y sus respuestas son cortas y seguras. Tiene la voz grave y las manos acostumbradas al monte. Tiene 21 años y se llama Nicanor. Es un poco todos. Un poco un símbolo. Un poco el Molde con el que están Hechos los Jóvenes Argentinos que hoy Pelean en Tucumán. Nicanor es un Soldado y piensa así.

-¿DE DONDE SOS?
-DE PAMPA GRANDE, SALTA.
-¿CUANTO HACE QUE ESTAS ACÁ, EN LA GUERRA?
-22 DIAS.
- ¿LOS CONTAS SEGUIDO, PARECE?
-SI SEÑOR, ES BUENO PODER CONTAR UN DIA MAS.
-¿ TENES MIEDO?
-NO SEÑOR. EL MIEDO VIENE CUANDO MATAN A UN AMIGO y NO POR UNO.
-¿VOS TENIAS AMIGOS QUE MURIERON EN COMBATE?
-SI. MALDONADO y CASTILLO ERAN MIS AMIGOS.
-¿VOS ESTUVISTE EN ALGÚN ENFRENTAMIENTO CON LOS GUERRILLEROS?
- UNA VEZ. DE NOCHE EN UNA EMBOSCADA QUE LES PREPARAMOS.
-¿COMO FUE?
- NOSOTROS LOS ESPERAMOS PORQUE SABÍAMOS QUE TENÍAN QUE PASAR POR AHÍ. COMO A ESO DE LAS DOS DE LA MAÑANA SENTIMOS RUIDO, GENTE QUE VENIA CAMINANDO POR EL MONTE. DE ALGO DEBEN HABER SOS PECHADO PORQUE TIRARON PRIMERO. A CUALQUIER LADO. ACÁ DE NOCHE NO SE VE NADA.
-¿Y USTEDES QUE HICIERON?
-ABRIMOS FUEGO. A ELLOS LOS DELATARON LOS FOGONAZOS DE SUS ARMAS. Y ENTONCES MAS O MENOS UNO TIENE UNA REFERENCIA.
-¿A QUE DISTANCIA ESTABAN UNOS DE OTROS?
-TREINTA METROS MAS O MENOS.
-¿HUBO MUERTOS ?
- NOSOTROS HERIMOS A UNO y DE PARTE NUESTRA GRACIAS A DIOS NO LE PASO NADA A NADIE.
-¿QUE PENSASTE CUANDO TUVISTE QUE DISPARAR?
-MIRE, EN ESOS CASOS ES LA VIDA DE ELLOS O LA NUESTRA. UNO NO TIENE MUCHO QUE ANDAR PENSANDO.
-¿PENSASTE ALGUNA VEZ QUE TE PUEDEN MATAR?
-CLARO, UNO SABE QUE EN CUALQUIER MOMENTO PUEDE MORIR.
-¿VOS CONOCES BIEN EL MONTE?
-ME CRIÉ EN EL MONTE. YO A LA SELVA LE CONOZCO TODOS LOS SECRETOS. -¿UN HOMBRE PUEDE SUBSISTIR EN ESTE MONTE SIN APROVISIONAMIENTO?
-DURARÍA POCO. LO MANTENDRÍA EL AGUA. NADA MÁS.
-¿LE ESCRIBÍS A TU FAMILIA?
-SI, y ELLOS ME ESCRIBEN. HOY RECIBÍ UNA CARTA.
-¿HASTA CUANDO TE QUEDAS EN EL FRENTE?
-UNO O DOS MESES MÁS. NO SE TODAVÍA.
-¿TE ASUSTASTE CUANDO TE DIJERON QUE TENIAS QUE VENIR A LA GUERRA?
-MIS AMIGOS ME ESCRIBIERON UN PAR DE VECES y YO QUERÍA VENIR. QUERÍA ESTAR CON ELLOS.


Nicanor se levanta. se pone el casco, toma su fusil y va a su puesto. ni siquiera pregunto por que las preguntas. ahora es uno mas confundido entre sus compañeros. ahora es uno mas que debe saberse. El postulado: "Acá se vive o se muere”.
Junto con los Alimentos y Provisiones, los Soldados Regresan al Campamento con un Paquete Realmente Valioso:
La Correspondencia. Un Suboficial va Cantando los Nombres. Algunos están. Otros se fueron de Patrullaje. Otros murieron y la carta no tendrá destinatario. Todos Abren los Sobres y Leen. Después los Comentarios: “Tengo un Hermanito Enfermo”. “Mi señora está bien, esperamos un Hijo para Diciembre". “Mi Primo consiguió Trabajo en Salta". "Mi Papá me está Levantando una Piecita en el Fondo para mi Solo". "Soy Tío de una Nena". y muchos más. Son cosas de todos lo días. Son Noticias Chiquitas que acá, en la Guerra, Valen lo mismo que una esperanza.
Un Oficial Explica como es esta Guerra. Por lo General un Contacto, es decir Divisar al Oponente, dura con mucha suerte de diez a quince segundos. A partir de ahí todo es cuestión de suerte. El Monte es un Infierno. Si el Oponente va por una Senda y es Divisado, inmediatamente entra al monte. Allí es casi Imposible ver más allá de las propias narices. Uno camina y no sabe si al lado hay un hombre apuntándole. Aquí la Vida esta en Juego a Cada Rato. Incluso ahora no sabemos si puede haber alguien apuntándonos. Esta es una Guerra de Tiempo y Paciencia. Es una Guerra de uno por uno. De noche, en el Despacho del General Edgardo Adel Vilas, nos enteramos del último Parte. En la Batalla de Acheral han Muerto 14 Extremistas. Un Grupo de Jefes Evalúa la Situación. Dicen que la Compañía de Monte de los Extremistas está Prácticamente Desmembrada. Que por el Aspecto de los Cadáveres puede deducirse que las Fuerzas Subversivas carecen de Comida y de Ropa Adecuada. Que no se trata de Combatientes Rurales Hombres bien Entrenados y Acostumbrados al Monte y a la Selva, sino de Guerrilleros Urbanos que han tenido que subir al Monte ante los Reveses Sufridos por la Subversión desde el 09 de Febrero, fecha en que comenzó el “Operativo Independencia”.


