lunes, 10 de diciembre de 2018

ANIVERSARIO DE LA DECLARACION DE GUERRA DEL IMPERIO DEL BRASIL A LAS PROVINCIAS UNIDAS DEL RIO DE LA PLATA

El día 10 de diciembre de 1825 se produce la declaración de guerra del Imperio del Brasil a las Provincias Unidas del Río de la Plata por el emperador de Brasil, Pedro I. Durante el gobierno del General Juan Gregorio de Las Heras se produjo una patriótica sublevación a la ocupación brasileña del territorio de la Banda Oriental y un pedido de incorporación a las Provincias Unidas, que fue reconocido por el Congreso reunido en la ciudad de Buenos Aires, lo que motivó esta declaración que condujo a una guerra victoriosa para la República Argentina.


En 1816 numerosas y bien pertrechadas fuerzas del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarave comenzaron la invasión lusobrasileña de la Provincia Oriental y de la casi totalidad de Misiones, así como practicaban incursiones en las provincias de Corrientes y Entre Ríos.
En1821 la entonces llamada Provincia Oriental del Río de la Plata, actual Uruguay y ex Banda Oriental, fue anexada al Brasil por Portugal con el nombre de Provincia Cisplatina tras ser derrotado Jose Gervasio de Artigas en la Batalla de Tacuarembò (1820).
Cinco años después, en 1825, y con el apoyo del gobierno argentino, un grupo de orientales y de otras provincias, llamados los Treinta y Tres Orientales y liderados por Juan Antonio Lavalleja, ingresó en la Provincia Oriental para desalojar a los ocupantes brasileños. A ellos se sumó oportunamente (tras haber servido a los brasileros) Fructuoso Rivera y en pocos meses logran retirar al ejército brasilero. El 25 de agosto de 1825, en el Congreso de Florida, se declaró la independencia del territorio oriental, y su voluntad de formar parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Pese a que al comienzo las fuerzas imperiales eran mayores a las rioplatenses, las Provincias Unidas lograron derrotar a Brasil luego de una lucha de tres años por tierra y mar; la batalla decisiva fue la de Ituzaingó. Sin embargo, los problemas económicos, provocados por el bloqueo de la Armada de Brasil al puerto de Buenos Aires obligaron a aceptar reclamos brasileños por lo que finalmente, Bernardino Rivadavia envió al ministro Manuel Jose Garcia a gestionar la paz; sin embargo, García firmó un tratado que luego sería conocido como el “tratado deshonroso” , ya que reconocía la soberanía del Imperio sobre la Provincia Oriental y se comprometía a pagarle a Brasil una indemnización de guerra. El presidente Rivadavia rechazó el convenio y posteriormente presentaría su renuncia.
El conflicto continuó hasta el 28 de agosto de 1828, cuando durante el gobierno de Manuel Dorrego se llegó a una Convencion Preliminar de Paz, donde se disponía la independencia de la Provincia Oriental y el cese de las hostilidades.


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domingo, 9 de diciembre de 2018

