lunes, 15 de marzo de 2010

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL ALBERTO CAPDEVILA


Nació en Buenos Aires el 27 de julio de 1856, siendo sus padres, Ramón Capdevila, muerto en la Guerra del Paraguay, y Melchora D. de Capdevila. El 13 de setiembre de 1871 ingresó al Colegio Militar con la nota de “Muy Bueno”. En aquel Instituto ascendió a cabo 2º, el 27 de junio de 1872; a cabo 1º, el 28 de noviembre del mismo año; y a sargento 2º, el 28 de junio de 1873.

Egresó como subteniente de artillería, el 27 de octubre de este último año, pasando el 1º de diciembre del mismo, a servir en la Frontera Sur de San Luis a las órdenes del general Teófilo Ivanowsky, tomando parte Capdevila en la campaña realizada por aquel Jefe en la provincia de La Rioja, desde febrero a agosto de 1874, con motivo de la rebelión del coronel José Olegario Gordillo, la que terminó con la derrota de éste en “El Chañar”.

Enviado en comisión a Buenos Aires, tuvo lugar la revolución de setiembre de aquel año y habiendo sido asesinado el general Ivanowsky, a cuyas órdenes se encontraba, fue dado de alta el 1º de octubre en el Batallón 10º de Infantería de Línea, cuerpo con el cual hizo la campaña contra las fuerzas sublevadas del general José Miguel Arredondo, asistiendo a la batalla de Santa Rosa, el 7 de diciembre de 1874 en la cual Capdevila fue herido de bala en un pie, siendo ascendido a teniente 1º en el mismo campo de la acción por su honroso comportamiento.

Restablecido de su herida, se incorporó al Batallón a que pertenecía, de guarnición en Río IV hasta el mes de febrero de 1877, en que fue destacado con su compañía al Fuerte Sarmiento, en la Frontera Sud y Sudeste de Córdoba, en la que tomó parte en las expediciones y operaciones de guerra que se llevaron a cabo contra los indios Ranqueles, a las órdenes del entonces coronel Eduardo Racedo; habiendo desempeñado durante su permanencia en aquella Frontera, diversas comisiones; entre éstas la de aprehender a un grupo de soldados de las fuerzas de la frontera del Sud de la provincia de Buenos Aires, que habiendo desertado con su armamento, cometían salteamientos en la de Córdoba; los batió causándoles varias bajas y capturando cinco y dispensando los demás. Esta comisión la desempeñó en marzo de 1876 por orden del general Julio A. Roca, que desempeñaba la comandancia en jefe de aquella frontera, perteneciendo los desertores al Batallón 3º de Línea, del que habían escapado de Carhué en número de 22, de los que resultaron también 3 muertos y 2 heridos. Capdevila ejecutó dicha comisión con 6 soldados solamente, por lo que fue recomendado a la Superioridad.

En 1877, con 25 soldados de su compañía fue enviado con el sargento mayo Agenor de la Vega, a arrebatar las caballadas del cacique Ramón, de los indios Ranqueles, para obligarlo a someterse al Gobierno. Tuvo el mejor éxito, arrebatándoles todas sus caballadas y sometiendo al cacique con sus indios poco tiempo después.

Estando de guarnición en Río IV con su compañía, se produjo una gran invasión de indios que llegó hasta 3 leguas de aquella ciudad; siendo enviado Capdevila por el jefe interino, teniente coronel Miguel E. Molina, a perseguirlos, lo que ejecutó hasta hacerles repasar la frontera de Santa Fe, haciéndoles abandonar todo el inmenso arreo que conducían. Por este hecho fue recomendado a la Superioridad por el comandante Molina.

Ascendió a capitán el 15 de mayo de 1878, y a las órdenes del coronel Racedo hizo la campaña en la provincia de Buenos Aires contra las fuerzas sublevadas, asistiendo al combate de Olivera, el 17 de junio de 1880, contra el coronel Arias, así como también, a las batallas de Puente Alsina y de los Corrales, el 21 del mismo mes, por cuya actuación fue ascendido a sargento mayor graduado el mismo día, por el Jefe de la División, y la Orden General impartida por el Presidente de la República el 27 de junio, ratificaba este ascenso como concedido sobre el campo de batalla. Terminada la rebelión en diciembre del mismo año fue nombrado Jefe de la Oficina de Enganche en Río IV, hasta el 14 de marzo de 1882, fecha en que fue designado 2º jefe del Batallón 9º de Infantería, con asiento en Paraná. En el desempeño de este cargo, de enero a agosto de 1883 hizo la campaña del Chaco bajo el mando del jefe del regimiento coronel Francisco Bosch, y a las inmediatas órdenes del jefe del Batallón, teniente coronel Julio Figueroa.

El 11 de julio de 1884 fue nombrado Director de la Escuela de Cabos y Sargentos; y el 18 de noviembre del mismo año, fue ascendido a teniente coronel y nombrado jefe del 1er batallón del Regimiento 1º de Infantería. A las órdenes del Jefe de la División, general Nicolás Levalle, se trasportó con el batallón de su mando a Concordia, con motivo de la revolución oriental, en el mes de marzo de 1886, regresando en abril del mismo a esta Capital.

El 8 de febrero de 1888 fue nombrado Jefe de Policía de esta ciudad, en el ejercicio de cuyo cargo fue ascendido a coronel el 7 de julio del mismo año. Desempeñaba la Jefatura de referencia, cuando estalló la revolución del 26 de julio de 1890, y al frente de las fuerzas policiales tomó parte en los combates que se libraron con este motivo, hasta que fue herido en una pierna, circunstancia por la cual fue retirado de la lucha. El P. E. lo ascendió a general de brigada el 27 de julio de 1890.

