miércoles, 7 de diciembre de 2016

ANIVERSARIO DEL COMBATE DE CHIMEHUIN

Se desarrolló el 6 de diciembre de 1882 en el valle del río Chimehuin, al sur de Junín de los Andes, entre una tropa de 25 hombres del Regimiento 2 de Caballería de Línea, al mando del capitán Vicente Bustos y la tribu del cacique Platero, asentada en ese lugar. El parte y la versión oficial dice lo siguiente: “Campamento de Auquenco, Diciembre 7 de 1882. Tengo el honor de comunicar a Vd. el resultado de la comisión que se me confirió en la noche del 5 del presente. Siguiendo sus instrucciones vadié el río Chinhuin (sic) y en combinación con el teniente 2º D.
Vicente Grimau, cargué los toldos que se encontraban sobre la margen izquierda de dicho río, cuyo resultado Ud. conoce. Enseguida se me presentó el citado oficial con 14 individuos de tropa y doce que yo tenía hicieron el total de 26, con los cuales, según orden suya, me dirigí a los toldos de Platero, llevando tan solo un caballo por hombre por haber sido imposible pasar los que Ud. me mandó. Emprendí la marcha a las 2 y minutos de la mañana y después de una hora de marcha, después de haber andado más de tres leguas, llegamos a unos toldos abandonados, los cuales habían sido del citado Platero según el baqueano, a quien reprendí seriamente porque aquellos toldos se conocía que no eran habitados desde mucho tiempo atrás.
Acto continuo seguimos adelante y llegamos a otros toldos después de haber marchado como una legua y notando que recién los habían abandonado seguí los rastros y como a una legua tomé trece indios de chusma que huían y avistando una toldería muy cerca, me dirigí a ella; siendo ésta la del capitanejo principal del cacique Ñancucheo el que teniendo conocimiento por los indios fugados de la anterior toldería, de nuestra aproximación, había pasado a la margen derecha del río Chimehuin; algunos indios que se encontraban de este lado huyeron a mi vista.
Ya los caballos estaban cansados y resolví acampar tomando para ello las precauciones del caso, pues sobre un médano de la margen derecha del río se veía un grupo de indios como de noventa, los que levantaron una bandera en señal de parlamento y habiéndole contestado de la misma manera, bajó a la orilla del río el Capitanejo acompañado de un lenguaraz y tres indios, desde allí me hizo presente que quería paz lo mismo que su cacique, que debía presentarse con 400 y tantos indios que tenía, contando con los que pertenecían a Namuncurá. En vista de esto mandé al baqueano que llevaba acompañado de un cabo y dos soldados a fin de poner en su conocimiento todo lo susodicho, dándole cuenta al mismo tiempo de que a una señal de humo, se reunían los indios llegando de todas direcciones, pero por la parte del río en que ellos se encontraban, y avisándole el estado de los caballos.
Mientras tanto volví a conferenciar con el Capitanejo dos veces más, pasando éste con varios indios desarmados a donde ya estaba, y al retirarse la última vez fui atacado como por doscientos indios aproximadamente que durante la conferencia habían vadeado el río sigilosamente, por un punto imposible de descubrir para nosotros.
El ataque lo trajeron divididos en tres grupos, dos a pie y el otro a caballo, armados de lanzas y carabinas, siendo la primera el arma que tenían el mayor número de ellos.
Los que cargaron a pie serían como unos cien, quienes llegaron hasta nosotros, haciéndome imposible la defensa de la caballada, que estaba atada y maneada a poca distancia, arrebatándola una parte de los indios montados; a pesar de habernos cargado muy de cerca; valiéndose para ello de los accidentes del terreno y de la arboleda de la costa, fue tal el fuego hecho por los soldados, y los golpes de sables de los mismos que pronto comprendí la desmoralización de los salvajes, y entonces redoblando nuestros esfuerzos, conseguimos después de media hora de combate, ponerlos en precipitada fuga, quitándoles trece lanzas y seis caballos, de los cuales uno era nuestro y los otros de ellos, estando estos últimos ensillados. Del total de lanzas tomadas, que es el mismo de muertos del enemigo entrego a Ud. diez, pues las otras se quedaron inútiles en el lugar de la acción, varios indios más perecieron ahogados, pues se arrojaban al río, los que no tenían otra salvación; pereciendo de la misma manera, toda la chusma prisionera, quien durante el combate, también se asotó al río.
Las pérdidas sufridas por nuestra parte, son los soldados Toribio Oliva y José Lacasa, muertos; el primero recibió un lanzazo en el costado a consecuencia del que cayó al río, y el segundo otra herida también de lanza en la misma naturaleza que la del primero, con la cual bastó para dejarlo fuera de combate, pero asimismo su cuerpo presentaba otras heridas.
