martes, 13 de julio de 2010

197 ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DEL REGIMIENTO DE INFANTERÍA 8 "BRIGADIER GENERAL BERNARDO O'HIGGINS"


“Regimiento de Infantería 8: Creado por el General Belgrano el 13 de julio de 1813”


Su primer antecedente de creación data del 5 de abril de 1811, oportunidad en el que fue creado bajo el nombre REGIMIENTO 8 DE INFANTERÍA "LA PAZ", siendo su primer Jefe el Sargento Mayor Clemente Diez de Medina y Parada.
La Unidad fue desactivada después del desastre de Huaqui ocurrido el 20 de junio del mismo año, y sus jefes sometidos al funesto "Proceso de Desaguadero"
El 13 de julio de 1813 y producto de las levas acaecidas en Potosí, el General Manuel Belgrano envió una carta al gobierno de Buenos Aires, solicitando se reconociera la creación del Regimiento de Infantería Nro. 8, designando como jefe al Teniente Coronel Benito Alvarez. Lamentablemente, a los 80 días de haber sido creado la masa de sus oficiales y el 40% de la tropa pereció en la derrota de Vilcapugio, razón por la cual fue disuelto nuevamente.
En 1814 fue recreado y participó en el Sitio y Rendición de Montevideo, razón por la cual fue declarado por primera vez en su historia "Benemérito de la Nación" (La segunda vez fue durante la Campaña de los Andes)
En 1816 fue destinado a engrosar el incipiente Ejército de los Andes a órdenes del General José de San Martín, siendo su Jefe el Teniente Coronel Ambrosio Cramer, militar francés de destacada actuación en el Gran Ejército de Napoleón Bonaparte.
Se batió con gallardía en Chacabuco y Maipú formando parte de la columna del prócer del cual hoy ostenta el nombre: Bernardo O'Higgins Riquelme.
Durante la sublevación del Callao escribió una brillante página en el anecdotario de la nación al negarse uno de sus soldados a reconocer la autoridad española, cuestión que terminaría por costarle la vida y elevarlo a la categoría de mártir por la independencia. Su nombre Antonio Ruiz, su apodo Falucho, arquetipo del soldado del 8 de Infantería.
En 1856 fue reactivado por decreto presidencial, y en 1865 concurrió a la Guerra de la Triple Alianza, fusionado con la Legión Italiana. En 1870, y luego de batirse con gloria en las trincheras de Curupaytí, recobró su número y se asentó en la ciudad de Corrientes.
Participó hasta fin de siglo de diversas acciones y guarneció en varias ciudades del interior de nuestro país.
El 12 de diciembre de 1935 recaló en su asentameinto actual, la ciudad de Comodoro Rivadavia.
El 6 de abril de 1982 se embarcó de modo aéreo hacia Malvinas, participando de las acciones en ambas islas.
La masa de la Unidad desarrolló sus acciones en Bahía Fox, y la Sección al mando del Subteniente Guillermo Aliaga se batió con gloria en el destacado combate de Darwin-Goose Green.
En 1991 se mecanizó integramente con vehículos de la serie americana M 113 en varias de sus versiones.
Hoy cumple 197 años de servicio a nuestra nación, y 75 años de permanencia ininterrumpida en la Patagonia Argentina.
Fuente: Mayor de Infantería D Alfredo Massarelli.
Información: http://www.rimec8.ejercito.mil.ar/

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lunes, 12 de julio de 2010

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL BRIGADIER GENERAL FELIPE HEREDIA


