miércoles, 8 de marzo de 2017

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Hacemos llegar nuestros más cálidos augurios a todas las mujeres que, en su lucha diaria, dan prueba cabal de su integridad y saludamos muy especialmente a las integrantes del Ejército (oficiales, suboficiales, soldados y civiles), que contribuyen cotidianamente al cumplimiento de una indispensable misión de servicio.

LA SARGENTO MAYOR MARÍA REMEDIOS DEL VALLE ROSAS
Porteña de nacimiento, pertenecía a la raza negra, pues en informes sobre sus servicios militares se expresa que era “parda”. Acompañando a su esposo, a un hijo propio y a otro adoptivo, marchó el 6 de julio de 1810 con el Ejército Auxiliar, al abrir la campaña sobre las provincias interiores. Se halló en todos los hechos de armas en que se encontró aquel Ejército, habiendo marchado en la división del comandante Bernardo de Anzoátegui, con la cual llegó hasta la villa de Potosí en diciembre de 1810. Se encontró en el desastre del Desaguadero, el 20 de junio e 1811 y en el retroceso que siguió a esta derrota, María Remedios del Valle Rosas marchó primera con la mencionada división de Anzoátegui y siguió después desde Potosí, a las órdenes del teniente coronel Bolaños hasta llegar a Jujuy. Asistió a las jornadas de Tucumán, Salta, Vilcapugio y Ayohuma, y en esta última acción de guerra cayó herida de bala, quedando prisionera de los españoles, según afirma el coronel Hipólito Videla en un informe fechado en Buenos Aires, el 17 de enero de 1827, el que va agregado al expediente iniciado por la causante el 23 de octubre de 1826, y en el que dice:
“Doña María Remedios del Valle, capitana del Ejército, a V. S. debidamente expone: Que desde el primer grito de la Revolución tiene el honor de haber sostenido la justa causa de la Independencia, de una de aquellas maneras que suelen servir de admiración a la Historia de los Pueblos. Si Señor Inspector, aunque aparezca envanecida presuntuosamente la que representa, ella no exagera a la Patria sus servicios, sino a que se refiere con su acostumbrado natural carácter lo que ha padecido por contribuir al logro de la independencia de su patrio suelo que felizmente disfruta. Si los primeros opresores del suelo americano aún miran con un terror respetuoso los nombres de Caupolicán y Galvarino, los disputadores de nuestros derechos por someternos al estrecho círculo de esclavitud en que nos sumergieron sus padres, quizá recordarán el nombre de la Capitana patriota María de los Remedios para admirar su firmeza de alma, su amor patrio y su obstinación en la salvación y libertad americana; aquellos al hacerlo aún se irritarán de mi constancia y me aplicarían nuevos suplicios, pero no inventarían el del olvido para hacerme expirar de hambre como lo ha hecho conmigo el Pueblo por quien tanto he padecido. Y ¿con quién lo hace?; con quien por alimentar a los jefes, oficiales y tropa que se hallaban prisioneros por los realistas, por conservarlos, aliviarlos y aún proporcionarles la fuga a muchos, fue sentenciada por los caudillos enemigos Pezuela, Ramírez y Tacón, a ser azotada públicamente por nueve días; con quien, por conducir correspondencia e influir a tomar las armas contra los opresores americanos, y batídose con ellos, ha estado siete veces en capilla; con quien por su arrojo, denuedo y resolución con las armas en la mano, y sin ellas, ha recibido seis heridas de bala, todas graves; con quien ha perdido en campaña, disputando la salvación de su Patria, su hijo propio, otro adoptivo y su esposo!!!; con quien mientras fue útil logró verse enrolada en el Estado Mayor del Ejército Auxiliar del Perú como capitana, con sueldo, según se daba a los demás asistentes y demás consideraciones debida a su empleo. Ya no es útil y ha quedado abandonada sin subsistencia, sin salud, sin amparo y mendigando. La que representa ha hecho toda la campaña del Alto Perú; ella tiene un derecho a la gratitud argentina, y es ahora que lo reclama por su infelicidad”. Dicha solicitud está firmada por Manuel Rico a ruego de la suplicante.
María Remedios del Valle Rosas servía en los hospitales y animaba en las líneas, aún en el acto de la lucha, y por esta causa recibió las varias heridas que menciona.
Después de una larga gestión, en la cual la heroína solicitaba se le abonasen seis mil pesos “para acabar su vida cansada”, como compensación de sus servicios y la pérdida de su esposo, su hijo y su entenado, el 24 de marzo de 1827 el Ministro de la Guerra, general Fernández de la Cruz, decretó que la peticionante se dirigiese al Congreso, por no estar “en las facultades del Gobierno el conceder gracia alguna que importe erogación al Erario”.
Cuenta Carlos Ibarguren, que años después de la Independencia, una anciana encorvada, desdentada, frecuentaba los atrios de San Francisco, Santo Domingo y San Ignacio. Se la veía también en la Plaza de la Victoria ofreciendo pastelitos o tortas fritas, o en ocasiones mendigando por el amor de Dios.
Llegaba de lejos, de la zona donde comenzaban las quintas, por donde tenía un rancho; para asegurarse las sobras de los conventos de las que se alimentaba.
Sin saber porqué, la llamaban “la capitana” y cuando la anciana mostraba sus brazos zurcidos por cicatrices, y contaba que las había recibido en la guerra por la Independencia los que la oían sentían compasión por su senectud y locura.
