martes, 7 de septiembre de 2010

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL GREGORIO PAZ


Nació en Tucumán en el año 1797, siendo sus padres, el Dr. Juan Bautista Paz, personaje tucumano que prestó grandes servicios a su provincia, en la que llegó a ejercer el cargo de gobernador delegado, en dos oportunidades; y Plácida Mariño Castro. Fue hermano del doctor y coronel Marcos Paz.
Gregorio Paz se incorporó al servicio de las armas en las milicias regladas de Tucumán, en calidad de cadete, el 1º de enero de 1814, siendo ascendido a subteniente o alférez del Batallón Nº 1, el 1º de mayo del mismo año. Prestó servicios en el Ejército del Norte, asistiendo a la tercer campaña del Alto Perú, bajo el superior comando del general Rondeau, batiéndose en el Puesto de Márquez, el 17 de abril de 1815; en Venta y Media, el 20 de octubre de igual año, y finalmente, en la desgraciada acción de Sipe-Sipe, el 29 de noviembre. El 6 de agosto de 1817 era reconocido como alférez del Regimiento “Dragones de la Nación”, nombre que tomó en tal fecha el antiguo cuerpo llamado “Dragones del Perú”. Siguió sirviendo en el Ejército del Norte y el 6 de noviembre de 1819 fue ascendido a teniente del 4º Escuadrón del mismo regimiento, habiendo participado en el curso de este último año en la campaña contra los anarquistas de Santa Fe.
Perteneció al Ejército del Norte hasta fines de 1819, pasando después a formar parte de las fuerzas de la “República Federal del Tucumán”, donde recibió sucesivos ascensos, dándosele en 1822 el mando de un Regimiento de la Guardia Nacional. El 3 de noviembre de 1823, el gobernador de Tucumán le confirió al teniente coronel del ejército, Gregorio Paz, el empleo de comandante militar del partido de Amaichá (o Ansaichá), Eucalilla y Colalao, pertenecientes a las milicias regladas de aquella Provincia. Poco después fue ascendido a coronel graduado.
Cuando el general Gregorio Aráoz de Lamadrid, primo de Gregorio Paz, se posesionó del gobierno de Tucumán, nombró al Dr. Juan Bautista Paz (su tío), Ministro General, y al hijo de éste le dio puestos en el ejército de la Provincia. Cuando Facundo Quiroga invadió a Tucumán, Lamadrid le salió al encuentro y el teniente coronel graduado de coronel Paz, formó parte de las fuerzas tucumanas, que a las órdenes de su primo se batieron contra el Tigre de los Llanos en los campos del Tala, el 27 de octubre de 1826. Paz mandó la reserva compuesta por 80 hombres de milicias, siendo herido en una mano, y recibiendo otra herida más de bala. El 7 de noviembre de 1826 fue ascendido a coronel del cuerpo de “Dragones del Orden”, cargo en el que cesó el 1º de febrero siguiente, por decreto del día 5. Lamadrid le encargó la organización de un escuadrón de 170 hombres, que se formó para organizar el Regimiento 15 de Caballería, que debía marchar a la guerra del Brasil. Mandando este Escuadrón, Paz asistió a la acción del Rincón, el 6 de julio de 1827, en la que fue derrotado Lamadrid por Quiroga, por segunda vez, y depuesto del gobierno de Tucumán. Paz cesó en el mando del Regimiento de Dragones el 27 de setiembre de 1827.
El coronel Gregorio Paz formaba parte de la División del general Javier López, en la campaña de 1829, en Córdoba, contra Quiroga, asistiendo en tal carácter a la sangrienta batalla de La Tablada.
Poco después el coronel Paz fue destinado a los pueblos del Norte de Catamarca, como comandante general de armas, donde organizó una División de Guardias Nacionales de 1.400 hombres y recibió la orden del general en jefe de marchar a los pueblos de Cuyo, en protección del general Rudecindo Alvarado; llegando hasta los Llanos de La Rioja, de donde Paz se puso en retirada, por disposición del mismo General en Jefe, a consecuencia de haber fracasado en su empresa el mencionado general Alvarado y sus tropas.
Poco después, convencido Paz de que la organización nacional se alejaba más y más y que la guerra principiaba a tomar un carácter feroz y estéril, solicitó y obtuvo su licencia del servicio activo.
En 1835, el gobernador de Tucumán, general Alejandro Heredia, dio al coronel Paz mando de tropas y a las órdenes del mismo asistió el 23 de enero de 1836, al encuentro que tuvo lugar a orillas del río Famaillá, contra los invasores encabezados por el general Francisco Javier López, que fue derrotado y tomado prisionero, siendo ejecutado dos días después.
Poco antes de que tuviera lugar este suceso, Paz recibió orden de Heredia de ponerse a la cabeza de una división y ocupar los pueblos del Norte de Catamarca, como lo verificó; mientras que el propio Gobernador, al frente de 400 hombres de línea y 100 auxiliares santiagueños, marchó sobre la Capital, que ocupó después de derrotar en el Chiflón, el 13 de setiembre de 1835, al general Felipe Figueroa, que le hizo barrer el camino al mando de 1.500 hombres de las dos armas. Los fines de esta expedición eran aprehender a José Antonio Reinafé y teniente coronel Moyano, que habían fugado de Córdoba, refugiándose en Catamarca, donde fueron capturados por Heredia en el momento en que trataban de huir a Bolivia.
