lunes, 7 de abril de 2014

ANIVERSARIO DE LA DISTINCIÓN DEL PUEBLO DE CHILE AL GENERAL SAN MARTÍN

El día 7 de abril de 1819, el Ministro de Guerra de Chile, General don José Ignacio Zenteno, envió un oficio desde Santiago de Chile al General en Jefe substituto del Ejército Unido, Brigadier
don Antonio González Balcarce, solicitándole que se diera a conocer a todos los miembros del ejército, en la “orden del día”, la promoción de Don Jose Francisco de San Martín al grado de Brigadier General de los Ejércitos de Chile. Dicha distinción le había sido otorgada por el director supremo de ese país, brigadier don Bernardo O`Higgins, el 20 de marzo, la que fue aceptada por San Martín el dia  1º de abril.
Fuente: Ejercito.


domingo, 6 de abril de 2014

COMIENZA EL DESPLAZAMIENTO EN LAS ISLAS

El 6 de abril de 1982, el Regimiento de Infantería 8, ya alistado, inició sus desplazamientos por modo aéreo desde Comodoro Rivadavia hacia el archipiélago de las Malvinas. El primer contingente arribó a Puerto Argentino el mismo día, a las 12.20, para trasladarse definitivamente a Bahía Fox el 9 de abril. Con estos efectivos y la Compañía de Ingenieros 9 se constituyó la Fuerza de Tareas Reconquista, que junto con el Regimiento de Infanteria 5, ocuparon la Isla Gran Malvina durante el desarrollo del conflicto.
Los dias anteriores, entre el 4 y 5 de abril, se habian realizado ocupaciones.
El dia 4, en una exitosa operación helitransportada, la Compañía “C” del Regimiento de Infantería 25 tomó la localidad de Darwin - Goose Green. Su jefe informó que había procedido a ocupar la localidad sin encontrar oposición. Los efectivos militares se emplazaron en posición de combate y mantuvieron la pista de aterrizaje de la zona en condiciones de empleo. Asimismo, arribaron ese día el Gobernador Militar, el equipo de gobierno y personal civil. 
Ya el 5 de abril, a las 16.00, el jefe de la Compañía de Ingenieros 9 con parte de sus efectivos desembarcó en Bahía Fox, en la Isla Gran Malvina, ocupando y asegurando la localidad, actividad que se concretó en las últimas horas de la tarde. Con este acto por primera vez se enarbolaba la enseña Nacional en la Isla.
Fuente: Ejercito.

