martes, 7 de julio de 2009

ANIVERSARIO DE LA FIRMA DE CAPITULACIÓN DURANTE LA SEGUNDA IVASION INGLESA


Los británicos habían desembarcado en Ensenada el día 28 de junio y luego de desbaratar a una fuerza local muy inferior en número, sitiaron la capital el día 4 de julio.
Mientras tanto, había llegado al virreinato la resolución de la corte española declarando a Ruiz Huidobro virrey interino. Sin embargo, el gobernador había sido embarcado hacia Londres luego de la caída de Montevideo. Por lo tanto, Liniers, siendo el militar de mayor rango presente fue nombrado en reemplazo de Huidobro por la Audiencia.
El ejército británico avanzó con dificultades los 50 kilómetros que separaban el lugar escogido para el desembarco y la capital. El ejército del flamante virrey interceptó el primer avance del enemigo cerca de Miserere, pero el grupo comandado por Craufurd logró dividir y hacer retroceder a los hombres de Liniers. Al caer la noche, el combate cesó y muchos milicianos se retiraron a sus casas.
Parecía que todo estaba perdido, pero Whitelocke decidió esperar; suspendió el avance de Craufurd hacia la ciudad y exigió rendición inmediata. Les dio a los porteños tres días, que los criollos utilizaron para organizarse militarmente.
El alcalde de Buenos Aires, Martín de Álzaga ordenó montar barricadas, pozos y trincheras en las diferentes calles de la ciudad por las que el enemigo podría ingresar. Reunió todo tipo de armamento, y continuó los trabajos en las calles bajo la luz de miles de velas.
En la mañana del 5 de julio, la totalidad del ejército británico volvió a reunirse en Miserere. Confiado de la supremacía de su ejército, Whitelocke dio la orden de ingresar a la ciudad en 12 columnas, que se dirigirían separadamente hacia el fuerte y Retiro por distintas calles. En un alarde innecesario, llevaban orden de no disparar sus armas hasta llegar a la Plaza de la Victoria.
Sin embargo, los invasores se enfrentaban a una Buenos Aires muy diferente al que se había rendido ante Beresford. Según cuenta la tradición popular, los vecinos arrojaron piedras y aceite hirviendo sobre las cabezas de los invasores. Lo cierto es que Liniers y Álzaga habían logrado reunir un ejército de 9.000 milicianos, apostados en distintos puntos de la ciudad. El avance de las columas se vio severamente entorpecido por las defensas montadas, el fuego permanente desde el interior de las casas y desinteligencias y malos entendidos entre los comandantes británicos. Whitelocke vio como sus hombres eran embestidos en cada esquina. Mediante la lucha callejera, los vecinos de Buenos Aires superaron la disciplina de las tropas británicas. Tras una encarnizada lucha, Whitelocke perdió más de la mitad de sus hombres entre bajas y prisioneros.
Cuando la mayoría de las columnas habían caído, Liniers exigió la rendición. Craufurd, atrincherado en la iglesia de Santo Domingo, rechazó la oferta y la lucha se extendió hasta pasadas las tres de la tarde. Whitelocke recibió las condiciones de la capitulación hacia las seis de la tarde ese mismo día.
El día 7 de julio de 1807 firma la Capitulación el General Sir John Whitelocke ante el General Santiago de Liniers y Bremond. Ante las enormes pérdidas sufridas en los combates por la conquista de Buenos Aires, las fuerzas británicas se rinden con honores, concluyendo así los combates de la Segunda Invasión Inglesa. Entre los términos pactados, los británicos recibirían los prisioneros tomados por las fuerzas virreinales que desearan su repatriación y deberían evacuar la ciudad en las 48 horas siguientes para luego entregar la ciudad de Montevideo dentro de los 2 meses de la fecha. Buenos Aires es libre.

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lunes, 6 de julio de 2009

MALON EN SAN RAFAEL


El día 6 de junio de 1867 se produce un malón de indios salvajes contra la ciudad de San Rafael, provincia de Mendoza. Unos 700 indios saquearon la ciudad recorriéndola de lado a lado y matando a los que encontraban a su paso. La guarnición de la ciudad al mando del Comandante Ignacio M. Segovia, se batió con valor y los expulsó, aunque los indios se quedaron en las cercanías por un día más hasta que se alejaron con todos los elementos robados.