A fines de 1836, el gobernador de Tucumán envió a Paz, al mando de otra división, a ocupar la provincia de Salta, bajo las órdenes del general Felipe Heredia, “lo que se efectuó sin quemar un solo cartucho”, según expresa el propio Paz en una exposición de sus servicios, fechada en el Rosario en 1855. Fue entonces nombrado comandante general de armas de Salta; y en abril de 1837, los gobiernos de las provincias de Tucumán, Catamarca, Salta y Jujuy, lo mandaron en comisión cerca del general Juan Manuel de Rosas, para acordar la formación del ejército de aquellos pueblos, que debía operar sobre la República de Bolivia de acuerdo con el ejército chileno que desembarcó en el Perú. Hallándose Paz en Buenos Aires, en el desempeño de la comisión de referencia, la Legislatura de Salta le confirió la jerarquía de coronel mayor.
Se organizó el Ejército Confederado bajo el superior mando del general Alejandro Heredia, teniendo por jefe de Estado Mayor a su hermano Felipe. El general Paz, al mando de una división de caballería, pasó a ocupar la quebrada de Humahuaca, como jefe de vanguardia. El 13 de setiembre de 1837 asistió al encuentro de Santa Bárbara, ataque boliviano llevado a cabo en combinación con la sublevación de un cuerpo en la ciudad de Salta por intrigas de los enemigos; jornada en la cual las tropas de Felipe Heredia y Gregorio Paz acreditaron una bizarra conducta.
Después de algunos meses, el general en jefe, Alejandro Heredia, ordenó que el ejército se retirase y lo posesionó de Orán; punto desde el cual despachó al general Paz con una división de 1.000 jinetes y 100 infantes, la que salió de Orán el 27 de mayo de 1838, en dirección a Tarija, y marchando por el Chaco llegó el día 31 a Carapari, y de acuerdo con las instrucciones que tenía, envió un parlamentario al comandante militar Ildefonso Cuéllar, cuyas ideas argentinas eran conocidas, para que se entregasen o pactasen. La respuesta fue huir hasta Zapatera, entrando Paz en Carapari, y desde el primer punto, Cuéllar contestó al jefe argentino que consultaría a los jefes y oficiales la propuesta que le había sido formulada. Hecha la consulta, los coroneles Aguirre y Ruiz se opusieron.
El 2 de junio el general Paz se disponía a tomar Zapatera, desde Carapari. Dividió las fuerzas en dos columnas para obligar a los bolivianos a presentar dos frentes y vencerlos más fácilmente. “Dispuso –dice Miguel Angel Vergara-, que el comandante Mateo Ríos y el teniente coronel Manuel Ubierna con dos compañías de infantería y un escuadrón de 50 hombres del Regimiento Nº 11 (salteño) caminaran sobre Zapatera por Itao. Del otro lado, el mismo Paz, por el camino del Saladillo, arribaría al punto indicado. Así se realizó, y después de un viaje de 12 leguas, el mismo día, las fuerzas del comandante Marcos Paz, atacaron una avanzada enemiga. Pero mientras se organizaba el ataque formal, he aquí que el comandante Cuéllar con su escuadrón se presenta ante las fuerzas de Paz, con sus armas, dando gritos y diciendo: “¡Viva la República Argentina! ¡Muera el tirano Santa Cruz!” Al mismo tiempo el resto de las fuerzas enemigas huyó rápidamente. De inmediato marchó con sus soldados de caballería en persecución el comandante jujeño teniente coronel Manuel de la Bárcena, quien corrió en pos del enemigo cuatro leguas, sin poderle dar alcance, En esta jornada apenas se oyeron unos pocos tiros en las filas del comandante enemigo Aguirre.
Paz se detuvo en Zapatera, donde todos sus habitantes deseaban formar parte de la Confederación Argentina y expresaban espontáneamente su alegría porque en aquel momento se hallaban bajo la protección de sus armas. “Las tropas de Paz –dice Vergara-, con los éxitos alcanzados, gozaban de una moral excelente y todos abrigaban la ilusión de que algún día podrían llamarse, ante sus contemporáneos y la historia, los libertadores de Tarija”.
El general Heredia por carta del 9 de junio indicó a Paz que no se dejara ilusionar por la aparente adhesión de aquellas gentes y le recalcaba esta recomendación: “no aventure Ud. acción alguna desventajosa”.
