viernes, 17 de junio de 2011

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES



Nació en la ciudad de Salta el 8 de febrero de 1785, siendo sus padres Gabriel de Güemes Montero, comisario de guerra y ministro general de la real hacienda de la Provincia, y María Magdalena de Goyenechea y la Corte (nacida en Jujuy e hija del general Martín Miguel de Goyenechea). Ambos progenitores del famoso caudillo estaban vinculados a las familias más respetables de Salta y de Jujuy.
Influenciado el joven Güemes por la tradición de su abuelo materno y con el beneplácito de sus padres, sentó plaza de cadete en el Regimiento “Fijo” de Buenos Aires (en una compañía que se encontraba en Salta), el 13 de febrero de 1799. El “Fijo” bajó a Buenos Aires en 1801 y de aquí a Montevideo en 1803. Más tarde compartió de las gloriosas jornadas de 1806 y 1807, con motivo de las invasiones inglesas, en las filas de su regimiento, ascendiendo por estos hechos a Alférez graduado, al mismo tiempo que le hacían Teniente de Milicias de Granaderos del Virrey Liniers. En la Reconquista de la ciudad de Buenos Aires, el 12 de agosto de 1806, Güemes desempeñaba funciones de ayudante de Liniers, general en jefe de las fuerzas libertadoras. La tradición cuenta que el combate había terminado después de dos horas de rápida acción llevada con toda energía por soldados bisoños, por el amor de la tierra en que nacieron, quebrantando el esfuerzo de expertos veteranos que habían hecho frente a los soldados de Bonaparte en San Juan de Acre. Pueyrredón acababa de arrebatarles el estandarte del glorioso Regimiento Nº 71, y el general Beresford había rendido su espada. Cercanas las sombras de lluviosa tarde de invierno, se reunía un grupo de jefes y oficiales al pie del asta bandera en el bastión Norte, contemplando con satisfacción el real pabellón, flameando donde hacía pocos momentos tremolaba el de la vieja Albión. El jefe vencedor dialogaba en aquellos instantes con el jefe de la escuadrilla que había trasportado de La Colonia a las legiones reconquistadoras, Gutiérrez de la Concha. El diálogo agitado de Liniers, apenas llegaba a herir los oídos de un joven bizarro de brillante uniforme, que inclinado desde sus años juveniles a la noble carrera de las armas, había revelado en aquellos angustiosos días una actividad y un comportamiento tan digno, que el general en jefe le había hecho quedar a su lado, en calidad de ayudante, como queda dicho; el día 11, enviado desde la plaza para informar a Liniers de la situación allí, había quedado al lado del futuro vencedor.
El diálogo entre Liniers y Gutiérrez de la Concha era producido por un buque de la escuadra de Popham, que había estado bombardeando la ciudad, el cual aparentemente estaba varado. El jefe de la Reconquista, después de observar con el catalejo el buque de referencia, se dio vuelta al ayudante Güemes y le dijo: “Usted que siempre anda bien montado, galope por la orilla de la Alameda, que ha de encontrar a Pueyrredón, acampado a la altura de la batería Abascal y comuníquele la orden de avanzar soldados de caballería por la playa, hasta la mayor aproximación de aquel barco que resta cortado de la escuadra en fuga”.
Güemes con la velocidad del relámpago trasmitió a Pueyrredón la orden de Liniers y más rápidos aún, los húsares de aquel Jefe, se apresuraron a arrojarse al río con el agua hasta el encuentro de sus cabalgaduras, y rompían el fuego de sus tercerolas sobre el buque varado, cuyo comandante comprendiendo la gravedad de su situación, hizo señales desde el alcázar con un paño blanco, anunciando su rendición; era el “Justina”, de 26 cañones, 100 tripulantes, el cual durante aquella dura jornada, habiéndose acercado mucho a tierra, había hecho un fuego realmente destructor contra las legiones libertadoras, pero su audacia le resultó cara, como se ve. Era una de las unidades de la escuadra británica del comodoro Home Popham.Participó también en las operaciones que tuvieron por escenario la Banda Oriental, con motivo de las invasiones inglesas, y de regreso de estas campañas, solicitó permiso para regresar a Salta, ya teniente de milicias, lo que le fue concedido el 7 de abril de 1808. llegado a su ciudad natal, el gobernador Isasmendi dispuso fuese agregado a la guarnición de la plaza con el grado de Teniente. La “Suprema Junta Gubernativa del Reino”, en Sevilla, el 13 de enero de 1809, le expidió a Güemes el ascenso a subteniente efectivo del Regimiento de Infantería de Buenos Aires.
Corría el año de 1810 y Güemes con el grado de Teniente de Granaderos de Fernando VII se encontraba en Salta con licencia, cuando estalló en Buenos Aires el movimiento emancipador. Este resonó con eco extraordinario en aquella ciudad, que fue la primera que respondió al grito de libertad lanzado desde la Capital. Güemes se incorporó a las fuerzas que la Primera Junta lanzó sobre el Alto Perú, con una partida de 60 jinetes, a cuyo frente se presentó al nuevo Gobierno. Esta partida de 60 hombres, fue llamada “Partida de Observación” y fue equipada con gran lujo, para el cual habían contribuido en gran parte las casas de Gurruchaga y de Moldes. Güemes fue nombrado capitán de la misma, en setiembre de 1810, fecha en que se le encuentra destacado en Humahuaca (el día 22 de aquel mes).
Güemes al frente de su partida, contribuyó a la victoria de Suipacha, el 7 de noviembre de 1810. Reunidas las fuerzas en Potosí, algo grave pasó entre el general Balcarce y Güemes, con motivo del parte de Suipacha, por lo que este último fue separado del ejército, actitud de la cual reclamó Güemes ante la Junta, la que con fecha 23 de junio de 1811 accedió a su reclamo, ordenando su reincorporación al ejército, el cual ya se hallaba al mando de Pueyrredón, pues había sufrido ya el contraste de Huaqui, el día 20 de junio, lo que obligó a replegarse sobre Jujuy. Güemes ya había sido ascendido a capitán y Pueyrredón al llegar a Jujuy reorganizó sus fuerzas, con las que avanzó nuevamente al Alto Perú, ocupando Suipacha con su vanguardia, mandada por Díaz Vélez; pero allí fue derrotado el 11 de enero de 1812, y al día siguiente en el combate de El Nazareno. Ante este fracaso, Pueyrredón resuelve retirarse a Tucumán, y desde Humahuaca solicita su relevo, llegando el 20 de marzo del mismo año, a Yatasto, donde le recibe el mando el general Belgrano.
