jueves, 14 de octubre de 2010

PATRULLAS DE EJÉRCITO RESCATARON A 4 ANDINISTAS EN EL PARQUE NACIONAL LANÍN


Diego Baigorria, Iván Pastrana, Horacio Scafetta y Gastón Elfi se habían extraviado el pasado 5 de octubre en la zona del Parque Nacional cuando intentaban alcanzar la cumbre del volcán Lanín.
En las primeras horas de la noche del pasado martes 5, el Director del Parque solicitó al Regimiento de Infantería de Montaña 26 una patrulla de rescate para colaborar en la búsqueda de 3 andinistas que estaban extraviados en la parte superior del volcán a consecuencia de las malas condiciones meteorológicas reinantes. La patrulla se constituyó con 6 rescatistas de Ejército que trabajaron en apoyo al Equipo de Rescate de Parque Nacionales.
Luego de varias horas de trabajo, personal de Gendarmería y guías de montaña locales lograron localizar, rescatar y evacuar hasta la base a Diego Baigorria, Iván Pastrana y Horacio Scafetta. Ellos informaron que Gastón Elfi también se encontraba extraviado, por lo que continuaron las tareas de búsqueda, logrando rescatarlo con vida en las primeras horas de la mañana del jueves.
El éxito de esta operación se debe a la acción mancomunada entre las tres instituciones en el marco de los protocolos de seguridad vigentes para las actividades de montaña en la jurisdicción del Parque Nacional “Lanín”, poniendo de manifiesto la alta preparación y capacidad de la patrulla de rescate del Regimiento para sobrellevar severas exigencias bajo condiciones meteorológicas adversas y en trabajo en conjunto con otros organismos.
La patrulla de rescate del Regimiento estuvo constituida por el teniente 1ro Raúl Armando Díaz, sargento ayudante Roberto Guerra, sargento baqueano Gustavo Biorkman, cabo 1ro Darío Fuentealba, cabo 1ro Claudio Maldonado, cabo 1ro baqueano Luis Gallardo, teniente Gastón Fasson, sargento Baltazar Suárez, cabo 1ro conductor motorista Sergio Figueroa, cabo 1ro enfermero Víctor Castillo y cabo conductor motorista Mario Castillo.

Fuente: Diario Soldados Digital.

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miércoles, 13 de octubre de 2010

DÍA DE LA ESCUELA DE COMUNICACIONES


La Escuela de Comunicaciones fue creada el 11 de octubre de 1924 por decreto del presidente de la Nación, Dr. Marcelo T. de Alvear, refrendado por el ministro de Guerra, Grl Agustín P. Justo.

La unidad más importante del arma fue creada el 11 de octubre de 1924, con el nombre de “Escuela y Tropas de Comunicaciones”, quedando así separada de su organismo madre, la Dirección de Tropas y Servicios de Comunicaciones, pasando a depender en forma directa del Inspector General del Ejército, al igual que el resto de las Escuelas de Armas.

El superior decreto de creación, firmado por el Presidente de la República Argentina Dr. Marcelo Torcuato de Alvear y refrendado por el Sr. Ministro de Guerra Grl Agustín P. Justo, disponía que la misma debía comenzar a partir del primero de enero de 1925, nombrando como Director al Tcnl Pedro J. Rocco.

Su primer asentamiento fue en la Guarnición Militar del Palomar hasta el año 1935 en que fue trasladada a Campo de Mayo, ocupando los cuarteles que luego serían de la Escuela de Artillería.

En 1952 y sin cambiar de guarnición, es trasladada a los cuarteles que habían pertenecido a la Escuela de Suboficiales “Sargento Cabral”.

Desde su fundación y en el corto lapso de 45 años, la escuela cambió diez veces de denominación, hasta que en el año 1969 adopta su denominación actual de Escuela de Comunicaciones.El 1 de mayo de 1992, dando cumplimiento a la orden de reestructuración del Ejército, la Escuela fue trasladada a la ciudad de MERCEDES, provincia de CORRIENTES, a los cuarteles que habían pertenecido al Regimiento de Infantería 12 y al Escuadrón de Exploración de Caballería Blindada 3. En dicha guarnición fue creado el B Telecom 3 – Ec dentro de la orgánica del Instituto, sobre la base de la Compañía de Comunicaciones 3, veterana de la Guerra del Atlántico Sur por la recuperación de las Islas Malvinas.

El 1ro de noviembre del año 2000, por resolución del JEMGE, se impone al Instituto el nombre histórico de Teniente General JULIO ALBERTO LAGOS, en memoria y homenaje del militar, hombre público y ciudadano que constituye un ejemplo de conducta y hombría de bien para todos los hombre y mujeres del Arma de Comunicaciones, y que fuera Comandante en Jefe del Ejército en el año 1956.

Desde el año 2003 la Escuela ocupa su actual asiento en la Guarnición Militar Campo de Mayo.


