sábado, 8 de febrero de 2014

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL GENERAL MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES

Güemes se crió en el seno de una familia adinerada. Su padre, Gabriel de Guemes Montero de la Bárcena Campero, era un hombre ilustrado y cumplía funciones de tesorero real de la corona española. Logró que su hijo tuviera una buena educación con maestros particulares que le enseñaron los conocimientos filosóficos y científicos de su tiempo.
Cursó sus estudios primarios en su ciudad natal, alternando la enseñanza formal con el aprendizaje de las labores campesinas en la finca donde vivía con su familia. A los 14 años se enroló en el Regimiento Fijo de Infantería, cuyo cuartel central estaba en Buenos Aires pero tenía un batallón en Salta a raiz de la rebelión de Tupac Amaru II desde 1781.
En 1805 fue enviado con su regimiento a Buenos Aires, ya que el Virrey Sobremonte temía un ataque inglés. Éste se produjo al año siguiente, iniciando las invasiones inglesas, participando Güemes en la Reconquista de Buenos Aires. Al año siguiente participó también de la Defensa de la ciudad y protagonizó una curiosa hazaña: al ver que un barco inglés había encallado por una bajante repentina del río, dirigió una carga de caballería y lo abordó. Fue una de las muy pocas veces en la historia que un buque de guerra fue capturado por una partida de caballería.
En 1808 sufrió una enfermedad en la garganta, de la que surgió una seria deficiencia al hablar, una pronunciación gangosa de las palabras, que causaba la burla de sus compañeros. Todo indica que sufrió las complicaciones que suelen acompañar a la hemofilia, enfermedad que hasta ese momento no era conocida, y que dificulta mucho la cicatrización de las heridas externas e internas. Logró su traslado a Salta.
Después de la Revolucion de Mayo de 1810, fue puesto al mando de un Escuadrón Gaucho en la Quebrada de Humahuaca y en los valles d Tarija y Lípez, impidiendo la comunicación entre los contrarrevolucionarios y los realistas del Alto perú. En Suipacha, único triunfo de las armas patriotas en el intento de recuperar el valioso territorio altoperuano, la participación del capitán Güemes fue decisiva.
Permaneció en la zona de la Quebrada hasta después de la derrota de la Batalla de Haqui, y prestó su ayuda a los derrotados que huían; allí comenzó su famosa guerra de recursos, con la que posiblemente retrasó el avance de partidas realistas antes de la llegada del ejército principal, que mandaba el general Pío Tristan.
Con su ayuda, el General Pueyrredón logró atravesar la selva oranense y salvar los caudales de la Ceca de Potosí, que estaba en poder de los realistas. Pero cuando el General Manuel Belgrano asumió el mando del Ejército del Norte, ordenó su traslado por indisciplina, causada por un lío de polleras de otro oficial. Permaneció en Buenos Aires, agregado al Estado Mayor General.
Al conocerse en Buenos Aires el desastre de Ayohuma, Güemes fue ascendido a teniente coronel y enviado al norte, como jefe de las fuerzas de caballería de San Martín, nuevo comandante del Ejército del Norte. Se hizo cargo de la vanguardia del ejército reemplazando en ese puesto a Manuel Dorrego, otro oficial brillante que había sido desterrado por problemas de disciplina.
Se presentó en Salta como el protector de los pobres y el más decidido partidario de la Revolución (de la que empezaban a dudar las clases altas). Pero aun así, no logró nuevos aportes de recursos de parte de la clase adinerada. Es en esta época cuando se evidencia la figura de su hermana María Magdalena “Macacha” Guemes como una de sus principales colaboradores.
San Martín le encomendó el mando de la avanzada del río Pasaje (hoy llamado Río Juramento, porque en sus márgenes el general Belgrano hizo jurar obediencia al gobierno de Buenos Aires, la Asamblea del Año XIII, y la Bandera Nacional). Poco después, asumía también el mando de las partidas que operaban en el Valle de Lerma (en el que está la ciudad de Salta). De este modo iniciaba la Guerra Gaucha, ayudado por otros caudillejos, como Rurela, Saravia, Gorriti o Latorre. Ésta fue una larga serie de enfrentamientos casi diarios, apenas cortos tiroteos seguidos de retiradas. En esas condiciones, unas fuerzas poco disciplinadas y mal equipadas pero apoyadas por la población podían hacer mucho daño a un ejército regular de invasión.
Con su ejército formado por gauchos del campo, rechazó el avance del General Pezuela y posibilitó el inicio de un nuevo avance hacia el Alto Perú. Bajo el mando del General José Rondeau, tuvo un papel destacado en la victoria de Puesto del Marqués. Pero, indignado por el desprecio que mostraba éste por sus fuerzas y por la indisciplina del ejército, se retiró del frente hacia Jujuy. Daba por descontado la derrota del Ejército del Norte en esas condiciones y, en ese caso, necesitaría a sus hombres. Al pasar por Jujuy se adueñó del armamento de reserva del ejército; al enterarse, Rondeau (que era también director supremo) lo declaró traidor.
La vuelta se debía también a razones políticas, ya que deseaba desplazar al partido conservador del gobierno salteño. Y, por supuesto, también a sus propias ambiciones políticas.
La retirada coincidió con la llegada a Salta de la noticia de la caída del Director Supremo Alvear, lo que quitaba autoridad al gobernador intendente, Hilarón de la Quintana. Por otra parte, Quintana no estaba en Salta, sino que había acompañado a Rondeau — que había sido nombrado Director Supremo, aunque reemplazado interinamente por un sustitito — en su avance hacia el Alto Perú.
Cuando llegó a Salta, el pueblo salió a la calle y pidió al cabildo el nombramiento de un gobernador, sin participación del Directorio. Además de ser el único candidato a la vista, Güemes tenía a su favor la presencia de su hermano, el doctor Juan Manuel de Guemes, como uno de los miembros del cabildo para ese año. Éste eligió a Martín Miguel de Güemes con el título de Gobernador Intendente de Salta, jurisdicción integrada entonces por las ciudades de Salta, Jujuy, Tarija, Oran y varios distritos de campaña. Era la primera vez que las autoridades de Salta eran elegidas en la propia provincia desde 1810; desde el punto de vista de muchos salteños, hasta ese momento todo se había reducido a cambiar las autoridades arbitrarias de España por las de Buenos Aires, tan arbitrarias como aquéllas.
El Cabildo de Jujuy se negó a reconocerlo, pero Güemes negoció cuidadosamente para hacerse reconocer como tal. Como esa ciudad tardara en reconocerlo, aprovechó la amenaza de un ataque realista para avanzar con tropas hacia la ciudad, con lo que presionó y logró hacer que el cabildo lo aceptara. De todos modos, el teniente de gobernador local, mariano de Gordaliza, no podía ser considerado un subordinado complaciente de Güemes.
Dos semanas después de asumir el gobierno, Güemes contrajo matrimonio con Carmen Puch, miembro de una acaudalada familia con intereses en Rosario de la Frontera.
