miércoles, 29 de enero de 2020

ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DEL HOSPITAL MILITAR DE CAMPO DE MAYO

La creación del Hospital Militar en Campo de Mayo data de principios del siglo actual. En efecto, según los antecedentes que figuran en la Colección de Leyes Nacionales sancionadas por el Honorable Congreso (Tomo XIII, Pág 128), el 26 de Enero de 1904, se dispuso su construcción por Ley Nro 4290, por la cual el Senado y la Cámara de Diputados autorizan al Poder Ejecutivo para la construcción de numerosos edificios para el servicio del Ejército.
Posteriormente por Decreto el Presidente FIGUEROA ALCORTA y del Ministro de Guerra General Don ROSENDO FRAGA, publicado en Boletín Militar Nro 204, resolución del 21 de Setiembre de 1906, por considerar: “Que es de Urgente necesidad proceder a la construcción de dicho Hospital, pues el que se utiliza actualmente como tal, es una barraca Epitalier, que no reúne las condiciones de capacidad e higiene para el objeto a que le destina”, se ordena construir un Hospital.
El Primer Médico nombrado Director del Hospital fue el Mayor de Sanidad Don MARTIN RUIZ MORENO, dispuesto por Boletín Militar Nro 91 de fecha 25 de Abril de 1907.
En 1927, por Decreto del 9 de Agosto, Publicado en el Boletín Militar Nro 7712, se aprueban los Planos, Pliegos de condiciones, etc., de parte del Edificio que ocupa actualmente el Hospital Militar Campo de Mayo, el cual fue entregado provisoriamente en 1930.
Desde su habilitación provisional hasta hace pocos años, el Hospital fue objeto de sucesivas modificaciones en su organización y ampliación:
- En 1933 se crearon los servicios de Oftalmología – Otorrinolaringología y los consultorios del pedicuro y el masajista.
- En 1934 se creó el consultorio de Dermatología.
- En 1935 se crearon los siguientes Edificios para enfermos Infecciosos, cocina, usina, alojamiento de la tropa y lavadero.
- En 1936 se finalizaron las obras del pabellón Consultorios Externos o pabellón de Dirección.
- Desde 1930 – 1937, se pavimentaron las calles internas.
- En 1939 se creó el servicio de Cardiología.
- En 1949 Se creó el Servicio de Clínica Quirúrgica con capacidad de 200 a 333 camas.
- En 1944 se creó el Servicio de Traumatología.
- En 1948 finalizó la construcción del Pabellón de las Hermanas y la Subdirección.
En Octubre de 1937 se realizó la ceremonia de inauguración Oficial del Hospital, que en esa época se denominaba Hospital Militar Campo de Mayo.
En 1942, el nombre del Hospital sufrió una nueva modificación, Por decreto del 14 de noviembre de 1942 publicado en Boletín Militar Público Nro 3842 - 2da Parte se resuelve “Visto lo propuesto por el Ministro de Guerra y considerando;
Que el Doctor Juan MADERA fue el Primer Cirujano Médico de los Ejércitos de la Independencia; Es un deber de la Nación rendir Homenaje a los que con esforzado patriotismo y sacrificio personal, contribuyeron a su emancipación;
El Presidente de la Nación Argentina Decreta:
Art 1º - El Hospital Militar Campo de Mayo se denominará en adelante “Hospital Militar Campo de Mayo Doctor Juan MADERA”.
En 1952, el Hospital tomo la denominación con que actualmente se lo conoce, por Boletín Militar Público Nro 2387 del 13 de junio de 1952, se estableció que en lo sucesivo se denominará: Hospital Militar Campo de Mayo “Cirujano Doctor Juan MADERA
Aparte de sus funciones normales, el Hospital Militar ha sabido dispensar su colaboración asistencial y de socorro al medio civil radicado en la zona de su influencia, especialmente en caso de epidemia, accidentes e inundaciones, estas ultimas muy periódicas en las zonas próximas al río Reconquista.
Debemos recordar la asistencia médica prestada a alguna de las víctimas del terremoto ocurrido en San Juan en 1944.
Entre los casos de epidemia que le tocó intervenir cabe mencionar la epidemia de Poliomielitis en el año 1956 azoto vastas zonas del país.
Se elaboraron para ello diversas medidas de desinfección en cuarteles, barrios militares y poblaciones de los alrededores, inoculándose además la vacuna SALK, a casi todo el personal militar y civil de la Guarnición, especialmente a familiares de los mismos, tarea llevada cabo de acuerdo con un plan de vacunación ejecutado por la jefatura del Servicio de Epidemiología del Hospital.
Durante el conflicto desarrollado en el Teatro de Operaciones del Atlántico Sur, Oficiales Médicos de este Nosocomio se desempeñaron, en el Hospital Interfuerzas de Puerto Argentino.
Esta síntesis nos ha permitido seguir desde su creación las distintas estapas que debió recorrer el Hospital para llegar a su situación actual. Fueron largos años durante los cuales se alternaron ampliaciones y variaciones en su organización primitiva, más allá de lo que suele ser común en este tipo de organismos. Este dinamismo constructivo debemos interpretarlo no solo como un esfuerzo destinado a acrecentar su capacidad para poder responder a las exigencias que le fueron creando los planes de Evacuación, sino también como un intento logrado de perfeccionar su organización en beneficio de su misión, incrementando también su jerarquía.