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sábado, 5 de abril de 2014

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE MAYPO

Atento al avance español, San Martín, convencido de su plena capacidad para oponerse al mismo consideró esta geografía como la más adecuada para presentar batalla. El dispositivo patriota se desplegó, el 4 de abril, sobre Loma Blanca y el realista, al mando de Osorio, sobre la elevación triangular. En las primeras horas de la mañana siguiente, el Libertador hizo el reconocimiento de la posición enemiga, observando que el grueso de las fuerzas españolas se había desplegado sobre un costado de la meseta previendo la posibilidad de un envolvimiento del mismo. El jefe realista había mandado emplazar dos cañones sobre el cerro Errázuriz y reforzado su artillería con cuatro compañías de Cazadores. Según el relato de O’Brien, San Martín exclamó: “Osorio es más torpe de lo que yo creía. El triunfo de este día es nuestro: ¡el sol por testigo!”
El plan realista fue defensivo, pues Osorio, en su parte del 17 de abril, manifestó que esperaba conocer las ideas de San Martín. El jefe español distribuyó sus fuerzas en línea, sobre la base de tres agrupaciones: Primo de Rivera (compañías de Granaderos y Cazadores), Morla y Ordóñez. En el ejército realista algunos jefes, como Ordóñez y Morgado, sostenían la necesidad de una actitud ofensiva, tal cual había ocurrido en la junta de guerra previa a Cancha Rayada. Estos disensos se hicieron sentir también durante el combate y contribuyeron a la derrota española en Maipo. Un aspecto interesante del dispositivo inicial de Osorio fue que no dejó reserva: durante la batalla intentó organizarla sobre la base de la agrupación de Granaderos y Cazadores de Primo de Rivera, pero fue imposible por estar este jefe empeñado en combate con la división de Las Heras.
El plan y el dispositivo de San Martín, en cambio, fue ofensivo, aprovechando las ventajas del terreno para lograr una rápida victoria. Comprendió dos líneas y tres divisiones: Las Heras, al oeste;Alvarado, al centro-este y la reserva, con tres batallones a órdenes de Quintana, centro y retaguardia.
La batalla se inició con un intenso fuego de la artillería patriota, que fue contestado por la realista. Era cerca del mediodía del 5 de abril de 1818. La división Las Heras encabezó el ataque a la posición de Primo de Rivera, con el fin de conquistarla y amenazar luego el flanco del dispositivo enemigo. La artillería española de los cerrillos de Errázuriz, abrió fuego de flanco sobre el Batallón No 11, sin detenerlo, mientras que los Dragones de Morado cayeron sobre Las Heras, quien ordenó a Zapiola para que los contuviera.
Entre tanto, la artillería de Blanco Encalada trataba de neutralizar el contraataque de los Dragones. Los dos escuadrones que encabezaban la formación de los Granaderos a Caballo, a las órdenes de Escalada y Medina, arrollaron a los Dragones empujándolos hacia el flanco noroeste del dispositivo realista (división “Morla”), pero, después de sufrir bajas, fueron obligados a replegarse. Reorganizados, con cuatro escuadrones, volvieron los Granaderos patriotas al ataque, haciendo desaparecer a los Dragones del campo de batalla.
El Batallón N 19 se posesionó de una pequeña altura desde la cual amenazó a los batallones Burgos y Arequipa. Cuando la División Alvarado, acompañando el avance de Las Heras, se encontraba a media distancia de la primera línea realista, Ordóñez ordeno un contraataque frontal con toda su división, que fue acompañada por los batallones Burgos y Arequipa. El Libertador ordenó, inicialmente, que la artillería de Borgono tratara de detener tal reacción, cosa que pudo concretar “con fuego de metralla”, pero sin impedir una cierta vacilación que fue salvada por la oportuna presencia de Quintana con la reserva.
Este fue el momento crítico de la batalla. Las Heras ordenó que el Batallón “Infantes de la Patria” concurriera en ayuda de Alvarado, para equilibrar la situación. Si bien la caballería realista del flanco derecho había sido cargada y derrotada por Freire, subsistía el peligro del avance de Ordóñez. San Martín dispuso el rápido movimiento de la reserva, que con sus tres batallones ejecutó un ataque al flanco derecho del dispositivo español que había iniciado el contraataque. El brigadier Osorio, antes de producirse la crisis patriota, había dispuesto la concurrencia de Primo de Rivera como reserva. Esta orden, que inicialmente podría haberse cumplido con cierta dificultad, se ejecutó en el peor momento, porque los efectivos de Errázuriz estaban aislados del resto de la acción. En el cuadro final de la batalla, el dispositivo realista fue rodeado por la división Las Heras al oeste, Alvarado en el centro y Quintana al este. Ambas caballerías patriotas, de Zapiola y de Freire, completaron el cerco. Osorio trató de replegarse sobre la hacienda “Los Espejos”, y no consiguiéndolo, huyó en dirección a Talcahuano. Ordóñez ofreció la última resistencia en la misma hacienda, viéndose obligado a rendirse en menos de media hora. La batalla finalizó hacia las seis de la tarde: los españoles tuvieron 2.000 muertos y fueron hechos prisioneros unos 3.000 hombres. Perdieron toda la artillería, parque y servicios logísticos, además de numeroso armamento. El ejército patriota sufrió la perdida de 1.000 hombres, entre muertos y heridos. La batalla se ejecutó como una típica acción de aniquilamiento. Podemos afirmar que el triunfo patriota de Maipú consolidó la independencia de Chile, contribuyendo, en gran medida, a asegurar la futura expedición sobre el Perú y a hacer posible la acción vigorosa de Bolívar en Colombia y Venezuela. Expuso, claramente, el genio de San Martín y demostró su capacidad de recuperación después de Cancha Rayada.
Fuentes: Picciuolo, José Luis – La Batalla de Maipú – Instituto Nacional Sanmartiniano.