Paz avanzó y el 10 de junio ya estaba en el Valle de San Luis, muy cerca de Tarija. El 12 las fuerzas argentinas mandadas por el comandante Manuel Virto atacaron Iruya y fueron rechazadas. Entre tanto, Paz, viéndose tan cerca de Tarija, reunió a sus oficiales en Junta de Guerra y en ella se aconsejó la marcha sobre aquella ciudad; el 17 de junio, a las 8 de la mañana salió del Valle de San Luis, llegando el 18 a Narváez. El día anterior, el comandante Mateo Ríos, al mando de un escuadrón, había ido a tomar posesión de la Cuesta Vieja; enviando Paz el 18, dos compañías en su protección. Al mismo tiempo se supo que el general Braum quería sorprender a los argentinos y tomar la Cuesta Vieja. En las operaciones tendientes a alcanzar tales objetivos chocaron las avanzadas adversarias, encuentros que resultaron con ventajas para los argentinos.
Al atardecer del 19 de junio, estaba toda la fuerza de Paz sobre la codiciada cuesta y pudieron ver a los jefes bolivianos Braum y O’Connor con 300 jinetes, en el bajo, como a una legua de distancia. Braum preparaba una trampa a los argentinos. El 20, al aclarar se volvieron a ver las fuerzas enemigas en el mismo lugar; Paz desprendió parte de sus fuerzas a cargo del teniente coronel Manuel de la Bárcena, que persiguió a los bolivianos 8 leguas sin darles alcance. El mismo día, Braum y O’Connor marcharon con más de 1.000 infantes por distintos caminos, por Papachacra, eludiendo, evidentemente la lucha.
Entonces Paz se acercó hasta 3 leguas de Tarija el mismo día 20, mientras Bárcena perseguía la partida enemiga. Estuvieron allí varias horas y después de haber comido, pasaron al Valle de Concepción, donde Paz esperó a su adversario, no obstante contar éste con 1.500 soldados, mientras aquél sólo sumaba 750 jinetes e infantes; pero Braum eludió el combate. El día 21 permaneció Paz todo el día en aquel punto y supo recién el fracaso argentino en Iruya, lo que influyó poderosamente en aquel Jefe para tomar la resolución de retirarse; y el mismo 21, a la puesta del sol inició el repliegue por el camino del Bermejo. Los enemigos lo siguieron inmediatamente, pero con toda cautela. Los puneños aprovecharon las marchas nocturnas para desertar algunos, y otros para quedarse y pasarse a las filas enemigas. “Súpolo Paz –dice Vergara-, y no pudiendo remediar este mal, decidió marchar de día y acampar de noche”. El 23 de junio llegó al pie de la cuesta de Cuyambuyo, sitio donde se aparta un camino que conduce a los Valles de Iruya y Santa Victoria, de la provincia de Salta. Por aquel camino marcharon muchos desertores argentinos.
“A la madrugada del día 24 – prosigue Vergara-, los argentinos distinguieron una columna de más de mil quinientos infantes, y más de cuatrocientos jinetes que se dirigía a la cuesta. El general Paz al comprender la situación, tomó la resolución de eludir el combate por estas razones: porque era en una mitad inferior al enemigo y porque Braum con toda habilidad no presentaba batalla donde pudiera obrar libremente la caballería enemiga y se apresuraba tanto que ya no dejaba el tiempo suficiente para tomar buenas posiciones.
“A pesar de opinar en contra de la lucha, Paz cedió al pedido de la tropa y se decidió a aceptar la batalla. Esta es la batalla que los historiadores bolivianos llaman de Montenegro, y a la cual se refiere el mariscal Santa Cruz cuando en su Manifiesto dice: “… espléndida victoria… obtenida… por el denodado general Braum.
“El campo de la lucha –continúa Vergara- tenía una extensión de unas cuatro leguas más o menos en la cuesta de Cuyambuyo. Los argentinos bajaron un gran trecho y se inició el combate. Casi inmediatamente la infantería de la Puna volvió sus armas contra sus mismos compañeros y se pasó a las filas enemigas.
“Perdida así, miserablemente, por la traición, casi toda la infantería, la batalla fue ganada por los bolivianos. Con todo, tuvieron que luchar cinco horas contra un heroico grupo de 50 infantes de la ciudad de Jujuy al mando del capitán Bernardo Lagos, los rifleros que se apearon de sus caballos al mando del coronel Salvador María González y las fuerzas del coronel Marcos Paz. Mientras se luchaba al pie de la cuesta, los enemigos iniciaron el ascenso por los flancos de la misma, y a poco, estuvieron arriba, dominando completamente la situación. Los argentinos subieron también dificultosamente; pero no pudieron evitar ser copados 80 rifleros con su jefe, y unos 20 coraceros los cuales arremetieron por todos lados y cayeron casi en su totalidad en manos del enemigo. Cosa semejante le había ocurrido al comandante Ríos con su vanguardia.
“Al llegar al lomo de la cuesta –prosigue Vergara- los argentinos, por el camino estrecho, huían perseguidos de cerca por los bolivianos, en el declive, donde era imposible volver la cara para defenderse”.
El general Paz perdió allí todas las esperanzas de conquistar Tarija y se dirigió rápidamente al cuartel general de Zenta, donde se hallaba Heredia. El propio Paz, en la mencionada exposición de sus servicios, dice: “De allí fue preciso retirarme por el desierto del Bermejo, porque me encontré rodeado por el ejército boliviano a las órdenes del general Braum, por haber pasado en Iruya una fuerte División, que marchó desde Orán para cubrir el flanco izquierdo de mi División, efectuando mi retirada en medio de dificultades, privaciones y peligros, hasta conseguir incorporarme a mi Jefe, salvando la División que se me había confiado”.