Belgrano contramarchó a Jujuy, donde se propuso la tarea de reorganizar el ejército. Desde allí, despachó a Santiago del Estero al capitán Güemes, por un acto de indisciplina. El “pecado” de Güemes fue su relación amorosa con la esposa de un teniente del Ejército, que la había abandonado y ya separada convivía con Güemes, que era soltero todavía. Enterado Belgrano que esta señora se había ido a vivir a Santiago, decide el traslado de Güemes a Buenos Aires.
A su paso por Córdoba fue encargado de conducir a la Capital el contingente de presos realistas que se encontraba en aquella ciudad.
El 20 de enero de 1813 llega Güemes a Buenos Aires y solicita al gobierno se le haga conocer la causa de su confinación, respondiendo el Estado Mayor que “no hay antecedente alguno”, por lo que el gobierno se dirige a Belgrano para que haga conocer las causas. Pero antes de recibir la respuesta y en mérito a su carrera militar, Güemes es agregado al Estado Mayor General en calidad de capitán de Infantería.
El Oficio de Belgrano al gobierno decía: “Habiéndome informado el alcalde de la ciudad de Santiago don Germán Lugones de la escandalosa conducta del teniente coronel graduado, don Martín Güemes, con doña Juana Inguanzo, esposa de don Sebastián Mella, teniente de dragones en el ejército de mi mando, por vivir ambos en aquella ciudad aposentados en una sola mansión, y habiendo adquirido noticias que este oficial ha escandalizado públicamente mucho antes de ahora con esta mujer en la ciudad de Jujuy… Con estos antecedentes indubitables, considerando que cualquier procedimiento judicial sobre la materia sería demasiado escandaloso y acaso ineficaz, he tomado la resolución de mandarle a Güemes …
spero que vuestra excelencia se dignara aprobar estas medidas en que sólo he tenido por objeto la conservación del orden, el respeto a la religión…”.
El 15 de abril de 1813, Belgrano le escribía a Chiclana: …”Si usted no presta oídos más que a los patriotas, le llenarán la cabeza de especies,…estoy arrepentido, usted sabe cuál es mi lenguaje y siempre digo lo que siento…”
El 12 de agosto de 1813 el Gobierno resolvió que Güemes pasase agregado al Estado Mayor del ejército sitiador de Montevideo, como teniente coronel graduado; lo que no lo satisfizo porque se le rebajaba la jerarquía; ordenándose que se le abonasen los sueldos devengados desde aquella fecha. Ante una solicitud de Güemes pidiendo marchar al Norte con San Martín, y que este informó el 6 de diciembre del mismo año en forma conveniente, se accedió a lo pedido por el causante.
El 7 de diciembre de 1813 Güemes era ascendido a Teniente Coronel graduado del Ejército y era destinado nuevamente al Ejército Auxiliar, del cual recibía el mando en jefe el coronel San Martín, el 30 de enero de 1814. Güemes había concurrido presuroso a su provincia natal, al tener conocimiento de que se había producido una nueva invasión realista. San Martín que había oído ponderar los servicios del caudillo salteño, aceptó complacido sus servicios y lo nombró comandante de las avanzadas de Salta, por el lado del río Pasaje, mientras que Apolinario Saravia quedaba de comandante de avanzadas por el lado de Guachipas.
No estaba equivocado el futuro general de los Andes en la elección del personaje para hacer aquella guerra de partidas que mantendría en jaque a los españoles cuando se aventurasen en las provincias del Norte; en compañía de Francisco Gorriti, se propuso levantar todo el paisanaje por la causa de la libertad. Su éxito fue tan grande como rápido, pues todos los partidarios de la libertad pusieron su vida y sus bienes a su servicio, halagados tan sólo por cooperar en la emancipación del suelo natal. Desde aquel momento empieza a hacerse sentir la acción personal de Güemes en aquella guerra interminable de partidas, en que los realistas no podían asomar por ninguna parte sin encontrar inmediatamente fuerzas dependientes de Güemes que les presentarán combate, o mejor dicho, que les asesten un terrible zarpazo.
uando los realistas ocupaban la ciudad de Salta, en 1814, Güemes concibió el audaz proyecto de apoderarse de su ciudad natal; en demanda de este objetivo, el día 27 de marzo de aquel año, pernocta en la Cuesta de la Pedrera, a tres leguas de Salta, donde existía una guardia realista, que Güemes sorprende al amanecer del 28, tomándola casi toda prisionera. Sabedor de que el jefe español de la ciudad, coronel Castro, se encontraba allí con todas sus fuerzas, resuelve atraerlo a su posición, para lo cual destaca un piquete para provocarlo. Pero Castro también era salteño y conocía muy bien las tretas criollas y no avanzó en la persecución de sus enemigos más de una legua, el día 29 de marzo, persecución que efectuó con 80 jinetes, los mejores del regimiento. Ante el fracaso para atraer a Castro, Güemes resolvió atacarlo y haciendo avanzar a su gente, le ordenó cargar puñal en mano, poniendo en fuga a Castro y sus jinetes, que no pararon hasta llegar a Salta, quedando en poder de Güemes 45 prisioneros, armas y caballos. Por sus merecimientos en esta acción, el Director Supremo le reconoció la efectividad de teniente coronel de Ejército el 9 de mayo de 1814 y por recomendación de San Martín, se lo declaró “Benemérito”, dándosele las gracias en nombre de la Patria. Se le nombró Comandante General de la Vanguardia, con lo cual los patriotas que operaban en Guachipas y en el Pasaje, quedaban bajo su comando. Güemes los organizó divididos en tres secciones; la primera, la más próxima al enemigo, tomó el nombre de guerrilla o avanzada de los campos de Salta, al mando de Pedro José Zavala; la segunda, llamada avanzada de Guachipas, que servía de sostén a la anterior, a las órdenes siempre de Apolinario Saravia, teniendo por teatro el Valle de Lerma; la tercera tenía por zona de operaciones hacia Oriente, sobre el camino que une Tucumán con Salta Y Jujuy, compuesta en su mayor parte por gauchos de esa región, bajo el mando personal de Güemes, con su vanguardia particular estacionada en Cobos y Campo Santo, al mando de Pablo Latorre.