viernes, 4 de abril de 2014

ANIVERSARIO DEL COMBATE DE CURAPALIGÜE

El día 4 de abril de 1817 se produce el Combate de Curapaligüe. Las tropas al mando del Coronel Juan Gregorio de las Heras son atacadas de noche por una división española integrada por unos 600 infantes y 100 jinetes con el refuerzo de artillería ligera, que habían salido con ese objetivo desde la ciudad de Talcahuano, Chile. El buen sistema de avanzadas organizado por las fuerzas patriotas impidió la sorpresa, rechazando los argentinos el ataque y obligando a los españoles a retornar a Talcahuano.

Luego de la Batalla de Chacabuco el cansancio de las tropas impidió a San Martín perseguir a los realistas hasta su aniquilamiento. Pudieron estos rehacerse en el sur, donde contaban con numerosos partidarios, recibieron refuerzos desde el Perú y afirmándose en sus montañosas regiones, prolongaron su resistencia por un año más. Pareció en un principio esta resistencia, consecuencia lamentable de un descuido o de una falta de previsión de San Martín, pero el tiempo le dio la razón. A los pocos días de ocupar a Santiago, el General San Martín dio orden para que una división marchara hacia el sur a completar la victoria con la persecución del enemigo. La dificultad de aprovisionarla la retardó hasta el de 3 de marzo. En esas serranías la marcha fue lenta y difícil. El Coronel Las Heras que la mandaba partió con sus 1.300 hombres casi sin caballos. Irritado O’Higgins por la lentitud de esa marcha, llegó a acusar al jefe argentino de negligencia y abandono y hasta pretendió juzgarlo militarmente. Finalmente se decidió a ir él mismo a dirigir la campaña. Sin embargo Las Heras se había comportado valientemente. A principios de abril había acampado en la hacienda de Curapaligue, a 20 kilómetros de Concepción. El jefe de la plaza de Talcahuano, Ordoñez, le atacó en la noche del 5, sabiendo que O’Higgins acudía con nuevas tropas. Las Heras le rechazó con graves pérdidas y luego siguió avanzando. Ocupó a Concepción y puso sitio a Talcahuano, fortificándose en el cerro Gavilán. El 5 de mayo el tenaz Ordóñez volvió a atacar a los patriotas. Cuando la victoria estaba ya decidida apareció la vanguardia de O’Higgins que la completó. El director chileno asumió el mando de todas las fuerzas sitiadoras. Había tardado en llegar más tiempo aún que Las Heras. O’Higgins fue conquistando poco a poco los fuertes que defendían la zona de Talcahuano. En el mes de julio intentó un asalto a la plaza pero se retiró sin empeñarse. El tiempo pasaba frente a la plaza fuerte. O’Higgins impaciente se determinó a tomarla por asalto el 6 de diciembre. Siguieron el plan del oficial francés Brayer, que se había agregado al estado mayor. Este impuso un ataque frontal en el punto más fuerte de la defensa. Ordoñez tenía unos 1.700 hombres y 130 cañones, y algunas naves en la bahía. El asalto comenzó cerca de las 3 de la mañana. Las Heras alcanzó a apoderarse del Morro de la izquierda. Pero los patriotas que se habían embarcado para apoderarse de unas naves en la bahía de San Vicente y envolver al enemigo, debieron volver diezmados. No le cupo mejor suerte a las fuerzas que atacaron en el flanco derecho. O’Higgins viendo la inutilidad del sacrificio de Las Heras que continuaba en su posición, dio la orden de retirada. La acción les había costado a los patriotas cerca de 500 hombres, entre muertos y heridos. San Martín había ido a Buenos Aires para tratar con el director Pueyrredón la continuación de la campaña hasta Lima. Volvió en el mes de mayo y con todo su empeño se dio a la preparación del ejército libertador, estableciendo en las Tablas un campamento semejante al del Plumerillo. A fines de 1817 contaba con 9.000 hombres perfectamente disciplinados y armados. El virrey Pezuela decidido a no perder la capitanía de Chile y a anular así la expedición de San Martín, que ya preveía, mandó a este territorio un fuerte ejército de 3.300 hombres al mando del General Osorio. Estas fuerzas desembarcaron en Talcahuano a mediados de enero de 1818 y unidas a las de Ordóñez formaron un ejército de 5.000 hombres. San Martín dio orden a O’Higgins de replegarse y al ejército del norte de descender. Osorio emprendió muy tarde la persecución de O’Higgins y en vez de hacerlo con rapidez por mar, utilizando la escuadra, eligió el largo y penoso camino terrestre. Los dos cuerpos del ejército patriota se encontraron el 12 de marzo en Chimborango. Desde ese momento la superioridad volvía a estar de su parte. San Martín fue en busca del enemigo, pero este retrocedió evitando el encuentro. Perseguido de cerca, Osorio se vio obligado a aceptar el combate. Formado en batalla acampó en las proximidades de Talca. Su situación era desesperada pues tenía a sus espaldas el río Maule. El Coronel Ordoñez impuso su decisión de atacar a los patriotas esa misma noche por sorpresa (19 de marzo). El ejército de San Martín había acampado al pie de los cerros de Baeza. A las 21 las tropas de Ordóñez avanzaron sigilosamente en tres columnas. San Martín había sido avisado por un espía del próximo ataque y estaba efectuando un cambio de frente. El ejército patriota fue sorprendido en plena maniobra y dispersado sangrientamente. Sin embargo Las Heras tomó el mando del ala derecha patriota que como ya había efectuado el cambio previsto quedó intacta, y pasando por entre los mismos realistas, que en la confusión no lo advirtieron, se dirigió hacia el norte. Al llegar al río Lircay, pudo comunicar a San Martín que se retiraba con 3.500 hombres. Osorio no persiguió a los patriotas y les permitió alejarse y rehacerse. Este error le costó la derrota de Maipú.
Fuente: Pellini, Ing. Claudio – Campaña Libertadora – Planeta Sedna.