Fuente: www.cdosan.ejercito.mil.ar

martes, 28 de enero de 2020

EL ORIGEN Y SIGNIFICADO DEL SALUDO MILITAR

He aquí una de las expresiones más vibrantes del Espíritu Militar. El saludo militar, tal como hoy lo conocemos, debe su origen a varias versiones, de las que hemos escogido las que nos han parecido más convincentes, a la luz del rigor histórico. Entre ellas, tenemos la antigua, gentil y elegante costumbre de descubrirse o sacarse el sombrero ante una dama, o una persona de mayor jerarquía o edad, gesto acompañado normalmente por una inclinación de cabeza, una reverencia o un movimiento efectuado con gracia con el cubrecabeza. Esta costumbre perduró con diversas variantes hasta nuestros días, tanto en el ámbito civil como en el militar, a través del gesto masculino de descubrirse ante las damas, las personas conocidas, o con aquellas con las que se observen especiales muestras de respeto. También está aquella otra que vincula su origen a un antiguo gesto de los caballeros del medioevo, quienes durante las justas o lances “deportivos”, o llevados a cabo para limpiar el honor de alguna ofensa, acostumbraban antes del combate a levantar la celada del yelmo para mirar a los ojos al adversario, demostrando con ello la ausencia de temor, y al mismo tiempo, infundir, a la vez que demostrarle, respeto a aquél.
En el Ejército Español, institución a la que le debemos muchos de nuestros usos y costumbres tradicionales, el saludo militar tuvo también estos orígenes, pudiéndose observar hasta pasados los mediados del siglo pasado una total falta de uniformidad en las formas de efectuarlo. Existe iconografía de diferentes aspectos, épocas y autores, que nos muestran a militares saludándose de las más diversas formas: sacándose el sombrero, llevándose solamente la mano a él, o haciendo el gesto de sacarlo, pero sin llegar a hacerlo y todo esto, indistintamente con una u otra mano, entre otras formas.
Resulta curioso que en nuestra Armada [...] hasta 1880, el uso era saludar conforme al tradicional estilo civil, es decir, descubriéndose ante el superior, reteniendo la gorra o sombrero en la mano derecha. En ese año, con el arribo del acorazado ARA Almirante Brown, los oficiales de su Plana Mayor introdujeron la costumbre de no sacarse la gorra y solamente efectuar el intento de tocar la visera, deteniendo el saludo, como se había puesto en boga en la armada inglesa. La practicidad de este saludo, especialmente a bordo, hizo que de inmediato fuese adoptado reglamentariamente. Pese a ello, hacia 1898, aún existían viejos oficiales y suboficiales que saludaban descubriéndose en lugar de efectuar la, mal llamada, venia, ya que este término significa inclinar la cabeza como saludo o requerir por este medio permiso o autorización para hacer algo.
En todos los ejércitos del mundo existe el saludo militar, teniendo diversas manifestaciones de acuerdo al país o época de que se trate o, aún, de las circunstancias políticas por las que hayan atravesado. Así, entre los más curiosos, tenemos a los países de la esfera de influencia británica, que lo hacen mostrando la palma de la mano derecha, indicando con ello, que no se esconde nada cuando se saluda al superior. La misma forma de saludo tiene el ejército francés. El ejército polaco tiene un curioso saludo en el que los dedos anular y meñique, son sujetados por el pulgar de la mano derecha, llevándose a la sien los dedos índice y mayor pegados.
Existen otros en los que el gesto del saludo va al centro de la visera, como en el ejército italiano, y otras curiosas variedades de actitudes y movimientos, con las clásicas variantes personales que siempre aportan las modalidades personales. Podrían agregarse también aquellos que, al mismo tiempo que indicar una muestra de subordinación y respeto, demostraron alguna vez una forma de simbolismo o identificación política. Así recordamos, por ejemplo, al muy conocido saludo empleado durante la 2da Guerra Mundial por el partido nazi y por aquellos militares que lo integraban o por los que, sin serlo, se veían obligados por las circunstancias a efectuarlo. También, tenemos al singular saludo efectuado por las fuerzas republicanas y las Brigadas Internacionales, durante la terrible Guerra Civil Española, consistente en llevar el puño derecho cerrado a la misma sien.
Por último, podría incluirse entre estas formas de saludo, al empleado por los Boy Scouts. Esta organización internacional a la que desde su nacimiento adhirió nuestro país, a través de su introducción por parte del perito Francisco P. Moreno, fue creada por el general inglés Lord Robert Baden Powell, luego de las experiencias que recogiera durante su participación en la Guerra Anglo Bóer, en Sudáfrica, entre 1899 y 1902. En esa ocasión, y durante el sitio de la ciudad de Mafeking, reunió a un numeroso grupo de muchachos y adolescentes, a los que organizó como mensajeros y auxiliares, instruyéndolos en técnicas de supervivencia y desenvolvimiento en la jungla y en las sabanas de esa región, teniendo su formación un gran contenido militar, al que no escapaban las formalidades disciplinarias y protocolares.
Terminada la guerra y habiendo vuelto a Gran Bretaña, decidió volcar todos sus esfuerzos a transmitir sus experiencias a los jóvenes, a través de la organización de un movimiento dedicado a ellos para que practicaran actividades educativas, recreativas y de aventura, aprovechando todas las bondades y posibilidades que brinda la naturaleza.
Una larga serie de libros y folletos escritos por él fueron dando forma al scoutismo que, entre otras formalidades, adoptó un saludo particular, consistente en tomar el dedo meñique de la mano derecha con el pulgar, manteniendo unidos y en alto, los dedos índice, mayor y anular, significando con ello que el mayor protege siempre al menor, teniendo siempre por divisa, los tres principios de todo scout: Dios, Patria y Hogar.
Volviendo al saludo militar en nuestro Ejército, y tal como citáramos lo sucedido en nuestra Armada hacia fines del siglo pasado, no existían tampoco en él formalidades estrictas para todos los movimientos y manejos de orden cerrado. Esta actividad, más bien, era empleada como complemento del orden abierto o práctica de formaciones de combate en el terreno.
En efecto, resultaba muy importante el mecanizar muchos movimientos, para que en el momento del combate, el soldado no dudara y respondiera con precisión a las órdenes que se impartieran. Baste mencionar como dato curioso que hasta que aparecieron las armas de retrocarga y más tarde las de repetición, las voces de mando para cargar, apuntar y disparar los mosquetes de una compañía, hacían falta alrededor de dieciséis voces de mando consecutivas. En consecuencia, los aspectos relacionados con la uniformidad y precisión de los detalles protocolares, tales como llevar el paso, la presentación de armas y los saludos con o sin ellas, eran relativamente secundarios, o no estaban meticulosamente reglamentados, como sí lo estaban aquellas voces y movimientos más relacionados con la actividad de combate. 
Será en las postrimerías del siglo pasado, cuando nacían tanto el moderno Ejército como la Armada, de la mano de nuevas doctrinas importadas de la vieja Europa, cuando aparece el saludo militar tal como hoy lo conocemos. No obstante ello, es curioso ver en viejas fotografías de los años '20 y '30, cómo aún se observaban costumbres personales que escapaban de las formalidades prescriptas reglamentariamente.
En nuestros días, el reglamento de Orden Cerrado precisa con todo detalle las formas y oportunidades en que debe efectuarse el saludo militar. Se realiza de subalterno a superior, devolviéndolo éste de la misma manera, comprendiendo un profundo gesto en el que, junto con el ademán, se intercambian miradas que dicen “aquí estoy”, respondidas por un “cuente conmigo”, todo en una centésima de segundo. Esto es el saludo: un mensaje de mutua confianza y correspondencia. A pesar de ello, son innumerables y tragicómicos los errores en su ejecución que hemos cometido todos los que hemos pasado por las filas del Ejército.
Hoy nos encontramos con la novedad del saludo militar ejecutado sin cubrecabeza. Sin duda, fue pensado para mayor comodidad del personal que se desempeña en lugares cubiertos, como comandos, organismos y reparticiones administrativas, donde no se usa birrete, gorra u otro tipo de cubrecabeza. Esto resulta un verdadero per saltum a múltiples planillas de sanción (por saludar sin el cubrecabeza colocado), a la vez que un aggiornamento de las costumbres militares. Conservador, el personal militar acostumbrado a largos años del saludo clásico, no termina de adoptar la nueva modalidad y aún en los sitios mencionados, resulta rara su práctica.
A pesar de ello, cuando se llega a comprender el simple gesto del saludo en su profundo y magnífico significado y simbolismo, demuestra ante los ojos de todos el testimonio de la perennidad que une a los hombres que juntos sirven a la misma bandera. Lejos de marcar una dependencia, los subordinados dan testimonio orgulloso de la importancia que el saludo tiene y representa. Se convierte en una prueba de confianza y cohesión. Es el testimonio de la certeza que el oficial, el suboficial y el soldado se manifiestan para poder contar el uno con el otro. El saludo representa de tal manera, la camaradería militar y la fraternidad entre los hombres de armas.
Cualquiera sea la forma del saludo que se emplee, lejos de indicar servilismo, siempre ha implicado un profundo significado; una correspondencia entre subordinado y superior signada por el respeto mutuo, aquella relación, en definitiva, que en palabras de Ortega y Gasset, dicen que obedecer no es aguantar. Aguantar es envilecerse. Por el contrario, obedecer es estimar al que manda y seguirlo solidarizándose con él, bajo el ondeo de su bandera.
Fuente: Mayor (R) Sergio O. H. Toyos para Diario Soldados Digital enero 2010.- 
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lunes, 27 de enero de 2020