Poco después de su llegada al poder y de saber la reacción negativa de Rondeau, llegó a Tucumán una fuerza desde Buenos Aires que iba en apoyo del Ejército, al mando de Domingo French. Pero como éste tenía instrucciones de derrocar a Güemes al pasar por Salta, le negó el paso hasta que lo hubo reconocido como gobernador. Pero ya era tarde: cuando llegaron a Humahuaca, se enteraron de la derrota de Sipe Sipe en noviembre de 1815.
Rondeau, enfurecido con Güemes por la revolución en Salta y por haberle impedido llegar refuerzos, retrocedió a Jujuy. Con apoyo de Gordaliza, se trasladó hasta Salta y ocupó la ciudad. Pero enseguida se vio rodeado por las guerrillas gauchas y tuvo que capitular, firmando con Güemes el tratado de los Cerrillos, reconociéndolo como gobernador y encargándole la defensa de la frontera. Poco después, Rondeau era reemplazado por Belgrano en el Ejército del Norte, y por Pueyrredón en el Directorio. Pero no habría más expediciones al Alto Perú.
Entonces las milicias gauchas al mando del heroico salteño pasaron a desempeñarse como ejército en operaciones continuas
Güemes y sus gauchos detuvieron otras seis poderosas invasiones al mando de destacados jefes. La primera fue la del experimentado mariscal De la Serna, el cual, al mando de 5.500 veteranos de guerra, partió de Lima asegurando que con ellos recuperaría Buenos Aires para España. Después de derrotar y ejecutar a los Coroneles Padilla y Warnes, ocupó Tarija, Jujuy y Salta y los pueblos de Cerrillos y Rosario de Lerma. Pero Güemes lo dejó incomunicado con sus bases ocupando Humahuaca, venció a uno de sus regimientos en San Pedrito, y dejó sin víveres la capital de la provincia. De la Serna tuvo que retirarse, hostigado todo el tiempo por las partidas gauchas.
Meses después, el General Pedro de Olañata, enemigo acérrimo del salteño, volvió al ataque y capturó al más importante de los segundos de Güemes, el General Fernandez Campero, popularmente conocido como el Marques de Yavi, jefe de la defensa de la Puna. Pero no pudo pasar más allá de Jujuy.
Hubo una nueva invasión en 1818, dirigida por Olañeta y Valdés, y otra más en 1819, mandada por Olañeta. La más importante fue la mandó el segundo de De la Serna, General Juan Ramírez Orozco que en junio de 1820 avanzó con 6.500 hombres. En todas éstas obligó a su enemigo a retroceder después de haber tomado Salta y Jujuy.
Si bien la estructura militar de entonces no contemplaba un Estado Mayor, en la práctica Güemes contaba con cuadros superiores organizados, entre los que se encontraban el Marques de Yavi Juan Jose Feliciano Fernández Campero; el Coronel Francisco Pérez de Uriondo, responsable militar de Tarija; Coronel Manuel Arias, a cargo de Orán; y el Coronel Francisco Pérez de Urdinenea, proveniente de las filas del Ejército del Norte, en Humahuaca. En el valle de Jujuy estuvieron los coroneles Domingo Arenas en Perico y el Teniente Coronel Eustaquio Medina, a cargo del río Negro. Más movilidad tenían otros jefes, como Jose Ignacio Gorriti, Pablo Latorre o José Antonio Rojas. El frente de combate a su cargo tenía una extensión de más de setecientos kilómetros, desde Volcán hasta más allá de Oran, y se conoció como Línea del Pasaje.
Todo el mundo participaba en la lucha: como guerreros los hombres, como espías o mensajeros las mujeres, los niños y los ancianos. Las emboscadas se repetían en las avanzadas de las fuerzas de ataque, pero más aún en la retaguardia y en las vías de aprovisionamiento. Cuando los realistas se acercaban a un pueblo o una hacienda, los habitantes huían con todos los víveres, el ganado, cualquier cosa que pudiese ser útil al enemigo. Por supuesto que esta clase de lucha arruinó la economía salteña, pero nadie se quejaba, al menos en las clases populares. Por cierto, jamás tuvo apoyo alguno del gobierno del Directorio; y la ayuda que le prestó el Ejército del Norte fue muy limitada.
El papel de Güemes en el conjunto era el de organizar la estrategia general y financiarla. Pero tenía un detalle curioso: sus hombres se hubieran hecho matar por él, pero él mismo nunca entraba en combate; nunca se lo reprocharon ni le exigieron que los acompañara. Por eso sus enemigos y los historiadores del siglo XIX lo acusaron de cobarde. No era cobarde: era hemofílico. Cualquier herida le hubiera causado la muerte; de hecho, una herida sin importancia le causaría la muerte.
Güemes había conversado con San Martín sobre sus ideas de atacar Perú desde Chile. Pero San Martín necesitaba tener las espaldas cubiertas, con fuerzas activas en la frontera norte de Salta, para mantener ocupados los ejércitos realistas muy lejos de Lima. La persona más indicada para dirigir esas operaciones era Güemes, y San Martín lo nombró General en Jefe del Ejército de Observación. Éste estaba continuamente informado sobre los movimientos de San Martín en la campaña del Pacífico, y cuando éste desembarcó en la costa peruana, decidió avanzar hacia el Alto Perú.
Pero ya no podía contar con el Ejército del Norte, del que sólo quedaba una pequeña división al mando del Coronel Alejandro Heredia (que estaba a órdenes de Güemes), y algunas armas en Tucuman. Pero éstas estaban en poder del Gobernador Bernabé Aráoz, que las estaba usando para tratar de volver a la Provincia de Santiago del Estero a la obediencia a su gobierno.
A principios de 1821, el gobernador de Santiago, Ibarra, pidió auxilio a Güemes, y éste invadió Tucumán, más para apoderarse de las armas que necesitaba que por solidaridad. Pero el ejército salteño, al mando de Heredia (tucumano), fue derrotado por el tucumano al mando de Arias (que era salteño, extraña coincidencia).
El cabildo de Salta, formado por las clases altas de la ciudad, cansadas de pagar las contribuciones forzosas que exigía Güemes, aprovechando la ausencia del caudillo, lo acusó de “tirano” y lo declaró depuesto. Muchos de sus miembros se habían puesto de acuerdo con el general Olañeta para entregarle la ciudad. Güemes regresó sin prisa, ocupó pacíficamente la ciudad, y perdonó a todo el mundo. Ésa fue la llamada "Revolución del Comercio"; aunque fracasada, dio inicio a un partido de oposición, conocido como "Patria Nueva", en oposición a la "Patria Vieja", es decir, al partido de Güemes.
Pero no todo había terminado: Olañeta ya estaba en camino, y mandó al coronel “Barbarucho” Valdez por un camino desierto de la Puna, guiado por miembros de la familia realista Archondo. El 6 de junio, Valdez ocupó la ciudad de Salta, y al salir a combatirlo, Güemes fue herido por una bala. Siguió a caballo hasta una hacienda a dos leguas de la ciudad, pero su herida, como cualquier herida profunda de un hemofílico, nunca cicatrizó.
Murió diez días después, el 17 de junio de 1821, a la intemperie, en un catre improvisado por el Capitán de Gauchos Mateo Ríos, en la Cañada de la Horqueta (cerca de la ciudad de Salta). Tenía 36 años y fue el único general argentino caído en acción de guerra externa.