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE AYACUCHO

El Ejército Independiente obtuvo una victoria decisiva para la independencia americana en los campos de Ayacucho contra las fuerzas realistas. Esta última batalla de la Guerra de la Independencia fue la culminación de una acción continua durante 14 años a través de medio continente.
La Batalla de Ayacucho, fue el último enfrentamiento dentro de las grandes campañas terrestres de la guerra de independencia hispanoamericana (1809-1826) que había comenzado con la Revolución de Chuquisaca en 1809 en el Alto Perú y que culminó con la ocupación de las fortalezas del Callao dos años más tarde en 1826. La batalla se desarrolló en la Pampa de la Quinoa en el departamento de Ayacucho, Perú, el 9 de diciembre de 1824. La victoria de los independentistas, selló de facto la independencia del Perú con una capitulación militar que se transformaría años más tarde en tratado diplomático firmado en París el 14 agosto de 1879.
En 1820 España entraba en la debacle política con la sujeción del rey Fernando VII y la reinstauración de la Constitución liberal por la sublevación del General Rafael de Riego apoyado en los veinte mil soldados destinados a auxiliar a los realistas de América. Esto acabó para siempre con las expediciones de refuerzos de España que desde entonces no se aprestaron para ningún lugar de América, y motivó que los dos grandes virreinatos del Perú y de México que hasta el momento habían contenido el avance de la revolución hispanoamericana tomasen caminos opuestos. Mientras en México los monárquicos absolutistas afianzados tras destruir a los insurgentes, proclamaron su separación negociada de la España Liberal mediante el Plan de Iguala, los Tratados de Córdoba y el pacto trigarante. En el Perú por el contrario, el Virrey Pezuela estaba desacreditado por la derrota en Chile y debilitado por la expedición a Lima de José de San Martín. El Virrey absolutista fue derrocado finalmente por el golpe militar del general José de la Serna que proclamó entonces su adhesión a la Constitución Liberal.Los independentistas sostenían una prometedora campaña para derrotar a la Serna y los militares contrarios a la independencia que le apoyaban. Pero los realistas bajo una sólida subordinación militar destruyeron sucesivos ejércitos independientes. Primero en las campañas de Ica dirigidos por Domingo Tristán y Agustín Gamarra, y después en Torata y Moquegua por Rudecindo Alvarado. El inesperado año 1823 terminaba con otra campaña abierta sobre Puno con la batalla de Zepita y que culminaba con la aniquilación del ejército patriota comandado por Andrés de Santa Cruz y Agustín Gamarra. El Virrey la Serna recuperaba Arequipa tras batir a los colombianos el 10 de octubre de 1823. Todavía más, la guarnición argentina del Callao se pasaba a los realistas que acudieron en su ayuda desde la Sierra.Finalmente lo que restaba de optimismo se apagaba por las denuncias de traición contra los presidentes peruanos José de la Riva Agüero y José Bernardo de Tagle. José de la Riva Agüero deportó diputados del Congreso del Perú y organizó un congreso paralelo en Trujillo y luego de ser declarado reo de alta traición por el Congreso del Perú fue desterrado a Chile. En cambio José Bernardo de Tagle buscaba la firmar la paz sin batallas con el Virrey La Serna por lo cual fue a entrevistarse con los realistas. Este acto que fue considerado por Bolívar como traición. José Bernardo de Tagle dispuso todas las fuerzas a su mando apoyen a Bolívar para hacer frente al enemigo. Bolívar buscaba capturarlo para fusilarlo. José Bernardo de Tagle fue refugiado por los realistas en la asediada fortaleza del Callao. Bolívar escribía solicitando refuerzos de Colombia.
Pero sorpresivamente el año 1824 comienza con la rebelión de Olañeta en el Alto Perú tras conocerse la caída del gobierno Constitucional en España. El monarca absoluto Fernando VII había recuperado el trono de España y las Indias apoyado por 132.000 soldados del ejército de la Santa Alianza que invadía España. Y el 1 de octubre de 1823 el rey decretaba la abolición de todo lo aprobado durante los tres años de gobierno constitucional; sin distinguir lo hecho para las américas. Rafael del Riego moría ahorcado el 7 de noviembre de 1823 y los propulsores del movimiento liberal fueron ajusticiados, marginados o exiliados de España. El alcance de ésta purga sobre los constitucionales de Virreynato del Perú era infalible.
Tras conocer la rebeldía del general absolutista español Pedro Antonio Olañeta contra los constitucionales, La Serna cambio sus planes de bajar a la costa para batir a Bolívar. El Virrey del Perú por el contrario desviaba sus fuerzas y cruzaba el río Desaguadero el 22 de enero 1824 para dirigirlo a Potosí y someter los ejércitos de su antiguo subordinado. Las Memorias para la historia de las armas españolas en el Perú del oficial peninsular Andrés García Camba (1846) detallan el trastorno que los sucesos del Alto Perú produjo en los cálculos defensivos del virrey, José de la Serna e Hinojosa. En una prolongada campaña con las batallas de Tarabuquillo, Sala, Cotagaita y finalmente en la Lava el día 17 de Agosto de 1824 las fuerzas realistas del Virreynato del Perú (monárquicos constitucionales) y de las provincias del Alto Perú (monárquicos absolutistas) se destruían mutuamente y lo peor, Jerónimo Valdés era llamado urgentemente por el Virrey la Serna para contener el avance de Bolivar tras la batalla de Junín.
Bolívar en comunicación con Olañeta aprovecha el desmontaje del aparato defensivo realista para "movernos en todo el mes de mayo contra Jauja" y así sorprende a José de Canterac aislado en Junín el 6 de agosto de 1824. Dio comienzo entonces una incesante persecución con la consecuente pérdida de 3.000 realistas que seguidamente engrosaban las filas independientes.
Finalmente el 7 de octubre de 1824 con sus tropas a las puertas del Cuzco Bolívar entregó al general Sucre el mando del nuevo frente de batalla que recorría el curso del Río Apurimac y se retiró a Lima para tomar de la capital más empréstitos para sostener la guerra en el Perú y recibir una división colombiana de 4000 hombres despachada por Páez que no llegaría sino después de Ayacucho.
 
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sábado, 8 de diciembre de 2018

EL UNIFORME DE LOS CADETES DEL COLEGIO MILITAR DE LA NACIÓN

El uniforme no es solamente “un vestido peculiar y distintivo que usan los militares por concesión o por ley”. No siempre fue un traje, sólo bastaba en ocasiones, un penacho, un símbolo o un emblema, para que se “uniformara” a un grupo de hombres. El objeto era distinguir, identificar, individualizar un cuerpo. Pero algunos de ellos se convirtieron en verdaderos íconos de los ejércitos a los que pertenecían. Éste es el caso del uniforme de los Cadetes del Colegio Militar de la Nación.
Vestir un uniforme es algo muy especial, y más cuando se lo hace a una edad en la que todo se idealiza y adquiere un matiz romántico y lírico. En ese uniforme se encarna la vocación de servir desinteresadamente, al igual que un antiguo caballero a una causa noble, a la Patria. La investidura, entonces, supone una predisposición intelectual y espiritual. Intelectual porque se debe tomar conciencia del significado de estos paños y qué cosas se deben defender como valores inmutables y permanentes. Espiritual porque se necesita estar en gracia de Dios, libre de espíritu y tranquilidad de conciencia.
Este uniforme ha variado en su forma pero no en su fondo, representando valores que han sido defendidos por hombres de la talla de Saavedra, quien fue uno de los forjadores de la Patria; Belgrano, que dio los colores a la bandera; San Martín, que dio la gloria a nuestras armas; Las Heras, que fue ejemplo de subordinación y valentía; de los generales Riccheri, Savio y Mosconi, contemporáneos forjadores de un Ejército Argentino más pujante; y también de los jóvenes oficiales que, a poco de egresados, derramaron generosamente su sangre, en pos de sus ideales de una Patria mejor, como Berdina, Massaferro y Barceló. Otros, como Larrabure, son ejemplo de abnegación y entrega suprema ante un enemigo cobarde y artero. Por último, otros jóvenes como Estévez, mostraron en el campo de combate de una guerra convencional, en el intento supremo de recuperar nuestras Islas Malvinas, la grandeza sin tacha del soldado argentino.