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL TENIENTE GENERAL NICOLÁS LEVALLE

Nació en Cicagna, Chiavari, provincia de Génova, Reino de Italia, el 6 de diciembre de 1840; siendo sus padres Lorenzo Lavalle y Benedicta Daneri (que sobrevivió a su hijo), ambos de nacionalidad italiana. A la edad de dos años vino a la República Argentina; ingresando al Ejército como aspirante el 10 de octubre de 1857 en la Academia Militar. Dos años después revista como tal en la 2º Compañía del 1er Escuadrón del Regimiento de Artillería Ligera.
Ascendió a portaestandarte de la brigada de plaza de la división de artillería, el 18 de febrero de 1859, asistiendo a la campaña de Cepeda bajo el mando directo del coronel Benito Nazar, hallándose en la batalla de aquel nombre, el 23 de octubre de igual año; y por su comportamiento en dicha campaña fue ascendido a alférez del Regimiento 1º de Artillería, el 10 de diciembre de 1859, perteneciendo al 1er escuadrón de dicho cuerpo. Se halló en el combate naval de San Nicolás, el 25 de octubre embarcado en el “Constitución” (Capitán Py), en el que sirvió como cabo de pieza; y en el sitio de Buenos Aires cubrió las calles de Potosí (actual Alsina) y Cevallos con una pieza y su dotación de artilleros.
El 31 de julio de 1861 fue ascendido a teniente 2º del mismo escuadrón, jerarquía con la cual tomó parte en la campaña de Pavón, siempre bajo el mando superior del general Mitre y el directo del coronel Nazar. Poco después pasó a prestar servicios al Batallón 4º de Infantería, cuerpo en el cual fue ascendido a teniente 1º, de la compañía de cazadores, el 27 de junio de 1862; y el 26 de noviembre del mismo año, a capitán de la 4ª compañía del batallón de referencia, con el que formó parte de la guarnición de la Frontera Norte de la provincia de Buenos Aires, con asiento en Rojas y en Junín. Permaneció en aquella línea fronteriza hasta el 19 de abril de 1865 en que marchó con su batallón a la campaña del Paraguay.
El capitán Levalle se incorporó en junio de 1865 con su batallón en Esquina, a las fuerzas destinadas a operar en el Paraguay, formando parte de la 2ª División “Buenos Aires”, interviniendo en la rendición de Uruguayana, el 18 de setiembre, por lo que fue condecorado con la medalla discernida por el Emperador del Brasil; habiendo recibido igualmente, la medalla oriental por la batalla de Yatay, librada el 17 del mes anterior. A comienzos de 1866 formaba parte de las fuerzas que se organizaban en el campamento de las Ensenaditas.
El Ejército argentino prosiguió su avance al Norte, para alistarse a invadir el territorio enemigo; asistiendo Levalle con inusitada bizarría al combate de Pehuajó o de los Corrales, el 31 de enero de 1866. En el campamento de las Ensenaditas, el 29 de marzo de este año, pasó al 2º Batallón de la División Buenos Aires mencionada, cuyo comando accidental y reorganización se le confió; cuerpo en el cual cruzó el Paraná por el Paso de la Patria, penetrando en el territorio paraguayo después de librar los combates de la Confluencia, los días 16 y 17 de abril.
Se halló en el combate de Estero Bellaco, el 2 de mayo; así como también en la sangrienta batalla de Tuyutí, el día 24 de igual mes, recibiendo los cordones de plata discernidos a los vencedores. Intervino en el combate de Boquerón, el 16 de julio y en el del Sauce, el 18 del mismo mes y año; donde recibió un balazo en una rodilla; y posteriormente, en el asalto de Curupaytí, el 22 de setiembre de 1866, por cuya participación recibió el escudo de plata otorgado por Ley a los asistentes a aquella cruenta jornada.
A principios de 1867, el general Paunero, con 4.000 hombres, debió abandonar los esteros paraguayos para ir a sofocar la rebelión que había estallado en el interior de la República Argentina; Levalle formó parte de aquella expedición, y se encontró en el combate del Portezuelo; y en la batalla de San Ignacio, el 1º de abril de 1867. Con el general Conesa tomó parte en la intervención a la provincia de Santa Fe, levantada en armas contra el gobernador Nicasio Oroño y en la sofocación de la rebelión que había estallado en Córdoba, el 19 de agosto de 1867, y que derrocó al gobernador Mateo J. Luque, encabezada por el famoso Simón Luengo, siendo repuesto a los diez días el gobernador depuesto. A principios de abril de 1868, regresó al Paraguay donde sofocó un conato de rebelión de su tropa con intrépida sangre fría.
Levalle fue promovido a sargento mayor graduado el 11 de enero de 1867, recibiendo la efectividad el 23 de abril de 1868, desempeñando (nombrado por O. G. del 10 de este último mes), las funciones de jefe accidental del batallón 5º de Infantería, cuya segundía ejercía en efectividad, cuerpo con el cual se encontró nuevamente en la álgida lucha en los esteros paraguayos, donde iba a cosechar laureles inmarcesibles que destacarían luminosamente su figura de soldado valeroso. Toma parte en los ataques a la fortaleza de Humaitá, iniciados el 15 de julio de 1868, operaciones que terminaron con la toma de aquel punto y con la rendición del jefe paraguayo, coronel Martínez, el 5 de agosto, juntamente con 1.300 hombres. Por su comportamiento en estas acciones, Levalle fue graduado teniente coronel el 15 de setiembre de 1868, grado cuya efectividad recibió el 1º de marzo de 1869, así como también, el comando en propiedad del 5º de Infantería. El 3 de agosto de 1868 se halló en el combate naval de las Canoas y otros parciales, con Rivas.
Tomó parte en la campaña de Pikiciry, a fines de 1868, interviniendo con un brillo inusitado, a la cabeza del 5º de Línea, en la segunda batalla de Itaivaté o Lomas Valentinas, el 27 de diciembre de aquel año, y en la rendición de Angostura, el 30 del mismo mes y año. Ocupada la capital paraguaya, Levalle quedó a cargo de su guarnición, hasta la terminación de la guerra. Se distinguió en la toma de Peribebuy, el 12 de agosto de 1869, y en otros encuentros postreros de tan cruenta campaña.