El 14 de enero de 1892 fue designado vocal de la Junta Superior de Guerra, cargo que ejerció hasta el 17 de noviembre del mismo año, en que fue nombrado ayudante general del E. M. G. del Ejército. Se le concedió la exoneración el 23 de diciembre del mismo año. Aceptada su renuncia, el 4 de enero de 1893 pasó nuevamente a la Junta Superior de Guerra hasta el 26 de julio del mismo año, en que fue nombrado Director del Colegio Militar, cargo que ejerció hasta el 31 de agosto de 1895. En dicha fecha fue nombrado Jefe del Estado Mayor General.

El 1º de marzo de 1897 fue pasado a la “Lista de Oficiales Superiores”. Al año siguiente fue elegido diputado al Congreso Nacional, desempeñando con brillo dicho cargo y figurando continuamente en los debates que se suscitaron en la Cámara con motivo de la discusión de numerosas leyes, en particular, la del servicio militar obligatorio, que había planeado el Ministro de la guerra coronel Pablo Ricchieri. El diputado Capdevila lo combatió con tenacidad, lo que no dejó de ser una gran dificultad para el autor del proyecto, dado el alto prestigio que disfrutaba el legislador opositor. Pero tan elevados argumentos exteriorizó el Ministro Ricchieri, que su proyecto fue sancionado después de 20 sesiones agitadísimas.

El general Alberto Capdevila falleció el 15 de marzo de 1905, cuando aún no había cumplido medio siglo de existencia y ya tenía 15 años en el empleo de general de brigada.

Disfrutaba del uso de una medalla de plata acordada por Ley del 27 de octubre de 1881, por las campañas del Río Negro y Patagonia; y otra de oro por la del Chaco, acordada por Ley de agosto de 1888.

El general Capdevila era casado con Antonia del Gaje, hija del teniente coronel del mismo apellido y hermana de la que fue esposa del teniente general Ramón Jones.

El 12 de octubre de 1893 se puso en vigencia la “Táctica de Infantería” de que fue autor; y el Congreso votó el 25 de agosto del siguiente año, 25.000 pesos como “premio de estímulo” para adquirir la propiedad literaria de su obra “Práctica de Infantería”.

Fuentes: www. revisionistas.com.ar / Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).

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domingo, 14 de marzo de 2010

DIA DE LA DIRECCIÓN DE REMONTA Y VETERINARIA


El día 12 de marzo se conmemora un nuevo aniversario de la creación de la Dirección de Remonta y Veterinaria, saludamos afectuosamente a todos sus integrantes.

Por decreto del 23 de marzo de 1898, siendo presidente de la República el Tte Grl JULIO ARGENTINO ROCA y Ministro de Guerra el Grl LUIS MARÍA CAMPOS, se crea la Inspección General de Remonta, siendo el primer Inspector General de Remonta el Grl Div VICTORIANO RODRIGUEZ.Posteriormente, al reorganizarse el ministerio de guerra en 1916, por Boletín Militar Nro 1.054, 2da parte, se ordena que la Inspección General de Remonta pase a depender de la VIII División de la Dirección General de Administración.

Queda así formada la VIII División - Remonta, Campos de Maniobras y Propiedades, dependiente de la Dirección General de Administración.

El citado Boletín expresa: "Esta División tendrá a su cargo todo lo relativo al servicio de veterinaria y la remonta de ganado para el Ejército, la administración, explotación y custodia de los campos de maniobras y demás propiedades del Ministerio de Guerra". El primer Jefe de esta División fue el Cnl MARIANO ARÄOZ DE LAMADRID.El 14 de enero de 1924 fue publicada en el Boletín Oficial la Ley 11.242 (Hipódromos. Impuestos sobre las apuestas y las entradas), que establece un impuesto sobre la venta de los boletos Sport de los hipódromos, concediéndole a este organismo, un porcentaje de la recaudación total para la adquisición de ganado y fomento de la cría del caballo de guerra para la remonta del Ejército. (Según el Decreto Nro 274/98 de fecha 15 de marzo de 1998, le corresponde el 0,2552% de la recaudación del Hipódromo Argentino).Con fecha 12 de marzo de 1924, por Boletín Militar Nro 1.839 2da parte, se crea la Dirección de Remonta, siendo el primer Director el Tcnl ADOLFO V. FAUCHE.El 31 de octubre de 1952, a través de la Ley 14.147 (Ley de abastecimiento autónomo del Ejército), se autoriza al Poder Ejecutivo Nacional a promover la producción agropecuaria e industrial, mediante la explotación de los bienes asignados al uso del Ejército Argentino, a fin de conseguir el abastecimiento autónomo de la Institución y de sus cuadros. Por decreto inserto en Boletín Confidencial de la Secretaría de Guerra Nro 36 de fecha 30 de enero de 1963, fueron aprobadas las modificaciones a la Organización del Ejército. En lo que respecta a esta Dirección General, ha sufrido la siguiente modificación:A partir del 01 de febrero de 1963, dependerá del Comando en Jefe del Ejército – EMGE –Subjefatura IV – Logística.Con fecha 01 de agosto de 1963 se creó la DIVISIÓN PERROS DE GUERRA Y GANADO DE TAMBO, dependiente del Dpto Remonta de esta Dirección General.Por Decreto Nro 643 de fecha 29 de enero de 1964 se creó la Comisión de Fomento del Caballo de Guerra y por decreto Nro 656 del 19 de febrero de 1968 se creó la Comisión de Fomento del Perro de Guerra, a fin de propulsar la cría de la raza canina Ovejero Alemán, con fines y propósitos de Defensa Nacional. El Director de Remonta y Veterinaria es el Presidente de ambas comisiones.A través de la Ley 17.117, de fecha 16 de enero de 1967 se declaró de Interés Nacional la crianza del équido, estableciendo para favorecer la misma la indisponibilidad de los siguientes inmuebles asignados a la administración de esta Dirección: Haras “Grl LAVALLE”, ‘Cnl PRINGLES” y “Grl URQUIZA; Campo Argentino de Polo y Campo Argentino de Pato.Por medio del Decreto Nro 5.281 de fecha 27 de agosto de 1.968, se reglamentó la ley citada precedentemente, disponiendo que la Dirección de Remonta y Veterinaria es el organismo idóneo con que cuenta el Ejército Argentino para satisfacer las exigencias de la Ley 17.117.

