martes, 16 de septiembre de 2014

UN HÉROE, TODOS LOS HÉROES

Varios relatos británicos mencionan a un heroico soldado argentino del que casi nada se sabe, que fue ultimado poco antes de la caída de Puerto Argentino, tras negarse a rendirse, cuando su sección ya lo había hecho. En 1983, fue hallado un cuerpo en la zona de ese combate y se lo enterró como NN en Darwin. Con los años, varios estudios empezaron a relacionar una cosa con otra dando origen a "la leyenda del soldado Pedro", un héroe anónimo al que todavía sus ex compañeros de batalla siguen tratando de identificar.
La noche del 13 de junio de 1982, cubierto por la nevisca reinante, el Segundo Batallón de Guardias Escoceses asaltó las posiciones argentinas en Tumbledown, un monte de 228 metros de altura que dominaba la última línea defensiva de las tropas nacionales alrededor de Puerto Argentino, capital de las islas Malvinas. Tras ocho horas de combate -reconocido por ambos bandos como el más duro de la campaña- y un último y desesperado contraataque, los argentinos se vieron forzados a retirarse. Detrás dejaban la última chance de detener el asalto enemigo hasta la llegada del invierno y evitar así la derrota total, que llegaría pocas horas más tarde. Pero su resistencia y entrega dejaban algo más entre los británicos: una leyenda. Ya en la madrugada del 14 de junio, cuando las posiciones argentinas iban cayendo, un soldado criollo habría decidido seguir peleando, quizá para permitir la retirada de sus compañeros o tal vez por no aceptar la inminente derrota.
Algunos relatos británicos dicen que resistió una hora, otros sostienen que aguantó aunque todos coinciden en que este muchacho cambió de posición constantemente e hizo fuego contra los Guardias, negándose a rendirse; incluso cuando un oficial argentino capturado le ordenó hacerlo. Hasta que fue abatido por una combinación de cohetes antitanque y un último y fatal disparo en la frente. Cayó en la ladera este del monte, denominada La Terraza, en un despeñadero tan inaccesible que su cuerpo recién pudo ser recuperado en enero de 1983.
Los Royal Pioneers y los enterradores civiles que rescataron el cadáver desconocían el nombre de este joven, como el de la mayoría de los 649 argentinos que murieron en las islas. Sólo sabían que había sido un héroe, que de haber sido uno de ellos, hubiera recibido los más altos honores. Su recuerdo perduró, y con el tiempo lo apodaron Pedro. ¿Por qué Pedro? Probablemente, porque para los británicos es un nombre apropiado para un latino desconocido, como John podría serlo para un británico desconocido. Sea como fuere, recién varios años después se empezó a profundizar en el tema.
"Pedro podría haber esquivado la batalla, pero en cambio peleó solo y a muerte, y es triste que su nombre no sea conocido y honrado como merece", afirma el historiador británico-estadounidense Hugh Bicheno en su libro Razon´s edge, que aunque con algunas críticas, es considerado el más serio de los que alude al personaje. Cuando se dio con el cuerpo, todos los argentinos caídos en Malvinas ya estaban enterrados en Darwin, en tumbas anónimas. A Pedro le correspondió la B-1-15, y con eso pasó a ser un "soldado desconocido" más.
¿Cómo develar entonces quién fue este heroico conscripto? Hay una primera respuesta bastante imprecisa, aunque cierta: Pedro fue uno de los cerca de 30 argentinos que murieron en Tumbledown.