jueves, 3 de abril de 2014

ANIVERSARIO DE LAS MEDIDAS TOMADAS PARA LA DEFENSA DE LA FRONTERA NORTE

Como parte de las acciones para la defensa de la frontera norte encomendadas al Gobernador Intendente y Comandante General de la provincia de Salta, Coronel Mayor don Martín Miguel de Güemes el teniente coronel don Manuel Eduardo Arias destinó el 2 de abril de 1818 una partida a las inmediaciones del cuerpo enemigo, la que desde Humahuaca (Jujuy) logró arrear más de 5.000 animales entre llamas, ovejas y vacas. Estos fueron enviados a Huacalera y Tilcara (Jujuy) para su custodia y seguridad, donde ya se contaba con 120.000 animales tomados también del enemigo pocos días antes. De este modo, se disminuían los recursos con que disponían los realistas para emprender una nueva invasión. Así cumplía Arias con las órdenes impartidas por Güemes, para “…que por medio de partidas bien montadas procurase hostilizar al enemigo acercándose cuando le fuese posible”.

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miércoles, 2 de abril de 2014

DÍA DEL VETERANO Y LOS CAIDOS EN LA GUERRA DE MALVINAS

El 2 de abril de 1982, las Fuerzas Armadas de la Patria recuperaron las islas Malvinas. La Operación Rosario, brillantemente ejecutada desde el punto de vista militar, logró todos sus objetivos sin derramar una gota de sangre de los ocupantes de las islas. Al capitán de corbeta Pedro Giachino, único muerto de la jornada, rendimos nuestro sentido homenaje.