Así trascurrían inviernos y veranos, hasta que cierto día el general Viamonte, que había sido compañero de armas de Remedios, topó con la anciana.
- Pero si es “la capitana”, “la madre de la Patria”, la misma que nos acompañó al Alto Perú- Se dijo.
La mendiga le contó cuantas veces había golpeado a su puerta en busca de socorro y, como en cada ocasión la habían espantado por pordiosera.
Viamonte, como diputado, solicitó para ella una pensión por sus servicios en la guerra emancipadora.
María Remedios del Valle Rosas se dirigió más tarde a la Legislatura cuya Comisión de Peticiones se expidió el 1º de octubre de 1827, aconsejando el siguiente proyecto de decreto:
“Por ahora y desde esta fecha la suplicante gozará del sueldo de Capitán de Infantería, y devuélvase el expediente para que ocurriendo al P. E. tenga esta resolución su debido cumplimiento”.
No obstante esto, el expediente estuvo estancado hasta el año siguiente, en que el general Viamonte (que fue uno de los cuatro generales que informan el expediente existente en la Contaduría General: Díaz Vélez, Pueyrredón, Rodríguez y Viamonte, y coroneles Hipólito Videla, Manuel Ramírez y Bernardo de Anzoátegui consiguió que se llevara a consideración de la Legislatura en la sesión del 18 de julio de 1828, en la que habiendo objetado algunos diputados la solicitud, el general Viamonte la defendió en los términos siguientes:
“Yo no hubiera tomado la palabra porque me cuesta mucho trabajo hablar, si no hubiera visto que se echan de menos documentos y datos. Yo conocí a esta mujer en la campaña del Alto Perú y la conozco aquí; ella pide ahora limosna… Esta mujer es realmente una benemérita. Ella ha seguido al ejército de la patria desde el año 1810. No hay acción en que no se haya encontrado en el Perú. Era conocida desde el primer general hasta el último oficial en todo el ejército. Ella es bien digna de ser atendida porque presenta su cuerpo lleno de heridas de balas, y lleno además de cicatrices de azotes recibidos de los españoles enemigos, y no se le debe dejar pedir limosna como lo hace”.
Posteriormente tomó la palabra Tomas de Anchorena, quien expresó: “Yo me hallaba de secretario del general Belgrano cuando esta mujer estaba en el ejército, y no había acción en la que ella pudiera tomar parte que no la tomase, y en unos términos que podía ponerse en competencia con el soldado más valiente; era la admiración del General, de los oficiales y de todos cuantos acompañaban al ejército. Ella en medio de ese valor tenía una virtud a toda prueba y presentaré un hecho que la manifiesta: El General Belgrano, creo que ha sido el general más riguroso, no permitió que siguiese ninguna mujer al ejercito; y esta María Remedios del Valle era la única que tenía facultad para seguirlo”…. “Ella era el paño de lágrimas, sin el menor interés de jefes y oficiales. Yo los he oído a todos a voz pública, hacer elogios de esta mujer por esa oficiosidad y caridad con que cuidaba a los hombres en la desgracia y miseria en que quedaban después de una acción de guerra: sin piernas unos, y otros sin brazos, sin tener auxilios ni recursos para remediar sus dolencias. De esta clase era esta mujer. Sino me engaño el General Belgrano le dio el título de Capitán del Ejército. No tengo presente si fue en el Tucumán o en Salta, que después de esa sangrienta acción en que entre muertos y heridos quedaron 700 hombres sobre el campo, oí al mismo Belgrano ponderar la oficiosidad y el esmero de esta mujer en asistir a todos los heridos que ella podía socorrer… Una mujer tan singular como esta entre nosotros debe ser el objeto de la admiración de cada ciudadano, y a donde quiera que vaya debía ser recibida en brazos y auxiliada con preferencia a una general; porque véase cuanto se realza el mérito de esta mujer en su misma clase respecto a otra superior, porque precisamente esta misma calidad es la que más la recomienda”.
Después tomó la palabra el diputado Silveyra, y otros, en defensa de la heroína, acordándose la siguiente resolución:
“Se concede a la suplicante el sueldo correspondiente al grado de Capitán de Infantería, que se le abonará desde el 15 de marzo de 1827 en que inició su solicitud ante el Gobierno, y devuélvasele el expediente para que ocurriendo al Poder Ejecutivo tenga esta resolución su debido cumplimiento”.
El 28 de julio de 1828 el expediente fue pasado a la Contaduría General a sus efectos. El 21 de noviembre de 1829 fue ascendida a “sargenta mayor de caballería”. El 29 de enero de 1830 fue incluida en la Plana Mayor del Cuerpo de Inválidos con el sueldo íntegro de su clase, listas en las cuales figura “con sueldo íntegro”, menos de enero a abril de 1832 y desde el 16 de abril de 1833 hasta el 16 de abril de 1835, en que tiene la nota “con sueldo doble”.
En el famoso decreto del 16 de abril de 1835 (en el párrafo final del mismo que no fue publicado, pero que existe en el decreto original), Juan Manuel de Rosas la destinó a la Plana Mayor Activa con su jerarquía de sargento mayor, situación de revista que mantuvo, y en las listas de noviembre de 1836 figura con el nombre de Remedios Rosas, que conserva aún en las listas del 28 de octubre de 1847 y con el sueldo de 216 pesos. En las listas del 8 de noviembre de 1847 hay una nota que dice: “Baja”. El mayor de caballería Dña. Remedios Rosas falleció”.
Fuentes: Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1939).