Por Decreto Nro 5.749, de fecha 25 de septiembre de 1969, se declara disuelta la Administración de Campos del Ejército, circunstancia por la que se resuelve el traspaso de los Establecimientos “Grl Avalos”, “Triunfo San José”, “Grl Paz”, “Campo Los Andes” (incluye Matadero Militar Campo Los Andes), y “Cuadro Nacional”, bajo la dependencia del Comando de Remonta y Veterinaria y Dirección General de Remonta y Veterinaria, con su organización y estado de explotación en que se encuentren. Por la misma resolución, se le otorga a este último la responsabilidad de la explotación, bajo el régimen de la Ley 14.147 y su decreto reglamentario, teniendo en cuenta un estricto sentido de economía y contemplando las necesidades específicas de la Fuerza. El 27 de noviembre de 2003, por resolución del JEMGE inserta en BPE Nro 4803, es anexado a la Dirección de Remonta y Veterinaria, para su administración y explotación, el Establecimiento “Coronel Lorenzo Lugones”. Por superior resolución del Señor Ministro de Defensa, el 03 de febrero de 2004 cambia su denominación al de Comando de Remonta y Veterinaria como desde sus comienzos y tal cual fuera ideado por nuestros antecesores, el Comando de Remonta y Veterinaria continúa hoy abasteciendo con sus propios medios a todas las Unidades del Ejército donde hubiere ganado equino, ejecutando permanentemente su remonta y produciendo lo necesario para el mantenimiento operacional y deportivo del mismo.La administración y explotación agrícola-ganadera de sus campos, es la nueva misión asignada a este Comando la cual realiza en forma silenciosa y sin pausa.COMANDO DE REMONTA Y VETERINARIA: UNA ORGANIZACIÓN AL SERVICIO DE SU EJERCITO. Fuente: http://www.remonta.mil.ar/