domingo, 5 de julio de 2009

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL LORENZO VINTTER


El día 5 de julio de 1915 fallece en Buenos Aires el General Lorenzo Vintter. Había nacido en la misma ciudad el 11 de octubre de 1842. Participó en combates durante las guerras entre Buenos Aires y la Confederación Argentina. Concurrió a la Guerra del Paraguay donde actuó en Paso de la Patria, Estero Bellaco, Tuyutí y Paso Canoa. Combatió contra el caudillo Ricardo López Jordán y fue uno de los comandantes de la expedición para la Conquista del Desierto encabezada por el General Julio A. Roca.Un lago de la Provincia de Chubut se llama en homenaje a Lorenzo Vintter “Lago Vintter”. Es un lago glaciar andino fronterizo entre la Argentina (provincia del Chubut) y Chile. En este último país se lo conoce como “Lago Palena”.
En 1905, Vintter se retiró de la vida militar con 48 años de servicios; continuó prestando servicios en el Consejo Supremo de Guerra y Marina hasta 1910.

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sábado, 4 de julio de 2009

INVASIONES INGLESAS


El día 4 de julio de 1807 se produce el avance de fuerzas británicas en la ciudad de Buenos Aires. Las mismas logran ocupar varias calles y zonas de la ciudad. El General Sir John Whitelocke intima nuevamente la rendición a las fuerzas que defendían la ciudad, comandadas por el General Santiago de Liniers y Bremond y por Don Martín de Alzaga, quienes rechazan nuevamente la intimación.

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viernes, 3 de julio de 2009

EL EJERCITO ARGENTINO Y SU APOYO A LA COMUNIDAD


En virtud de la pandemia de gripe A H1N1 que afecta a nuestro país, el Ejército Argentino brinda apoyo a las comunidades más afectadas
Hasta el momento la Fuerza colaboró con materiales para dos hospitales del partido de 3 de Febrero y puso a disposición el Hospital Militar de Campo de Mayo para albergar a las personas afectadas. Asimismo, en Mar del Plata, en un trabajo en conjunto con la Municipalidad, se instalaron puestos sanitarios móviles en distintos barrios de la ciudad para realizar prediagnosis en la población. A este fin se dispuso de profesionales médicos para detectar los casos que justifiquen atención especial. A su vez los afectados son trasladados a centros de salud del Municipio, ubicados en diferentes puntos de la ciudad, para lo cual la Fuerza proporciona las ambulancias, un conductor y enfermero por turno.El Comando de la Brigada Mecanizada X, en la ciudad de Santa Rosa La Pampa, está alistado para montar consultorios móviles atendidos por médicos militares, en terrenos del ferrocarril.El Ejército permanecerá atento a los requerimientos del Ministerio de Salud de la Nación y a las necesidades de la sociedad.

Cuidémonos entre todos
Para evitar el contagio de la gripe A H1N1 debemos extremar las medidas de higiene tanto en la casa como en el trabajo, pero sin desesperar. El alcohol en todas sus formas es el método más efectivo, pero el jabón también cumple con la función de higienizar. Además debemos mantener ventilados los ambientes y permitir, en la medida de lo posible, la entrada del sol. Tengamos en cuenta que el barbijo sólo es efectivo cuando el que lo usa está infectado, de otra forma genera un ambiente propicio para el contagio debido a la humedad que se produce al respirar.
Tomemos conciencia en los medios de transporte y los lugares cerrados de tapar los estornudos o la tos para no afectar al que tenemos al lado y asi ayudar a disminuir la ansiedad de la sociedad.
En la imagen: Hospital Militar Central “Cirujano Mayor Doctor Cosme Argerich”
Fuente: http://www.ejercito.mil.ar/

jueves, 2 de julio de 2009

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE APOSTOLES


Era el mes de junio del año 1817 y Andrés Guacurarí había establecido su Cuartel General en el pueblo de Apóstoles, meses antes saqueado y destruido por la invasión portuguesa dirigida por el comandante Francisco Das Chagas Santos. Don Andrés Guacurarí, conocido por su pueblo como Andresito, comenzó la organización de las fuerzas misioneras con la finalidad de contrarrestar las invasiones de los portugueses. ¿Quiénes integraban aquél ejército misionero?. No eran soldados profesionales. Eran los sobrevivientes de las matanzas realizadas por los portugueses en San Carlos, San José, Concepción, Santo Tomé, La Cruz, Mártires, San Javier, Apóstoles y otras tantas reducciones de Misiones, durante los meses de enero y febrero de 1817.