Tras un manto de misterio
El notable desempeño de Pedro no fue la excepción en Tumbledown. La noche del 13 al 14, el grueso de los argentinos que permanecía allí pertenecía al Batallón de Infantería de Marina Nº 5, Compañía Nácar, con base en Tierra del Fuego en tiempo de paz. Los hombres del BIM-5 estaban acostumbrados al frío y al viento, y su duro entrenamiento de dos años los había preparado mejor que a la mayoría del Ejército. Estaban bien equipados y contaban con amplio entrenamiento en cartografía y combate nocturno, algo fundamental en Malvinas, donde la mayoría de los ataques británicos fueron por la noche.
Los tropas enemigas consideraban al BIM-5 de lo mejor de la Argentina. Y la unidad hizo justicia a su fama: sobre dos secciones de la Compañía Nácar cayó la furia de la Compañía Left Flank de los Guardias Escoceses, pero los infantes contuvieron a esa fuerza muy superior en número alrededor de seis horas. Para desalojarlos, los británicos tuvieron que asaltar una a una sus posiciones, recurriendo a la artillería terrestre y naval, los misiles antitanque, las granadas, y el combate cuerpo a cuerpo. Teniendo en cuenta que Pedro luchó con tanta garra, no sería de extrañar que hubiera pertenecido a este grupo. Salvo por un dato: el BIM-5 batalló, en general, en la parte oeste de Tumbledown, lejos de donde hallaron a Pedro.
Sin embargo, por mucho tiempo no se descartó que Pedro pudiera ser un infante de marina que escapó de la derrota inicial y se replegó para seguir peleando. Aunque algunos indicios permitirían desechar esa posibilidad: "Pedro vestía como los del Ejército. Si hubiese tenido el uniforme del BIM-5, los que recuperaron su cadáver lo habrían comentado. Los británicos pensaban erróneamente que el vestuario de los infantes de marina era distintivo de los comandos argentinos".
Dado que no es lo mismo combatir con una fuerza de élite que con conscriptos, si Pedro hubiese vestido como un integrante del BIM-5, los británicos no se hubieran privado de destacarlo. Eso es lo que hicieron en las batallas donde enfrentaron a grupos comandos porque les enorgullecía haberlos vencido. Así las cosas, si Pedro era del Ejército, ¿a qué unidad pudo pertenecer?
En Tumbledown participaron varias unidades del Ejército: 48 hombres de la 3ª sección de la Compañía B del Regimiento de Infantería Motorizada 6, de Mercedes, Buenos Aires; 12 de la compañía B del Regimiento del Infantería 12 de Mercedes, Corrientes, a cargo del subteniente Celestino Mosteirín y que sufrió la baja del conscripto Ramón García, y otra sección aún más disminuida (cinco hombres) del Regimiento de Infantería 4, con asiento en Monte Caseros, Corrientes, a cargo del subteniente Oscar Silva, que murió junto a sus cuatro muchachos. La mayoría procedía de Dos Hermanas, enclave perdido la noche anterior.
Oscar Teves, autor del libro Pradera del Ganso y próximo a escribir otro sobre Tumbledown, no descarta a ninguno de estos grupos. Ni siquiera al BIM-5: "En verdad, no sé si La Terraza es el lugar donde cayó Pedro. Es más, recorrí la zona y no vi lugares inaccesibles como el que describe Bicheno".
En cambio, para el hoy coronel y por entonces subteniente de 19 años de la 3ª B/RIM6, Esteban Vilgré La Madrid, las líneas de investigación siempre fueron dos: "Hasta saber lo del uniforme de Pedro, siempre pensé que era un infante de marina desprendido de la sección del teniente de corbeta Carlos Vázquez -la última del BIM-5 en resistir- o uno de mi sección, que luchó en el lado este de Tumbledown, donde abatieron a Pedro. Aparentemente, este joven cayó a 400 metros del sitio inicial donde estaba yo, pero eso no significa que no perteneciera a mi grupo porque no estábamos todos juntos".
Vilgré La Madrid descarta a los muchachos del subteniente Silva, ya que se encontraban en el sector oeste del monte. También al soldado García, del RI-12. "Me lo aseguró el subteniente Mosteirín", acota.
Los conscriptos muertos del RIM-6 en Tumbledown cayeron durante un contraataque lanzado sobre el final, una vez doblegada la sección del teniente Vázquez. El RIM-6 estaba bien entrenado por su jefe, el teniente coronel Oscar Jaimet, antiguo comando que había instruido a sus hombres en combate nocturno. Pese a no estar tan aclimatados como los fueguinos del BIM-5, los muchachos del RIM-6 eran en general peones de Lobos, Mercedes, Luján y zonas aledañas, que sabían de heladas e intemperie. Y coraje no les faltaba: Oscar Poltronieri, el soldado más condecorado del Ejército en su historia era uno de sus dos ametralladores.
La historia de Poltronieri tiene varios puntos en común con la de Pedro: Poltronieri cambió constantemente de posición y se rezagó durante la retirada, aletargando el ataque británico. Y también fue dado por muerto, aunque en realidad logró escapar.
¿Es posible que la leyenda británica mezclara varias historias? No se puede descartar. De hecho, en batallas anteriores también aparecieron relatos de francotiradores o ametralladores argentinos deteniendo ataques durante horas. Hay un cierto patrón en la psique británica, más dispuesta a creer en historias de "súperargentinos" que en la resistencia organizada de varios grupos oponiéndoseles al mismo tiempo. Es más, como en el caso de Pedro, en los relatos sobre el combate del 28 de mayo en Pradera de Ganso, se habla de criollos negándose a rendirse ante el pedido de oficiales capturados.
No es lo único. Ya que hay diferentes versiones de la leyenda de Pedro: en una, el joven dispara contra los helicópteros británicos de evacuación médica. En otra, son dos los que lo hacen, y se encuentran al otro lado del monte. Esto tiene su lógica. La batalla de Tumbledow no sólo fue de noche sino que nevaba, por lo que la visibilidad era muy mala. Y los militares británicos estaban librando una durísima pelea, bajo fuego enemigo. Relatos de ambos bandos cuentan que el monte literalmente temblaba por los impactos de sendas artillerías, que saltaban esquirlas cortantes de roca y que el ruido era tan ensordecedor que apenas se escuchaban las órdenes y se tenía conciencia de lo que sucedía a pocos metros. Es factible entonces que bajo tanto estrés, los británicos mezclaran situaciones diferentes con distintos soldados argentinos (entre ellos, el valiente soldado Poltronieri).
Además de los relatos que ya habían escuchado y lo que esperaban de sus enemigos. Por eso no hay que desechar que haya habido más de un Pedro. Uno de ellos, el hallado en enero de 1983.