sábado, 13 de marzo de 2010

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN


Hijo de un comerciante francés, no pudo terminar sus estudios y en 1795 fue enviado a Cadiz, España para asumir las responsabilidades del negocio de la familia después de la muerte de su padre. Pasó los años siguientes viajando por Francia y España.
Regresó a su ciudad natal en 1805, habiendo ya reunido una fortuna considerable como comerciante. Al producirse la primera de las invasiones inglesas en 1806, dirigidas por el General Beresford y el comodoro Sir Popham, se dirigió al campo y reunió un ejército voluntario que entrenó para recobrar la ciudad, junto a otros oficiales como Martín Rodriguez y Cornelio Zelaya. Cuando los ingleses se enteraron de sus actividades, lo atacaron en la Chacra de Perdriel (actualmente Partido de General San Martín), derrotándolo. Sin embargo, lo exiguo de la derrota dejó en claro que se podía derrotar a los invasores con mayores fuerzas. Se unió al ejército que trajo de Montevideo el también francés Santiago de Liniers y participó con él en la llamada Reconquista de Buenos Aires, el 12 de agosto.
Fue el primer comandante del regimiento de Húsares de Buenos Aires, que muy pronto quedó en manos de Rodríguez. A fin de año, el Cabildo de Buenos Aires lo nombró su representante ante el gobierno de Madrid para pedir ayuda, ya que la flota inglesa aún controlaba el río. No consiguió absolutamente nada.
Al producirse la invasión francesa a España, regresó a Montevideo en enero de 1809, pero fue arrestado por orden del gobernador Francisco de Elío, enemigo del virrey Liniers. Logró fugarse y llegó a Buenos Aires, donde intentó convencer a Liniers que no entregara el mando al nuevo Virrey, Baltasar Cisneros; sólo consiguió un nuevo arresto. Huyó por segunda vez, y viajó a Río de Janeiro, actuando como mensajero del partido carlotista, con lo que tampoco logró resultado alguno
En junio de 1810 llegó a Buenos Aires, donde se enteró del estallido de la Revolución de Mayo y se puso a disposición del nuevo gobierno. Poco después fue nombrado gobernador de Córdoba. Tras el fusilamiento de Liniers, llevó la tranquilidad a la ciudad por medio de una amnistía. Apoyó al Ejercito del Norte y envió al Deán Funes como diputado a la Junta Grande. En enero de 1811 asumió como gobernador de Chuquisaca, donde estaba cuando se produjo la derrota en la batalla de Huaqui.
Tomó el mando del Ejército y dirigió la retirada hacia el sur. Al pasar por Potosí se llevó toda la plata amonedada y sin acuñar que encontró, salvando los únicos caudales de que disponía el gobierno. En septiembre fue nombrado oficialmente comandante del Ejército del Norte, pero su papel fue muy deslucido; fue reemplazado por Manuel Belgrano en marzo del año siguiente y regresó a Buenos Aires.
Apenas llegado a la capital fue nombrado miembro del Primer Triunvirato en reemplazo de juan Jose Paso. El gobierno era dirigido por el ministro Bernardino Rivadavia, y su actitud hacia la revolución era, como mínimo, tibia. Encargó al recién llegado José de San Martín la formación del Regimiento de Granaderos a Caballo y detuvo la masacre de españoles que siguió a la denuncia de conspiración contra Martín de Álzaga.
Al llegar la noticia de la victoria de Belgrano en la Batalla de Tucumán, el Triunvirato fue acusado de debilidad, ya que ésta había sido logrado en contra de las órdenes del gobierno. Un golpe de estado obligó al cabildo a nombrar un Segundo Triunvirato.
Rivadavia y Pueyrredón fueron desterrados. Terminó confinado en San Luis, donde se dedicó al comercio y la agricultura. A fines del año siguiente, recibió la visita de San Martín, que lo convenció de la conveniencia de reconquistar Chile y desde allí hacer una campaña naval al Perú.
Regresó a Buenos Aires a principios de 1815, y se instaló en una quinta en San Isidro. En enero del año siguiente fue electo diputado por San Luis al Congreso de Tucumán; a poco de llegar, éste lo nombró Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Antes de partir hacia la capital se entrevistó con el General Martin Miguel de Güemes y luego, en Córdoba, con San Martín, con quien ajustaron todo el plan de la campaña a Chile. De allí en más, la mayor parte de sus esfuerzos estuvieron concentrados en apoyar el plan de liberación continental de San Martín.
Envió al Ejército de los Andes todo el armamento y las tropas que pudo, además de algunos oficiales destacados. Por otro lado, envió en campañas de corso alrededor del mundo a los Capitanes Hipólito Bouchard y Guillermo Brown. Su papel en la liberación de Chile fue muy destacado, y también colaboró en lo que pudo a la organización del ejército que debería reconquistar Perú.
Su gobierno interno no tuvo ese brillo: entre sus numerosas iniciativas fracasadas estuvieron el avance de las fronteras hacia el sur, la fundación de un banco nacional, y varios repetidos intentos de coronar a un príncipe europeo como rey de su país.
Persiguió a la oposición, desterrando a varios de sus dirigentes, entre ellos Manuel Dorrego, Vicente Pazos Kanki, Feliciano Chiclana, Manuel Moreno, Miguel Pagola y varios más. Reorganizó la Logia Lautaro que había gobernado entre 1812 y 1815 a través de Carlos María de Alvear y la puso al mando de su ministro Gregorio García de Tagle.
Después de la invasión portuguesa, reemplazó al gobernador federal de Córdoba por uno adicto, y envió una serie de invasiones a las provincias federales del litoral: dos campañas contra Santa Fe, tres contra Entre Rios y una contra la Banda Oriental. Explicó a Artigas que no podía afrontar los gastos de expulsar a los portugueses porque todos los recursos iban al Ejército de los Andes; pero si pudo lanzar tantos soldados contra las provincias opositoras, bien habría podido intentar algo contra el enemigo exterior. De hecho, al menos uno de los ejércitos que invadió Santa Fe era más numeroso que el Ejército de los Andes.
Y aún así, no consiguió doblegar la resistencia federal del litoral, que resistía aún a mediados de 1819. Ese año, poco después de jurar la nueva constitución, renunció al cargo.
En su lugar fue electo José Rondeau, que continuó su política y presidió su fracaso. A principios de 1820 caían el Directorio, el Congreso y la constitución, y las provincias se declaraban autónomas del poder central. El gobernador Manuel de Sarratea lo hizo arrestar por exigencia de los caudillos federales, para enjuiciarlo por traición a la patria por sus invasiones a las provincias y por el apoyo a la invasión portuguesa. Pero, horas después, el mismo Sarratea lo ayudó a escapar, terminando exiliado en Montevideo, bajo protección portuguesa.
Regresó a Buenos Aires en marzo de 1821, y dos años después su esposa Calixta Tellechea y Caviedes — hija de uno de los ajusticiados de 1812 — le daba su único hijo, el famoso pintor e ingeniero civil Prilidiano Pueyrredón, nacido en Buenos Aires el 24 de enero de 1823.
Durante los años siguientes jugó sólo un papel de menor importancia en la política; el presidente Rivadavia lo acusó de falsear su declaración de bienes, pero poco después lo nombró miembro de la Comisión Militar encargada de la reforma del ejército. En 1829 intentó sin éxito mediar entre el General Juan Galo de Lavalle y Juan Manuel de Rosas; al iniciarse el segundo gobierno de éste, en 1835, se exilió en Burdeos, Francia, en Río de Janeiro y en Paris.
Regresó en octubre de 1849 a San Isidro, y allí murió en marzo del año siguiente. Sus restos mortales descansan en el Cementerio de la Recoleta de la Ciudad de Buenos Aires.


viernes, 12 de marzo de 2010

ANIVERSARIO DE LA ADOPCION DEL ESCUDO NACIONAL ARGENTINO


Se conmemora el Día del Escudo Nacional, símbolo de nuestra identidad, que fue creado por la Asamblea Constituyente del año XIII.

Desde que se instaló la Primera Junta en 1810, en todos los documentos oficiales y actos gubernamentales se utilizaban las mismas “armas reales” (dibujo a modo de escudo) que durante el virreinato, hasta que fueron sustituidas por el Escudo Nacional, el 12 de Marzo de 1813, adoptado por la Asamblea General Constituyente.

La Asamblea encomendó al diputado por San Luis, Agustín Donado, que se encargara de la elaboración de un sello oficial destinado a legitimar sus resoluciones, para reemplazar al utilizado durante el gobierno virreinal. Donado confió el trabajo a un reconocido grabador de la época: Juan de Dios Rivera. Por otra parte, se ignora quién hizo los dibujos originales, aunque algunas versiones dan a Bernardo de Monteagudo como su gestor.