Pasada la medianoche, habiéndose postergado unas horas por malas condiciones meteorológicas, se iniciaron con éxito las operaciones de recuperación del archipiélago de las Malvinas mediante la ejecución de una operación de fuerzas conjuntas denominada Operación Rosario. El RI 25 ocupó la localidad de Port Stanley, la que fue rebautizada con el nombre de Puerto Argentino. Desde este día de gloria, la Patria cuenta con tres héroes más. Son ellos: el capitán de corbeta, Eduardo Giachino, muerto en combate; el teniente de fragata, Diego García Quiroga y el cabo 2do Ernesto Urbina, los dos últimos de la Agrupación Buzos Tácticos, heridos gravemente durante el combate. En Buenos Aires, se realizó en forma espontánea una gran concentración de la población en la Plaza de Mayo para manifestar su adhesión a la recuperación de las islas, y se produjeron múltiples expresiones favorables de sectores políticos y personalidades nacionales.

“En Malvinas nunca se perdió la guerra, simplemente se perdió una batalla. Malvinas es una guerra presente y una victoria pendiente”

"No llores Patria con dolor de madre
a tus hijos sepultos en las Islas.
Ellos sembraron con su sangre mártir,
simiente de dolor para que vivas!
No sufras Patria quienes no volvieron, 
están de centinelas a la vista!
Cuidando tus derechos para siempre
en la quietud glacial de tus garitas.
Allí quedaron, sin relevo, solos
esperando que llegues algún día
tras el turno más largo de las guardias,
tras la noche más fiel de las vigilias.
Allí quedaron, dueños de la tierra
en el menguado terreno de las criptas
sepultados de pie como peleando
la batalla final que no termina.
¡Te esperan!, en el mar, en la tierra, en el aire
que aun tus nombres grita.
Te esperan atrincherados en la turba
en el húmedo suelo de Malvinas
empuñando las armas que esgrimieron
con el fervor de la razón invicta.
No llores la muerte de tus hombres,
no se llora la gloria bien habida
ni se cubre con crespón a tu bandera
basta el sol, tu augusto centinela."
Ricardo Miró Valdés

“La vida no sirve para nada si uno no está dispuesto a entregarla por una causa grande, por un ideal alto”
P. Alberto Escurra.