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viernes, 7 de febrero de 2014

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL CORONEL AMBROSIO CRÁMER

El día 7 de febrero de 1792, nace en París, Francia, el Coronel Ambrosio Crámer. Egresado de la Escuela Militar de Nobles en 1808, pasó a formar parte del 5° Regimiento de Infantería de la Grande Armée. Después de la Batalla de Waterloo vino al Río de la Plata con otros oficiales franceses como Brandsen y Bruix. Colaboró con entusiasmo y valentía en la emancipación americana, acumulando fama y gloria. El Director Supremo, General Juan M. de Pueyrredón lo nombró Sargento Mayor del 1er. Batallón de Cazadores de los Andes en 1816. Luego el General José de San Martín le encomendó la organización –durante la formación del Ejercito de los Andes- del Regimiento N° 8 de Infantería, sobre la base del 2° Batallón de dicha unidad. Poco después cruzó con su unidad la Cordillera, batiéndose con singular determinación en la Batalla de Chacabuco. Posteriormente fue ayudante de campo del General Manuel Belgrano. Volvió a Francia, para retornar luego a la Argentina. En 1821, por encargo del gobierno, hizo un relevamiento de las defensas del puerto de Carmen de Patagones, en la desembocadura del Río Negro. En 1823, formó parte de una campaña al desierto como jefe de ingenieros. Fue uno de los fundadores de Tandil. Murió en la Batalla de Chascomús, luchando como parte de la Revolución de los Libres del Sur contra Juan M. Rosas, en el año 1839.