El sello finalmente adoptado por la Asamblea de 1813 da origen al Escudo Nacional Argentino. Ello se desprende de las evidencias y del indisimulable parecido entre ambos, aunque no se conoce decreto ni resolución alguna que imponga la adopción de dicho sello como símbolo patrio. De todos modos se estima que esta medida pudo haber sido tomada en las primeras sesiones de la Asamblea (que se instaló el 31 de enero de 1813), pues se conservan dos cartas de ciudadanía expedidas por aquélla el 22 de febrero, en las que aparece por primera vez el escudo estampado en un sello de lacre. Una de ellas (que se encuentra guardada en el Museo Histórico Nacional) fue extendida a favor de don Antonio Olavaria, mientras que la otra fue otorgada al extranjero don Francisco de Paula Saubidet.

El 12 de marzo de 1813 aparece la primera mención oficial expresa acerca del sello. La sesión de ese día dice: “Hecha una moción en este día por uno de los ciudadanos representantes para que se designe al Supremo Poder Ejecutivo el sello que debe usar en sus diplomas y contestaciones oficiales, se acordó por unanimidad de votos lo siguiente: La Asamblea General Constituyente ordena que el Supremo Poder Ejecutivo use el mismo sello de este Cuerpo Soberano, con la única diferencia que la inscripción del círculo deberá ser “Supremo Poder Ejecutivo de las Provincias Unidas del Río de la Plata”’.

Así quedó instituido nuestro actual escudo, y tiempo después se fijó el Día del Escudo Nacional (el 12 de marzo), en conmemoración de aquella trascendente jornada.

Significado

Las formas del Escudo Nacional representan gloria, unión y libertad, tres de los ideales básicos soñados con el nacimiento de la nueva Nación.

Parte por parte.

El óvalo: está dividido por una línea horizontal en la parte media, y los colores nacionales –azul y blanco- constituyen los dos cuarteles del escudo.

El Sol: figurado hasta tener rostro, el Sol naciente sobre el extremo del campo superior simboliza el nacimiento de la nueva Nación. Posee veintiún rayos visibles, diez de ellos flamígeros (es decir, con forma de llama) y los once restantes rectos.

Los brazos: Ingresan desde ambos flancos del cuartel blanco, inclinados elevándose hacia el centro a 45º sobre la horizontal. Las manos diestras se encajan en forma de apretón en el cuadro inferior del óvalo, sosteniendo la pica. Representan la unión de los pueblos de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

La pica: es una especie de lanza corta que representa el propósito de sostener la libertad (simbolizada en el gorro frigio) con las armas si fuera necesario.

El gorro: es el símbolo de la libertad. Aunque su nombre es en realidad “gorro de gules”, suele ser comúnmente llamado “frigio” por ser semejante al usado por los frigios, que adoptaron luego como emblema de libertad los revolucionarios franceses de 1783 y posteriormente los republicanos españoles. Los frigios eran un pueblo de la antigua Asia Menor, de civilización adelantada, que constituyeron un pueblo independiente en tiempos de Midas (último rey de Frigia) a fines del siglo VII a.C., cuando fueron destruidos por los cimerios.

Los laureles: son símbolos de victoria y triunfo, y evidencian la gloria militar adquirida en Suipacha y en Tucumán. La rama izquierda posee veintitrés hojas en el lado interior y veinticinco en el exterior. La derecha, veintiuna en el interior y veinte en el exterior.

La cinta: en forma de moño, entrelaza con los colores de la Bandera Nacional los laureles que bordean el escudo.
En la Imagen: Sable de Caballeria

Fuentes: www . revisionistas.com.ar / Oscar J. Planell Zanone / Oscar A. Turone – Agrupación Patricios Reservistas / Patricios de Vuelta de Obligado.