MISIÓN DE LA ESCUELA DE COMUNICACIONES:

La Escuela de Comunicaciones planificará, programará y ejecutará los Cursos Regulares y Complementarios que disponga el Comando Superior, elaborando simultáneamente la doctrina específica y conjunta asignada, para permitir la capacitación operacional de cuadros y tropa de acuerdo al plan de carrera vigente, a fin de asegurar la continuidad del sistema educativo.




martes, 12 de octubre de 2010

DÍA DEL PARACAIDISTA MILITAR


En este nuevo aniversario de la creación de la Escuela de Tropas Aerotransportadas, enviamos un cálido saludo a todos los paracaidistas militares


El Equipo Militar de Paracaidismo tiene sus orígenes en el Equipo de Competición de Paracaidismo. Ese primer equipo se constituyó en el año 1966, como resultado del entusiasmo de oficiales y suboficiales de la entonces IVta Brigada de Infantería Aerotransportada.

Desde ese momento hasta el presente, el equipo tuvo distintas denominaciones:

Equipo de Competición de Paracaidismo (1966-1983)

Equipo de Saltos Especiales (1983-1996)

Sección de Exploración de Largo Alcance (1998-2003)


Durante los años sesenta, y por invitación de la Federación Argentina de Paracaidismo (F.A.P.), participó del 1er Campeonato Argentino de Paracaidismo que se llevó a cabo en el partido de la MATANZA, provincia de Buenos Aires.

Los comienzos del aquel Equipo de Competición están jalonados por importantes victorias obtenidas entre 1967 y 1971 en Campeonatos Interfuerzas, organizados por la Federación Deportiva Militar Argentina (FDMA) y Campeonatos Argentinos. En 1971 constituyó la base del Equipo de la FDMA que participó del Campeonato Mundial organizado por el Consejo Internacional de Deportes Militares (CISM), realizado en Sintra, Portugal.

Entre 1972 y 1979 , logró títulos similares , y las sucesivas y exitosas participaciones del Equipo fueron consolidando no solo prestigio y renombre dentro del paracaidismo deportivo nacional e internacional, sino también mejorando y actualizando su nivel técnico, su organización, su material y fundamentalmente, creando las condiciones para que el Ejercito Argentino analizara, cada vez con mayor profundidad e importancia, la necesidad de contar con un equipo de estas características, pero como un elemento orgánico, ya que hasta el momento era conformado para cada ocasión, en base a los oficiales y suboficiales que integraban las unidades de la IVta Brigada de Infantería Aerotransportada.

Como consecuencia del alto grado de profesionalismo de sus integrantes, comenzó a participar cada vez más asiduamente, en los ejercicios que realizaba la IVta Brigada de Infantería Aerotransportada cumpliendo misiones especiales acorde a sus capacidades y características del material de paracaídas utilizados.

Entre ellos se destacan los lanzamientos efectuados en la zona de operaciones en Tucumán, en la Pampa de Canota (Mendoza) a 3600 metros sobre el nivel del mar y en San Antonio de los Cobres (Salta) a más de 4000 metros sobre el nivel del mar.

Finalmente, y como corolario al esfuerzo, dedicación, vocación de servicio, y fundamentalmente por el espíritu de soldado paracaidista de quienes integraron el Equipo de Competición, se crea el Equipo de Saltos Especiales de Paracaidismo del Ejército, siendo oficializada su existencia en el Cuadro de Organización Nro 18 (complemento) del 20 de Julio de 1983.

Sin haber dejado de participar nunca en todos los campeonatos regionales, nacionales, e internacionales en los que pudo participar, el Equipo de Saltos Especiales, fue mejorando ininterrumpidamente el nivel y capacidad de sus integrantes. Un proceso similar se experimento en las exhibiciones que cada vez fueron más atrayentes y espectaculares, cosechando un sinnúmero de elogios y felicitaciones.

Así fue que entre 1983 y hasta 1988 se lograron los primeros y fundamentales títulos en el plano nacional e internacional, tanto en forma individual como en equipo.

A las primeras victorias en campeonatos argentinos, se suman las logradas en 1987 y 1988 en sendos Campeonatos Latinoamericanos Militares, desarrollados en Panamá y Bolivia respectivamente. Se continuó la participación en el Campeonato Internacional "Capitán GALERA" (España), mejorando progresivamente los resultados obtenidos. El primer campeonato Argentino de precisión en aterrizaje en equipo llegó en 1986. Así comenzó una serie interminable de títulos y victorias tanto nacionales como internacionales.

A partir de allí es muy extensa la cantidad de torneos y campeonatos en los que intervino como para enumerarlos completamente. Solamente se destaca que año tras año, sus miembros han sido clasificados para competir en representación de la Argentina en campeonatos internacionales, conformando el Equipo Argentino de Paracaidismo.

Han participado en numerosos Campeonatos Latinoamericanos y un Mundial, este último llevado a cabo en Hungría en Setiembre de 1996.