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martes, 1 de abril de 2014

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL EUSTAQUIO DÍAZ VÉLEZ

Su nombre era Eustoquio (Eustochio Antonio según consta en su partida de bautismo) pero se lo cita habitualmente, de forma incorrecta, como Eustaquio. Sus padres fueron Francisco José Díaz Vélez, acaudalado comerciante nacido en Huelva, España — quien fuera capitular del Cabildo de Buenos Aires — y María Petrona Aráoz, oriunda del Tucumán, de una importante familia colonial. Fue el séptimo hijo de un total de doce. Se incorporó joven al ejército, en el regimiento de Blandengues de la Frontera de Buenos Aires. Combinó estas actividades con el comercio, reuniendo alguna fortuna. Colaboró con Santiago de Liniers en la lucha contra las Invasiones Inglesas y fue dado de alta en el Regimiento de Patricios, el 8 de octubre de 1806, como ayudante segundo graduado de teniente, participando en la Reconquista de Buenos Aires. Al año siguiente, durante la Segunda Invasión Inglesa, se distinguió en la Defensa de Buenos Aires, bajo las órdenes de Cornelio Saavedra, al rendir a los ingleses en la "Casa de la Virreyna Viuda", entre los días 2 y 7 de julio. Fue promovido al grado de capitán. Durante la asonada de Álzaga del 1 de enero de 1809, luchó del lado de los leales a Liniers y fue herido. Esa acción le valió el ascenso a teniente coronel graduado. Tenía buenas relaciones con los conspiradores que, antes de 1810, pretendían lograr la independencia de su país. Apoyó la Revolución de Mayo, participando en las reuniones que resolvieron la destitución del Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, asistiendo a la del 19 de mayo convocada por Nicolas Rodriguez Peña. En ocasión del Cabido Abierto del 22 de mayo el Coronel Cornelio Saavedra lo designó como jefe de las guardias de Patricios que posibilitó la reunión de esa asamblea que expresó la voluntad del pueblo. Surgida la Primera Junta de Gobierno, ésta le encomendó como primera misión militar ocupar la plaza de Colonia del Sacramento, cuya población simpatizaba con los patriotas revolucionarios, venciendo a su guarnición y llevando para Buenos Aires gran cantidad de municiones. Por esta victoria la Primera Junta lo nombró teniente coronel, con carácter efectivo. Formó parte del Ejército del Norte y participó en la derrota de Cotagaita. Semanas más tarde, el día 7 de noviembre de 1810, luchó en la batalla de Suipacha, primer triunfo de las armas revolucionarias rioplatenses, que permitió el levantamiento revolucionario de las ciudades de Potosí, Chuquisaca y La Paz, abriendo a los patriotas el Alto perú. Por orden del representante de la Junta, Juan José Castelli, ejecutó en Potosí a los jefes realistas Nieto, Córdova y Sanz. Fue ascendido al grado de Coronel. Castelli firmó un armisticio con el jefe español José Manuel de Goyeneche, que probablemente ninguno de los dos pensaba cumplir. Díaz Vélez y Juan José Viamonte, al frente de sus batallones, fueron enviados como avanzada en dirección a la frontera. Al producirse el ataque realista en la batalla de Huaqui, el 19 de junio de 1811, estos dos regimientos fueron destrozados sin poder recibir ayuda ni ayudar al resto del ejército. La huida fue un verdadero desastre y, faltos de todo apoyo, los grupos de soldados cruzaron el Altiplano como pudieron, huyendo hacia Humahuaca. Antonio gonzalez Balcarce fue reemplazado por Juan Martín de Pueyrredón al frente del Ejército. En su retirada, las fuerzas de Díaz Vélez fueron derrotadas dos veces, en Nazareno y en Cobos. Participó en la organización del Éxodo Jujeño, bajo el mando del General Manuel Belgrano. Creó un cuerpo de caballería denominado los "Patriotas Decididos", y tuvo a su cargo la retaguardia del éxodo. Cuando los patriotas fueron alcanzados y comenzaron a ser derrotados, Díaz Vélez reaccionó rápidamente y contraatacó en la batalla de las Piedras, del 3 de septiembre de 1812, logrando una victoria que logró revertir la desmoralización de las tropas. En parte por esta victoria, Belgrano se atrevió a dar la batalla de Tucumán, el 24 de septiembre de 1812, la que resultó la victoria más importante de la guerra de la independencia argentina. Díaz Vélez ofició de mayor general o segundo jefe del ejército. Tomó el parque del general realista Pío Tristán, con treinta y nueve carretas cargadas de armas, municiones, parte de los cañones y prisioneros. Luego se hizo fuerte en la ciudad de San Miguel de Tucumán, en donde — frente a la intimación de rendición que le efectuara el jefe realista bajo amenaza de incendiarla — le respondió que, en tal caso, degollaría a los prisioneros, entre los que se encontraban cuatro coroneles. Tristán no se atrevió a cumplir con su amenaza. A los pocos días fue enviado a tomar Salta, antes de que llegara hasta allí el ejército enemigo. Liberó de la cárcel al Coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales, junto al cual logró ocupar la ciudad. Pero debió evacuarla a principios de octubre. El día 13 de febrero de 1813 el Ejército del Norte prestó juramento de obediencia a la soberanía de la Asamblea General del Año XIII y fue Díaz Vélez, como mayor general, quien, además de conducir la bandera nacional reconocida por la Asamblea, tomó juramento de fidelidad a la misma al General Belgrano, quien después hizo lo propio con Díaz Vélez y el resto del ejército. Pocos días después, en la batalla de Salta el 20 de febrero de 1813, Díaz Vélez dirigió un ala de la caballería argentina y fue gravemente herido. Belgrano aprovechó esa circunstancia para nombrarlo gobernador militar de la provincia de Salta, cargo que ocupó entre el 13 de marzo y el 13 de septiembre de ese mismo año. Los triunfos de Tucumán y Salta permitieron la recuperación del Alto Perú por los revolucionarios. Díaz Vélez, como jefe de la avanzada del ejército vencedor en la segunda campaña al Alto Perú, entró triunfante en la ciudad de Potosí, el 7 de mayo de 1813. Dirigió la caballería en las batallas de Vilcapugio y Ayohuma, dos terribles derrotas. Durante la retirada, por orden de Belgrano, y para cubrir sus espaldas, intentó volar el edificio de la Casa de la Moneda de Potosí; pero el aviso de un oficial a la población lo evitó. Volvió a Buenos Aires donde contrajo matrimonio con Carmen Guerrero y