EL SIGNIFICADO DEL UNIFORMEMás de un siglo ha transcurrido desde el uso de aquel viejo uniforme compuesto de “blusa de paño azul oscuro con reverso de terciopelo, chaleco y pantalón del mismo paño con franja punzó, botines a la Crimea y kepi”, y muchos años más han pasado desde las solemnes entregas de armas e investiduras de aquellos guerreros que encontraban en la milicia su modo de santificación.
El paso del tiempo no pudo variar la esencia de los hombres de armas que permanecen fijas, inmóviles, idénticas, más allá de los cambios, de los gustos y las modas circunstanciales. Antaño, el distintivo exterior del soldado fue su uniforme. Pero ese no era (ni es) más que la exteriorización de una uniformidad interior que esos bravos llevaban, unían y reunían. Así llegaban a ser un sólo sentimiento, un solo corazón, una sola voluntad, una sola idea y uno solo frente al enemigo.
Los uniformes son la manifestación de una comunión espiritual verdadera y, aunque en su confección no haya habido una intención deliberada, los uniformados siempre han buscado un significado en esas prendas que, con devoción, usan. Una respetable tradición se ha transmitido a través del uniforme de nuestros cadetes. Predomina en él el azul, cual horizonte que recuerda la búsqueda constante de los permanentes, el llamado a trascender y a lo trascendente y la invitación a lo divino.
Los vivos rojos simbolizan la abnegación y su modo supremo, el sacrificio. Representa la sangre derramada por la multitud de muertos por la Patria y nuestra disposición perenne de ofrendar la vida entendiendo la muerte como un acto más del servicio, pero así mismo, el acto más sublime del servicio. Es además, sinónimo de valor, victoria y alteza.
El color blanco en la gorra, en los guantes, en la cabeza y en las manos, representa la pureza de pensamientos y la nobleza de los ideales en el primer caso y la integridad de proceder en el segundo caso. Es también la firmeza, la vigilancia, la integridad y la obediencia. Los botones son dorados; siete adelante y cuatro atrás. Los primeros simbolizan los sacramentos donde el cadete debe buscar la fuerza, el alimento, la salud y la vida. Los de atrás, configuran las virtudes cardinales que debemos adquirir y practicar para un mejor servir en la milicia: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza. Ese color dorado es símbolo de la dignidad, lealtad y constancia en nuestro obrar.
El cinturón muestra al cadete ceñido, envuelto doblemente por Dios en el cumplimiento de sus mandamientos y por la Patria en la obediencia y subordinación para su defensa. Los símbolos patrios, escarapela y escudo nacional, presiden desde lo alto todo el uniforme. Ocupan por privilegio el centro de la gorra.
El distintivo del Colegio Militar de la Nación, usado desde los primeros días de su fundación, consta de un castillo rodeado de dos gajos de laureles. El castillo significa la fortaleza, el valor, el dominio del temor y la tristeza, la entereza y la presencia de ánimo. Los laureles representan la gloria obtenida con heroísmo y nobleza siendo, además, signo visible del cumplimiento de la misión. El sable es una réplica del que usara el General San Martín durante sus campañas en América, símbolo del mando para el uso de la fuerza en el ejemplo de las virtudes sanmartinianas. En este tipo de armas, la empuñadura y la hoja simbolizan la prudencia. El pomo, la fortaleza y la cruz, la templanza.

EL ESCUDO
Torreón que conforma el emblema del Colegio Militar de la Nación. Fue elegido como el símbolo de la fortaleza, no sólo física sino también moral, que debe caracterizar al militar argentino. Enmarcando el torreón, los laureles, símbolo del honor y de la gloria. Honor que nace en las virtudes sanmartinianas, ejemplo preclaro de nuestra historia. Gloria, que llegó a través de su pasado y que compromete su pensamiento y acción en el tiempo.

Fuente: Mayor Sergio O. H. Toyos para Diario Soldados Digital.

