lunes, 7 de junio de 2010

BATALLON DE ZAPADORES


Con fecha 1 de septiembre de 1813, el General San Martín propuso al Superior Gobierno la formación de una compañía de Zapadores, que fue aprobada el día 8.
Se nombró jefe de la misma al Coronel Eduardo Holmberg.
La compañía se alojó en el convento de la Merced.
El 1 de diciembre de 1813, sus efectivos fueron incorporados al Regimiento de Granaderos de Infantería.
El General Rondeau creó otra Compañía de Zapadores a órdenes de Holmberg, el 7 de junio del siguiente año, sirviendo por decreto del 9 de agosto de base para la formación del Batallón de Infantería Nº 10.
Fuente: Uniformes de la Patria del Comando en Jefe del Ejercito – Circulo Militar.

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domingo, 6 de junio de 2010

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE MAGDALENA GÜEMES


Magdalena (Macacha) Güemes de Tejada. Hermana del General Martín Miguel de Güemes, de cuya acción en pro de la independencia fue eficaz colaboradora. Nació en Salta el 11 de diciembre de 1787 y era hija de María Magdalena Goyechea y de la Corte y Gabriel Güemes Montero, tesoro de la Real Hacienda. Recibió la educación habitual para las mujeres de su época y oposición, pero poseía cualidades propias que le permitieron descollar en un medio rico en mujeres de personalidad.
El 24 de octubre de 1803 se casó con Román Tejada, perteneciente a una antigua familia de Salta.
Poco después de la Revolución de Mayo, convirtió su casa en taller para confeccionar ropa para los soldados de la partida de observación organizada por su hermano. A partir de entonces fue su más entusiasta colaboradora, y supo sacar partido de su inteligencia y su posición para desempeñar tareas arriesgadas, especialmente cuando los realistas ocupaban la ciudad de Salta y Güemes los combatía por todos los medios.
Dotada de habilidad política, la puso al servicio de su hermano en los momentos difíciles, como en 1815, cuando gracias a sus gestiones se llegó a la paz de los Cerrillos, luego de la delicada situación surgida entre Güemes y las fuerzas de Buenos Aires al mando del general Rondeau. Güemes se encontraba con ella cuando una partida realista lo atacó e hirió, en Salta, el 7 de junio de 1821, causándole la muerte en pocos días después. Macacha continuó participando en los sucesos políticos de la provincia, con la audacia que la caracterizaba.
Fue muy querida por el pueblo debido a la generosidad con que ayudaba a los necesitados. Falleció en Salta el 7 de junio de 1866. Aqui nuestro homenaje a esta gran mujer Patriota.

Fuente: Diccionario Biográfico de Mujeres Argentina, de Lily Sosa de Newton. Plus Ultra.

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sábado, 5 de junio de 2010

ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DE LA COMPAÑÍA DE COMANDOS 601.