Tantas dificultades para el avance de las fuerzas reales, decidieron al general Pezuela, comandante en jefe, trasladarse desde Tupiza hasta Jujuy, donde permanecía el general Ramírez Orozco, como jefe de la guarnición. A esta ciudad llegó Pezuela el 27 de mayo de 1814, al frente de 4.000 soldados aguerridos. Traían el propósito de realizar el plan que el Virrey Abascal había trazado en 1812 al general Goyeneche, esto es, socorrer a Montevideo, salvando al ejército de 6.000 hombres allí encerrado, que agregado a sus tropas y a las que le enviarían desde Chile, tendría a sus órdenes 12.000 soldados, con los cuales esperaba dar fácil cuenta del gobierno patriota de Buenos Aires.
Los gauchos de Güemes pronto convencieron al general español de las insuperables dificultades que era necesario vencer; que 4.000 gauchos armados de puñales, lanzas, boleadoras y escaso número de armas de fuego, a los que apoyaban apenas 300 soldados del ejército regular, era una barrera difícil de vencer. Pronto se convenció Pezuela de que no había nada que hacer contra esta infranqueable barrera y no encontró otro expediente que buscar una batalla general y con este propósito trató de atraer a San Martín a Salta, ya que los gauchos le impedían a él llegar hasta Tucumán, y concentró todas sus fuerzas en Salta. Sin embargo, la acción de Güemes y sus gauchos fue tan efectiva que el general Pezuela con todo su ejército en Salta y su Cuartel General en Jujuy, se encontraba imposibilitado de avanzar. Marquiegui, jefe realista natural de Jujuy, propuso al general Pezuela abandonar el camino real por el Pasaje a Tucumán, y tomar el que conduce al mismo punto más hacia Oriente, atravesando el desierto.
Marquiegui se puso en marcha desde Jujuy con 400 hombres de infantería y caballería, llegando a Yaví el 15 de junio, donde arrolló al comandante patriota Arias, y tomó rumbo al Este en dirección a Orán, tomando sucesivamente una serie de fortines en el Chaco con rumbo al Sur. Pero Güemes lo había sentido y cuando Marquiegui se proponía regresar a Jujuy, fue atacado por aquel el 26 de junio en Anta y el 29 en Santa Victoria; se desvió al Oeste y se dirigió a Jujuy por el camino de la Cuesta Nueva, pero el 4 de julio fue destrozada por Güemes su retaguardia. Al mismo tiempo, su subordinado Zavala, el 11 de junio llegaba hasta los aledaños de Salta en un ataque contra los realistas. Estos contratiempos le decidieron a iniciar su retirada el 25 de julio de 1814. Entretanto el general Rondeau mandaba el Ejército Auxiliar, en reemplazo de San Martín.
Tan pronto como Güemes tuvo conocimiento de la retirada de Pezuela, se aproximó a Salta, cuyo sitio estrechó a fines de julio. Güemes ocupó su ciudad natal y Pablo Latorre la de Jujuy, adelantando sus avanzadas en persecución del enemigo a las órdenes de Alejandro Heredia. Güemes se apresuró a trasladarse a Jujuy, mientras Pezuela, volaba más que corría, desde que abandonó Jujuy el 3 de agosto, llegando a Suipacha el día 21, después de haber perdido 1.500 hombres y haber recibido una lección soberbia. Indudablemente, influyó en la decisión para retirarse, la noticia de la caída de la plaza de Montevideo, el 23 de junio.
Rondeau avanzó a fines de 1814 hacia el Norte, habiendo sido reforzado su ejército en forma notable, gracias a los cuerpos que había dejado libres la caída de Montevideo. El 17 de abril de 1815, en la sorpresa del Puesto de Marqués, Güemes ejecutó una carga contra los realistas, haciendo una horrible matanza. Al día siguiente, el caudillo salteño pretextaba una enfermedad al general Rondeau para retirarse del ejército. Desde el 30 de setiembre del año anterior ostentaba los galones de coronel graduado. La causa de la enfermedad no era más que un pretexto. Al pasar por Jujuy se apoderó de 700 fusiles que existían en el parque del ejército, que Rondeau había ordenado que le remitieran, a lo que Güemes contestó con franqueza que era necesarios llevarlos para armar las partidas de Salta y resistir a la próxima invasión española. Llevó también unos 300 hombres enfermos que encontró en Jujuy, de modo que en breve, el caudillo salteño alcanzó a contar con 1.500 hombres.
Güemes se había retirado del ejército, porque prontamente se dio cuenta que con la indisciplina reinante en él, iba derecho a un desastre, como aconteció. El 6 de mayo de 1815 Güemes era elegido por asamblea popular, gobernador de Salta. Cinco meses más tarde lo eligió también el pueblo de Jujuy. Rondeau, después de su desastrosa campaña de aquel año, al replegarse a Huacalera, ya había declarado a Güemes traidor a la patria, en agosto, mediante un manifiesto; ahora, el 8 de marzo de 1816, Rondeau abandonaba su campamento de Huacalera, anunciando que como Güemes le había negado recursos, para proveérselos con más comodidad, se trasladaba a Salta con 3.500 soldados. Fracaso total de Rondeau fue esta empresa contra el bravo caudillo salteño. Aquel, que había llegado a Jujuy, sin esperar a Güemes para una entrevista a la que se habían citado, el 13 de marzo se puso en marcha sobre Salta, con 2.500 soldados veteranos, acampando en el campo de Castañares, a una legua de la ciudad, el día 15, ocupando la ciudad sin resistencia. Después Rondeau salió de Salta y acampó en el Viñedo de Tejada, a la entrada de Cerrillos, donde los gauchos le arrebataron 200 cabezas de ganado, toda la caballada del Regimiento de Dragones que la custodiaba, con lo que el ejército quedó a pie y sin sustento. El día 20 de marzo, los gauchos arrebataron a Rondeau los últimos animales que le restaban para la alimentación, lo que desconcertó profundamente al general en Jefe. El día 22, los buenos oficios de los hermanos Figueroa lograron llevar en los Cerrillos a Güemes a una entrevista con Rondeau, en la que ambos firmaron una capitulación, por la que se reconocía una paz sólida entre el Ejército Auxiliar y el Gobernador de Salta. Al llegar Rondeau a Jujuy de regreso, el 17 de abril, lanzaba un bando justificando la conducta de Güemes. El 7 de agosto del mismo año el primero entregaba en Las Trancas, al general Belgrano, el comando en jefe del ejército, mientras el segundo había vuelto a ocupar su línea de defensa al Norte, lo cual era una garantía para la causa patriota. Desde aquel momento Güemes es el Angel Tutelar de la Patria en aquellas apartadas regiones.