Los heridos son, el que suscribe de dos lanzazos de poca gravedad, y un golpe de bola perdida; el cabo 2º Juan Guilleguer, de un bolazo en la pierna izquierda, el soldado Juan Chaparro, también herido de lanza en seis partes, y por último, el soldado Pedro Trejo presenta en el cuerpo veinticinco heridas, siendo algunas de gravedad; a más salieron contusos de golpes de bola perdida, el sargento Samuel Pérez, los cabos Ignacio Taboada y Jacinto Morales y los soldados Venancio Zárate, Bernabé Sosa y Sandalio Villaroel.
Los heridos del enemigo me supongo que son muchos, por la sangre que se notaba en el trayecto de su fuga.
Me falta hacer presente a Ud. que la munición ha sido de tan mala calidad que varios soldados se vieron en la imperiosa necesidad de abandonar su carabina, porque los cartuchos no detonaban, siendo así que tres de ellos resultaron sin carabina, habiéndose reventado una y la otra cayó al agua.
Viéndome casi completamente a pie, resolví buscar la incorporación, haciendo montar los heridos y cargar las monturas en los caballos restantes, marchando la fuerza a pie. Como los caballos venían bastante pesados y los indios me seguían, resolví dejar las monturas ocultas en un bosque de los que encontré en mi trayecto, distante del paso del río como una dos leguas, trayendo tan solo cuatro que fueron los caballos que se pudieran ensillar.
Sobre el camino encontré charcos de sangre y una medalla de las acordadas últimamente por el Superior Gobierno a los soldados, lo que me vino a demostrar la certeza de mi sospecha sobre el baqueano, pues no puede dudarse de que el cabo Alarcón y los soldados Pedro Bustos y Telmo Domínguez han sido muertos por los indios, en vista de no haber llegado a este campamento ninguno de ellos.
Réstame recordar a Ud. la digna comportación del teniente Grimau, lo mismo que el puñado de valientes que tenía a sus órdenes y que han demostrado una vez más, la pujanza en la pelea, el sufrimiento en la fatiga, la pronta obediencia y la ciega disciplina de que están poseídos. Dios guarde a Ud. - Vicente Bustos.”
Es conveniente agregar la nota aclaratoria del citado Capitán, donde se refiere a la actuación de suboficiales y soldados; dice así: “Collón-Curá, Enero 10 de 1883 – Al Señor Jefe Accidental del Regimiento 2 de Caballería de Línea, teniente coronel Don Roque Peiteado. - A pesar de que como lo digo en el parte que pasé a Ud. dando cuenta del combate que tuvo lugar con los indios en el día 6 de Diciembre próximo pasado, todos los soldados han observado una conducta bastante digna, se han hecho recomendables por su reconocido valor en los momentos de la lucha cuerpo a cuerpo, y después por el especial empeño en dar cumplimiento a las órdenes que recibían y por la tenacidad en la persecución que se hizo a pie hasta donde nos fue posible y en la que se consiguió ultimar varios indios heridos, herir a otros y quitar los caballos que me sirvieron para cargar las monturas y montar los heridos; el sargento 1º Cayetano Rosas, los cabos 2º Ignacio Taboada y Jacinto Morales y los soldados Hermenegildo Montenegro, Calisto Arias, Balbino Balquinta, Doroteo Barrios, Venancio Zárate, Pedro Trejo y Juan Chaparro. Dios guarde a Ud. – Vicente Bustos.”
Como los datos oficiales y extraoficiales no coinciden, veamos seguidamente la versión que se asienta en el Diario de la Brigada: “La lucha fue cruda y encarnizada por ambas partes: los salvajes alentados por la superioridad en el número y la seguridad de la victoria, y nuestros valientes, por su propio coraje y disciplina.
El intrépido capitán Bustos, que sereno y enérgico en el peligro dirigía el combate dando ejemplo de valor, rompió su espada en lucha y descargó eficazmente sus revólveres, quedando, por tanto, desarmado en lo más crítico de la pelea; los bárbaros dirigían sus golpes a este valiente oficial, a quien reconocieron por Jefe, y a no ser por la intrepidez y destreza del cabo Ignacio Taboada, que apercibido del peligro que corría su oficial, se colocó a su costado e hizo prodigios con su sable, quitando las lanzadas que a uno y a otro les dirigían e hiriendo a cada golpe que descargaba sobre los más atrevidos, hubiera sido víctima tal vez.
El teniente 2º D. Vicente Grimau, también del mismo Regimiento, secundaba dignamente en esta acción al capitán Bustos.
Media hora duró la lucha, cediendo por fin los salvajes en completa dispersión, dejando a los pies de nuestros bravos, 13 cadáveres; mientras que otros aterrorizados se lanzaban al río Chimehuin, a cuya margen tuvo lugar el suceso, juntamente con trece personas de familia que momentos antes se habían tomado prisioneras, pero perecieron todos por el fuego de nuestros soldados o devorados por las torrentosas aguas del Chimeuin.
De nuestra parte lamentamos un cabo y 4 soldados muertos; 4 heridos inclusive el capitán Bustos y la mayor parte contusos por golpe de bolas.
Tan distinguida acción, fue la que inauguró la serie de combates no menos honrosos, que se han sucedido en el curso de la expedición.”