Nació en Tucumán en el año 1797, siendo sus padres José Pascual Heredia, alcalde de Las Trancas y Alejandra Acosta. Empezó a prestar sus servicios militares, como cadete de una de las compañías con las que contribuyó aquella provincia para el Ejército Auxiliar del Alto Perú, el 1º de setiembre de 1810. En enero de 1811 pasó a prestar servicios en su calidad de cadete, al Regimiento de Caballería de Línea del Perú, asistiendo a la desastrosa batalla de Huaqui, el 20 de junio de aquel año. Al año siguiente se halló en el combate del río de las Piedras y en la batalla de Tucumán, desempeñando las funciones de portaguión de su Regimiento, asistiendo igualmente a la de Salta, el 20 de febrero de 1813, por lo cual se le dio el empleo efectivo de porta-guión, con fecha 25 de mayo de aquel año, siendo graduado teniente 2º, el 23 de octubre del mismo, encontrándose en las desastrosas acciones de Vilcapugio y de Ayohuma y en el repliegue ulterior del Ejército Auxiliar hasta Jujuy. Recibió la efectividad de teniente, el 23 de abril de 1814.
El 26 de julio de 1814 revista como teniente del 1er Escuadrón del Regimiento de Dragones, con el cual permaneció un tiempo destacado en la quebrada de Humahuaca. En la campaña del año 1815, bajo las órdenes del general Rondeau, Heredia toma parte, asistiendo al combate del Puesto del Marqués, el 17 de abril bajo el comando superior del general Fernández de la Cruz. El 20 de octubre se encuentra en el combate de Venta y Media, bajo el mando del general Martín Rodríguez, y en esta acción en que fue herido el flamante sargento mayor José María Paz, el teniente Heredia, le prestó ayuda en tan grave circunstancia. El después General, dice en sus “Memorias Póstumas”: “Cerca de dos leguas duró la persecución, y yo tuve que seguir desangrándome copiosamente, hasta que el teniente D. Felipe Heredia (hoy general en Buenos Aires), me ligó el brazo con su corbata y me lo puso en cabestrillo lo mejor que pudo”. El 16 de este mes, Heredia había recibido el despacho de ayudante mayor del Regimiento de Dragones del Perú, del cual era sargento mayor José María Paz.
Se batió en la desastrosa acción de Sipe-Sipe, el 29 de noviembre de 1815 y acompañó al Ejército Auxiliar en su repliegue hacia Jujuy, prestando servicios avanzados con su Regimiento en la quebrada de Humahuaca a fines de aquel año y los primeros meses del siguiente. En agosto de 1816, pasó con su cuerpo a acantonarse en Las Trancas, donde recibió el grado de capitán, el 26 de noviembre de 1816, en la 1ª compañía del 1er escuadrón del Regimiento de Dragones que había pasado a llamarse “Dragones de la Nación”.
El 20 de junio de 1817 recibió la efectividad de capitán, siendo graduado de sargento mayor, el 6 de agosto del mismo año, en el 1er Escuadrón del Regimiento de Dragones de la Nación. Cuando a comienzos de 1819 el Ejército Auxiliar, que comandaba el general Belgrano, recibió órdenes de retrogradar sobre la provincia de Santa Fe, para cooperar en la campaña que realizaba contra las montoneras de Estanislao López el ejército directorial mandado por el general Viamonte, el ya teniente coronel Heredia, quedó en el acantonamiento de Tucumán y cuando se produjo en esta ciudad la sublevación del capitán Abraham González, que llevó al poder a Bernabé Aráoz, movimiento que fue precursor del de Arequito, Heredia fue destacado por los sublevados a la cabeza de una fuerza que marchó sobre Córdoba, con el fin de apoyar el estallido del movimiento en aquella provincia. Pero el pronunciamiento de Arequito, el 8 de enero de 1820, hizo innecesario su avance sobre aquella Capital y Heredia regresó a Tucumán. Cuando a fines de enero de aquel año, el general Belgrano gravemente enfermo, emprendió su postrer viaje desde la ciudad que fuera teatro de su primer victoria, hasta Buenos Aires, el teniente coronel Heredia, a la cabeza de 100 hombres, prestó escolta al General hasta la ciudad de Santiago del Estero. El 6 de setiembre de 1820, Heredia recibió los despachos de coronel graduado, y en diciembre, el gobernador de Salta, general Güemes, le nombró su ayudante. En julio de 1821 recibía la efectividad de coronel. Todos estos ascensos le fueron otorgados por Güemes, en su calidad de general en Jefe del Ejército de Observación del Perú, a excepción del empleo de teniente coronel efectivo, que le fue discernido el 31 de julio de 1820, por el gobernador Bernabé Aráoz, con el mando del cuerpo de Dragones Veteranos de Tucumán.