Cuando fue asesinado el general Alejandro Heredia, el 12 de noviembre de 1838, el propio Paz tuvo la suerte de escapar a las acechanzas de sus comprovincianos: el gobernador Piedrabuena decretó su destierro a Santiago del Estero, pero Paz siguió viaje a Buenos Aires, a donde llegó en diciembre de 1838. Juan Manuel de Rosas le extendió despachos de coronel mayor de caballería y lo incorporó en listas de Plana Mayor Activa del 2 de abril de 1839 con antigüedad del 11 de marzo del mismo, “por pertenecer al ejército contra Santa Cruz”, situación que conservó todo el resto del gobierno rosista.
Al organizar Rosas la defensa de Buenos Aires en agosto de 1840, amenazada por Lavalle, el general Paz fue encargado de la 3ª División o Sección Sud de la misma. Después de Caseros permaneció en esta Capital hasta la revolución del 11 de setiembre, y luego pidió su pasaporte a Tucumán, que le fue concedido. En estas circunstancias se produjo el levantamiento del coronel Hilario Lagos. Paz se detuvo y se incorporó a las fuerzas del último y fue uno de los firmantes de la nota del 19 de diciembre invitando al general Flores a tomar el mando de las tropas sitiadoras; y del Acta del 24 del mismo mes desconociendo la autoridad del gobierno porteño. Paz fue designado Jefe de Estado Mayor del ejército sitiador.
El general Paz fue destacado para comandar una fuerte división que estaba a las órdenes del coronel Jerónimo Costa, y a su frente derrotó las fuerzas que se organizaban en el Sur de la provincia de Buenos Aires para ayudar a los sitiados, en los campos de San Gregorio, paso sobre el río Salado, el 22 de enero de 1853, estando acaudilladas las tropas enemigas por los coroneles Pedro Rosas y Belgrano y Faustino Velasco, los que fueron completamente derrotados, cayendo prisioneros ambos, siendo decapitado el último. El coronel Agustín Acosta pereció ahogado en el río Salado.
Después de este hecho de armas, el general Paz, continuó desempeñando sus funciones de Jefe de Estado Mayor del ejército sitiador hasta el 13 de julio del mismo año, en que se levantó el sitio por disolución de aquél; retirándose Paz a la Guardia de Luján, donde el coronel Lagos le ordenó entregase las fuerzas que mandaba, al general José María Flores. Cumplida esta operación, pidió pasaporte para el Estado Oriental, a cuyo punto marchó y de allí al Rosario.
El 22 de noviembre de 1854, el presidente Urquiza lo nombró comandante de armas de esta ciudad, encomendándole su defensa, lo que aceptó el general Paz, pues el Rosario se hallaba amenazado en aquellos momentos por el ejército que acababa de derrotar a los invasores en los campos del Tala, el 8 del mismo mes, el que estaba a las órdenes de los generales Mitre y Hornos. El 31 de diciembre del mismo año cesó en la comandancia de armas por los tratados ajustados entre el Gobierno de la Confederación y el de Buenos Aires.
El 5 de setiembre de 1855 le encomendó Urquiza la comisión de pasar una inspección prolija y detallada a las fuerzas que guarnecían la plaza del Rosario y las fronteras Sur de las provincias de Santa Fe, Córdoba, San Luis y Mendoza, dando cuenta de su resultado al Gobierno y presentando a su consideración un nuevo plan de fronteras desde Santa Fe hasta la falda de los Andes. El 15 de Febrero de 1856 fue nombrado para desempeñar la misma comisión en la frontera Norte de la provincia de Santa Fe.
Por sus dolencias y edad, solicitó su separación del servicio, la que le fue acordada por Urquiza y su Ministro general Galán, el 27 de diciembre de 1856, decretando su separación: “Dénsele las gracias –decía el Decreto- a nombre de la Nación, por sus buenos y constantes servicios a favor del país desde la guerra de la Independencia hasta la fecha”.
El 9 de noviembre de 1868, el presidente Sarmiento y su Ministro de la Guerra, coronel Gainza, comunicaban al general Gregorio Paz su inclusión en la “Lista de Guerreros de la Independencia”, de acuerdo a la Ley del 24 de setiembre de igual año.
El general Paz falleció en Buenos Aires (parroquia de la Concepción). El 7 de setiembre de 1869, siendo inhumado su cadáver en el Cementerio del Norte. Contrajo matrimonio en Tucumán el 24 de octubre de 1836 con Angela de Iramain, santiagueña, hija de José Domingo de Iramain yBorges y de Coleta Rodríguez Gorontiaga.
Fuentes: Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado / Vergara, Miguel Angel – Jujuy bajo el signo federal – Jujuy (1938) / www. revisionistas.com.ar / Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1939).



