viernes, 10 de septiembre de 2010

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL GENERAL JOSE MARIA PAZ


Nace en la Ciudad de Córdoba el 9 de septiembre de 1791. General de carrera. Inició la carrera de derecho que nunca terminó por haberse alistado en el ejército durante la guerra de la independencia. Luchó en Tucumán, Vilcapugio y Ayohuma, bajo las órdenes del general Belgrano. Perdió un brazo en la batalla de Venta y Media, a resultas de lo cual fue conocido con el nombre de "el manco Paz". En enero de 1820, con Juan Bautista Bustos, caudillo de Córdoba, se sublevó contra el gobierno de Buenos Aires. Más tarde, Bustos lo desterró a Santiago del Estero.
En 1826 se unió nuevamente al ejército para combatir en la guerra contra el Brasil y en 1827 fue designado comandante de ejército, por entonces Paz se había declarado unitario y comenzó su lucha por formar un poder multiprovincial opuesto al liderazgo de Buenos Aires. Pronto Buenos Aires, bajo la dirección de Rosas, declaró la guerra contra Paz. En 1829 éste llegó a Córdoba y derrotó en San Roque a Bustos, su viejo general de ejército, al mismo tiempo, Facundo Quiroga marchó contra Paz, pero fue derrotado en La Tablada y Oncativo. De esta manera Paz logró transformar a Córdoba en el centro de la Liga del Interior. Integrado por nueve provincias con una forma centralizada de gobierno. Mientras tanto, Estanislao López asumió el liderazgo de las fuerzas federales y tomó prisionero a Paz. Rosas ordenó su ejecución pero López se rehusó a obedecer la orden. Paz huyó a Corrientes, donde luchó contra Rosas y derrotó al general Echagüe, partidario de Rosas, en Caaguazú (28 de noviembre de 1841).En 1842 pasó a ser gobernador de Entre Ríos, pero pronto desavenencias suscitadas con Ferré, gobernador de Corrientes, y Rivera, del Uruguay, obligaron a Paz a trasladarse a Montevideo donde organizó a las fuerzas contra el sitio de Oribe. En 1844, el nuevo gobernador de Corrientes, Joaquín Madariaga, lo invitó a regresar para dirigir el ejército contra Rosas, y en 1845 subscribió un tratado con Corrientes y Paraguay para combatir a Rosas. Esperaba atacar a Entre Ríos, mas el triunfo de Urquiza sobre Rivera en India Muerta hizo modificar sus planes.Paz permaneció en Corrientes y trató de enfrentar a Urquiza, pero renunció debido a complicaciones políticas y emigró al Brasil. Allí, sumido en la pobreza, escribió sus Memorias; permaneció en Río de Janeiro hasta 1852, cuando llegaron a él noticias de la revuelta de Urquiza. Inmediatamente regresó a la Argentina donde llegó en el momento de producirse el levantamiento contra Urquiza, después de la derrota de Rosas. Paz tomó parte en la defensa de la ciudad de Buenos Aires. Fue ministro de Guerra en el gabinete de Pastor Obligado. En 1854, aunque con precaria salud, fue electo legislador por la provincia y participó en los debates constitucionales; Paz y Mitre se opusieron a la firma de esta constitución provincial.
Murió el 22 de octubre de 1854 en la Ciudad de Buenos Aires. Durante la presidencia de Domingo F. Sarmiento, sus restos son llevados a la Catedral de Córdoba junto a los repatriados restos de su esposa.

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jueves, 9 de septiembre de 2010

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL GENERAL MARIANO NECOCHEA.


Granadero a caballo del ejército del general San Martín; director de la Casa de la Moneda, Lima. Nació en Buenos Aires el 7 de septiembre de 1792, de padres españoles; en 1804 dejó el país para ir a estudiar a Sevilla; a su regreso se asoció a los negocios de su padre. En 1812 se apersonó ante el general San Martín y se alistó en su regimiento de granaderos a caballo como alférez (segundo teniente); luchó por primera vez en San Lorenzo; más tarde se unió al ejército del Norte y, bajo las órdenes de Rondeau, combatió contra los españoles; preservó gran parte del ejército patriota después de Sipe Sipe; de allí se trasladó a Mendoza y volvió a reunirse con San Martín; luchó en Chacabuco, fue enviado al sur de Chile y participó del asalto a Talcahuano; de allí pasó al Perú e intervino en la campaña de la Sierra bajo las órdenes de Arenales. En la Batalla de Junín estuvo al frente de la caballería. Allí cayó de su cabalgadura, después de recibir catorce heridas en esa acción. Sobre el campo fue nombrado General de División.

Necochea permaneció en Perú y prestó servicios bajo el mando de Bolívar, quien lo nombró, en 1824, gobernador de Lima; actuó en la batalla de Junín, donde se destacó por su bravura; después de este combate fue promovido a general de división, pero fue herido y no pudo seguir luchando; luego de Ayacucho, Bolívar lo designó director de la Casa de la Moneda en Lima; sospechoso de estar involucrado en una conspiración, dejó el Perú. A su llegada a Buenos Aires fue nombrado por Rivadavia jefe de las reservas militares; solicitó ser enviado al frente brasileño pero su pedido fue denegado; en 1831 regresó al Perú, aprovechando una ley de amnistía; ocupó otra vez la dirección de la Casa de la Moneda; en 1834 el gobierno peruano volvió a conferirle el rango de Gran Mariscal. Los acontecimientos políticos le obligaron a observar un exilio transitorio, pero después volvió al Perú donde desempeñó su antiguo cargo; murió en Miraflores, Perú el 5 de abril de 1849.
En la imagen: Monumento al General Mariano Necochea, en la Plaza Dardo Rocha, de Necochea, Provincia de Buenos Aires.