Pero he aquí que el mismo comandante de la Brigada, al dar a conocimiento a sus subordinados de los hechos de armas en que habían intervenido sus tropas durante ese lapso de la campaña, expresaba el 15 de diciembre en su: “Orden de Brigada – En los pocos días de campaña que cuenta la segunda Brigada, se han realizado operaciones tan diversas como fructuosas y librádose combates, dejando en cada uno de ellos sembrado el escarmiento, el terror y el castigo terrible para los salvajes, que desesperadamente en sus últimos momentos de exterminio han osado oponerse a nuestro paso.
Algunas víctimas tenemos que lamentar por nuestra parte todos pertenecientes al Regimiento 2 de Caballería de Línea, los soldados José Lacaba y Toribio Oliva, también víctimas en su puesto de honor, en un combate de doscientos contra veinte, como el que tuvieron que sostener a arma blanca, tan brillantemente conducidos por el capitán D. Vicente Bustos y teniente 2º Don Vicente Grimau. Debemos también un recuerdo respetuoso para el cabo Atanasio Alarcón y soldados Pedro Bustos, Telmo Domínguez y Fidel Miranda, traidoramente asesinados los tres primeros al conducir una correspondencia, y el último ahogado en las aguas del río Chimehuin, al vadearlo a nado para atacar al enemigo.”
Algunos historiadores y escritores militares aportan algunos datos que difieren en algo a lo apuntado anteriormente. Juan Carlos Walter, al citar el combate dice: “La sorpresa no tuvo lugar porque los indios lograron escapar. Con todo se tomaron 22 prisioneros, 3 carabinas Remington, algunos animales y varias prendas de uniforme, probablemente de algunos desertores allí refugiados. Las propias tropas tuvieron la pérdida de dos soldados puestos fuera de combate y 10 heridos, entre ellos 1 soldado que presentaba en el cuerpo 25 heridas”.
Manuel Prado, en cambio, informa: “Por nuestra parte tuvimos que lamentar seis soldados muertos y el capitán Bustos y un soldado heridos. El resto de la fuerza, sin excepción, había sufrido contusiones de bola. Pero éstas, como nos contaba Grimau alegremente, se curaban fácilmente con agua del arroyo y la sal de la ración.”
Se hace la salvedad que Prado puede referirse, al citar los muertos, a alguno de los heridos que haya fallecido posteriormente, como consecuencias de las heridas, como por ejemplo el que cita Walter.
Juan J. Biedma Straw nos dice igual saldo al del informe del Diario, agregando: “Regresó al campamento con 24 prisioneros, numerosa caballada y ganado vacuno y lanar.”El general Pereyra hace la referencia del mismo informe transcripto, no dando nombres, y por último, Vigil, en su meritoria obra, menciona: “De las fuerzas expedicionarias hubo que lamentar cuatro bajas, entre ellas el cabo Atanasio Alarcón, resultando el capitán Bustos herido de dos lanzazos y un golpe de bola. Hubo además cuatro soldados heridos y varios contusos.”
En base a lo expuesto se puede expresar:
1) Que la acción se desarrolló en la margen izquierda del río. El mapa que figura en la obra de Vigil lo marca a la derecha, pero en el texto se ciñó al informe de la Comisión Nacional, que lo da al combate como realizado en la margen izquierda.
2) Que en esa ocasión no falleció el cabo Atanasio Alarcón y los soldados que lo acompañaron en su comisión; como figura en el informe aludido de la Comisión Nacional y en otros libros.
3) Que la tribu de Ñancucheo vivía en la orilla meridional del lago Huechulafquen, en el paraje denominado “Contra”, como surge del informe y mapa del sargento mayor Bejarano, que la visitara en 1872 en misión oficial, como así figura luego en varias partes de los Diarios de marcha de las brigadas intervinientes en esta campaña, tanto que la lucha contra este cacique insume la mayor parte de las acciones guerreras realizadas en la zona. La toldería atacada pertenecía al cacique “Platero” y su gente, de la misma parcialidad, como bien lo hace constar Walter en su libro.
Prado se equivoca con respecto a la actuación del referido cacique y su tribu, como lo certifican los informes de las brigadas actuantes contra él.
4) Que durante el combate fallecieron los soldados José Lacaba y Toribio Oliva; en cuanto al soldado Miranda, el informe de Peiteado dice: “Al pasar el río de regreso, tuve que lamentar la pérdida del soldado Fidel Miranda, que se ahogó sin habérsele podido prestar auxilio por la rapidez de la corriente.”
5) Que el fortín Picún Leufú, luego denominado Cabo Alarcón, situado en la confluencia de aquel río con el Limay, era custodiado por tropas del Regimiento 5º de Caballería de Línea, y no tiene relación alguna con este combate, librado por tropas del 2 de la misma arma. El nombre impuesto corresponde al Cabo citado.
Con fecha 28 de julio de 1883, por Superior Resolución, fueron ascendidos “por mérito de acción distinguida” el capitán Bustos y el teniente 2º Grimau.
Fuente: Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado, Raone, Juan Mario – Fortines del desierto – Biblioteca del Suboficial Nº 143.