El teniente coronel Levalle fue herido en el combate del Sauce, el 16 de julio de 1866 y fuera de las condecoraciones que se han citado, que recibió en esta ruda campaña, deben agregarse las siguientes: medalla de honor por el asalto de Peribebuy; medalla de oro por la terminación de la campaña del Paraguay, discernida por los gobiernos argentino, oriental y brasileño y medalla de oro conferida por el mismo motivo, por la provincia de Buenos Aires.
De regreso del Paraguay, tomó parte en la campaña de Entre Ríos, realizada para sofocar el alzamiento del general López Jordán, en el año 1870, llegando a Paraná el 4 de mayo y tomando intervención en todas las acciones de guerra que se produjeron en aquella campaña. Asistió a la batalla del Sauce, el 20 de mayo de aquel año.
Cumplimentando órdenes del coronel Juan Ayala, el comandante Levalle sorprendió las fuerzas rebeldes del Diamante, el 23 de agosto de 1870, consiguiendo tomar un crecido número de prisioneros, entre éstos el doctor Juan Mantero, Ministro del gobierno de López Jordán y alguna cantidad de armamento. Permaneció en la zona de guerra hasta mayote 1871, en que regresó a Buenos Aires, pasando inmediatamente con el 5º de Infantería de guarnición al Fuerte General Paz; donde permaneció hasta que la nueva rebelión jordanista lo llamó para intervenir en la provincia de Entre Ríos. El 8 de marzo de 1872 se halló en el combate de San Carlos contra la indiada de Catriel.
El 4 de mayo de 1873 desembarca en Paraná con el 5º de Línea y combate a los 2.000 rebeldes, que a las órdenes del caudillo jordanista Exequiel Leiva acababa de poner cerco a la ciudad, obligándolos a huir, Levalle se fortificó en seguida para resistir a posibles ataques ulteriores. Efectivamente, el día 28 del mismo mes, los revolucionarios a las órdenes de Leiva, atacan violentamente la plaza, pero el jefe de la misma coronel Ayala, recibe bravamente a los asaltantes, que son rechazados, distinguiéndose el coronel Joaquín Viejobueno y el comandante Levalle en esta operación. El 26 de junio se halló en el combate de las Cuchillas. A principios de julio desembarcó con el batallón de su mando en el Diamante, derrotando y dispersando su guarnición.
El 2 de agosto del mismo año, Levalle se embarca en Paraná, en dos vapores y al día siguiente desembarca bajo el fuego de los jordanistas, en la ciudad de la Paz, de la que se posesiona después de vencer una fuerte resistencia; punto cuya defensa organizó, efectuando varias salidas en las que siempre derrotó a los rebeldes; permaneciendo allí hasta entregar la plaza a un jefe designado por Orden Superior, regresando Levalle a Paraná con los batallones 5º y 7º donde se organizaba el ejército de Gainza.
En la batalla de Don Gonzalo, librada el 9 de diciembre de 1873, el comandante Levalle fue herido pero no abandonó su batallón mientras duró la acción, en la que se distinguió por su incomparable valor, mandando la brigada compuesta por el 5º y el 7º de Infantería y 4 piezas de artillería. También se encontró en el combate del Talita, el día anterior contra la vanguardia jordanista.
Terminada la campaña regresó a Buenos Aires en julio de 1874 y con motivo de la revolución que estalló el 24 de setiembre, el teniente coronel Levalle salió a operar con el 5º de Línea, interviniendo activamente en la represión del movimiento y en la organización de las milicias de Chivilcoy y Mercedes, al Oeste y de San Vicente, al Sud y mandó la infantería del “Ejército del Oeste”; y al mando de 1.100 hombres, se incorporó a los coroneles Arias y Villegas, fuerzas que sorprendieron a los rebeldes en la jornada del 2 de diciembre en Junín, donde el general Mitre se entregó prisionero siendo ascendido Levalle a coronel “sobre el campo de batalla”, a propuesta del Ministro de la Guerra en campaña y con la fecha de aquella rendición.
Inmediatamente fue nombrado jefe de la frontera sud de Buenos Aires, con asiento en Blanca Grande y después en Fuerte Lavalle. El 14 de abril de 1876 partió de Blanca Grande en dirección a Carhué, punto, este último, que el coronel Levalle ocupó el 24 de abril de 1876, después de penosos encuentros con los salvajes, entre ellos el librado en las proximidades de la laguna de Paragüil, el 6 de marzo, en el que derrotó a la tribu de Juan José Catriel. En noviembre-diciembre del mismo año permaneció destacado en Fuerte General Paz. El 10 de enero del año siguiente atacó en sus propias tolderías de Chiloé, al cacique Namuncurá, consiguiendo el coronel Levalle matarle unos 400 indios, y obligándolo a ponerse en retirada hasta unas 20 leguas más al Oeste.
El 25 de noviembre de 1878, teniendo conocimiento de que Namuncurá se preparaba a efectuar una invasión al frente de 2.000 salvajes, el coronel Levalle salió en su busca y dio una batida general en una zona comprendida entre Guaminí, Carhué y Bahía Blanca, en sus frentes hasta el Colorado, recorriendo un trayecto de más de 250 leguas, sin dejar una sola toldería sin registrar. Se traban algunos combates y se logran muchas sorpresas, como la del 7 de diciembre, consiguiendo rescatar cautivos y haciendas productos del robo; en esta acción los indígenas tuvieron 50 muertos: 1 cacique, 3 capitanejos y 46 indios de lanza y 270 de chusma prisioneros; y todo el ganado que tenían las tribus de la Sierra de Lihué-Calel, que se componía de 1.000 vacunos, 80 caballos y 800 animales entre ovejas y cabras.
En la expedición al Río Negro, bajo el superior comando del general Roca, al año siguiente, el coronel Levalle mandó la 2º División. El 4 de setiembre de 1879 fue nombrado jefe de las fuerzas de Carhué, Puán, Guaminí, Trenque-Lauquén y Fuerte Argentino.