lunes, 6 de septiembre de 2010

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL GENERAL EUGENIO NECOCHEA


Nació en Buenos Aires el 6 de setiembre de 1794, siendo sus padres Francisco Casimiro Necochea, rico comerciante natural de la villa de Urzaniqui en el valle del Roncal, partido de Aviz, provincia de Navarra; y María Mercedes Saraza y Tirado (hermana del teniente coronel Saturnino y del sargento mayor Mariano Sarassa), porteña.
Eugenio Necochea realizó sus estudios en la ciudad de Sevilla y regresó a Buenos Aires en 1814. El 11 de agosto de este último año fue dado de alta como alférez de la 1ª Compañía de la Guardia de Caballería del Supremo Gobierno, siendo ascendido a teniente 2º del mismo cuerpo el 24 de febrero de 1815, y a teniente 1º de la 1ª Compañía del 1er Escuadrón del mencionado cuerpo, el 25 de marzo de 1815. Fue uno de los firmantes del Acta de Fontezuelas, el 3 de abril de 1815, desconociendo la autoridad del Director Alvear.
Posteriormente pasó a formar parte del Ejército de los Andes, donde fue agregado al Regimiento de Granaderos a Caballo. Formando parte de la vanguardia del mismo, y a las órdenes de su hermano, el entonces teniente coronel Mariano, se halló en la acción de las Coimas, el 8 de febrero de 1817, y asistió a la batalla de Chacabuco el día 12 del mismo mes, donde fue herido de un feroz bayonetazo en la tetilla.
Por su comportamiento en Chacabuco fue propuesto por San Martín el 24 de febrero de 1817 para teniente 1º de la 1ª Compañía del Escuadrón de “Cazadores a Caballo” de nueva creación, cuyos despachos le fueron extendidos por el Director Pueyrredón el 24 de marzo de igual año. También recibió la condecoración otorgada por aquella función de guerra.
El 15 de noviembre de 1817 Pueyrredón le extendió despachos de capitán de caballería de línea y dispuso su regreso a Buenos Aires. Sin embargo, el capitán Necochea se halló en el desastre de Cancha Rayada y en la batalla de Maipú, formando parte del Escuadrón de Cazadores a caballo; mereciendo por su actuación en esta última acción ser promovido al grado de sargento mayor, cuyos despachos le fueron conferidos por el Director Pueyrredón el 13 de mayo de 1818 con antigüedad del 15 de abril de igual año. Igualmente recibió la medalla y cordón de honor que fueron acordados por los gobiernos de Chile y de las Provincias Unidas por la batalla de Maipú, así como también el honroso dictado de “Heroico Defensor de la Nación”.
Formó parte del ejército libertador del Perú, que desembarcó en Pisco el 8 de setiembre de 1820. Se halló en el asalto a los castillejos del Callao, el 14 de agosto de 1821; en las operaciones que tuvieron lugar en las proximidades de Lima del 3 al 25 de setiembre de igual año, y en la rendición del Callao, el 21 de este mismo mes.
Participó en la desgraciada campaña a Puertos Intermedios, a las órdenes del general Alvarado, hallándose en las desastrosas batallas de Torata y Moquehua, el 19 y 21 de enero de 1823, siendo herido en la última, cuando efectuaba una carga a la cabeza del Regimiento de Granaderos. Necochea ya era coronel.
Afianzada la independencia peruana, Necochea regresó a Chile, donde continuó sirviendo en el ejército de aquel país, en el que llegó al grado de General.
El General Eugenio Necochea falleció en Santiago de Chile, el 19 de setiembre de 1868.
Cuando se produjeron las dificultades con Francia e Inglaterra, durante el gobierno de Rosas, el General Necochea escribió el 15 de setiembre de 1847 una carta a Fermín Irigoyen, diciéndole: “Considero la paz irrealizable y hago ardientes votos por la continuación de la guerra…. Treinta años de ausencia no han podido entibiar ese ardor argentino que me hizo abandonarla voluntariamente a los 21, para contribuir con mis débiles esfuerzos a la emancipación de esta parte de América”, y termina anunciando que ofrecerá sus servicios.
Fuentes: Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado /www. revisionistas.com.ar / Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1939).


domingo, 5 de septiembre de 2010

OPERATIVO INDEPENDENCIA


El 5 de septiembre de 1975, el E.R.P., emboscada en el monte tucumano a una Sección del Ejercito en patrulla.
Mueren en combate el Subteniente Rodolfo Berdina y el soldado conscripto Ismael Maldonado.
A estos soldados, como a todos los que pelearon por su país, aquí nuestro humilde homenaje.

Un elemento de Combate, perteneciente a la Fuerza de Tareas "Aconquija", llevaba unas cuarenta horas operando en el monte, lapso en el que se desarrollaron intensos enfrentamientos sin que se produjeran bajas en los efectivos del Ejército Argentino.
El 5 de septiembre, el Elemento de Combate recibe la orden de replegarse a su base y en cumplimiento de ella se encontraba el Subteniente Rodolfo Hernán Berdina al mando de una sección, cuando tomó contacto con el enemigo en el paraje Potrero Negro, abriendo el fuego en forma instantánea. El Subteniente Berdina sobrepasó a la carrera a sus hombres lanzándose al ataque, seguido por el soldado Ismael Maldonado. Al llegar a una distancia muy cercana al grupo guerrillero, ambos caen alcanzados por el fuego enemigo. El soldado Maldonado murió instantáneamente; el subteniente cayó herido de gravedad. Finalizado el combate con el repliegue de varios subversivos heridos, el subteniente Berdina fue evacuado al Hospital Militar de Tucumán, nosocomio en el que fue operado. Falleció a medianoche.
Fue ascendido post mortem al grado de teniente.