martes, 6 de diciembre de 2016

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE PASCO

El 6 de diciembre de 1820 se produce la Batalla de Pasco. Después de la victoria de Nazca del 15 de octubre de 1820, el General Juan A. Álvarez de Arenales recorrió varias localidades de la sierra peruana, capturando Guamanga, Huanta, Jauja y Jauma. El virrey del Perú envió en su contra a un ejército al mando del Brigadier Diego O'Reilly, quién lo desplegó en batalla en el Cerro de Pasco. El General Álvarez de Arenales obtuvo un triunfo completo. Luego de la batalla el Teniente Vicente Suárez, al frente de un piquete de Granaderos a Caballo, persiguió al general español y lo capturó en Lauricocha a unas 20 leguas de distancia.
Al comenzar el día de la batalla, la climatología ofrecía una nevada espesa y copiosa que entorpecía la marcha de la infantería y que disminuía la visibilidad a "unas cuantas varas". Para cuando dejó de nevar, la división de Arenales que se había puesto en marcha a las 10 am con cuatro cañones de montaña, ocupaba las alturas delante del pueblo de forma que la línea del frente se dibujaba al sur-oeste del pueblo, el cual estaba situado en la hondonada. En el ala izquierda realista estaba la laguna de Patarcocha que cubría el frente del batallón Concordia, a su derecha estaba el batallón Talavera, parapetado detrás de un foso que servía de desaguadero de la laguna y con las dos piezas de artillería en su centro. En el extremo del ala derecha realista estaban los Dragones de Carabaillo.
Movimientos de la batalla
La división de arenales se organizó en tres columnas que se moverían al trote, con una pantalla de tiradores desplegados en guerrilla al frente de cada una. A la derecha independentista estaba batallón número 2 de Chile formado en columna, y comandado por Aldunate iba dando un rodeo a laguna para atacar el flanco del batallón Concordia. La reserva formada, de cuatro mitades del Nº2 y Nº11, estaba mandada por Manuel Rojas, a dos cuadras por detrás y en el centro independiente, con la misión de seguir el movimiento del nº2. Finalmente Deheza con el batallón número 11 de los Andes con dos piezs de artillería era el encargado de atacar al Talavera, para lo que destacó una compañía contra el centro realista cubriéndose en la ribera de la Laguna, mientras el resto asaltaba el foso. Contaba con el apoyo de los granaderos a caballo que iban comandados por Juan Lavalle.
Conclusiones
El batallón nº 11 de los Andes tras los tiroteos de fusilería asaltó a la bayoneta el foso, empujando a los Talavera hacía el norte caserío. Los del nº2 de Chile, rodeando la laguna, flanquearon la posición dispersando completamente la división realista. En la persecución que siguió, Santa Cruz y la unidad de caballería que mandaba se pasaron al bando independiente. Los realistas tuvieron 83 bajas y 422 prisioneros, 4 jefes, incluido O'Reilly. Los independientes 43 bajas
En la imagen: Condecoración otorgada a los vencedores de la Batalla de Pasco.
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lunes, 5 de diciembre de 2016

ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DEL GRUPO DE ARTILLERÍA BLINDADO NRO. 2

Se crea el 05 de diciembre de 1917, por Decreto del Presidente HIPÓLITO YRIGOYEN, con el nombre de PRIMER GRUPO DE ARTILLERÍA A CABALLO, organizándose a órdenes de su primer Jefe, Mayor JOSÉ MARÍA MANZO, en los cuarteles de la ciudad de DIAMANTE, provincia de ENTRE RÍOS.
En el año 1920, la unidad se traslada a la ciudad de GOYA, provincia de CORRIENTES, y en el año 1923, en ese lugar, el Grupo cambia de denominación por la de TERCER GRUPO DE ARTILLERÍA A CABALLO.
En el año 1931, la unidad participa de las acciones para sofocar el alzamiento militar, ocurrido en la ciudad capital de CORRIENTES, estos desgraciados acontecimientos estaban encabezados por el ex Teniente Coronel POMAR.Durante el año 1939, la unidad cambia de asiento, se traslada a la ciudad de MERCEDES , PROVINCIA DE CORRIENTES, la que será su nueva guarnición.
Durante el año 1942, la unidad es disuelta, creándose sobre la base de sus efectivos el REGIMIENTO 3 DE ARTILLERÍA A CABALLO, en la ciudad de MERCEDES, provincia de CORRIENTES, como parte integrante de la 2da DIVISIÓN DE CABALLERÍA.En el año 1945, se reorganiza como REGIMIENTO 2 DE ARTILLERÍA A CABALLO, cambiando de guarnición a la ciudad de VILLAGUAY, provincia de ENTRE RÍOS.
Nuevamente en esa guarnición en el año 1949, cambia de denominación pasando a llamarse PRIMER GRUPO DEL REGIMIENTO 2 DE ARTILLERÍA A CABALLO.
En el año 1961, cambia de destino y ocupa la guarnición en la ciudad de ROSARIO DEL TALA, provincia de ENTRE RÍOS, su actual asiento. En esta oportunidad también cambia de denominación por la de GRUPO DE ARTILLERÍA A CABALLO 2.
El 07 de julio de 1968, participa en el desfile en el que la última Gran Unidad de Combate Montada del país despide a sus caballos; él también le dice adiós a los tordillos, zainos y alazanes, que con su noble esfuerzo le permitieron hasta entonces acompañar a la ágil Caballería.
A partir del año 1968, adopta su actual denominación de GRUPO DE ARTILLERÍA BLINDADO 2. Recibe la provisión de sus VC M7A3 con Cñ Cal 105mm L 24,5 - M2A1, materiales que le brindarán la posibilidad de apoyar con sus fuegos a los elementos blindados.
En mayo de 1972, llegan a la unidad DOCE ( 12) piezas de Artillería Blindada VC AMX 13, autopropulsadas con Cñ 155mm, las que le permiten incrementar su capacidad operacional.
En el año 1982, nuevamente abandona su guarnición y ante la orden de preparase para el embarque marítimo, el 02 de mayo se traslada a los cuarteles del GRUPO DE ARTILLERÍA DE DEFENSA AÉREA 121 en la ciudad de GUADALUPE, provincia de SANTA FÉ, para su posterior marcha hacia la zona de operaciones en el ALTÁNTICO SUR; no habiendo concretado el anhelado embarque, el 21 de junio de 1982 regresa a su asiento en la ciudad de ROSARIO DEL TALA.
Ante los acontecimientos del 03 de diciembre de 1990, decididamente, la unidad se ve obligada a participar en un combate en proximidades de la ciudad de GUALEGUAYCHÚ, librado contra elementos rebeldes que intentaban deponer las autoridades legalmente constituidas y romper el orden constitucional.A partir del año 1993, la unidad ha participado, aportando personal y medios en las Operaciones Mundiales para el Mantenimiento de la Paz(OMMP), en la Ex–YUGOSLAVIA, CHIPRE, KUWAIT, MOZAMBIQUE y SAHARA OCCIDENTAL.
Fuente: www.gabl2.ejercito.mil.ar