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miércoles, 8 de febrero de 2017

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL GENERAL MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES

Güemes se crió en el seno de una familia adinerada. Su padre, Gabriel de Guemes Montero de la Bárcena Campero, era un hombre ilustrado y cumplía funciones de tesorero real de la corona española. Logró que su hijo tuviera una buena educación con maestros particulares que le enseñaron los conocimientos filosóficos y científicos de su tiempo.
Cursó sus estudios primarios en su ciudad natal, alternando la enseñanza formal con el aprendizaje de las labores campesinas en la finca donde vivía con su familia. A los 14 años se enroló en el Regimiento Fijo de Infantería, cuyo cuartel central estaba en Buenos Aires pero tenía un batallón en Salta a raiz de la rebelión de Tupac Amaru II desde 1781.
En 1805 fue enviado con su regimiento a Buenos Aires, ya que el Virrey Sobremonte temía un ataque inglés. Éste se produjo al año siguiente, iniciando las invasiones inglesas, participando Güemes en la Reconquista de Buenos Aires. Al año siguiente participó también de la Defensa de la ciudad y protagonizó una curiosa hazaña: al ver que un barco inglés había encallado por una bajante repentina del río, dirigió una carga de caballería y lo abordó. Fue una de las muy pocas veces en la historia que un buque de guerra fue capturado por una partida de caballería.
En 1808 sufrió una enfermedad en la garganta, de la que surgió una seria deficiencia al hablar, una pronunciación gangosa de las palabras, que causaba la burla de sus compañeros. Todo indica que sufrió las complicaciones que suelen acompañar a la hemofilia, enfermedad que hasta ese momento no era conocida, y que dificulta mucho la cicatrización de las heridas externas e internas. Logró su traslado a Salta.
Después de la Revolucion de Mayo de 1810, fue puesto al mando de un Escuadrón Gaucho en la Quebrada de Humahuaca y en los valles d Tarija y Lípez, impidiendo la comunicación entre los contrarrevolucionarios y los realistas del Alto perú. En Suipacha, único triunfo de las armas patriotas en el intento de recuperar el valioso territorio altoperuano, la participación del capitán Güemes fue decisiva.
Permaneció en la zona de la Quebrada hasta después de la derrota de la Batalla de Haqui, y prestó su ayuda a los derrotados que huían; allí comenzó su famosa guerra de recursos, con la que posiblemente retrasó el avance de partidas realistas antes de la llegada del ejército principal, que mandaba el general Pío Tristan.
Con su ayuda, el General Pueyrredón logró atravesar la selva oranense y salvar los caudales de la Ceca de Potosí, que estaba en poder de los realistas. Pero cuando el General Manuel Belgrano asumió el mando del Ejército del Norte, ordenó su traslado por indisciplina, causada por un lío de polleras de otro oficial. Permaneció en Buenos Aires, agregado al Estado Mayor General.
Al conocerse en Buenos Aires el desastre de Ayohuma, Güemes fue ascendido a teniente coronel y enviado al norte, como jefe de las fuerzas de caballería de San Martín, nuevo comandante del Ejército del Norte. Se hizo cargo de la vanguardia del ejército reemplazando en ese puesto a Manuel Dorrego, otro oficial brillante que había sido desterrado por problemas de disciplina.
Se presentó en Salta como el protector de los pobres y el más decidido partidario de la Revolución (de la que empezaban a dudar las clases altas). Pero aun así, no logró nuevos aportes de recursos de parte de la clase adinerada. Es en esta época cuando se evidencia la figura de su hermana María Magdalena “Macacha” Guemes como una de sus principales colaboradores.
San Martín le encomendó el mando de la avanzada del río Pasaje (hoy llamado Río Juramento, porque en sus márgenes el general Belgrano hizo jurar obediencia al gobierno de Buenos Aires, la Asamblea del Año XIII, y la Bandera Nacional). Poco después, asumía también el mando de las partidas que operaban en el Valle de Lerma (en el que está la ciudad de Salta). De este modo iniciaba la Guerra Gaucha, ayudado por otros caudillejos, como Rurela, Saravia, Gorriti o Latorre. Ésta fue una larga serie de enfrentamientos casi diarios, apenas cortos tiroteos seguidos de retiradas. En esas condiciones, unas fuerzas poco disciplinadas y mal equipadas pero apoyadas por la población podían hacer mucho daño a un ejército regular de invasión.
Con su ejército formado por gauchos del campo, rechazó el avance del General Pezuela y posibilitó el inicio de un nuevo avance hacia el Alto Perú. Bajo el mando del General José Rondeau, tuvo un papel destacado en la victoria de Puesto del Marqués. Pero, indignado por el desprecio que mostraba éste por sus fuerzas y por la indisciplina del ejército, se retiró del frente hacia Jujuy. Daba por descontado la derrota del Ejército del Norte en esas condiciones y, en ese caso, necesitaría a sus hombres. Al pasar por Jujuy se adueñó del armamento de reserva del ejército; al enterarse, Rondeau (que era también director supremo) lo declaró traidor.
La vuelta se debía también a razones políticas, ya que deseaba desplazar al partido conservador del gobierno salteño. Y, por supuesto, también a sus propias ambiciones políticas.
La retirada coincidió con la llegada a Salta de la noticia de la caída del Director Supremo Alvear, lo que quitaba autoridad al gobernador intendente, Hilarón de la Quintana. Por otra parte, Quintana no estaba en Salta, sino que había acompañado a Rondeau — que había sido nombrado Director Supremo, aunque reemplazado interinamente por un sustitito — en su avance hacia el Alto Perú.
Cuando llegó a Salta, el pueblo salió a la calle y pidió al cabildo el nombramiento de un gobernador, sin participación del Directorio. Además de ser el único candidato a la vista, Güemes tenía a su favor la presencia de su hermano, el doctor Juan Manuel de Guemes, como uno de los miembros del cabildo para ese año. Éste eligió a Martín Miguel de Güemes con el título de Gobernador Intendente de Salta, jurisdicción integrada entonces por las ciudades de Salta, Jujuy, Tarija, Oran y varios distritos de campaña. Era la primera vez que las autoridades de Salta eran elegidas en la propia provincia desde 1810; desde el punto de vista de muchos salteños, hasta ese momento todo se había reducido a cambiar las autoridades arbitrarias de España por las de Buenos Aires, tan arbitrarias como aquéllas.
El Cabildo de Jujuy se negó a reconocerlo, pero Güemes negoció cuidadosamente para hacerse reconocer como tal. Como esa ciudad tardara en reconocerlo, aprovechó la amenaza de un ataque realista para avanzar con tropas hacia la ciudad, con lo que presionó y logró hacer que el cabildo lo aceptara. De todos modos, el teniente de gobernador local, mariano de Gordaliza, no podía ser considerado un subordinado complaciente de Güemes.
Dos semanas después de asumir el gobierno, Güemes contrajo matrimonio con Carmen Puch, miembro de una acaudalada familia con intereses en Rosario de la Frontera.
