sábado, 18 de octubre de 2014

DÍA DEL SERVICIO DE SANIDAD “SAN LUCAS EVANGELISTA”

La Sanidad Militar Argentina, cuerpo de Ejército creado en 1888 por la sanción de la Ley Nº 2377, festeja su día el 18 de octubre, fecha en que la Iglesia celebra a su santo patrono, San Lucas Evangelista.
Los orígenes de la Sanidad se remontan a la época de la colonia con la creación del Protomedicato Local ordenado por Carlos III.
En 1801 se crea el primer curso de Medicina, cuyo director fue el Dr. Cosme Argerich.
La Sanidad Militar tiene su origen en las primeras campañas patrióticas. Durante el gobierno de Liniers, se nombra al Dr. Juan Madera como Cirujano del Cuerpo de Patricios.
Durante la presidencia del Dr. Bernardino Rivadavia, se organiza el Cuerpo de Medicina del Ejército (1822).
El gobierno de Bartolomé Mitre arrienda el Hospital Italiano y nombra como director Militar al Cirujano Principal Dr. Caupolicán Molina (1868).
Dado los altos costos, el Hospital Militar pasa a desempeñar sus funciones en casas particulares, con escasos recursos y precarios elementos. En 1882 se construyo el HMC, en el predio delimitado por las calles Caseros y Combate de los Pozos, al año siguiente se nombra la primera Inspección Sanitaria a la Frontera, dirigida por el Dr. Eleodoro Damianovich.
Recién a partir de la Creación de los dos Cuerpos de Sanidad Militar -Ejército y Marina – es cuando se otorga grado militar a los Médicos (1888). En 1892 se nombra al primer Director General de Sanidad, función que asume el Dr Eleodoro Damianovich.
Durante la epidemia de Fiebre Amarilla, pierde la vida el Dr. Caupolicán Molina, asume entonces la Dirección del Hospital Militar el Dr. Damianovich y lo reemplaza en la Dirección el Dr. Alberto Acosta, a la gesta heroica le suceden largos períodos de organización política adelantos técnicos y científicos, hasta 1939, la Dirección de Sanidad funcionó en forma conjunta con el Hospital Militar Central en las instalaciones sitas en Combate de los Pozos y caseros; al trasladarse el hospital a su actual emplazamiento, el predio fue ocupado por la Dirección.
Sería redundante expresar la importancia capital que tuvo la Sanidad Militar en el conflicto del “Atlántico Sur “. Es casi imposible mencionar lo actuado en el mismo, pero si es imprescindible destacar que dicha actuación ha quedado plasmada en un libro editado por la Biblioteca del Oficial del Circulo Militar, denominado “La medicina en la guerra de Malvinas”, escrito por los coroneles médicos José Raúl Buroni y Enrique Mariano Cevallos, este último Director del Hospital Militar de Puerto Argentino.
Finalmente, el desarrollo alcanzado por el Comando de Sanidad en sus funciones básicas del servicio como “Conductora, Abastecedora Preventiva y Recuperadora” presenta a la Sanidad Militar como un vasto Organismo Técnico que no sólo prepara, organiza y perfecciona a su personal para el caso de guerra sino que, en tiempo de paz, está dedicado también a velar por la salud de la Familia Militar
Misión de la Sanidad Militar:
La Sanidad Militar planeará, y ejecutará el apoyo de sanidad para proteger, mantener y recuperar la salud del recurso humano de la fuerza, a través del despliegue técnico adecuado contribuyendo al cumplimiento de la misión del ejército argentino.
Funciones de la Sanidad Militar:
La sanidad militar proporcionará el Apoyo de Sanidad, para el cumplimiento de la misión del Ejército, conforme al régimen vigente, mediante las siguientes funciones:
- Promoción y protección de la salud.
- Medicina preventiva, higiene y saneamiento ambiental.
- Reconocimiento médico del recurso humano de la Fuerza.
- Evacuación y hospitalización, incluyendo la atención médica primaria, el diagnóstico, el tratamiento y la rehabilitación.
- Rehabilitación del personal discapacitado, tanto física como psiquiátricamente y de veteranos de guerra.
- Medicina legal, que abarca las actividades destinadas a encuadrar legalmente los procesos mórbidos que afectan o hayan afectado al personal.
- Instrucción y capacitación profesional, en la formación de pre-grado y pos-grado incluyendo al personal militar y civil dedicado a la docencia.
- Investigación y desarrollo, comprendiendo las actividades destinadas a lograr nuevas técnicas y procedimientos para la elaboración de medicamentos.
- Abastecimiento y mantenimiento de Efectos Clase II y IV de Sanidad.
- Entender en el sistema de vigilancia epidemiológica de la Fuerza como tarea esencial de la actividad epidemiológica de la Sanidad militar, Colaborando con organizaciones sanitarias nacionales, provinciales y regionales para la confección de programas compartidos de salud en el ámbito civil, así como programar las actividades tendientes a integrar a la Fuerza en el sistema de Vigilancia Epidemiológica Nacional.
Colaborar y proporcionar apoyo de sanidad para hacer frente a desastres naturales y otras emergencias sociales que afecten a la comunidad.
- Brindar apoyo a la comunidad a través de su participación en campañas destinadas a controlar y erradicar enfermedades endémicas y epidémicas de repercusión social.
- Contribuir a la conservación del medio ambiente y mantenimiento del sistema ecológico mediante acciones de saneamiento ambiental.
- Contribuir al sostenimiento de la Actividad Antártica Nacional.
Fuente: www.cdosan.ejercito.mil.ar