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viernes, 7 de diciembre de 2018

ANIVERSARIO DEL COMBATE DE CHIMEHUIN

Se desarrolló el 6 de diciembre de 1882 en el valle del río Chimehuin, al sur de Junín de los Andes, entre una tropa de 25 hombres del Regimiento 2 de Caballería de Línea, al mando del capitán Vicente Bustos y la tribu del cacique Platero, asentada en ese lugar. El parte y la versión oficial dice lo siguiente: “Campamento de Auquenco, Diciembre 7 de 1882. Tengo el honor de comunicar a Vd. el resultado de la comisión que se me confirió en la noche del 5 del presente. Siguiendo sus instrucciones vadié el río Chinhuin (sic) y en combinación con el teniente 2º D.
Vicente Grimau, cargué los toldos que se encontraban sobre la margen izquierda de dicho río, cuyo resultado Ud. conoce. Enseguida se me presentó el citado oficial con 14 individuos de tropa y doce que yo tenía hicieron el total de 26, con los cuales, según orden suya, me dirigí a los toldos de Platero, llevando tan solo un caballo por hombre por haber sido imposible pasar los que Ud. me mandó. Emprendí la marcha a las 2 y minutos de la mañana y después de una hora de marcha, después de haber andado más de tres leguas, llegamos a unos toldos abandonados, los cuales habían sido del citado Platero según el baqueano, a quien reprendí seriamente porque aquellos toldos se conocía que no eran habitados desde mucho tiempo atrás.
Acto continuo seguimos adelante y llegamos a otros toldos después de haber marchado como una legua y notando que recién los habían abandonado seguí los rastros y como a una legua tomé trece indios de chusma que huían y avistando una toldería muy cerca, me dirigí a ella; siendo ésta la del capitanejo principal del cacique Ñancucheo el que teniendo conocimiento por los indios fugados de la anterior toldería, de nuestra aproximación, había pasado a la margen derecha del río Chimehuin; algunos indios que se encontraban de este lado huyeron a mi vista.
Ya los caballos estaban cansados y resolví acampar tomando para ello las precauciones del caso, pues sobre un médano de la margen derecha del río se veía un grupo de indios como de noventa, los que levantaron una bandera en señal de parlamento y habiéndole contestado de la misma manera, bajó a la orilla del río el Capitanejo acompañado de un lenguaraz y tres indios, desde allí me hizo presente que quería paz lo mismo que su cacique, que debía presentarse con 400 y tantos indios que tenía, contando con los que pertenecían a Namuncurá. En vista de esto mandé al baqueano que llevaba acompañado de un cabo y dos soldados a fin de poner en su conocimiento todo lo susodicho, dándole cuenta al mismo tiempo de que a una señal de humo, se reunían los indios llegando de todas direcciones, pero por la parte del río en que ellos se encontraban, y avisándole el estado de los caballos.
Mientras tanto volví a conferenciar con el Capitanejo dos veces más, pasando éste con varios indios desarmados a donde ya estaba, y al retirarse la última vez fui atacado como por doscientos indios aproximadamente que durante la conferencia habían vadeado el río sigilosamente, por un punto imposible de descubrir para nosotros.
El ataque lo trajeron divididos en tres grupos, dos a pie y el otro a caballo, armados de lanzas y carabinas, siendo la primera el arma que tenían el mayor número de ellos.
Los que cargaron a pie serían como unos cien, quienes llegaron hasta nosotros, haciéndome imposible la defensa de la caballada, que estaba atada y maneada a poca distancia, arrebatándola una parte de los indios montados; a pesar de habernos cargado muy de cerca; valiéndose para ello de los accidentes del terreno y de la arboleda de la costa, fue tal el fuego hecho por los soldados, y los golpes de sables de los mismos que pronto comprendí la desmoralización de los salvajes, y entonces redoblando nuestros esfuerzos, conseguimos después de media hora de combate, ponerlos en precipitada fuga, quitándoles trece lanzas y seis caballos, de los cuales uno era nuestro y los otros de ellos, estando estos últimos ensillados. Del total de lanzas tomadas, que es el mismo de muertos del enemigo entrego a Ud. diez, pues las otras se quedaron inútiles en el lugar de la acción, varios indios más perecieron ahogados, pues se arrojaban al río, los que no tenían otra salvación; pereciendo de la misma manera, toda la chusma prisionera, quien durante el combate, también se asotó al río.
Las pérdidas sufridas por nuestra parte, son los soldados Toribio Oliva y José Lacasa, muertos; el primero recibió un lanzazo en el costado a consecuencia del que cayó al río, y el segundo otra herida también de lanza en la misma naturaleza que la del primero, con la cual bastó para dejarlo fuera de combate, pero asimismo su cuerpo presentaba otras heridas.