Las bajas del RIM-6
Pero dándoles crédito a los dichos de Bicheno, ¿de quién era el cuerpo recuperado en el despeñadero? Las alternativas se reducen a los soldados del RIM-6 que cayeron en combate. En 2010, para el bicentenario de ese regimiento, Enfoques viajó a su nuevo cuartel, en Toay, La Pampa, donde hay una placa en homenaje al conscripto Juan Horisberger, que dice que el enemigo lo apodó Pedro por su valentía. Sin embargo, más allá de su coraje, sólo se trataría de una iniciativa ligada a la buena voluntad de algunas personas. Asimismo, testimonios de varios de sus compañeros indican sin duda que Horisberger fue el primero en morir, de un tiro en el pecho.
Otros tres soldados, Horacio Balvidares, Horacio Echave y Héctor Guanes, murieron en posiciones conocidas. Los dos primeros habían caído cerca de Sapper Hill y Guanes, en Dos Hermanas. Sobre Ricardo Luna surgieron dudas, pero para La Madrid, su deceso no coincide con el momento en que habría caído Pedro. También hubo interrogantes en torno a Juan Rodríguez, aunque según La Madrid, el tirador de la sección David Torres fue testigo de su muerte, cerca del fin del combate de Tumbledown, en la madrugada del 14 de junio. La última baja del RIM-6 fue Sergio Azcárate, que murió cuando la sección se encaminaba a Puerto Argentino, alcanzado por fuego enemigo.
Así, quedan sólo dos: Luis Jorge Bordón, de Lobos, y Walter Ignacio Becerra, que en 1982 vivía en el barrio Zarza de Moreno, Buenos Aires. Ambos integraban el primer grupo de tiradores. "A mí me suena más la chance de Becerra. Primero, porque Bordón no estaba tan cerca del lugar descripto, aunque tampoco lo descarto. Y además, por su forma de ser: un tipo muy astuto, vivaracho. El relato sobre un muchacho cambiando de posiciones para despistar al enemigo cuadraría con él, con su personalidad. Y también por el arma que usaba, un FAP, versión ametralladora del FAL normal, con mucha cadencia de fuego, que hubiera llamado poderosamente la atención de los británicos, por sonar distinto al grueso de las armas propias y ajenas", señala La Madrid.
Una forma de saber si Pedro y Becerra fueron la misma persona era averiguar quién fue el militar argentino que lo habría intimado a rendirse. Según relatos británicos, ese oficial podía ser Vázquez. No obstante, en ese momento el teniente del BIM-5 estaba siendo "interrogado" por sus captores del otro lado del monte porque lo confundieron con un francotirador que les había matado varios hombres. Vázquez no habla mucho sobre Malvinas, aunque por intermedio del investigador Teves se pudo confirmar que él no fue quien habría intentado disuadir a Pedro. Tampoco lo fue el subteniente Mosteirín, que cayó preso junto al teniente de corbeta. Por lo que la leyenda de Pedro sigue reservándose algunos misterios.
El Ejército no se pronunció oficialmente sobre esta historia. Por ende, se descarta que se haya pensado en recurrir a análisis de ADN para conocer la verdadera identidad de Pedro. Además, en cuanto a Becerra sería imposible hasta que no se logre dar con su familia. "En los casos de Becerra y Guanes, nunca pudimos establecer contacto; con el resto, sí. Al principio, cuando llamábamos, muchos estaban muy enojados, eran padres que habían perdido a sus hijos en la guerra. Pero cuando les explicábamos que lo hacíamos para invitarlos a homenajes que rendíamos a sus hijos, cambiaban de actitud", explica el teniente coronel Marcelo Pollicino, responsable de algunas de esas búsquedas, como de actividades relacionadas con el estrés postraumático de veteranos de guerra y familiares y entusiasta seguidor de la historia de Pedro. "Hacer estudios de ADN conllevaría una decisión política, cuestiones diplomáticas, fondos. Además, debería ser para todas las familias que tienen un hijo sepultado como NN en Malvinas", añade.
El último intento para localizar a la familia de Becerra fue en 2004, en la dirección y teléfono de su madre, en el barrio porteño de Parque Patricios. Enfoques retomó la búsqueda mediante la Unidad de Atención y Asistencia al Veterano de Malvinas de la ANSES, aportándole nombre completo y DNI del fallecido, aunque al cierre de esta edición no se había obtenido respuesta, lo que impidió saber si alguien cobra una pensión en su nombre e intentar contactarlo. Como Pedro habría muerto en soledad y nadie pudo certificar que se tratara de Becerra, esta investigación sigue abierta. Sólo un testimonio clave que este trabajo tal vez no halló o un ADN al cuerpo enterrado en la tumba B-1-15 de Darwin podría quizá desentrañar el interrogante. Pero no cabe duda de que, sea quien fuere, Pedro encarna el valor de muchos jóvenes que ofrendaron o estuvieron dispuestos a dar su vida por la Patria. Muchos de los cuales hoy caminan por las calles, anónima y humildemente, a pesar de haber actuado como verdaderos héroes.
Por Sergio Núñez y Ernesto Castillo - LA NACIÓN - Domingo 03 de abril de 2011.



lunes, 15 de septiembre de 2014

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL BRIGADIER GRAL CORNELIO SAAVEDRA

