sábado, 9 de marzo de 2019

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE TACUARÍ

El 9 de marzo de 1811 se produce la Batalla de Tacuarí. Tropas argentinas al mando del General Belgrano, que permanecían en la Provincia del Paraguay después de la derrota de Paraguary, combaten contra el ejército realista comandado por el General Cabañas. La disposición de los argentinos, dispuestos a morir antes que a rendirse, hizo que se les ofreciera una capitulación honrosa exigiéndoseles que se retiraran del Paraguay con sus armas y bagajes.
Al estallar la Revolucion de Mayo en Buenos Aires, la Primera Junta de Gobierno invitó a las demás ciudades y provincias del mismo a unirse a la Revolución. Pero todo gesto en el sentido de conservar los gobiernos anteriores a la Revolución fue interpretado como hostil; en consecuencia, se ordenaron dos campañas militares para combatir a la resistencia, uno al Alto Perú y otro al Paraguay, cuyo gobernador español, Bernardo de Velasco, se había negado a reconocer a la Junta y había recibido el apoyo del Cabildo de Asuncion. Al mando de la campaña al Paraguay fue puesto Manuel Belgrano, miembro de la Junta que llevaba apenas 700 hombres, la mitad de ellos sin experiencia militar. No obstante, la prudente estrategia de Velasco lo llevó hasta Paraguarí, cerca de Asunción, donde logró derrotarlo con relativa facilidad.
Obligado a retroceder, Belgrano se dirigió hasta el río Tebicuary, donde se le unieron 400 hombres de las milicias guaraníes de Yapeyú y algunas compañías del Regimiento de Caballería de la Patria (ex Blandengues). Según anota en sus Memorias, los paraguayos no lo persiguieron, y así pudo continuar su retirada hasta el poblado de Santa Rosa. Allí recibió noticias de que se agravaba la situación en la Banda Oriental, por lo cual la Junta le ordenaba concluir pronto la campaña de Paraguay para atender al nuevo teatro de operaciones. A su vez, Belgrano pidió refuerzos y decidió detener la retirada en el río Tacuarí y resistir allí. Confiaba en poder mantener esa posición, siempre que Buenos Aires le mandara los refuerzos pedidos.La ayuda enviada por la Junta fue una pequeña escuadra naval para remontar el río Paraná y auxiliar a Belgrano. Pero esta flotilla, compuesta de tres pequeños buques mandados por Juan B. Azopardo fue vencida el 2 de marzo frente a San Nicolás. De modo que Belgrano quedó solo.
Los paraguayos avanzaron detrás de Belgrano, esperando que éste se retirara sin combatir después del desastre sufrido en Paraguarí. La vanguardia estaba al mando de Fulgencio Yegros y el grueso de las tropas al mando del general Manuel Cabañas, sumando en total unos 2.000 hombres, a los cuales se sumó un refuerzo de tres piezas de artillería y 400 soldados más.

Operaciones militares en territorio paraguayo (diciembre 1810-marzo 1811)

Velazco había comunicado por carta a Cabañas el 29 de enero:

“Expulsarlos a la otra Banda del Paraná o más allá debe proporcionarnos la vía de comunicación con Montevideo y Portugal”

Las fuerzas paraguayas que formaban la división al mando de Cabañas totalizaban 1.400 hombres y 10 piezas de artillería. Cabañas comandaba directamente 1.000 hombres que se conformaban por un destacamento al mando del comandante Blas José de Rojas, 200 hombres de Villarrica que contaban con 7 piezas de artillería, la vanguardia al mando del comandante Fulgencio Yegros con 2 escuadrones de caballería (milicias urbanas de la Cordillera, Villarrica, Villa Real de Concepción y Caazapá) y 5 compañías de infantería (las 4 primeras llamadas de cuarteleros) al mando de: capitán Pedro Juan Caballero, capitán Antonio Tomás Yegros, comandante García, comandante José Mariano Recalde y sub teniente Pedro Pablo Miers, respectivamente. Estas fuerzas se completaban con 400 hombres al mando del comandante Juan Manuel Gamarra con tres piezas de artillería. La artillería estaba al mando del comandante Pascual Urdapilleta.

En la mañana del 7 de marzo se produjo la concentración de las tropas paraguayas con la llegada de las fuerzas de Gamarra a la margen derecha del río Tacuary. Cabañas escribió ese día a Velazco:

“(...) estoy resuelto desde mañana a comenzar mis hostilidades al enemigo y no darle cuartel hasta el sábado en que pienso meterlo dentro de tres fuegos (...) [el plan] es pasar por un puente (...) cuatro piezas de artillería y mil hombres y atacarlos de improviso si es posible de aquella parte y enfrente (...) [apoyados] los fuegos de la falúa y dos botes que tengo apostados en la boca del Tacuary.”