miércoles, 8 de septiembre de 2010

ANIVERSARIO DEL DESEMBARCO EN PERÚ DEL GENERAL JOSE DE SAN MARTIN


El día 8 de septiembre se produce el desembarco del Ejército Libertador en el Perú. En la Bahía de Paracas se inician las operaciones de desembarco. Posteriormente el General José de San Martín, desde su Cuartel General en Pisco, dicta una proclama recomendando a las tropas un comportamiento juicioso y de respeto hacia las personas y bienes, estableciendo penalidades para los infractores. En esta fecha se conmemora el Día de la Amistad Argentino-Peruana.

El llamado Desembarco de San Martín marca el comienzo de una serie de episodios de la historia Peruana de gran significación para la organización política que adoptaría la Sudamerica independiente.
El 20 de agosto de 1820, partió de Valparaiso, Chile, con destino al Perú, la Expedición Libertadora al Perú al mando del Generalísimo José Francisco de San Martín. El jefe de Gobierno chileno, Capitán General Bernardo O’Higgins, realizó grandes esfuerzos para hacer realidad esta costosa y arriesgada empresa.
El Vicealmirante Thomas Cochrane condujo la flota de once naves de guerra de alto bordo y 15 transportes, conduciendo casi 4.000 efectivos de nacionalidad argentina, peruana y chilena adecuadamente uniformados y pertrechados. La escuadra navegó bajo bandera chilena.
La finalidad de la expedición era desembarcar cerca de Lima, establecer una cabeza de playa segura y realizar una rápida incursión militar que aislara a la capital y permitiera enfrentar de manera disgregada al ejército realista. Un hito clave de la estrategia era tomar Lima, hasta entonces llamada Ciudad de los Reyes, y proclamar la independencia, nombrándose San Martín Protector del Perú, para desde esta posición llamar a sumarse a la causa patriota al resto del Perú.
El desembarco se produjo sin novedad en la bahía de Paracas en la mañana del 8 de septiembre. Tomó varias horas el cuidadoso arribo a tierra de las tropas, municiones y artillería. Al momento del arribo un pelotón de caballería del Virrey que custodiaba el lugar huyó hacia el norte. En la ciudad de Pisco hizo otro tanto el jefe militar español de la plaza, Coronel Químper.
Mientras se realizaba el desembarco de todo el ejército, un escuadrón de caballería y una compañía de infantería con artillería ligera se adelantaron a tomar posiciones en las inmediaciones de Pisco. El Ejército Libertador, con el propio San Martín al frente, entró al ciudad en horas de la tarde. A su paso, muchos lugareños vivaron a las tropas patriotas y hubo jóvenes, incluidos algunos esclavos, que se ofrecieron como voluntarios portando como credencial alguna de las proclamas distribuidas clandestinamente en los puertos, meses antes, por el vicealmirante Cochrane.
San Martín instaló su Estado Mayor en una antigua casona ubicada a menos de 50 metros de la plaza mayor. Allí trabajó y residió durante algunos días, definiendo la estrategia militar a seguir en suelo peruano y complementariamente vislumbrando lo que sería la primera bandera y el primer Escudo del Perú independiente.
Allí, fueron aceptados los primeros voluntarios peruanos. José María Palomo, quien tuvo heroica actuación en el Puente Llapay, en Huaura, semanas después; Manuel Tiburcio Odriozola, letrado que llegó a ser secretario de gobierno y que libró batalla ese 4 de octubre en Nazca; Manuel Jorge Bastante, religioso que ejerció como Capellán en filas; Juan José Salas, quien fuera alcalde de primer voto de Ica; Francisco de Paula Cabrera, abogado Iqueño; Isidro y Baltasar Caravedo; José Florez, conspirador entonces prófugo, jefe del grupo de los “deanes” de la calle Monopinta de Lima; Juan José Loyola, quien llegó a ser general; los hermanos Lorenzo; Joaquín Bardales, Pablo Farfán, Santiago Gómez, Manuel Revilla, José Bernaola, Manuel Carrasco; Rafael y José Santos Lévano, trabajadores iqueños y José María de la Fuente Carrillo de Albornoz, marqués de San Miguel de Híjar, quien pidió un puesto en el ejército y aportó caballos y dinero.
Antes de caer la noche del 8 de septiembre, mediante una imprenta portátil perteneciente a su ejército, San Martín emitió su primera proclama desde suelo peruano, firmada:
“San Martín. Cuartel general del Ejército Libertador en Pisco. Septiembre 8 de 1820. Primer día de la libertad del Perú”
En esta proclama decía:
“Compatriotas: […]. El último virrey del Perú hace esfuerzos para prolongar su decrépita autoridad […]. El tiempo de la impostura y del engaño, de la opresión y de la fuerza está ya lejos de nosotros, y sólo existe la historia de las calamidades pasadas. Yo vengo a acabar de poner término a esa época de dolor y humillación. Este es el voto del Ejército Libertador”.