Acababa de llegar de Sur con aquella, cuando estalló el movimiento revolucionario del mes de junio de 1880. El día 20 de este mes, con su división, compuesta por los batallones 5º y 7º de Infantería, el Regimiento 6º de Caballería y dos piezas de montaña, con un efectivo de 650 hombres, se aproximó hasta el Puente de Barracas para efectuar un reconocimiento; empeñando a las 12 del día un violento combate contra los revolucionarios que defendían la ciudad y después de combatir hasta las cuatro y media de la tarde, el coronel Levalle se replegó sobre Lomas de Zamora por habérsele agotado las municiones. En esta acción murió violentamente el teniente coronel Apolinario de Ipola, “al pie del cañón que mandaba, casi entreverado con el enemigo”.
Por su comportamiento en esta campaña, Levalle fue promovido a coronel mayor el 9 de julio de 1880. El 20 de octubre de ese mismo año fue nombrado jefe de la 1ª División del Ejército, constituida por los cuerpos de la Capital y de la Chacarita. Al día siguiente, el Gobierno dispuso que el general José Octavio Olascoaga se hiciese cargo del mando de la línea de fronteras de la provincia, que había mandado Levalle.
Este permaneció al frente de la 1ª División, que guarnecía esta Capital hasta el 12 de octubre de 1886, fecha en que fue nombrado Ministro de Guerra y Marina; ya ostentando la jerarquía de general de división que le había sido conferida el 3 de noviembre de 1882. En los primeros meses de 1886 mandó las fuerzas del ejército que ocuparon la línea del Uruguay con motivo de la invasión de Arredondo al Estado Oriental, teniendo Levalle a sus órdenes, además, el transporte “Azopardo”.
Dejó el Ministerio el 7 de febrero de 1887 para ir a ocupar la Jefatura de E. M. G., que desempeñó hasta el 18 de abril de 1890, fecha esta última en que pasó nuevamente a ejercer el cargo de Ministro de la Guerra, que recibió el mismo día. Al producirse el movimiento revolucionario armado del 26 de julio de aquel año, Levalle obró con tal energía, que gracias a su valor y pericia, la subversión pudo ser dominada; a la cabeza de las fuerzas leales se apoderó del Parque de Artillería que se encontraba en manos de los rebeldes. Por su comportamiento en aquellas luctuosas jornadas, fue promovido a teniente general “sobre el campo de batalla”, con fecha 27 de aquel mes y año.
Continuó ejerciendo el ministerio hasta que terminó la presidencia del Dr. Carlos Pellegrini, el 12 de octubre de 1892. El 4 de noviembre del mismo año se le acordaron seis meses de licencia que se prorrogaron con otros tres más.
Con motivo de los sucesos revolucionarios de 1893, el 20 de setiembre de este año fue nombrado jefe de las fuerzas nacionales destacadas en Córdoba, Santiago del Estero y La Rioja. Operó contra los sublevados que se hallaban en el Rosario.
El 11 de febrero de 1895 fue designado Presidente de la Junta Superior de Guerra hasta el 19 de mayo de 1897, en que fue nombrado por tercera vez para ejercer la cartera de Guerra y Marina, siendo el último que desempeñó el ministerio de las dos instituciones armadas. El 12 de octubre de 1898, al abandonar la presidencia el Dr. José Evaristo Uriburu, el general Levalle pasó a la “Lista de Oficiales Generales”:
El 11 de abril de 1901 se le acordó licencia para trasladarse a Europa en busca de un alivio a su salud cruelmente quebrantada, asignándosele en Acuerdo de Ministros 8.000 pesos oro sellado para atender los gastos de su cura. El 20 de abril zarpó en el vapor “Chili”, llegando a Burdeos, de donde se trasladó de inmediato a París, ingresando el 19 de mayo en la Maison de Sant Jean de Dieu, en donde fue operado al día siguiente del tumor que tenía en el labio inferior. Regresó a fines del mismo año y el 31 de diciembre era nombrado Jefe de la “Región de la Capital”. El 16 de enero de 1902 el general Levalle agradecía al ministro Riccheri su designación en los términos siguientes:
“Al contestar la nota de V. E. y manifestarle la expresión de mi profundo reconocimiento por los benévolos conceptos con que en ella me favorece, cúmpleme manifestarle, que no omitiré sacrificio alguno a fin de responder dignamente a la confianza depositada en mí, pidiéndole quiera ser intérprete de estos sentimientos acerca del Excmo. Sr. Presidente”.
Desgraciadamente la vida restante del General iba a ser breve, pues falleció en Buenos Aires el día 28 de enero de 1902, a la una y cincuenta y cinco de la tarde; decretando inmediatamente el Poder Ejecutivo bandera nacional a media asta los días 29 y 30.
Numerosos telegramas de los países de Sudamérica fueron una demostración palpable del prestigio que rodeaba a tan eminente soldado. La concurrencia a su sepelio y las numerosas notas de condolencia dirigidas a su viuda, Aurelia F. de Levalle, evidenciaron el hondo sentimiento público por su deceso.
Ostentó sobre su pecho: medalla por la toma de Corrientes; idem por la batalla de Yatay y toma de Uruguayana; cordones de Tuyutí y escudo de Curupaytí; medalla por la terminación de la guerra por la Argentina, Brasil y Uruguay y también de la provincia de Buenos Aires; y las acordadas del Río Negro y Los Andes.
Después de la revolución de 1880 con el coronel F. Bosch e Ingeniero del Parque, Sr, Nikelh, presidió la comisión que recibió el armamento y municiones pertenecientes a la provincia de Buenos Aires. El 24 de julio de 1881 fue elegido primer presidente del Círculo Militar, recientemente creado.
Levalle se casó en Buenos Aires, el 12 de mayo de 1865 con Aurelia Ferreira, porteña, de 21 años, hija de José Ferreira y Josefa Zeballa, ambos del país.
Un hijo de este matrimonio, Nicolás M. Levalle, falleció en Buenos Aires, el 21 de junio de 1888, a la edad de 29 años, ostentando la jerarquía de teniente coronel; habiendo ingresado al Colegio Militar, escalando rápidamente los grados por sus superiores méritos.