El 8 de marzo se terminó de construir un puente sobre el río y comenzaron a pasar las tropas paraguayas. El 9 de marzo, los paraguayos atacaron de frente la posición de las fuerzas de Belgrano. Éste se hizo fuerte detrás del río Tacuarí, obligando a las fuerzas de Cabañas a salvar el río bajo fuego enemigo. Pero Cabañas dejó sólo una parte de sus fuerzas, incluida toda la artillería, en esa posición, y avanzó por una picada a través de la selva. Por una senda abierta especialmente para esta operación, Cabañas atacó de costado al ejército porteño. El coronel Machain se desplazó hacia el costado para repelerlo, pero fue rodeado por la caballería paraguaya y obligado a rendirse. Entonces Belgrano dejó apenas unos pocos hombres en su posición defensiva y marchó en ayuda de Machain. Al mando de los defensores del paso del río quedó el mayor Celestino Vidal, que quedó casi ciego por un cañonazo. Aun así logró derrotar a los atacantes, usando como lazarillo a un niño, tambor del ejército. Éste siguió tocando, animando a los soldados y transmitiendo las órdenes de su jefe, hasta que fue alcanzado por el fuego enemigo y cayó muerto. El llamado Tambor de Tacuarí, de nombre Antonio Ríos, se convertiría con el tiempo en leyenda militar de la Argentina.
Belgrano se negó a rendirse ante el requerimiento de Cabañas, y se mantuvo en una firme resistencia, que obligó a los paraguayos a detener su avance. Rápidamente, Belgrano retrocedió con lo que quedaba de su ejército hasta una loma cercana. Desde allí envió una comunicación a Cabañas, en que le decía que:

"las armas de Buenos Aires han venido a auxiliar y no a conquistar al Paraguay. Pero, puesto que rechazan con la fuerza a sus libertadores, he resuelto evacuar la provincia, repasando el Paraná con el Ejército de mi mando…"
http://www.facebook.com/EJERCITO.NACIONAL.ARG

viernes, 8 de marzo de 2019

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Hacemos llegar nuestros más cálidos augurios a todas las mujeres que, en su lucha diaria, dan prueba cabal de su integridad y saludamos muy especialmente a las integrantes del Ejército (oficiales, suboficiales, soldados y civiles), que contribuyen cotidianamente al cumplimiento de una indispensable misión de servicio.