Poco después de su llegada al poder y de saber la reacción negativa de Rondeau, llegó a Tucumán una fuerza desde Buenos Aires que iba en apoyo del Ejército, al mando de Domingo French. Pero como éste tenía instrucciones de derrocar a Güemes al pasar por Salta, le negó el paso hasta que lo hubo reconocido como gobernador. Pero ya era tarde: cuando llegaron a Humahuaca, se enteraron de la derrota de Sipe Sipe en noviembre de 1815.
Rondeau, enfurecido con Güemes por la revolución en Salta y por haberle impedido llegar refuerzos, retrocedió a Jujuy. Con apoyo de Gordaliza, se trasladó hasta Salta y ocupó la ciudad. Pero enseguida se vio rodeado por las guerrillas gauchas y tuvo que capitular, firmando con Güemes el tratado de los Cerrillos, reconociéndolo como gobernador y encargándole la defensa de la frontera. Poco después, Rondeau era reemplazado por Belgrano en el Ejército del Norte, y por Pueyrredón en el Directorio. Pero no habría más expediciones al Alto Perú.
Entonces las milicias gauchas al mando del heroico salteño pasaron a desempeñarse como ejército en operaciones continuas
Güemes y sus gauchos detuvieron otras seis poderosas invasiones al mando de destacados jefes. La primera fue la del experimentado mariscal De la Serna, el cual, al mando de 5.500 veteranos de guerra, partió de Lima asegurando que con ellos recuperaría Buenos Aires para España. Después de derrotar y ejecutar a los Coroneles Padilla y Warnes, ocupó Tarija, Jujuy y Salta y los pueblos de Cerrillos y Rosario de Lerma. Pero Güemes lo dejó incomunicado con sus bases ocupando Humahuaca, venció a uno de sus regimientos en San Pedrito, y dejó sin víveres la capital de la provincia. De la Serna tuvo que retirarse, hostigado todo el tiempo por las partidas gauchas.
Meses después, el General Pedro de Olañata, enemigo acérrimo del salteño, volvió al ataque y capturó al más importante de los segundos de Güemes, el General Fernandez Campero, popularmente conocido como el Marques de Yavi, jefe de la defensa de la Puna. Pero no pudo pasar más allá de Jujuy.
Hubo una nueva invasión en 1818, dirigida por Olañeta y Valdés, y otra más en 1819, mandada por Olañeta. La más importante fue la mandó el segundo de De la Serna, General Juan Ramírez Orozco que en junio de 1820 avanzó con 6.500 hombres. En todas éstas obligó a su enemigo a retroceder después de haber tomado Salta y Jujuy.
Si bien la estructura militar de entonces no contemplaba un Estado Mayor, en la práctica Güemes contaba con cuadros superiores organizados, entre los que se encontraban el Marques de Yavi Juan Jose Feliciano Fernández Campero; el Coronel Francisco Pérez de Uriondo, responsable militar de Tarija; Coronel Manuel Arias, a cargo de Orán; y el Coronel Francisco Pérez de Urdinenea, proveniente de las filas del Ejército del Norte, en Humahuaca. En el valle de Jujuy estuvieron los coroneles Domingo Arenas en Perico y el Teniente Coronel Eustaquio Medina, a cargo del río Negro. Más movilidad tenían otros jefes, como Jose Ignacio Gorriti, Pablo Latorre o José Antonio Rojas. El frente de combate a su cargo tenía una extensión de más de setecientos kilómetros, desde Volcán hasta más allá de Oran, y se conoció como Línea del Pasaje.
Todo el mundo participaba en la lucha: como guerreros los hombres, como espías o mensajeros las mujeres, los niños y los ancianos. Las emboscadas se repetían en las avanzadas de las fuerzas de ataque, pero más aún en la retaguardia y en las vías de aprovisionamiento. Cuando los realistas se acercaban a un pueblo o una hacienda, los habitantes huían con todos los víveres, el ganado, cualquier cosa que pudiese ser útil al enemigo. Por supuesto que esta clase de lucha arruinó la economía salteña, pero nadie se quejaba, al menos en las clases populares. Por cierto, jamás tuvo apoyo alguno del gobierno del Directorio; y la ayuda que le prestó el Ejército del Norte fue muy limitada.
El papel de Güemes en el conjunto era el de organizar la estrategia general y financiarla. Pero tenía un detalle curioso: sus hombres se hubieran hecho matar por él, pero él mismo nunca entraba en combate; nunca se lo reprocharon ni le exigieron que los acompañara. Por eso sus enemigos y los historiadores del siglo XIX lo acusaron de cobarde. No era cobarde: era hemofílico. Cualquier herida le hubiera causado la muerte; de hecho, una herida sin importancia le causaría la muerte.
Güemes había conversado con San Martín sobre sus ideas de atacar Perú desde Chile. Pero San Martín necesitaba tener las espaldas cubiertas, con fuerzas activas en la frontera norte de Salta, para mantener ocupados los ejércitos realistas muy lejos de Lima. La persona más indicada para dirigir esas operaciones era Güemes, y San Martín lo nombró General en Jefe del Ejército de Observación. Éste estaba continuamente informado sobre los movimientos de San Martín en la campaña del Pacífico, y cuando éste desembarcó en la costa peruana, decidió avanzar hacia el Alto Perú.
Pero ya no podía contar con el Ejército del Norte, del que sólo quedaba una pequeña división al mando del Coronel Alejandro Heredia (que estaba a órdenes de Güemes), y algunas armas en Tucuman. Pero éstas estaban en poder del Gobernador Bernabé Aráoz, que las estaba usando para tratar de volver a la Provincia de Santiago del Estero a la obediencia a su gobierno.
A principios de 1821, el gobernador de Santiago, Ibarra, pidió auxilio a Güemes, y éste invadió Tucumán, más para apoderarse de las armas que necesitaba que por solidaridad. Pero el ejército salteño, al mando de Heredia (tucumano), fue derrotado por el tucumano al mando de Arias (que era salteño, extraña coincidencia).
El cabildo de Salta, formado por las clases altas de la ciudad, cansadas de pagar las contribuciones forzosas que exigía Güemes, aprovechando la ausencia del caudillo, lo acusó de “tirano” y lo declaró depuesto. Muchos de sus miembros se habían puesto de acuerdo con el general Olañeta para entregarle la ciudad. Güemes regresó sin prisa, ocupó pacíficamente la ciudad, y perdonó a todo el mundo. Ésa fue la llamada "Revolución del Comercio"; aunque fracasada, dio inicio a un partido de oposición, conocido como "Patria Nueva", en oposición a la "Patria Vieja", es decir, al partido de Güemes.
Pero no todo había terminado: Olañeta ya estaba en camino, y mandó al coronel “Barbarucho” Valdez por un camino desierto de la Puna, guiado por miembros de la familia realista Archondo. El 6 de junio, Valdez ocupó la ciudad de Salta, y al salir a combatirlo, Güemes fue herido por una bala. Siguió a caballo hasta una hacienda a dos leguas de la ciudad, pero su herida, como cualquier herida profunda de un hemofílico, nunca cicatrizó.
Murió diez días después, el 17 de junio de 1821, a la intemperie, en un catre improvisado por el Capitán de Gauchos Mateo Ríos, en la Cañada de la Horqueta (cerca de la ciudad de Salta). Tenía 36 años y fue el único general argentino caído en acción de guerra externa.