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martes, 7 de septiembre de 2010

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL GREGORIO PAZ


Nació en Tucumán en el año 1797, siendo sus padres, el Dr. Juan Bautista Paz, personaje tucumano que prestó grandes servicios a su provincia, en la que llegó a ejercer el cargo de gobernador delegado, en dos oportunidades; y Plácida Mariño Castro. Fue hermano del doctor y coronel Marcos Paz.
Gregorio Paz se incorporó al servicio de las armas en las milicias regladas de Tucumán, en calidad de cadete, el 1º de enero de 1814, siendo ascendido a subteniente o alférez del Batallón Nº 1, el 1º de mayo del mismo año. Prestó servicios en el Ejército del Norte, asistiendo a la tercer campaña del Alto Perú, bajo el superior comando del general Rondeau, batiéndose en el Puesto de Márquez, el 17 de abril de 1815; en Venta y Media, el 20 de octubre de igual año, y finalmente, en la desgraciada acción de Sipe-Sipe, el 29 de noviembre. El 6 de agosto de 1817 era reconocido como alférez del Regimiento “Dragones de la Nación”, nombre que tomó en tal fecha el antiguo cuerpo llamado “Dragones del Perú”. Siguió sirviendo en el Ejército del Norte y el 6 de noviembre de 1819 fue ascendido a teniente del 4º Escuadrón del mismo regimiento, habiendo participado en el curso de este último año en la campaña contra los anarquistas de Santa Fe.
Perteneció al Ejército del Norte hasta fines de 1819, pasando después a formar parte de las fuerzas de la “República Federal del Tucumán”, donde recibió sucesivos ascensos, dándosele en 1822 el mando de un Regimiento de la Guardia Nacional. El 3 de noviembre de 1823, el gobernador de Tucumán le confirió al teniente coronel del ejército, Gregorio Paz, el empleo de comandante militar del partido de Amaichá (o Ansaichá), Eucalilla y Colalao, pertenecientes a las milicias regladas de aquella Provincia. Poco después fue ascendido a coronel graduado.
Cuando el general Gregorio Aráoz de Lamadrid, primo de Gregorio Paz, se posesionó del gobierno de Tucumán, nombró al Dr. Juan Bautista Paz (su tío), Ministro General, y al hijo de éste le dio puestos en el ejército de la Provincia. Cuando Facundo Quiroga invadió a Tucumán, Lamadrid le salió al encuentro y el teniente coronel graduado de coronel Paz, formó parte de las fuerzas tucumanas, que a las órdenes de su primo se batieron contra el Tigre de los Llanos en los campos del Tala, el 27 de octubre de 1826. Paz mandó la reserva compuesta por 80 hombres de milicias, siendo herido en una mano, y recibiendo otra herida más de bala. El 7 de noviembre de 1826 fue ascendido a coronel del cuerpo de “Dragones del Orden”, cargo en el que cesó el 1º de febrero siguiente, por decreto del día 5. Lamadrid le encargó la organización de un escuadrón de 170 hombres, que se formó para organizar el Regimiento 15 de Caballería, que debía marchar a la guerra del Brasil. Mandando este Escuadrón, Paz asistió a la acción del Rincón, el 6 de julio de 1827, en la que fue derrotado Lamadrid por Quiroga, por segunda vez, y depuesto del gobierno de Tucumán. Paz cesó en el mando del Regimiento de Dragones el 27 de setiembre de 1827.
El coronel Gregorio Paz formaba parte de la División del general Javier López, en la campaña de 1829, en Córdoba, contra Quiroga, asistiendo en tal carácter a la sangrienta batalla de La Tablada.
Poco después el coronel Paz fue destinado a los pueblos del Norte de Catamarca, como comandante general de armas, donde organizó una División de Guardias Nacionales de 1.400 hombres y recibió la orden del general en jefe de marchar a los pueblos de Cuyo, en protección del general Rudecindo Alvarado; llegando hasta los Llanos de La Rioja, de donde Paz se puso en retirada, por disposición del mismo General en Jefe, a consecuencia de haber fracasado en su empresa el mencionado general Alvarado y sus tropas.
Poco después, convencido Paz de que la organización nacional se alejaba más y más y que la guerra principiaba a tomar un carácter feroz y estéril, solicitó y obtuvo su licencia del servicio activo.
En 1835, el gobernador de Tucumán, general Alejandro Heredia, dio al coronel Paz mando de tropas y a las órdenes del mismo asistió el 23 de enero de 1836, al encuentro que tuvo lugar a orillas del río Famaillá, contra los invasores encabezados por el general Francisco Javier López, que fue derrotado y tomado prisionero, siendo ejecutado dos días después.
Poco antes de que tuviera lugar este suceso, Paz recibió orden de Heredia de ponerse a la cabeza de una división y ocupar los pueblos del Norte de Catamarca, como lo verificó; mientras que el propio Gobernador, al frente de 400 hombres de línea y 100 auxiliares santiagueños, marchó sobre la Capital, que ocupó después de derrotar en el Chiflón, el 13 de setiembre de 1835, al general Felipe Figueroa, que le hizo barrer el camino al mando de 1.500 hombres de las dos armas. Los fines de esta expedición eran aprehender a José Antonio Reinafé y teniente coronel Moyano, que habían fugado de Córdoba, refugiándose en Catamarca, donde fueron capturados por Heredia en el momento en que trataban de huir a Bolivia.