Cornelio Judas Tadeo de Saavedra vio la luz el 15 de Setiembre de 1759 en la Villa Imperial de Potosí, en lo que hoy son los Andes bolivianos. Su familia era de vieja raigambre americana y su hogar rezumaba prestigio y tradición. Pero las difíciles condiciones climáticas de aquella región impulsaron a la familia Saavedra a regresar a Buenos Aires, de donde era oriundo el padre. Entonces Cornelio cursó estudios en el Real Colegio de San Carlos, distinguiéndose por su inclinación a la filosofía. No obstante, siguiendo el camino de sus mayores, se dedicó al trabajo de la tierra. Casado en 1788 con su prima hermana Francisca de Cabrera y Saavedra, ingresó a la función pública en 1797 como Regidor. Dos años después fue nombrado procurador; en 1801 Alcalde de segundo voto y en 1805 Administrador del depósito pública de trigo. De 1799 data un documento suyo poco conocido: un alegato en pro de la libertad de comercio y la libertad de trabajo.Las Invasiones Inglesas descubrieron en Saavedra una inesperada vocación por las armas. A propósito de esta iniciación castrense, estampó en sus memorias su propia explicación: “Este fue el origen de mi carrera militar: el inminente peligro de la patria, el riesgo que amenazaba a nuestras vidas y propiedades, y la honrosa distinción que habían hecho los hijos de Buenos Aires prefiriéndome a otros muchos paisanos suyos para jefe y comandante, me hicieron entrar en ella”.En efecto, durante las invasiones ingleses, el cuerpo de Patricios lo eligió Comandante, marchando él a la cabeza como primer combatiente de este cuerpo, integrado por tres batallones y 23 compañías. Entre quienes despedían a las tropas que iban rumbo a Barracas figuraba su segunda esposa - la primera había fallecido en 1798 -, Saturnina Bárbara de Otárola y del Ribera. Su prestigio creciente en la población de Buenos Aires lo llevó a desempeñar un papel decisivo en las jornadas de Mayo. En la reunión de comandantes del 20 de Mayo negó su apoyo a Cisneros. Dos días más tarde, en el Cabildo abierto, al votar por la destitución del Virrey, obtuvo la adhesión de 86 cabildantes, entre quienes figuraban Castelli, Belgrano, French y otros. Presidente de la Junta del 25 de Mayo, Saavedra tuvo que enfrentar las alternativas de un clima el cual no estaba acostumbrado. Es decir, un clima político de sutilezas y argucias, de fervor revolucionario con todos los posibles excesos y deformaciones inevitables en un movimiento de esta naturaleza. Después del golpe del 5 y 6 de Abril de 1811 (en el cual Saavedra creyó fortalecerse, apresurándose a separar a los elementos morenistas) abandonó Buenos Aires con rumbo a Salta, con el objeto de reorganizar el derrotado ejército del Desaguadero. Pero el viaje fue aprovechado por sus adversarios para asestara varios golpes: separado del gobierno y del ejército, se intentó confinarlo en San Juan, pero, alertado a tiempo, Saavedra cruzó la cordillera de los Andes por ignotos caminos, arribando a tierra chilena en compañía de su hijo Agustín, de 10 años de edad. En 1814 decido volver a la patria, para no caer en manos españolas, pues los ejércitos reales amenazaban por entonces a Coquimbo. Y mientras vuelve a cruzar la cordillera, su esposa tramita en San Juan el ingreso de Saavedra, que es negado por el Teniente de Gobernador. Doña Saturnina, sin apela al Gobernador Intendente de Cuyo, es decir a San Martín, quien accede a la solicitud.Finalmente, Saavedra es enviado a Buenos Aires con escolta para hacer acto de presencia en el juicio que se lo había iniciado y tras la revolución del 15 de Abril de 1815, el Cabildo le devolvió su grado militar. De inmediato, sin embargo, al asumir Alvarez Thornas el cargo de Director suplente lo relega a Arrecifes. En 1818 obtuvo la rehabilitación, Desempañó varios cargos militares, aunque de escasa importancia, y en 1822 se le otorgó el retiro absoluto del ejército.Murió el 29 de Marzo de 1829, y dos días después el diario “El Tiempo” se hizo eco del fallecimiento en escuetas líneas: “A las 8 de la noche del domingo murió repentinamente el Brigadier General Cornelio de Saavedra. Los buenos patriotas deben sentir su pérdida, por los servicios que aquel ciudadano ha prestado el país”.
En Diciembre del mismo año, el gobierno del General Juan José Viamonte concretó su homenaje trasladando los restos de Saavedra a un mausoleo de la Recoleta.
Fuente: Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado

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domingo, 14 de septiembre de 2014

ANIVERSARIO DE LA CREACION DEL REGIMIENTO DE INFANTERÍA 1 “PATRICIOS”