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domingo, 4 de diciembre de 2016

DÍA DEL ARMA DE ARTILLERÍA “SANTA BÁRBARA”

En la fecha en que se celebra el Día del Arma de Artillería y el de su patrona, Santa Bárbara, enviamos nuestro saludo a todos los integrantes del Arma."
La misión general de la artillería de campaña será la de conducir y ejecutar los fuegos sobre aquellos blancos de superficie que impidan, interfieran y/o amenacen el cumplimiento de la misión de la fuerza apoyada. Entre otras funciones tendrá que: planificar y coordinar todos los fuegos en apoyo de la fuerza, en todos los niveles de comando, obtener y proporcionar adquisición de blancos e intervenir en la elaboración de cartas de contaminación, predicción de lluvia radiactiva y registros e informes de explosiones nucleares.
La Artillería Argentino tendrá como misión general accionar sobre la amenaza aérea, desde las mayores distancias posibles para prevenir, anular, interferir o reducir los ataques de los medios aéreos enemigos en vuelo, a fin de proteger los objetivos materiales, el despliegue de los medios de la Fuerza Ejército, y contribuir al logro y mantenimiento de la superioridad aérea, atenuando los efectos de una situación aérea desfavorable. La AA del Ejército cumplirá su misión en la muy baja, baja y mediana cobertura.
La Artillería, junto con Infantería, Caballería, Ingenieros y Comunicaciones, es una de las cinco armas que posee el Ejército Argentino. Se entiende por "Arma" el conjunto de organizaciones que participan, durante el transcurso de la batalla, respondiendo a funciones de combate determinadas y claramente diferenciadas. Cada "Arma" tiene características propias y definidas, y comprende organizaciones, equipos y materiales similares.
Su misión general abarca dos actividades bien diferenciadas:
* Artillería de Campaña.
* Artillería Antiaérea.
La Artillería de Campaña, que utiliza como armas principales cañones, obuses, morteros y proyectiles autopropulsados tierra - tierra, tiene como misión fundamental destruir o neutralizar blancos terrestres que dificulten el cumplimiento de la misión de la fuerza a la que se esté apoyando.
La Artillería Antiaérea, que emplea cañones antiaéreos y proyectiles autopropulsados tierra - aire, tiene como misión principal prevenir, anular, interferir o reducir los ataques de los medios aéreos enemigos en vuelo (pueden ser aviones tripulados o no, helicópteros, misiles, etc.), para proteger a las propias fuerzas, sus medios, actividades y otros objetivos importantes.
Tanto la Artillería de Campaña como la Artillería Antiaérea se organizan en unidades que se denominan Grupos. Eventualmente, cuando se necesita coordinar el trabajo común de varios grupos, se conforman organizaciones mayores, que los encuadran y reciben el nombre de Agrupaciones de Artillería. Cada Grupo, a su vez, posee un número variable de organizaciones menores, o subunidades, que reciben el nombre de Baterías.
Las Baterías pueden ser de diferentes tipos, a saber:
Baterías Comando: agrupan los elementos necesarios para facilitar la conducción del Grupo de Artillería, como aquellos correspondientes a la dirección del tiro, la adquicisión de blancos, para establecer las comunicaciones internas y las externas, hacia las tropas apoyadas.
Baterías de Tiro: en ellas se encuentran las piezas (cañones, obuses o lanzadores de proyectiles autopropulsados) y los elementos necesarios para su funcionamiento (abastecimiento de munición, dirección del tiro de la Batería, etc).
Baterías Servicios: en ellas se encuentran agrupados los elementos que brindan apoyo logístico a la Unidad. Ellos son Intendencia (comprende el apoyo de vestuario, alimentación y combustibles), Arsenales (provee repuestos, mantiene y repara los vehículos, cañones, armamento en general, equipos de comunicaciones y radares de la Unidad), Transporte y Sanidad.
Baterías Comando y Servicios: cuando en una sola Batería se reúnen los elementos mencionados al hablar de las subunidades Comando o Servicios.
Las organizaciones más comunes son las que se detallan a continuación:
* Organización de Grupo de Artillería de Campaña.
* Organización de Grupo de Artillería Antiaérea.
Fuente: www.artilleria.ejercito.mil.ar