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martes, 7 de marzo de 2017

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE CARMEN DE PATAGONES

El día 7 de marzo de 1827 se produce la derrota brasileña en Carmen de Patagones. Los coroneles Santiago J. Bynnon y Martín Lacarra rechazan el ataque de una flotilla brasileña de cuatro buques, los que habían desembarcado previamente unos 600 hombres. Los buques fueron capturados y las tropas de tierra rendidas.

Para contrarrestar la abrumadora superioridad naval brasileña, las Provincias Unidas del Río de la Plata acudieron al recurso de entregar patentes de corso, con el fin de hostilizar el comercio y transporte imperiales por vía marítima. De esta forma, el fuerte de Carmen de Patagones se convirtió en un refugio seguro para los corsarios, donde podían desembarcar sus botines de guerra, reparar las naves, descansar y abastacerse de víveres.
Por este motivo el almirante brasileño Pinto Guedes esbozó un plan atacar el fuerte y tomar la ciudad, con el fin de escamentar a los corsarios y cesar sus ataques. Además esto permitiría la posibilidad de abrir un segundo frente para atacar a Buenos Aires desde el sur, dividiendo de esta forma a los ejércitos republicanos.

Con el fin de cumplir el objetivo de la toma del poblado, la Marina Imperial envió una división al mando del capitán de fragata inglés James Shepherd. Esta fuerza estaba compuesta por los siguientes buques:
La corbeta Duqueza de Goyas, al mando de Sheperd.
La corbeta Itaparica, al mando de Guillermo Eyre.
El bergantín Escudeiro comandado por Luis Pouthier.
La goleta Constanza, al mando de Joaquin Marques Lisboa.
La fuerza estaba compuesta por un poco más de 600 hombres, de los cuales 250 no eran brasileños.
Al encontrarse Carmen de Patagones demasiado lejos del teatro principal de operaciones, no se disponía de tropas en buen número para defender la plaza. El comandante del fuerte Martin Lacarra contaba con un centenar de infantes, y consigió reclutar unos 80 hombres a caballo, en su mayoría gauchos, más los corsarios y un piquete de artillería de uno de los buques en reparación, elChacabuco. A esto se sumó luego un grupo de negros voluntarios y un escuadrón de vecinos. Además se proveyó a los pobladores de Patagones, la mayoría mujeres, con palos, gorros y vestimentas de milicianos, procurando simular una columna en retaguardia.

En cuanto a la flota, estaba compuesta por:
La sumaca Bella Flor, al mando de Santiago Jorge Bynnon
El bergantín Oriental Argentino, al mando del corsario francés Pedro Dautant.
Los balleneros corsarios Hijo de Mayo e Hijo de Julio, comandados por el inglés James Harris y el francés francisco Fourmantin, respectivamente.
Las goletas Emperatriz y Chiquita; éstas habían sido recientemente capturadas a los brasileros.
En total, el número de hombres embarcados era de 330, aproximadamente.
En la mañana del 28 de febrero de 1827, el bergantín Escudeiro ingresó al río Negro enarbolando otra bandera para engañar a los defensores. A la entrada del estuario se ubicaba una batería de 4 cañones al mando del coronel Felipe Pereyra, comenzando el intercambio de disparos. Luego de superar las defensas en la escaramuza, el Escudeiro franqueó la entrada, seguido por la corbeta Itaparica.
El 3 de marzo se perdió la Duqueza de Goyas, que había quedado varada días antes debido a la naturaleza del río y el gran calado de la nave. Esto produjo 38 bajas entre los invasores.
El 6 de marzo de 1827 los brasileños desembarcaron en la margen sur una partida de hombres y reclamaron carne fresca a un grupo explorador criollo, pero el juez de paz Fernando Alfaro dio órdenes de negarles apoyo.
Debido a las dificultades para navegar el río, el comandante brasileño decidió atacar Patagones por tierra. A la madrugada se produjo el desembarco general de las fuerzas brasileñas, alrededor de 350 hombres, con el objeto de marchar sobre la población para tomarla en forma definitiva.
La columna brasileña inició la marcha en la calurosa noche del día 7, debiéndolo hacer por terrenos arenosos y cubiertos de espesos matorrales espinosos, que obligaban a transportar a los oficiales sobre los hombres de sus soldados. Además tuvieron la dificultad adicional de no contar con un guía competente, lo que llevó a que la columna, compuesta por más de 400 efectivos, se extraviara durante la marcha, alejándose del río y las fuentes de agua. Este hecho, sumado al calor asfixiante y el terreno desértico, comenzó a minar las fuerzas y resistencia de los soldados imperiales.
Las fuerzas invasoras llegaron a las 6:30 al Cerro de la Caballada, completamente extenuados y sin haber podido beber agua por 24 horas, con el agravante de que el único alimento que pudieron consumir fue carne salada.
Los defensores, que desconocían la ubicación e intenciones de la columna imperial, descubrieron las huellas de la avanzada brasileña y aprestaron los preparativos para la defensa. En el Cerro de la Caballada las milicias republicanas conducidas por el Subteniente Sebastián Olivera y los gauchos del baqueano Jose Luis Molina los alcanzaron y presentaron batalla inmediatamente. Con los primeros disparos cayó muerto el comandante brasilero Shepherd, quien fue suplantado por Guillermo Eyre. Pronto se vieron rodeados por guerrillas que procedieron a cercar a los imperiales incendiando la vegetación, hecho que obligó a Eyre a ordenar la retirada hacia los navíos, sin advertir que los mismos ya se encontraban copados por los argentinos.
En efecto, la flotilla de naves corsarias al mando de Santiago Jorge Bynon abrió fuego sobre el Escudeiro, que resistió hasta el momento en que su esforzado capitán cayó mortalmente herido. Tomado ese buque, los argentinos atacaron la goleta Constanza, que se había separado del Escudeiro para unirse a la corbeta Itaparica, nave a la cual no se tardaría en reducir.
Ante la confirmación de la rendición de su escuadra, Eyre finalmente se rindió a Alfaro, quien fue elegido junto con otros hombres para llevar la noticia de la victoria a Buenos Aires.
Como resultado de los combates, quedaron en poder de los argentinos 3 buques, 28 cañones y numerosas armas. La tropa de desembarco perdió 40 de los suyos y se rindieron en las naves 10 oficiales y 306 hombres de tropa. En total, las fuerzas brasileras sufrieron 100 bajas y se tomaron 579 prisioneros, entre los cuales 200 británicos, que pasaron a engrosar las filas patriotas.
Los buques capturados fueron renombrados y pasaron a integrar la escuadra del Almirante Brown. El “Itaparica” se denominó “Ituzaingó”, el “Escudiero” se convirtió en el “Patagones” y la “Constanza “ pasó a llamarse Juncal”.
En la Iglesia Nuestra Señora del Carmen se conservan dos de las 7 banderas imperiales brasileñas que se conquistaron el 7 de marzo de 1827.