El 13 de septiembre de 1806, con motivo de las invasiones inglesas y en respuesta a la proclama de Santiago de Liniers y Bremond, que invitaba a todos los ciudadanos a armarse contra el enemigo, se organizó el Regimiento de Infantería 1 “Patricios”. Así, frente a la inminencia del peligro y antes que la nación misma, nació la heroica “Legión de Patricios Voluntarios Urbanos”, compuesta por tres batallones de 1356 hombres y comandada por el teniente coronel Cornelio Saavedra. Por tanto, en esta fecha, celebramos un nuevo aniversario del nacimiento de la unidad más antigua de todas las armas, embrión del Ejército Argentino.
El Regimiento de Infantería 1 “Patricios” nació con motivo de la primera invasión inglesa al Río de la Plata, respondiendo a la proclama del Capitán de Navío Santiago de Liniers y Bremond, que convocaba a todos los ciudadanos a armarse contra el enemigo. Tuvo su bautismo de fuego el 5 de julio de 1807 defendiendo Buenos Aires durante la segunda invasión. Los colores de su uniforme y el bravo grito de “Patricios” estuvieron siempre, donde quiera que la Patria jugara su suerte a la verdad de las armas.
Fue su primer Jefe el, entonces, Teniente Coronel Don Cornelio Saavedra. Revistaron en las filas de esta gloriosa Unidad personalidades de la talla de Belgrano, Chiclana López y Planes, Pedriel, Diaz Velez y miles de valientes criollos que “Buenos Aires heroica ofrendó” para la noble misión de defender la libertad y los derechos del hombre.
Las Invasiones Inglesas fueron una serie de expediciones británicas que atacaron a las colonias españolas del Río de la Plata a principios del Siglo XIX. Los invasores ocuparon la ciudad de Buenos Aires en 1806 y fueron vencidos 46 días después por un ejército proveniente de Montevideo comandado por Santiago de Liniers.
En 1807 una segunda expedición tomó la plaza fuerte de Montevideo y permaneció en este enclave por varios meses. Un segundo intento de ocupación de la capital del Virreinato del Río de la Plata, en ese mismo año, fue exitosamente combatido por las fuerzas defensoras, que se componía no sólo de las tropas oficiales al servicio de la corona sino también de numerosas milicias urbanas, grupos de criollos a quienes se había armado y organizado militarmente. La resistencia del pueblo y su participación activa en la defensa y la reconquista aumentó el poder y la popularidad de los líderes criollos e incrementó la influencia y el fervor de los grupos independentistas. Paralelamente, quedó en evidencia de la incapacidad de la metrópoli de defender a sus colonias en el contexto de los conflictos internacionales de la época. Estos motivos convierten a las invasiones inglesas en uno de los catalizadores de la causa emancipadora en la Argentina y gran parte de Hispanoamérica.
La Revolución de Mayo de 1810, eclipsaría la importancia de las invasiones inglesas. La cultura popular argentina sólo rescata el agua y el aceite hirviendo sobre las tropas invasoras. Sin embargo, fue en el cabildo abierto del 10 de febrero de 1807 cuando por primera vez prevaleció la voluntad del pueblo americano por sobre los intereses de España, ocasión en que se resolvió la destitución del representante del rey
El Regimiento de Infantería 1 “Patricios” estuvo presente en las jornadas de mayo de 1810, velando con sus armas el nacimiento de la Patria. Bajo la inspiración de su primer jefe, el Brigadier General Cornelio de Saavedra, aseguró la ejecución de la voluntad criolla en aquellos difíciles días que culminaron con la constitución de la Primera Junta de Gobierno, dando luego sobre la base de sus tres Batallones origen al Ejército cuando se organizó el 29 de Mayo,. Desde aquel momento participó en las jornadas decisivas de la guerra por la independencia y bajo las órdenes del General Belgrano.
Durante la Guerra de la Independencia, participó entre otras, en las gloriosas jornadas de Suipacha, San José, Las Piedras, Montevideo y Tucumán. Bravos en el triunfo y abnegados en la derrota, los Patricios supieron defender con su sangre el celeste y blanco del pabellón nacional.Durante la Guerra contra el Imperio del Brasil, inscribió páginas de gloria en su historial, participando en los combates de Bacacay e Ituzaingó.
En la década de 1840, participó exitosamente en el rechazo de las sucesivas incursiones anglo-francesas a las costas argentinas, alcanzando su mayor brillo en el Combate de la Vuelta de Obligado donde el valor de los Patricios, junto con los lugareños, volvió a trascender las fronteras del país, siendo motivo de admiración de los comandantes y tropas extranjeras. Participó activamente en la llamada “Guerra de la Triple Alianza”, destacándose por su valor y coraje, participando en Yatay, Paso de la Patria, Tuyutí, Estero Bellaco, Humaytá y Curupaytí, batalla en la que dejara heroicamente su vida en el campo de combate el Jefe del Regimiento, Teniente Coronel Don Manuel Rosetti.
En 1982, durante la “Gesta de Malvinas”, una de sus compañías tomó parte en la defensa de Puerto Argentino y en el combate de Monte Longdon, donde muere el Soldado Clase 63 Claudio Bastida.
Hablar de la historia del Regimiento de Infantería 1 “Patricios”, es hablar de los hechos más trascendentes de la historia de la Patria. Sus campañas, acciones de guerra, las numerosas condecoraciones obtenidas, el acabado cumplimiento de su misión presente, insertado en un Ejército moderno, sosteniendo las más caras tradiciones de la República, participando con sus hombres y mujeres en Organizaciones Militares de Paz en el exterior y en tareas de combate como Infantería de asalto aéreo, habla de la calidad y espíritu simple y noble de los soldados de la República.
Hoy, es el Regimiento Escolta del Jefe del Estado Mayor General del Ejército y del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, marcando su permanente presencia en el Cabildo de la Ciudad, La Plaza de la República y el Palacio de Gobierno, el monumento a la Bandera en Rosario, y otros lugares que a lo largo del País simbolizan nuestras Tradiciones.
Fuente: Regimiento de Patricios de Buenos Ayres.

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sábado, 13 de septiembre de 2014

ANIVERSARIO DEL ARMA DE INFANTERÍA “INMACULADA CONCEPCIÓN”