Eran el mismo pueblo, integrado por indios guaraníes y gauchos criollos habitantes de la campaña adyacente a los pueblos. Junto a ellos en la lucha estaban las mujeres, los ancianos y los niños. Era el pueblo levantado en armas en defensa de sus derechos y de su dignidad, siguiendo los principios del federalismo del caudillo oriental Gervasio Artigas y luchando contra el centralismo porteño aliado a los intereses portugueses. La concentración de las fuerzas misioneras en Apóstoles exacerbó los ánimos del comandante portugués Francisco das Chagas Santos, quien decidió organizar una nueva invasión a Misiones con el objetivo de atacar a los misioneros que se hallaban concentrados en Apóstoles.

A fines del mes de junio del año 1817 una fuerza portuguesa compuesta por 800 hombres pertenecientes al Regimiento de Dragones de Río Pardo y a la Infantería de Santa Catalina, comandados por el Bigradier Francisco Das Chagas Santos, el Mayor José María da Gama, el Capitán Alexandre José de Campos y el Alférez Antonio de Souza Coutinho, cruzaron el río Uruguay y se dirigieron hacia Apóstoles. Eran en su mayoría soldados veteranos, gran parte de ellos se habían formado en las guerras napoleónicas de Europa. Ante el avance decidido de los portugueses los gauchos que habitaban las chacras y estancias se fueron replegando junto a sus familias hacia la guarnición de Apóstoles, uniéndose a los guaraníes.

Al amanecer del día 2 de julio el enemigo se presentó en formación de batalla en las afueras del pueblo, hacia el Este, sobre la margen izquierda del arroyo Cuñamanó, dispuesto a iniciar el ataque. Los misioneros decidieron salir a enfrentarlos enarbolando una bandera roja. El enfrentamiento se produjo a media legua del pueblo. Los gauchos y guaraníes fueron rechazados al no lograr quebrar la línea de artillería de los portugueses y se replegaron hacia el pueblo, fortificándose en los patios de talleres, residencia y en el templo.

Entonces los portugueses, a media mañana, comenzaron el asedio del pueblo. Dice textualmente el parte de batalla redactado por el Brigadier Das Chagas Santos: “El escuadrón de la izquierda rompió el fuego tomando los costados del cementerio y la huerta. El de la derecha ganó al galope el portón del segundo patio y por el centro atacó nuestra infantería, que luego tomó la bandera encarnada siendo muerto su portador y atacando a los gauchos, huyeron éstos para la plaza y acosados por nuestra fusilería corrieron por el patio del colegio, cuyo portón cerraron guarneciéndose adentro con sus tiradores; así como por las ventanas de la iglesia de donde nos habían iniciado fuego. Al mismo tiempo, los milicianos de la derecha habían forzado el portón del segundo patio debajo del fuego de los gauchos, que precipitadamente corrieron para el primer patio, en que hubo mucho fuego de ambas partes”. Mientras la batalla se desarrollaba, una torrencial lluvia se abatía sobre el pueblo, lo que tornaba más confusa e indecisa la situación. La batalla llegó a una resolución a las 3 de la tarde, momento en que entró en escena el Comandante Andrés Guacurarí al frente de un cuerpo de caballería compuesto por doscientos hombres. Llegaba al galope desde el vecino pueblo de San José con este importante auxilio. Das Chagas intentó detenerlo y mandó al Capitán de Granaderos José María da Gama junto a 120 hombres para que rechazara a Andresito a las afueras del pueblo. Los doscientos lanceros guaraníes de Andresito arrollaron en su marcha a la columna portuguesa del Capitán da Gama y cayeron violentamente sobre los portugueses que atacaban al pueblo. El combate, en medio de la lluvia y el barro, se volvió terrible. Las cargas de los fusiles estallaron y los choques del acero de las lanzas, los facones y los sables, se mezclaron con sapucays de coraje y gritos de dolor.

Los portugueses comenzaron a perder terreno, hasta que el mismo Brigadier das Chagas fue herido en el hombro derecho. Entonces comenzó la retirada de los invasores, y la implacable persecución de los gauchos y guaraníes misioneros se convirtió en un azote para los portugueses hasta que lograron repasar el río Uruguay.

Al anochecer de aquel 2 de julio la Batalla de Apóstoles concluía con una victoria rotunda de las fuerzas del Comandante Andrés Guacurarí. No podemos dejar de mencionar a los bravos oficiales guaraníes, Don Pantaleón Sotelo, Nicolás Aripí, Nicolás Cristaldo, Francisco Javier Siti, Blas Basualdo y el apostoleño Capitán Matías Abucú, que lució orgulloso en el combate el traje de Granadero que le fuera obsequiado por el mismo General Don José de San Martín.