A partir del año mil novecientos sesenta y cuatro, en el Ámbito de la escuela de Infantería comienza la historia de los comandos del Ejército Argentino, se realizaron los primeros cursos de corta duración, que posteriormente, fueron la base para implementar el primer curso completo a partir del año mil novecientos sesenta y ocho.
La institucionalización de la Aptitud Especial de Comandos se efectuó en el año mil novecientos setenta y uno, comenzando la capacitación del personal en el exterior con la realización de cursos de formación y capacitación, que complementaron a la aptitud y sus formadores.
A partir de mil novecientos setenta y cuatro se incrementa la duración del curso y se orienta hacia las operaciones que el ejército debió encarar en el marco interno debido a la situación política y social que se vivía.
En mil novecientos setenta y cinco se revalorizan los cuadros poseedores de la Aptitud Especial y una vez declarada la Operación Independencia, son enviados a la provincia de Tucumán los primeros contingentes de comandos.
El combate de Pueblo Viejo marcó el primer hecho de armas del operativo, que constituye el bautismo de fuego de los Comandos Argentinos.
En mil novecientos setenta y ocho se organizó la primera unidad integrada totalmente por comandos; el Equipo Especial de Lucha, "Halcón 8", cuya misión estaba orientada a prevenir, neutralizar y / o aniquilar la acción de grupos armados que atentaban contra la seguridad de la población.
Sobre la base de esta unidad y respondiendo a una necesidad operacional urgente nace en el año mil novecientos ochenta y dos la Compañía de Comandos 601, siendo su primer jefe el Mayor Mario Casagneto.
Iniciado el conflicto armado del Atlántico Sur, ésta es trasladada a las Islas Malvinas; cumpliendo varias misiones de combate contra las tropas británicas. El prestigio de sus cuadros fue en aumento, la eficiencia demostrada, como así también las bajas sufridas en las numerosas misiones asignadas; pusieron de manifiesto el profesionalismo y la potencial heroicidad de los Comandos Argentinos, lograda a través de un duro entrenamiento y constante preparación psicofísica y técnica.
En enero del año mil novecientos ochenta y nueve, se produce el copamiento del Regimiento de Infantería Mecanizado Tres de La Tablada, por elementos subversivos, pertenecientes al Movimiento Todos por la Patria; y una vez más la Compañía de Comandos 601, es llamada a desempeñar un rol protagónico y decisivo.
Luego de duros y encarnizados combates la subunidad cumplió la misión impuesta, sufriendo la dolorosa pérdida de dos de sus integrantes.
Las condecoraciones de la Compañía de Comandos 601 son: la Medalla de Ejército Argentino "Campaña de Malvinas 1982", Medalla de la Provincia de Santa Fé, por la "Campaña del Atlántico Sur".
Fuente: www.infanteria.ejercito.mil.ar

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viernes, 4 de junio de 2010

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL GENERAL MANUEL BELGRANO


"Mucho me falta para ser Padre de la Patria, me contentaría con ser hijo de ella".
Manuel Belgrano

El 3 de junio de 1770 nace el Doctor y General Juan Manuel Belgrano. Fue un apasionado por el progreso basado en la educación popular. Luego de graduarse de abogado en España, fue secretario del Consulado de Buenos Aires y uno de los miembros de la Primer Junta de Gobierno elegida el 25 de Mayo de 1810. Nombrado por ella jefe de un ejército expedicionario al Paraguay y luego de otro al Norte, conoció la amargura de las derrotas y la exaltación de los triunfos militares. Fue un ejemplo de virtud cívica y de desinterés hacia los halagos de la fortuna. Falleció joven aún y en la pobreza el 20 de junio de 1820, cuando se iniciaba una etapa de anarquía en el país que habría de duras por décadas.

Después de la batalla de Vilcapugio, el 1 de octubre de 1813, en que el ejército patriota a las órdenes del General Manuel Belgrano fue derrotado por las fuerzas realistas mandadas por Pezuela, el insigne creador de la bandera, mirando con tristeza el campo cubierto de cadáveres, dijo estas palabras a los restos gloriosos de lo que fueran sus brillantes regimientos:
“¡Soldados: hemos perdido la batalla después de haber peleado tanto; la victoria nos ha traicionado pasándose a las filas enemigas en medio de nuestro Triunfo! ¡No importa! ¡Aún flamea en nuestras manos la bandera de la Patria!”
Iniciada la retirada tomó una serie de medidas tan acertadas que impidieron que prosperara la persecución realista.
El gladiador vencido, consciente de su deber, se colocó a retaguardia acompañado por dos ayudantes y un ordenanza, dio su caballo a un soldado herido y él se terció el fusil y se colocó la mochila.
Al anochecer, la tropa, cansada y con frío, ansiaba encender un cigarro, pero como se había dado la orden de no hacerlo, por precaución, nadie osaba quebrantarla. Belgrano, captando el deseo de sus hombres y deseando ahorrarles un sufrimiento más les dijo sonriendo:
“Fumen, muchachos, que si a la luz de los cigarros viene el enemigo, encontrará pitadores que le darán para tabaco.”
Ese oportuno chiste tuvo el efecto de la más vibrante arenga. Los golpes de los eslabones contra los pedernales, las chispas que salpicaron la oscuridad y el murmullo de satisfacción que recorrió las filas, dieron fe de que el buen humor y el espíritu no habían decaído, a pesar de la desgracia de la jornada.
Fuente: Juan Silveyra. Anecdotario Histórico Militar.
Ejercito Nacional.

