sábado, 11 de abril de 2009

UN CABALLO INOLVIDABLE


El testimonio del Sarg Ay Héctor Omar Veintemilla, antiguo suboficial de la Fanfarria “Alto Perú”, perteneciente al Regimiento de Granaderos a Caballo “General San Martín, el de Pedro Alberto Urueña, presidente de la “Asociación de Granaderos Reservistas de la República Argentina , y la colaboración de los amigos que contribuyen con el esfuerzo de traernos un poco de historia todos los días desde el sitio web www.revisionistas.com.ar, nos ha permitido recordar un episodio imborrable de nuestra vida cuartelera. Se trata de un caballo, que prestó servicios por largos años en el glorioso RGC. Veamos su historia:
Con treinta años de servicio ya lo había dado todo, y mostraba la evidente torpeza motriz del intenso y acumulado servicio como integrante de la Fanfarria Militar “Alto Perú”, del Regimiento de Granaderos. De no mediar la intervención de la naturaleza, hubiera sido víctima del inexorable descarte. Pero este caballo “tenía algo más”.Los hombres de Caballería, acostumbrados al contacto con estos magníficos animales, advirtieron que este compañero protocolario tenía virtudes que lo diferenciaban.La Jefatura dispuso entonces que el efectivo “Chupete”, tal su nombre, pasara a retiro con el grado simbólico de Suboficial Principal, y que a partir de hacer efectivo ese retiro, podía gozar deambulando libremente y a voluntad por el antiguo cuartel, haciéndose responsables todos los integrantes de la Unidad de su bienestar, y si el animal, en su licencia, elegía otro box para descansar que no le perteneciera, no debía ser molestado
Cuando mansamente se distendía en la caballeriza, y oía a lo lejos, acordes de la Fanfarria montada que se aprestaba a partir hacia un acto, ladeaba las orejas y en forma rauda e intempestiva se dirigía a reunirse con su tropa, tomando su lugar de timbalero (sin jinete), en la formación, en donde nadie se lo impedía, excepto cuando se lo apartaba y amarraba con un cinto al cuello, antes de traspasar los portones de salida del Regimiento, quedándose con las ganas.
¡Cuántas historias de amistad y respeto fluyeron en torno a este caballo! En la última etapa de su vida, corriendo el año 1992, se desplomaba de cinco a seis veces al día, y los soldados, solidarios con el camarada, lo ayudaban con arneses a reincorporarse. En abril de ese año cayó circunstancialmente en el jardín histórico, y sus lánguidos ojos y rodillas vencidas indicaban que ya no iba a levantarse. La Jefatura con dolor, a poco de conmemorarse el “Día de la Caballería”, ordenó sacrificarlo en ese mismo lugar y allí darle sepultura.El Suboficial Mayor Oropesa que lo montó todos esos años, fue mudo testigo de esta despedida. Nadie pronunció palabra alguna, sólo había nudos en las gargantas. Y es el día de hoy, que cuando aparece la nostalgia y se evoca al camarada, aparece nuevamente como auxilio la imagen amiga de “Chupete” en el recuerdo, empujando con su hocico la puerta trasera del Escuadrón Chacabuco, en espera mañanera, para que los soldados le sirvan su ración diaria de mate cocido y pan en su balde, que comparte como de costumbre junto a ellos. La placa de homenaje en el Jardín Histórico dice: “Aquí descansan los restos del caballo “Chupete”, último exponente de la raza Orloff que prestara servicios en esta Unidad durante 30 años ininterrumpidos como timbalero”.
Fuente: http://www.soldadosdigital.com/

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