Continuó prestando servicios en su provincia natal y tomó parte en la expedición que el gobernador de Salta, Gorriti, despachó en 1827-28 contra Juan Facundo Quiroga, de La Rioja.
El 28 de setiembre de 1832 fue nombrado comandante general de armas de la provincia de Tucumán. Cuando en diciembre de 1834 se produjo el asesinato del general Pablo Latorre, en Jujuy, el ya general Felipe Heredia (había sido promovido a coronel mayor de la provincia de Salta, el 18 de enero de 1833), fue destacado por su hermano Alejandro, gobernador de Tucumán, para restablecer el orden allí. En setiembre de 1835, con su hermano Alejandro, entraron en Catamarca, a la cabeza de 400 veteranos y 100 auxiliares santiagueños, después de haber hecho huir a 1.500 catamarqueños que les puso el general Figueroa. Cooperó con el general Alejandro Heredia para batir a los revolucionarios tucumanos encabezados por el general Francisco Javier López, en las márgenes del río Famaillá, el 23 de enero de 1836, en la que cayeron prisioneros los jefes rebeldes, siendo pasado por las armas, el precitado López. Casi de inmediato, y por distintos caminos, los dos generales Heredia penetraron en la provincia de Salta que cruzaron triunfalmente, sin disparar un tiro, lo que obligó a renunciar el 5 de marzo al gobernador Antonio Fernández Cornejo.
El general Felipe Heredia fue nombrado gobernador y capitán general de la provincia de Salta, por reiterada elección, el 15 de abril de 1836 y se hallaba ejerciendo este cargo político, cuando Juan Manuel de Rosas le designó 2º general y jefe del Estado Mayor del Ejército Confederado de operaciones contra el Presidente de Bolivia, mariscal Santa Cruz. Heredia interpuso ante la Legislatura su renuncia del cargo de gobernador el 21 de noviembre y no habiéndole sido aceptada, el 7 de diciembre del mismo año (1837) delegó el mando en el coronel Evaristo de Uriburu. Heredia se incorporó con las milicias de Salta, al ejército de operaciones, que mandaba en jefe su hermano Alejandro. Las hostilidades habían comenzado a mitad de 1837, y el general Felipe Heredia, en el mes de setiembre, a la cabeza de 400 jinetes, se posesionó del pueblo de Humahuaca y en la tarde del 12 de aquel mes, derrotó y dispersó completamente dos escuadrones bolivianos al mando del comandante Campero. Al día siguiente, Heredia a la cabeza de sus tres escuadrones salteños, atacaba vigorosamente las posiciones enemigas de Santa Bárbara y las hubiese ocupado, si los bolivianos no hubiesen sido oportunamente reforzados.
En el ejercicio del gobierno de Salta, Heredia fue ascendido a brigadier general por decreto del 16 de setiembre de 1836. La situación política creada a raíz del asesinato del gobernador de Tucumán, general Alejandro Heredia, cometido el 12 de noviembre de 1838, obligó a su hermano Felipe a emigrar a Chile, después de dimitir el mando en Salta, el 16 del mismo mes de noviembre, nombrando desde su cuartel general en San Agustín, una comisión gubernativa, compuesta por el coronel Juan Manuel Quirós y el teniente coronel Manuel Solá. Regresó a Buenos Aires, y el 26 de agosto de 1839 Rosas le confería el empleo de coronel mayor del ejército de la Provincia de Buenos Aires, con anterioridad al 1º de enero del mismo año, habiendo llegado de Chile a la capital argentina, el 25 de julio de aquel año. El general Heredia desde aquella fecha continuó prestando servicios cerca de Juan Manuel de Rosas, quien lo hizo revistar en la P. M. A. del Ejército hasta febrero de 1852, y cuando el pronunciamiento de Urquiza, reiteró su lealtad al Restaurador de las Leyes, en octubre de 1851 ante la invasión inminente de aquél. Durante los últimos tiempos del gobierno de Rosas, desempeñó el cargo de edecán de S. E. y el de Inspector interino del Resguardo, puesto este último otorgado en octubre de 1846.
Después de Caseros, el general Felipe Heredia fue designado por Urquiza Inspector del resguardo en el puerto de la Capital y en el desempeño de este cargo falleció repentinamente en Buenos Aires, el 12 de julio de 1852.
El general Felipe Heredia era casado con Juana Manuela Cornejo, cuya otra hermana, Juana Cornejo, fue esposa del general Alejandro Heredia. Juana Manuela Cornejo de Heredia fue bautizada en Salta el 25 de junio de 1808 y fueron sus padres, el coronel Juan José Fernández Cornejo de la Corte y Gertrudis Medeyros.