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martes, 7 de febrero de 2017

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL CORONEL AMBROSIO CRÁMER

El día 7 de febrero de 1792, nace en París, Francia, el Coronel Ambrosio Crámer. Egresado de la Escuela Militar de Nobles en 1808, pasó a formar parte del 5° Regimiento de Infantería de la Grande Armée. Después de la Batalla de Waterloo vino al Río de la Plata con otros oficiales franceses como Brandsen y Bruix. Colaboró con entusiasmo y valentía en la emancipación americana, acumulando fama y gloria. El Director Supremo, General Juan M. de Pueyrredón lo nombró Sargento Mayor del 1er. Batallón de Cazadores de los Andes en 1816. Luego el General José de San Martín le encomendó la organización –durante la formación del Ejercito de los Andes- del Regimiento N° 8 de Infantería, sobre la base del 2° Batallón de dicha unidad. Poco después cruzó con su unidad la Cordillera, batiéndose con singular determinación en la Batalla de Chacabuco. Posteriormente fue ayudante de campo del General Manuel Belgrano. Volvió a Francia, para retornar luego a la Argentina. En 1821, por encargo del gobierno, hizo un relevamiento de las defensas del puerto de Carmen de Patagones, en la desembocadura del Río Negro. En 1823, formó parte de una campaña al desierto como jefe de ingenieros. Fue uno de los fundadores de Tandil. Murió en la Batalla de Chascomús, luchando como parte de la Revolución de los Libres del Sur contra Juan M. Rosas, en el año 1839.
Se enroló como cadete en los ejércitos de Napoleón Bonaparte en 1806. Hizo la campaña de España, donde fue herido dos veces.
Años más tarde se recibió de ingeniero militar y combatió en la batalla de Waterloo. Después de esa batalla fue dado de baja del ejército francés y proscrito por sus ideas políticas, al considerársele bonapartista.
Llegó a las Provincias Unidas del Río de la Plata a mediados de 1816 junto con otros oficiales, como Federico Brandsen, Alejo Bruix y su hermano, Benjamín Viel y otros en el Celeste, provenientes del puerto de Calais, Francia. El Director Supremo Pueyrredón lo nombró Sargento Mayor del 1er. Batallón de Cazadores de los Andes, de modo que se incorporó al Ejército de los Andes. Posteriormente, el general José de San Martín le encargó la organización del Regimiento N° 8 de Infantería, formado por esclavos negros sobre la base del 2do. Batallón de Cazadores.
Participó del Cruce de los Andes al frente de las Compañías de Fusileres de esa unidad, y participó en la Batalla de Chacabuco, en la que la carga a la bayoneta de su cuerpo tuvo un papel principal en la victoria.
Posteriormente fue asignado a la guarnición de Santiago de Chile, mientras el resto del Ejército hacía la campaña del sur de Chile. Tras un entredicho con el general San Martín, obtuvo la baja y regresó a las Provincias Unidas. Allí se unió al Ejército del Norte y fue edecán del general Manuel Belgrano. A fines de la década hizo un breve viaje a Francia.
Tras el motín de Arequito se unió al ejército de Buenos Aires y luchó en Cepeda y Cañada de la Cruz. Al año siguiente participó en la campaña contra el caudillo federal Francisco Ramírez.
En 1821 fue enviado a efectuar reparaciones en el puerto de Carmen de Patagones, y acompañó como jefe del contingente militar una frustrada empresa de colonización de la bahía de San Antonio, en la costa de la actual provincia de Río Negro, dirigida por el francés Leloir, fundador de la familia de ese apellido. Pero el barco naufragó al salir de Carmen de Patagones, y fue uno de los pocos sobrevivientes.
Participó en la campaña que el gobernador Martín Rodríguez llevó contra los indígenas en 1823, y fue el autor de los planos del Fuerte Independencia, inicio de la actual ciudad de Tandil. Estuvo destinado en las guarniciones de Bahía Blanca y Carmen de Patagones.
Pidió su retiro militar en 1825, y al año siguiente obtuvo la licencia oficial de agrimensor; se dedicó a la mensura de campos, en la época de reparto por la ley de enfiteusis. Junto a ese trabajo, acompañó al coronel Federico Rauch en varias operaciones contra los indígenas. Beneficiándose de la ley de enfiteusis, fundó la estancia "La Postrera", un gran establecimiento de cría de ovejas, junto al río Salado y al sur de Chascomús. Por su trabajo de agrimensura fue integrado a la sociedad constituida por Juan Pedro Aguirre, Pedro Andrés García, Manuel José de Haedo y José María Rojas en la enfiteusis de cien leguas solicitada el 21 de febrero de 1826 en la "Sierra del Bolcán", hoy parte de los partidos de Balcarce y Ayacucho; allí surgiría la Estancia San Juan de la familia Girado.
Durante la guerra civil entre Juan Lavalle y Juan Manuel de Rosas tenía amigos en ambos bandos, por lo que se encerró en su campo y no tomó partido.
Fue jefe de ingenieros en la Campaña de Rosas al Desierto del año 1833. En los años siguientes trabajó activamente en mensura de campos y en deslindes de lotes en pueblos del interior de la provincia de Buenos Aires. Tuvo serios problemas con varios jefes políticos y militares de la época de Rosas, especialmente con Prudencio Rosas, hermano del gobernador.
Cuando se produjo el Bloqueo francés al Río de la Plata —a partir de 1838— se vio perjudicado en sus intereses económicos, por la imposibilidad de exportar su producción. La actitud intransigente del gobierno lo llevó culpar a éste de sus problemas. Por otro lado, se lo veía como sospechoso por su origen francés. De modo que pasó rápidamente de la protesta privada y pública a la participación en conspiraciones contra el gobierno de Rosas.
En 1839, los estancieros del sur de Buenos Aires se rebelaron contra Rosas, azuzados por lo que quedaba del partido unitario y la flota francesa que bloqueaba el río. Pedro Castelli, de la zona de Balcarce, fue elegido como jefe militar, dado que era el estanciero que más tropas había logrado reunir. Esta sublevación debía coincidir con el complot dirigido por el coronel Ramón Maza en Buenos Aires y con el desembarco de Lavalle en la zona del Tuyú.
Los otros dos jefes de la conjura eran los coroneles Ambrosio Crámer y Manuel Rico. Este último había participado de la expedición al desierto de 1833 y era entonces Juez de Paz de Dolores. Crámer también aportó tropas y se puso al frente de las fuerzas del partido de Chascomús. Prestó también algunos galpones de su propiedad en Chascomús para ser utilizados como cuarteles de ese ejército improvisado.
Pronto las cosas empezaron a andar mal para los autodenominados "Libres del Sur". La conjuración de Maza fue descubierta, su jefe ejecutado, y su padre, el ex gobernador Manuel Vicente Maza, asesinado en su despacho de la legislatura provincial.
Para empeorar todo, Lavalle faltó a la cita, aceptando en cambio dirigir un pequeño ejército de oficiales hacia la provincia de Entre Ríos: terminaría recorriendo el país entero, de derrota en derrota, hasta terminar muerto de un balazo casual en San Salvador de Jujuy.
Los revolucionarios quedaron librados a sus propias fuerzas y encerrados de tal forma que no podían esperar escapar: tenían a todo el ejército de Rosas al norte, y los “indios amigos” al sur. No obstante, siguieron adelante con sus planes. Habían reunido 2 000 hombres en Dolores y otros 1 000 en Chascomús, y los trasladaron en su totalidad hacia Chascomús. Crámer y Rico se encargaron de la maniobra y del escaso entrenamiento que pudieron dar a sus bisoños gauchos.
El 7 de noviembre de 1839, el ejército al mando de Castelli fue atacado por Prudencio Rosas en las orillas de la Laguna de Chascomús, en la llamada batalla de Chascomús. En un primer momento, la victoria pareció quedar del lado de los rebeldes, y el propio Rosas huyó hacia el norte. Pero la decisiva reacción del coronel Nicolás Granada volcó la batalla en su favor, que quedó decidida cuando el coronel Crámer fue muerto en combate. Una parte de los soldados rebeldes huyeron, y el resto se entregó al enemigo, que fue indulgente con ellos.
Pedro Castelli fue muerto varios días más tarde, cerca de Dolores, mientras Rico pudo huir.