LA SARGENTO MAYOR MARÍA REMEDIOS DEL VALLE ROSAS
Porteña de nacimiento, pertenecía a la raza negra, pues en informes sobre sus servicios militares se expresa que era “parda”. Acompañando a su esposo, a un hijo propio y a otro adoptivo, marchó el 6 de julio de 1810 con el Ejército Auxiliar, al abrir la campaña sobre las provincias interiores. Se halló en todos los hechos de armas en que se encontró aquel Ejército, habiendo marchado en la división del comandante Bernardo de Anzoátegui, con la cual llegó hasta la villa de Potosí en diciembre de 1810. Se encontró en el desastre del Desaguadero, el 20 de junio e 1811 y en el retroceso que siguió a esta derrota, María Remedios del Valle Rosas marchó primera con la mencionada división de Anzoátegui y siguió después desde Potosí, a las órdenes del teniente coronel Bolaños hasta llegar a Jujuy. Asistió a las jornadas de Tucumán, Salta, Vilcapugio y Ayohuma, y en esta última acción de guerra cayó herida de bala, quedando prisionera de los españoles, según afirma el coronel Hipólito Videla en un informe fechado en Buenos Aires, el 17 de enero de 1827, el que va agregado al expediente iniciado por la causante el 23 de octubre de 1826, y en el que dice:
“Doña María Remedios del Valle, capitana del Ejército, a V. S. debidamente expone: Que desde el primer grito de la Revolución tiene el honor de haber sostenido la justa causa de la Independencia, de una de aquellas maneras que suelen servir de admiración a la Historia de los Pueblos. Si Señor Inspector, aunque aparezca envanecida presuntuosamente la que representa, ella no exagera a la Patria sus servicios, sino a que se refiere con su acostumbrado natural carácter lo que ha padecido por contribuir al logro de la independencia de su patrio suelo que felizmente disfruta. Si los primeros opresores del suelo americano aún miran con un terror respetuoso los nombres de Caupolicán y Galvarino, los disputadores de nuestros derechos por someternos al estrecho círculo de esclavitud en que nos sumergieron sus padres, quizá recordarán el nombre de la Capitana patriota María de los Remedios para admirar su firmeza de alma, su amor patrio y su obstinación en la salvación y libertad americana; aquellos al hacerlo aún se irritarán de mi constancia y me aplicarían nuevos suplicios, pero no inventarían el del olvido para hacerme expirar de hambre como lo ha hecho conmigo el Pueblo por quien tanto he padecido. Y ¿con quién lo hace?; con quien por alimentar a los jefes, oficiales y tropa que se hallaban prisioneros por los realistas, por conservarlos, aliviarlos y aún proporcionarles la fuga a muchos, fue sentenciada por los caudillos enemigos Pezuela, Ramírez y Tacón, a ser azotada públicamente por nueve días; con quien, por conducir correspondencia e influir a tomar las armas contra los opresores americanos, y batídose con ellos, ha estado siete veces en capilla; con quien por su arrojo, denuedo y resolución con las armas en la mano, y sin ellas, ha recibido seis heridas de bala, todas graves; con quien ha perdido en campaña, disputando la salvación de su Patria, su hijo propio, otro adoptivo y su esposo!!!; con quien mientras fue útil logró verse enrolada en el Estado Mayor del Ejército Auxiliar del Perú como capitana, con sueldo, según se daba a los demás asistentes y demás consideraciones debida a su empleo. Ya no es útil y ha quedado abandonada sin subsistencia, sin salud, sin amparo y mendigando. La que representa ha hecho toda la campaña del Alto Perú; ella tiene un derecho a la gratitud argentina, y es ahora que lo reclama por su infelicidad”. Dicha solicitud está firmada por Manuel Rico a ruego de la suplicante.
María Remedios del Valle Rosas servía en los hospitales y animaba en las líneas, aún en el acto de la lucha, y por esta causa recibió las varias heridas que menciona.
Después de una larga gestión, en la cual la heroína solicitaba se le abonasen seis mil pesos “para acabar su vida cansada”, como compensación de sus servicios y la pérdida de su esposo, su hijo y su entenado, el 24 de marzo de 1827 el Ministro de la Guerra, general Fernández de la Cruz, decretó que la peticionante se dirigiese al Congreso, por no estar “en las facultades del Gobierno el conceder gracia alguna que importe erogación al Erario”.
Cuenta Carlos Ibarguren, que años después de la Independencia, una anciana encorvada, desdentada, frecuentaba los atrios de San Francisco, Santo Domingo y San Ignacio. Se la veía también en la Plaza de la Victoria ofreciendo pastelitos o tortas fritas, o en ocasiones mendigando por el amor de Dios.
Llegaba de lejos, de la zona donde comenzaban las quintas, por donde tenía un rancho; para asegurarse las sobras de los conventos de las que se alimentaba.
Sin saber porqué, la llamaban “la capitana” y cuando la anciana mostraba sus brazos zurcidos por cicatrices, y contaba que las había recibido en la guerra por la Independencia los que la oían sentían compasión por su senectud y locura.
Así trascurrían inviernos y veranos, hasta que cierto día el general Viamonte, que había sido compañero de armas de Remedios, topó con la anciana.
- Pero si es “la capitana”, “la madre de la Patria”, la misma que nos acompañó al Alto Perú- Se dijo.
La mendiga le contó cuantas veces había golpeado a su puerta en busca de socorro y, como en cada ocasión la habían espantado por pordiosera.
Viamonte, como diputado, solicitó para ella una pensión por sus servicios en la guerra emancipadora.
María Remedios del Valle Rosas se dirigió más tarde a la Legislatura cuya Comisión de Peticiones se expidió el 1º de octubre de 1827, aconsejando el siguiente proyecto de decreto:
“Por ahora y desde esta fecha la suplicante gozará del sueldo de Capitán de Infantería, y devuélvase el expediente para que ocurriendo al P. E. tenga esta resolución su debido cumplimiento”.
No obstante esto, el expediente estuvo estancado hasta el año siguiente, en que el general Viamonte (que fue uno de los cuatro generales que informan el expediente existente en la Contaduría General: Díaz Vélez, Pueyrredón, Rodríguez y Viamonte, y coroneles Hipólito Videla, Manuel Ramírez y Bernardo de Anzoátegui consiguió que se llevara a consideración de la Legislatura en la sesión del 18 de julio de 1828, en la que habiendo objetado algunos diputados la solicitud, el general Viamonte la defendió en los términos siguientes:
“Yo no hubiera tomado la palabra porque me cuesta mucho trabajo hablar, si no hubiera visto que se echan de menos documentos y datos. Yo conocí a esta mujer en la campaña del Alto Perú y la conozco aquí; ella pide ahora limosna… Esta mujer es realmente una benemérita. Ella ha seguido al ejército de la patria desde el año 1810. No hay acción en que no se haya encontrado en el Perú. Era conocida desde el primer general hasta el último oficial en todo el ejército. Ella es bien digna de ser atendida porque presenta su cuerpo lleno de heridas de balas, y lleno además de cicatrices de azotes recibidos de los españoles enemigos, y no se le debe dejar pedir limosna como lo hace”.
Posteriormente tomó la palabra Tomas de Anchorena, quien expresó: “Yo me hallaba de secretario del general Belgrano cuando esta mujer estaba en el ejército, y no había acción en la que ella pudiera tomar parte que no la tomase, y en unos términos que podía ponerse en competencia con el soldado más valiente; era la admiración del General, de los oficiales y de todos cuantos acompañaban al ejército. Ella en medio de ese valor tenía una virtud a toda prueba y presentaré un hecho que la manifiesta: El General Belgrano, creo que ha sido el general más riguroso, no permitió que siguiese ninguna mujer al ejercito; y esta María Remedios del Valle era la única que tenía facultad para seguirlo”…. “Ella era el paño de lágrimas, sin el menor interés de jefes y oficiales. Yo los he oído a todos a voz pública, hacer elogios de esta mujer por esa oficiosidad y caridad con que cuidaba a los hombres en la desgracia y miseria en que quedaban después de una acción de guerra: sin piernas unos, y otros sin brazos, sin tener auxilios ni recursos para remediar sus dolencias. De esta clase era esta mujer. Sino me engaño el General Belgrano le dio el título de Capitán del Ejército. No tengo presente si fue en el Tucumán o en Salta, que después de esa sangrienta acción en que entre muertos y heridos quedaron 700 hombres sobre el campo, oí al mismo Belgrano ponderar la oficiosidad y el esmero de esta mujer en asistir a todos los heridos que ella podía socorrer… Una mujer tan singular como esta entre nosotros debe ser el objeto de la admiración de cada ciudadano, y a donde quiera que vaya debía ser recibida en brazos y auxiliada con preferencia a una general; porque véase cuanto se realza el mérito de esta mujer en su misma clase respecto a otra superior, porque precisamente esta misma calidad es la que más la recomienda”.
Después tomó la palabra el diputado Silveyra, y otros, en defensa de la heroína, acordándose la siguiente resolución:
“Se concede a la suplicante el sueldo correspondiente al grado de Capitán de Infantería, que se le abonará desde el 15 de marzo de 1827 en que inició su solicitud ante el Gobierno, y devuélvasele el expediente para que ocurriendo al Poder Ejecutivo tenga esta resolución su debido cumplimiento”.
El 28 de julio de 1828 el expediente fue pasado a la Contaduría General a sus efectos. El 21 de noviembre de 1829 fue ascendida a “sargenta mayor de caballería”. El 29 de enero de 1830 fue incluida en la Plana Mayor del Cuerpo de Inválidos con el sueldo íntegro de su clase, listas en las cuales figura “con sueldo íntegro”, menos de enero a abril de 1832 y desde el 16 de abril de 1833 hasta el 16 de abril de 1835, en que tiene la nota “con sueldo doble”.
En el famoso decreto del 16 de abril de 1835 (en el párrafo final del mismo que no fue publicado, pero que existe en el decreto original), Juan Manuel de Rosas la destinó a la Plana Mayor Activa con su jerarquía de sargento mayor, situación de revista que mantuvo, y en las listas de noviembre de 1836 figura con el nombre de Remedios Rosas, que conserva aún en las listas del 28 de octubre de 1847 y con el sueldo de 216 pesos. En las listas del 8 de noviembre de 1847 hay una nota que dice: “Baja”. El mayor de caballería Dña. Remedios Rosas falleció”.
Fuentes: Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1939).