Fuentes: Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado / www. revisionistas.com.ar / Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1939).

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domingo, 11 de julio de 2010

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL GENERAL JUAN GREGORIO GUALBERTO DE LAS HERAS


El 11 de julio de 1780, nace en la ciudad de Buenos Aires el General Juan G. Gregorio de Las Heras. Inició su carrera de las armas en 1806, durante la Primer Invasión Inglesa, combatiendo luego también en la Segunda. Al producirse la Revolución de Mayo, en 1810, se alistó y el 24 de octubre fue nombrado Sargento Mayor del cuerpo de Patricios de Córdoba. En 1813, cruzó la Cordillera de los Andes para combatir a los realistas junto a los chilenos independentistas al frente del cuerpo de Auxiliares de Chile, enviados por el gobierno de Buenos Aires. Triunfó en Cucha-Cucha y fue derrotado en Rancagua, protegiendo con los Auxiliares la retirada de los chilenos a la provincia de Mendoza. Se incorporó al Ejército de los Andes, organizando el Regimiento 11 de Infantería, que habría de cubrirse de gloria en las futuras campañas bajo su mando. Con el grado de Coronel combatió en Chacabuco y en otros hechos de armas en Chile. Fue Jefe del Estado Mayor del Ejército Libertador del Perú. En 1822 volvió a Buenos Aires, siendo nombrado plenipotenciario ante las autoridades españolas que gobernaban el Alto Perú (hoy Bolivia). El 2 de agosto de 1824 fue designado gobernador de la provincia de Buenos Aires y el 23 de enero de 1825 puesto a cargo del poder ejecutivo Nacional. En 1828, fue ascendido a General. Falleció en Santiago de Chile el 06 de febrero de 1866.

EL HEROISMO DE LAS HERAS EN EL ATAQUE A TALCAHUANO
El General D. Juan Gregorio Gualberto de Las Heras era porteño e hizo sus primeras armas como oficial miliciano durante las invasiones inglesas. En 1813 marchó a Chile al mando de los “Auxiliares Argentinos” formados por soldados reclutados en las provincias de Córdoba y Mendoza.
Al frente de esa tropa se batió como un héroe en Cucha Cucha y, después de la derrota de los chilenos en Rancagua, regresó a la Patria, donde se le confió el mando de una Unidad de reciente formación, cuya base fueron los “Auxiliares”, que luego se inmortalizó con el nombre de “Leones Invencibles de Las Heras” y que aún subsiste: “El Batallón Nº 11 de los Andes”.
Combatió en Chacabuco y en Gavilán y, cuando el ejército argentino-chileno que mandaba O’Higgins puso sitio a la fortaleza de Talcahuano, fue designado para atacar el Morro artillado de la derecha. El 6 de diciembre de1817 rompió la marcha el glorioso Nº 11 antes de despuntar el alba y, poco después, los fuegos de los defensores alumbraban el escenario dantesco de la acción.
En avance inexorable y resistiendo a las descargas del enemigo, los infantes de Las Heras ocuparon la posición después de una corta pero sangrienta lucha, donde la bayoneta y el sable hirieron y desgarraron sin descanso. Al querer internarse en la fortaleza se encontró el Jefe argentino con una profunda zanja, cuyo puente había sido levantado, que impedía su paso y desde allí se trabó en un combate por el fuego con las fuerzas de Su Majestad que, justo es decirlo, se defendían con singular denuedo. Al amanecer, la posición de los conquistadores del Morro se hizo insostenible, sin embargo, Las Heras continuó al frente de sus hombres, sin retroceder un paso, hasta que recibió la orden de retirarse.
Sin mayor apuro, el bravo Jefe del 11º mandó retirar primero a los heridos y luego a los prisioneros, clavó los cañones del enemigo que tan valerosamente habían tomado y luego, sereno y magnífico, inició el repliegue al redoblar de los tambores, como si fuera en una parada, bajo el fuego de toda la artillería enemiga.
Cuentan los que tuvieron el honor de presenciar la heroica actitud de este coloso de la Patria, que se dirigió a su punto de partida con la espada bajo el brazo y señalando, con el brazo extendido el camino que debía seguir su tropa.
Estos son los ejemplos que deben seguirse para lograr proyectar un porvenir luminoso e inmenzo para nuestra Patria. Los Padres de la Patria tuvieron esa talla y ese temple. Rindámosle el homenaje que merecen y llevemos a Nuestra Nación al lugar que merece.
Fuente: Juan Román Silveyra, Anecdotario Histórico Militar, Ediciones Argentinas Brunetti.