Los heridos son, el que suscribe de dos lanzazos de poca gravedad, y un golpe de bola perdida; el cabo 2º Juan Guilleguer, de un bolazo en la pierna izquierda, el soldado Juan Chaparro, también herido de lanza en seis partes, y por último, el soldado Pedro Trejo presenta en el cuerpo veinticinco heridas, siendo algunas de gravedad; a más salieron contusos de golpes de bola perdida, el sargento Samuel Pérez, los cabos Ignacio Taboada y Jacinto Morales y los soldados Venancio Zárate, Bernabé Sosa y Sandalio Villaroel.
Los heridos del enemigo me supongo que son muchos, por la sangre que se notaba en el trayecto de su fuga.
Me falta hacer presente a Ud. que la munición ha sido de tan mala calidad que varios soldados se vieron en la imperiosa necesidad de abandonar su carabina, porque los cartuchos no detonaban, siendo así que tres de ellos resultaron sin carabina, habiéndose reventado una y la otra cayó al agua.
Viéndome casi completamente a pie, resolví buscar la incorporación, haciendo montar los heridos y cargar las monturas en los caballos restantes, marchando la fuerza a pie. Como los caballos venían bastante pesados y los indios me seguían, resolví dejar las monturas ocultas en un bosque de los que encontré en mi trayecto, distante del paso del río como una dos leguas, trayendo tan solo cuatro que fueron los caballos que se pudieran ensillar.
Sobre el camino encontré charcos de sangre y una medalla de las acordadas últimamente por el Superior Gobierno a los soldados, lo que me vino a demostrar la certeza de mi sospecha sobre el baqueano, pues no puede dudarse de que el cabo Alarcón y los soldados Pedro Bustos y Telmo Domínguez han sido muertos por los indios, en vista de no haber llegado a este campamento ninguno de ellos.
Réstame recordar a Ud. la digna comportación del teniente Grimau, lo mismo que el puñado de valientes que tenía a sus órdenes y que han demostrado una vez más, la pujanza en la pelea, el sufrimiento en la fatiga, la pronta obediencia y la ciega disciplina de que están poseídos. Dios guarde a Ud. - Vicente Bustos.”
Es conveniente agregar la nota aclaratoria del citado Capitán, donde se refiere a la actuación de suboficiales y soldados; dice así: “Collón-Curá, Enero 10 de 1883 – Al Señor Jefe Accidental del Regimiento 2 de Caballería de Línea, teniente coronel Don Roque Peiteado. - A pesar de que como lo digo en el parte que pasé a Ud. dando cuenta del combate que tuvo lugar con los indios en el día 6 de Diciembre próximo pasado, todos los soldados han observado una conducta bastante digna, se han hecho recomendables por su reconocido valor en los momentos de la lucha cuerpo a cuerpo, y después por el especial empeño en dar cumplimiento a las órdenes que recibían y por la tenacidad en la persecución que se hizo a pie hasta donde nos fue posible y en la que se consiguió ultimar varios indios heridos, herir a otros y quitar los caballos que me sirvieron para cargar las monturas y montar los heridos; el sargento 1º Cayetano Rosas, los cabos 2º Ignacio Taboada y Jacinto Morales y los soldados Hermenegildo Montenegro, Calisto Arias, Balbino Balquinta, Doroteo Barrios, Venancio Zárate, Pedro Trejo y Juan Chaparro. Dios guarde a Ud. – Vicente Bustos.”
Como los datos oficiales y extraoficiales no coinciden, veamos seguidamente la versión que se asienta en el Diario de la Brigada: “La lucha fue cruda y encarnizada por ambas partes: los salvajes alentados por la superioridad en el número y la seguridad de la victoria, y nuestros valientes, por su propio coraje y disciplina.
El intrépido capitán Bustos, que sereno y enérgico en el peligro dirigía el combate dando ejemplo de valor, rompió su espada en lucha y descargó eficazmente sus revólveres, quedando, por tanto, desarmado en lo más crítico de la pelea; los bárbaros dirigían sus golpes a este valiente oficial, a quien reconocieron por Jefe, y a no ser por la intrepidez y destreza del cabo Ignacio Taboada, que apercibido del peligro que corría su oficial, se colocó a su costado e hizo prodigios con su sable, quitando las lanzadas que a uno y a otro les dirigían e hiriendo a cada golpe que descargaba sobre los más atrevidos, hubiera sido víctima tal vez.
El teniente 2º D. Vicente Grimau, también del mismo Regimiento, secundaba dignamente en esta acción al capitán Bustos.
Media hora duró la lucha, cediendo por fin los salvajes en completa dispersión, dejando a los pies de nuestros bravos, 13 cadáveres; mientras que otros aterrorizados se lanzaban al río Chimehuin, a cuya margen tuvo lugar el suceso, juntamente con trece personas de familia que momentos antes se habían tomado prisioneras, pero perecieron todos por el fuego de nuestros soldados o devorados por las torrentosas aguas del Chimeuin.
De nuestra parte lamentamos un cabo y 4 soldados muertos; 4 heridos inclusive el capitán Bustos y la mayor parte contusos por golpe de bolas.
Tan distinguida acción, fue la que inauguró la serie de combates no menos honrosos, que se han sucedido en el curso de la expedición.”
