sábado, 7 de septiembre de 2019

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL DE DIVISIÓN HERNÁN PUJATO

Padre de la Antártida
Casi centenario, el General Pujato dejó este mundo con la impronta de los grandes hombres de nuestra Patria. Dedicó gran parte de ese siglo a conocer y amar el Continente Blanco y sus confines. Con un grupo de pioneros, se adentró en las heladas tierras antárticas para afirmar la bandera celeste y blanca y los derechos soberanos de nuestro país sobre esos hielos eternos.
En 1949, el entonces coronel Hernán Pujato presentó al gobierno un detallado plan de acción para instalar bases científicas y poblacionales en la Antártida. Y además, los esbozos para crear un instituto científico destinado a esas tareas. No era un improvisado. Experto montañista y esquiador militar, cuando se desempeñó como agregado militar en Bolivia tuvo tiempo para empaparse sobre los planes de reconocimiento de las tierras del continente blanco aledañas a nuestro país. En ese sentido, el capitán Alberto Oddera, siete años antes, había dado el puntapié inicial con una expedición a esas latitudes extremas. Le siguieron otras. Sin embargo, los datos eran escasos sobre sus aspectos biológicos y geológicos y ni que decir de la cartografía. Por eso, la vehemencia de Pujato despertó el interés oficial en el proyecto y se lo destinó a los Estados Unidos y Groenlandia para experimentar en climas rigurosos.

La epopeya en marcha
Ya de regreso y con el visto bueno del presidente Juan Domingo Perón, comenzó a preparar la primera expedición científica a la Antártida continental argentina. La orden era sencilla: “penetrar costas adentro del continente blanco relevando su topografía hasta el polo, establecer bases, refugios y una población permanente”. El 12 de febrero de 1951 y a bordo del transporte patagónico Santa Micaela, propiedad de la familia Pérez Companc, al mando del capitán Santiago Farrell, Pujato y sus hombres zarparon desde el puerto de Buenos Aires para concretar su sueño blanco. El 21 de marzo, en Bahía Margarita, construyeron la base San Martín, primer asentamiento humano al sur del círculo polar antártico y primera base científica argentina. En trineo y cargados de equipos, recorrieron la zona registrando todo tipo de informaciones. El 29, iniciaron comunicaciones aéreas con el destacamento naval Melchior y en diciembre, las concretaron con el continente. Ese mismo año, Pujato fue ascendido a general de brigada y nombrado titular del Instituto Antártico Argentino, creado el 17 de abril de ese mismo año, sobre el que insistió, “no dependiese del las autoridades militares sino del ministerio de Asuntos Técnicos porque la tarea principal de las bases antárticas es la investigación”.

Labor titánica
A partir de entonces, las expediciones en trineo y vehículos de distintos tipo no se detuvieron. En 1954, pese a los informes desfavorables, promovió la compra de un rompehielos en Alemania, el ARA San Martín. El 20 de diciembre, en el debut de la nave, Pujato y sus hombres se hicieron a la mar para instalar la base antártica Belgrano. El 18 de enero de 1955, tras alcanzar la costa sur del Mar de Weddell, la fundaron en ese momento, como la más austral del mundo. Las tareas de exploración se llevaron a cabo por tierra y por aire, con dos monoplazas que alcanzaron los 83º 10' de latitud sur. El mismo piloteó muchos de los vuelos de reconocimiento.
Con el pase a retiro, permaneció activo en organismos internacionales y en 1967, en su honor se nombró como Cerro Pujato a la cumbre ubicada en 82°40′S 42°57′O / -82.667, -42.95. En 1981, al cumplirse 30 años del Ejército en la Antártida, se le entregó la Medalla del Ejército Argentino. El 26 de octubre de 1983, el Comandante en Jefe del Ejército lo designó Comandante Honorario del Comando Antártico del Ejército, por su prestigiosa carrera militar y su permanente preocupación por la actividad antártica Argentina. Había nacido el 5 de junio de 1904, en Diamante, Entre Ríos y murió, en Buenos Aires, el 7 de septiembre de 2003, a los 99 años.
Fuente: Texto Lauo Noro / Soldados Diario Digital 2012.