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jueves, 11 de marzo de 2010

LA MILICIA Y LA MUJER


Es conocido el derecho que tuvo el milico de arrimar a su mujer a los fuertes o cuarteles y de que ella lo siguiera en las campañas, como una parte más –y oficialmente reconocida- del ejército. Esta historia es tan vieja que no tiene arranque. La cuartelera fue legendaria. Las hubo de la ciudad, como las que acompañaron al brigadier Martín Rodríguez en su tercera salida al sur y casi mueren de hambre y de frío en tierras del Napostá. Las salvó el coronel Manuel A. Pueyrredón que tomó a los indios de Pillahuincó un botín de doce mil ovejas y algunos vacunos. Al respecto el historiador Enrique Ferracutti, dice: “…al llegar el arreo tomado a los indios lo recibieron con ruidosa alegría y hombres y mujeres disputaban con pequeños lazos para tomar una oveja o un cordero. Como el desorden se generalizó el gobernador debió aplacarlo apelando al látigo, secundado por los soldados, que con palos trataban de contener el desborde. No obstante estas medidas se carnearon alrededor de mil ovejas y se perdió la mayor parte del ganado vacuno”.
También eran cuarteleras de ciudad las que siguieron al ejército de Juan Manuel de Rosas cuando salió de Buenos Aires hacia Caseros. En las “Memorias” del Cirujano General de la Marina de los Estados Unidos, doctor Jonathan M. Foltz, testigo presencial de los sucesos, se lee: “Las tropas eran seguidas por muchas mujeres con sus chicos, a caballo. Una pobre mujer india, con un cigarro en la boca, llevaba un bebé en brazos y otro niño detrás de ella, en ancas”. Parece que el ejército no fue el único campo de acción de estas mujeres, también anduvieron por la marina. Lo cual no deja de ser una novedad. Según Villafañe, el “Diario del reconocimiento del Río Negro de Patagones” de Nicolás Descalzi, cita en las tripulaciones de la goleta “Encarnación” y la ballenera “Manuelita” en 1833, la presencia de mujeres.
Finalmente resta incluir en la nómina a la verdadera fortinera, aquélla que no sólo fue la compañera que alivió las penas del milico y le impidió olvidar en un todo la civilización suministrándole un remedo de hogar, sino la que fue generosa y esforzada paridora de nuevas poblaciones. Alfredo Ebelot fue testigo presencial de la marcha de las tropas desde Laguna Blanca Grande hasta Salliqueló, cuando se avanzó la frontera en la presidencia de Avellaneda siendo ministro de Guerra el Dr. Adolfo Alsina. En sus memorias (“La Pampa”) su descripción del movimiento coincide, exactamente, con la que hiciera posteriormente el comandante Manuel Prado de una milicia en marcha, “seguida por las mujeres y los niños, cabalgando sobre montañas de pilchas, al compás de las ollas, de las pavas, de los platos que se golpeaban al traqueteo de la bestia”, y además flanqueada por la enorme caballada de repuesto, dividida en fracciones de a cien cabezas “y cada trozo arreado por un soldado y dos mujeres sin hijos”. Como todavía, a la tropa seguía la caravana de carretas -259 llevó el brigadier Rodríguez en su segunda salida-, toda aquella muchedumbre, un verdadero pueblo en movimiento, debió asemejar la grandiosidad histórica de los pueblos bárbaros marchando por las estepas de Asia. Ebelot se preguntaba: ¿de dónde han venido estas mujeres y qué ha podido vincularlas a esta existencia? La pregunta de Ebelot demuestra que ignoraba las normas y procedimientos de reclutamiento del ejército de línea. Evidentemente, todas esas mujeres no llegaron solas y persiguiendo una aventura; todas fueron forzada y forzosamente tras de un hombre. Del marido, si era un preso destinado por la justicia de los jueces de paz; del novio, si le había caído servicio en el sorteo de un contingente; del hermano, si eran huérfanos; del pobre ilusionado en cobrar como personero de un pudiente o del padre, si carecía de todo otro amparo. Y cada caso nombrado se podría combinar con cualquiera de los otros casos, hasta formar una gama infinita de variantes posibles, de destinos irreversibles y generalmente sin retorno.
Un famoso pintor uruguayo, Juan Manuel Blanes, tiene en el Museo Histórico Nacional un hermosísimo cuadro. Su nombre es significativo seguramente para pocos; se titula “La sorpresa de San Calá en 1841”. Pero aunque se ignoren los detalles de nuestras guerras civiles, nadie con sensibilidad puede contemplar sin quedar en suspenso y conmovido, a esa mujer semidesnuda, montada en pelo a horcajadas sobre un brioso caballo blanco que en la desesperación de la despedida estira su mano crispada al coronel José María Vilela –sorprendido de noche en su campamento por el general Ángel Pacheco- y quien, ansioso por salvar a su compañera, golpea el anca mórbida del animal con su mano para apresurar la partida. Episodio patético e impresionante el tema que exhibe Blanes, que debió repetirse muchas veces y es ejemplar muestra de aquella legendaria mujer de la pampa, que si supo de lucimientos y nidos de amor, de maternidades y muertes, de bailes y galanteos, también anduvo con entereza mezclada en sucesos de guerra y malones como heroína o como cautiva, en trance de jugarse la vida amparada por su valor o en entregarse a la sola ayuda de las esperanzas de su religión.

En la imagen: De Juan Manuel Blanes “La sorpresa de San Calá en 1841”.

Fuentes: Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado / www. revisionistas.com.ar/ Ferracutti, Enrique – Las expediciones militares en los orígenes de Bahía Blanca – Ediciones Círculo Militar – Buenos Aires (1962). / Todo es Historia – Año VIII, Nº 95, Abril de 1875.Vedoya, Juan Carlos – La Mujer en las pampas. / Sergio Toyos para diario Soldados.


miércoles, 10 de marzo de 2010

COMPAÑÍA DE GRANADEROS DE INFANTERIA


(De Fernando VII o Provinciales)
Fue su jefe el Capitán Juan Florencio Terrada, y se constituyó con un efectivo de 107 hombres, de destacada actuación en la Defensa de Buenos Aires.
Esta unidad persistió después de 1810, encontrándose en las campañas al Paraguay y al Oriente.

Fuente: Uniformes de la Patria del Comando en Jefe del Ejercito – Circulo Militar.



martes, 9 de marzo de 2010

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE TACUARÍ


El día 9 de marzo de 1811 tuvo lugar la Batalla de Tacuarí. Tropas argentinas al mando del General Belgrano, que permanecían en la Provincia del Paraguay después de la derrota de Paraguary, combaten contra el ejército realista comandado por el General Cabañas. La disposición de los argentinos, dispuestos a morir antes que a rendirse, hizo que se les ofreciera una capitulación honrosa exigiéndoseles que se retiraran del Paraguay con sus armas y bagajes.

Belgrano perdió un quinto de sus efectivos en la acción, retrocedió hasta Tacuarí donde permaneció varias semanas. Allí fue alcanzado el 9 de marzo de 1811 por las fuerzas de Velazco, las cuales lograron sorprenderle llevándole un ataque desde tres direcciones diferentes.

Una fuerte columna que Belgrano había destacado contra Cabañas fue literalmente aniquilada, quedando el ejército patriota reducido a 235 hombres. A una intimación de rendición Belgrano contestó hidalgamente que “las armas del Rey no se rinden en vuestras manos, dígale Ud. a su Jefe que avance a quitarlas cuando guste”

Los paraguayos que se habían detenido en su movimiento y permanecían en los lugares alcanzados a la espera del regreso del parlamentario, en cuanto tomaron conocimiento de la arrogante y digna respuesta reiniciaron el movimiento hacia las fuerzas patriotas.