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lunes, 6 de marzo de 2017

UN UNIFORME QUE ATESORA UNA HISTORIA

El 19 de noviembre de 1812 el entonces Teniente Coronel José de San Martín le propuso al gobierno de turno su idea de confeccionar un uniforme para sus Granaderos. El plan fue aprobado y el uniforme se realizó a comodidad de los hombres que lo portarían. Hoy, y luego de 200 años, ese uniforme atesora el espíritu de los valientes granaderos que acompañaron al General San Martín en su heroica hazaña, más allá de que sus partes originales hayan sufrido modificaciones acordes al paso del tiempo. 
Corría el año 1812, cuando el entonces Teniente Coronel José de San Martín creó el Regimiento de Granaderos a Caballo. Lógicamente, los soldados que lo integraban necesitaban un uniforme que los identificara y protegiera a la hora de cumplir con su deber. Por ello, San Martín le propuso al gobierno, en ese entonces el Segundo Triunvirato, confeccionar dos uniformes para los hombres que tenía a su cargo, uno para usar en combate y otro más cómodo para las paradas. El plan fue aceptado y algunos meses después los uniformes estaban listos. 
En diálogo con Soldados Digital, la museóloga del Regimiento de Granaderos a Caballo “General San Martín”, la licenciada Carol Vitagliano nos cuenta: “El uniforme de combate estaba compuesto por el morrión -un casco alto confeccionado con suela negra, con un penacho verde, la escarapela nacional en el frente y la leyenda ‘Libertad y Gloria’ debajo de una granada de bronce, las carrilleras y las galápagos-, una chaquetilla azul con vivos carmesí y granadas de tela en los faldones, pantalón azul con franjas amarillas y botas altas de cuero negro”. 
El uniforme que hoy reconocemos como histórico es el que se usaba en el combate por aquel entonces. En éste, cada una de sus partes constitutivas había sido pensada para cuidar al Granadero durante alguna batalla. Carol nos detalla algunas de las piezas del uniforme que servían para resguardar al Granadero en todo momento. “Las carrilleras de bronce, por ejemplo, sostenían el morrión en el momento de la carga y al mismo tiempo protegían las mejillas del granadero. Igual función de protección pero para los hombros cumplían las charreteras, también de metal. Otra pieza particular del morrión eran las galápagos que originalmente se trataban de dos círculos de metal que estaban sujetas por medios de cordones del mismos material. Estas iban colocadas sólo del lado izquierdo porque ese era el lado más desprotegido, ya que una vez montado el jinete, sostenía con la mano derecha el sable y con la izquierda las riendas”, expresa la museóloga. 
Otro de los atributos del uniforme de los Granaderos era un corbatín de pana negra y un chaleco blanco que se usaba debajo de la casaca -que en aquella época sólo llevaba una fila de botones blancos-, en el faldón de esta última lucían granadas carmesí a cada lado. “Completaban el uniforme unas botas fuertes y altas de cuero negro que llevaban espuelas con pihuelo en ‘S’, correas de cuero y hebillas de metal. La bandolera de cuero blanco que sostenía la cartuchera o canana -valijín de cuero negro con una granada de metal en el frente donde se transportaban las municiones de los mosquetones- y asimismo el porta mosquetón también realizado en cuero teñido de color blanco. Por último, aggiornaba este uniforme el cuello y los vivos color grana. Hay que destacar también la presencia del cinto con la hebilla de la granada flamígera y las correas de las cuales pendía el sable granadero”, agregó Vitagliano. 
Cuando en el año 1903 se recrea la unidad, se decide que los Granaderos continúen usando su uniforme histórico de la Independencia, pero se debía adecuar a la época. Es por esa razón que, por ejemplo, el morrión pasó de ser de cuero a cartón entelado, también se le bajó la altura a la del quepi, que era el gorro de moda de la época, y se le colocó en el frente el escudo nacional. Las galápagos se realizaron al igual que los cordones con hilos de seda trenzados, que de acuerdo al color distingue el grado del Granadero que lo porta.
De todas maneras, hacia el año 1971, se decidió volver al tamaño del morrión de la primera época y se tomó como base el perteneciente a Manuel Escalada. Éste se encuentra en el Museo Histórico Nacional y tiene el mismo escudo en el frente que los usados actualmente. “Si bien el uniforme sigue ostentando todos sus elementos constitutivos originales, los materiales han cambiado ya que simbólicamente están representando su uso en el pasado”, finaliza la licenciada. 
Hoy y después de 200 años de la creación de este histórico uniforme, la esencia de los Granaderos que estuvieron al mando del Libertador sigue intacta. Es un uniforme que atesora entre sus telas una historia de coraje, valentía y, sobre todo, amor a la Patria. 
Fuente: Milagros Lugones para Diario Soldados Digital 2013.