Ningún equipo de paracaidismo civil o militar de la Republica Argentina ha ganado tantos campeonatos como el Equipo de Saltos Especiales de Paracaidismo del Ejército.
El Equipo, además, ha participado de todos los ejercicios finales que ejecuto la IVta Brigada de Infantería Aerotransportada, en distintas zonas del país, cumpliendo las más variadas misiones tácticas. Entre estas últimas se pueden destacar: marcación y operación de zonas de aterrizaje y lanzamiento, ejecución de patrullas de exploración, reconocimiento, obtención de información, emboscadas y golpes de mano, entre otras, y saltando en los ambientes geográficos más diversos, como Misiones, Tartagal, Salta, Catamarca, Santiago del Estero, Corrientes, Monte Caseros, Rosario del Tala, Comandante Luis Piedrabuena, Rosario, San Luis, Chaco, entre otras.

En 1991 miembros del Equipo introducen el sistema Dual Tandem al Ejército para satisfacer necesidades operacionales, entre las que se destacan: mejoras en la capacitación e instrucción, incremento en las capacidades del personal que puede operar con el Equipo de Saltos Especiales y proporcionan un atractivo mayor a las exhibiciones.

En el ámbito civil la tarea que se desarrolla es sumamente amplia, ya que participa de todos los torneos deportivos organizados por la F.A.P., como así también representa al Ejército Argentino, dentro y fuera del país, ejecutando demostraciones, exhibiciones, festivales, etc, para beneficio de entidades de bien público y otras Instituciones.
A través del tiempo, el personal de cuadros que integro el Equipo de Saltos Especiales sentó precedentes memorables que hoy le dan un prestigioso lugar dentro de los distintos equipos del mundo, habiéndose alcanzado, en el ámbito deportivo nacional e internacional, aptitudes y títulos diversos como el de jueces internacionales, entrenadores internacionales, jueces nacionales, instructores nacionales e internacionales de paracaidismo, pilotos dual tandem, recordmen nacionales, aptitudes de paracaidista militar de Fuerzas Armadas extranjeras, miembros de diferentes comisiones de la Federación Argentina de Paracaidismo, y han concurrido a seminarios y cursos afines a la especialidad realizados en el país y en el extranjero.

El 1 de Enero de 1997, obedeciendo al proceso de reestructuración que vivió el Ejército Argentino, cambia su denominación por la de Sección de Exploración de Largo Alcance, heredando sus misiones, funciones y capacidades.

En Noviembre de 1998, la Sección recibe los primeros sistemas de paracaídas tácticos de apertura manual, ejecutándose el 13 de mayo de 1999 el primer lanzamiento de media altura (5000 metros sobre el nivel del suelo) en el ámbito de las Fuerzas Armadas del país, constituyendo un hito en la historia del paracaidismo militar Argentino
El 23 de Junio de 2003, y por resolución del Sub Jefe del Estado Mayor General del Ejército, se constituye el EQUIPO MILITAR DE PARACAIDISMO DEL EJERCITO, con una misión específicamente deportiva y educativa, heredando su tradicional espíritu de trabajo y su amor por el paracaidismo militar de apertura manual.

Quienes lo integraron e integran, solo aspirarán a cumplir su misión en beneficio de la IVta BRIGADA PARACAIDISTA y del Ejército Argentino, y lo hicieron:

"...CON EL CUERPO CONFIADO EN LA TELA,

PUESTA EL ALMA EN LAS MANOS DE DIOS..."

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lunes, 11 de octubre de 2010

DÍA DEL COLEGIO MILITAR DE LA NACIÓN


Se celebra el día del Colegio Militar de la Nación por haberse aprobado, el 11 de octubre de 1869, la Ley Nº 357, que autorizaba al Poder Ejecutivo, a cargo de Domingo Faustino Sarmiento, a crear una escuela militar para la formación de los oficiales del Ejército.