A fines de 1836, el gobernador de Tucumán envió a Paz, al mando de otra división, a ocupar la provincia de Salta, bajo las órdenes del general Felipe Heredia, “lo que se efectuó sin quemar un solo cartucho”, según expresa el propio Paz en una exposición de sus servicios, fechada en el Rosario en 1855. Fue entonces nombrado comandante general de armas de Salta; y en abril de 1837, los gobiernos de las provincias de Tucumán, Catamarca, Salta y Jujuy, lo mandaron en comisión cerca del general Juan Manuel de Rosas, para acordar la formación del ejército de aquellos pueblos, que debía operar sobre la República de Bolivia de acuerdo con el ejército chileno que desembarcó en el Perú. Hallándose Paz en Buenos Aires, en el desempeño de la comisión de referencia, la Legislatura de Salta le confirió la jerarquía de coronel mayor.
Se organizó el Ejército Confederado bajo el superior mando del general Alejandro Heredia, teniendo por jefe de Estado Mayor a su hermano Felipe. El general Paz, al mando de una división de caballería, pasó a ocupar la quebrada de Humahuaca, como jefe de vanguardia. El 13 de setiembre de 1837 asistió al encuentro de Santa Bárbara, ataque boliviano llevado a cabo en combinación con la sublevación de un cuerpo en la ciudad de Salta por intrigas de los enemigos; jornada en la cual las tropas de Felipe Heredia y Gregorio Paz acreditaron una bizarra conducta.
Después de algunos meses, el general en jefe, Alejandro Heredia, ordenó que el ejército se retirase y lo posesionó de Orán; punto desde el cual despachó al general Paz con una división de 1.000 jinetes y 100 infantes, la que salió de Orán el 27 de mayo de 1838, en dirección a Tarija, y marchando por el Chaco llegó el día 31 a Carapari, y de acuerdo con las instrucciones que tenía, envió un parlamentario al comandante militar Ildefonso Cuéllar, cuyas ideas argentinas eran conocidas, para que se entregasen o pactasen. La respuesta fue huir hasta Zapatera, entrando Paz en Carapari, y desde el primer punto, Cuéllar contestó al jefe argentino que consultaría a los jefes y oficiales la propuesta que le había sido formulada. Hecha la consulta, los coroneles Aguirre y Ruiz se opusieron.
El 2 de junio el general Paz se disponía a tomar Zapatera, desde Carapari. Dividió las fuerzas en dos columnas para obligar a los bolivianos a presentar dos frentes y vencerlos más fácilmente. “Dispuso –dice Miguel Angel Vergara-, que el comandante Mateo Ríos y el teniente coronel Manuel Ubierna con dos compañías de infantería y un escuadrón de 50 hombres del Regimiento Nº 11 (salteño) caminaran sobre Zapatera por Itao. Del otro lado, el mismo Paz, por el camino del Saladillo, arribaría al punto indicado. Así se realizó, y después de un viaje de 12 leguas, el mismo día, las fuerzas del comandante Marcos Paz, atacaron una avanzada enemiga. Pero mientras se organizaba el ataque formal, he aquí que el comandante Cuéllar con su escuadrón se presenta ante las fuerzas de Paz, con sus armas, dando gritos y diciendo: “¡Viva la República Argentina! ¡Muera el tirano Santa Cruz!” Al mismo tiempo el resto de las fuerzas enemigas huyó rápidamente. De inmediato marchó con sus soldados de caballería en persecución el comandante jujeño teniente coronel Manuel de la Bárcena, quien corrió en pos del enemigo cuatro leguas, sin poderle dar alcance, En esta jornada apenas se oyeron unos pocos tiros en las filas del comandante enemigo Aguirre.
Paz se detuvo en Zapatera, donde todos sus habitantes deseaban formar parte de la Confederación Argentina y expresaban espontáneamente su alegría porque en aquel momento se hallaban bajo la protección de sus armas. “Las tropas de Paz –dice Vergara-, con los éxitos alcanzados, gozaban de una moral excelente y todos abrigaban la ilusión de que algún día podrían llamarse, ante sus contemporáneos y la historia, los libertadores de Tarija”.
El general Heredia por carta del 9 de junio indicó a Paz que no se dejara ilusionar por la aparente adhesión de aquellas gentes y le recalcaba esta recomendación: “no aventure Ud. acción alguna desventajosa”.