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domingo, 5 de marzo de 2017

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL ANTONIO TABOADA

Nació en Santiago del Estero; se educó en una escuela primaria de Buenos Aires; en esta ciudad se inició en el mundo de los negocios pero como simpatizaba con los unitarios tuvo que emigrar a Montevideo en 1839; acompañó a Lavalle en su campaña unitaria en contra de Rosas en Entre Ríos y Córdoba; fue capturado en la batalla de Quebracho Herrado; estuvo prisionero en El Retiro, en Buenos Aires; en 1841 logró escapar y regresó a Montevideo; ocho años más tarde, se dirigió a Chile, donde estrechó vínculos con otros exiliados como Mitre, Sarmiento, Paunero y Gómez; volvió a Santiago del Estero y encabezó el movimiento en contra del caudillo Celedonio Gutiérrez, un partidario de Rosas que, luego de la caída de éste, seguía manteniendo el poder en Tucumán y que había invadido Santiago del Estero en 1853; Taboada lo derrotó en Los Laureles; fue el comandante militar de la frontera del Chaco y acompañó con éxito a la misión científica estadounidense que exploró el río Salado, pasando por la región chaqueña hacia Santa Fe; en 1859 el gobierno argentino lo condecoró por su actuación; durante los años que siguieron, le ofrecieron cargos políticos a nivel provincial y nacional pero rechazó algunos y en otros sólo se desempeñó por un corto lapso, prefiriendo dejar que sus hermanos en especial Manuel Taboada se ocuparan de la política mientras él se dedicaba al mando militar; durante la presidencia de Mitre, los Taboada, de ideas liberales, lo apoyaron políticamente y le ayudaron a restablecer el orden en el norte y noroeste; fue el general Taboada quien derrotó a Felipe Varela y a sus montoneros en Pozo de Vargas; por cuestiones políticas, Taboada tuvo que emigrar a Tucumán en 1875, y murió allí en la pobreza; hay un departamento en su provincia natal que lleva el nombre de General Taboada.
 
 
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sábado, 4 de marzo de 2017

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL BRIGADIER GENERAL MARTÍN RODRIGUEZ

Martín Rodríguez nació en la ciudad de Buenos Aires el 4 de Julio de 1771.

Criollo, Sus padres también eran argentinos, Don Fermín Rodríguez, Capitán con grado de Mayor, que murió desempeñando funciones de Comandante en Chascomús y Doña Thadea Rodríguez de buena posición económica.
Cursó Estudios en el Célebre colegio de San Carlos y luego se dedicó a tareas rurales en las vastas extensiones que su padre poseía en la Provincia de Buenos Aires.
Sus primeras apariciones públicas fueron con motivo de las invasiones inglesas de 1806 y 1807, año en que Liniers le otorgó el cargo de Teniente Coronel de Húsares.
Colaboró con los hombres de Mayo y después de la revolución fue destinado con su cuerpo a Entre Ríos para colaborar con Manuel Belgrano; al poco tiempo debió regresar a Buenos Aires y se plegó al partido de Saavedra.
Tiempo después partió a Jujuy, dónde cumplió funciones administrativa en el ejercito del Norte para ofrecerse después como Militar.
Así fue como se incorporó a las filas del General Manuel Belgrano; intervino en la batalla de Salta, pero pronto regresó a Buenos aires, pues el 4 de Junio de 1812 fue designado Jefe de Estado Mayor General. Al año siguiente regresó a las provincias del norte, como Comandante de Dragones.
Cayó prisionero en Tejar (1815) pero luego se reincorpora al ejercito al efectuarse un canje con prisioneros españoles, Intervino así en la campaña del Alto Perú.
En el quinto aniversario de la revolución - 25 de Mayo de 1815 - fue ascendido al grado de Brigadier y su destino fue Charcas, dónde se le asigno el puesto de Presidente, cargo politico-administrativo, aunque siguió interviniendo en acciones militares.
Continuó con las órdenes implantadas por el General Rondeau y e interno con su cuerpo militar en la zona virtualmente ocupada por los Españoles y fue derrotado en la acción de Venta y Media.
En esta estación fue herido José María Paz que en sus memorias refiere con términos crudos a los desaciertos de la conducción de Rodríguez. Luego de soportar otra jornada aciaga en Cabeza del Buey, al regresar del Alto Perú, determinó que Rodríguez fuera sometido a una corte militar, pero resulto absuelto por las declaraciones favorables de testigos.
En 1819 se incorporó a las tropas de Frontera y el 28 de setiembre de 1820 fue nombrado gobernador interino, apoyado por Juan Manuel de Rosas, designación que desató resistencias y rebelión armada que fue sofocada. El 13 de marzo del año siguiente fue nombrado Gobernador Propietario.
Poco tiempo después, Rosas rompió con Rodríguez por la cuestión de los indios Pampas, a los cuáles defendía, señalando que por los rumbos que conozco me afirmó que no son Pampas sino Ranqueles, quienes han invadido y robado nuestra Frontera.
Martín Rodríguez fundó el Fuerte Independencia aquí en Tandil el 4 de Abril de 1823 y realizó, a fines de este año un intento frustrado por hacer lo mismo en Bahía Blanca.
En 1824 culmina su gestión en la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires y lo sucede el General Gregorio Las Heras; en 1826 solicita la baja militar.
Rodríguez fue designado el 30 de Marzo de 1829 por Lavalle Comandante General de Armas y luego Ministro de Guerra, asumiendo la gobernación como Delegado el 4 de Mayo. Permanece en esta situación hasta el 26 de Junio en que hizo entrega del mando a Lavalle quién regresa a su ciudad derrotado.
En ese breve lapso firmó el decreto creando la Gobernación de las Islas Malvinas.
Durante el Gobierno de Rosas, Martín Rodríguez se exilió en Montevideo, dónde tuvo algunas intervenciones.
Murió pobre y olvidado. Nunca aceptó dinero de extranjeros o de sus compatriotas.
Casi ciego dictó sus memorias, que quedaron incompletas, lo sorprendió la muerte. dejando de existir el 5 de Marzo de 1845 a los 73 años .
El Coronel José Garibaldi fue uno de los cinco hombres y compañeros que condujeron a pulso el cadáver hasta la iglesia matriz en Montevideo. sus restos fueron repatriados el 15 de julio de 1891 y se encuentran actualmente en el cementerio porteño de la Recoleta.