Pero he aquí que el mismo comandante de la Brigada, al dar a conocimiento a sus subordinados de los hechos de armas en que habían intervenido sus tropas durante ese lapso de la campaña, expresaba el 15 de diciembre en su: “Orden de Brigada – En los pocos días de campaña que cuenta la segunda Brigada, se han realizado operaciones tan diversas como fructuosas y librádose combates, dejando en cada uno de ellos sembrado el escarmiento, el terror y el castigo terrible para los salvajes, que desesperadamente en sus últimos momentos de exterminio han osado oponerse a nuestro paso.
Algunas víctimas tenemos que lamentar por nuestra parte todos pertenecientes al Regimiento 2 de Caballería de Línea, los soldados José Lacaba y Toribio Oliva, también víctimas en su puesto de honor, en un combate de doscientos contra veinte, como el que tuvieron que sostener a arma blanca, tan brillantemente conducidos por el capitán D. Vicente Bustos y teniente 2º Don Vicente Grimau. Debemos también un recuerdo respetuoso para el cabo Atanasio Alarcón y soldados Pedro Bustos, Telmo Domínguez y Fidel Miranda, traidoramente asesinados los tres primeros al conducir una correspondencia, y el último ahogado en las aguas del río Chimehuin, al vadearlo a nado para atacar al enemigo.”
Algunos historiadores y escritores militares aportan algunos datos que difieren en algo a lo apuntado anteriormente. Juan Carlos Walter, al citar el combate dice: “La sorpresa no tuvo lugar porque los indios lograron escapar. Con todo se tomaron 22 prisioneros, 3 carabinas Remington, algunos animales y varias prendas de uniforme, probablemente de algunos desertores allí refugiados. Las propias tropas tuvieron la pérdida de dos soldados puestos fuera de combate y 10 heridos, entre ellos 1 soldado que presentaba en el cuerpo 25 heridas”.
Manuel Prado, en cambio, informa: “Por nuestra parte tuvimos que lamentar seis soldados muertos y el capitán Bustos y un soldado heridos. El resto de la fuerza, sin excepción, había sufrido contusiones de bola. Pero éstas, como nos contaba Grimau alegremente, se curaban fácilmente con agua del arroyo y la sal de la ración.”
Se hace la salvedad que Prado puede referirse, al citar los muertos, a alguno de los heridos que haya fallecido posteriormente, como consecuencias de las heridas, como por ejemplo el que cita Walter.
Juan J. Biedma Straw nos dice igual saldo al del informe del Diario, agregando: “Regresó al campamento con 24 prisioneros, numerosa caballada y ganado vacuno y lanar.”El general Pereyra hace la referencia del mismo informe transcripto, no dando nombres, y por último, Vigil, en su meritoria obra, menciona: “De las fuerzas expedicionarias hubo que lamentar cuatro bajas, entre ellas el cabo Atanasio Alarcón, resultando el capitán Bustos herido de dos lanzazos y un golpe de bola. Hubo además cuatro soldados heridos y varios contusos.”
En base a lo expuesto se puede expresar:
1) Que la acción se desarrolló en la margen izquierda del río. El mapa que figura en la obra de Vigil lo marca a la derecha, pero en el texto se ciñó al informe de la Comisión Nacional, que lo da al combate como realizado en la margen izquierda.
2) Que en esa ocasión no falleció el cabo Atanasio Alarcón y los soldados que lo acompañaron en su comisión; como figura en el informe aludido de la Comisión Nacional y en otros libros.
3) Que la tribu de Ñancucheo vivía en la orilla meridional del lago Huechulafquen, en el paraje denominado “Contra”, como surge del informe y mapa del sargento mayor Bejarano, que la visitara en 1872 en misión oficial, como así figura luego en varias partes de los Diarios de marcha de las brigadas intervinientes en esta campaña, tanto que la lucha contra este cacique insume la mayor parte de las acciones guerreras realizadas en la zona. La toldería atacada pertenecía al cacique “Platero” y su gente, de la misma parcialidad, como bien lo hace constar Walter en su libro.
Prado se equivoca con respecto a la actuación del referido cacique y su tribu, como lo certifican los informes de las brigadas actuantes contra él.
4) Que durante el combate fallecieron los soldados José Lacaba y Toribio Oliva; en cuanto al soldado Miranda, el informe de Peiteado dice: “Al pasar el río de regreso, tuve que lamentar la pérdida del soldado Fidel Miranda, que se ahogó sin habérsele podido prestar auxilio por la rapidez de la corriente.”
5) Que el fortín Picún Leufú, luego denominado Cabo Alarcón, situado en la confluencia de aquel río con el Limay, era custodiado por tropas del Regimiento 5º de Caballería de Línea, y no tiene relación alguna con este combate, librado por tropas del 2 de la misma arma. El nombre impuesto corresponde al Cabo citado.
Con fecha 28 de julio de 1883, por Superior Resolución, fueron ascendidos “por mérito de acción distinguida” el capitán Bustos y el teniente 2º Grimau.
Fuente: Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado, Raone, Juan Mario – Fortines del desierto – Biblioteca del Suboficial Nº 143.