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viernes, 6 de septiembre de 2019

ANIVERSARIO DE LA SEGUNDA RENUNCIA DE SAN MARTÍN

SEGUNDA RENUNCIA DEL GENERAL JOSÉ DE SAN MARTÍN AL MANDO DE LAS FUERZAS DE LA CAPITAL
El 6 de septiembre de 1813, el General José de San Martín presentaba su segunda renuncia al cargo que el gobierno le había destinado como comandante de todas las fuerzas disponibles en la ciudad, recordándole al gobierno lo que hace tres meses le había manifestado al presentar la primera renuncia: “...que era la caballería el arma principal que debía obrar con ventaja sobre el enemigo en caso de invasión”. Como también mantenía San Martín la jefatura del Regimiento de Granaderos a Caballo, reiteraba lo expresado anteriormente, que “... creía de absoluta necesidad el ponerme a la cabeza de mi regimiento tanto por mis conocimientos en esta arma como por la opinión que debo merecer de un cuerpo que he creado y formado”.
Finalmente, el Triunvirato lo liberó de la responsabilidad total del comando de las fuerzas de la capital, designándolo Comandante General de la Caballería, y a Carlos de Alvear de la Infantería.
Fuente: Ejercito.

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jueves, 5 de septiembre de 2019

ANIVERSARIO DE LA EMBOSCADA EN EL MONTE TUCUMANO

OPERATIVO INDEPENDENCIA
El 5 de septiembre de 1975, el E.R.P., emboscada en el monte tucumano a una Sección del Ejercito en patrulla.
Mueren en combate el Subteniente Rodolfo Berdina y el soldado conscripto Ismael Maldonado.
A estos soldados, como a todos los que pelearon por su país, aquí nuestro humilde homenaje.
Un elemento de Combate, perteneciente a la Fuerza de Tareas "Aconquija", llevaba unas cuarenta horas operando en el monte, lapso en el que se desarrollaron intensos enfrentamientos sin que se produjeran bajas en los efectivos del Ejército Argentino.
El 5 de septiembre, el Elemento de Combate recibe la orden de replegarse a su base y en cumplimiento de ella se encontraba el Subteniente Rodolfo Hernán Berdina al mando de una sección, cuando tomó contacto con el enemigo en el paraje Potrero Negro, abriendo el fuego en forma instantánea. El Subteniente Berdina sobrepasó a la carrera a sus hombres lanzándose al ataque, seguido por el soldado Ismael Maldonado. Al llegar a una distancia muy cercana al grupo guerrillero, ambos caen alcanzados por el fuego enemigo. El soldado Maldonado murió instantáneamente; el subteniente cayó herido de gravedad. Finalizado el combate con el repliegue de varios subversivos heridos, el subteniente Berdina fue evacuado al Hospital Militar de Tucumán, nosocomio en el que fue operado. Falleció a medianoche.
Fue ascendido post mortem al grado de teniente.
A continuación transcribimos la carta escrita por la madre del Subteniente Berdina, en la que nos da un ejemplo de aceptación y grandeza personal.
“Me dirijo a aquellos que troncharon la vida de mi hijo, a los que sin mostrarse a la luz pretenden destrozar los pilares indestructibles de nuestra Patria. Soy la madre del Subteniente Berdina, de ese subteniente con mayúsculas porque supo defender sus ideales de argentino y de militar, dando la cara, peleando de frente y de pie. Ni él, ni sus soldados necesitaron drogarse para ello. Porque el valor es así, consciente, claro, sin elixires que empañen su acción y sus ideas.
No los maldigo, les doy las gracias en nombre de él y de todos los héroes que dejaron su vida por amor a Dios, a la Patria y a la família, porque todavia esa es la fe del soldado, esa es su meta.
Mi perdida es irreparable, pero me siente henchida de orgullo porque sé que mi Rodolfo está en la gloria de Dios y en el corarzón de todos los compañeros que lucharon o no a su lado. Gracias"