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sábado, 3 de diciembre de 2016

TRÁGICA PROFECÍA - CURUPAITY

En las vísperas de Curupaytí varios jefes del ejército argentino se reunieron a comer en la carpa del doctor Molina. Eran estos, los coroneles Luis María Campos y Juan Bautista Charlone y los comandantes Rosendo Fraga, Manuel Rosetti y Alejandro Díaz, el elegante oficial egresado de Saint-Cyr.
Saboreaban un banquete de soldado cuyo manjar más exquisito era un sábalo raquítico.
De pronto Fraga, con aquella arrogancia en el porte y en el hablar que lo hacia atrayente, dijo con visible contrariedad y triste sonrisa:
- ¡Hoy me van a matar! Recibiré un balazo en el vientre pero tendré el honor de morir con el quepis que Vd. me ha regalado –y dirigiéndose a Campos lo saludó con simpatía.
Alguien quería remover el silencio reinante cuando se escuchó la voz de Rosetti:
-¡Yo también voy a morir –exclamó- y es tan cierto mi presentimiento que he arreglado mis asuntos!
El joven Díaz, apenas extinguidos los ecos de las palabras de su camarada, murmuró con la cabeza gacha:
- ¡Yo también voy a morir!
El valiente Charlone, ese elegante oficial italiano que amaba tanto a su patria adoptiva, se irguió al tiempo que decía con un nervioso acento:
- Del mismo modo quedaré allí de un metrallazo; pero caeré en mis cabales, porque hasta ahora en el ejército argentino, en esa patria que tanto amo, nadie ha ido mas lejos que yo, y por eso que quiero darle mis glorias y mi sangre.
La atmósfera vibraba de puro tensa, y tristes pensamientos pasaban por las mentes esclarecidas de los bravos. Rosetti sacudió sus amarguras y llamando al Coronel Campos por su mote cariñoso dijo:
-¡El general Petit también ha de morir!
-¡No!- le interrumpió Fraga- saldrá herido solamente para que cuente el cuento.
En esos momentos se presentó un oficial de talla gigantesca, cabellos rubios y mirada infantil que traía una orden:
- ¿Y a éste? – dijo Rosetti sonriente.
- Como es tan grande, será el primero que muera – replicó secamente Charlone.
Salvo la herida de Campos, la siniestra profecía se cumplió. Todos murieron como héroes. Están en la gloria pero no en el bronce. Faltan esas estatuas.

De “Anecdotario Histórico Militar” de Juan Román Sylveira.
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viernes, 2 de diciembre de 2016

ANIVERSARIO DEL DESASTRE DE COLLON CURÁ

Si bien los combates ocurridos durante la conquista del desierto son los principales hechos de armas de dicha campaña, no se deben olvidar el considerar algunos desastres, que por su trascendencia y resonancia en el medio castrense, influyeron en el ánimo de los expedicionarios y fortineros. Muchos de ellos fueron olvidados, o, siguiendo una práctica muy usual, no dejaron registrados los pormenores, quedando la posteridad ignorante de tantos actos de heroísmo, cumplidos por oscuros soldados, como por humildes y serviciales indios amigos.

Uno de estos hechos fue el denominado desastre de Collón Curá, que merece figurar en nuestra literatura, para que nuestra juventud sepa y conozca que aquí en esta tierra, su Patria, hubo una pléyade de varones capaces, valientes, abnegados, tan héroes como esos que la literatura extranjera les presenta, pero que por desconocimiento o snobismo han dejado en el oscuro desván de la Historia, muchos de los escritores que han preferido beber en otras fuentes la inspiración para sus libros.
La de Collón Curá fue una de las mayores catástrofes ocurridas a las tropas expedicionarias, durante las campañas al sur argentino. Es un dato que no han observado los historiadores y escritores –por lo menos no se encuentra en la literatura a nuestro alcance- el peligro que siempre significó para nuestros abnegados soldados el tener que cruzar o vadear los impetuosos ríos cordilleranos. Esos ríos cuyo lecho es, por lo general, de cantos rodados patagónicos. A la velocidad y turbulencias de las aguas en las lisas piedras, se une la frialdad natural en corrientes de deshielo. La gelidez hace que el soldado caído en las aguas, con las ropas empapadas, con botas y los demás elementos que lleva cuando va montado, no pueda nadar, y menos con esas corrientes que lo van dando vueltas y lo arrojan contra las piedras que sobresalen del curso. De allí la gran cantidad de muertos en estos accidentes.
Una estadística de las campañas llevadas a cabo en la provincia neuquina, nos da el sorpresivo saldo de que las corrientes de agua han producido tantas muertes como el indio enemigo, con sus lanzas y otras armas. El Collón Curá, el Aluminé, el Traful, así como el Limay, Neuquén y otros ríos, cobraron a nuestro Ejército el pasaje de sus encrespadas aguas con la sangre generosa de muchos de sus valientes guerreros.
El desastre de Collón Curá tuvo lugar en el Paso del río del mismo nombre, al sur de donde se hallaba la balsa de Vialidad Nacional, antiguo tramo de la Ruta Nacional Nº 40, hoy rectificado al construirse el puente, aguas abajo. Antes de llegar a la confluencia del Quemquemtreu. Departamento homónimo.