jueves, 6 de diciembre de 2018

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE PASCO

El 6 de diciembre de 1820 se produce la Batalla de Pasco. Después de la victoria de Nazca del 15 de octubre de 1820, el General Juan A. Álvarez de Arenales recorrió varias localidades de la sierra peruana, capturando Guamanga, Huanta, Jauja y Jauma. El virrey del Perú envió en su contra a un ejército al mando del Brigadier Diego O'Reilly, quién lo desplegó en batalla en el Cerro de Pasco. El General Álvarez de Arenales obtuvo un triunfo completo. Luego de la batalla el Teniente Vicente Suárez, al frente de un piquete de Granaderos a Caballo, persiguió al general español y lo capturó en Lauricocha a unas 20 leguas de distancia.
Al comenzar el día de la batalla, la climatología ofrecía una nevada espesa y copiosa que entorpecía la marcha de la infantería y que disminuía la visibilidad a "unas cuantas varas". Para cuando dejó de nevar, la división de Arenales que se había puesto en marcha a las 10 am con cuatro cañones de montaña, ocupaba las alturas delante del pueblo de forma que la línea del frente se dibujaba al sur-oeste del pueblo, el cual estaba situado en la hondonada. En el ala izquierda realista estaba la laguna de Patarcocha que cubría el frente del batallón Concordia, a su derecha estaba el batallón Talavera, parapetado detrás de un foso que servía de desaguadero de la laguna y con las dos piezas de artillería en su centro. En el extremo del ala derecha realista estaban los Dragones de Carabaillo.
Movimientos de la batalla
La división de arenales se organizó en tres columnas que se moverían al trote, con una pantalla de tiradores desplegados en guerrilla al frente de cada una. A la derecha independentista estaba batallón número 2 de Chile formado en columna, y comandado por Aldunate iba dando un rodeo a laguna para atacar el flanco del batallón Concordia. La reserva formada, de cuatro mitades del Nº2 y Nº11, estaba mandada por Manuel Rojas, a dos cuadras por detrás y en el centro independiente, con la misión de seguir el movimiento del nº2. Finalmente Deheza con el batallón número 11 de los Andes con dos piezs de artillería era el encargado de atacar al Talavera, para lo que destacó una compañía contra el centro realista cubriéndose en la ribera de la Laguna, mientras el resto asaltaba el foso. Contaba con el apoyo de los granaderos a caballo que iban comandados por Juan Lavalle.
Conclusiones
El batallón nº 11 de los Andes tras los tiroteos de fusilería asaltó a la bayoneta el foso, empujando a los Talavera hacía el norte caserío. Los del nº2 de Chile, rodeando la laguna, flanquearon la posición dispersando completamente la división realista. En la persecución que siguió, Santa Cruz y la unidad de caballería que mandaba se pasaron al bando independiente. Los realistas tuvieron 83 bajas y 422 prisioneros, 4 jefes, incluido O'Reilly. Los independientes 43 bajas
En la imagen: Condecoración otorgada a los vencedores de la Batalla de Pasco.

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miércoles, 5 de diciembre de 2018

ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DEL GRUPO DE ARTILLERÍA BLINDADO NRO. 2

Se crea el 05 de diciembre de 1917, por Decreto del Presidente HIPÓLITO YRIGOYEN, con el nombre de PRIMER GRUPO DE ARTILLERÍA A CABALLO, organizándose a órdenes de su primer Jefe, Mayor JOSÉ MARÍA MANZO, en los cuarteles de la ciudad de DIAMANTE, provincia de ENTRE RÍOS.
En el año 1920, la unidad se traslada a la ciudad de GOYA, provincia de CORRIENTES, y en el año 1923, en ese lugar, el Grupo cambia de denominación por la de TERCER GRUPO DE ARTILLERÍA A CABALLO.
En el año 1931, la unidad participa de las acciones para sofocar el alzamiento militar, ocurrido en la ciudad capital de CORRIENTES, estos desgraciados acontecimientos estaban encabezados por el ex Teniente Coronel POMAR.Durante el año 1939, la unidad cambia de asiento, se traslada a la ciudad de MERCEDES , PROVINCIA DE CORRIENTES, la que será su nueva guarnición.
Durante el año 1942, la unidad es disuelta, creándose sobre la base de sus efectivos el REGIMIENTO 3 DE ARTILLERÍA A CABALLO, en la ciudad de MERCEDES, provincia de CORRIENTES, como parte integrante de la 2da DIVISIÓN DE CABALLERÍA.En el año 1945, se reorganiza como REGIMIENTO 2 DE ARTILLERÍA A CABALLO, cambiando de guarnición a la ciudad de VILLAGUAY, provincia de ENTRE RÍOS.
Nuevamente en esa guarnición en el año 1949, cambia de denominación pasando a llamarse PRIMER GRUPO DEL REGIMIENTO 2 DE ARTILLERÍA A CABALLO.
En el año 1961, cambia de destino y ocupa la guarnición en la ciudad de ROSARIO DEL TALA, provincia de ENTRE RÍOS, su actual asiento. En esta oportunidad también cambia de denominación por la de GRUPO DE ARTILLERÍA A CABALLO 2.
El 07 de julio de 1968, participa en el desfile en el que la última Gran Unidad de Combate Montada del país despide a sus caballos; él también le dice adiós a los tordillos, zainos y alazanes, que con su noble esfuerzo le permitieron hasta entonces acompañar a la ágil Caballería.
A partir del año 1968, adopta su actual denominación de GRUPO DE ARTILLERÍA BLINDADO 2. Recibe la provisión de sus VC M7A3 con Cñ Cal 105mm L 24,5 - M2A1, materiales que le brindarán la posibilidad de apoyar con sus fuegos a los elementos blindados.
En mayo de 1972, llegan a la unidad DOCE ( 12) piezas de Artillería Blindada VC AMX 13, autopropulsadas con Cñ 155mm, las que le permiten incrementar su capacidad operacional.
En el año 1982, nuevamente abandona su guarnición y ante la orden de preparase para el embarque marítimo, el 02 de mayo se traslada a los cuarteles del GRUPO DE ARTILLERÍA DE DEFENSA AÉREA 121 en la ciudad de GUADALUPE, provincia de SANTA FÉ, para su posterior marcha hacia la zona de operaciones en el ALTÁNTICO SUR; no habiendo concretado el anhelado embarque, el 21 de junio de 1982 regresa a su asiento en la ciudad de ROSARIO DEL TALA.
Ante los acontecimientos del 03 de diciembre de 1990, decididamente, la unidad se ve obligada a participar en un combate en proximidades de la ciudad de GUALEGUAYCHÚ, librado contra elementos rebeldes que intentaban deponer las autoridades legalmente constituidas y romper el orden constitucional.A partir del año 1993, la unidad ha participado, aportando personal y medios en las Operaciones Mundiales para el Mantenimiento de la Paz(OMMP), en la Ex–YUGOSLAVIA, CHIPRE, KUWAIT, MOZAMBIQUE y SAHARA OCCIDENTAL.
Fuente: www.gabl2.ejercito.mil.ar