Obarrio, el 18 de marzo de 1814. Con ella tuvo tres hijos: Carmen, Manuela y Eustoquio. Fue ascendido a general. Inmediatamente fue enviado por el Directorio de las Provincias Unidas como Teniente Gobernador de Santa Fe, con el claro objetivo de impedir su secesión y que aumentase la influencia de José Artigas. Asumió el 31 de marzo de 1814 y ocupó la ciudad militarmente. Se dedicó a enviar todo lo que pudo, por las buenas o por las malas, al Ejército del Norte. Su gobierno no contaba con las simpatías del pueblo, principalmente por no ser santafesino pero también por no respetar al cabildo local. El 24 de marzo de 1815, una gran cantidad de gente se reunió frente a la casa de gobierno y exigió la entrega del mando al Cabildo. Al mismo tiempo, cruzaba el río Paraná una flota de canoas comandada por el entrerriano Eusebio Hereñú y una partida de artiguistas, que exigió cumplir lo que pedía el pueblo. Díaz Vélez renunció y en su lugar fue electo Francisco Candioti. Díaz Vélez retornó a Buenos Aires y permaneció inactivo por unos meses. Al año siguiente participó de la expedición hacia Santa Fe, a órdenes de Viamonte, como jefe militar de Rosario. El fracaso de Viamonte y la designación de Mariano Vera como gobernador de Santa Fe lo obligaron a retirarse en marzo de 1816. En abril de ese mismo año fue enviado en un tercer ataque hacia Santa Fe. Pero, buscando evitar una guerra civil y con la finalidad que los pueblos de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y la Banda Oriental enviaran diputados al Congreso de Tucumán, firmó -el día 9- con el comandante de las fuerzas de mar de Santa Fe el pacto de Santo Tomé, por el cual el Ejército de Observación depuso al director interino Ignacio Alvarez Thomas, traspasó su jefatura a Díaz Vélez, en reemplazo de Belgrano, y acordó que la paz definitiva debía ratificarse entre ambos gobiernos y ser también aceptada por Artigas. La negativa de Artigas de firmar un acuerdo de paz definitivo provocó la no participación de representantes santafesinos en la declaración de la Independencia en el Congreso de Tucumán. Pocos días después de desconocido el pacto, el gobernador Vera atacó la ciudad de Santa Fe y logró reconquistarla viéndose obligado Díaz Vélez a abandonarla ya que tampoco tuvieron éxito los esfuerzos de los comisionados (Comisión de Bienes Extraños) -jurisconsultos Dr. Castex y Dr Villegas, junto al contador Pósiga- ante el gobierno de la Provincia de Santa Fe para acordar los términos de un cese de hostilidades: "autorizado para estipular con el jefe de ese territorio la transacción de las diferencias que desgraciadamente existen entre ambos territorios". Dejó el suelo santafesino el 31 de agosto de 1816. Retornó a Buenos Aires, donde formó en la Logia dirigida por el director supremo Pueyrredón y por su ministro Gregorio Garcia de Tagle. En 1817 fue designado Comandante Ayudante General del Estado Mayor y el 13 de diciembre de 1818 fue nombrado Gobernador Intendente interino de Buenos Aires, reemplazando a Juan Ramón Balcarce, quien se encontraba enfermo. En enero de 1819 dispuso la supresión de las corridas de toros en El Retiro por encontrarse el circo en estado ruinoso y evitar males que pudieran sobrevenir al público. Revistó asimismo en la Plana Mayor del Estado Mayor hasta finales del año 1821. En marzo de 1819 solicitó la separación del cargo de Gobernador conservando únicamente las funciones de Intendente General de Policía hasta que se produjo la batalla de Cepeda, después de la cual se exilió en Montevideo. Las principales reformas policiales que efectuó fueron: la creación de un comando único para su funcionamiento, la implantación del "boleto de seguridad" o registro de identidad de las personas, el traspaso de la administración del juego de lotería que se encontraba en manos de particulares y la puesta en práctica de la abolición total de la pena de azotes a los que eran sometidos los niños en las escuelas. A su regreso, en octubre de 1821, se presentó al servicio activo, quedando comprendido en las disposiciones de la Ley de Reforma, por lo que pasó a retiro el 26 de febrero de 1822 con sueldo completo. Aprovechó entonces la ley de enfiteusis del ministro Bernardo Rivadavia y compró gran cantidad de terrenos. Fundó varias estancias, y se convirtió en el mayor propietario individual de campos en la Provincia de Buenos Aires. Las más conocidas fueron: "El Carmen", "Campos de Díaz Vélez" y "Médanos Blancos". No participó en las guerras civiles o externas de los años que siguieron, hasta 1839. Ese año apoyó la revolución llamada de los “Libres del Sur” contra el Juan Manuel de Rosas desde su estancia de Tandil. Si bien el Fuerte Independencia se rindió sin luchar a los revolucionarios — el 10 de noviembre de 1839 — la derrota de los revolucionarios en la batalla de Chascomús, ocurrida unos días antes, ya había signado el fracaso de la revolución. Vinculado con la toma de Tandil, Díaz Vélez fue arrestado. Su casa de la actual Avenida Belgrano 230 fue saqueada por la Mazorca y confiscada, al igual que todos sus bienes y hacienda. Preso e incomunicado con su familia por un período de nueve meses, fue puesto en libertad y se le permitió pasar a Montevideo. A raíz de la Guerra Grande, que enfrentaba en el Uruguay al partido colorado de Fructuoso Rivera al partido blanco, liderado por el aliado de Rosas,Manuel Oribe se produjo en 1843 el Sitio Grande de Montevideo. Para contribuir a la defensa de la ciudad, el general Díaz Vélez formó ese mismo año la Legión Argentina, compuesta por más de quinientos voluntarios argentinos, cuyos oficiales eran exiliados por causas políticas. Se identificaban por la escarapela celeste y blanca que llevaban en sus sombreros. Posteriormente fue reemplazado por el comandante Juan Andres Gelly y Obes. Regresó a Buenos Aires después de la batalla de Caseros. "Cargado de años y de gloria", como "benemérito general de la República", se negó a participar en política. Fue Presidente de la Comisión de Hacendados de la provincia de Buenos Aires y recuperó todos sus campos y gran parte de su hacienda antes de morir en Buenos Aires, en 1856. Sus restos descansan en el Cementerio de la Recoleta en la bóveda familiar, declarada monumento histórico nacional, por decreto nro. 3.039 del año 1946 del Poder Ejecutivo Nacional.