“A las 12 y 55 se hizo acampar; de este punto se adelantó el comandante Suárez, acompañado del sargento del Regimiento 7º Felipe Torres y una partida del teniente Trayman y 10 indios, con el objeto de explorar el paso del río Collón-Curá, regresando al campamento a las 2 de la mañana, hora que hizo tocar a ensillar, poniéndose en marcha a las 2 y 30 acampando en el antiguo campamento de la 3ª Brigada se hizo la carneada, en seguida el jefe de la fuerza comisionó al cabo García, del Regimiento 7º, y al cabo Silva, del Batallón 6, para que fueran a cortar madera para la construcción de balsas que facilitaran el paso del río, disponiendo a la vez que armara el bote que con ese fin llevaban.
Momentos después regresaban los cabos García y Silva, diciendo no haber encontrado madera adecuada para balsas; pero dando cuenta de haber encontrado un paso por donde las fuerzas podían efectuarlo a caballo; al saber esto el Comandante, se trasladó acompañado del cabo Silva y el soldado Ocampos, ambos del Batallón 6 al paso indicado, para que a su presencia vadeara el río; verificada ésta y habiéndose persuadido de la facilidad que había, regresó al campamento y ordenó a los Comandantes de Piquetes hicieran tomar los mejores caballos para efectuar el pasaje en el punto donde se acababa de explorar.
A las 8 se emprendió la marcha, llegando al paso a las 9 y cuarto, hora que se dio principio a vadearlo, yendo el comandante Suárez adelante; el primer brazo lo pasó sin novedad alguna el mencionado comandante, capitán del Regimiento 7º D. Manuel Piñerory con más de cincuenta hombres del Regimiento y algunos cargueros con el equipo de la fuerza. En seguida inició el pasaje el Piquete de Infantería, pero habiéndose recostado el subteniente Scharples y algunos de la mitad que él mandaba, a la izquierda donde había un rápido, fue entonces cuando fue arrebatado por la corriente, ahogándose éste, 7 de la tropa del Batallón 6 de Línea y 2 del Regimiento 7 que seguían la dirección que aquel oficial llevaba.
El subteniente D. Pedro González del mismo piquete y al mando de la segunda mitad, siguió el rumbo por donde había pasado la primera fuerza y lo realizó sin novedad alguna.
En vista de este contratiempo dispuso el Comandante suspender el pasaje de los caballerizos para efectuarlo una vez terminado de armar el bote. El comandante Suárez comunicó al Jefe accidental de la Brigada, por medio de una nota que entregó al subteniente Aubone, lo ocurrido. Este oficial quedaba en el paso donde había venido para hacerse cargo del bote. Los que perecieron en esta catástrofe, son los siguientes:

Batallón 6 de LíneaSubteniente D. Lorenzo J. Sharples
Sargento 2º Carmen Ferreyra
Soldado Fortunato Ramírez
Soldado Eleuterio Varela
Soldado Mariano Celis
Soldado Andrés Pizono
Soldado Pastor Gallardo
Soldado Felipe Luna