Rápidamente el Gral. Belgrano ordenó un contraataque que por lo inesperado y sorpresivo llenó de entusiasmo el espíritu de los soldados. Las 8 subunidades de infantería y las 4 de caballería marchaban guiadas por el capitán Pedro Ibáñez, quien marchaba al frente. Al entrar al alcance de las armas de infantería, Belgrano ordenó a Ibáñez que atacase con su infantería. Los 135 infantes eran “dignos de recibir aquella orden”; de inmediato empezaron a ejecutar un fuego nutrido, el que, haciendo primero clarear las filas paraguayas, determinó luego que éstas se dispersen escondiéndose en el monte, y abandonando sus cañones.

Así terminó la acción de Tacuarí y con ella la campaña de Paraguay. Si bien como Belgrano escribiese a la Junta, no había logrado “conquistar” al Guayrá rebelde, había salvado el honor de nuestras armas pese a las derrotas, como así también conseguido parcialmente, en negociaciones posteriores a Tacuarí, el objetivo político que la Campaña del Paraguay perseguía.

En oficio librado por Belgrano a la Junta, fechado en Candelaria el 21 de marzo de 1811, indica que el Regimiento 1 está representado por dos compañías.

La primera está remontada por un capitán, 1 teniente y 53 soldados con 45 fusiles. La segunda posee solo 36 soldados con 10 fusiles.

Exactamente un mes después de Tacuarí los restos del Regimiento 1 que integraban las magras fuerzas de Belgrano en su marcha hacia el Sud llegaban a la Villa Concepción del Uruguay, desde donde marcharon primero a Paraná y luego de derrotar a una partida realista de 80 hombres cerca de Santa Fe (4 de julio de 1812), su jefe el teniente coronel Perdriel recibió orden el 9 de octubre de incorporarse al Ejército del Alto Perú para lo cual se le proveyeron 1.000 caballos, reses, y 21 carretas “fletadas a $ 110.- cada una”, asignándosele 25 días para la ejecución de la marcha.

El Tambor de Tacuarí

El tambor de Tacuarí, Pedro Ríos, forma parte de la constelación de héroes que la Provincia de Corrientes dio a la Patria. La figura de José de San Martín, otro ilustre correntino, libertador de Argentina, Chile y Perú, es tan relevante que hace que los perfiles de los demás próceres se desdibujen. Sin embargo, es muy importante rescatar el heroísmo de Pedro Ríos, un niño de 12 años que acompañó a Belgrano en la Expedición al Paraguay, dando muestras de valentía y patriotismo, y perdiendo la vida en el combate de Tacuarí.
Pedro Ríos era un niño nacido en Yaguareté-Corá, que significa “corral de tigres” en guaraní, actual ciudad de Concepción, y cabecera de dicho departamento. Este pueblo es uno de los más antiguos de la provincia de Corrientes, fundado en el año 1796, con una base de 58 pobladores entre los que se contaban 32 españoles y 26 nativos, que se hallaban avecindados desde hacía varios años en torno al Oratorio de San Francisco de Asís, existente en el lugar, dependiendo éste del Curato de San Roque. En 1870, cambia el pueblo y departamento de Yaguareté –Corá por el actual de Concepción.

La incorporación y la actuación de Pedro Ríos al Ejército de Belgrano fue durante muchos años un hecho poco conocido. Tal es así que existen datos equivocados en la película “El Tambor de Tacuarí” filmada en 1948, donde se lo llama Gregorio o Goyo, y aparece como incorporado al Ejército de Belgrano en Buenos Aires y en un diálogo afirma haber nacido allí, aunque llevado desde muy niño a Corrientes.
Los historiadores pudieron comprobar que nació en septiembre de 1798 en Yaguareté-Corá. En ese momento este pueblo contaba con una capilla que dependía del Curato de San Roque. Los bautizados allí durante mucho tiempo no fueron anotados. Por ello tampoco figura en los libros parroquiales de San Roque. La única referencia acerca de su nacimiento la proporciona el general Celestino Vidal, el militar que más contacto tuvo con el niño, quien a poco de incorporado, le recordó que hacía dos meses había cumplido doce años. Por lo cual su nacimiento debe ubicarse en septiembre de 1798.
El extinto doctor Francisco Atenodoro Benítez, nacido en la localidad de Concepción, en su libro Homenaje justiciero, la estatua al Tambor de Tacuarí, editado en 1930, nos ofrece datos certeros relativos a la entrada de Belgrano al citado pueblo y a la incorporación del Niño Héroe a las filas del Ejército Libertador.
En la mañana del 26 de noviembre de 1810 se produjo la entrada del Ejército de Belgrano en Concepción. Belgrano, penetró en las calles del pueblo, y acompañado de parte de su plana mayor, se dirigió a orar al oratorio, arrodillado ante el patrono de Yaguareté-Corá, que era entonces San Francisco de Asís. Al abandonar el oratorio para ir a visitar la escuela de primeras letras del pueblo, se encontró en el atrio con algunos paisanos, quienes le solicitaron incorporarse a las filas del ejército patriota, encontrándose entre ellos un niño de 12 años, Pedro Ríos, quien pedía insistentemente entrar al ejército. Belgrano dudó al principio de llevar a ese niño a una expedición militar, pero el propio padre, llamado Antonio Ríos, dijo: “No solo doy mi consentimiento, sino también ruego que lo acepte, porque yo, con mis 65 años de existencia, soy un hombre anciano y la entrega de mi hijo es la única ofrenda que puedo hacer a la Patria”

El Comandante Celestino Vidal, que llegó a ser posteriormente general, hombre medio ciego, le solicitó a Belgrano que aceptara al niño para servirle de guía y compañero en la Campaña Libertadora del Paraguay, y por lo tanto, Pedro Ríos fue incorporado al Ejército Patriota.