Su historia.
En 1869, aún no acallados los ecos de la Guerra del Paraguay, siendo Presidente de la Nación Domingo Faustino Sarmiento, surgió la inquietud de organizar un instituto de formación de oficiales para el Ejército. La idea no era nueva, pues varios ensayos se habían hecho en ese sentido desde los días de mayo de 1810, sin embargo todos ellos tuvieron corta existencia.
Unos años antes, en 1860, en un mensaje que Derqui leyera ante el Congreso de Paraná como Presidente de la Confederación, hizo una serie de consideraciones sobre la necesidad de crear una escuela militar, si bien lamentó los inconvenientes e imposibilidad de organizarla en ese momento.
El 9 de agosto de 1869 cuando aún no había cumplido el primer año de su mandato constitucional, Sarmiento envió un mensaje a la Cámara de Diputados adjuntando un proyecto para la creación de una escuela castrense que proveyera de oficiales altamente capacitados para mandar al Ejército.
Así el Congreso se abocó al estudio del mismo y tras algunos debates fue aprobada la Ley por ambas cámaras con el número 357 que autorizó al Poder Ejecutivo para la formación de una escuela militar.
Promulgada el 11 de octubre de ese mismo año esa Ley 357 se convirtió en la piedra fundamental del Colegio Militar de la Nación.
De inmediato el gobierno designó una comisión militar especial a efectos de proponer el reglamento y plan de estudios de la nueva escuela. Se recurrió para esta tarea a un selecto grupo de oficiales, veteranos de muchas campañas y que habían acreditado destacadas condiciones intelectuales; eran ellos el Brigadier General D. Emilio Mitre, el General D. Indalecio Chenaut, el Coronel D. Mariano Moreno, el Coronel D. Juan F. Czetz y el Sargento Mayor V. L. Peslouan.
Cerca de dos meses llevó a la comisión completar la tarea, que permitió al P.E. dictar un decreto el 22 de junio de 1870, oficializando lo propuesto. Dicho documento, firmado por el presidente Sarmiento y refrendado por el Ministro de Guerra General Martín de Gainza, designó como cuartel del Colegio Militar al edificio que sirviera de residencia a Juan Manuel de Rosas y al mismo tiempo nombra Director del Colegio Militar al Coronel de origen húngaro D. Juan F. Czetz y a los primeros oficiales.
El edificio, que desde Caseros había sido destinado a distintos menesteres en forma temporaria, era de estilo colonial y de grandes proporciones para la época. En sus aulas y recintos se mantenían aún, muebles, estufas, alfombras, arañas y espejos que ornamentaron el lugar en tiempos de su primitivo propietario. Algunos de ellos, como un conjunto de rojos sillones de jacarandá, un escritorio de caoba, una cómoda y una caja de caudales, forman hoy el mobiliario del museo que funciona en la casa histórica de Caseros, dentro del predio del Colegio Militar en El Palomar.
El edificio se erguía al N.O. de la ciudad, distante de ella cerca de una legua, en los terrenos limitados por el arroyo Maldonado y el Río de la Plata. Su construcción databa de 1838.
La primera tarea del flamante director, el Coronel Juan F. Czetz, fue la adaptación de las instalaciones para la nueva función. Meses más tarde, el 19 de julio de 1870, ingresaba el primer alumno del Colegio, Ramón L. Falcón.
Este edificio, que había sido construido para albergar a una familia y al personal de servicio, llegó a cobijar en 1892 a 118 cadetes a los que había que agregar el cuadro de oficiales, el claustro de profesores y el personal de tropa y servicio.
Por espacio de 22 años, el caserón de Palermo de San Benito sirvió como cuartel del Colegio Militar y 17 promociones de oficiales egresaron de sus aulas, antes de ser abandonado en 1892 en búsqueda de mayor espacio.
Para entonces, el Colegio habría alcanzado un alto prestigio académico, formando a los cadetes en un riguroso secundario que, por la época, se consideraba de excelencia y se ubicaba entre las mejores academias militares del mundo
La nueva sede se fijó en la localidad de San Martín, donde hoy se encuentra el Liceo Militar General San Martín. Ese ámbito, al igual que el primero, no fue construido al efecto sino que se aprovechó una edificación ya existente destinada anteriormente a un Colegio de Artes y Oficios. El reacondicionamiento se efectuó con sendas partidas presupuestarias otorgadas a ese efecto por el Congreso.
Más allá de la importancia de la nueva sede en San Martín, pronto las limitaciones de la construcción evidenciaron la necesidad de buscar un espacio especialmente diseñado. Así surgió el proyecto para construir la sede definitiva del Colegio que se hará realidad en el año 1937. Los viejos campos del Palomar de Caseros fueron los elegidos, considerados un espacio ideal por su amplitud y cercanía a la Capital Federal.
La piedra fundamental del nuevo edificio fue colocada por el General Pablo Ricchieri en 1904. Sin embargo, recién en 1921 bajo la presidencia de Hipólito Irigoyen, comenzaron efectivamente los trabajos de construcción.
Se adjudicaron las obras del pabellón "Dirección" a la empresa Bonnen Ibero, Parodi y Figini, iniciándose los trabajos el 19 de julio, con asistencia del entonces Ministro de Guerra Dr. Julio Moreno. Se descubrió en dicha oportunidad una placa adosada al "Palomar" histórico, que más tarde fue colocada al pie del busto del General de División Domingo Faustino Sarmiento, en inmediaciones del arco de entrada del Instituto.
El Ministro de Guerra que seguía de cerca los trabajos, ordenó suspenderlos en 1922 con el objeto de ampliar la capacidad del edificio para 1500 cadetes. Se encontraba ya construida para ese entonces parte de la Plaza de Armas, pavimentada con adoquinado de granito de Tandil, circundando con trazo elíptico al Palomar de Caseros.
Más allá de la importancia de la nueva sede en San Martín, pronto las limitaciones de la construcción evidenciaron la necesidad de buscar un espacio especialmente diseñado. Así surgió el proyecto para construir la sede definitiva del Colegio que se hará realidad en el año 1937. Los viejos campos del Palomar de Caseros fueron los elegidos, considerados un espacio ideal por su amplitud y cercanía a la Capital Federal.
La piedra fundamental del nuevo edificio fue colocada por el General Pablo Ricchieri en 1904. Sin embargo, recién en 1921 bajo la presidencia de Hipólito Irigoyen, comenzaron efectivamente los trabajos de construcción.
Se adjudicaron las obras del pabellón "Dirección" a la empresa Bonnen Ibero, Parodi y Figini, iniciándose los trabajos el 19 de julio, con asistencia del entonces Ministro de Guerra Dr. Julio Moreno. Se descubrió en dicha oportunidad una placa adosada al "Palomar" histórico, que más tarde fue colocada al pie del busto del General de División Domingo Faustino Sarmiento, en inmediaciones del arco de entrada del Instituto.
El Ministro de Guerra que seguía de cerca los trabajos, ordenó suspenderlos en 1922 con el objeto de ampliar la capacidad del edificio para 1500 cadetes. Se encontraba ya construida para ese entonces parte de la Plaza de Armas, pavimentada con adoquinado de granito de Tandil, circundando con trazo elíptico al Palomar de Caseros. aulas interactivas, aulas tácticas, laboratorios de idiomas, física, química, polígono de tiro, capilla, salas de conferencias, cine, casino y un importante campo de deportes con gimnasio cubierto, salón de complementos, esgrima y pileta olímpica climatizada.
Además el Colegio Militar tiene el privilegio de contar con un patrimonio histórico único, ya que alberga dos sitios declarados Monumentos Históricos Nacionales: el Palomar y la Casa de Caseros, testigos mudos de importantes hechos del pasado como la Batalla de Caseros, antesala de la Constitución Nacional o las conversaciones preliminares del Pacto de San José de Flores, que consolidó la unión definitiva del país.
La historia reciente encuentra al Colegio Militar en una etapa de grandes cambios, en los últimos años el Colegio Militar ha pasado a ser un Instituto Universitario que también otorga a los Subtenientes un título de grado que cuentan con el aval del Ministerio de Cultura y Educación. Así los cadetes pueden optar entre las Licenciaturas en Administración, en Enfermería Profesional o Contadores Públicos.
Otro hito importante en este proceso de cambio ha sido la incorporación de la mujer. Ellas hoy ingresan al Colegio Militar en una total igualdad de condiciones que sus pares varones, experiencia que ubica a esta institución como una de las más abiertas del mundo en su tipo.
Así llegamos al presente, que encuentra a este Instituto transitando el camino del afianzamiento y consolidación de esos cambios sin dejar de lado su finalidad esencial que es la de educación y formación de los futuros conductores del Ejército Argentino.
Fuente e Informes: www.colegiomilitar.mil.ar