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sábado, 10 de julio de 2010

EL CORONEL KINGSTON Y LOS PATRICIOS


En la segunda invasión inglesa, al igual que en la anterior, el pueblo de Buenos Aires se defendió heroicamente desde las ventanas y azoteas de las casas, infligiendo serias bajas a los invasores que, después de luchar sin esperanzas, debieron parlamentar y embarcarse nuevamente en su flota, para regresar a la isla lejana con la convicción de que esta gran aldea colonial de calles polvorientas y veredas altas era inconquistable.
En esos días los hospitales estaban repletos de heridos de ambos bandos y el Virrey Liniers los recorría preocupándose por igual del estado de sus hombres y de los ingleses.
En una de sus visitas, el Coronel Kingston, que se hallaba próximo a la muerte, le preguntó haciendo un esfuerzo:
- General ¿Quiénes son unos soldados de porte altivo que visten de azul y blanco y ciñen al cuerpo airosa faja?
- Los Patricios – le respondió con simpatía Liniers.
- Batiéndome con ellos fui herido y me complace reconocer que jamás un militar pundonoroso pudo hallar más dignos y valientes enemigos. ¿Seríais tan generoso caballero, que concedierais un preciado don a un enemigo desgraciado?
- Concedido, Coronel, si está en mis manos poder hacerlo.
- Pues bien; permitid a que se me entierre en el cuartel de esos patricios, moriré feliz sabiendo que voy a dormir mi último sueño bajo la protección de esos valientes.
Así fueron de hidalgos y valientes los adversarios de esa época. Gloriosa época, en que si se hubiera hecho un verso por cada acto heroico, nuestra historia estaría escrita en estrofas.
Fuente: Juan Román Silveyra, Anecdotario Histórico Militar, Ediciones Argentinas Brunetti.

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viernes, 9 de julio de 2010

DIA DE LA INDEPENDENCIA


El Congreso General reunido en Tucumán, en sesión presidida por don Narciso de Laprida, pese a la crítica situación en que se hallaba la causa de la emancipación americana, declaró la independencia de las Provincias de la Unión respecto "de España y de toda dominación extranjera", tal como lo venían reclamando los pueblos que lo habían imbuido con su mandato.

El 9 de julio de 1816 se produce la Declaración de la Independencia Argentina. Un Congreso integrado por diputados de las Provincias Unidas del Río de la Plata, reunido en la ciudad de Tucumán, declara solemnemente: "...que era voluntad unánime de las Provincias Unidas de Sud-América romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar sus derechos, investirse del alto carácter de nación libre e independiente, quedando de hecho y de derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exigiere la Justicia". Se había establecido que la presidencia del Congreso fuera rotativa mes a mes. Al Doctor Francisco N. de Laprida, diputado por la provincia de San Juan, le cupo el alto honor de ejercerla durante el mes de Julio.

“La Declaración de la Independencia fue, básicamente, un acto de coraje, una especie de gran compadrada en el peor momento de la emancipación americana”, escribe Félix Luna. El historiador explica por qué:
“En el norte del continente, Bolívar había sido derrotado. Chile estaba nuevamente en manos de los realistas. Los españoles amenazaban Salta y Jujuy y apenas si eran contenidos por las guerrillas de Güemes. Para empeorarlo todo, Fernando VII había recuperado el trono de España y se preparaba una gran expedición cuyo destino sería el Río de la Plata. La Banda Oriental estaba virtualmente ocupada por los portugueses. Y en Europa prevalecía la Santa Alianza , contraria a las ideas republicanas. En ese momento crítico los argentinos decidimos declararnos independientes. Fue un gran compromiso, el rechazo valiente de una realidad adversa. Era empezar la primera navegación de un país independiente, sin atender las borrascas ni los riesgos. Un acto de coraje”.

A la independencia de Carlos Guido Spano

”La tierra estaba yerma, opaco el cielo,
la derrota doquier, nuestros campeones
que en la tremenda lid fueron leones,
ven ya frustrado su arrogante anhelo.

América contempla en torvo vuelo
la bandera de Mayo hecha jirones.
El enemigo avanza: sus legiones
cantan victoria estremeciendo el suelo.

Pero la Patria, irguiéndose entre ruinas,
¡atrás! prorrumpe, libre se proclama,
rompe el vil yugo con potente brazo.

Y, triunfantes las armas argentinas
llevan la libertad, su honor, su fama,
desde el soberbio Plata al Chimborazo.”


En la imagen: Antigua Postal del Centenario.

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jueves, 8 de julio de 2010

DÍA DEL EX CADETE DE LOS LICEOS MILITARES


En esta fecha, los liceos militares celebran el día del ex cadete con una fiesta a la que concurren los integrantes de todas las promociones. Para ellos, nuestro más cordial saludo.
El Liceo Militar fue creado por medio del Superior Decreto del 8 de enero de 1938, firmado por el Presidente de la Nación, Agustin P. Justo. La idea de la creación perteneció al General de División Ramón Molina.
123.276 - Buenos Aires, 8 de enero de 1938

CONSIDERANDO:
Que los excelentes resultados alcanzados en la educacion e instrucción de los cadetes del Colegio Militar ponen de manifiesto la conveniencia de que dichos beneficios alcancen paulatinamente a la juventud que cursa estudios secundarios;
Que esta educación e intruccion solo pueda asegurarse en internados que, con regimen semejante al que tiene el Colegio Militar, aseguran el debido control de los alumnos.
Que hay conveniencia en que dichos institutos se mantengan bajo la dependencia del Ministerio de Guerra, para asegurar así la continuidad de su regimen, que puede señalarse como modelo no solo en cuanto se refiere a la enseñanza evolutiva, sino tambien a la que se refiere a la educacion fisica y moral.
Que, trasladado el Colegio Militar a sus nuevos edificios queda disponible el actual local, el cual con algunas modificaciones puede adaptarse al fin propuesto.