Paz avanzó y el 10 de junio ya estaba en el Valle de San Luis, muy cerca de Tarija. El 12 las fuerzas argentinas mandadas por el comandante Manuel Virto atacaron Iruya y fueron rechazadas. Entre tanto, Paz, viéndose tan cerca de Tarija, reunió a sus oficiales en Junta de Guerra y en ella se aconsejó la marcha sobre aquella ciudad; el 17 de junio, a las 8 de la mañana salió del Valle de San Luis, llegando el 18 a Narváez. El día anterior, el comandante Mateo Ríos, al mando de un escuadrón, había ido a tomar posesión de la Cuesta Vieja; enviando Paz el 18, dos compañías en su protección. Al mismo tiempo se supo que el general Braum quería sorprender a los argentinos y tomar la Cuesta Vieja. En las operaciones tendientes a alcanzar tales objetivos chocaron las avanzadas adversarias, encuentros que resultaron con ventajas para los argentinos.
Al atardecer del 19 de junio, estaba toda la fuerza de Paz sobre la codiciada cuesta y pudieron ver a los jefes bolivianos Braum y O’Connor con 300 jinetes, en el bajo, como a una legua de distancia. Braum preparaba una trampa a los argentinos. El 20, al aclarar se volvieron a ver las fuerzas enemigas en el mismo lugar; Paz desprendió parte de sus fuerzas a cargo del teniente coronel Manuel de la Bárcena, que persiguió a los bolivianos 8 leguas sin darles alcance. El mismo día, Braum y O’Connor marcharon con más de 1.000 infantes por distintos caminos, por Papachacra, eludiendo, evidentemente la lucha.
Entonces Paz se acercó hasta 3 leguas de Tarija el mismo día 20, mientras Bárcena perseguía la partida enemiga. Estuvieron allí varias horas y después de haber comido, pasaron al Valle de Concepción, donde Paz esperó a su adversario, no obstante contar éste con 1.500 soldados, mientras aquél sólo sumaba 750 jinetes e infantes; pero Braum eludió el combate. El día 21 permaneció Paz todo el día en aquel punto y supo recién el fracaso argentino en Iruya, lo que influyó poderosamente en aquel Jefe para tomar la resolución de retirarse; y el mismo 21, a la puesta del sol inició el repliegue por el camino del Bermejo. Los enemigos lo siguieron inmediatamente, pero con toda cautela. Los puneños aprovecharon las marchas nocturnas para desertar algunos, y otros para quedarse y pasarse a las filas enemigas. “Súpolo Paz –dice Vergara-, y no pudiendo remediar este mal, decidió marchar de día y acampar de noche”. El 23 de junio llegó al pie de la cuesta de Cuyambuyo, sitio donde se aparta un camino que conduce a los Valles de Iruya y Santa Victoria, de la provincia de Salta. Por aquel camino marcharon muchos desertores argentinos.
“A la madrugada del día 24 – prosigue Vergara-, los argentinos distinguieron una columna de más de mil quinientos infantes, y más de cuatrocientos jinetes que se dirigía a la cuesta. El general Paz al comprender la situación, tomó la resolución de eludir el combate por estas razones: porque era en una mitad inferior al enemigo y porque Braum con toda habilidad no presentaba batalla donde pudiera obrar libremente la caballería enemiga y se apresuraba tanto que ya no dejaba el tiempo suficiente para tomar buenas posiciones.
“A pesar de opinar en contra de la lucha, Paz cedió al pedido de la tropa y se decidió a aceptar la batalla. Esta es la batalla que los historiadores bolivianos llaman de Montenegro, y a la cual se refiere el mariscal Santa Cruz cuando en su Manifiesto dice: “… espléndida victoria… obtenida… por el denodado general Braum.
“El campo de la lucha –continúa Vergara- tenía una extensión de unas cuatro leguas más o menos en la cuesta de Cuyambuyo. Los argentinos bajaron un gran trecho y se inició el combate. Casi inmediatamente la infantería de la Puna volvió sus armas contra sus mismos compañeros y se pasó a las filas enemigas.
“Perdida así, miserablemente, por la traición, casi toda la infantería, la batalla fue ganada por los bolivianos. Con todo, tuvieron que luchar cinco horas contra un heroico grupo de 50 infantes de la ciudad de Jujuy al mando del capitán Bernardo Lagos, los rifleros que se apearon de sus caballos al mando del coronel Salvador María González y las fuerzas del coronel Marcos Paz. Mientras se luchaba al pie de la cuesta, los enemigos iniciaron el ascenso por los flancos de la misma, y a poco, estuvieron arriba, dominando completamente la situación. Los argentinos subieron también dificultosamente; pero no pudieron evitar ser copados 80 rifleros con su jefe, y unos 20 coraceros los cuales arremetieron por todos lados y cayeron casi en su totalidad en manos del enemigo. Cosa semejante le había ocurrido al comandante Ríos con su vanguardia.
“Al llegar al lomo de la cuesta –prosigue Vergara- los argentinos, por el camino estrecho, huían perseguidos de cerca por los bolivianos, en el declive, donde era imposible volver la cara para defenderse”.
El general Paz perdió allí todas las esperanzas de conquistar Tarija y se dirigió rápidamente al cuartel general de Zenta, donde se hallaba Heredia. El propio Paz, en la mencionada exposición de sus servicios, dice: “De allí fue preciso retirarme por el desierto del Bermejo, porque me encontré rodeado por el ejército boliviano a las órdenes del general Braum, por haber pasado en Iruya una fuerte División, que marchó desde Orán para cubrir el flanco izquierdo de mi División, efectuando mi retirada en medio de dificultades, privaciones y peligros, hasta conseguir incorporarme a mi Jefe, salvando la División que se me había confiado”.