Se enroló como cadete en los ejércitos de Napoleón Bonaparte en 1806. Hizo la campaña de España, donde fue herido dos veces.
Años más tarde se recibió de ingeniero militar y combatió en la batalla de Waterloo. Después de esa batalla fue dado de baja del ejército francés y proscrito por sus ideas políticas, al considerársele bonapartista.
Llegó a las Provincias Unidas del Río de la Plata a mediados de 1816 junto con otros oficiales, como Federico Brandsen, Alejo Bruix y su hermano, Benjamín Viel y otros en el Celeste, provenientes del puerto de Calais, Francia. El Director Supremo Pueyrredón lo nombró Sargento Mayor del 1er. Batallón de Cazadores de los Andes, de modo que se incorporó al Ejército de los Andes. Posteriormente, el general José de San Martín le encargó la organización del Regimiento N° 8 de Infantería, formado por esclavos negros sobre la base del 2do. Batallón de Cazadores.
Participó del Cruce de los Andes al frente de las Compañías de Fusileres de esa unidad, y participó en la Batalla de Chacabuco, en la que la carga a la bayoneta de su cuerpo tuvo un papel principal en la victoria.
Posteriormente fue asignado a la guarnición de Santiago de Chile, mientras el resto del Ejército hacía la campaña del sur de Chile. Tras un entredicho con el general San Martín, obtuvo la baja y regresó a las Provincias Unidas. Allí se unió al Ejército del Norte y fue edecán del general Manuel Belgrano. A fines de la década hizo un breve viaje a Francia.
Tras el motín de Arequito se unió al ejército de Buenos Aires y luchó en Cepeda y Cañada de la Cruz. Al año siguiente participó en la campaña contra el caudillo federal Francisco Ramírez.
En 1821 fue enviado a efectuar reparaciones en el puerto de Carmen de Patagones, y acompañó como jefe del contingente militar una frustrada empresa de colonización de la bahía de San Antonio, en la costa de la actual provincia de Río Negro, dirigida por el francés Leloir, fundador de la familia de ese apellido. Pero el barco naufragó al salir de Carmen de Patagones, y fue uno de los pocos sobrevivientes.
Participó en la campaña que el gobernador Martín Rodríguez llevó contra los indígenas en 1823, y fue el autor de los planos del Fuerte Independencia, inicio de la actual ciudad de Tandil. Estuvo destinado en las guarniciones de Bahía Blanca y Carmen de Patagones.
Pidió su retiro militar en 1825, y al año siguiente obtuvo la licencia oficial de agrimensor; se dedicó a la mensura de campos, en la época de reparto por la ley de enfiteusis. Junto a ese trabajo, acompañó al coronel Federico Rauch en varias operaciones contra los indígenas. Beneficiándose de la ley de enfiteusis, fundó la estancia "La Postrera", un gran establecimiento de cría de ovejas, junto al río Salado y al sur de Chascomús. Por su trabajo de agrimensura fue integrado a la sociedad constituida por Juan Pedro Aguirre, Pedro Andrés García, Manuel José de Haedo y José María Rojas en la enfiteusis de cien leguas solicitada el 21 de febrero de 1826 en la "Sierra del Bolcán", hoy parte de los partidos de Balcarce y Ayacucho; allí surgiría la Estancia San Juan de la familia Girado.
Durante la guerra civil entre Juan Lavalle y Juan Manuel de Rosas tenía amigos en ambos bandos, por lo que se encerró en su campo y no tomó partido.
Fue jefe de ingenieros en la Campaña de Rosas al Desierto del año 1833. En los años siguientes trabajó activamente en mensura de campos y en deslindes de lotes en pueblos del interior de la provincia de Buenos Aires. Tuvo serios problemas con varios jefes políticos y militares de la época de Rosas, especialmente con Prudencio Rosas, hermano del gobernador.
Cuando se produjo el Bloqueo francés al Río de la Plata —a partir de 1838— se vio perjudicado en sus intereses económicos, por la imposibilidad de exportar su producción. La actitud intransigente del gobierno lo llevó culpar a éste de sus problemas. Por otro lado, se lo veía como sospechoso por su origen francés. De modo que pasó rápidamente de la protesta privada y pública a la participación en conspiraciones contra el gobierno de Rosas.
En 1839, los estancieros del sur de Buenos Aires se rebelaron contra Rosas, azuzados por lo que quedaba del partido unitario y la flota francesa que bloqueaba el río. Pedro Castelli, de la zona de Balcarce, fue elegido como jefe militar, dado que era el estanciero que más tropas había logrado reunir. Esta sublevación debía coincidir con el complot dirigido por el coronel Ramón Maza en Buenos Aires y con el desembarco de Lavalle en la zona del Tuyú.
Los otros dos jefes de la conjura eran los coroneles Ambrosio Crámer y Manuel Rico. Este último había participado de la expedición al desierto de 1833 y era entonces Juez de Paz de Dolores. Crámer también aportó tropas y se puso al frente de las fuerzas del partido de Chascomús. Prestó también algunos galpones de su propiedad en Chascomús para ser utilizados como cuarteles de ese ejército improvisado.
Pronto las cosas empezaron a andar mal para los autodenominados "Libres del Sur". La conjuración de Maza fue descubierta, su jefe ejecutado, y su padre, el ex gobernador Manuel Vicente Maza, asesinado en su despacho de la legislatura provincial.
Para empeorar todo, Lavalle faltó a la cita, aceptando en cambio dirigir un pequeño ejército de oficiales hacia la provincia de Entre Ríos: terminaría recorriendo el país entero, de derrota en derrota, hasta terminar muerto de un balazo casual en San Salvador de Jujuy.
Los revolucionarios quedaron librados a sus propias fuerzas y encerrados de tal forma que no podían esperar escapar: tenían a todo el ejército de Rosas al norte, y los “indios amigos” al sur. No obstante, siguieron adelante con sus planes. Habían reunido 2 000 hombres en Dolores y otros 1 000 en Chascomús, y los trasladaron en su totalidad hacia Chascomús. Crámer y Rico se encargaron de la maniobra y del escaso entrenamiento que pudieron dar a sus bisoños gauchos.
El 7 de noviembre de 1839, el ejército al mando de Castelli fue atacado por Prudencio Rosas en las orillas de la Laguna de Chascomús, en la llamada batalla de Chascomús. En un primer momento, la victoria pareció quedar del lado de los rebeldes, y el propio Rosas huyó hacia el norte. Pero la decisiva reacción del coronel Nicolás Granada volcó la batalla en su favor, que quedó decidida cuando el coronel Crámer fue muerto en combate. Una parte de los soldados rebeldes huyeron, y el resto se entregó al enemigo, que fue indulgente con ellos.
Pedro Castelli fue muerto varios días más tarde, cerca de Dolores, mientras Rico pudo huir.