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jueves, 3 de junio de 2010

DIA DEL SOLDADO ARGENTINO - EL SOLDADO DE LINEA


Es nuestro soldado de línea el modelo de la abnegación militar, llevado a su último límite. El soldado argentino, tan bravo, tan abnegado, tan sufrido, ha venido a ocupar hoy la primera línea en los ejércitos americanos y podrá ocuparla fácilmente en los europeos si a las prendas naturales que posee se agregan la instrucción militar y cívica que se da al soldado europeo. Nuestro soldado de línea es general en cualquier arma en que se quiera utilizar sus servicios. En Caballería es un consumado jinete, como es un hábil marinero a bordo de cualquier buque de guerra. En Infantería como en Artillería se penetra bien pronto de la táctica de cada arma y opera como si fuese la suya propia. Nadie se ha preocupado en estudiar este tipo de inmensa bravura y nadie, sin embargo, más digno de estudio que él. Privado de todo goce de guarnición, si sirve en la caballería, pasa su vida miserable con el arma al brazo eternamente, combatiendo siempre contra el salvaje y siendo el guardián constante de la inmensa fortuna que encierra nuestra campaña.
Su vida no puede ser más aperreada, ni mayor la indiferencia con que lo trata el gobierno. Sin embargo, sus labios no se entreabren nunca para quejarse, guardando una sonrisa de resignación suprema para soportar todas las miserias.
Para él, todo es lo mismo, porque de todos modos sufre, en la paz como en la guerra, en la frontera como en la ciudad. Alegre siempre y siempre dispuesto, nunca tiene pereza para nada, siendo su única distracción el día de la pelea. En la fortuna como en la adversidad, en el triunfo como en la derrota, siempre es el mismo, y siempre impasible y bravo, se retira a paso lento frente a las fortificaciones de Curupaytí, o avanza gallardo y ligero sobre los campos de Ituzaingó. El sabe que las penas corporales están suprimidas, pero sufre las estacas, el cepo colombiano y los palos con la misma resignación con que ha sufrido el hambre y la miseria.
El motín militar es desconocido en nuestro ejército de línea, que no ha dado jamás un espectáculo vergonzoso. El soldado de línea ingresa en nuestro Ejército por dos caminos: enganchado o condenado al servicio de las armas. En uno u otro caso, ve expirar el término de su servicio sin que el gobierno o su jefe inmediato se acuerden de darlo de baja. Y pasan los años y los dos porque fue condenado o enganchado se convierten en seis, ocho o más que le han hecho perder la esperanza de recobrar la libertad perdida.
El gobierno le debe sus cuotas de enganche y veinte o más meses de sueldo, pero ya se ha habituado a aquel proceder monstruoso y espera tranquilo el día en que la muerte salde todas sus cuentas.
El cepo y las estacas, el colombiano y los palos han levantado el grito de la venganza en su corazón hidalgo, haciéndole esperar el día de la batalla para tomar un desquite que lo deje satisfecho. Pero el día de la batalla llega, la bandera azul y blanca flamea entre el humo del combate y el soldado olvida entonces todos sus rencores y todas sus venganzas. Es preciso vender cara la vida en honor de aquellos colores gloriosos, jamás abatidos, y pelea y pelea hasta caer, siendo feliz si la muerte le ha dejado tiempo para gritar ¡viva la patria!.
Es que el soldado se ha sobrepuesto al hombre; la voz de la patria habla a su corazón más alto que la de todo otro sentimiento y su espíritu abnegado lo lleva hasta salvar a San Martín en San Lorenzo, o arrancar a Dantas de las trincheras de Curupaytí, no porque fuera Dantas sino porque lleva la bandera del 2 de Línea.
Y el soldado de línea lleva aquella vida desesperante y heroica hasta que la vejez o las heridas obligan al gobierno a darlo de baja, para que vague por nuestras calles muriendo de hambre y en la más monstruosa de las miserias. Atajen a cualquiera de esos soldados, cubiertos de cicatrices, y pregúntenle cuántos meses le debe el gobierno, ¡sólo ellos son capaces de haber llevado la cuenta!
La llegada de un comisario pagador es en la frontera un acontecimiento fabuloso, aunque de veinte o más meses no lleva sino el sueldo de uno o dos. Pero el soldado lo recibe lleno de regocijo, aunque debe diez veces más al pulpero y al gobierno mismo por descuentos que le ha hecho la contaduría y que, aunque él no entienda, tiene que pagar.
La cama es un mueble que no conoce desde que entró en el servicio, como no conoce el pan, ni más alimento que el pedazo de carne que recibe de cada ocho, cuatro días. Primero, mira con un placer supremo el duro suelo donde le es permitido descansar su osamenta y concluye por mirar como el pináculo de la felicidad el poder dormir montado sobre su mancarrón marchero.
La galleta del proveedor es como hecha con harina de piedra, la leña no enciende, el tabaco es lengua de vaca mal secada al sol y el azúcar es tierra greda. Pero, ¿qué le importa? Ya se ha acostumbrado a aquella alimentación imposible y sólo teme una cosa: que llegue a faltarle. El día que bolea algún avestruz o agarra una mulita, arroja con desprecio la ración del proveedor. Pero cuando no tiene más, se lo ve cocinar alegremente su pedazo de carne lívida y azulada, y comerlo con un placer increíble –cualquiera que lo viera en ese acto, creería que saborea un manjar.