De numerosos militares argentinos quedaron gestos o expresiones que aseguraron su ingreso en la historia con recuerdos memorables.
El día 9 de diciembre de 1873 se libró, en la provincia de Entre Ríos, en las inmediaciones de un arroyo cerca de Nogoyá, la batalla que recibiera el nombre de Don Gonzalo (nombre del arroyo donde se produjo la acción) entre Unitarios y Federales. Esta tuvo por consecuencia la derrota del caudillo Ricardo López Jordán frente a las fuerzas nacionales, al mando del general Martín de Gainza.
El mayor Nicolás Levalle al mando del “5° de Fierro”, tenía orden de cargar al oponente. A punto de hacerlo, recibió la contraorden del general Gainza: Debía replegarse. Levalle la ignoró y continuó los aprestos.
El general despachó un ordenanza reiterando el parte, que el subordinado otra vez desoyó.
Impaciente, Gainza envía otro ayudante con una orden perentoria:
“Mayor Levalle, desista del ataque o le mando pegar cuatro tiros”.
Levalle vuelve a hacer oídos sordos, arremete al frente de sus hombres –eran infantes; en esa época, el jefe debía marchar montado– y recibe un disparo en la rodilla. Impávido, chorreando sangre, continúa la carga, que dura varias horas, y concluye por aplastar la resistencia de los adversarios. Al final, con el último aliento, se presentó al general Gainza:
“Señor, vengo a que me pegue los tres tiros que faltan; el cuarto me lo dieron en la batalla”.