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jueves, 6 de febrero de 2014

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL JUAN GREGORIO DE LAS HERAS


El 6 de febrero de 1866 fallece en Chile el General Juan G. Gregorio de Las Heras. Valiente hasta la temeridad y abnegado hasta el sacrificio en defensa de sus convicciones. Nacido en Buenos Aires en 1780, su apellido era Gregorio de Las Heras y no Las Heras, como se ha difundido. En 1806, luchó en las Invasiones Inglesas. Comandó el Cuerpo de Auxiliares de Chile, enviado por el gobierno de Buenos Aires en ayuda del chileno. En tal carácter combatió en Cucha-Cucha, Membrillar, Maule, Tres Montes, Río Claro Quecheregua y Rancagua. Ante la derrota en esta batalla, los Auxiliares de Chile cubrieron la retirada del gobierno del país y de sus camaradas de armas chilenos hacia Mendoza, a través de la Cordillera de los Andes. Con sus Auxiliares formó parte del Ejercito Libertador, partiendo de Mendoza hacia Chile el 18 de enero de 1817. Intervino en las batallas de Chacabuco, Curapaligüe y Gavilán y en el asalto a la ciudad de Talcahuano. En la derrota nocturna de Cancha Rayada salvó una división de 3.000 hombres y 12 piezas de artillería en una brillante retirada. Esos mismos elementos fueron utilizados luego en la Batalla de Maipú del 5 de Abril de 1818, que selló la libertad de Chile. Integró la expedición libertadora al Perú que zarpó de Valparaíso en 1820, ya graduado de Mayor General, asistiendo al sitio de El Callao en el año siguiente. Electo Gobernador de la Provincia de Buenos Aires en reemplazo del General Martín Rodríguez, su administración duró de 1824 a 1826, en los comienzos de la Guerra con Brasil. Contribuyó a la organización de las tropas que iniciaron esa campaña. Al dimitir su cargo, dirigió un manifiesto a sus conciudadanos el 15 de marzo de 1826, dando cuenta de sus actos de gobierno. Se estableció en Chile hasta el fin de su vida.

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miércoles, 5 de febrero de 2014

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL CORONEL JOSE IDELFONSO ALVAREZ DE ARENALES

Nació en San Antonio de Arque, hoy República de Bolivia, el 5 de febrero de 1798, siendo sus padres, el general Juan Antonio Alvarez de Arenales, soldado de la Guerra de la Independencia, y Serafina Hoyos, noble dama salteña. Estudió matemáticas en Buenos Aires y el 1º de setiembre de 1817 el Director Pueyrredón le extendía despachos de subteniente de Ingenieros. Cursó la Academia de Matemáticas desde el mes de febrero de 1817 hasta el 10 de abril de 1819. Tuvo que rendir examen para salir a campaña antes de esta fecha, mereciendo el cargo de “archivero y guarda-instrumentos” en el último año. En los exámenes respondió con el mayor acierto a todas las preguntas que le fueron formuladas y en sus notas de egreso figura la siguiente honrosa mención: “En todo el tiempo de su estudio ha manifestado la mayor exactitud, aplicación, honor y celo”.

A su solicitud fue destinado al Ejército de los Andes, al que se incorporó el 3 de enero de 1819. El 14 de febrero del año siguiente, el general San Martín le extendió despachos de teniente 2º, en una compañía del Batallón de Artillería de los Andes. En tal carácter concurrió a la campaña libertadora del Perú.