EL PRESIDENTE DE LA NACION ARGENTINA DECRETA:
- Crease el Colegio Nacional Militar, bajo la dependencia del Ministerio de Guerra incorporado a la enseñanza secundaria.
- El Colegio Nacional Militar funcionará como internado y desarrollará los planes de estudios vigentes en los Colegios Nacionales, quedando habilitado para expedir titulos de Bachiller. El regimen interno del Colegio Nacional Militar se establecerá tomando por base al del Colegio Militar.
- El presente decreto será refrendado por los Señores Secretarios de Estado de los Departamentos de Justicia e Instrucción Pública y de Guerra.
- Comuníquese, dése al Registro Nacional, publíquese en el Boletin Militar 2da. parte y Archívese.

FIRMADO:
AGUSTIN P. JUSTO - BASILIO B. PERTINE - JORGE DE LA TORRE


CANCION DEL "EX CADETE"
(Letra y Música: Osvaldo Cattaneo -promoción 12-)

Fuimos y somos espíritu indomable
cuya Misión es por siempre defender
que esté bien alto el pabellón de los Liceos
segundo hogar en nuestro amanecer.

No claudicar es consigna irrevocable
del ex cadete que siempre te ha de honrar
poder cantarte, Liceo, es nuestro modo
de asi decirte que en nosotros vivo estás.

Volver a sentir...
que marcho al compás
de sones que agitan mi emoción
Oir la canción
en la que tú estás
me lleva a evocar el tiempo aquél
en el cual me formé
junto a quienes son
Amigos de hoy que ayer forjé.
Recuerdos de infancia
que aun viven en mi mente
y que hoy, nuevamente
siento en mí, latir.

Tu eres el fuego, Liceo, que alimentas
la llama eterna de nuestra gratitud,
y serás siempre, Liceo, como has sido,
faro que guía a nuestra juventud.

Que hermoso que es
volver a vivir
esa sensación que un día yo sentí;
es mi corazón
que muy raudo vá
en pos de ese tiempo que voló,
pero hoy retornó
y está junto a tí, Liceo
al que siempre recordé.
Tu Orden del Sol,
que ayer llevé en mi frente
hoy llevo vehemente
en mi corazón...
¡Hoy llevo vehemente
en mi corazón!

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miércoles, 7 de julio de 2010

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE ILDEFONSO DE LAS MUÑECAS


El coraje de un sacerdote tucumano, el doctor Ildefonso Muñecas, quedaría resonando en la sangrienta crónica de la Guerra de la Independencia en el Alto Perú. Nació en la ciudad de San Miguel de Tucumán en 1776, siendo sus padres Juan José Muñecas, español, y Elena Alurralde, tucumana (hermana por parte de madre de José Ignacio Garmendia). A la edad de 7 años tuvo la desgracia de perder a su padre, y habiendo resuelto su madre contraer segundas nupcias, fue enviado a la ciudad de Córdoba, a educarse, conjuntamente con sus dos hermanos, Juan Manuel y Angela.

En aquella ciudad realizó sus primeros estudios que prosiguió en el Colegio de Monserrat, y sintiendo decidida vocación por la carrera del sacerdocio, a ella se dedicó y muy joven todavía recibió las órdenes sagradas, y a la vez el título de doctor conferido por la Universidad de San Carlos en el año 1798. De regreso a Tucumán, se contrajo a la erección de un templo destinado al Señor de la Paciencia, obra para la cual se dedicó a reunir algunas limosnas entre el vecindario.

En estas circunstancias pasaba por Tucumán con dirección al Alto Perú, el Sr. San Clemente, Presidente de la Real Audiencia de Charcas, quien le instó para que le acompañara a su destino en calidad de capellán. El Dr. Muñecas al principio se resistió a acompañar a aquel señor, pero cedió finalmente, pensando que podría aprovechar el viaje para reunir mayores recursos para la realización de su obra. Pero al llegar al Alto Perú cambió de resolución y fue nombrado Cura Rector de la Catedral de Cuzco. Posteriormente realizó un viaje por Europa.