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lunes, 6 de febrero de 2017

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL JUAN GREGORIO DE LAS HERAS

El 6 de febrero de 1866 fallece en Chile el General Juan G. Gregorio de Las Heras. Valiente hasta la temeridad y abnegado hasta el sacrificio en defensa de sus convicciones. Nacido en Buenos Aires en 1780, su apellido era Gregorio de Las Heras y no Las Heras, como se ha difundido. En 1806, luchó en las Invasiones Inglesas. Comandó el Cuerpo de Auxiliares de Chile, enviado por el gobierno de Buenos Aires en ayuda del chileno. En tal carácter combatió en Cucha-Cucha, Membrillar, Maule, Tres Montes, Río Claro Quecheregua y Rancagua. Ante la derrota en esta batalla, los Auxiliares de Chile cubrieron la retirada del gobierno del país y de sus camaradas de armas chilenos hacia Mendoza, a través de la Cordillera de los Andes. Con sus Auxiliares formó parte del Ejercito Libertador, partiendo de Mendoza hacia Chile el 18 de enero de 1817. Intervino en las batallas de Chacabuco, Curapaligüe y Gavilán y en el asalto a la ciudad de Talcahuano. En la derrota nocturna de Cancha Rayada salvó una división de 3.000 hombres y 12 piezas de artillería en una brillante retirada. Esos mismos elementos fueron utilizados luego en la Batalla de Maipú del 5 de Abril de 1818, que selló la libertad de Chile. Integró la expedición libertadora al Perú que zarpó de Valparaíso en 1820, ya graduado de Mayor General, asistiendo al sitio de El Callao en el año siguiente. Electo Gobernador de la Provincia de Buenos Aires en reemplazo del General Martín Rodríguez, su administración duró de 1824 a 1826, en los comienzos de la Guerra con Brasil. Contribuyó a la organización de las tropas que iniciaron esa campaña. Al dimitir su cargo, dirigió un manifiesto a sus conciudadanos el 15 de marzo de 1826, dando cuenta de sus actos de gobierno. Se estableció en Chile hasta el fin de su vida.

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viernes, 3 de febrero de 2017

ANIVERSARIO DEL COMBATE DE SAN LORENZO

Primera acción militar y victoria del Regimiento de Granaderos a Caballo. El gobierno de Buenos Aires, ante las continuadas depredaciones que hacían las fuerzas españolas establecidas en Montevideo sobre las costas de los ríos Paraná y Uruguay, ordenó al jefe del regimiento que una parte del mismo protegiera las poblaciones del Paraná. Una flotilla española había remontado el río y anclado y anclado por falta de viento frente al monasterio de San Lorenzo -entonces en construcción-, cerca de la localidad del mismo nombre, en la Provincia de Santa Fe. Los españoles, al mando del Capitán Juan A. Zabala se aprestaron a desembarcar fuerzas de infantería con apoyo de algunos cañones chicos. El jefe argentino, Coronel José de San Martín, había arribado a la zona la noche anterior. Arengó a sus tropas y les ordenó que atacarían solamente a sable y lanza, prohibiendo el uso de armas de fuego. Dividió sus aproximadamente 200 hombres en dos escuadrones, el Primero al mando del Capitán Justo Bermúdez, reservándose el mando del Segundo, diciéndole a Bermúdez: "nos encontraremos en el centro del combate, donde le ampliaré mis órdenes...". A su orden los Granaderos cargaron al galope acometiendo a los españoles, sin darles tiempo a formar cuadro. Al llegar San Martín a la línea enemiga su caballo fue muerto tomando una de sus piernas en su caída, armándose a su rededor un entrevero con armas blancas. Un soldado español se disponía a matarlo con su bayoneta cuando el granadero Juan B. Baigorria lo mató con su lanza. El granadero Juan B. Cabral desmontó para ayudar a su jefe, recibiendo heridas mortales, mientras el alférez Hipólito Bouchard, quién se cubriría de gloria posteriormente como jefe naval, se apoderaba de la bandera española tomando la vida de quien la portaba. El combate fue sangriento y tuvo un rápido desenlace. Los españoles que pudieron, se reembarcaron.



Parte del Combate de San Lorenzo suscrito por el Coronel Jose Francisco de San Martin, al Superior Gobierno. San Lorenzo, 3 de febrero de 1813.
Exmo. Señor.
Tengo el honor de decir a V.E. que en el día 3 de febrero los granaderos de mi mando en su primer ensayo han agregado un nuevo triunfo á las armas de la patria. Los enemigos en numero de 250 hombres desembarcaron a las 5 y media de la mañana en el puerto de S. Lorenzo, y se dirigieron sin oposición al colegio S. Carlos conforme al plan que tenían meditado en dos divisiones de a 60 hombres cada una, los ataques por derecha e izquierda, hicieron no obstante una esforzada resistencia sostenida por lo fuegos de los buques, pero no capaz de contener el intrépido arrojo con que los granaderos cargaron sobre ellos sable en mano: al punto se replegaron en fuga a las bajadas dejando en el campo de batalla 40 muertos, 14 prisioneros de ellos, 12 heridos sin incluir los que se desplomaron, y llevaron consigo, que por los regueros de sangre, que se ven en las barrancas considero mayor numero. Dos cañones, 40 fusiles, 4 bayonetas, y una bandera que pongo en manos de V.E. y la arrancó con la vida al abanderado el valiente oficial D. Hipolito Bouchard. De nuestra parte se han perdido 26 hombres, 6 muertos, y los demás heridos, de este numero son: el capitán D. Justo Bermúdez, y el teniente Manuel Díaz Velez, que avanzándose con energía hasta el borde de la barranca cayó este recomendable oficial en manos del enemigo.
El valor e intrepidez que han manifestado la oficialidad y tropa de mi mando los hace acreedores a los respetos de la patria, y atenciones de V.E.; cuento entre estos al esforzado y benemérito párroco Dr. Julián Navarro, que se presentó con valor animando con su voz, y suministrando los auxilios espirituales en el campo de batalla: igualmente lo han contraído los oficiales voluntarios D. Vicente Mármol, y D. Julián Corvera, que á la par de los míos permanecieron con denuedo en todos los peligros.
Seguramente el valor e intrepidez de mis granaderos hubieran terminado en este día de un solo golpe las invasiones de los enemigos en las costas del Paraná, si la proximidad de las bajadas no hubiera protegido su fuga, pero me arrojo a pronosticar sin temor que este escarmiento será un principio para que los enemigos no vuelvan a inquietar a estos pacíficos moradores. Dios guarde a V.E. muchos años. San Lorenzo febrero 3 de 1813.