Fuentes: Capitán Juan Norberto Rubio Larreta / Patricios de Vuelta de Obligado / Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1939).
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sábado, 21 de diciembre de 2019

ANIVERSARIO DEL COMBATE DE COIHUECO

El día 22 de diciembre de 1873 se produce el Combate en Coihueco. Una columna de unos 35 soldados del Regimiento Guías de Mendoza de la guarnición de San Rafael, al mando del Capitán Saturnino Torres, persiguiendo a un grupo de indios se encontró con una indiada de unos 500 individuos. Los soldados formaron cuadro y fueron cargados por los indios, iniciándose un largo y feroz combate, que les costó unas 70 bajas a los indios y un muerto y cuatro heridos a los soldados. Lograron sostener el cuadro hasta que los salvajes se fueron, luego de 5 horas de lucha. El gobierno premió luego esta resistencia heroica con pagas adicionales.
 
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viernes, 20 de diciembre de 2019

ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DE LA ESCUELA DE SUBOFICIALES DE LOS SERVICIOS PARA APOYO DE COMBATE "GRL. LEMOS"

La Escuela de Suboficiales del Ejército fue creada el 13 de diciembre de 2002, como resultado de la reestructuración de la Fuerza en ese año, habiéndose fusionado la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral y la Escuela de Suboficiales para Apoyo de Combate General Lemos, tradicionales Institutos de formación de los Suboficiales del Cuerpo de Comando y Profesionales del Ejército Argentino, en un nuevo Instituto que mantiene el nombre del héroe del Combate de San Lorenzo, el Sargento Juan Bautista Cabral.
La Escuela de Suboficiales "General Lemos", tuvo sus orígenes en 1939, cuando se creó el 20 de diciembre, "El Centro de Instrucción de los Cuerpos Auxiliares del Ejército".
Cabe destacar que la creación de este Centro de Instrucción es el origen de una Escuela cuyo objetivo era la preparación de oficiales de Administración, Sanidad, Veterinaria y Justicia, y el perfeccionamiento en lo militar y técnico de los oficiales de los Cuerpos Auxiliares para la conducción de sus respectivos Servicios, en los Comandos Superiores y reparticiones, tanto en la paz como en la guerra.
En el año 1952 pasa a denominarse Escuela del Cuerpo Profesional "General Lemos", y sus objetivos de formación se ampliaban a oficios como enfermero, preparador de farmacia, enfermero de ganado, herrador y cocinero.
El 21 de diciembre de 1964, basados en un criterio de unificación tanto en lo curricular y académico como en lo militar; una resolución superior, decide fusionar la "Escuela General Lemos" y la "Escuela de Mecánica del Ejército "Teniente Coronel Fray Luis Beltrán"”, decisión que demandó el traslado de esta última a Campo de Mayo. Dicho Instituto pasó a llamarse "Escuela Logística General Lemos".
En 1991 la Escuela Militar de los Servicios para Apoyo de Combate "General Lemos", pasa a denominarse Escuela de Suboficiales de los Servicios para Apoyo de Combate "General Lemos", egresando de la misma suboficiales del Cuerpo Profesional femenino y masculino.
En razón de que en el año 1998 determinados Servicios del Cuerpo Profesional pasaron a considerarse Especialidades de Cuerpo Comando, se modifica nuevamente su denominación pasando a llamarse Escuela de Suboficiales "General Lemos".
La Escuela de Suboficiales "Sargento Cabral", tuvo sus orígenes en el reclutamiento de suboficiales llamado de Clases hasta 1916. La primera Escuela de Clases llamada de Cabos y Sargentos de Artillería fue fundada en 1881, siendo su creación definitiva el 04 de abril de 1908.
El edificio que ocupó fue el Cuartel Nro. 9 en Campo de Mayo. La instrucción impartida era de tipo teórico- práctico y tenía una duración de cinco meses.
En 1916 pasa a denominarse Escuela de Suboficiales.
En marzo de 1933 pasa a llamarse, Escuela de Suboficiales "Sargento Cabral", en homenaje a ese arquetipo de soldado que supo ser fiel a su juramento de entregar su vida en el cumplimiento del deber, ejemplo supremo de desprendimiento, coraje y nobleza.
Durante los años 1947 a 1950 dejó de funcionar.
En 1950 se le asigna un nuevo cuartel dentro de Campo de Mayo donde funciona en la actualidad la Escuela de las Armas.
Desde 1908 hasta 2003 la reglamentación sufrió varias modificaciones. El primer reglamento a grandes rasgos establecía que la Escuela tendría tres grados: primer grado, ingresarían todos aquellos que aspirasen al grado de Cabo de las Armas cuya duración era de un año y a segundo y tercer grado concurrían aquellos cabos y sargentos respectivamente con no menos de tres meses de servicio en las filas y propuestos por sus Comandantes de compañía, batería y escuadrón.
Posteriormente y después de algunas modificaciones a los cursantes que egresaban no sólo se le otorgaba el grado de Cabo Primero de las armas, sino que también el título de Instructor Auxiliar con orientación docente, y titulo secundario equivalente al Bachillerato Nacional.
En la actualidad se dictan cursos de dos años, y una vez finalizados los mismos, los Aspirantes egresan como Cabos de las Armas con el título de Bachiller Nacional, y Cabos de las Especialidades y Servicios, con capacitación especializada.
Fuente: www. esesc.ejercito.mil.ar

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jueves, 19 de diciembre de 2019

67 ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA BASE ESPERANZA

Un bastión de la soberanía nacional en la Antártida Argentina
En Punta Foca, entre las caletas Choza y Aguila de la bahía Esperanza, en la península Trinidad, sobre el estrecho antártico en la tierra de San Martín, de la Antártida Argentina, se levanta la estación científica Base Antártica Esperanza. Hasta la década de los ´90, se llamó Base de Ejército Esperanza y luego, tomó su actual nombre. Cumple seis décadas de su fundación.
El 17 de diciembre de 1952, hace 67 años, los capitanes Jorge Leal y Héctor Benavídez acompañados por los tenientes Carlos Bulacios y Domingo Crotti y los sargentos ayudantes Alberto Balegno y Pedro Ramos, pusieron los cimientos de la actual Base Antártica Esperanza. Hoy, ocupa 43 edificios en una superficie de 374.000 metros cuadrados de roca sólida y a unos 30 metros de la costa. En sus cercanías, un glaciar permite el aterrizaje de aviones. Durante el verano, aloja a más de mil turistas que la visitan anualmente y en invierno, está habitada por 80 personas. Cuenta con un laboratorio del Instituto Antártico Argentino y una estación meteorológica donde además, los científicos y técnicos realizan investigaciones de glaciología, biología marina y terrestre y sismología. La zona está caracterizada por fuertes vientos helados del noroeste y que en ocasiones, sobrepasan los 200 km/h. La temperatura media anual oscila en los -20ºC. La mínima absoluta es de -35ºC. De su influencia dependen 18 refugios; entre ellos, General Martín Miguel de Güemes, Cristo Redentor, Antonio Moro, Libertador General San Martín, San Roque, Florentino Ameghino, Sargento Cabral, General Pedernera, Abrazo de Maipú, Infantería Argentina, Independencia Argentina, Paso del Medio, Kurtzman, Islas Malvinas y Choza de los suecos.
El sueño de Pujato
El 13 de agosto de 1954, el entonces director del Instituto Antártico Argentino, general de división (R) Hernán Pujato, propuso instalar un caserío en Cabo Primavera para poblarlo con grupos familiares. Lo consideraba impostergable frente al interés demostrado por otras naciones por la Antártida. “Acerca de esos primeros pobladores que con su permanencia, con los hijos que vendrán y las posibles actividades que en ese medio podrán desarrollarse; harán por los derechos del país más que todo cuanto hasta hoy se ha hecho”, escribió. A fines de 1977, viajaron las primeras familias que invernaron en el año siguiente. En febrero de 1978 se produjo el bautismo de Miguel Ángel Palma, primer niño nacido en la Base el 7 de enero de ese año; el casamiento de dos miembros de la base y la imposición del nombre Fortín Sargento Cabral a esas viviendas e instalaciones. El sueño de Pujato estaba cumplido. “Ver a la Antártida ocupada por pueblos con hombres y mujeres para que las dos regiones extremas de la Patria estuvieran verdaderamente unidas”. Las instalaciones fueron ampliadas en 1979 y y donde se alojaron 10 familias y 16 niños; más tarde, ese número fue creciendo.
El 14 de junio de 1962 desde la base partió una expedición terrestre con trineos que el 24 de octubre, alcanzó la Base San Martín. El 28 de febrero de 1976, se inauguró la capilla San Francisco de Asís, donde el 16 de febrero de 1978 fue celebrado el primer casamiento religioso en la Antártida a cargo del padre Buenaventura de Filippis. En 1978, se creó la Escuela Provincial Nº 38 Julio Argentino Roca, perteneciente a la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur y que se convirtió en la más austral del mundo; además de una guardería infantil y un jardín de infantes. El 20 de octubre de 1979, fue instalada la radiodifusora LRA 36 Radio Nacional Arcángel San Gabriel en la banda de 49 metros, en la frecuencia de 6030 kHz y dos oficinas; la Nº 2506 del Registro Civil y la otra, del Correo Argentino. Con el concurso de radioaficionados, donde intervinieron 130 enlaces radiales, el 20 de junio de 1980 se inauguró el Radio Club Argentino. También, se levantó un cenotafio que recuerda a los hombres del Ejército que murieron por la Antártida. En 1949, Arnoldo Serrano, Adolfo Molinero Calderón y Emilio Jaime integraban la Primera Expedición a Bahía Margarita para probar equipos que perdieron la vida en una tormenta; en 1957, Ever S. Rodríguez Argumedo; en 1962, Pedro Arcondo; en 1972, Oscar Kurzman; en 1977, Alejandro Merani, Mario García y Ricardo Segura; en 1980, Juan José Mariani y en 1987, Ernesto Lezcano.
Fuente: Lauro Noro, Diario Soldados Digital 2012.