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viernes, 3 de marzo de 2017

ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DEL REGIMIENTO DE INFANTERÍA DE MONTE 9 "CORONEL PAGOLA"

Fue creado por decreto del Director Posadas el 3 de marzo de 1814, e inmediatamente pasé a completar su organización en el Campamento Militar del Cerrito, frente a Montevideo, al mando de su primer jefe, el Teniente Coronel D Vicente Pagola.
Incorporado al Ejército sitiador de Montevideo, asistió a los distintos combates que a diario sostenían ambos bandos en proximidades de la plaza, hasta la rendición de la misma, el 20 de junio de 1814.
Fue premiado por estas acciones con la medalla por la rendición de Montevideo y el título de Benemérito en grado heroico por la rendición de Montevideo, mereciendo del Comandante del Ejército, General Alvear, el calificativo de "brillante y bravo Regimiento'".
Terminada la campaña de Oriente, regresa a Buenos Aires, donde es remontado y completada su organización a 2 batallones.
En setiembre del mismo año fue destinado a reforzar al Ejército del Norte y en su honor compuso Esteban de Lucca la poesía "Despedida al Regimiento Nueve".
Llega a Tucumán a, fines de 1814, contando con 700 plazas en 2 batallones, y asiste a la tercera campaña del Alto Perú, hallándose en la batalla de Sipe-Sipe del 27 al 29 de noviembre de 1815.
La posición ocupada por los patriotas en unas lomas que dominaban el llano era ventajosa, a la que se agregaba el dominio que podía ejercer sobre la desembocadura de una quebrada áspera y estrecha, camino obligado para salir al valle: la quebrada de Matacruces.
El 9 de Línea, en unión de otras fuerzas, fue encargado de defender la desembocadura de la quebrada, consiguiendo rechazar al enemigo el día 27, en su intento de forzar el paso. El 28 lo intentó de nuevo y consiguió dominar una altura situada sobre la derecha patriota, que se reputaba inaccesible por su escabrosidad, hecho que obligó la retirada de las fuerzas de ese costado. "El 7 y el 9 –dice el parte de la batalla– empezaron ese movimiento retrógrado a paso regular, con orden y serenidad".
En la madrugada del día 29, dice el General Paz. en sus memorias, el enemigo empezó a correrse por su flanco izquierdo y continuando ese movimiento de flanco, circulante, vino a quedar formado sobre nuestra derecha. El General Rondeau se vio precisado a un cambio de frente, para lo cual le fue forzoso descender de la elevada posición que ocupaba, extendiendo sus dos alas a ambos lados de la loma en que había tendido su línea.
Al 9 de línea le tocó formar sobre el ala derecha del dispositivo de combate, lugar en el que recibe bizarramente el ataque a fondo de las fuerzas adversarias, que lo hacen retroceder. Reacciona y vuelve a la lucha con empuje magnífico, carga a la bayoneta y se estrella contra el formidable muro de la infantería realista, donde es despedazado. En ese rnonento se ordenó el despliegue general y los bizarros despojos del heroico regimiento abandonaron el campo de batalla.
Producida la retirada del ejército patriota después de Sipe-Sipe, el Regimiento 9 volvió a Tucumán, donde fue reorganizado y remontado, quedando constituido en un batallón,. a órdenes del Teniente Coronel Domínguez.
En el año 1817, el General Belgrano, a la sazón comandante del ejército del Norte o del Perú, como se le llamaba, decide enviar una expedición para efectuar una diversión en la retaguardia realista, a órdenes del entonces Teniente Coronel Lamadrid. En dicha expedición forma parte la 3ra Compañía del Regimiento 9, a órdenes del Capitán Manuel Segovia, junto con otras fracciones de tropas.
El objeto de la expedición era amenazar la retaguardia del ejército realista, que en ese entonces ocupaba Jujuy, y cortar sus comunicaciones con el Alto Perú, que constituía su base. Debía coadyuvar de esta manera a las operaciones emprendidas por los gauchos de Güemes.Esta incursión, que operó a más de 200 leguas de la base de operaciones del cornando patriota, cumplió plenamente con su objetivo por la audacia con que llevó a cabo su cometido, por la rapidez de sus movimientos y la continua intranquilidad en que puso a las fuerzas realistas. En las acciones de Yaví, Cangrejillos, Tarija, Cachimayo, Chuquisaca, Abra de las Carretas, Supachuy y Pomabamba, los soldados patriotas lucharon con denuedo y pusieron de manifiesto el más brillante y alto combatiente.
El regimiento permanece en Tucumán hasta el año 1819, en que el Ejército del Norte es llamado por el Gobierno Central para sofocar la insurrección que asola las provincias del litoral y salvar al país del caos. Marcha el regimiento sobre Santa Fe, pero al alcanzar la posta de Arequito se produce la penosa, sublevación de 1820. El Regimiento 9, que inicialmente se mantuvo leal, marcha posteriormente a Córdoba con el General Bustos, donde permanece perdiendo su carácter de unidad del Ejército Nacional para transformarse en una unidad provincial, desapareciendo finalmente en la batalla de San Roque en el año 1829.
Vuelve a crearse en 1862 y poco después es transformado en una unidad de caballería, desapareciendo nuevamente.
Se crea por tercera vez en 1865, cuando el país tiene que hacer frente a un nuevo compromiso: la guerra del Paraguay.
Se une el Regimiento 9 al ejército de operaciones en el Paraguay, formando parte de la 8va Brigada y la 2da División del segundo cuerpo del Ejército Argentino.