Fuente: Rodríguez Bosch, Raúl, Eustoquio Díaz Vélez. Soldado de la Independencia y la Organización Nacional, Ed. Selene, Bs. As., 1986. / Giberti, Hugo A., Buenos Aires. Calles conocidas, soldados olvidados, Ed. Edivérn, Bs. As., 2001 / Cutolo, Vicente, Nuevo diccionario biográfico argentino, Ed. Elche, Bs. As., 1968-1985. / Canido Borges, Jorge Oscar, Buenos Aires, esa desconocida; sus calles, plazas y monumentos, Ed. Corregidor, Bs. As., 2003 / Camogli, Pablo, Batallas por la libertad, Ed. Aguilar, Bs. As., 2005./ Ruiz Moreno, Isidoro J., Campañas militares argentinas, Tomo I, Ed. Emecé, Bs. As., 2004 / Bidondo, Emilio, La guerra de la independencia en el Alto Perú, Ed. Círculo Militar, Bs. As., 1979. / Mitre, Bartolomé, Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina. Ed. Estrada, Bs. As., 1947. / Gianello, Leoncio, Historia de Santa Fe, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1986. / Zinny, Antonio, Historia de los gobernadores de las Provincias Argentinas, Ed, Hyspamérica, 1987 / Tarragó, Griselda B. y Barriera, Darío G., Nueva historia de Santa Fe, tomo 4, Ed. Prohistoria, Rosario, 2006.


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