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miércoles, 4 de septiembre de 2019

ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DEL REGIMIENTO DE CABALLERÍA 6

En esta edición, relataremos la historia de la Unidad más antigua del Ejército, el Regimiento de Caballería 6 Escuela “Blandengues”, cuyo extraño nombre tiene su origen en un antiguo verbo español: Blandear, que a su vez significa Blandir (un arma), en alusión a las lanzas, sables y a veces, carabinas y tercerolas, con las que precariamente se armaron los primitivos Blandengues. Su origen se remonta hacia el año 1724, en que a raíz de las frecuentes incursiones de los indios en la frontera de Santa Fe, el Cabildo comisionó a uno de sus miembros para que marchase a la Corte y expusiese la situación de la ciudad y su comarca, constantemente asediada por los malones y solicitase la asignación de doscientos hombres bien armados para su defensa.
El Rey Carlos III, accedió a la petición por Real Cédula del 26 de agosto de 1726, pero no pudo llevarse a la práctica por diversas circunstancias. No obstante, antes de la Real aprobación, el entonces Gobernador de Buenos Aires, Bruno de Zabala, había ordenado por Orden del 31 de agosto de 1724, que en la ciudad de Santa Fe, se crearan dos compañías de a cincuenta hombres, fijando sus comandantes y los sueldos de sus integrantes. Se fundamentaba esta medida en la efectividad que habían demostrado varias pequeñas e inorgánicas unidades de milicias temporarias, denominadas “Partidarios de la Frontera”, en alusión a las “partidas” que efectuaban contra el indio para mantenerlo alejado de los primitivos asentamientos poblacionales. Así pues, creándose primero una de estas Compañías ese mismo año, continuó con una organización y disposiciones para su funcionamiento sin variantes hasta 1799, encontrándose sus 102 efectivos repartidos entre cinco cantones o fortines de la frontera.
El éxito en sus misiones, hizo pensar al Cabildo de Buenos Aires, que la creación de una compañía similar en su territorio, contribuiría a asegurar la vida y los bienes de los pobladores de la campaña, por lo que en 1751, solicitó al monarca la creación de dos o tres subunidades de esta clase, de a cincuenta hombres cada una. Para su sostenimiento, el Gobernador había creado unos arbitrios que no fueron aprobados por la Corte, la que a pesar de todo no oponía reparos a que fueran costeadas por los propios vecinos que vivieran alejados de la ciudad, en estancias o ranchos. Finalmente, el 7 de septiembre de 1760, el Rey aprobó la creación de tres Compañías para guarnecer los fuertes de El Salto, La Laguna brava y La Matanza. Estas tuvieron una precaria vida hasta que en 1799, el Virrey Vertíz, las reorganizó y les reglamentó su funcionamiento.
El ejemplo del denodado esfuerzo de estas tropas, cruzó a la Banda Oriental y así, el 7 de diciembre de 1796, el Virrey D Pedro de Melo, dispuso la creación del Cuerpo de Blandengues de la Frontera de Montevideo, con igual organización, funciones, armamento y uniforme que sus predecesores. Nacidos estos cuerpos, como todo lo que perdura, de la necesidad y de la práctica, este cuerpo sui generis, era una tropa de caballería ligera, preparada, más que todo, para combatir a los indios y perseguir contrabandistas, trasuntando cierto parentesco con las tropas de miñones de Aragón y Vizcaya y las de Migueletes, de Cataluña y Valencia, primitivos antecesores de la Benemérita Guardia Civil, de la Madre Patria. De tal suerte, es de la misma forma, en que nuestra Gendarmería Nacional, reconoce en los primitivos cuerpos de Blandengues a sus antepasados históricos, fundamentalmente, por el tipo de funciones que tenían encomendadas, semejantes hoy en día, a las que tiene esta Fuerza de Seguridad y el mencionado Cuerpo español.
El tiempo fue discurriendo, mientras los Blandengues continuaban con su misión, sufriendo en el ínterin, sucesivas modificaciones a su orgánica, hasta que en el año 1826, las reformas del Ejército, impulsadas por el gobierno de Rivadavia, le cambiaron el nombre por el número “6”, a la Compañía de Blandengues de la Frontera de Buenos Aires, disolviendo a la de Santa Fe. Este Regimiento así numerado, alcanzó el presente siglo y tras nuevos cambios en su orgánica, constituye hoy en día, con su asiento de paz en Concordia, provincia de Entre Ríos, el Regimiento Escuela del Arma de Caballería. Cabe reflexionar sobre un último aspecto, el de los nombres de las tres primitivas Compañías: La Valerosa, La Invencible y La Atrevida... Esta organización primitiva, simple reunión de vecinos voluntarios en su comienzo, con una disciplina militar muy deficiente a causa de la dispersión que el desempeño de sus funciones imponía, se vieron corregidas progresivamente por el empeño con que sus efectivos mantenían resguardadas las fronteras, a punto tal que por Real Orden del 3 de Julio de 1784, recibieron el raro privilegio de ser consideradas Tropas Veteranas, galardón que sólo ostentaban las tropas creadas por mandato del Rey y no las milicias locales, alejadas de la Metrópoli. Hoy en día, el Regimiento de Caballerìa de Tanques 6 “Blandengues”, orgulloso de su tradición hispánica, de su antigüedad y del reconocimiento que en parte tan temprana de su historia, se le hiciera de sus hazañas, continúa trabajando como un moderno modelo del Arma, buscando que sus cuadros, tropas puedan perfeccionarse y ser cada vez más valerosos, invencibles y atrevidos.
Fuente: Diario Soldados Digital.