"Si en el combate tu agresividad impresiona
Si tu audacia raya en la temeridad
Y lo sobrehumano de tu conducta paraliza al enemigo
Entonces podrás decir que eres un infante argentino."
Los orígenes del arma se remontan al período colonial, en que los siete batallones de infantería Para buscar sus antecedentes más lejanos, debemos remontamos al siglo XVI, cuando, por la conquista, arribaron a estas tierras los primeros elementos de la Infantería española.
A partir de ese tiempo, y también durante el siglo XVII, el arma, a través de milicias, cumplió diversas operaciones militares con fines básicamente defensivos ante el amago de ataques de piratas y corsarios; los levantamientos de los calchaquíes; el primer sitio de Colonia del Sacramento y la Guerra Paulista.
Durante el siglo XVIII ya puede hablarse de la Infantería que, por intermedio de sus unidades primarias, los tercios y las milicias, intervinieron en: la guerra contra los portugueses; la guerra guaranítica; la expedición española a las Islas Malvinas (1770) y las guerras sociales estalladas en nuestro territorio.
Pero los sucesos más trascendentes en que participa el arma, ya en el siglo XIX, son las Invasiones Inglesas y la Revolución de Mayo. Las tropas de Infantería intervinientes en los tres hechos citados precedentemente, fueron:
En la Primera Invasión Inglesa:
Compañía de Granaderos del Regimiento de Infantería de Buenos Aires; Voluntarios de Infantería de Montevideo; Compañía de Migueletes; Cuerpo de Voluntarios Patricios de la Unión y Real Marina y Marinería desembarcada.
En la Segunda Invasión Inglesa:
Cuerpos de Americanos (criollos); Cuerpo de Patricios; Cuerpo de Arribeños; Batallón de Naturales, Pardos y Morenos; Compañía de Granaderos de Infantería y Compañía de Cazadores Correntinos.
Cuerpos o tercios de españoles; Cuerpo o tercio de Gallegos; Tercio de Andaluces o Batallón de los Cuatro Reinos de Andalucía; Tercio de Catalanes o Miñones y Tercio de Vizcaínos.
En la Revolución de Mayo:
Cuerpos Veteranos: Regimiento de Infantería de Buenos Aires y Asamblea de Infantería y Caballería.
Cuerpos Urbanos (Milicias): Batallones 1 al 5; Batallón Granaderos de Fernando VII y Batallón de Casta de Infantería.
El propio Libertador General Don José de San Martín, durante sus primeros diecinueve años de vida militar, integró la Infantería española, destacándose por sus valores humanos y profesionales acreditados en combate.
La Primera Infantería Argentina
Es importante señalar el papel protagónico que cumplió la Infantería, tanto por la acción de presencia del Regimiento de Patricios, como por la decidida participación político-militar de su prestigioso jefe durante toda la Gesta de Mayo.
Por tal razón, el historiador Emilio Loza relata, en la Historia de la Nación Argentina de Ricardo Levene, el nacimiento de nuestra Infantería de la siguiente manera: “La Infantería constituyó el núcleo más importante de la tropa de línea o veterana de los Ejércitos de la Revolución y de la Independencia, y fue con ella que la Junta Provisional de Gobierno inició la imperiosa e impostergable obra de reforma militar, necesaria para preparar el instrumento que debía apoyar la difusión de los ideales de libertad que acababan de ser proclamados”.
Por decreto y resolución del 29 de Mayo y 31 de Octubre de 1810, respectivamente, los siete batallones de Infantería de milicias existentes en Buenos Aires, desde la reorganización dispuesta por el Virrey Cisneros el 11 de Setiembre de 1809, fueron transformados en regimientos de clase de veteranos de 1.116 plazas.
La primera Infantería argentina estuvo, por lo tanto, constituida por los Regimientos Nº 1 al 5, el de Granaderos de Fernando VII, el de Castas o de Pardos y Morenos, el Regimiento de Infantería de Buenos Aires o Fijo y, además, se encomendó a Don Domingo French la tarea de organizar otro con el nombre de América.
En noviembre de 1810 fue disuelto el Fijo y lo que existía del Nº 5, ingresando algunos restos en el Regimiento de América, al que se le dio el Nº 5 sin perder la otra denominación. Por las razones señaladas precedentemente, se entiende que el 29 de Mayo, al dictarse el decreto de creación de dichos cuerpos militares, inicia su larga y fecunda vida institucional el Ejército Argentino, siendo por lo tanto la Infantería quien la materializa.
No obstante lo expresado, cabe reiterar que se toma como fecha de nacimiento del arma el 13 de Setiembre de 1806, ya que fue ése el día en que se creó el Cuerpo de Patricios, siendo su primer jefe el Coronel Cornelio Saavedra.

"Los otros días, Tata Dios me requería, mate de por medio, ya que es criollo-¿lo sabían?-
-Diga che.
-¡¡Mande Jefe!!
-De volver a vivir ¿Qué querrías? Te cuento que sólo por si acaso…
-¿Yo?
-Si Vos, ¿Qué querrías?
-¡Ser otra vez Oficial de Infantería!
-¿Y por si acaso?
-¡Otra vida de pasiones, poesías y balazos!
Hasta aquí- preguntó Dios- ¿Cómo vendrías?
-Por la ancha Avenida de la Gloria, honrado el juramento a la Bandera, Formado entre los héroes de la historia, altivo el gesto, fija la bayoneta, Rindiendo Honores, al Padre de la Patria. ¡Fusil al hombro! ¡A compás! ¡Vista derecha!
-¿Algo más descarado? ¿Quizás un tanto diferente?
-No Dios, demasiado ya me has dado… en todo caso… ¡Otro poco de Gloria solamente!"
Fuentes: Efemérides – Agrupación Patricios Reservistas / Patricios de Vuelta de Obligado / My(r) VGM Luis Daniel de Urquiza.-