El gobierno ha llegado hasta cambiar para ellos las estaciones del año, mandándoles ropa de brin en el mes de julio y ponchos de bayeta en enero. Pero todo es lo mismo, él se ha habituado a todo, a pesar de las mil pulmonías y otras mil congestiones que le han salido al camino.
En campaña, al soldado de línea no se lo ve triste un solo momento. Todo en él es un motivo de alegría y de chacota, si acampan a descansar, porque han acampado, y si se pierden dormidos sobre el caballo, porque se han perdido. Un charquito de agua inmundo, donde aplacar o engañar la sed, es un motivo de alegría, y el permiso de carnear y comer un patrio viejo es el colmo de toda felicidad sobre la tierra.
El veterano lo sufre todo con la misma resignación, hasta el castigo injusto, del que no puede reclamar sino después de haberlo cumplido. ¡Pero échese generala o tóquese a degüello! El soldado se transforma, el más viejo se vuelve un muchacho y el más inválido se endereza como un atleta. Y pelea con una bravura imponderable, sin haber peligro capaz de arredrarlo, porque al mayor peligro responde siempre con esta frase: “¡Y qué me importa! ¿Tengo acaso el cuero para negocio?
Su familia, su orgullo, su porvenir y vergüenza misma están en el número de su kepi, llegando hasta esa sublimidad que oímos a un soldado del 2 de Caballería, en un momento de inmensa desventura: “¡Una gran perra! ¡Si yo no fuera del 2 de Caballería, me desertaba!
Un soldado del 2 no podía cometer un delito tan vergonzoso y el solo respeto a su número lo había contenido. Comprendía el delito bajo cualquier otro número, pero jamás bajo el número dos.

Fuente: Gutiérrez, Eduardo – “Croquis y siluetas militares”, Ed. Edivérn, Buenos Aires 2005.