martes, 3 de septiembre de 2019

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE LAS PIEDRAS

El 3 de septiembre de 1812 se recuerda la Batalla de Las Piedras. La vanguardia del ejército realista al mando del General Pío Tristán ataca a la retaguardia del ejército independentista del General Manuel Belgrano, en retirada hacia la ciudad de Tucumán. Luego de una lucha dura e intensa los patriotas quedan victoriosos.
Belgrano se había hecho cargo del Ejército del Norte en retirada en la posta de Yatasto el 26 de marzo de 1812. Ante el avance realista la situación se volvió muy crítica y a mediados de julio supo que las avanzadas realistas llegaban a La Quiaca y decidido a no dejar en manos del enemigo nada que le pudiese ser útil, organizó durante agosto el llamado Éxodo Jujeño, ordenando a la población civil replegarse junto con el ejército y quemar todo lo que quedase detrás, para entorpecer el avance enemigo.
La retaguardia del ejército, comandada por el Mayor General Eustoquio Díaz Vélez había partido el 21 de agosto de Humahuaca y el 23 abandonó San Salvador de Jujuy con la población civil. Desde allí marcharía cubriendo con sus guerrillas el Camino de Las Postas hacia Campo santo y luego por Cabeza de Buey hacia San José de Metán. Las fuerzas realistas con 500 hombres al mando de los coroneles Llanos y Agustín Huici, ocuparon seguidamente San Salvador de Jujuy y el 1 de septiembre la Ciudad de Salta. Asediaban permanentemente a la retaguardia, la que tenía órdenes de no comprometer un combate. Sin embargo, fueron alcanzados y se trabó un intenso tiroteo por ambos bandos. Reforzados los patriotas, pusieron en fuga la tropa realista.
Parte de Batalla del General Manuel Belgrano:
“Ayer (3 de septiembre de 1812) a las dos de la tarde, cargó el enemigo, en número de seiscientos hombres, con tanta furia sobre mi retaguardia, que se mezcló con ella y llegó al frente de mi posición al sud del Río de las Piedras casi a un tiempo; en consecuencia, hice lugar la artillería que se hallaba al mando del barón de Holmberg y mandé que, por el costado derecho, saliesen Don Carlos Forest, capitán del N° 1, con la parte de la División de Cazadores que tengo a su cargo; Don Miguel Aráoz, comandante 2° del N° 6, por el costado izquierdo con cien hombres de Pardos y Morenos, y la Caballería, al mando del Mayor General D. Eustoquio Diaz Velez, con su segundo, el Teniente Coronel D. Juan Ramón Balcarce, por el centro; avanzaron todos con intrepidez, Jefes, Oficials y Tropa, y la victoria coronó sus nobles y generosos esfuerzos poniendo en fuga vergonzosa al enemigo, quien dejó en el campo de batalla dos oficiales y cincuenta y ocho soldados muertos, y ciento cincuenta fusiles y cuarenta soldados que se hicieron prisioneros, no habiendo tenido, de nuestra parte más que seis heridos, entre los cuales el digno Don Miguel Aráoz, y muertos gloriosamente el Capitán Don Manuel Mendoza, un sargento de Húsares y un soldado.
El coronel Huici que se había adelantado hasta la localidad de Trancas, cayó prisionero y fue de inmediato trasladado a San Miguel de Tucumán. Este pequeño combate sirvió para levantar la moral de las tropas. Continuó Belgrano sin embargo su retirada hacia el río Blanco y luego hacia el río Pasaje o río Juramento.
Fuente: Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina - Bartolomé Mitre. Ediciones Estrada. Tomo II.
En la Imagen: La medalla. Pieza de plata con la cual, según la tradición, se premió al Ejército del Norte por el combate de Las Piedras.