Carta de San Martín enviada al Excmo. Supremo Poder Executivo en Buenos Aires, el 27 de febrero de 1813.
Excelentísimo Señor:
Como sé la satisfacción que tendrá V.E. en recompensar a las familias de los individuos del Regimiento, muertos en la acción de San Lorenzo, o de sus resultas, tengo el honor de incluir a V.E. la adjunta relación de su número, país de su nacimiento y estado. No puedo prescindir de recomendar particularmente a V.E. a la viuda del Capitán Don Juan Bermúdez, que ha quedado desamparada con una criatura de pechos, como también a la familia del Granadero Juan Bautista Cabral natural de Corrientes, que atravesado el cuerpo con dos heridas no se le oyeron otros ayes que los de “Viva la Patria, muero contento por haber batido a los enemigos”; efectivamente a las pocas horas feneció repitiendo las mismas palabras. Nuestro Señor guarde a V.E. muchos años.
¿Todavia queda alguna duda de la existencia de un Sargento llamado Juan Bautista Cabral y de su Patriotico y abnegado heroismo?

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jueves, 2 de febrero de 2017

ANIVERSARIO DEL ARRIBO DEL PRIMER ESCUADRÓN DEL REGIMIENTO DE GRANADEROS A CABALLO A LA POSTA DE SAN LORENZO

Al atardecer del 2 de febrero de 1813, llega San Martín con el primer escuadrón del regimiento por el creado, a la posta de San Lorenzo, donde el portaestandarte del regimiento, don Angel Pacheco, que le había precedido en su marcha, le informa que el comandante realista don Juan Antonio de Zabala acababa de proceder a una maniobra de desembarco. Unido esto a la circunstancia de ver anclados entre la costa y la isla los barcos que formaban la flotilla española, dieron la idea a San Martín de que en San Lorenzo efectuarían los realistas su desembarco definitivo, y procedió entonces a tomar todas las disposiciones para la acción que con tal motivo iba a librar y en la que cosecharía con su regimiento gloria inmortal.

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miércoles, 1 de febrero de 2017