La marcha del ejército de Belgrano demandó grandes sacrificios por las características del terreno, dado que existían numerosos ríos, arroyos, lagunas, esteros y bosques, que eran difíciles de cruzar por la carencia de caminos y de poblaciones de abastecimiento.
El 19 de diciembre se efectuó el cruce del Alto Paraná para ingresar a territorio paraguayo. Pedro Ríos no tuvo mucho tiempo para ejercitarse en el uso del tambor, debido que batir el parche en zona enemiga hubiera significado delatar la posición del ejército a los espías realistas. No obstante eso, años después cuando Manuel Belgrano era conducido enfermo desde Tucumán a Buenos Aires, en un descanso en tierra cordobesa, recordó que a la fecha del combate de Tacuarí, el niño había adquirido una destreza aceptable tocando el tambor. Lo consideraba Belgrano junto a las Niñas de Ayohuma, como los recuerdos más hermosos de su vida militar, puesto que estos niños en circunstancias adversas no claudicaron.
La primera noticia de una intervención de Pedro Ríos se produjo en el ataque al campamento enemigo de Yuquerí, el 19 de enero de 1811, que desembocó en la Batalla de Paraguarí, derrota para las fuerzas patriotas. En esa ocasión, Pedro Ríos tuvo la misión junto a 70 soldados y 14 peones de fortificar las carretas del parque de armas, como así también el hospital de campaña. En las escaramuzas de Itapúa, estuvo lejos de las acciones con el grueso del ejército. En Paraguarí aunque los patriotas lucharon denodadamente, el agotamiento de las municiones contribuyó a que éstos sufrieran su primer derrota en territorio paraguayo, pudiendo retirarse en orden y fortificarse en las proximidades del río Tacuarí, al sur del Paraguay. Cuando Belgrano advirtió que 120 de sus hombres quedaron encerrados en la capilla de Paraguarí, ordenó tocar reunión para auxiliarlos, produciéndose el bautismo de Pedro Ríos como tambor, al concedérsele al titular, ocupar posiciones de soldado en reemplazo de los que estaban en el oratorio.

En la batalla de Tacuarí, que tuvo lugar el 9 de marzo de 1811,se destacó la figura de Pedro Ríos, Guía del comandante Celestino Vidal y también batía los parches de su tambor. En cumplimiento de esas funciones en pleno desarrollo de las operaciones bélicas, fue alcanzado por dos proyectiles de fusil en el pecho, cayendo herido de gravedad y falleciendo minutos después, con heroísmo en el campo de batalla. El general Celestino Vidal decía hacia el final de su vida: “Lo recuerdo y me estremezco. Me parece estar viéndolo impasible avanzar a mi lado. Yo lo he visto caer y abandoné la lucha para socorrerlo. Murió de dos disparos en el pecho. Estoy seguro de que su muerte fue mi salvación, porque al detenerme, no caí como cayeron casi todos los del ala donde estábamos nosotros”.
En la batalla de Tacuarí finalizó la vida de este heroico niño correntino llamado Pedro Ríos, “Mártir de la Campaña Libertadora del Paraguay”. Su patriotismo y valentía debe servir de ejemplo a la niñez y juventud argentina.
Según Mitre: “En la batalla de Tacuarí, la infantería argentina al son del paso de ataque que batía con vigor sobre el parche un niño de doce años, el lazarillo del comandante Celestino Vidal (que apenas veía), pues los niños y los ciegos fueron héroes en aquella jornada”
En el centro de la Plaza 25 de Mayo de Concepción se encuentra emplazada una estatua del Niño Héroe, donación del personal directivo y docente de la Escuela Graduada J. Alfredo Ferreyra de esa localidad. Esta estatua fue inaugurada en el año 1929, durante la gobernación del doctor Benjamín S. González. La estatua es una réplica de la existente en el Colegio Militar de la Nación, obra del escultor Luis Perlotti, y fue fundida en el Arsenal de Guerra. Está montada sobre un pedestal de mampostería y tiene una placa homenaje del Círculo Militar, con la siguiente inscripción: “El Círculo Militar al Tambor Pedro Ríos, Muerto en el Combate de Tacuarí-9 de marzo de 1811”.
Existe un monolito recordatorio en su solar natal ubicado dentro del establecimiento agropecuario “San Eugenio”, sito en el paraje “Lomas de Verón”, en la 1ra. Sección Rural del Territorio Departamental de Concepción, a una distancia de dos kilómetros al noreste de la planta urbana de la localidad homónima, cabecera de dicho departamento. La Dirección Nacional de Educación del Adulto, Delegación Corrientes, a iniciativa del delegado provincial de esa época, Máximo Ricardo Dacunda Díaz, rindió homenaje a la memoria del Niño Héroe en ese lugar. El monolito tiene dos placas: la primera con la siguiente inscripción: “Pedro Ríos, Tambor de Tacuarí, Homenaje al Héroe correntino en su Tierra Natal, Concepción. Dirección Nacional de Educación del Adulto Delegación Corrientes. 14 de marzo de 1972”. La segunda fue un homenaje de la Municipalidad de Concepción con la siguiente leyenda: “Al Héroe Correntino (Tambor de Tacuarí) Pedro Ríos. Concepción. 14 de marzo de 1972”.

Fuentes: Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado / www. revisionistas.com.ar /Scunio, Alberto D. H. – Patricios – Círculo Militar – Buenos Aires (1966).

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