Cuando fue asesinado el general Alejandro Heredia, el 12 de noviembre de 1838, el propio Paz tuvo la suerte de escapar a las acechanzas de sus comprovincianos: el gobernador Piedrabuena decretó su destierro a Santiago del Estero, pero Paz siguió viaje a Buenos Aires, a donde llegó en diciembre de 1838. Juan Manuel de Rosas le extendió despachos de coronel mayor de caballería y lo incorporó en listas de Plana Mayor Activa del 2 de abril de 1839 con antigüedad del 11 de marzo del mismo, “por pertenecer al ejército contra Santa Cruz”, situación que conservó todo el resto del gobierno rosista.
Al organizar Rosas la defensa de Buenos Aires en agosto de 1840, amenazada por Lavalle, el general Paz fue encargado de la 3ª División o Sección Sud de la misma. Después de Caseros permaneció en esta Capital hasta la revolución del 11 de setiembre, y luego pidió su pasaporte a Tucumán, que le fue concedido. En estas circunstancias se produjo el levantamiento del coronel Hilario Lagos. Paz se detuvo y se incorporó a las fuerzas del último y fue uno de los firmantes de la nota del 19 de diciembre invitando al general Flores a tomar el mando de las tropas sitiadoras; y del Acta del 24 del mismo mes desconociendo la autoridad del gobierno porteño. Paz fue designado Jefe de Estado Mayor del ejército sitiador.
El general Paz fue destacado para comandar una fuerte división que estaba a las órdenes del coronel Jerónimo Costa, y a su frente derrotó las fuerzas que se organizaban en el Sur de la provincia de Buenos Aires para ayudar a los sitiados, en los campos de San Gregorio, paso sobre el río Salado, el 22 de enero de 1853, estando acaudilladas las tropas enemigas por los coroneles Pedro Rosas y Belgrano y Faustino Velasco, los que fueron completamente derrotados, cayendo prisioneros ambos, siendo decapitado el último. El coronel Agustín Acosta pereció ahogado en el río Salado.
Después de este hecho de armas, el general Paz, continuó desempeñando sus funciones de Jefe de Estado Mayor del ejército sitiador hasta el 13 de julio del mismo año, en que se levantó el sitio por disolución de aquél; retirándose Paz a la Guardia de Luján, donde el coronel Lagos le ordenó entregase las fuerzas que mandaba, al general José María Flores. Cumplida esta operación, pidió pasaporte para el Estado Oriental, a cuyo punto marchó y de allí al Rosario.
El 22 de noviembre de 1854, el presidente Urquiza lo nombró comandante de armas de esta ciudad, encomendándole su defensa, lo que aceptó el general Paz, pues el Rosario se hallaba amenazado en aquellos momentos por el ejército que acababa de derrotar a los invasores en los campos del Tala, el 8 del mismo mes, el que estaba a las órdenes de los generales Mitre y Hornos. El 31 de diciembre del mismo año cesó en la comandancia de armas por los tratados ajustados entre el Gobierno de la Confederación y el de Buenos Aires.
El 5 de setiembre de 1855 le encomendó Urquiza la comisión de pasar una inspección prolija y detallada a las fuerzas que guarnecían la plaza del Rosario y las fronteras Sur de las provincias de Santa Fe, Córdoba, San Luis y Mendoza, dando cuenta de su resultado al Gobierno y presentando a su consideración un nuevo plan de fronteras desde Santa Fe hasta la falda de los Andes. El 15 de Febrero de 1856 fue nombrado para desempeñar la misma comisión en la frontera Norte de la provincia de Santa Fe.
Por sus dolencias y edad, solicitó su separación del servicio, la que le fue acordada por Urquiza y su Ministro general Galán, el 27 de diciembre de 1856, decretando su separación: “Dénsele las gracias –decía el Decreto- a nombre de la Nación, por sus buenos y constantes servicios a favor del país desde la guerra de la Independencia hasta la fecha”.
El 9 de noviembre de 1868, el presidente Sarmiento y su Ministro de la Guerra, coronel Gainza, comunicaban al general Gregorio Paz su inclusión en la “Lista de Guerreros de la Independencia”, de acuerdo a la Ley del 24 de setiembre de igual año.
El general Paz falleció en Buenos Aires (parroquia de la Concepción). El 7 de setiembre de 1869, siendo inhumado su cadáver en el Cementerio del Norte. Contrajo matrimonio en Tucumán el 24 de octubre de 1836 con Angela de Iramain, santiagueña, hija de José Domingo de Iramain yBorges y de Coleta Rodríguez Gorontiaga.
Fuentes: Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado / Vergara, Miguel Angel – Jujuy bajo el signo federal – Jujuy (1938) / www. revisionistas.com.ar / Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1939).