A continuación transcribimos la carta escrita por la madre del Subteniente Berdina, en la que nos da un ejemplo de aceptación y grandeza personal.

“Me dirijo a aquellos que troncharon la vida de mi hijo, a los que sin mostrarse a la luz pretenden destrozar los pilares indestructibles de nuestra Patria. Soy la madre del Subteniente Berdina, de ese subteniente con mayúsculas porque supo defender sus ideales de argentino y de militar, dando la cara, peleando de frente y de pie. Ni él, ni sus soldados necesitaron drogarse para ello. Porque el valor es así, consciente, claro, sin elixires que empañen su acción y sus ideas.
No los maldigo, les doy las gracias en nombre de él y de todos los héroes que dejaron su vida por amor a Dios, a la Patria y a la família, porque todavia esa es la fe del soldado, esa es su meta.
Mi perdida es irreparable, pero me siente henchida de orgullo porque sé que mi Rodolfo está en la gloria de Dios y en el corarzón de todos los compañeros que lucharon o no a su lado. Gracias"

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sábado, 4 de septiembre de 2010

ANIVERSARIO DE LA CREACION DEL REGIMIENTO DE CABALLERIA 6 ESCUELA BLANDENGUES


En esta edición, relataremos la historia de la Unidad más antigua del Ejército, el Regimiento de Caballería 6 Escuela “BLANDENGUES”, cuyo extraño nombre tiene su origen en un antiguo verbo español: Blandear, que a su vez significa Blandir (un arma), en alusión a las lanzas, sables y a veces, carabinas y tercerolas, con las que precariamente se armaron los primitivos Blandengues. Su origen se remonta hacia el año 1724, en que a raíz de las frecuentes incursiones de los indios en la frontera de Santa Fe, el Cabildo comisionó a uno de sus miembros para que marchase a la Corte y expusiese la situación de la ciudad y su comarca, constantemente asediada por los malones y solicitase la asignación de doscientos hombres bien armados para su defensa.
El Rey Carlos III, accedió a la petición por Real Cédula del 26 de agosto de 1726, pero no pudo llevarse a la práctica por diversas circunstancias. No obstante, antes de la Real aprobación, el entonces Gobernador de Buenos Aires, D Bruno de Zabala, había ordenado por Orden del 31 de agosto de 1724, que en la ciudad de Santa Fe, se crearan dos compañías de a cincuenta hombres, fijando sus comandantes y los sueldos de sus integrantes. Se fundamentaba esta medida en la efectividad que habían demostrado varias pequeñas e inorgánicas unidades de milicias temporarias, denominadas “Partidarios de la Frontera”, en alusión a las “partidas” que efectuaban contra el indio para mantenerlo alejado de los primitivos asentamientos poblacionales. Así pues, creándose primero una de estas Compañías ese mismo año, continuó con una organización y disposiciones para su funcionamiento sin variantes hasta 1799, encontrándose sus 102 efectivos repartidos entre cinco cantones o fortines de la frontera.
El éxito en sus misiones, hizo pensar al Cabildo de Buenos Aires, que la creación de una compañía similar en su territorio, contribuiría a asegurar la vida y los bienes de los pobladores de la campaña, por lo que en 1751, solicitó al monarca la creación de dos o tres subunidades de esta clase, de a cincuenta hombres cada una. Para su sostenimiento, el Gobernador había creado unos arbitrios que no fueron aprobados por la Corte, la que a pesar de todo no oponía reparos a que fueran costeadas por los propios vecinos que vivieran alejados de la ciudad, en estancias o ranchos. Finalmente, el 7 de septiembre de 1760, el Rey aprobó la creación de tres Compañías para guarnecer los fuertes de El Salto, La Laguna brava y La Matanza. Estas tuvieron una precaria vida hasta que en 1799, el Virrey Vertíz, las reorganizó y les reglamentó su funcionamiento.
El ejemplo del denodado esfuerzo de estas tropas, cruzó a la Banda Oriental y así, el 7 de diciembre de 1796, el Virrey D Pedro de Melo, dispuso la creación del Cuerpo de Blandengues de la Frontera de Montevideo, con igual organización, funciones, armamento y uniforme que sus predecesores. Nacidos estos cuerpos, como todo lo que perdura, de la necesidad y de la práctica, este cuerpo sui generis, era una tropa de caballería ligera, preparada, más que todo, para combatir a los indios y perseguir contrabandistas, trasuntando cierto parentesco con las tropas de miñones de Aragón y Vizcaya y las de Migueletes, de Cataluña y Valencia, primitivos antecesores de la Benemérita Guardia Civil, de la Madre Patria. De tal suerte, es de la misma forma, en que nuestra Gendarmería Nacional, reconoce en los primitivos cuerpos de Blandengues a sus antepasados históricos, fundamentalmente, por el tipo de funciones que tenían encomendadas, semejantes hoy en día, a las que tiene esta Fuerza de Seguridad y el mencionado Cuerpo español.
El tiempo fue discurriendo, mientras los Blandengues continuaban con su misión, sufriendo en el ínterin, sucesivas modificaciones a su orgánica, hasta que en el año 1826, las reformas del Ejército, impulsadas por el gobierno de Rivadavia, le cambiaron el nombre por el número “6”, a la Compañía de Blandengues de la Frontera de Buenos Aires, disolviendo a la de Santa Fe. Este Regimiento así numerado, alcanzó el presente siglo y tras nuevos cambios en su orgánica, constituye hoy en día, con su asiento de paz en Concordia, provincia de Entre Ríos, el Regimiento Escuela del Arma de Caballería. Cabe reflexionar sobre un último aspecto, el de los nombres de las tres primitivas Compañías: La Valerosa, La Invencible y La Atrevida... Esta organización primitiva, simple reunión de vecinos voluntarios en su comienzo, con una disciplina militar muy deficiente a causa de la dispersión que el desempeño de sus funciones imponía, se vieron corregidas progresivamente por el empeño con que sus efectivos mantenían resguardadas las fronteras, a punto tal que por Real Orden del 3 de Julio de 1784, recibieron el raro privilegio de ser consideradas Tropas Veteranas, galardón que sólo ostentaban las tropas creadas por mandato del Rey y no las milicias locales, alejadas de la Metrópoli. Hoy en día, el RC Tan 6 “BLANDENGUES”, orgulloso de su tradición hispánica, de su antigüedad y del reconocimiento que en parte tan temprana de su historia, se le hiciera de sus hazañas, continúa trabajando como un moderno modelo del Arma, buscando que sus cuadros, tropas puedan perfeccionarse y ser cada vez más valerosos, invencibles y atrevidos.
Fuente: Soldados Digital