http://www.fotolog.com/ejercitonacional

http://www.facebook.com/EJERCITO.NACIONAL.ARG

jueves, 7 de marzo de 2019

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE CARMEN DE PATAGONES

El día 7 de marzo de 1827 se produce la derrota brasileña en Carmen de Patagones. Los coroneles Santiago J. Bynnon y Martín Lacarra rechazan el ataque de una flotilla brasileña de cuatro buques, los que habían desembarcado previamente unos 600 hombres. Los buques fueron capturados y las tropas de tierra rendidas.

Para contrarrestar la abrumadora superioridad naval brasileña, las Provincias Unidas del Río de la Plata acudieron al recurso de entregar patentes de corso, con el fin de hostilizar el comercio y transporte imperiales por vía marítima. De esta forma, el fuerte de Carmen de Patagones se convirtió en un refugio seguro para los corsarios, donde podían desembarcar sus botines de guerra, reparar las naves, descansar y abastacerse de víveres.
Por este motivo el almirante brasileño Pinto Guedes esbozó un plan atacar el fuerte y tomar la ciudad, con el fin de escamentar a los corsarios y cesar sus ataques. Además esto permitiría la posibilidad de abrir un segundo frente para atacar a Buenos Aires desde el sur, dividiendo de esta forma a los ejércitos republicanos.