lunes, 6 de septiembre de 2010

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL GENERAL EUGENIO NECOCHEA


Nació en Buenos Aires el 6 de setiembre de 1794, siendo sus padres Francisco Casimiro Necochea, rico comerciante natural de la villa de Urzaniqui en el valle del Roncal, partido de Aviz, provincia de Navarra; y María Mercedes Saraza y Tirado (hermana del teniente coronel Saturnino y del sargento mayor Mariano Sarassa), porteña.
Eugenio Necochea realizó sus estudios en la ciudad de Sevilla y regresó a Buenos Aires en 1814. El 11 de agosto de este último año fue dado de alta como alférez de la 1ª Compañía de la Guardia de Caballería del Supremo Gobierno, siendo ascendido a teniente 2º del mismo cuerpo el 24 de febrero de 1815, y a teniente 1º de la 1ª Compañía del 1er Escuadrón del mencionado cuerpo, el 25 de marzo de 1815. Fue uno de los firmantes del Acta de Fontezuelas, el 3 de abril de 1815, desconociendo la autoridad del Director Alvear.
Posteriormente pasó a formar parte del Ejército de los Andes, donde fue agregado al Regimiento de Granaderos a Caballo. Formando parte de la vanguardia del mismo, y a las órdenes de su hermano, el entonces teniente coronel Mariano, se halló en la acción de las Coimas, el 8 de febrero de 1817, y asistió a la batalla de Chacabuco el día 12 del mismo mes, donde fue herido de un feroz bayonetazo en la tetilla.
Por su comportamiento en Chacabuco fue propuesto por San Martín el 24 de febrero de 1817 para teniente 1º de la 1ª Compañía del Escuadrón de “Cazadores a Caballo” de nueva creación, cuyos despachos le fueron extendidos por el Director Pueyrredón el 24 de marzo de igual año. También recibió la condecoración otorgada por aquella función de guerra.
El 15 de noviembre de 1817 Pueyrredón le extendió despachos de capitán de caballería de línea y dispuso su regreso a Buenos Aires. Sin embargo, el capitán Necochea se halló en el desastre de Cancha Rayada y en la batalla de Maipú, formando parte del Escuadrón de Cazadores a caballo; mereciendo por su actuación en esta última acción ser promovido al grado de sargento mayor, cuyos despachos le fueron conferidos por el Director Pueyrredón el 13 de mayo de 1818 con antigüedad del 15 de abril de igual año. Igualmente recibió la medalla y cordón de honor que fueron acordados por los gobiernos de Chile y de las Provincias Unidas por la batalla de Maipú, así como también el honroso dictado de “Heroico Defensor de la Nación”.
Formó parte del ejército libertador del Perú, que desembarcó en Pisco el 8 de setiembre de 1820. Se halló en el asalto a los castillejos del Callao, el 14 de agosto de 1821; en las operaciones que tuvieron lugar en las proximidades de Lima del 3 al 25 de setiembre de igual año, y en la rendición del Callao, el 21 de este mismo mes.
Participó en la desgraciada campaña a Puertos Intermedios, a las órdenes del general Alvarado, hallándose en las desastrosas batallas de Torata y Moquehua, el 19 y 21 de enero de 1823, siendo herido en la última, cuando efectuaba una carga a la cabeza del Regimiento de Granaderos. Necochea ya era coronel.
Afianzada la independencia peruana, Necochea regresó a Chile, donde continuó sirviendo en el ejército de aquel país, en el que llegó al grado de General.
El General Eugenio Necochea falleció en Santiago de Chile, el 19 de setiembre de 1868.
Cuando se produjeron las dificultades con Francia e Inglaterra, durante el gobierno de Rosas, el General Necochea escribió el 15 de setiembre de 1847 una carta a Fermín Irigoyen, diciéndole: “Considero la paz irrealizable y hago ardientes votos por la continuación de la guerra…. Treinta años de ausencia no han podido entibiar ese ardor argentino que me hizo abandonarla voluntariamente a los 21, para contribuir con mis débiles esfuerzos a la emancipación de esta parte de América”, y termina anunciando que ofrecerá sus servicios.
Fuentes: Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado /www. revisionistas.com.ar / Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1939).


domingo, 5 de septiembre de 2010

OPERATIVO INDEPENDENCIA


El 5 de septiembre de 1975, el E.R.P., emboscada en el monte tucumano a una Sección del Ejercito en patrulla.
Mueren en combate el Subteniente Rodolfo Berdina y el soldado conscripto Ismael Maldonado.
A estos soldados, como a todos los que pelearon por su país, aquí nuestro humilde homenaje.

Un elemento de Combate, perteneciente a la Fuerza de Tareas "Aconquija", llevaba unas cuarenta horas operando en el monte, lapso en el que se desarrollaron intensos enfrentamientos sin que se produjeran bajas en los efectivos del Ejército Argentino.
El 5 de septiembre, el Elemento de Combate recibe la orden de replegarse a su base y en cumplimiento de ella se encontraba el Subteniente Rodolfo Hernán Berdina al mando de una sección, cuando tomó contacto con el enemigo en el paraje Potrero Negro, abriendo el fuego en forma instantánea. El Subteniente Berdina sobrepasó a la carrera a sus hombres lanzándose al ataque, seguido por el soldado Ismael Maldonado. Al llegar a una distancia muy cercana al grupo guerrillero, ambos caen alcanzados por el fuego enemigo. El soldado Maldonado murió instantáneamente; el subteniente cayó herido de gravedad. Finalizado el combate con el repliegue de varios subversivos heridos, el subteniente Berdina fue evacuado al Hospital Militar de Tucumán, nosocomio en el que fue operado. Falleció a medianoche.
Fue ascendido post mortem al grado de teniente.

A continuación transcribimos la carta escrita por la madre del Subteniente Berdina, en la que nos da un ejemplo de aceptación y grandeza personal.

“Me dirijo a aquellos que troncharon la vida de mi hijo, a los que sin mostrarse a la luz pretenden destrozar los pilares indestructibles de nuestra Patria. Soy la madre del Subteniente Berdina, de ese subteniente con mayúsculas porque supo defender sus ideales de argentino y de militar, dando la cara, peleando de frente y de pie. Ni él, ni sus soldados necesitaron drogarse para ello. Porque el valor es así, consciente, claro, sin elixires que empañen su acción y sus ideas.
No los maldigo, les doy las gracias en nombre de él y de todos los héroes que dejaron su vida por amor a Dios, a la Patria y a la família, porque todavia esa es la fe del soldado, esa es su meta.
Mi perdida es irreparable, pero me siente henchida de orgullo porque sé que mi Rodolfo está en la gloria de Dios y en el corarzón de todos los compañeros que lucharon o no a su lado. Gracias"

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sábado, 4 de septiembre de 2010