Asiste a la batalla de Tuyuti el 24 de mayo de 1866, al mando del mayor Joaquín Lora. Tuyuti fue la batalla más importante, por el número de fuerzas que intervinieron en ella, de las que se libraron durante la guerra del Paraguay. En la mañana del día mencionado, 24.000 paraguayos se lanzaron sorpresivamente sobre las líneas aliadas, pretendiendo envolverla por ambos flancos.
En el dispositivo del combate tocóle al R I 9 apoyar a la artillería de los comandantes Nelson, Maldones y Solá, que desplazados en batería, rompieron el fuego sobre los atacantes. Pero ella no quedó a salvo de la briosa arremetida paraguaya, la que, filtrándose entre los cuadros de¡ 4 y 6 de línea, arremetió a los cañones, pretendiendo llevarlos a lazo. Interviene la infantería y los atacantes, muchos de los cuales murieron sable en mano sobre los cañones argentinos, fueron totalmente exterminados. "El frente quedó cubierto como empedrado de hombres y caballos", según la descripción de un testigo presencial.
El 18 de julio asistió al combate de Boquerón, sirviendo de reserva el 2 de línea. En el asalto a las fortificaciones de Curupaytí, el 22 de setiembre, el 9 de línea formaba a la cabeza de la 41 columna de ataque, extrema derecha del dispositivo de la batalla. El general Emilio Mitre al referirse a la actuación de la 8va Brigada del 2do Cuerpo de la que formaba parte el 9 de Infantería, dice en el parte de batalla: "estos batallones tomaron la derecha de las fuerzas del 1er Cuerpo que ya coronaban la trinchera, batiéndose encarnizadamente a tiro de pistola. V. E. sabe los prodigios de inaudito valor que los cuerpos todos del ejército hicieron en esa jornada.Es, pues, inoficioso que el que firma haga de ellos los elogios tan justamente merecidos. Basta dejar establecido que, de los batallones del 2do Cuerpo que cargaron sobre la trinchera, han quedado en aptitud de combatir sólo una tercera parte de cada uno de ellos para probar el desmedro y la bravura de que se hallaban animados y dieron sangrienta prueba. Cuando a las 3 de la tarde próximamente ordenó V. E. la retirada, estos bizarros cuerpos se retiraron en el mayor orden posible, a pesar de estar ya muertos o heridos sus jefes y oficiales".Por sus méritos en la Campañía del Paraguay, mereció las siguientes distinciones: "Cordón de Tuyutí", "Escudo de Curupaytí", "Medalla por la campaña del Paraguay"(argentina),"Medalla por la campaña del Paraguay"(brasileña) y "Medalla por la campaña del Paraguay"(uruguaya).
En 1868, el 9 de línea retorna a Corrientes para sofocar una sublevación ocurrida en la provincia. Esta expedición, a órdenes del General Emilio Mitre, no dio lugar a ninguna acción de guerra, y cumplido su objeto vuelven las tropas que en ella participaron al Paraguay.Producida la primera insurrección de Entre Ríos, encabezada por Ricardo López Jordán, le toca al 9 de Infantería formar parte del Ejército de Observación del Uruguay, a órdenes del General Emilio Mitre, participando en toda esta activa campaña.
Continúa, después de sofocada esta primera insurrección de guarnición en Entre Ríos, y participa en la 2,1 campaña de Entre Ríos, cuando ésta se subleva por segunda vez, nuevamente acaudillada por López Jordán. Participa en el combate de Concordia, en que las fuerzas jordanistas son rechazadas.
Sofocada la segunda insurrección entrerriana, se desempeña el 9 de Infantería en diversas guarniciones de paz, en el interior de la República, y forma en el ejército del General Roca, que bate, el 6 de diciembre de 1874, a los rebeldes que encabezaba el General Arredondo, en la batalla de Santa Rosa.
Pasa a la frontera del Chaco en 1878, donde permanece en distintas guarniciones hasta 1889, tornando parte en los distintos hechos de armas que jalonaron su conquista, especialmente en la campaña de 1884, en la cual ocupa la línea del río Bermejo hasta Puerto Bermejo.
El resultado de esta campaña fue dejar definitiva y sólidamente establecida la línea militar sobre el río Bermejo, en una extensión de 387 kilómetros, desapareciendo las fronteras internas que la actividad belicosa de los indios obligaba a mantener.
En 1893, el Regimiento se traslada a Tucumán, a órdenes del General Bosch, para sofocar la sublevación que había tenido lugar en esa ciudad, tomando parte en el ataque a la Penitenciaría, el 25 de setiembre de 1893.
Desde esa fecha hasta el presente se desempeñó en guarniciones de distintos puntos del país, haciéndolo en Corrientes desde el año 1912.
Más de medio siglo de guarnición ha formado una sola identidad con la provincia correntina.
La obra del Regimiento ha sido realizada silenciosamente, impulsando el desarrollo regional con sus ideas y su presencia, contribuyendo así a cimentar los nobles sentimientos del ciudadano argentino, aparte de su intensa labor especifica de perfeccionamiento técnico profesional.
A partir de 1968, el Regimiento de Infantería 9 "Cnl PAGOLA" continuo desarrollando desde su asiento de paz en la ciudad de Corrientes, las tareas y actividades derivadas del cumplimiento de su misión.
En 1976, por resolución de] Sr Cte J Ej (le fecha 15 de febrero, se le otorga el carácter de regimiento histórico y, posteriormente, el 25 del mismo mes, se la designa con el nombre de Cnl Pagola en memoria de quien fuera su primer jefe.
En 1982. efectivos del R19 a órdenes de su Jefe el Tcnl D Abelardo de la Vega, fueron desplazados a la ciudad de Río Gallegos -Provincia de Santa Cruz- en el marco de las operaciones derivadas del conflicto con el Reino Unido. Durante el corriente año -1994- oficiales y - suboficiales del regimiento, al igual que en el resto del Ejército, participan en las Operaciones para el mantenimiento de la paz que se desarrollan en Croacia, Kuwait y Chipre.
Fuente: www.infanteria.ejercito.mil.ar