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miércoles, 2 de junio de 2010

BOSQUES Y MONTES DEL BICENTENARIO


Días pasados se comenzó a ejecutar simultáneamente en todo el país el Plan de Forestación del Bicentenario. En todas las unidades militares se plantaron, junto a escuelas y autoridades provinciales, 20.000 especies de árboles y arbustos conformando un “Monte del Bicentenario”.
Este plan consiste en la organización, planificación, preparación, supervisión y control de forestaciones, en predios pertenecientes al Ejército Argentino, de diversas especies arbóreas sobre 8613 hectáreas. Tiene como finalidad la recuperación de los bosques plantando especies autóctonas que, en muchos casos por la tala indiscriminada ejercida en años anteriores, han disminuido considerablemente el número de hectáreas que ocupan. Esto trae como consecuencia también el aumento de las temperaturas y posteriores inundaciones.
En la Base de Apoyo Logístico “Resistencia”, se realizó un acto durante el cual se leyó la Resolución Nro 0755 de la Municipalidad de Resistencia, que declara de interés municipal la inauguración del Bosque del Bicentenario.
En la jurisdicción del Comando Cuerpo Ejército III, también se plantaron varios ejemplares autóctonos de la zona con la participación de alumnos y autoridades civiles y militares. La banda de la Guarnición, integrada por efectivos del Regimiento de Infantería Paracaidista 2 y del Liceo Militar General Paz, ejecutó una Diana del Parque.
Por otro lado, el Comando de la Vta Brigada de Montaña realizó la inauguración del “Monte del Bicentenario” en el Campo Histórico de la Cruz, plantando 220 plantines.
Asimismo, en la Escuela Militar de Montaña se plantaron 200 ejemplares de coihues, lengas y cipreses con la participación de 70 alumnos de las escuelas aledañas al cuartel.
Cabe recordar que a principios del siglo XX, existían en nuestro país 100 millones de hectáreas de bosques nativos con gran valor maderero, en la actualidad solo hay 25 millones de monte de regular calidad.
Fuente: Diario Soldados Digital

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martes, 1 de junio de 2010

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL CORONEL JOSE ROCA TEJERINA