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lunes, 2 de septiembre de 2019

ANIVERSARIO DE LA PROCLAMA DE SAN MARTIN POR LA DEFENSA DE LIMA

El Protector de la Libertad del Perú, General don José de San Martín, en conocimiento de que el Virrey La Serna había avanzado algunas tropas desde la sierra hacia Lima, expresó el 2 de septiembre de 1821 en una proclama que: “... si él avanzase sobre la capital, será con ánimo de inmolarnos a su venganza y haceros pagar bien caro vuestra decisión y entusiasmo por la Independencia... Los bravos que libertaron a la ilustre Lima, los que la protegieron en los momentos más difíciles, sabrán preservarla del furor del ejército español (...), mis tropas no os abandonarán; ellas y yo vamos a triunfar de ese ejército, que viene sediento de nuestra sangre y propiedades, o a perecer con honor; más que nunca seremos testigos de vuestra desgracia. En cambio de tan noble consagración y para que ella tenga el favorable suceso de que es digna, todo lo que exijo de vosotros es unión, tranquilidad y eficaz cooperación; tan solo esto necesito para asegurar al Perú su felicidad y esplendor”. Consecuente con tales principios, el mismo día expidió un decreto ordenando que “todo ciudadano, sin excepción, capaz de tomar las armas” deberá estar pronto a presentarse, luego que oyera la señal de alarma: tres cañonazos. “Yo espero- concluyó- del celo de todos los ciudadanos que aman su país, que contribuirá cada uno por su parte no sólo a triunfar del enemigo, sino a preservar sus honradas familias de los conflictos en que las pondría la infracción del orden público”.
Fuente: Ejercito.

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domingo, 1 de septiembre de 2019

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL BRIGADIER GENERAL TOMÁS GÜIDO