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domingo, 10 de octubre de 2010

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE LUCIO VICTORIO MANSILLA


Nació en Buenos Aires; luego de haber sido educado en Buenos Aires, se sintió hastiado del trabajo del saladero familiar y, a los diecisiete años de edad, partió para la India regresando en 1851.
Al año siguiente, luego de la caída del gobierno de Rosas, acompañó a la familia a Francia, donde prosiguió sus estudios; pocos años después regresó a Buenos Aires, pero halló difícil sobrellevar su parentesco con el ex dictador; ingresó en el ejército y se inició en la carrera de las letras; ofreció sus servicios a la Confederación de Urquiza y fue secretario del vicepresidente Salvador María del Carril; forjó una estrecha amistad con Dominguito, hijo de Domingo Faustino Sarmiento (a quien había conocido antes); continuó escribiendo y traduciendo obras francesas; luchó (1865-1868) en la guerra del Paraguay, siendo herido en un hombro en el combate de Curupaytí, en el cual vio morir a Dominguito.
Enviado en carácter de comandante militar de la frontera meridional de la provincia de Córdoba, emprendió, con un reducido destacamento, la exploración y estudio del territorio indio entre los ríos Cuarto y Quinto; fundó el fuerte Sarmiento alrededor del cual se desarrolló la población del mismo nombre; como gobernador del Chaco austral, en 1878, fundó la ciudad actual de Formosa en 1879, y luego ejerció funciones en el Congreso (1882-1892).
Volvió como ministro de Guerra, en el gabinete de José Evaristo Uriburu; enviado a Europa en 1895 con la misión de estudiar las escuelas militares y obtener ideas adaptables para las academias argentinas; el General Mansilla se retiró del ejército al año siguiente (1896).
Representó a la Argentina en la corte del káiser Guillermo en Alemania, en 1897; regresó a Buenos Aires donde siguió escribiendo, siendo uno de sus ciudadanos más distinguidos. Se lo considera como uno de los más característicos voceros de la Generación de 1880, "un producto espiritual de nuestro tiempo," uno de los mejores cuentistas argentinos; entre las más conocidas se cuentan; "De Adén a Suez" (Paraná, 1855); "Una excursión a los indios ranqueles", basada en sus viajes hechos a territorios indios, mientras era comandante de frontera de Córdoba en 1869, apareció por primera vez en La Tribuna de Buenos Aires en 1870; más tarde se publicaron muchas ediciones y una de las primeras en Leipzig; ganó mención honorífica, conferida en la reunión del congreso internacional de Geografía celebrado en París; sumamente elogiado (así como también criticado por carecer de profundidad, por contemporáneos tales como José Manuel Estrada); atrajo singular atención pública debido al nuevo interés hacia los indios, pero aun con mayor razón en virtud del don y talento especial de Mansilla por los relatos emocionantes y sus esmeradas descripciones de ese casi desconocido ámbito junto con su penetración y discernimiento en la sociedad; "Retratos y recuerdos", en torno de las hombres de Paraná en 1852; "Mis memorias; Rosas". "Ensayo histórico-psicológico", meditado intento de bosquejar un objetivo retrato de su tío a quien él conoció bien, pero cuya memoria se hallaba todavía vastamente aborrecida en la Argentina, apareció en París, en 1898, habiendo sido publicadas, en otras partes, varias ediciones posteriores; hallándose profundamente atribulado acerca de las condiciones imperantes en la Argentina a principios del siglo XX , Mansilla escribió "En vísperas" (Buenos Aires, 1910); murió en París el 10 de octubre de 1913.