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viernes, 3 de septiembre de 2010

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE LAS PIEDRAS


El 3 de septiembre de 1812 se recuerda la Batalla de Las Piedras. La vanguardia del ejército realista al mando del General Pío Tristán ataca a la retaguardia del ejército independentista del General Manuel Belgrano, en retirada hacia la ciudad de Tucumán. Luego de una lucha dura e intensa los patriotas quedan victoriosos.

Belgrano se había hecho cargo del Ejército del Norte en retirada en la posta de Yatasto el 26 de marzo de 1812. Ante el avance realista la situación se volvió muy crítica y a mediados de julio supo que las avanzadas realistas llegaban a La Quiaca y decidido a no dejar en manos del enemigo nada que le pudiese ser útil, organizó durante agosto el llamado Éxodo Jujeño, ordenando a la población civil replegarse junto con el ejército y quemar todo lo que quedase detrás, para entorpecer el avance enemigo.
La retaguardia del ejército, comandada por el Mayor General Eustoquio Díaz Vélez había partido el 21 de agosto de Humahuaca y el 23 abandonó San Salvador de Jujuy con la población civil. Desde allí marcharía cubriendo con sus guerrillas el Camino de Las Postas hacia Campo santo y luego por Cabeza de Buey hacia San José de Metán. Las fuerzas realistas con 500 hombres al mando de los coroneles Llanos y Agustín Huici, ocuparon seguidamente San Salvador de Jujuy y el 1 de septiembre la Ciudad de Salta. Asediaban permanentemente a la retaguardia, la que tenía órdenes de no comprometer un combate. Sin embargo, fueron alcanzados y se trabó un intenso tiroteo por ambos bandos. Reforzados los patriotas, pusieron en fuga la tropa realista.

Parte de Batalla del General Manuel Belgrano:
“Ayer (3 de septiembre de 1812) a las dos de la tarde, cargó el enemigo, en número de seiscientos hombres, con tanta furia sobre mi retaguardia, que se mezcló con ella y llegó al frente de mi posición al sud del Río de las Piedras casi a un tiempo; en consecuencia, hice lugar la artillería que se hallaba al mando del barón de Holmberg y mandé que, por el costado derecho, saliesen Don Carlos Forest, capitán del N° 1, con la parte de la División de Cazadores que tengo a su cargo; Don Miguel Aráoz, comandante 2° del N° 6, por el costado izquierdo con cien hombres de Pardos y Morenos, y la Caballería, al mando del Mayor General D. Eustoquio Diaz Velez, con su segundo, el Teniente Coronel D. Juan Ramón Balcarce, por el centro; avanzaron todos con intrepidez, Jefes, Oficials y Tropa, y la victoria coronó sus nobles y generosos esfuerzos poniendo en fuga vergonzosa al enemigo, quien dejó en el campo de batalla dos oficiales y cincuenta y ocho soldados muertos, y ciento cincuenta fusiles y cuarenta soldados que se hicieron prisioneros, no habiendo tenido, de nuestra parte más que seis heridos, entre los cuales el digno Don Miguel Aráoz, y muertos gloriosamente el Capitán Don Manuel Mendoza, un sargento de Húsares y un soldado.