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jueves, 2 de marzo de 2017

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL GENERAL RUDESINDO ALVARADO

Participó, a las órdenes del General Belgrano, en las batallas de Tucuman, Salta, Sipe Sipe. Formó parte del Ejercito de los Andes que liberó Chile y Perú al mando del General Josè de San Martín. Fue comandante del Regimiento de Granaderos a Caballo.
Fue Gobernador militar interino de la Provincia de Mendoza entre septiembre y octubre de 1829.
Hijo del comerciante español Juan Francisco de Alvarado y de Luisa Pastora Toledo y Pimentel de Alba, de ascendencia noble, se educó en su ciudad natal. Estudió derecho en la Universidad de Córdoba, debió abandonar demasiado pronto por la muerte de su padre que lo puso al frente del hogar debiendo convertirse en comerciante en defensa de la integridad familiar pero a la muerte de su padre se dedicó al comercio. Con ese motivo viajaba continuamente a Buenos Aires procurando afianzar el comercio heredado, razón por la que se encontró allí en la semana de mayo de 1810.
Estaba en Buenos Aires cuando se produjo la Revolución de Mayo. Se unió al Ejército del Norte, pero no hizo la primera campaña al Alto Peru. Al conocerse la derrota de Huaqui, protegió la ciudad de Orán. Se unió a las fuerzas del General Manuel Belgrano que iniciaron el "éxodo jujeño", combatiendo en Las Piedras, Tucumán, Salta, Vilcapugio y Ayohuma. Hizo también la tercera campaña al Alto Perú al mando de Rondeau, luchando en Puesto del Marqués, Venta y Media y Sipe Sipe.
Cuando el ex jefe del Ejército del Norte, General José de San Martín, inició la formación del Ejército de los Andes, Alvarado se trasladó a Mendoza, donde fue ascendido a jefe del Batallón de Cazadores de los Andes. Formando parte de la división del General Juan Gregorio Las Heras, cruzó la Cordillera y luchó en Chacabuco. Después de esta batalla marchó hacia el sur de Chile, participando en las batallas de Curapaligüe, Gavilán, Concepción y Talcahuano.
De regreso hacia el norte, luchó en la derrota de Cancha Rayada y en la victoria definitiva de Maipú, el 5 de abril de 1818, como comandante del ala izquierda de caballería. Chile quedaba libre de realistas (salvo Valdivia y Chiloé). Fue ascendido a coronel.
San Martín lo envió con gran parte del Ejército de los Andes a Mendoza, pero cuando comenzó la revolución federal en San Juan, logró pasar con parte del mismo a Chile. Se unió a la campaña al Perú como jefe del Regimiento de Granaderos a Caballo. Participó en las negociaciones con el Virrey Pezuela y fue de los primeros en entrar en la ciudad de Lima. Fue jefe de estado mayor del ejército peruano.
A mediados de 1822, San Martín renunciaba y abandonaba el Perú. Pero antes de retirarse nombró a Alvarado Gran Mariscal del Perú y jefe de todas las fuerzas argentinas. Y le encargó hacer una campaña a los "puertos intermedios", es decir, del sur del Perú y del norte de Chile, para tomar la ciudad de Arequipa y tener dos flancos desde donde atacar a los realistas del Cuzco. A pesar de contar con una fuerza de cinco mil hombres, la campaña pronto se convirtió en un desastre. En dos días sufrieron dos derrotas en Torata y en Moquegua. El ejército se reembarcó en Ilo, puerto de Arequipa; varias cargas de la caballería del Coronel Juan Galo de Lavalle los salvaron de ser capturados, pero algunos de sus barcos se hundieron al regreso.
Fue nombrado gobernador de la guarnición de El Callao, pero ésta se sublevó y se pasó a los realistas. Fue tomado prisionero y trasladado a La Paz, pero al llegar la noticia de Ayacucho, sus propios carceleros lo liberaron.
Volvió a Buenos Aires y fue nombrado Inspector General de Armas. Se unió al ejército que llevaba la Campaña del Brasil, pero no participó de ésta.
En 1828 regresó a Chile a cobrar sus sueldos atrasados. De regreso, de paso por Mendoza, estalló allí una revolución de inspiración unitaria, dirigida por Juan Agustin Moyano. Éste lo nombró gobernador en agosto de 1829, pero era Moyano el verdadero jefe de la provincia. Pero el General Felix Aldao regresó y puso sitio a la ciudad; Alvarado negoció con el caudillo y firmó un tratado de paz, pero Moyano se preparó para resistir. Aldao lo derrotó el 22 de septiembre en Pilar y tomó prisionero a Alvarado. Pero mientras fusilaba a varios oficiales en venganza por la muerte de su hermano, muerto mientras negociaba la paz, lo dejó en libertad poco más tarde y le dio un pasaporte para que pudiera ir a Salta.
El Gobernador de Salta, Juan Ignacio Gorriti, lo envió a firmar la adhesión de Salta a la Liga del Interior con el General Paz. Éste, a su vez, lo envió a entablar negociaciones con el gobernador santafecino Etanislao López.
De regreso en Salta fue elegido gobernador por el Partido Unitario. Pero pronto se produjo la captura de Paz en Córdoba y la retirada del General Lamadrid a Tucumán. Éste pidió ayuda a Alvarado, pero éste se negó a ayudarlo en la batalla de La Ciudadela; que resultó una derrota Unitaria frente a Facundo Quiroga. Éste invadió el sudeste de la provincia, provocando la renuncia de Alvarado en diciembre de 1831.
Tras un breve exilio en Bolivia, regresó a Salta, donde no fue molestado. Colaboró con su pariente Roque Alvarado, gobernador de Jujuy durante los enfrentamientos con Juan Manuel de Rosas, lo que le valió un nuevo destierro. Éste fue más largo, pero estaba de regreso en Salta en 1848.
En 1852, poco después de Caseros, fue electo diputado al Congreso Constituyente de Santa Fe; pero no pudo viajar por estar enfermo. El presidente Urquiza lo nombró ministro de guerra.
En abril de 1855 fue electo gobernador de la provincia de Salta. Tuvo una gobernación turbulenta, mezclándose en las luchas internas en la provincia de Tucumán. Renunció al fracasar en esa empresa, en octubre de 1855. Siendo sucedido por Manuel Puch. Su gobierno había sido bastante estéril en realizaciones, aunque pudo crear y organizar algunas escuelas.
No participó en las guerras civiles de la década del 60, ni en ninguna actividad política después de su última gobernación. Murió en junio de 1872, con 80 años de edad.

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