Algunos, hombres de la milenaria raza guaraní y otros, gauchos criollos, todos comprometidos en la defensa de esta parte del territorio patrio, libraron aquí la misma Guerra Grande que en el norte libraron las montoneras del General Martín de Güemes, en el oeste andino el General José de San Martín y en la provincia oriental del Uruguay Don José Gervasio Artigas. Era la guerra por los principios de la Libertad y la Independencia, establecidos en San Miguel de Tucumán, contra la monarquía española y contra toda otra dominación extranjera.

La Batalla de Apóstoles no constituyó un hecho aislado. Es un episodio crucial que llena de gloria a las campañas militares del Comandante Andresito, desarrolladas en el transcurso de los años 1815 y 1819. Forma junto a la Batallas de Candelaria, San Carlos, Saladas, Lomas de Caa Cati, San José, la pura expresión de la lucha desatada por el pueblo misionero contra la dominación extranjera y la defensa de los principios de la Libertad y la autonomía.

Los 84 misioneros gauchos y guaraníes que cayeron bajo las balas y el filo de los sables portugueses aquel 2 de Julio de 1817 en Apóstoles, testimoniaron con sus vidas la fe y el compromiso que tenían por la nación argentina nacida en 1810. Ya lo había dicho el mismo Andrés Guacurarí: “La muerte será una gloria, el morir libres y no vivir esclavos, que, como héroes, los posteriores cantarán”.

Pero, ¿quién era este Andrés Guacurarí?, este hombre que fue capaz de guiar a todo un pueblo en la búsqueda de su libertad y de su dignidad. Fue un indio guaraní o quizás un mestizo, oriundo del pueblo misionero de San Francisco de Borja, lugar en el que había nacido en el año 1778. Pero fundamentalmente fue un americano, en el cabal sentido del término, como lo fueron José de San Martín, Manuel Belgrano, José Gervasio Artigas, Martín de Güemes y otros tantos hombres hijos de la revolución de 1810 y de la independencia declarada en 1816. Creyó, como todos sus contemporáneos, en el proyecto de una gran nación, libre y soberana, capaz de dar a sus hijos la felicidad y los principios del derecho que les fueran negados por siglos. Era un hombre que emergía de la cultura de las antiguas misiones jesuíticas, de una profunda educación e instrucción, capaz de leer y escribir en castellano, guaraní y portugués. Sus cartas denotan con toda claridad la consistencia de su proyecto político y sólidos fundamentos que lo sustentaban, proyectos y principios por los que luchó hasta sus últimas fuerzas junto al pueblo misionero.

No quepa duda de que su acción política y militar en esa región de la patria lograron frenar la ancestral ambición portuguesa de extender los límites lusitanos hasta el río Paraná.

Hoy la figura histórica de Andrés Guacurarí debe ser reivindicada por todos los argentinos como constructor de la identidad política y cultural de nuestra Patria. Corresponde a nosotros, como argentinos, no permitir que su memoria caiga en el olvido y mantener vivo el fuego de sus ideales, que hoy siguen manteniendo tanta vigencia como en 1817, pues son eternos y parte de nuestra escencia: la Libertad, la Justicia, la Felicidad del Pueblo, el Orden, la Soberanía.

Recordemos siempre que si hoy vemos flamear a nuestra enseña patria en el mástil de la Plazoleta Andrés Guacurarí, en la localidad de Apóstoles, en Misiones, es por las vidas que ofrendaron aquél 2 de Julio un puñado de valientes misioneros, cuyos cuerpos anónimos yacen sepultados allí no más, a escasos metros del mástil, en la misma Plazoleta que exhibe al monumento de Andresito.
En la Imagen, Plaza Central de Apóstoles.

Fuente: www.revisionistas.com.ar

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miércoles, 1 de julio de 2009

TROPAS EN EL INTERIOR DE LA CASA DE GOBIERNO


Compañía de Infantería que, para esta ocasión, ha agregado las charreteras con flecos al uniforme de uso cotidiano convirtiéndolo en el de gala. Portan la mochila que formaba parte del equipo usado en paradas, desfiles y revistas. Llevan también las polainas blancas usadas para gala. Se encuentran armados con el fusil Rémington. Resulta llamativo el aparente desorden que reina en el patio donde se encuentra este personal, en el que se pueden ver paisanos y hasta un perro.
En la imagen: Albúmina hacia el año 1880.

Fuente: “Soldados 1848-1927” de Editorial Soldados.