Nació en San Miguel de Tucumán en el año 1800. Hijo de D. Pedro Roca (Oficial del ejército español, que también había sido regidor del Cabildo de la ciudad de San Miguel de Tucumán) y María Antonia Tejerina.
Para febrero de 1816 formaba parte del Regimiento de Civicos de Tucumán, con el grado de cabo primero.
Incorporado luego al Ejército del Norte acantonado en esa ciudad, recibió alguna formación militar, antes de pasar a Chile en 1819, como Alférez del Regimiento Nro. 11, al mando del General Juan Gregorio de Las Heras. Desde allí se embarcó hacia el Perú, donde participó en la primera campaña a la Sierra y en la batalla del Cerro de Pasco.
En 1820 figura en los registros del Batallón Nº11 del Ejército de los Andes con el grado de subteniente de banderas. En septiembre de 1820, desembarcaron en Pisco y se internaron en los Andes. En premio a su destacado desempeño en la Batalla de Cerro de Pasco, fue ascendido a Teniente.
Luego ascendido a Capitán, dirigió la represión de un movimiento realista en Trujillo.
A órdenes del después Mariscal Andrés de Santa Cruz luchó en Pichincha, en el actual Ecuador, y en la segunda campaña de Puertos Intermedios, luchando en la victoria de Zepita y finalmente en Junín.
En algún momento de las campañas del Perú, fue herido y dado por muerto; salvó su vida al ser socorrido por un indígena, llamado o apodado Ataliva. Años más tarde, daría ese nombre a uno de sus hijos.
De regreso en Buenos Aires, fue incorporado al ejército que debía hacer la campaña al Brasil, como ayudante del General Mansilla, luchando en Ombú, Ituzaingó y Batalla de Camacuá. Se destacó salvando una flotilla de buques en la Laguna Merín del ataque brasileño.
De regreso a Buenos Aires, en enero de 1829, se incorporó a las fuerzas del Coronel Isidro Suárez, participando en la victoria de Las Palmitas (hoy Junín) y en la derrota de Puente de Marquez. Pasó a Tucuman con permiso del General Lavalle.
En su provincia natal acompañó al Gobernador Javier López en su campaña contra Santiago del Estero, y luego en otra contra el caudillo federal Pablo Latorre en Salta. Ascendido a Coronel, participó en algunas acciones en Córdoba a órdenes de Mariano Acha y en el desastre de Ciudadela.
A principios de 1832 ya estaba exiliado en Bolivia, donde se unió al ejército del General Abdrés de Santa Cruz.
En enero de 1836 se unió a la campaña del ex gobernador Javier López contra el gobernador Tucumán, Alejandro Heredia. Derrotados los invasores, López y su sobrino fueron fusilados; tal vez Heredia hubiera fusilado a Roca, pero su ministro Juan Bautista Paz intercedió por él y fue indultado. La razón sólo quedó clara unos meses más tarde, cuando Roca se casó con Agustina Paz, hija del ministro.
Se unió a la Campaña de Heredia contra Bolivia y luego fue enviado a Buenos Aires. Allí nacieron sus hijos mayores, Alejandro, Ataliva, Celedonio y Marcos.
En 1842 regresó a Tucumán, donde se dedicó a la producción rural, y donde nacieron sus otros hijos, Julio — el futuro general y presidente — Agustín, Rudecindo y Agustina.
En 1852 se unió a la revolución contra el gobernador federal Celedonio Gutierrez. Fue nombrado jefe militar de los revolucionarios y derrotó a una pequeña fuerza al mando de Gutiérrez, que huyó a Catamarca.
En 1857 se estableció por un tiempo en Paraná y luego en Buenos Aires. Desde allí instaló a sus hijos en distintos lugares, sobre todo a los más jóvenes en el Colegio Nacional de Concepción del Uruguay. Al año siguiente volvió a Tucumán como jefe de policía.
En 1861 se unió a las fuerzas del General Urquiza contra Buenos Aires, y luchó en la Batalla de Pavón. Al ver la dispersión de la infantería federal, intentó convencer de huir a su hijo Julio, artillero en esa batalla, pero éste se quedó hasta que Urquiza abandonó a su ejército. Junto a su hijo, pasó a Buenos Aires y se unió al ejército porteño que ahora pasaba por nacional.
En 1864, el General Jerónimo Espejo, que estaba tratando de recopilar la historia del Ejercito de los Andes, le pidió a Roca que le redactara unas memorias en que detallara las campañas en que éste había estado y Espejo no: la primera campaña de la Sierra, la campaña de Pichincha, la de Puertos Intermedios y la de Ayacucho. Roca alcanzó a redactar sus memorias sobre la de la Sierra, documento fundamental para los historiadores, y dejó para después las otras tres. No tuvo tiempo: en 1865 estallaba la Guerra del Paraguay.
Roca fue destinado a trasladar el contingente tucumano a Corrientes, y con él fueron sus hijos Ataliva, Celedonio, Marcos y Julio; además iba también Alejandro, como proveedor del ejército. No llegó a combatir.
Murió en marzo de 1866 en el campamento de Ensenaditas, sobre el Paso de la Patria, poco antes de la invasión al Paraguay.
La guerra también afectó al resto de la familia: sus hijos Celedonio y Marcos murieron en combate, Alejandro y Ataliva se hicieron muy ricos como todos los demás proveedores del ejército, y Julio adelantó mucho en su carrera militar por sus méritos, llegando a teniente coronel.
Fue el único oficial superior que participó en la guerra del Perú, en la del Brasil, las dos grandes guerras civiles, la lucha contra el estado de Buenos Aires y la guerra del Paraguay. Sirvió a órdenes de San Martín, Bolivar, Sucre, Santa Cruz, Alvear, Mansilla, Lavalleja, Lavalle, Paz, Lamadrid, Urquiza y Mitre. Muchos historiadores, comenzando por Mitre, han lamentado que haya muerto antes de poder escribir sus memorias completas.
Fue el padre de un general y presidente que le dio su nombre a toda una generación política en el país.
En la imagen: Escena de la Batalla de Ituzaingó.

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