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sábado, 9 de octubre de 2010

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL JUAN GALO DE LAVALLE


El día 9 de octubre de 1841 se produce el asesinato del General Juan Galo de Lavalle. Uno de los forjadores de la libertad argentina. Fue un guerrero de un valor y decisión sin límites y un gran líder de hombres de coraje. Peleó en la Guerra de la Independencia y en la Guerra del Brasil. Como soldado partidario del orden también combatió contra el dictador Juan M. Rosas, perdiendo y ganado combates. Estando alojado en la ciudad de Jujuy, fue muerto por una partida que lo perseguía en su huída hacia Bolivia.
Después de la derrota sufrida en Famaillá el 19 de septiembre de 1841, el General don Juan Lavalle mandó ensillar, y con los 200 hombres que le quedaban se retiró hacia Jujuy. Al llegar a Salta conoció a Damasita Boedo, hermana del Coronel Boedo, una hermosa joven rubia, de ojos azules, que no llegaba a los 25 años de edad, y, enamorado de ella, se la llevó en su retirada. En la madrugada del 7 de octubre hizo alto sobre el río Sauce, desde donde destacó al Comandante don Pedro Lacasa hacia Jujuy, llegando él ese mismo día por la noche. En Jujuy encontró que las autoridades habían fugado hacia la quebrada de Humahuaca, dejando acéfalo el gobierno. A las 02.00 horas del día 8, el General Lavalle hizo acampar a sus tropas en unos potreros de alfalfa en los suburbios de la ciudad, en el lugar llamado La Tablada. El general llegó enfermo, después de una marcha de dieciocho leguas en quince horas al tranco, los disgustos del día y el abatimiento que se había apoderado de su espíritu al ver derrumbarse todas las posibilidades de seguir la lucha. Ocupó una casa en la ciudad en la que había estado alojado el doctor don Elías Bedoya, en calidad de enviado del general la noche del 8 de octubre, con su secretario don Félix Frías, el Teniente don Celedonio Álvarez con ocho hombres de su escolta y su ayudante Lacasa, que era ese día el edecán de servicio; por supuesto que también iba Damasita con el general. En medio del profundo silencio de la noche comenzó a despuntar el alba del sábado 9 de octubre de 1841. En la madrugada trágica, una partida federal con unos 30 hombres, al mando del Teniente Coronel Fortunato Blanco, llegó al paso de sus cabalgaduras cerca de la casa donde se alojaba Lavalle. Al ruido, salió Damasita, e interrogada por el paradero de Lavalle, contestó que, efectivamente, habíase alojado allí, mas que, en ese momento, se encontraba en el campo de La Tablada. Cerróse la puerta de calle enseguida; Lacasa, que se hallaba durmiendo en la habitación de enfrente, a la derecha, en compañía de Félix Frías, se despertó y prestamente salió al zaguán, y por la puerta que no se había cerrado todavía alcanzó a divisar una partida de federales. Rápidamente dio la voz de:
-¡A las armas!
Las huestes enemigas parecían completamente desorientadas y no aprovecharon la circunstancia favorable de hallarse abierta la puerta de calle. Ignoraban, por otra parte, que en ella se encontraba el General Lavalle. Lacasa hizo poner de pie a los soldados que se encontraban en el patio y corriendo al fondo de la casa se dirigió al general para pedirle órdenes. No era Lavalle un hombre de intimidarse lo más mínimo por este suceso, y antes de tomar medidas, inquirió:
-¿Qué clase de enemigos son?
-Son paisanos- respondió Lacasa.
-¿Como cuántos?
-Veinte o treinta.
-No hay cuidado entonces; vaya usted, cierre la puerta y mande ensillar, que ahora nos hemos de abrir paso.
La puerta de calle fue cerrada con precipitación, lo que produjo aun mayor recelo en la fuerza enemiga, que viendo en ello una señal de resistencia, decidió echarla abajo por algún procedimiento. Lavalle salió al segundo patio cubierto con una bufanda de vicuña, dado lo temprano de la hora y estado de salud. De valor personal, temerario y de acuerdo a su costumbre, no es extraño que se presentara en el momento de peligro sin ceñir su espada. El acero que lo acompañó en las guerras de la Independencia lo extravió su asistente en la batalla de Famaillá, por lo cual su secretario le obsequió una espada que fue la que le acompañó hasta su muerte. Quería disponerlo todo por sí mismo con su arrojo y su intrepidez ante el peligro. Pero ahora no se trataba de combatir con 97 granaderos contra 500 soldados enemigos, como en Río Bamba, o 100 contra 300, como en Pasco; ahora era una escaramuza, una especie de búsqueda policial inquiriendo de qué se trataba. Al llegar a la siguiente puerta, que estaba cerrada, el general observó la partida por el ojo de la cerradura; en ese momento sonó un balazo..., luego dos más, tirados contra la fuerte y tosca puerta de cedro que guardaba la entrada principal de la casa. Este fuego sin dirección, hecho por la patrulla federal contra la casa, tuvo una virtud que ellos no soñaron. Una de las balas penetró por la cerradura e hirió mortalmente al General Lavalle, quien se dobló hacia adelante. La bala, que luego conservaría el General don Bartolomé Mitre como una reliquia, se alojó en su garganta. La herida era mortal. El general cayó cerca del zaguán. Su sangre, que manaba en abundancia, empapó su bufanda de vicuña. El autor de su muerte era un mulato llamado José Bracho, quien luego habría de conocerse entre algunos federales como el "héroe de la cerradura". Lacasa, que había precedido a su jefe penetrando en la habitación, salió precipitadamente y encontró a Lavalle en el suelo en los estertores de la agonía.