El general Ramírez de Orozco ordena a Olañeta que invada por la Quebrada de Humahuaca con su División de Vanguardia; el 17 de agosto de 1816 ocupa Yaví y el 29 llega a Humahuaca; por su parte el coronel Marquiegui logra tomar Tilcara, el 19 de setiembre, pero pocos días después las partidas de gauchos quebraderos y jujeños obligan a los invasores a retirarse, tenazmente hostilizados.
El general Olañeta ocupa sorpresivamente el 15 de noviembre del mismo año, Yaví, tomando prisionero al Marqués de este nombre, coronel mayor Juan José Fernández Campero, y a su segundo, el teniente coronel Juan José Quesada (El primero conducido a Potosí, logró fugar y permanecer algún tiempo oculto, pero no pudiendo salir de aquella Provincia, optó por presentarse; murió en viaje para España, en 1820). El 6 de enero de 1817, Olañeta se apodera de Jujuy, donde es sitiado tenazmente por Pérez de Urdinenea, que hábilmente dificulta el abastecimiento de sus tropas. El 14 del mismo mes llega el general en jefe, La Serna, a Humahuaca con el grueso del ejército., y resuelve fortificar dicho pueblo, dejando un depósito de armamento y víveres al cuidado de un destacamento y prosigue su marcha sobre Jujuy, donde diariamente se combate en los alrededores de la ciudad, distinguiéndose particularmente el capitán Juan Antonio Rojas, que al frente de los “Infernales” lucha ventajosamente contra fuerzas superiores mandadas por Arregui, en San Pedrito, haciéndoles muchas bajas. El 12 de enero, Olañeta se vio obligado a abandonar Jujuy para marchar en apoyo de su cuñado, el coronel Marquiegui; y el 23 del mismo mes, estos dos últimos entran en Jujuy seguidos del general La Serna.
El 13 de abril este último parte de la mencionada ciudad, en dirección a Salta, en la que entra el 16; pero cruelmente hostilizadas sus tropas por las partidas de Güemes que impiden el acopio imprescindible de víveres, el General español inicia la evacuación de la capital salteña el 5 de mayo, y el día 21 del mismo mes quedó evacuado todo el territorio de las dos provincias norteñas. En los primeros días de junio el ejército real llegaba a Tilcara; el día 2, proseguía su repliegue por fracciones, constantemente hostilizado por las partidas patriotas, quienes atacaron a sus enemigos en Tres Cruces, en Sococha y aún en Tupiza, donde obligaron a la guarnición a encerrarse bajo los muros de la ciudad. Por toda esta serie de brillantes triunfos alcanzados por Güemes y sus gauchos, el Gobierno premió a aquél con el grado de Coronel Mayor, con fecha 17 de mayo de 1817; una medalla de oro y una pensión vitalicia para su primer hijo, de $400.-; una medalla de plata con brazos de oro para los jefes y una puramente de plata para los oficiales, y para la tropa, un escudo de paño con la inscripción: “A los heroicos defensores de Salta”.
El 11 de junio de igual año, Olañeta invade nuevamente por la Quebrada de Humahuaca con 100 hombres y es combatido por el capitán Manuel Eduardo Arias el 23 en Los Toldos y Baritú; el 25 de noviembre en Colanzuli; el 27 en Humahuaca; el 1º, el 15, 18, 25 y 26 de diciembre en Uquía, Caluti, San Lucas y Tilcara, habiéndose visto obligado a retirarse de Humahuaca el día 3 del mismo mes, con grandes pérdidas y continuamente hostilizado por las columnas patriotas.
El 1º de enero de 1818. el general La Serna destaca desde Tupiza al general Gerónimo Valdés con 400 hombres para reforzar a su vanguardia, mandada por Olañeta, que se mantenía en Humahuaca. Reunidos ambos jefes realistas, avanzaron sobre Jujuy, que ocupaban el 14 de enero, saqueándola, pero fuertemente hostilizado Olañeta por las partidas de Güemes, el mismo día abandona su presa, retirándose al Norte, siendo perseguido por los patriotas hasta cerca de Yaví. El 26 de junio de aquel año, el general Canterac, unido al coronel Valdés, expediciona hasta Orán, pero diariamente son hostilizados por las partidas independientes, Canterac y el coronel Vigil combaten el 5 de agosto en Tarija y Orán, contra las partidas de Rojas y Uriondo.
El 17-18 de marzo de 1819 los generales Canterac y Olañeta invaden por la Quebrada de Humahuaca y son combatidos: el 3 de abril, en Huacalera y Tilcara; el 12 de mayo, en Iruya y Orán; el 9 de setiembre, en El Rosario; en octubre, en Orán y Santa Victoria y el 28 de ese mismo mes, en San Antonio de los Cobres. Del 10 al 20 de diciembre son combatidos: Canterac, en La Rinconada; Lóriga en la quebrada de Toro y Gamarra en San Antonio de los Cobres.
En mayo de 1820 es invadida Salta por un ejército de 4.000 hombres a las órdenes del general Ramírez Orosco, y los generales Canterac, Olañeta y Valdés y los coroneles Gamarra, Vigil y Marquiegui. Del 8 al 27 de mayo los gauchos de Güemes combaten contra Ramírez y Canterac, en Guaia, La Cabaña, Perico y Monte Rico. El 24 de mayo los españoles se apoderan de Jujuy y el 31 del mismo mes, después de las acciones en Lomas de San Lorenzo y en Salta, se apoderan de esta última ciudad; pero del 2 al 8 de junio se libran numerosos encuentros con las partidas salteñas; en La Pedrera, Quesera, Cruz y Chamical (contra Olañeta y Valdés) y Cerrillos, Chamical, en la Troja (con Olañeta) y en Pasaje (contra Vigil y Méndez). El 28 de junio de 1820 fuertes combates en Cerrillos contra Canterac, Clover y Ferraz, en los que muere el coronel patriota Juan Antonio Rojas (célebre guerrillero). El día 30, el ejército real inicia su retirada, evacuando la provincia de Salta el 5 de julio.