Desempeñó varias comisiones relativas al servicio de Ingenieros y obtuvo más adelante, por esta circunstancia, el diploma y medalla con el lema “Yo fui del Ejército Libertador” y también la “Orden del Sol”, pensionada. Acompañó a su padre en la segunda campaña de La Sierra, desde el 20 de abril hasta el 30 de agosto de 1821 fecha en que entraron en Lima, terminada aquélla y habiendo atravesado dos veces la Cordillera de los Andes. Hizo esta campaña por permiso especial del general San Martín, de quien era ayudante de campo. Por sus merecimientos fue promovido por este último a teniente 1º. El 25 de agosto de ese mismo año, el Protector del Perú, le confirió el empleo de capitán-comandante de la compañía de Artillería Volante de la “Legión Peruana de la Guardia”; y el 10 de diciembre de 1821, lo declaró asociado a la “Orden del Sol”, como queda dicho, con la pensión de 200 pesos anuales.

Promovido a sargento mayor el 24 de octubre de 1821, recibió despachos de teniente coronel graduado, el 10 de julio del año siguiente; pasando poco después a servir a las órdenes de su padre, en el llamado, “Ejército del Centro”, creado por este último en Lima. Habiéndose efectuado una revolución en este ejército contra el Supremo Gobierno, el 28 de febrero de 1823 renunció al cargo de Comandante de Artillería, y pidió su pasaporte para salir del Perú, lo que realizó por la vía de Chile, conjuntamente con su padre, llegando a Buenos Aires, a cuyo Gobierno se presentó el 20 de enero de 1824.

Habiendo sido elegido gobernador de Salta el general Arenales, con fecha 29 de diciembre de 1823, el 11 de marzo del año siguiente su hijo fue destinado por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires para servir a las órdenes de aquel y como jefe de un plantel de fuerzas nacionales que debían organizarse en Salta. Acompañó en clase de edecán al gobernador Arenales, cuando este alistaba la expedición a las provincias del Alto Perú. El 3 de abril de 1825, fue destacado por su padre para invitar al general Olañeta, el cese de las hostilidades, conminándolo a capitular. Pero dos días antes este General había sido herido por sus propios soldados que se le habían sublevado en el pueblo de Tumusla, inmediato a Cotagaita, falleciendo poco después.

La misión del comandante Arenales no solo se limitaba a formular la invitación de referencia, sino que también se le otorgó credencial para saludar “a los Gobiernos e Ilustres Ayuntamientos de las Provincias hermanas del Alto Perú; felicitarlas por haber llegado el momento de entrar en goce de la libertad y disfrutar de sus preciosos dones”.

Desde Tupiza, el 9 de abril, el edecán Arenales ponía en conocimiento de su progenitor los sucesos acaecidos en Tumusla, por la rebelión encabezada por el coronel Carlos Medina Celi (natural de Tupiza). En este punto Arenales recibió nuevas instrucciones, por las cuales debía tratar otros asuntos relativos a la buena marcha de las operaciones; debiendo ir en busca del general Sucre, con pliegos, pasando a Potosí, Chuquisaca, Cochabamba, Santa Cruz y La Paz, “no olvidando de manifestar a los gobiernos de Potosí y Charcas, copia del oficio dirigido a Medina Celi para que sirva de comprobante de las rectas intenciones con que se marcha al Perú”.

Terminada su comisión, Arenales acompañó a su padre, que se detuvo en Potosí y Chuquisaca, en comisión del Supremo Gobierno Argentino, gira que duró desde el 20 de marzo hasta el 30 de agosto de 1825, fecha esta última en que regresaron a Salta. De inmediato, el comandante Arenales fue despachado por el Gobernador para Buenos Aires donde el Superior Gobierno, por decreto del 26 de octubre de 1825, le dio de alta en el Ejército Nacional, en clase de sargento mayor en el Batallón de Artillería perteneciente a las fuerzas que se empezaban a organizar sobre el río Uruguay, cuerpo aquel, de cuya formación, disciplina e instrucción se encargó Arenales.

Hallándose en aquel destino fue nombrado diputado al Congreso Nacional por la provincia de Salta, y en consecuencia, y también por haber contraído una grave enfermedad que lo postró por más de un año, se separó del ejército de operaciones a principios de agosto de 1826 y regresó a Buenos Aires a ocupar su nuevo puesto.

Después de disuelto el Congreso Nacional fue nombrado por el Gobierno, comandante Militar del puerto de la Ensenada, por S. R. de 23 de agosto de 1827. Durante el desempeño de este cargo, sostuvo dos ataques contra la escuadra imperial bloqueadora uno con los fuegos de la batería en defensa de un bergantín que embicó en la playa próxima a la Ensenada; y el otro con los destacamentos de la guarnición de Punta Lara.

Arenales permaneció en el comando del puerto de la Ensenada hasta el 23 de enero de 1828, en que se retiró por haber sido nombrado 2º Ingeniero del Departamento Topográfico, cuya presidencia ejerció a partir de 1834. Confeccionó una gran carta geográfica de Bolivia, “siendo ésta ejecución preparatoria para encadenar la que debía seguirle, bajo relaciones más amplias, acerca de la República Argentina”, según su propia indicación. También diseño mapas para la expedición al desierto de 1833, que llevó a cabo Rosas.