Mientras Muñecas ejercía su sagrado apostolado, no perdía de vista la causa emancipadora de América, tomando parte en el levantamiento de 1809. De acuerdo con los principales patriotas de Cuzco, fue el alma del levantamiento del 3 de agosto de 1814, que encabezó el cacique indígena Mateo Pumakahua; el 20 de aquel mes ocupó a Puno la columna del coronel José Pinelo, uno de los tenientes de aquel Cacique, y de la cual fue designado Muñecas capellán y secretario del Coronel de referencia. En setiembre de aquel año se aproximó la columna de Pinelo a la ciudad de La Paz, y su gobernador, el Conde Valde Hoyes, impotente para librar una batalla campal, se preparaba a la resistencia, atrincherándose en el recinto de la ciudad. Un suceso inesperado produjo en tales circunstancias una impresión profunda en el ánimo del Dr. Muñecas.

Su hermano Juan Manuel residía en La Paz desde 1810, y cuando al año siguiente penetraba en el Alto Perú la primera expedición auxiliadora, acudió presuroso a los valles de Jarota, donde sus numerosas relaciones le aseguraban un gran prestigio, formó allí un cuerpo de 800 a 1.000 plazas, que condujo en persona y puso a disposición de Castelli, rehusando el grado de coronel que le quiso acordar Castelli. Esta circunstancia y el ascendiente que gozaba Juan Manuel Muñecas entre los Cholos de La Paz, debía hacer creer al gobernador Valde Hoyos, en la existencia de una secreta complicidad entre aquél y su hermano Ildefonso. Colocado en prisión por esta sospecha, fue puesto en capilla para ser pasado por las armas, tan pronto la columna de Pinelo atacara la ciudad. Empezaba este hecho a sublevar la opinión popular, lo que obligó al gobernador a perdonarle la vida, con la condición precisa de defender, bajo su palabra de honor, un punto de las trincheras que había levantado en la ciudad; al efecto, Juan Manuel Muñecas se encargó del mando de la que se había levantado en la esquina del Cabildo, y que era precisamente el punto que desde el Alto de Santa Bárbara atacaba el Dr. Muñecas con algunas piezas de artillería. Llevado a cabo el asalto, este último se apoderó del punto defendido por su hermano, al que tomó prisionero. Rendida la plaza sin que escapara uno solo de sus defensores, tres días después se produjeron los sangrientos sucesos conocidos en Bolivia con el nombre de el “28”. En una de las casas centrales explotó un polvorín haciendo volar en pedazos a los soldados que lo custodiaban, hecho que se atribuyó a los españoles que acababan de ser vencidos, lo que hizo estallar la rebelión popular.

La plebe enfurecida empezó una terrible matanza; el conde Valde Hoyes, que desde la toma de la ciudad se hallaba preso en una de las habitaciones del Cabildo, fue arrojado por los balcones y arrastrado por las calles. En estos momentos, el Dr. Muñecas y su hermano Juan Manuel se presentaron en la plaza y proclamaron a las turbas enfurecidas, consiguiendo el primero con el ascendiente de su voz elocuente calmar la indignación del pueblo. Gracias a esto lograron salvarse más de 50 padres de familia que se escudaron detrás de la persona del Dr. Muñecas. Calmados un poco los espíritus, este último se colocó a la cabeza de sus protegidos, mientras su hermano se puso al final de la columna, atravesando las grandes masas de pueblo y consiguió asilarlos en su propia casa.

Mientras la revolución cobraba amplitud en La Paz, el general Valdéz, la invadía nuevamente al frente de una columna de fuerzas regulares. Pinelo los esperó en los Altos de aquella ciudad, llamados el Tejar, donde el ejército patriota sufrió una tremenda derrota, y en este combate, el Dr. Muñecas jugó el mismo rol importante que en las anteriores operaciones. Producido el descalabro, logró refugiarse en los bosques de Larecaja, pertenecientes a la provincia que hoy lleva su nombre. Lo acompañaron algunos oficiales y emigrados de La Paz.