Luego quedó inmóvil, con los ojos abiertos hacia la puerta del zaguán que habría de ser famosa, y por donde su arrojo había pensado buscar la libertad en una arremetida audaz. Nada podía ser más inesperado que el trágico fin del jefe que los había llevado a tantas batallas. Algunos corrieron a incorporarse al grueso de las fuerzas que no lejos de allí estaban al mando de Pedernera, quien desde aquel momento tuvo que asumir el mando de las huestes, cada vez más diezmadas. Estando en los preparativos para continuar la retirada, con el cadáver del general, se presentó Damasita al General don Juan Esteban Pedernera, quien al verla le dijo:
-Mire usted, Damasita: el general ya ha muerto; me parece por lo mismo que su presencia aquí ya no tiene objeto. Seguramente que usted desear volver al seno de su familia, y si esto es así, le haré dar todos los recursos necesarios para que usted regrese a su casa.
Pero ella, que era de un alma entera, replicó con admirable entereza:
-Señor general: cuando una joven de mi clase pierde una vez su honra, no puede volver jamás a su país. Prepáreme usted una mula para seguir yo también adelante, y vivir y morir como Dios me ayude.
En casa del General don Juan Gregorio de Las Heras, a los pocos días de la muerte del General Lavalle, se hallaban reunidos el General Deheza, el Coronel de la Plaza y el General Don Mariano Necochea. Al tener conocimiento de la tragedia, el último dijo:
-¡Pobre Juan! Los malos ejemplos de don Simón le habían trastornado la cabeza.
-El terreno estaba bien preparado- agregó otro de los presentes.
El cadáver permaneció bastante tiempo tirado en el suelo hasta que el General Pedernera dispuso que fuese levantado. Así cayó el bravo General don Juan Galo de Lavalle, el héroe de Río Bamba, el magnífico soldado de Nazca, el rey de los arenales de Moquehuá. Su cuerpo inanimado fue colocado en su hermoso tordillo y la caravana triste y silenciosa comenzó su santa peregrinación hacia la catedral de Potosí, tras el jefe muerto, puesto a la vanguardia para evitar que cayese en poder de las fuerzas de Oribe, que lo ansiaban tenazmente para llevar su cabeza a Rosas. A veinticuatro leguas de Jujuy, como la descomposición del cadáver del general dificultaba la marcha, dispusieron descarnarlo, y el Coronel don Alejandro Danel practicó esta penosa operación. Con el propósito de disecar mejor los huesos, fueron tendidos al sol sobre el techo de un rancho. Inesperadamente un cóndor descendió vertiginosamente de las nubes y apoderándose del cúbito del brazo derecho de Lavalle, remontó a las alturas. Aquel cóndor, expresión de gallardía y fiereza de esos inmensos dominios solitarios y agrestes de la montaña y el espacio, tal vez quiso levantar en alto llevando y mostrando como trofeo el hercúleo brazo sableador del ínclito Granadero de San Martín. La caravana hizo 163 leguas. El 22 de octubre de 1841, a las 21:00, llegó a Potosí siendo recibida por el Presidente de Bolivia, quien dispuso que los restos del General Lavalle fueran depositados en la Catedral. Damasita Boedo marchó con la caravana a Bolivia; llegó a Chuquisaca, y allí volviéronse locos los coyas más engreídos y retobados de amor por ella, y, conocedores de la aventura de que había sido objeto y por quien ahora peregrinaba sola en el extranjero, pretendieron reemplazar a Lavalle en la posesión de tan peregrina beldad. Pero no pudieron. La joven no había nacido para los coyas. Un chileno cargó al fin con ella. Era Billinghurst, ministro plenipotenciario de Chile. Bajo su amparo pasó a Chile, donde vivió con el lujo y la holgura que le prodigaba su generoso amante; y lo que fue más tachable en ella es que regresó a Salta, punto de la tierra donde tan bizarramente había protestado ante el cuerpo del General Lavalle no volver jamás por culpa del muerto y causa de su deshonra. Pero abandonó su juvenil rubor, volvió a la tierra de los suyos, que había hecho votos de no volver; deslumbró e incitó la envidia por sus trajes riquísimos y sus chales de seda con que se paseó por las calles, se zarandeó por paseos y se arrodilló en los templos, resplandeciendo todavía al lado de sus sedas y sus joya su amabilísima hermosura. Volvió a Chile, donde murió.
En 1858, los restos del General Lavalle fueron trasladados a la Capital, y actualmente descansan en el cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires, y el epitafio de su tumba encierra el postrer y eterno homenaje del pueblo argentino:
"Granadero: vela su sueño y si despierta dile que su Patria lo admira."
Autor: Josué Igarzabal.