Habiendo publicado el diario El Lucero una memoria del general Miller sobre la guerra del Perú, el 5 de octubre de 1830 publicó José de Arenales –como él firmaba- una carta en la cual refutaba “dos principales períodos” de aquella guerra, con relación a su padre: la retirada de 1821, desde la Sierra a Lima, y la no apertura de la campaña, en 1823, desde Lima. Anunciaba en dicha carta pública que había escrito sobre lo primero “una memoria histórica sobre la segunda campaña a la Sierra, de que fui testigo presencial”. El libro de refutación a Miller salió a la luz en 1832, con mapas ilustrativos del propio Arenales. Al año siguiente dio a conocer su importante obra Noticias históricas y descriptivas sobre el gran país del Chaco y Río Bermejo, la que incluye una carta de la Sección Austral del Gran Chaco con el curso detallado del río Bermejo, según los diarios de la campaña del gobernador Matorral en 1774 y del viaje por agua del coronel Cornejo en 1790.

Prestó un valiosísimo concurso durante la campaña contra el mariscal Santa Cruz, campaña que utilizó sus cartas geográficas, y en 1838 fue ascendido por Rosas a coronel, en mérito a sus patrióticos servicios. Se ha dicho que el jefe del Departamento Topográfico en tiempos del Restaurador era unitario; pareciera decir lo contrario un documento público de adhesión a la política del jefe de la Confederación Argentina publicado en la Gaceta Mercantil del 21 de diciembre de 1840, en el cual expresa el deseo siguiente: “Que los salvajes unitarios o su asesino caudillo, privado ahora del apoyo que creían tener en sus traidoras maquinaciones, sucumban de una vez para siempre al irresistible poder de la Confederación Argentina y de su más ilustre campeón”. Llama, asimismo, la atención que, después de Caseros, haya rechazado el generalato que le fue ofrecido, por considerar “terminada mi carrera con el último ascenso, e invalidado para el servicio de campaña, por la sordera que me aqueja de años atrás”; y que, además, renunciara a la presidencia del Departamento Topográfico el 26 de mayo de 1852.

En mayo de 1832, José de Arenales hizo entrega al general Rosas de una bandera arrebatada a los españoles por la división que comandaba su padre, en 1820. Este trofeo acompañó a don Juan Manuel hasta su última morada, en 1877, colocado sobre el féretro junto al sable de San Martín. Y se encuentra actualmente en el Museo Histórico Nacional, por donación de Manuelita Rosas de 1897.

El coronel Arenales confeccionó diversos planos militares y colaboró con Bacle en su litografía. Dibujó para éste una vista de Salta y varios retratos entre ellos el del general Arenales. Dejó, además, diversos manuscritos, entre los que se cuenta un diccionario geográfico de Chile, Perú y el Río de la Plata. Murió en Buenos Aires el 14 de julio de 1862 y sus restos se guardan en el cementerio de la Recoleta.

Fuentes: Chávez, Fermín – Iconografía de Rosas y de la Federación – Buenos Aires (1970) / www. revisionistas.com.ar / Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado / Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).

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martes, 4 de febrero de 2014

CAMPAÑA DE CHILE - ANIVERSARIO DE LOS COMBATES DE ACHUPALLAS, GUARDIA VIEJA Y VEGA DE CUMBEO

Con notable simultaneidad, en un frente que sobrepasaba los 300 Km, el Ejército de los Andes conducido por el coronel mayor don José de San Martín obtuvo sus tres primeros triunfos en suelo chileno. Uno por cada una de las tres columnas más numerosas, siendo éstas de norte a sur, son las siguientes: - La conducida por el teniente de granaderos Juan Galo de Lavalle, que al frente de 25 granaderos ataca el caserío de Achupallas, en la tarde de ese día, a una partida de 100 realistas que se habían emboscado en las faldas que bordean el valle de Chalaco. Lavalle arrolló al enemigo en una épica carga, y provocó su dispersión. - La conducida por el sargento mayor del Batallón 11 de Infantería, Enrique Martinez, que en la última hora del día atacó a los españoles que ocupaban una altura que dominaba el cajón del valle del río Juncal, donde se encuentra el lugar denominado Guardia Vieja. Tras algunas horas de combate los derrotó completamente y tomó 43 prisioneros. - Por último, la conducida por el capitán de granaderos Ramón Freire, que en la Vega de Cumpeo (caserío al NE de Tasca), ataca a un destacamento enemigo de unos 100 hombres, los que al lle-gar la noche se retiraron dejando en el campo de batalla 18 muertos y tomando 20 prisioneros.

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lunes, 3 de febrero de 2014

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE SAN LORENZO.

Primera acción militar y victoria del Regimiento de Granaderos a Caballo. El gobierno de Buenos Aires, ante las continuadas depredaciones que hacían las fuerzas españolas establecidas en Montevideo sobre las costas de los ríos Paraná y Uruguay, ordenó al jefe del regimiento que una parte del mismo protegiera las poblaciones del Paraná. Una flotilla española había remontado el río y anclado y anclado por falta de viento frente al monasterio de San Lorenzo -entonces en construcción-, cerca de la localidad del mismo nombre, en la Provincia de Santa Fe. Los españoles, al mando del Capitán Juan A. Zabala se aprestaron a desembarcar fuerzas de infantería con apoyo de algunos cañones chicos. El jefe argentino, Coronel José de San Martín, había arribado a la zona la noche anterior. Arengó a sus tropas y les ordenó que atacarían solamente a sable y lanza, prohibiendo el uso de armas de fuego. Dividió sus aproximadamente 200 hombres en dos escuadrones, el Primero al mando del Capitán Justo Bermúdez, reservándose el mando del Segundo, diciéndole a Bermúdez: "nos encontraremos en el centro del combate, donde le ampliaré mis órdenes...". A su orden los Granaderos cargaron al galope acometiendo a los españoles, sin darles tiempo a formar cuadro. Al llegar San Martín a la línea enemiga su caballo fue muerto tomando una de sus piernas en su caída, armándose a su rededor un entrevero con armas blancas. Un soldado español se disponía a matarlo con su bayoneta cuando el granadero Juan B. Baigorria lo mató con su lanza. El granadero Juan B. Cabral desmontó para ayudar a su jefe, recibiendo heridas mortales, mientras el alférez Hipólito Bouchard, quién se cubriría de gloria posteriormente como jefe naval, se apoderaba de la bandera española tomando la vida de quien la portaba. El combate fue sangriento y tuvo un rápido desenlace. Los españoles que pudieron, se reembarcaron.