Con el fin de cumplir el objetivo de la toma del poblado, la Marina Imperial envió una división al mando del capitán de fragata inglés James Shepherd. Esta fuerza estaba compuesta por los siguientes buques:
La corbeta Duqueza de Goyas, al mando de Sheperd.
La corbeta Itaparica, al mando de Guillermo Eyre.
El bergantín Escudeiro comandado por Luis Pouthier.
La goleta Constanza, al mando de Joaquin Marques Lisboa.
La fuerza estaba compuesta por un poco más de 600 hombres, de los cuales 250 no eran brasileños.
Al encontrarse Carmen de Patagones demasiado lejos del teatro principal de operaciones, no se disponía de tropas en buen número para defender la plaza. El comandante del fuerte Martin Lacarra contaba con un centenar de infantes, y consigió reclutar unos 80 hombres a caballo, en su mayoría gauchos, más los corsarios y un piquete de artillería de uno de los buques en reparación, elChacabuco. A esto se sumó luego un grupo de negros voluntarios y un escuadrón de vecinos. Además se proveyó a los pobladores de Patagones, la mayoría mujeres, con palos, gorros y vestimentas de milicianos, procurando simular una columna en retaguardia.

En cuanto a la flota, estaba compuesta por:
La sumaca Bella Flor, al mando de Santiago Jorge Bynnon
El bergantín Oriental Argentino, al mando del corsario francés Pedro Dautant.
Los balleneros corsarios Hijo de Mayo e Hijo de Julio, comandados por el inglés James Harris y el francés francisco Fourmantin, respectivamente.
Las goletas Emperatriz y Chiquita; éstas habían sido recientemente capturadas a los brasileros.
En total, el número de hombres embarcados era de 330, aproximadamente.
En la mañana del 28 de febrero de 1827, el bergantín Escudeiro ingresó al río Negro enarbolando otra bandera para engañar a los defensores. A la entrada del estuario se ubicaba una batería de 4 cañones al mando del coronel Felipe Pereyra, comenzando el intercambio de disparos. Luego de superar las defensas en la escaramuza, el Escudeiro franqueó la entrada, seguido por la corbeta Itaparica.
El 3 de marzo se perdió la Duqueza de Goyas, que había quedado varada días antes debido a la naturaleza del río y el gran calado de la nave. Esto produjo 38 bajas entre los invasores.
El 6 de marzo de 1827 los brasileños desembarcaron en la margen sur una partida de hombres y reclamaron carne fresca a un grupo explorador criollo, pero el juez de paz Fernando Alfaro dio órdenes de negarles apoyo.
Debido a las dificultades para navegar el río, el comandante brasileño decidió atacar Patagones por tierra. A la madrugada se produjo el desembarco general de las fuerzas brasileñas, alrededor de 350 hombres, con el objeto de marchar sobre la población para tomarla en forma definitiva.
La columna brasileña inició la marcha en la calurosa noche del día 7, debiéndolo hacer por terrenos arenosos y cubiertos de espesos matorrales espinosos, que obligaban a transportar a los oficiales sobre los hombres de sus soldados. Además tuvieron la dificultad adicional de no contar con un guía competente, lo que llevó a que la columna, compuesta por más de 400 efectivos, se extraviara durante la marcha, alejándose del río y las fuentes de agua. Este hecho, sumado al calor asfixiante y el terreno desértico, comenzó a minar las fuerzas y resistencia de los soldados imperiales.
Las fuerzas invasoras llegaron a las 6:30 al Cerro de la Caballada, completamente extenuados y sin haber podido beber agua por 24 horas, con el agravante de que el único alimento que pudieron consumir fue carne salada.
Los defensores, que desconocían la ubicación e intenciones de la columna imperial, descubrieron las huellas de la avanzada brasileña y aprestaron los preparativos para la defensa. En el Cerro de la Caballada las milicias republicanas conducidas por el Subteniente Sebastián Olivera y los gauchos del baqueano Jose Luis Molina los alcanzaron y presentaron batalla inmediatamente. Con los primeros disparos cayó muerto el comandante brasilero Shepherd, quien fue suplantado por Guillermo Eyre. Pronto se vieron rodeados por guerrillas que procedieron a cercar a los imperiales incendiando la vegetación, hecho que obligó a Eyre a ordenar la retirada hacia los navíos, sin advertir que los mismos ya se encontraban copados por los argentinos.
En efecto, la flotilla de naves corsarias al mando de Santiago Jorge Bynon abrió fuego sobre el Escudeiro, que resistió hasta el momento en que su esforzado capitán cayó mortalmente herido. Tomado ese buque, los argentinos atacaron la goleta Constanza, que se había separado del Escudeiro para unirse a la corbeta Itaparica, nave a la cual no se tardaría en reducir.
Ante la confirmación de la rendición de su escuadra, Eyre finalmente se rindió a Alfaro, quien fue elegido junto con otros hombres para llevar la noticia de la victoria a Buenos Aires.
Como resultado de los combates, quedaron en poder de los argentinos 3 buques, 28 cañones y numerosas armas. La tropa de desembarco perdió 40 de los suyos y se rindieron en las naves 10 oficiales y 306 hombres de tropa. En total, las fuerzas brasileras sufrieron 100 bajas y se tomaron 579 prisioneros, entre los cuales 200 británicos, que pasaron a engrosar las filas patriotas.
Los buques capturados fueron renombrados y pasaron a integrar la escuadra del Almirante Brown. El “Itaparica” se denominó “Ituzaingó”, el “Escudiero” se convirtió en el “Patagones” y la “Constanza “ pasó a llamarse Juncal”.
En la Iglesia Nuestra Señora del Carmen se conservan dos de las 7 banderas imperiales brasileñas que se conquistaron el 7 de marzo de 1827.