viernes, 12 de septiembre de 2014

LOS OFICIALES DE ÓRDENES

En las campañas militares durante las guerras de la independencia, se empleaba al oficial de órdenes, también llamado “ayudante”, “edecán” o “chasqui de guerra” para transmitir partes y mensajes en combate. Estas tareas que cumplía a caballo y para la cual se seleccionaban a los mejores oficiales, aseguraban los enlaces con las distintas unidades que integraban los ejércitos.
La conducción de la campaña se realizaba, entonces, desde un puesto de comando ubicado en una altura del terreno, desde la que el general seguía el desarrollo de la acción con la ayuda de un catalejo, despachando oportunamente con sus órdenes a los ayudantes y edecanes que lo rodeaban. Estos oficiales tenían la misión de transmitir las órdenes del comandante y a su regreso aportaban informaciones sobre cuanto habían visto con sus propios ojos. A su vez, los jefes subordinados disponían también de sus ayudantes de campo.
Tanto el general Belgrano en las batallas de Tucumán y Salta como el general San Martín durante su campaña libertadora hicieron uso intensivo de ellos, ya sea para impartir directivas a los jefes de regimiento durante el combate como para comunicar con celeridad los resultados de las acciones a las máximas autoridades a cargo del Poder Ejecutivo del país.
El parte de la Batalla de Chacabuco fue llevado a Buenos Aires por el mayor Manuel de Escalada, quien entregó al Director Supremo, Martín de Pueyrredón, no sólo el primer parte de victoria, sino la bandera tomada al enemigo. En cuarenta y ocho horas cruzó la cordillera de los Andes y, en catorce días, este incomparable jinete salvó a todo galope la distancia que lo separaba de Buenos Aires.
Por esta hazaña, los integrantes del arma de Comunicaciones lo honran como a uno de sus más destacados precursores.
Decía el general San Martín: “…nada hay más importante en tiempos de guerra que la celeridad en las comunicaciones….”
Además del general Manuel de Escalada, otros destacados oficiales de órdenes fueron: el general José María Paz, el general Ignacio Warnes, el general Juan O’Brien y el coronel José Segundo Roca.
Fuente: Jorge González Crespo / Héctor Arenales Solís para Ejercito Argentino.

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jueves, 11 de septiembre de 2014

REGIMIENTO DE CABALLERÍA DE EXPLORACIÓN 5: LOS INFERNALES DE GÜEMES

La emblemática unidad cumplió 188 años. Bajo la égida de su jefe, general Martín Miguel de Güemes, se cubrió de gloria en los campos de batalla. Hoy, sus herederos son custodios de los laureles que aquellos hombres “supieron conseguir”… Y además, con una destacada labor subsidiaria en favor de la comunidad. 

El palmarés de su pendón está tachonado por un sinfín de nombres y lugares donde lo pasearon altivo y victorioso. Desde las invasiones inglesas, Tupiza, Cotagaita, Suipacha, Huaqui, Salta, la Campaña del Desierto (en Azul, Chapaleufú, Guardia del Salto, Sierra de la Ventana y Las Manzanas), en Camacúa contra el Imperio del Brasil hasta la Vuelta de Obligado, Punta Acevedo, San Lorenzo, El Quebracho, Las Vizcacheras, Puente de Márquez, Cepeda, Pavón, Santa Rosa, San Carlos, Espinillo y Don Gonzalo. Todo comenzó en 1806, durante la Reconquista por las Invasiones Inglesas, como Húsares de Pueyrredón al lado de Santiago de Liniers y un año después, contra el al mismo enemigo como Húsares del Rey. Durante la Revolución de Mayo se lo conoció con el nombre de Regimiento Húsares de la Patria para escoltar a la Primera Junta. Más tarde, en 1813 y como un sino de su futuro, parte de sus efectivos fue enviado a enfrentar a los realistas en la Batalla de Salta al mando del coronel Martín Rodríguez. De ahí en más, pasó a custodiar las fronteras del sur del país de los ataques de los indios y en 1821, dejó su huella en Entre Ríos en las acciones contra el caudillo Francisco Ramírez.

Hechos históricos
Pero fue precisamente, el 10 de julio de 1826, por decreto del presidente Bernardino Rivadavia, que recibió la denominación de Regimiento 5º de Caballería de Línea. Y como tal, participó por segunda vez en la campaña contra los indios en el sur de la provincia de Buenos Aires. Una tarea que repitió (hasta 1867), en medio de la Guerra con el Brasil, para defender la frontera interior de Buenos Aires de los malones que la azotaban y en la Campaña del Desierto encabezada por Juan Manuel de Rosas, primero y Adolfo Alsina y el general Julio A. Roca, después. En 1846 estuvo en la Vuelta de Obligado y luego en Cepeda y Pavón y en 1870, en sofocar el levantamiento de López Jordán. En 1886, fue trasladado al Chaco Austral y en noviembre de ese año llegó a Metán, Salta, para asentarse definitivamente en 1913, en la capital de esa provincia norteña. Seis años después, en 1919 y instancias de su jefe, coronel Osvaldo Amieva, se lo conoció como Regimiento de Caballería 5 “General Güemes”. Sin embargo, fue rebautizado como Destacamento de Exploración de Caballería de Montaña 141 (C5) “General Güemes” y en 1989, como Regimiento 5 de Caballería Blindado “General Güemes”. A principios de 1993 recibió su actual denominación y hoy, bajo el mando del teniente coronel José María Protti.
Cabe destacar que más allá de sus tareas específicas, entre las que se destaca su participación en el Operativo Fortín II, en la frontera norte del país, apoya a la comunidad frente a incendios, inundaciones, evacuaciones y catástrofes. Cabe destacar también, la entrega de material didáctico y a pedido de establecimientos educacionales e instituciones, participa con la Banda Militar Coronel Bonifacio Ruiz de los Llanos y Sección de Infernales con sus uniformes históricos en diferentes celebraciones y conmemoraciones.