Parte del Combate de San Lorenzo suscrito por el Coronel Jose Francisco de San Martin, al Superior Gobierno. San Lorenzo, 3 de febrero de 1813.
Exmo. Señor.
Tengo el honor de decir a V.E. que en el día 3 de febrero los granaderos de mi mando en su primer ensayo han agregado un nuevo triunfo á las armas de la patria. Los enemigos en numero de 250 hombres desembarcaron a las 5 y media de la mañana en el puerto de S. Lorenzo, y se dirigieron sin oposición al colegio S. Carlos conforme al plan que tenían meditado en dos divisiones de a 60 hombres cada una, los ataques por derecha e izquierda, hicieron no obstante una esforzada resistencia sostenida por lo fuegos de los buques, pero no capaz de contener el intrépido arrojo con que los granaderos cargaron sobre ellos sable en mano: al punto se replegaron en fuga a las bajadas dejando en el campo de batalla 40 muertos, 14 prisioneros de ellos, 12 heridos sin incluir los que se desplomaron, y llevaron consigo, que por los regueros de sangre, que se ven en las barrancas considero mayor numero. Dos cañones, 40 fusiles, 4 bayonetas, y una bandera que pongo en manos de V.E. y la arrancó con la vida al abanderado el valiente oficial D. Hipolito Bouchard. De nuestra parte se han perdido 26 hombres, 6 muertos, y los demás heridos, de este numero son: el capitán D. Justo Bermúdez, y el teniente Manuel Díaz Velez, que avanzándose con energía hasta el borde de la barranca cayó este recomendable oficial en manos del enemigo.
El valor e intrepidez que han manifestado la oficialidad y tropa de mi mando los hace acreedores a los respetos de la patria, y atenciones de V.E.; cuento entre estos al esforzado y benemérito párroco Dr. Julián Navarro, que se presentó con valor animando con su voz, y suministrando los auxilios espirituales en el campo de batalla: igualmente lo han contraído los oficiales voluntarios D. Vicente Mármol, y D. Julián Corvera, que á la par de los míos permanecieron con denuedo en todos los peligros.
Seguramente el valor e intrepidez de mis granaderos hubieran terminado en este día de un solo golpe las invasiones de los enemigos en las costas del Paraná, si la proximidad de las bajadas no hubiera protegido su fuga, pero me arrojo a pronosticar sin temor que este escarmiento será un principio para que los enemigos no vuelvan a inquietar a estos pacíficos moradores. Dios guarde a V.E. muchos años. San Lorenzo febrero 3 de 1813.

Carta de San Martín enviada al Excmo. Supremo Poder Executivo en Buenos Aires, el 27 de febrero de 1813.
Excelentísimo Señor:
Como sé la satisfacción que tendrá V.E. en recompensar a las familias de los individuos del Regimiento, muertos en la acción de San Lorenzo, o de sus resultas, tengo el honor de incluir a V.E. la adjunta relación de su número, país de su nacimiento y estado. No puedo prescindir de recomendar particularmente a V.E. a la viuda del Capitán Don Juan Bermúdez, que ha quedado desamparada con una criatura de pechos, como también a la familia del Granadero Juan Bautista Cabral natural de Corrientes, que atravesado el cuerpo con dos heridas no se le oyeron otros ayes que los de “Viva la Patria, muero contento por haber batido a los enemigos”; efectivamente a las pocas horas feneció repitiendo las mismas palabras. Nuestro Señor guarde a V.E. muchos años.
¿Todavia queda alguna duda de la existencia de un Sargento llamado Juan Bautista Cabral y de su Patriotico y abnegado heroismo?

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sábado, 1 de febrero de 2014

ANIVERSARIO DEL ARRIBO DEL PRIMER ESCUADRÓN DEL REGIMIENTO DE GRANADEROS A CABALLO A LA POSTA DE SAN LORENZO


Al atardecer del 2 de febrero de 1813, llega San Martín con el primer escuadrón del regimiento por el creado, a la posta de San Lorenzo, donde el portaestandarte del regimiento, don Angel Pacheco, que le había precedido en su marcha, le informa que el comandante realista don Juan Antonio de Zabala acababa de proceder a una maniobra de desembarco. Unido esto a la circunstancia de ver anclados entre la costa y la isla los barcos que formaban la flotilla española, dieron la idea a San Martín de que en San Lorenzo efectuarían los realistas su desembarco definitivo, y procedió entonces a tomar todas las disposiciones para la acción que con tal motivo iba a librar y en la que cosecharía con su regimiento gloria inmortal.

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