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL MARIANO BENITO ROLÓN

Nació en Buenos Aires en 1790, siendo sus padres Lucas Rolón y María Rita Nel de Laviña. Lucas Rolón descendía de una antigua y principal familia de Corrientes, donde su progenitor José Ponciano Rolón, entre otros cargos, desempeñó los de alcalde del 1º y 2º voto del Cabildo, teniente gobernador, comandante de armas y subdelegado de la Real Hacienda, administrador de correos, juez conservador del Gran Chaco en una de las expediciones que en él se internaron, coronel de caballería y sargento mayor de plaza de la ciudad de Corrientes. José Ponciano Rolón era hijo de Agustín Rolón, natural de Santa Fe, y de Micaela Chaves; el que casó con Ana Perna, hija de Manuel de la Perna, oficial Real de Santa Fe y tesorero de Corrientes, y de Bárbara Pérez. María Rita Nel de Laviña era hija de Francisco Nel y Laviña, y de Catalina Drotel. Hermanos del general Mariano Bento Rolón fueron: Josefa Rafaela, casada con el Dr. José Gerónimo Salguero de Cabrera, abogado de la Real Audiencia; y Ana María Rolón, casada con Juan Manuel Beruti, del comercio de Buenos Aires.
Mariano Benito Rolón realizó sus estudios en esta ciudad y muy joven se incorporó al servicio público en clase de meritorio del Tribunal Mayor y Real Audiencia de Cuentas, pero sin sueldo, cargo para el cual fue designado el 23 de noviembre de 1803, en virtud de la Providencia del Visitador general Diego de la Vega; y destinado como auxiliar en el Despacho de la “Mesa de Razón”, la que estaba a cargo del Contador ordenador Manuel Moreno. En el ejercicio de este puesto, el joven Rolón manifestó esmero, aplicación y buena conducta durante los nueve meses que lo desempeñó; así como también, al frente de la mencionada Mesa, que debió dirigir por espacio de 9 días, por hallarse enfermo el contador Moreno, el que falleció dentro de este último plazo.
Con motivo de la primera invasión inglesa, en circunstancias en que el capitán de navío Santiago de Liniers alistaba la columna expedicionaria para reconquistar la Capital, Rolón se presentó a aquel conduciendo 36 fusiles, 10 pistolas, 22 espadas y dos hombres montados y equipados a su costa. Asistió a la gloriosa Reconquista de Buenos Aires, el 12 de agosto de 1806, comportándose en forma destacada en aquella memorable jornada.
Después de estos sucesos fue nombrado subteniente del Cuerpo de Patricios Voluntarios, el 6 de setiembre de aquel año; cuerpo que estuvo a las órdenes del teniente coronel Prudencio Murguiondo, y con el cual marchó a la Banda Oriental para socorrer a los defensores de Montevideo, ciudad que se hallaba sitiada por fuerzas británicas.
El 6 de junio de 1807 fue nombrado cadete del Regimiento de Infantería de Buenos Aires. Con este cuerpo se halló en el combate de Quilmes, con motivo de la segunda invasión británica; así como igualmente, en los ataques a los Corrales de Miserere el 2 de julio de igual año, y de la “Residencia”, el día 6, y desde el día 3 hasta “el 10 en las azoteas, en la defensa de esta plaza”, según reza una foja de servicios del futuro general Rolón, redactada poco después de aquellos acontecimientos.
El 16 de julio de 1807 pasó a servir en su clase de cadete, al Regimiento de Dragones de Buenos Aires; cuerpo en el cual recibió el grado de alférez el 18 de enero de 1808, cuyos despachos le fueron otorgados por la Real Junta de Sevilla el 13 de enero de 1809. Producido el movimiento emancipador de 1810 fue nombrado 2º ayudante de la plaza de Buenos Aires. El 3 de mayo de 1811 fue promovido a capitán graduado de Ejército, perteneciendo a la guarnición de esta plaza. El 5 de febrero de 1814 fue nombrado ayudante de campo del General en Jefe del Ejército de Buenos Aires, siendo ascendido el 11 de marzo del mismo año a capitán efectivo de caballería de línea, y el 27 de junio de igual año recibió los despachos de sargento mayor graduado de Ejército.
Hizo la campaña de la Banda Oriental en 1814 y 1815. El 13 de marzo de 1815 ascendió a comandante de escuadrón, jerarquía con la cual pasó a comandar el Cuerpo de Inválidos el 13 de julio de 1816; y al tomar este último la denominación de Batallón de Aguerridos, en enero de 1818, Rolón quedó al frente del mismo, que pertenecía a la guarnición de Buenos Aires, y en el cual obtuvo los despachos de coronel graduado el 11 de diciembre de 1818. Sin embargo, el 28 de marzo de 1817 se le encuentra como Comisario de Prisioneros, y revistando como agregado al Estado Mayor de Plaza desde el 1º de julio de 1815 al 31 de julio de 1817; y el 29 de mayo de este último año era habilitado de la guarnición de la Capital.
El 23 de diciembre de 1818 el coronel Rolón se hallaba listo con su tropa para marchar e incorporarse al “Ejército de Observación”. A fines de 1819 se afilió a la Logia Directorial que actuaba en Buenos Aires. En los primeros meses del mismo año, el coronel Rolón actuó como defensor del comodoro Guillermo Brown en el proceso que se le siguió después de la captura de la “Hércules”, habiendo actuado primeramente en tal carácter el coronel Juan Ramón Rojas. El Tribunal Militar dictó sentencia en dicho proceso, el 28 de mayo de 1819.
Formó parte del ejército directorial que, mandado por el general Rondeau, salió a campaña contra López y Ramírez. En la batalla de Cepeda, el 1º de febrero de 1820, Rolón actuó como 2º del general Balcarce en el mando de la infantería. Como es sabido, Balcarce sacó casi intacta del campo de la lucha la fuerza que comandaba, replegándose con ella a San Nicolás de los Arroyos, a donde llegó al caer la tarde del 2 de febrero, con una columna cuyos efectivos no bajaban de 900 plazas. Ramírez, creyendo muerto en la batalla a Balcarce, envió a Rolón una arrogante intimación para que se rindiese, de la que fue portador el comandante José María Pérez de Urdinenea. Sabido es qué contestó a dicha intimación el pretendido muerto, verbalmente y con no menos arrogancia.
El general Balcarce se aproximó lentamente a la Capital por la vía fluvial, mientras tenía lugar los Tratados del Pilar, después de la elección de Sarratea como gobernador. La estada más larga de Balcarce en los puertos de tránsito fue en Zárate, desembarcando, finalmente en el puerto de Olivos el 1º de marzo, desde donde dirigió una nota a la Junta de RR., firmada por los principales jefes, la que era en verdad un manifiesto de paz o de guerra. El mismo día, a las 6 de la tarde, Balcarce llegaba a la Capital y por aquellos días fue dueño de la situación. Para el 5 de marzo, el general Balcarce entraba en el cuartel de los Aguerridos, situado en el Retiro, por la tarde, acompañado del coronel Rolón; llegando poco rato después el general Alvear con otro oficial de la guarnición, lo que alarmó al pueblo porteño, que aborrecía aún el nombre del ex–Director Supremo. El día 6 asumía el mando el general Balcarce, el cual en la noche del 11 de encerró en la Fortaleza acompañado del coronel Rolón, a quien acompañaba el Cuerpo de Aguerridos. Este se sublevó en masa pocas horas después, y Balcarce se vio obligado a salir de la ciudad acompañado por Alvear.
Retenía aún el coronel Rolón el mando de los Aguerridos, cuando en la noche del 25 de marzo penetró el general Alvear en el cuartel de dicho cuerpo seguido de numerosos oficiales adictos, estando ausente Rolón. Fue recibido por el segundo jefe, teniente coronel Anacleto Martínez, quien hizo causa común con Alvear. Este se mantuvo dos días en el precitado cuartel, hasta que se vio obligado a abandonarlo el día 27, seguido de una parte de los Aguerridos.
Estos sucesos determinaron al Gobierno a disolver aquel Cuerpo, y el coronel Rolón sufrió un largo arresto. El 10 de octubre de 1820 dirigió al gobernador Rodríguez la siguiente nota:
“Excmo. Señor: Aunque jamás me he considerado en la necesidad de dar una satisfacción a mi Patria por mi comportación en la carrera militar a que me dediqué desde mis primeros años, ya porque me he lisonjeado siempre de haberla andado con rectitud, ya porque han sido muchas las veces que la he justificado en su mismo seno; mi honor notablemente atacado por la conducta que observé en la jornada del mes de marzo del presente año, que motivó también mi separación a puertos extranjeros, no me ha permitido retardar por más tiempo mi regreso al punto donde únicamente podía volver por él”.
“Esta es, Señor Excmo., la causa esencial que ha originado mi venida al suelo de mi nacimiento. A mi arribo, que fue el día seis del presente mes, tuve el honor de presentarme a V. E. y después que con su suprema autoridad he pasado a mi propia casa, donde se me ha impuesto me conserve en arresto, lo tengo igualmente en suplicar a V. E. se digne disponer que por el conducto que corresponda se proceda a la formación de la causa en que debe examinarse la conducta militar que observé en la expresada jornada del mes de marzo del presente año, y aún, si V. E. lo creyese conveniente, la que he guardado desde que la Nación quiso distinguirme con su confianza en esta ilustre carrera·.