El 1 de septiembre de 1788 nace en Buenos Aires Tomás Guido. General sanmartiniano, diplomático y político. Actuó en las invasiones inglesas y adhirió a la revolución de mayo de 1810. Brindó su talento negociador durante los difíciles momentos de la independencia. Su célebre Memoria, fruto de sus conversaciones con el General San Martín, fueron determinantes para que el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón le diera su apoyo a la realización de la campaña libertadora de Chile y Perú.
Tomás Guido era hijo del comerciante español Pedro Guido y Sanz y de doña Juana Aoiz y Martínez. Debió abandonar sus estudios en el Colegio San Carlos debido a problemas económicos. Durante la Invasiones inglesas de 1806 participó en la defensa de Buenos Aires y tuvo luego participación en los sucesos de Mayo de 1810. Al año siguiente fue secretario del doctor Mariano Moreno durante el viaje a Inglaterra en el cual este falleciera. De regreso a Buenos Aires en 1812 permanece en ella brevemente como secretario del Ministerio de Guerra para luego trasladarse a Charcas como secretario de Francisco Ortiz de Ocampo. Posteriormente viajó a Tucumán donde se vincula con José de San Martín y Manuel Belgrano, desempeñándose como Oficial Mayor de la Secretaría de Guerra colaborando con San Martín en el planeamiento de la campaña a Chile y Perú.
El 20 de mayo de 1816 Guido presentó al Director Delegado Antonio González Balcarce su célebre Memoria, basada en las conversaciones sostenidas con San Martín en Saldán, Córdoba, durante la convalecencia del Libertador. En ellas exponía con detalle los aspecto económicos, militares y políticos del plan consistente en abrir un frente occidental cruzando la cordillera con una fuerza de 4000 hombres para liberar Chile y continuar por mar a las costas del Perú en vez de insistir con la Campaña del Alto Perú. Entre otras cosas sostenía que una victoria en Chile bastaría para alentar el espíritu de los pueblos y desalentaría al ejército realista que atacaba desde el norte comandado por Joaquín de la Pezuela. Balcarce apoyó la idea con entusiasmo y la cursó al Director elegido por el Congreso, Juan Martín de Pueyrredón. Éste, escarmentado por las malas experiencias en el Alto Perú, aprobó la memoria el 24 de junio y dio las instrucciones pertinentes para que de inmediato se apoyara la campaña libertadora a Chile disponiendo una entrevista con San Martín destinada a ultimar detalles del caso.
Después de la victoria en la batalla de Chacabuco (12 de febrero de 1817) el General San Martín incorporó a Guido con el grado de Teniente Coronel para que asumiera las funciones de Secretario de Guerra y Marina y el de representante ante el gobierno de Chile. Ocuparía este cargo por tres años ejerciendo una exitosa tarea administrativa y diplomática, acompañando a San Martín como primer edecán en su gesta libertadora por Chile y colaborando en la empresa de liberar Perú. Negoció exitosamente con el enemigo en Miraflores y participó en los dos sitios y rendición del Callao, fortaleza de la que fue nombrado gobernador. Ascendido en 1821 a Coronel Mayor fue consejero deEstado y Ministro de Guerra. En 1823 fue conjuez en Perú del Supremo Consejo Militar y al año siguiente jefe del Estado Mayor del Ejército del Centro y Ministro General de Gobierno del General Mariano Necochea alcanzando el grado de General de Brigada de los ejércitos del Perú.
En 1826 regresa a Buenos Aires donde Bernardino Rivadavia lo nombra Inspector de Armas y en 1827 Vicente López lo designa Ministro de Guerra, cargo al cual renunció para ocupar el de diputado electo a la Sala de Representantes de Buenos Aires y luego enviado extraordinario y ministro plenipotenciario ante la corte de Río de Janeiro, suscribiendo en ese carácter el tratado de paz con el Brasil en 1828. Fue luego ministro de Guerra y Relaciones Exteriores en tres oportunidades: con Lavalle, Viamonte y Rosas. De 1840 a 1851 representó a la Argentina ante el gobierno del Brasil. Después de la batalla de Caseros el General Urquiza lo llama para colaborar con su gobierno resultando ser en 1855 senador nacional electo por San Juan y en 1857 vicepresidente del Senado de la Confederación. Ya con el grado de Brigadier General acompañó en 1859 a Urquiza al Paraguay interviniendo exitosamente en las gestiones pacíficas entre ese país y Estados Unidos, enfrentados por haber este último enviado una escuadra naval con el objetivo de desembarcar en Asunción. Murió en Buenos Aires el 14 de septiembre de 1866.
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