El 1º de febrero de 1821, Güemes delega el mando de la provincia en el Dr. Gorriti y se ausenta al Sud de la misma, para rechazar la invasión del gobernador de Tucumán Bernabé Aráoz e invade a su vez la de Tucumán. Los españoles, noticiados de este acontecimiento, a las órdenes de Olañeta, el 10 de marzo de 1821 invaden la Quebrada de Humahuaca, siendo combatidos hasta mediados de abril: en Humahuaca, Laguna, San Lucas, Valle Grande, Tilcara, Uquia y el día 21 de abril, la vanguardia realista, formada por 300 hombres mandados por Marquiegui, entra en la ciudad de Jujuy.
Mientras tanto, las tropas de Güemes, aliadas a las de Ibarra (de Santiago del Estero), son batidas por los coroneles Abraham González y Manuel Eduardo Arias, el 3 de abril, en las cercanías de Tucumán.
Ante el peligro de la invasión española, el gobernador substituto, Dr. Gorriti, delegó el gobierno en el Cabildo y se puso a la cabeza de 600 hombres que logró reunir y marchó en busca del enemigo, al que puso sitio en la boca de la Quebrada de Humahuaca, obligándolo el día 27 de abril a rendirse a discreción, con su jefe el coronel Marquiegui, contraste que obligó a Olañeta a regresar a sus posiciones.
Pocos días después del primer desastre, Güemes era nuevamente batido en Acequiones y Trancas, por las fuerzas tucumanas. La noticia de este contraste, así como también la del triunfo de Gorriti, llegadas casi simultáneamente a Salta, indujeron al Cabildo, el 24 de mayo, a deponer a Güemes y a designar gobernador provisorio al alcalde del primer voto Saturnino Saravia, pero el día 30, se presentó Güemes frente a Salta y no obstante que una parte de los civiles y dos escuadrones de caballería lo esperaban formados para combatirlo, bastó que sus soldados oyeran su vos gangosa, para que el grito “¡Viva Güemes!” brotara de todos los pechos y el famoso caudillo ocupara nuevamente el gobierno.
Estableció su cuartel general en Chamical, cuatro leguas al S. E. de Salta. Sabedor Olañeta de todos los acontecimientos relatados, resolvió destacar al coronel José María Valdés (Barbarucho) con 500 hombres, con orden de avanzar sobre la ciudad de Salta por el camino del Despoblado (quebrada del Toro) atravesando las fragosas sierras de Leser y Yacones. En la noche del 7 de junio de 1821 los españoles ocupaban la ciudad de Salta y Güemes que con una escolta de 50 hombres se encontraban en casa de su hermana Magdalena despachando la correspondencia con su secretario; al necesitar un documento que se encontraba en el Cabildo, despachó un ayudante a buscarlo, el cual en la plaza fue tiroteado en la oscuridad al contestar un ¿Quién vive? de los realistas. Güemes que creyó nuevamente en un movimiento subversivo, salió de la casa para indagar el origen del tiro y en la plaza fueron tiroteados por otra partida y al desbandarse la escolta, el caudillo tomó por una calle lateral, donde tropezó con otra partida realista que le hizo fuego, hiriéndolo de gravedad. La bala ingresó por la cadera y salió por la ingle. Sin largarse del caballo, logró salir a las afueras de la ciudad, donde algunos de sus partidarios acompañaron al general herido desde el Campo de la Cruz hasta su campamento en El Chamical. A los diez días, el 17 de junio de 1821, el gran caudillo, debilitado por la abundante hemorragia, quebrado por crueles dolores, viendo que se le escapaba la vida, aún tuvo aliento para celebrar una conferencia con un parlamentario que le enviara el general Olañeta. A esta conferencia hizo llamar al jefe de Estado Mayor, el coronel Jorge Enrique Vidt y delante de los parlamentarios le ordenó: “que marchase inmediatamente con sus fuerzas a poner sitio a la capital, haciéndole jurar sobre el pomo de le espada que continuaría la campaña hasta que en el suelo de la Patria no hubiera ya argentinos o no hubiera ya conquistadores” y dirigiéndose al emisario enemigo añadió: “Señor oficial, diga a su jefe que agradezco sus ofrecimientos sin aceptarlos; está usted despachado”. Aquel día, 17 de junio, a pesar de los solícitos cuidados de su médico Dr. Antonio Castellanos, moría el bravo guerrero, en La Cruz, en el lugar llamado La Higuera (o Higuerillas). Al día siguiente era sepultado en la capilla de El Chamical (hoy San Francisco), al mismo tiempo que se levantaba el país en masa contra los invasores, cumplimentando la orden postrera de su valeroso caudillo. Los “Infernales” al mando de Vidt cumplían aquella, poniendo sitio a la ciudad de Salta, con lo cual quedaban rotas las hostilidades, no obstante las gestiones de Olañeta con el Cabildo salteño para llegar a un armisticio. El 26 de julio de 1821, el general Olañeta, constantemente hostilizado por los patriotas, se retiraba al Alto Perú, con lo que terminaba la última invasión realista al territorio argentino. El espíritu de Güemes había sido el ángel tutelar de la Patria en peligro en aquellos días.
Una pincelada que metaforiza los alcances de la guerra social encabezada por el caudillo está contenida en el relato de Bernardo Frías: una vez muerto el General Güemes, los gauchos se arrojan sobre su cadáver para despojarlo de las vestiduras y quedarse con “un jirón de aquellos trapos”. Mientras esto ocurría en Salta, la elite porteña festejaba su deceso y la prensa bonaerense fiel a Rivadavia exclamaba: “Murió el abominable Güemes al huir de la sorpresa que le hicieron los enemigos. Ya tenemos un cacique menos”.
Güemes había contraído enlace el 9 de junio de 1815 con Margarita del Carmen Puch, hija única del afincado español de notable fortuna, Domingo Puch y Alcaraz, nacido en Tupiza, y Dorotea Velarde Cámara; la que murió apenada por el fallecimiento de su esposo.Por Ley del Congreso Nacional Nº 6286, del 30 de setiembre, fue erigido en la ciudad de Salta un hermoso monumento a la memoria del general Güemes, el cual fue inaugurado el 20 de febrero de 1931, por el Tte Grl José Félix Uriburu, Presidente Provisional de la Nación.
Fuentes: Colmenares, Luis Oscar – Martín Güemes, el héroe mártir – Ed. Ciudad Argentina. / Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado. / www reservistas.com.ar /Poderti, Alicia – Martín Miguel de Güemes, Fisonomías Históricas y Ficcionales / Yaben. Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).