http://www.fotolog.com/ejercitonacional
http://www.facebook.com/EJERCITO.NACIONAL.ARG

miércoles, 6 de marzo de 2019

UN UNIFORME QUE ATESORA UNA HISTORIA

El 19 de noviembre de 1812 el entonces Teniente Coronel José de San Martín le propuso al gobierno de turno su idea de confeccionar un uniforme para sus Granaderos. El plan fue aprobado y el uniforme se realizó a comodidad de los hombres que lo portarían. Hoy, y luego de 200 años, ese uniforme atesora el espíritu de los valientes granaderos que acompañaron al General San Martín en su heroica hazaña, más allá de que sus partes originales hayan sufrido modificaciones acordes al paso del tiempo. 
Corría el año 1812, cuando el entonces Teniente Coronel José de San Martín creó el Regimiento de Granaderos a Caballo. Lógicamente, los soldados que lo integraban necesitaban un uniforme que los identificara y protegiera a la hora de cumplir con su deber. Por ello, San Martín le propuso al gobierno, en ese entonces el Segundo Triunvirato, confeccionar dos uniformes para los hombres que tenía a su cargo, uno para usar en combate y otro más cómodo para las paradas. El plan fue aceptado y algunos meses después los uniformes estaban listos. 
En diálogo con Soldados Digital, la museóloga del Regimiento de Granaderos a Caballo “General San Martín”, la licenciada Carol Vitagliano nos cuenta: “El uniforme de combate estaba compuesto por el morrión -un casco alto confeccionado con suela negra, con un penacho verde, la escarapela nacional en el frente y la leyenda ‘Libertad y Gloria’ debajo de una granada de bronce, las carrilleras y las galápagos-, una chaquetilla azul con vivos carmesí y granadas de tela en los faldones, pantalón azul con franjas amarillas y botas altas de cuero negro”. 
El uniforme que hoy reconocemos como histórico es el que se usaba en el combate por aquel entonces. En éste, cada una de sus partes constitutivas había sido pensada para cuidar al Granadero durante alguna batalla. Carol nos detalla algunas de las piezas del uniforme que servían para resguardar al Granadero en todo momento. “Las carrilleras de bronce, por ejemplo, sostenían el morrión en el momento de la carga y al mismo tiempo protegían las mejillas del granadero. Igual función de protección pero para los hombros cumplían las charreteras, también de metal. Otra pieza particular del morrión eran las galápagos que originalmente se trataban de dos círculos de metal que estaban sujetas por medios de cordones del mismos material. Estas iban colocadas sólo del lado izquierdo porque ese era el lado más desprotegido, ya que una vez montado el jinete, sostenía con la mano derecha el sable y con la izquierda las riendas”, expresa la museóloga. 
Otro de los atributos del uniforme de los Granaderos era un corbatín de pana negra y un chaleco blanco que se usaba debajo de la casaca -que en aquella época sólo llevaba una fila de botones blancos-, en el faldón de esta última lucían granadas carmesí a cada lado. “Completaban el uniforme unas botas fuertes y altas de cuero negro que llevaban espuelas con pihuelo en ‘S’, correas de cuero y hebillas de metal. La bandolera de cuero blanco que sostenía la cartuchera o canana -valijín de cuero negro con una granada de metal en el frente donde se transportaban las municiones de los mosquetones- y asimismo el porta mosquetón también realizado en cuero teñido de color blanco. Por último, aggiornaba este uniforme el cuello y los vivos color grana. Hay que destacar también la presencia del cinto con la hebilla de la granada flamígera y las correas de las cuales pendía el sable granadero”, agregó Vitagliano. 
Cuando en el año 1903 se recrea la unidad, se decide que los Granaderos continúen usando su uniforme histórico de la Independencia, pero se debía adecuar a la época. Es por esa razón que, por ejemplo, el morrión pasó de ser de cuero a cartón entelado, también se le bajó la altura a la del quepi, que era el gorro de moda de la época, y se le colocó en el frente el escudo nacional. Las galápagos se realizaron al igual que los cordones con hilos de seda trenzados, que de acuerdo al color distingue el grado del Granadero que lo porta.
De todas maneras, hacia el año 1971, se decidió volver al tamaño del morrión de la primera época y se tomó como base el perteneciente a Manuel Escalada. Éste se encuentra en el Museo Histórico Nacional y tiene el mismo escudo en el frente que los usados actualmente. “Si bien el uniforme sigue ostentando todos sus elementos constitutivos originales, los materiales han cambiado ya que simbólicamente están representando su uso en el pasado”, finaliza la licenciada. 
Hoy y después de 200 años de la creación de este histórico uniforme, la esencia de los Granaderos que estuvieron al mando del Libertador sigue intacta. Es un uniforme que atesora entre sus telas una historia de coraje, valentía y, sobre todo, amor a la Patria. 
Fuente: Milagros Lugones para Diario Soldados Digital 2013.