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viernes, 8 de octubre de 2010

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE PAMPA DE LOS MOLLES


La evidencia de que el poder destructivo de los soberbios ranqueles no había sido quebrado por la poderosa expedición de 1833 y por el efímero triunfo que obtuvo Ruiz Huidobro en Las Acollaradas, es clara e incontrovertible si se considera que desde ese momento en adelante en las regiones más ricas y pobladas, recrudecieron los malones con su cortejo fúnebre de saqueos, incendios y matanzas.
Los acometedores habitantes de la llanura, con más osadía y encono que nunca, en marzo de 1834 cayeron sobre Achiras y El Morro extendiendo su devastadora acción hasta dar con las estribaciones de la sierra de Intihuasi y hasta golpear en las puertas de Carolina y sus alrededores.
También aparecieron incursionando por Lince y Chischaca, llegando a tres leguas de la ciudad de San Luis extrayendo de una y otra zona un gran botín de más de 20.000 cabezas de ganado y numerosos cautivos dejando el tendal de muertos.
En vista de la afligente situación que se había creado por la posibilidad de contener la ola de salvajes que tenían aterrorizados a los habitantes de la provincia, el gobierno de San Luis consiguió la ayuda afectiva de la provincia de Buenos Aires de la que concurrió el regimiento que se denominó “Auxiliares de los Andes”, integrado por 200 hombres bien armados y disciplinados al mando del experimentado y bizarro coronel Pantaleón Argañaraz quien, “independiente de ser un conocedor del terreno y de la táctica del indio, era un bravo y sagaz soldado”.
Con esta fuerza más noventa lanceros del coronel Pablo Lucero y cincuenta soldados de caballería comandados por el comandante Argañaraz en carácter de jefe, se dispuso a la lucha sabiendo que de su heroísmo y sacrificio dependía la vida de centenares de habitantes, el consuelo de otros tantos hogares y la tranquilidad, por lo menos momentánea del pueblo de la Provincia.
El encuentro tuvo lugar en la Pampa de los Molles, al pie de los Cerros Largos, a media legua de La Toma, el 8 de octubre de 1834. La indiada pertenecía a la tribu del célebre Yanquetruz y venía capitaneada por caciques de segundo orden pero de renombre como Colipay, Carroné, Pallan, Cuitiño y otros que no fueron individualizados.
Todos estos legionarios del asalto aleve y crimen nefando, regresaban después de haber realizado una cruenta razzia en los departamentos Pringles y San Martín, al frente de más de 1.500 indios de Pelea. No entraba en sus cálculos librar un combate pues lo que les interesaba era salvar el cuantioso fruto de su correría y el rico elenco de cautivas que habían atrapado, pero una vez que vieron interceptado su paso sin poder echar marcha atrás ni dar un rodeo, se decidieron a pelear con el empuje y ferocidad que les eran característicos.
El choque fue de una extraordinaria violencia y sino hubiera sido la disciplina de las tropas veteranas y el valor de sus jefes, los indios habrían alcanzado una victoria de trágicas consecuencias para la civilización.
En el primer momento el coronel Pantaleón Argañaraz y sus soldados fueron cortados encontrándose a punto de perecer. Al mismo tiempo el comandante José León Romero se encontró en situación apremiante, defendiéndose bizarramente del terrible ataque que los indios habían concentrado sobre su sector. Por su parte el mayor José Mendiolaza, el coronel Patricio Chávez y el teniente coronel Luis Argañaraz, sostenidos eficaz y valientemente por Isidoro Torres, consiguieron reagrupar sus fuerzas y correr en auxilio de los jefes y soldados que estaban defendiendo sus vidas a lanza y sable frente al grueso de las bravas huestes indígenas.
Restablecido el equilibrio se impuso la disciplina y destreza de los cristianos por sobre la indómita bravura y el cuerpo a cuerpo preferido por los guerreros del desierto. En el campo de batalla quedaron muertos todos los caciques que hemos nombrado y además setenta y tantos de sus guerreros; fueron rescatadas veintitrés familias cautivas y 16.000 cabezas de ganado mayor. La victoria costó a las fuerzas del orden numerosas bajas entre muertos y heridos. Los despojos de los que murieron “allí quedaron, marcando con su sangre y con su vida esa etapa dolorosa de los grandes sacrificios por la civilización y la humanidad”.

Fuentes: Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado / www. revisionistas.com.ar / Pastor, Reynaldo A. – San Luis, su gloriosa y callada gesta (1810-1967) – Buenos Aires (1970).

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