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jueves, 16 de junio de 2011

DIA DE LA DIRECCIÓN DE SANIDAD DE EJERCITO



En reconocimiento de la labor cotidiana que llevan a cabo, saludamos a todos los integrantes de este órgano encargado del funcionamiento de los servicios de sanidad, cuyo origen se remonta al 16 de junio de 1810, fecha en que el Dr. Juan Madera fue nombrado cirujano primero del Ejército del Norte.
Los orígenes de la Sanidad se remontan a la época de la colonia con la creación del Protomedicato Local ordenado por Carlos III.
En 1801 se crea el primer curso de Medicina, cuyo director fue el Dr. Cosme Argerich.La Sanidad Militar tiene su origen en las primeras campañas patrióticas. Durante el gobierno de Liniers, se nombra al Dr. Juan Madera como Cirujano del Cuerpo de Patricios.
Durante la presidencia del Dr. Bernardino Rivadavia, se organiza el Cuerpo de Medicina del Ejército (1822).
El gobierno de Bartolomé Mitre arrienda el Hospital Italiano y nombra como director Militar al Cirujano Principal Dr. Caupolicán Molina (1868).
Dado los altos costos, el Hospital Militar pasa a desempeñar sus funciones en casas particulares, con escasos recursos y precarios elementos. En 1882 se construyo el Hospital Militar Central, en el predio delimitado por las calles Caseros y Combate de los Pozos, al año siguiente se nombra la primera Inspección Sanitaria a la Frontera, dirigida por el Dr. Eleodoro Damianovich.
Recién a partir de la Creación de los dos Cuerpos de Sanidad Militar -Ejército y Marina – es cuando se otorga grado militar a los Médicos (1888). En 1892 se nombra al primer Director General de Sanidad, función que asume el Dr Eleodoro Damianovich.
Durante la epidemia de Fiebre Amarilla, pierde la vida el Dr. Caupolicán Molina, asume entonces la Dirección del Hospital Militar el Dr. Damianovich y lo reemplaza en la Dirección el Dr. Alberto Acosta, a la gesta heroica le suceden largos períodos de organización política adelantos técnicos y científicos, hasta 1939, la Dirección de Sanidad funcionó en forma conjunta con el Hospital Militar Central en las instalaciones sitas en Combate de los Pozos y caseros; al trasladarse el hospital a su actual emplazamiento, el predio fue ocupado por la Dirección.
Sería redundante expresar la importancia capital que tuvo la Sanidad Militar en el conflicto del “Atlántico Sur “. Es casi imposible mencionar lo actuado en el mismo, pero si es imprescindible destacar que dicha actuación ha quedado plasmada en un libro editado por la Biblioteca del Oficial del Circulo Militar, denominado “La medicina en la guerra de Malvinas”, escrito por los coroneles médicos José Raúl Buroni y Enrique Mariano Cevallos, este último Director del Hospital Militar de Puerto Argentino.
Finalmente, el desarrollo alcanzado por el Comando de Sanidad en sus funciones básicas del servicio como “Conductora, Abastecedora Preventiva y Recuperadora” presenta a la Sanidad Militar como un vasto Organismo Técnico que no sólo prepara, organiza y perfecciona a su personal para el caso de guerra sino que, en tiempo de paz, está dedicado también a velar por la salud de la Familia Militar
Fuente: www.sanidad.mil.ar









miércoles, 15 de junio de 2011

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL SUBOFICIAL SEGUNDO JULIO SATURNINO CASTILLO



El hecho de la rendición de las tropas argentinas en la mañana del 14 de Junio de 1982, por su trascendencia al marcar el final del conflicto por la recuperación de las Islas Malvinas, eclipsó el valiente y heroico desempeño del Batallón de Infantería de Marina Nº 5 (BIM5) que en la noche y madrugada del 13 al 14 de Junio, desoyendo la ya impartida orden de rendición por el General Menéndez, siguió combatiendo y logró hacer retroceder en 14 kms el avance de las fuerzas británicas, derribando además en la mañana del 14, dos helicópteros ingleses.



El Aviso (A-6) A.R.A. “Suboficial Castillo” que tiene su apostadero natural en nuestra Base Naval, lleva su nombre en homenaje al Suboficial Primero de Infantería de Marina Julio Saturnino Castillo. Este valiente argentino había nacido en el pueblo de El Malacara, Provincia de Santiago del Estero. En 1964 se incorporó a la Armada como conscripto de la Infantería de Marina, prestando servicio en el Batallón de Infantería de Marina Nº 2, fue allí donde afianzó su vocación militar, ingresando en 1965 a la Escuela de Suboficiales de Infantería de Marina, de la que egresa como integrante de la promoción Nº 35.



Todas sus fojas de servicio hablan de su dedicación, conocimientos profesionales y ansias de superación. Ya con la jerarquía de Suboficial Segundo, el 8 de Abril de 1982, marcha con su Batallón (el BIM5) a las Islas Malvinas con el fin de contribuir a la defensa de Puerto Argentino.



El Suboficial Castillo es destacado como jefe de una fracción de la Cuarta Sección de Tiradores de la Compañía “Nácar” en la ladera Suroeste del Monte Tumbledown.A las 02.30 hs de la madrugada del 14 de Junio, el grupo del Suboficial Castillo, en el extremo derecho de la sección, trataba de contener la segunda embestida enemiga, la primera había sido rechazada. Con Castillo estaba el Cabo Segundo Amílcar Tejada y el conscripto “dragoneante” José Luis Galarza. Tres soldados británicos salieron corriendo detrás de un montículo rocoso disparando sus armas, alcanzaron así al conscripto Galarza, el Cabo Tejada giró la ametralladora MAG y comenzó a disparar, batiendo a los tres británicos.



El Suboficial Castillo al ver la forma en que su soldado había sido herido, se incorporó furioso, salió de la protección del “pozo de zorro”, en momentos que otros tres ingleses avanzaban hacia él desde unos 20 metros. Intentó disparar su fusil, pero un tiro en el pecho lo empujó hacia atrás violentamente, truncando su vida para siempre.



Quiso recuperar a su “dragoneante” caído, quiso pelear y peleó con valor y coraje, la Nación Argentina lo distinguió con su máxima condecoración: “La Nación Argentina al Heroico Valor en Combate”



Es por ello, que surcando las aguas de nuestro Mar Argentino, como en el recuerdo de todos sus camaradas de la Asociación De Infantes de Marina de la Armada de la República Argentina, queda latente la frase acuñada en la heráldica del escudo del Aviso Castillo, ella es motivo de orgullo y de este justo homenaje, “Para que no se rinda ni se olvide”.