El coronel Huici que se había adelantado hasta la localidad de Trancas, cayó prisionero y fue de inmediato trasladado a San Miguel de Tucumán. Este pequeño combate sirvió para levantar la moral de las tropas. Continuó Belgrano sin embargo su retirada hacia el río Blanco y luego hacia el río Pasaje o río Juramento.


jueves, 2 de septiembre de 2010

DIRECTOR DE SANIDAD


Por decreto de 31 de agosto de 1814 se creó el Cuerpo de Medicina Militar, para estimular a los profesores de medicina en el ejercicio de sus tareas y para mejor servir a los Ejércitos de la Patria.
El uniforme del director se distinguía por los ojales de oro en el cuello y las botamangas.
En 1821, el Cuerpo de Medicina Militar fue suprimido.
Fue su director el Dr. Cosme Argerich.
Fuente: Uniformes de la Patria del Comando en Jefe del Ejercito – Circulo Militar.



miércoles, 1 de septiembre de 2010

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL BRIGADIER GENERAL TOMÁS GÜIDO


El 1 de septiembre de 1788 nace en Buenos Aires Tomás Guido. General sanmartiniano, diplomático y político. Actuó en las invasiones inglesas y adhirió a la revolución de mayo de 1810. Brindó su talento negociador durante los difíciles momentos de la independencia. Su célebre Memoria, fruto de sus conversaciones con el General San Martín, fueron determinantes para que el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón le diera su apoyo a la realización de la campaña libertadora de Chile y Perú.

Tomás Guido era hijo del comerciante español Pedro Guido y Sanz y de doña Juana Aoiz y Martínez. Debió abandonar sus estudios en el Colegio San Carlos debido a problemas económicos. Durante la Invasiones inglesas de 1806 participó en la defensa de Buenos Aires y tuvo luego participación en los sucesos de Mayo de 1810. Al año siguiente fue secretario del doctor Mariano Moreno durante el viaje a Inglaterra en el cual este falleciera. De regreso a Buenos Aires en 1812 permanece en ella brevemente como secretario del Ministerio de Guerra para luego trasladarse a Charcas como secretario de Francisco Ortiz de Ocampo. Posteriormente viajó a Tucumán donde se vincula con José de San Martín y Manuel Belgrano, desempeñándose como Oficial Mayor de la Secretaría de Guerra colaborando con San Martín en el planeamiento de la campaña a Chile y Perú.

El 20 de mayo de 1816 Guido presentó al Director Delegado Antonio González Balcarce su célebre Memoria, basada en las conversaciones sostenidas con San Martín en Saldán, Córdoba, durante la convalecencia del Libertador. En ellas exponía con detalle los aspecto económicos, militares y políticos del plan consistente en abrir un frente occidental cruzando la cordillera con una fuerza de 4000 hombres para liberar Chile y continuar por mar a las costas del Perú en vez de insistir con la Campaña del Alto Perú. Entre otras cosas sostenía que una victoria en Chile bastaría para alentar el espíritu de los pueblos y desalentaría al ejército realista que atacaba desde el norte comandado por Joaquín de la Pezuela. Balcarce apoyó la idea con entusiasmo y la cursó al Director elegido por el Congreso, Juan Martín de Pueyrredón. Éste, escarmentado por las malas experiencias en el Alto Perú, aprobó la memoria el 24 de junio y dio las instrucciones pertinentes para que de inmediato se apoyara la campaña libertadora a Chile disponiendo una entrevista con San Martín destinada a ultimar detalles del caso.
Después de la victoria en la batalla de Chacabuco (12 de febrero de 1817) el General San Martín incorporó a Guido con el grado de Teniente Coronel para que asumiera las funciones de Secretario de Guerra y Marina y el de representante ante el gobierno de Chile. Ocuparía este cargo por tres años ejerciendo una exitosa tarea administrativa y diplomática, acompañando a San Martín como primer edecán en su gesta libertadora por Chile y colaborando en la empresa de liberar Perú. Negoció exitosamente con el enemigo en Miraflores y participó en los dos sitios y rendición del Callao, fortaleza de la que fue nombrado gobernador. Ascendido en 1821 a Coronel Mayor fue consejero deEstado y Ministro de Guerra. En 1823 fue conjuez en Perú del Supremo Consejo Militar y al año siguiente jefe del Estado Mayor del Ejército del Centro y Ministro General de Gobierno del General Mariano Necochea alcanzando el grado de General de Brigada de los ejércitos del Perú.En 1826 regresa a Buenos Aires donde Bernardino Rivadavia lo nombra Inspector de Armas y en 1827 Vicente López lo designa Ministro de Guerra, cargo al cual renunció para ocupar el de diputado electo a la Sala de Representantes de Buenos Aires y luego enviado extraordinario y ministro plenipotenciario ante la corte de Río de Janeiro, suscribiendo en ese carácter el tratado de paz con el Brasil en 1828. Fue luego ministro de Guerra y Relaciones Exteriores en tres oportunidades: con Lavalle, Viamonte y Rosas. De 1840 a 1851 representó a la Argentina ante el gobierno del Brasil. Después de la batalla de Caseros el General Urquiza lo llama para colaborar con su gobierno resultando ser en 1855 senador nacional electo por San Juan y en 1857 vicepresidente del Senado de la Confederación. Ya con el grado de Brigadier General acompañó en 1859 a Urquiza al Paraguay interviniendo exitosamente en las gestiones pacíficas entre ese país y Estados Unidos, enfrentados por haber este último enviado una escuadra naval con el objetivo de desembarcar en Asunción. Murió en Buenos Aires el 14 de septiembre de 1866.



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