ANIVERSARIO DE LA CREACION DEL REGIMIENTO DE CABALLERIA 6 ESCUELA BLANDENGUES


En esta edición, relataremos la historia de la Unidad más antigua del Ejército, el Regimiento de Caballería 6 Escuela “BLANDENGUES”, cuyo extraño nombre tiene su origen en un antiguo verbo español: Blandear, que a su vez significa Blandir (un arma), en alusión a las lanzas, sables y a veces, carabinas y tercerolas, con las que precariamente se armaron los primitivos Blandengues. Su origen se remonta hacia el año 1724, en que a raíz de las frecuentes incursiones de los indios en la frontera de Santa Fe, el Cabildo comisionó a uno de sus miembros para que marchase a la Corte y expusiese la situación de la ciudad y su comarca, constantemente asediada por los malones y solicitase la asignación de doscientos hombres bien armados para su defensa.
El Rey Carlos III, accedió a la petición por Real Cédula del 26 de agosto de 1726, pero no pudo llevarse a la práctica por diversas circunstancias. No obstante, antes de la Real aprobación, el entonces Gobernador de Buenos Aires, D Bruno de Zabala, había ordenado por Orden del 31 de agosto de 1724, que en la ciudad de Santa Fe, se crearan dos compañías de a cincuenta hombres, fijando sus comandantes y los sueldos de sus integrantes. Se fundamentaba esta medida en la efectividad que habían demostrado varias pequeñas e inorgánicas unidades de milicias temporarias, denominadas “Partidarios de la Frontera”, en alusión a las “partidas” que efectuaban contra el indio para mantenerlo alejado de los primitivos asentamientos poblacionales. Así pues, creándose primero una de estas Compañías ese mismo año, continuó con una organización y disposiciones para su funcionamiento sin variantes hasta 1799, encontrándose sus 102 efectivos repartidos entre cinco cantones o fortines de la frontera.
El éxito en sus misiones, hizo pensar al Cabildo de Buenos Aires, que la creación de una compañía similar en su territorio, contribuiría a asegurar la vida y los bienes de los pobladores de la campaña, por lo que en 1751, solicitó al monarca la creación de dos o tres subunidades de esta clase, de a cincuenta hombres cada una. Para su sostenimiento, el Gobernador había creado unos arbitrios que no fueron aprobados por la Corte, la que a pesar de todo no oponía reparos a que fueran costeadas por los propios vecinos que vivieran alejados de la ciudad, en estancias o ranchos. Finalmente, el 7 de septiembre de 1760, el Rey aprobó la creación de tres Compañías para guarnecer los fuertes de El Salto, La Laguna brava y La Matanza. Estas tuvieron una precaria vida hasta que en 1799, el Virrey Vertíz, las reorganizó y les reglamentó su funcionamiento.
El ejemplo del denodado esfuerzo de estas tropas, cruzó a la Banda Oriental y así, el 7 de diciembre de 1796, el Virrey D Pedro de Melo, dispuso la creación del Cuerpo de Blandengues de la Frontera de Montevideo, con igual organización, funciones, armamento y uniforme que sus predecesores. Nacidos estos cuerpos, como todo lo que perdura, de la necesidad y de la práctica, este cuerpo sui generis, era una tropa de caballería ligera, preparada, más que todo, para combatir a los indios y perseguir contrabandistas, trasuntando cierto parentesco con las tropas de miñones de Aragón y Vizcaya y las de Migueletes, de Cataluña y Valencia, primitivos antecesores de la Benemérita Guardia Civil, de la Madre Patria. De tal suerte, es de la misma forma, en que nuestra Gendarmería Nacional, reconoce en los primitivos cuerpos de Blandengues a sus antepasados históricos, fundamentalmente, por el tipo de funciones que tenían encomendadas, semejantes hoy en día, a las que tiene esta Fuerza de Seguridad y el mencionado Cuerpo español.
El tiempo fue discurriendo, mientras los Blandengues continuaban con su misión, sufriendo en el ínterin, sucesivas modificaciones a su orgánica, hasta que en el año 1826, las reformas del Ejército, impulsadas por el gobierno de Rivadavia, le cambiaron el nombre por el número “6”, a la Compañía de Blandengues de la Frontera de Buenos Aires, disolviendo a la de Santa Fe. Este Regimiento así numerado, alcanzó el presente siglo y tras nuevos cambios en su orgánica, constituye hoy en día, con su asiento de paz en Concordia, provincia de Entre Ríos, el Regimiento Escuela del Arma de Caballería. Cabe reflexionar sobre un último aspecto, el de los nombres de las tres primitivas Compañías: La Valerosa, La Invencible y La Atrevida... Esta organización primitiva, simple reunión de vecinos voluntarios en su comienzo, con una disciplina militar muy deficiente a causa de la dispersión que el desempeño de sus funciones imponía, se vieron corregidas progresivamente por el empeño con que sus efectivos mantenían resguardadas las fronteras, a punto tal que por Real Orden del 3 de Julio de 1784, recibieron el raro privilegio de ser consideradas Tropas Veteranas, galardón que sólo ostentaban las tropas creadas por mandato del Rey y no las milicias locales, alejadas de la Metrópoli. Hoy en día, el RC Tan 6 “BLANDENGUES”, orgulloso de su tradición hispánica, de su antigüedad y del reconocimiento que en parte tan temprana de su historia, se le hiciera de sus hazañas, continúa trabajando como un moderno modelo del Arma, buscando que sus cuadros, tropas puedan perfeccionarse y ser cada vez más valerosos, invencibles y atrevidos.
Fuente: Soldados Digital

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