“Dígnese V. E. acceder a una solicitud que he entablado por sólo los impulsos de mi honor. Esta alhaja, que cualquiera debe conservar a todo precio, pero que muy principalmente, por ser la única que forma el patrimonio del que ejercita la carrera de las armas, es el mío, y, por lo tanto, me es tan preciosa y sagrada, no puede continuar por más tiempo si el lustre que le he sabido proporcionar. Quiera V. E. darme un momento tan apetecible, en disponer la formación de mi causa, y permítame, igualmente, eleve al conocimiento de la Nación, por medio de la prensa, el motivo que ha originado mi regreso a esta Capital y la solicitud que tengo el honor de entablar ante la suprema y respetable autoridad de V. E.”.
“Dios guarde a V. E. muchos años – Buenos Aires, 10 de octubre de 1820 – Mariano Benito Rolón”.
Pocos días después Rolón se dirigía en los siguientes términos:
“Existe en mi poder la llave de la caja de Aguerridos, que estuvo a mi cargo, la cual me ha sido entregada por el D. capitán Sixto Quesada, consecuente con lo que V. S. se dignó ordenar con fecha 21 del presente mes, con el objeto de que rindiese, por mi parte, la cuenta correspondiente a la comisión encargada de recibirla a los regimientos extinguidos”.
“Me hallo emplazado por los S. S. que forman esta Comisión para comparecer en este día a su Despacho con aquel mismo objeto; pero como aún se halla vigente la Orden que el Sr. Gobernador se dignó expedir para que guardase arresto en mi propia habitación, me veo precisado a consultar si no obstante esto, podré comparecer a aquel emplazamiento considerándome como no arrestado o siempre bajo esta calidad”.
“Con este motivo debo también hacer presente a V. S. para que se digne elevarlo a la consideración de S. E. el señor Gobernador que la representación que elevé con fecha 10 del que corre, solicitando se examinase mi comportación militar en la jornada de Marzo de este año, se halla aún sin resolverse, y que esto me infiere perjuicios de suma consideración, e igualmente que correspondiendo al sargento mayor del expresado Batallón de Aguerridos, D. Gregorio Manuel Mons, la administración y manejo de todos los documentos pertenecientes a la Mayoría, que actualmente existen en poder del capitán D. Sixto Quesada, se sirva dar las disposiciones convenientes para que este oficial verifique la entrega de ellos a aquel jefe”.
“Dios guarde a V. S. muchos años – Buenos Aires, 24 de octubre de 1820 – Mariano Benito Rolón”.
El coronel Rolón fue nombrado 2º jefe del 1er batallón de la “Legión Patricia” a mediados del año 1821, en el cual obtuvo despachos de comandante de dicho batallón el 2 de mayo de 1822. El 1º de enero de 1823 pasó a la Plana Mayor del Ejército y el 12 de febrero del mismo año obtuvo su reforma militar.
Se embanderó en la revolución que estalló la noche del 19 de marzo de 1823, encabezada por el Dr. Gregorio Tagle, disgustado Rolón con la reforma que le fue impuesta. Los conjurados se proponían una vez derrocado el gobierno de Rodríguez, nombrar un Cabildo abierto compuesto por Lorenzo López, Ambrosio Lezica, José Tomás Aguiar, Rafael Pereyra y José Jevenes y se encargaría al coronel Rolón el mando provisorio de la Provincia.
Comprometido así en el movimiento, Rolón no concurrió a la acción, sin explicar la causa, y en el proceso a los complotados hay muchas contradicciones entre las declaraciones de Rolón y de su esposa. Condenado por el juez de 1ª Instancia, Dr. Bartolo Cueto, el 5 de abril de 1823, a cuatro años de destierro, esta sentencia fue reformada por la Cámara de Justicia por la de 3 años de confinamiento. Rolón había obtenido, con pretextos de enfermedad, ser trasladado de la Fortaleza, donde se hallaba recluido, al Hospital General de Hombres; y en conocimiento de la sentencia y notificado de su próxima remisión a Patagones, eludió su cumplimiento, fugando de aquel Hospital el 11 de mayo.
La caída de Rivadavia y el advenimiento de Dorrego le permitieron volver a reincorporarse al Ejército y por decreto del Gobierno fechado el 20 de octubre de 1827, se mandó librar despachos al coronel Rolón de comandante del Batallón 4º de Cazadores, y al que lo era de este cuerpo, teniente coronel Francisco Sánchez de Zelis, se le destinaba a comandar el Batallón 2º de Cazadores. El 10 de octubre de 1828 obtuvo despachos de coronel efectivo.
Con el 4º de Cazadores (pardos y morenos) que mandaba Rolón, y el Regimiento de Artillería Ligera, a las órdenes de Iriarte, cuerpos que habían logrado introducirse en la Fortaleza, se intentó defender ésta en la madrugada del 1º de diciembre de 1828, levantando al efecto el rastrillo y colocando dos cañones en el baluarte del Oeste y otros tantos abajo para defensa de la entrada. La retirada de Dorrego, que no contaba con elementos para oponerse con éxito a la reacción operada, hicieron inútil la actitud de los coroneles Rolón e Iriarte, los cuales hicieron retirar la tropa que mandaban.
El 27 de diciembre de 1828, el coronel Pedro José Díaz reemplazó a Rolón en el mando del 4º de Cazadores. El último mandó una división de las fuerzas federales que a las órdenes de López y Rosas, operaron contra el general Lavalle, asistiendo a la acción del Puente de Márquez y al sitio de Buenos Aires a comienzos de mayo de 1829.
A la caída de Lavalle el coronel Rolón fue repuesto en el comando de su Batallón, que pasó a denominarse “Guardia Argentina”. Con este cuerpo formó parte del “Ejército de Reserva”, fuerte de 1.000 hombres de los cuales “800 hombres de infantería, mandados por los coroneles Olazábal y Rolón; 300 veteranos del 1º y 4º de Cazadores con 500 milicianos y una sección de artillería al mando del coronel Iriarte”(4). Dicho Ejército salió de Buenos Aires el 27 de febrero de 1831, dirigiéndose a Córdoba para combatir contra el poder del general Paz, pero capturado éste, los distintos cuerpos del “Ejército de Reserva”, regresaron a Buenos Aires el 20 de setiembre de igual año, siendo recibidos en forma entusiasta.
El 15 de diciembre de 1831 Rosas elevó a la Sala de RR, un mensaje pidiendo el acuerdo para promover a la jerarquía de coronel mayor a varios coroneles, entre los cuales figuraba Rolón; proyecto sancionado por la Sala el 11 de setiembre de 1832.
Mandaba el general Rolón todavía el Batallón “Guardia Argentina” cuando tuvieron lugar las elecciones del 16 de junio de 1833, en las cuales salió diputado electo a la Legislatura. Los acontecimientos posteriores que condujeron a la famosa “Revolución de los Restauradores”, que estalló el 11 de octubre de aquel año, llevaron al general Rolón a embanderarse con los revolucionarios, a los que se unió el día 13 en el puente de Barracas, con su cuerpo, después de haber hecho conocer tal actitud al gobernador Balcarce por intermedio del teniente coronel José Antonio Pieres. Segundo jefe del “Ejército Restaurador de las Leyes”, el general Rolón acompañó a su General en Jefe Agustín de Pinedo, el 7 de noviembre, en la entrada a esta ciudad a la cabeza de 6.000 hombres.
Era diputado de la Legislatura en 1835, cuando Rosas asumió la gobernación, y el día en que ocupo su puesto, Rolón mandó una guardia especial compuesta por 200 miembros de la “Sociedad Popular Restauradora”, de la cual era aquél uno de sus más característicos miembros. El general Rolón fue diputado a la Legislatura por varios períodos durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas.
Cuando se produjo la conjura de Maza, en junio de 1839, los complotados trataron de conseguir la adhesión del general Rolón, pero éste se mantuvo inquebrantablemente fiel a Rosas. Cuando Lavalle se aproximó a la Capital, en agosto de 1840, Rolón, al frente de su batallón “Guardia Argentina”, fuerte de 350 plazas, formó parte de las fuerzas que tenía Rosas a sus inmediatas órdenes para la defensa de la ciudad.
Fue uno de los firmantes del acta levantada el 18 de enero de 1847, con motivo de la colocación de la piedra fundamental de la muralla de la Alameda (después Paseo de Julio y hoy Avenida Leandro N. Alem).
El general Mariano Benito Rolón falleció en Buenos Aires, en la mañana del día 2 de febrero de 1849, “a la misma hora en que, en igual día de cada año, solía asistir, con la “Guardia Argentina”, a la iglesia de la Merced, con el objeto de oír la misa en celebridad de la Purificación de Nuestra Señora. Rolón al morir era diputado y jefe de la “Guardia Argentina” y también del “2º de Patricios”. Su funeral tuvo lugar el 9 de mayo, en la iglesia de la Merced, habiendo rendido honores los batallones “Guardia Argentina” y “2º de Patricios” mandados por el general Felipe Heredia. El duelo fue presidido por el presbítero José María Rolón, pariente del General y más tarde gobernador de Corrientes.
Rolón estaba casado con Juana Manuela Maciel.
Fuentes: Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1939)

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