Regimiento 7º de Caballería
Soldado Segundo Alvarez
Soldado Pedro Ochoa

Esta tropa pertenecía a la vanguardia de la 3º Brigada, que se dirigía hacia el sur neuquino, con la misión de evitar la huída de las huestes de Saihueque e Inacayal. Al llegar al lugar del suceso el efectivo de la Brigada habría de conmoverse ante el trágico suceso. Y así se registra en el Diario, que refiere:
“Este triste acontecimiento causó profunda impresión en todos los individuos de la Brigada, y muy particularmente entre la oficialidad del Batallón 6 que lamentaba la pérdida no sólo de un compañero querido, sino de un oficial distinguido como el subteniente Sharples, de un sargento que hacía años servía en el Cuerpo y de muy buenos soldados, todos llenos de méritos y servicios.
Se acampó inmediatamente; poco después el subteniente Aubone entregaba al Jefe de la Brigada dos notas del comandante Suárez. En la primera de fecha 2 del corriente, dicho Jefe daba cuenta que habiendo encontrado un paso bueno poco más arriba del conocido se resolvía a pasar sin emplear para ello el bote, el cual lo entregaba al subteniente Aubone por creerlo innecesario para pasar los demás ríos.
La segunda nota, era de fecha 4 del mismo y en ella daba cuenta que el paso elegido por él, tenía cinco brazos; que pasó el primero con felicidad pero que al efectuar el pasaje del segundo, la primera mitad de la compañía del Batallón 6 al mando del subteniente D. Lorenzo J. Sharples que venía a retaguardia de la del Regimiento 7º que pasó bien, dicho oficial, se inclinó un poco a la izquierda de la dirección, siendo inútiles las señas y voces que se le hicieron para que se hiciera a la derecha, siguiéndolo en tan funesto error toda la mitad, siendo arrastrados violentamente por la corriente cayeron al hondo del canal donde perecieron ahogados, el subteniente D. Lorenzo J. Sharples, el sargento 2º Carmen Ferreyra y los soldados Felipe Luna, Andrés Pizono, Pastor Gallardo, Eleuterio Varela, Mariano Celis y Fortunato Ramírez del Batallón 6, y los soldados Segundo Alvarez y Pedro Ochoa del Regimiento 7º.
El Comandante terminó el pasaje del Collón-Curá en uno de los botes que estaban armados, efectuándolo después la vanguardia de la segunda Brigada sin tener que lamentar pérdida alguna.
De los ahogados sólo se encontró el cadáver de un soldado al que se dio sepultura; los demás fueron buscados inútilmente.
Los oficiales del Batallón 6º, el día 8 del mismo mes, haciéndose eco del sentimiento de pesar que la pérdida de estos infortunados compañeros había producido en sus camaradas, dejaron en el lugar, como testimonio de su recuerdo, una pequeña cruz con la siguiente inscripción:
El 2 de diciembre de 1882 perecieron ahogados, en el paso de este río, el subteniente D. Lorenzo Sharples, el sargento Carmen Ferreyra y los soldados Felipe Luna, Andrés Pizorno (sic), Pastor Gallardo, Eleuterio Varela, Mariano Celis y Fortunato Ramírez, del Batallón Nº 6 de Línea; y los soldados: Segundo Alvarez y Pedro Ochoa del Regimiento Nº 7 de Caballería de Línea; nobles víctimas de su abnegación y disciplina”.
Han transcurrido muchos años desde ese infausto día y aún esperan que su pueblo, ese del cual salieron, por el cual lucharon y por quien cayeron, haga reponer esa sencilla cruz, símbolo cristiano que obliga a la meditación y al recogimiento, junto al cual una sencilla estela de piedra del lugar, lleve la inscripción que ayer dejaron los acongojados camaradas de los desaparecidos, para que entonces, el viajero que detenga sus pasos en ese lugar, pueda elevar una sencilla oración al Altísimo, por el eterno descanso de sus almas.

Fuentes: Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado, Roane, Juan Mario – Fortines del desierto – Rev. y Biblioteca del Suboficial – Vol Nº 143, 1969.


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jueves, 1 de diciembre de 2016

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL CAPTIAN HUMBERTO VIOLA

El capitán Humberto Viola estaba destinado en la Provincia de Tucumán.

Fue atacado cuando conducía su automóvil junto con su esposa María Cristina Picón, la cual estaba embarazada y sus dos pequeñas hijas María Cristina de 3 años y María Fernanda de 5 años, en el momento de llegar a la casa de sus padres. Su hija María Cristina también fue asesinada en tanto que su hija María Fernanda resultó gravemente herida, ambas con disparos en la cabeza. La esposa del capitán, embarazada de cinco meses, resultó ilesa.

Un parte de guerra atribuido a la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez del ERP describe los hechos de esta manera:

“A las 13.13 se acerca el objetivo. Se marca la señal y se retira el compañero. Se aproximan el auto operativo y el de apoyo separados 50 a 60 metros; queda el de apoyo semicruzado en la calle cortando el tráfico y apoyando a los compañeros. El automóvil operativo se aproxima hasta la misma altura que el objetivo – el auto y sus ocupantes - quedando medio auto adelantado. Siempre en los chequeos el sujeto descendía, en esta oportunidad la que descendió fue la esposa, quedando él al volante a la espera, seguramente para guardar el auto en el garaje. Al frenar el automóvil operativo disparan el primer escopetazo que da en el parante delantero izquierdo del parabrisas, el sujeto se agacha en ese momento y los balines dan de rebote sobre la hija de tres años que estaba atrás. El compañero de la ametralladora desciende y metiendo el arma por la ventanilla, dispara una ráfaga corta (4) tiros que dan en el sujeto que alcanza a descender, la ametralladora se traba, pero los disparos le dan a la altura de la base del pulmón izquierdo desde atrás, se adelanta mas y dispara con su pistola y remata al Capitán con un tiro en la cabeza y retoma el auto, mientras que el camarada de apoyo dispara a quemarropa con su ametralladora, hiriendo a la hija de 5 años que corre escapando hacia delante. Ejecutada la operación, la retirada se cumple correctamente. El abandono de los autos se realizó según lo planificado, lo mismo que la retirada de los compañeros.”

“Un primero de diciembre te mataron.
Apuntaron a la Patria y el intento
les fue vano. Feroz el escarmiento
se dio en cerros y montes tucumanos.
Fuimos un poco, tu padre, tus hermanos...
y en arrebato de viriles emociones,
tambien fuimos, mi princesa, tus campeones.
Sigue velando por nosotros en la Gloria,
que aquí estos varones
tienen qué hacerse cargo de la Historia.”

Luis Daniel de Urquiza

"Nosotros al verles, siempre diremos con admiración: He ahí; esos sellaron con su sangre y sus espadas la libertad de su patria y sus nombres irán de padres a hijos, de generación en generación.”

Ese y no otro, es el Ejército de San Martín, Belgrano y Güemes. Recordarlos y homenajearlos no es un delito. Para ellos y para los Argentinos que murieron por la Patria, nuestro mas sincero homenaje.

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