Fuente: Fuente: Programa Radial Destino Malvinas.






martes, 14 de junio de 2011

COMBATES EN PUERTO ARGENTINO



El día 14 de junio de 1982, siendo las 04.30hs, el enemigo lanza un fuerte ataque con su infantería sobre el oeste y el noroeste del Escuadrón de Exploración de Caballería Blindado 10; las fracciones de seguridad adelantadas se repliegan combatiendo. Los efectivos ingleses chocan con la 1ª sección a cargo del Teniente Luis E. Bertolini y se generan combates a distancias próximas con empleo de granadas de mano y fusiles de fuego automáticos. El enemigo es detenido, pero la sección sufre numerosas bajas. Prácticamente, todo el personal de cuadros de la misma es herido. Sólo el Jefe de Sección está en capacidad de multiplicarse para ejercer la conducción de la fracción. Ante la firme resistencia, el enemigo, aplicando procedimientos conocidos, se retira y comienza a saturar el sector con fuego de A y Mor (s). La situación se hace insostenible por las bajas que se acumulan. El 2º Jefe del Escuadrón Exploración, que sólo ha logrado establecer contacto personal en dos oportunidades con el Regimiento de Infantería 7, combate con fracciones enemigas y comienza a ser presionado desde ambos flancos. El citado oficial solicita autorización para replegarse a sus anteriores posiciones, al 0 de Moody Brook, para evitar ser cercado. Esta Subunidad presenta 6 muertos y numerosos heridos. A las 05.20hs, el Jefe Ca A/Regimiento de Infantería 3, que aún desconoce el repliegue del Regimiento de Infantería 7, informa que una de sus fracciones ha alcanzado la altura de Wireless Ridge y se trabo en combate con un enemigo superior. Teniendo en cuenta que ya se está produciendo el repliegue del RI 7 y del Esc Expl C Bl 10 (a pie), el Comandante argentino ordena suspender el ataque y replegarse para ocupar una posición de bloqueo, a la altura de Moody Brook. El Jefe de Ca no logra transmitir esta orden a las fracciones que duramente y cuerpo a cuerpo combaten en la altura contra el enemigo, que acciona desde varias direcciones. A las 06.00hs, logra alcanzar la nueva posición asignada, sumamente desgastado. A las 0615hs, comienza a recibirse efectivos del Regimiento de Infanteria y del Escuadrón de Caballería y de la misma A/RI 3. Aquella unidad ha cedido su posición luego de 54 horas de intenso combate, dejando en el terreno 36 muertos y 152 heridos.

El Jefe del Regimiento de Infantería 7 recibe la orden de no replegarse más allá de Wireless Ridge, manteniendo la posición a cualquier costo. Esta Unidad debió soportar, desde el día anterior, intenso fuego de A, Mor y naval. Tal es la magnitud y precisión del fuego enemigo que a las pocas horas quedan fuera de combate 6 de las 10 ametralladoras disponibles en el Regimiento. Las fracciones de primera línea resisten bien el primer choque enemigo, pero éste, con su habitual táctica, atacando desde distintas direcciones, reforzando con nuevos efectivos, deteniendo el ataque, saturando con fuego de A, Mor, Misiles Milán, fuego naval, etc., obligan el aferramiento de nuestras tropas para luego poder penetrar. A pesar de ello, las fracciones del RI 7 que combaten casi a ciegas disputan al enemigo cada metro que éste debe conquistar. No obstante, la superioridad en hombres y medios logra imponerse paulatinamente. El Grupo de Artillería Aerotransportada 4 y el Grupo de Artillería 3 ejecutan fuego preciso y con proyectiles de iluminación apoyan el accionar de las tropas empeñadas en primera línea. Asimismo, las A/RI 3, B/RI 6 y el RI 25 baten con fuego de mortero zonas claves del campo de combate.
A las 08.00hs, con una sola pieza en servicio y 14 proyectiles, el Jefe del Grupo de Artillería 4, Teniente Coronel Quevedo, solicita autorización para replegar al personal de su unidad y continuar disparando con un grupo de voluntarios contra los ingleses, que ya se encontraban a solo 300 metros de su posición.

El Batallón de Comunicación 181, Compañía de Comunicación 3, 9 y 10 instaló, operó y mantuvo las comunicaciones del nivel táctico inferior. A través de ellas, facilitó el comando y control del J Agr Puerto Argentino. Estas comunicaciones, que resultaban altamente vulnerables a las operaciones de Guerra Electrónica del enemigo por falta de medios técnicos, suplía dicha falencia mediante un intenso empleo de las IFC. La nobleza de esta Arma se vio reflejada durante los 74 días de campaña, donde sus hombres cumplieron su misión bajo cualquier condición meteorológica, con esfuerzo y dedicación, durante las largas horas de hostigamiento diurno y nocturno. Las tropas de los Regimientos de Infantería 6, 3 y 25 deben superar, a lo largo de la campaña, exigencias y limitaciones similares al resto de las fuerzas. En particular, permanencias en las posiciones expuestas a las inclemencias del tiempo y la persistente humedad. Dado que estas unidades tienen como principal misión enfrentar una acción anfibia enemiga, dichas posiciones cercanas a la playa están constantemente inundadas. Inclusive los desplazamientos en misión de patrulla o ejecución de abastecimiento se realizan a través de un terreno anegadizo que dificulta el movimiento.

Como resultado de la apreciación del Comandante, a las 09.00hs, resuelve establecer comunicación con el Comandante en Jefe del Ejército y por su intermedio con la Junta Militar para informarle: La crítica situación alcanzada desde el punto de vista táctico y logístico. La probable evolución que determinará la segura derrota en un lapso no mayor de 24 horas. Dada la falta de espacio y de cubiertas y el dominio por parte del enemigo, de las alturas circundantes, el mar y el aire puede esperarse un número elevado de bajas, sin que esa pérdida de vidas humanas posibilite una solución favorable a la situación.
Fuente: Ejercito.