http://www.fotolog.com/ejercitonacional/

http://www.facebook.com/EJERCITO.NACIONAL.ARG

martes, 5 de marzo de 2019

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL ANTONIO TABOADA

Nació en Santiago del Estero; se educó en una escuela primaria de Buenos Aires; en esta ciudad se inició en el mundo de los negocios pero como simpatizaba con los unitarios tuvo que emigrar a Montevideo en 1839; acompañó a Lavalle en su campaña unitaria en contra de Rosas en Entre Ríos y Córdoba; fue capturado en la batalla de Quebracho Herrado; estuvo prisionero en El Retiro, en Buenos Aires; en 1841 logró escapar y regresó a Montevideo; ocho años más tarde, se dirigió a Chile, donde estrechó vínculos con otros exiliados como Mitre, Sarmiento, Paunero y Gómez; volvió a Santiago del Estero y encabezó el movimiento en contra del caudillo Celedonio Gutiérrez, un partidario de Rosas que, luego de la caída de éste, seguía manteniendo el poder en Tucumán y que había invadido Santiago del Estero en 1853; Taboada lo derrotó en Los Laureles; fue el comandante militar de la frontera del Chaco y acompañó con éxito a la misión científica estadounidense que exploró el río Salado, pasando por la región chaqueña hacia Santa Fe; en 1859 el gobierno argentino lo condecoró por su actuación; durante los años que siguieron, le ofrecieron cargos políticos a nivel provincial y nacional pero rechazó algunos y en otros sólo se desempeñó por un corto lapso, prefiriendo dejar que sus hermanos en especial Manuel Taboada se ocuparan de la política mientras él se dedicaba al mando militar; durante la presidencia de Mitre, los Taboada, de ideas liberales, lo apoyaron políticamente y le ayudaron a restablecer el orden en el norte y noroeste; fue el general Taboada quien derrotó a Felipe Varela y a sus montoneros en Pozo de Vargas; por cuestiones políticas, Taboada tuvo que emigrar a Tucumán en 1875, y murió allí en la pobreza; hay un departamento en su provincia natal que lleva el nombre de General Taboada.
 
 
http://www.facebook.com/EJERCITO.NACIONAL.ARG

lunes, 4 de marzo de 2019

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL BRIGADIER GENERAL MARTÍN RODRIGUEZ

Martín Rodríguez nació en la ciudad de Buenos Aires el 4 de Julio de 1771.