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miércoles, 18 de diciembre de 2019

ANIVERSARIO DEL COMBATE DEL CAMPICHUELO

El 19 de diciembre de 1810 se produce un enfrentamiento durante la Campaña del Paraguay. El General Manuel Belgrano, caído el armisticio con los paraguayos, cruza el Río Paraná por el Paso de la Candelaria. Inmediatamente una pequeña fuerza mandada por el Ayudante Manuel Artigas ataca y derrota a fuerzas paraguayas atrincheradas en el Paso del Campichuelo.
La Junta de Buenos Aires determinó mandar una expedición a la Intendencia del Paraguay en atención a que se creía que allí había un gran partido por la revolución, que estaba oprimido por el gobernador realista Bernardo de Velasco y Huidobro. El 24 de septiembre de 1810 se le dieron instrucciones al abogado Manuel Belgrano para que iniciara las operaciones militares sobre el Paraguay. Luego de improvisar un pequeño ejército con tropas de Buenos Aires, Blandengues y milicianos de los pueblos por donde pasó, Belgrano se situó en el pueblo Misionero de Santa María de la Candelaria
Debido a que los realistas paraguayos habían retirado o destruido las embarcaciones del río Paraná, las fuerzas al mando de Belgrano debieron cruzarlo con balsas, botes y canoas construidas al efecto, llevando gran parte de las cargas en odres de cuero. El cruce se realizó el 19 de diciembre de 1810 a partir de la antigua capital misionera Candelaria. Belgrano cruzó al frente de una reducida fuerza: 800 hombres, mitad de caballería e infantería, con 6 cañones de pequeño calibre. A su frente se hallaban las avanzadas paraguayas realistas de 500 hombres al mando de Pablo Thompson.
Luego de avisar a los comandantes paraguayos de que serían atacados, Belgrano formó el ejército en la tarde del día 18, los arengó y los hizo desfilar hacia el puerto para que fueran observados por la guardia avanzada realista. Luego hizo subir algunas compañías a las balsas para probarlas y al anochecer envió de nuevo los soldados a los cuarteles, cuando los paraguayos de la orilla opuesta no podían verlos, haciéndoles creer que la invasión se estaba desarrollando.
Cerca de las 11 de la noche el baqueano Antonio Martínez y 10 voluntarios de los granaderos cruzaron el río para sorprender la guardia paraguaya, lo cual lograron retornando con 2 prisioneros, y dejando la impresión de que comenzaba el desembarco. Belgrano ordenó a las 2 de la madrugada del 19 de diciembre el embarque y salida de las tropas.
“Al salir el sol mandé al mayor general en el bote y fué con un ayudante y otros oficiales, á que reuniese la gente y presentase la acción; al mismo tiempo salió mi ayudante don Manuel Artigas, capitán del regimiento de América, con cinco soldados en el bote de cuero y el subteniente de patricios don Gerónimo Elguera, con dos soldados de su compañía, en una canoita paraguaya, por no haber cabido en las balsas. El bote de cuero emprendió la marcha y la corriente lo arrastró hasta el remanso de nuestro frente: insistió el bravo Artigas y fué á desembarcar en el mismo lugar que Elguera, es decir como á la salida del bosque por el Campichuelo. No estaba aun la gente reunida y solo habia unos pocos con el mayor general y sus ayudantes, entonces el valiente Artigas se empeñaba en ir atacar á los paraguayos; tuvo sus palabras con el mayor general y al fin llevado de su denuedo, seguido de don Manuel Espínola el menor, de quien hablaré en su lugar, de Elguera y de los siete hombres que habian ido en bote de cuero y canoa paraguaya, avanzó basta los cañones de los paraguayos, que después de habernos hecho siete tiros, sin causarnos el mas leve daño, corrieron vergonzosamente y abandonaron la artillería y una bandera, con algunas municiones.” Memorias del General Belgrano
El capitán de urbanos Domingo Soriano del Monje con sus 13 milicianos abandonó las tres piezas de artillería dejando despejada la costa.
Cerca del medio día Belgrano recibió aviso de que el pueblo misionero de Itapúa, distante cuatro leguas de Campichuelo, había sido abandonado precipitadamente por los milicianos paraguayos, por lo que envió al Mayor General José Machain con artillería a ocuparlo. Thompson con 40 milicianos abandonó canoas, un cañón y municiones, que fueron tomadas por Machaín sin lucha.
El día 20 cruzó Belgrano el río con el resto del ejército desde Candelaria a Itapúa, dejando una compañía de 100 hombres de Caballería de la Patria en Candelaria para custodiar las municiones. Por falta de caballos y ante el mal estado de la tropa, Belgrano se vio obligado a detenerse en la posición conquistada durante seis días, perdiendo así la posibilidad de perseguir a los realistas y aumentar su confusión.

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