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lunes, 13 de junio de 2011

DÍA DEL MINISTERIO DE DEFENSA



Con la lucha emancipadora que da origen al nacimiento de la Patria en 1810, comienzan a organizarse - bajo el mando de grandes próceres como el General Don José de San Martín y el Almirante Guillermo Brown -, las manifestaciones iniciales de lo que luego serían el Ejército y la Armada nacional
Paralelamente se esbozan las primeras formas de organización política de la Defensa. Si bien la Primera Junta ejerció el mando militar por intermedio de su presidente Cornelio Saavedra -a quien se le confiere el cargo de Comandante General de Armas-, el primer antecedente del actual Ministerio de Defensa es el Departamento de Gobierno y Guerra.

El 28 de mayo de 1810 se creó el Departamento de Gobierno y Guerra, siendo éste el primer antecedente del actual Ministerio de Defensa. Por lo tanto el mismo tiene vigencia desde el tercer día de la Revolución de Mayo.
La historia de un Ministro.
Bajo la presidencia del Gral. Roca, ante los riesgos de algunos conflictos fronterizos, éste con patriótica previsión, encomendó al Gral. Pablo Ricchieri (Ministro de Guerra), que viajara a Alemania y adquiriera 40 mil máuser para equipar convenientemente al Ejército. El general Ricchieri formalizó rápidamente la compra de los máuseres con las fábricas alemanas. En la entrevista final, se le acercó un representante de los fabricantes, quien le presentó un sobre y le expresó: 'General, los fabricantes me han encomendado que le entregara este sobre con el importe de la comisión que le corresponde por su intervención',
Ricchieri abrió el sobre y encontró un cheque de un considerable monto. Sin titubear, tomó el cheque, lo endosó y se lo devolvió al funcionario diciéndole: 'Mande 3 mil máuseres más'.

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viernes, 10 de junio de 2011

DÍA DE LA AFIRMACIÓN DE LOS DERECHOS ARGENTINOS SOBRE LAS ISLAS MALVINAS



El 10 de junio de 1829, se expide un decreto por el que las Provincias Unidas reafirman sus derechos de soberanía “sobre las islas Malvinas y las adyacentes al Cabo de Hornos en virtud del derecho de Primer Ocupante, la proximidad geográfica y por el consentimiento de las primeras potencias marítimas de Europa”. La Ley N° 20 561, de fecha 14 de noviembre de 1973, establece el 10 de junio como el “Día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre las Malvinas, Islas y Sector Antártico Argentino”.
En su texto dice: "1°, Las islas Malvinas, y las adyacentes cabo de Hornos, en el mar Atlántico, serán regidas por un comandante político y militar, nombrado inmediatamente por el Gobierno de la República. 2°, La residencia del comandante político y militar será en la isla de la Soledad; y en ella se establecerá una batería, bajo el pabellón de la República. 3°, El comandante político y militar hará observar por la población de dichas islas las leyes de la República, y cuidará en sus costas de la ejecución de los reglamentos sobre posta de anfibios."
A 182 años, no renunciamos.
Por eso decimos:




¡FUERON, SON Y SERÁN ARGENTINAS!
¡GLORIA A LOS HEROES DE MALVINAS!




Carta de un soldado a su padre...
Querido Papá:
Cuando recibas esta carta yo estaré rindiendo cuentas de mis acciones a Dios, nuestro Senor; El que sabe lo que hace. Así lo ha dispuesto: que muera en el cumplimiento de la misión. Pero fijate vos qué misión. ¿Te acordas cuando era chico y hacía planes, diseñaba vehículos y armas, todo destinado a recuperar las Islas Malvinas y restaurar en ellas la soberanía? Dios, que es un Padre generoso, ha querido que éste, su hijo, totalmente carente de méritos, viva esta experiencia única y deje su vida en ofrenda a nuestra Patria.
Lo único que a todos quiero pedirles es, primero: que restauren una sincera unidad en las familias bajo la cruz de Cristo; segundo: que me recuerden con alegría y no que mi vocación sea la apertura a la tristeza, y muy importante, que recen por mí.
Papá, hay cosas que como en un día cualquiera, se dicen entre hombres, y que hoy debo decírtelas: gracias por tenerte de modelo de hombre bien nacido, gracias por creer en el honor; gracias por tener tu apellido, gracias por ser católico, argentino, hijo de sangre española, gracias por ser soldado, gracias a Dios por ser como soy y que sea fruto de ese hogar donde vos sos el pilar. Hasta el reencuentro sí Dios lo permite.
Un fuerte abrazo.
Dios y Patria o Muerte.
Roberto (Teniente Roberto Estévez).




Recordar a nuestros Héroes es hacer Patria. Rindámosle el homenaje que ellos merecen y hagamos una patria mejor para todos.
Ejercito Nacional.









jueves, 9 de junio de 2011

ELEVACIÓN A LA CLASE DE REGIMIENTO DE LOS BATALLONES DE MILICIAS URBANAS Y NOMBRAMIENTO DEL GENERAL BELGRANO



El 9 de junio de 1806, “Don Rafael de Sobre Monte (...) brigadier de infantería de los Reales Ejércitos, virrey, gobernador y capitán general de las Provincias del Río del la Plata y sus dependientes, presidente de la Real Audiencia Pretorial de Buenos Aires (...)” le confiere al doctor don Manuel Belgrano “agregación” en el batallón de Milicias Urbanas de la capital en la clase de capitán graduado, “concediéndole las gracias, exenciones y prerrogativas que para ese título le corresponden.”. Pese a su resistencia a seguir la carrera de las armas, cuando el 26 de junio de ese año tocan los tambores y suena el cañón de la fortaleza llamando a reunión general ante la inminente invasión de fuerzas inglesas, acude “conducido por el honor”, a reunirse con su tropa y pasa a ocupar la casas de la compañía de Filipinas, donde se ofrece tenaz resistencia al invasor.
Con la firma de todos los miembros de la Primera Junta Provisional de Gobierno Patrio y atendiendo a la calidad de regimiento a que habían sido elevados todos los batallones militares existentes en la capital, la junta extiende despacho de coronel a cada uno de los comandantes de los cuerpos que hasta el 29 de mayo eran de milicias urbanas. A saber, del Nro. 1 a don Cornelio Saavedra, del Nro. 2 a don Esteban Romero, del Nro. 3 a don Francisco Ortiz de Ocampo, del Nro. 4 a don Pedro Andrés García, del Nro. 5 a don José Merelo, de Pardos y Morenos a don Manuel Ruiz, de Granaderos de Infantería a don Florencia Terrada, de Húsares a don Martín Rodríguez y de Artillería a don Gerardo Esteve y Llach.
Fuente: Ejercito.

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