Criollo, Sus padres también eran argentinos, Don Fermín Rodríguez, Capitán con grado de Mayor, que murió desempeñando funciones de Comandante en Chascomús y Doña Thadea Rodríguez de buena posición económica.
Cursó Estudios en el Célebre colegio de San Carlos y luego se dedicó a tareas rurales en las vastas extensiones que su padre poseía en la Provincia de Buenos Aires.
Sus primeras apariciones públicas fueron con motivo de las invasiones inglesas de 1806 y 1807, año en que Liniers le otorgó el cargo de Teniente Coronel de Húsares.
Colaboró con los hombres de Mayo y después de la revolución fue destinado con su cuerpo a Entre Ríos para colaborar con Manuel Belgrano; al poco tiempo debió regresar a Buenos Aires y se plegó al partido de Saavedra.
Tiempo después partió a Jujuy, dónde cumplió funciones administrativa en el ejercito del Norte para ofrecerse después como Militar.
Así fue como se incorporó a las filas del General Manuel Belgrano; intervino en la batalla de Salta, pero pronto regresó a Buenos aires, pues el 4 de Junio de 1812 fue designado Jefe de Estado Mayor General. Al año siguiente regresó a las provincias del norte, como Comandante de Dragones.
Cayó prisionero en Tejar (1815) pero luego se reincorpora al ejercito al efectuarse un canje con prisioneros españoles, Intervino así en la campaña del Alto Perú.
En el quinto aniversario de la revolución - 25 de Mayo de 1815 - fue ascendido al grado de Brigadier y su destino fue Charcas, dónde se le asigno el puesto de Presidente, cargo politico-administrativo, aunque siguió interviniendo en acciones militares.
Continuó con las órdenes implantadas por el General Rondeau y e interno con su cuerpo militar en la zona virtualmente ocupada por los Españoles y fue derrotado en la acción de Venta y Media.
En esta estación fue herido José María Paz que en sus memorias refiere con términos crudos a los desaciertos de la conducción de Rodríguez. Luego de soportar otra jornada aciaga en Cabeza del Buey, al regresar del Alto Perú, determinó que Rodríguez fuera sometido a una corte militar, pero resulto absuelto por las declaraciones favorables de testigos.
En 1819 se incorporó a las tropas de Frontera y el 28 de setiembre de 1820 fue nombrado gobernador interino, apoyado por Juan Manuel de Rosas, designación que desató resistencias y rebelión armada que fue sofocada. El 13 de marzo del año siguiente fue nombrado Gobernador Propietario.
Poco tiempo después, Rosas rompió con Rodríguez por la cuestión de los indios Pampas, a los cuáles defendía, señalando que por los rumbos que conozco me afirmó que no son Pampas sino Ranqueles, quienes han invadido y robado nuestra Frontera.
Martín Rodríguez fundó el Fuerte Independencia aquí en Tandil el 4 de Abril de 1823 y realizó, a fines de este año un intento frustrado por hacer lo mismo en Bahía Blanca.
En 1824 culmina su gestión en la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires y lo sucede el General Gregorio Las Heras; en 1826 solicita la baja militar.
Rodríguez fue designado el 30 de Marzo de 1829 por Lavalle Comandante General de Armas y luego Ministro de Guerra, asumiendo la gobernación como Delegado el 4 de Mayo. Permanece en esta situación hasta el 26 de Junio en que hizo entrega del mando a Lavalle quién regresa a su ciudad derrotado.
En ese breve lapso firmó el decreto creando la Gobernación de las Islas Malvinas.
Durante el Gobierno de Rosas, Martín Rodríguez se exilió en Montevideo, dónde tuvo algunas intervenciones.
Murió pobre y olvidado. Nunca aceptó dinero de extranjeros o de sus compatriotas.
Casi ciego dictó sus memorias, que quedaron incompletas, lo sorprendió la muerte. dejando de existir el 5 de Marzo de 1845 a los 73 años .
El Coronel José Garibaldi fue uno de los cinco hombres y compañeros que condujeron a pulso el cadáver hasta la iglesia matriz en Montevideo. sus restos fueron repatriados el 15 de julio de 1891 y se encuentran actualmente en el cementerio porteño de la Recoleta.

http://www.fotolog.com/ejercitonacional
 
https://www.facebook.com/EJERCITO.NACIONAL.ARG

sábado, 2 de marzo de 2019

ANIVERSARIO DEL ATAQUE A HUMAHUACA


El 2 de marzo de 1817, las milicias de Orán, Iruya, San Andrés, la Quebrada y otros lugares de la zona, al mando del Teniente Coronel don Manuel Eduardo Arias y en número de 150 hombres, atacaron por sorpresa el parque de artillería realista del pueblo de Humahuaca. La guarnición fue obligada a rendirse después de una lucha de varias horas. Se tomaron 7 cañones, 100 fusiles, vestuario, mucho ganado y otros enseres. Fueron muertos 4 oficiales y 20 soldados, siendo tomados prisioneros 70 oficiales y 86 hombres de tropa y como trofeo una bandera del 1er Regimiento de Cuzco o “Regimiento de Piccaga”.
Fuente: Ejercito.

http://www.fotolog.com/ejercitonacional