Los Infernales
La llamada División Infernal de Gauchos de Línea del Regimiento, fue un ejército compuesto por gauchos de Salta, Tarija y Jujuy conducidos por Martín Miguel de Güemes. Tuvo como es sabido, un papel fundamental en la lucha por la Independencia. Los propios españoles así los llamaron porque convirtieron en un “infierno” su paso por aquellas tierras. Pero además, el nombre provino del color rojo granate de sus vestimentas y en contraposición del batallón enemigo “Los angélicos” que fuera una verdadera pesadilla para los patriotas. Formaban una red de milicias en unidades de 20 a 30 hombres, al mando de jefes locales llamados “capitanes de Güemes”, que cubría Humahuaca, Potosí, Jujuy, la ciudad de Salta, el valle de Lerma, el Chaco salteño y el Valle Calchaquí. Eran pastores, labriegos, arrieros y artesanos, entre 15 y 45 años. Conocían muy bien el terreno y eran diestros jinetes y hábiles con el lazo. La División contaba con dos jefes, 16 oficiales, 32 cabos, 16 músicos y 336 infernales. Vestían ropa de gaucho norteño; es decir, chambergo de alas anchas, poncho teñido de rojo o colorado con listas y guardas negras y guardamontes para proteger las piernas cuando montaban. Eran especialistas en el tiro de lazo y en disparar desde los caballos en movimiento y en cambios rápidos de formación. Pero no solo lucharon ellos. Las mujeres, ancianos y niños lo hicieron como espías y mensajeros. Y cuando los godos se acercaban a un pueblo sus habitantes huían con víveres, ganado y todo lo que pudiese serles de utilidad. 
Fuente: Diario Soldados Digital 2014.

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miércoles, 10 de septiembre de 2014

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE FRAY LUIS BELTRÁN

El 7 de septiembre de 1784 nace en la proximidad de la ciudad de Mendoza el sacerdote franciscano Fray Luis Beltrán.
Fue un sacerdote mendocino. Por sus conocimientos técnicos en química, matemática y mecánica, el General San Martín lo designó jefe del parque de artillería del Ejército de los Andes. Se encargó de la fabricación de cañones, fusiles, municiones y uniformes. Inventó los aparejos que hicieron posible transportar los cañones a través de las montañas. En 1820 realizó la campaña al Perú. Luego luchó bajo el mando de Simón Bolívar y más tarde intervino en la guerra contra el Brasil.
Falleció el 8 de diciembre de 1827.
El apellido de su familia, de remoto origen francés, era Bertrand. Estudió en Buenos Aires y Córdoba, y se ordenó sacerdote en 1805 en Santiago de Chile.
Se hallaba en Chile cuando estalló la revolución independentista, a la que apoyó enérgicamente. Fue capellán del Director Supremo del Estado, José Miguel Carrera y trabajó en la maestranza del ejército con el grado militar de teniente. Tuvo que estudiar química, matemática y mecánica, ciencias que llegó a dominar ampliamente.
Después de la derrota de Rancagua regresó a Mendoza, donde el General José Francisco de San Martín lo hizo jefe del Parque de Artillería del Ejército de los Andes. Colaboró con José Álvarez Condarco en la fábrica de pólvora y lo suplantó desde que aquél llevara a cabo una misión de espionaje en Chile.
Bajo su dirección se fabricaron todo tipo de armas, municiones, pólvora, herrajes y uniformes. A sus órdenes llegaron a trabajar hasta 700 hombres. En Chile, dio vida en 1811 a lo que en la actualidad son las Fábriacas y Maestranzas del Ejército de Chile (FAMAE). En 1816 abandonó los hábitos, y al año siguiente participó en la campaña a Chile. Diseñó equipos especiales para transportar cañones a lomo de mula, aparejos de su invención para subir las laderas más escarpadas, y puentes colgantes transportables para hombres y mulas.
Combatió en la batalla de Chacabuco y en la sorpresa de Cancha Rayada. Después de esta batalla, cuando San Martín intentaba levantar el ánimo de los militares vencidos, Beltrán los convenció de que tenía municiones de sobra. Era mentira, pero logró fabricar en unos días varias decenas de miles de municiones, con las que San Martín logró la victoria en la batalla de Maipú, que fue definitiva.
Continuó el equipamiento del Ejército de los Andes, esta vez para la Campaña del Perú, en sus talleres en Valparaiso. Instaló una nueva maestranza en Lima en 1821, y proveyó de armas a varias expediciones marítimas y terrestres. Trasladó sus talleres a Trujillo debido a la toma del puerto de El Callao por los realistas. Permaneció en su puesto hasta 1824, cuando fue reemplazado por los oficiales de Simón Bolivar. A órdenes de Antonio José de Sucre participó de la victoria definitiva de la causa americana, la batalla de Ayacucho.
Debido a un altercado con Bolivar, en 1825 fue trasladado a Buenos Aires, donde se incorporó a la maestranza del ejército que marchó a la Guerra del Brasil, pero pronto debió regresar.
Pasó sus últimos años en Buenos Aires donde falleció el 8 de diciembre de 1827. Fue sepultado en esa ciudad con el hábito de su Orden.