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martes, 4 de diciembre de 2018

DÍA DEL ARMA DE ARTILLERÍA “SANTA BÁRBARA”

En la fecha en que se celebra el Día del Arma de Artillería y el de su patrona, Santa Bárbara, enviamos nuestro saludo a todos los integrantes del Arma."
La misión general de la artillería de campaña será la de conducir y ejecutar los fuegos sobre aquellos blancos de superficie que impidan, interfieran y/o amenacen el cumplimiento de la misión de la fuerza apoyada. Entre otras funciones tendrá que: planificar y coordinar todos los fuegos en apoyo de la fuerza, en todos los niveles de comando, obtener y proporcionar adquisición de blancos e intervenir en la elaboración de cartas de contaminación, predicción de lluvia radiactiva y registros e informes de explosiones nucleares.
La Artillería Argentino tendrá como misión general accionar sobre la amenaza aérea, desde las mayores distancias posibles para prevenir, anular, interferir o reducir los ataques de los medios aéreos enemigos en vuelo, a fin de proteger los objetivos materiales, el despliegue de los medios de la Fuerza Ejército, y contribuir al logro y mantenimiento de la superioridad aérea, atenuando los efectos de una situación aérea desfavorable. La AA del Ejército cumplirá su misión en la muy baja, baja y mediana cobertura.
La Artillería, junto con Infantería, Caballería, Ingenieros y Comunicaciones, es una de las cinco armas que posee el Ejército Argentino. Se entiende por "Arma" el conjunto de organizaciones que participan, durante el transcurso de la batalla, respondiendo a funciones de combate determinadas y claramente diferenciadas. Cada "Arma" tiene características propias y definidas, y comprende organizaciones, equipos y materiales similares.

Su misión general abarca dos actividades bien diferenciadas:
* Artillería de Campaña.
* Artillería Antiaérea.

La Artillería de Campaña, que utiliza como armas principales cañones, obuses, morteros y proyectiles autopropulsados tierra - tierra, tiene como misión fundamental destruir o neutralizar blancos terrestres que dificulten el cumplimiento de la misión de la fuerza a la que se esté apoyando.
La Artillería Antiaérea, que emplea cañones antiaéreos y proyectiles autopropulsados tierra - aire, tiene como misión principal prevenir, anular, interferir o reducir los ataques de los medios aéreos enemigos en vuelo (pueden ser aviones tripulados o no, helicópteros, misiles, etc.), para proteger a las propias fuerzas, sus medios, actividades y otros objetivos importantes.
Tanto la Artillería de Campaña como la Artillería Antiaérea se organizan en unidades que se denominan Grupos. Eventualmente, cuando se necesita coordinar el trabajo común de varios grupos, se conforman organizaciones mayores, que los encuadran y reciben el nombre de Agrupaciones de Artillería. Cada Grupo, a su vez, posee un número variable de organizaciones menores, o subunidades, que reciben el nombre de Baterías.

Las Baterías pueden ser de diferentes tipos, a saber:
Baterías Comando: agrupan los elementos necesarios para facilitar la conducción del Grupo de Artillería, como aquellos correspondientes a la dirección del tiro, la adquicisión de blancos, para establecer las comunicaciones internas y las externas, hacia las tropas apoyadas.

Baterías de Tiro: en ellas se encuentran las piezas (cañones, obuses o lanzadores de proyectiles autopropulsados) y los elementos necesarios para su funcionamiento (abastecimiento de munición, dirección del tiro de la Batería, etc).

Baterías Servicios: en ellas se encuentran agrupados los elementos que brindan apoyo logístico a la Unidad. Ellos son Intendencia (comprende el apoyo de vestuario, alimentación y combustibles), Arsenales (provee repuestos, mantiene y repara los vehículos, cañones, armamento en general, equipos de comunicaciones y radares de la Unidad), Transporte y Sanidad.

Baterías Comando y Servicios: cuando en una sola Batería se reúnen los elementos mencionados al hablar de las subunidades Comando o Servicios.

Las organizaciones más comunes son las que se detallan a continuación:
* Organización de Grupo de Artillería de Campaña.
* Organización de Grupo de Artillería Antiaérea.

Fuente: www.artilleria.ejercito.mil.ar

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