No permaneció inactivo en su retiro; sublevó en masa los habitantes de la comarca, a la que gobernaba en su doble autoridad de clérigo y de caudillo, sirviendo así de vínculo a la insurrección popular del Alto y del Bajo Perú, pudiendo contribuir a la par de muchos otros caudillos patriotas, a preparar el terreno para la invasión del Ejército Auxiliar mandado por Rondeau, en 1815. La comarca que dominaba Muñecas estaba situada al Norte de La Paz, sobre las márgenes del Desaguadero y del lago Titicaca. En el último año citado inició sus hostilidades sobre Puno y La Paz, obrando de acuerdo con los caudillos Monroy, Carrera y Carrión, escapados como él de la derrota de Pinelo. Batidos éstos, en los altos de Paucarcolla (entre Puno y Lampa), Monroy, viéndose perdido, se suicidó de un pistoletazo; mientras que Carrión, Carrera y conco compañeros más, fueron fusilados y sus cabezas clavadas en los caminos. Muñecas se internó a Larecaja por Huancane, rodeando el lago de Titicaca por el Norte, y sublevó todo el país hasta Omasuyos, amenazando por el extremo opuesto los departamentos de Puno y La Paz. Una expedición como de 400 hombres salió en su persecución, en enero de 1816, después de las terribles derrotas sufridas por el Ejército Auxiliar, pero después de 35 días de hostilidades se vio obligada a evacuar el territorio, quedando Muñecas dueño de toda la parte al Oriente del Lago Titicaca. Por tercera vez se organizaba una expedición, pero esta vez compuesta por dos columnas; una que partió de La Paz, a las órdenes del comandante Aveleyra; y otra, de Puno, a las órdenes del coronel Agustín Gamarra, los cuales, rodeando el Lago en sentido opuesto, debían estrechar a Muñecas sobre la cordillera de Sorata. Alcanzando a fines de febrero, al Norte de este gran nevado, en la cordillera de Cololó, fue completamente batido por Gamarra el 27 de aquel mes, tomándole 106 prisioneros mestizos que componían su batallón sagrado. Todos fueron pasados por las armas y sus cabezas colgadas en los pueblos que circundaban el Lago.

El Dr. Muñecas, destruido el núcleo militar, se refugió en las inaccesibles quebradas del Valle de Larecaja, donde se ocultó viviendo en una cueva, socorrido por algunos indios fieles, hasta que un día un indígena compadre suyo, Manuel González, lo denunció a las fuerzas españolas, siendo tomado preso con 30 compañeros, los cuales fueron inmediatamente pasados por las armas. Muñecas fue entregado por Pezuela al capitán limeño Pedro Salar, destacado por aquel General desde Ayoayo, donde el vencedor de Vilcapugio y Ayohuma se hallaba de tránsito. Salar recibió orden de conducir al preso al Cuzco, para allí ser degradado y ahorcado. Pero antes de llegar al Desaguadero, entre Tiahuanaco y Huaqui, el 7 de julio de 1816, fue asesinado por sus conductores, mediante un tiro disparado por uno de los soldados desde atrás, por orden expresa del capitán Salar, cayendo herido mortalmente el Dr. Muñecas, cuyo cadáver quedó en el camino, siendo recogido por los indios fieles y enterrado en el interior de la Capilla de Huaqui. Una modesta cruz colocada y conservada por los mismos indios, señala el lugar donde tuvo su trágico fin el Dr. Muñecas, el cual, según los realistas, murió por un tiro escapado casualmente a uno de sus conductores.

Se dice que el autor del crimen fue un hermano de González, a quien los españoles pagaron con dinero y “una charretera refulgente”, este servicio que suprimía a uno de sus más terribles y populares adversarios.

El Dr. Muñecas fue hombre de inteligencia y de acción y se hizo notar como uno de los más ardientes tribunos de la Revolución.

Repatriación de sus restos

En 2007 la Cámara de Diputados de la Nación emitió un Proyecto de Declaración según el cual: “vería con agrado que el Poder Ejecutivo nacional, realice las gestiones necesarias para proceder a la repatriación de los restos mortales del presbítero tucumano Ildefonso Escolástico de las Muñecas, sacerdote de la Iglesia Católica que al margen de su función pastoral se destacó heroicamente en la guerra por la independencia americana durante la campaña del Alto Perú. Su cuerpo descansa en la capilla de Huaqui, Bolivia”.

“El pueblo tucumano, honrando su memoria, puso su nombre a una de las calle principales y a un barrio de su ciudad capital. Querríamos también rendir tributo a sus restos mortales, en la misma ciudad en que nació, por lo cual pedimos la repatriación. Todo ello sin perjuicio de reconocer el lugar prominente que ocupa en la historia del hermano país”.

Fuentes: Diario La Gaceta, San Miguel de Tucumán, Domingo 10 de Diciembre de 1989. / www. revisionistas.com.ar / Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado. / Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1939)

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