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viernes, 17 de octubre de 2014

ANIVERSARIO DEL NATALICIO DEL GENERAL JUAN GALO DE LAVALLE

El 17 de octubre de 1797 nace en Buenos Aires el General Juan Galo de Lavalle.
El 31 de Agosto de 1812, se incorporó, a los 14 años de edad, al Regimiento de Granaderos a Caballo que el entonces Teniente Coronel José de San Martín estaba organizando en los cuarteles del Retiro presentando la siguiente solicitud: “Sr. Sub - Inspector de Caballería: Don Juan Galo de Lavalle, hijo legítimo de Don Manuel José de Lavalle y de doña Mercedes González, según lo acredita su adjunta fe de bautismo, hace presente a V. S., con todo su respeto, que uniendo sus deseos a los de su padre, aspira a seguir la distinguida carrera militar en el escuadrón de Granaderos de Caballería, a cuyo efecto. Suplica V. S. se digne concederle plaza de Cadete en el citado escuadrón, mediante a lo expuesto, ya que su padre esta pronto a suministrarle las asistencias prevenidas por las Ordenanzas; así lo espera de la bondad de V. S.".
Acompañaba a esta una nota del padre, en la que expresa que, deseando proteger las nobles inclinaciones de su hijo Juan, se compromete a suministrarle las asistencias necesarias que previenen las Ordenanzas. Presentada a San Martín, resuelve favorablemente, pasando a informe de Balcarce.
En 1814, con el grado de Alférez solicitó al General Carlos de Alvear que lo enviase a participar en el sitio de Montevideo. Como parte del Ejército de los Andes, combatió en Achupallas, Putaendo y Chacabuco, ya en calidad de Teniente. Pasó después a integrar la división del General Balcarce como Capitán y jefe de una compañía de granaderos. Estuvo en las batallas de Talcahuano, Cancha Rayada y Maipú. Hizo la campaña del Sur de Chile hasta 1819, en que regresó a Mendoza. Se incorporó luego a la expedición libertadora al Perú. Su actuación fue notable en las batallas de Jauja, Nazca y Pasco. Tuvo actuaciones distinguidas en las batallas de Río Bamba y en Pichincha, esta última en el Ecuador, ya con el grado de Teniente Coronel. En septiembre de 1822, participó en la campaña de los Puertos Intermedios, combatiendo en las derrotas de Torata y Moquegua, en las que cubrió las retiradas. En 1824, volvió a Mendoza donde por poco tiempo desempeñó el cargo de gobernador. Vuelto a Buenos Aires fue nombrado jefe del Regimiento 4 de Coraceros, a cuyo frente combatió contra el ejército brasileño en las batallas de Bacacay, Ituzaingó -ascendido a General en el campo de ésta- y en la de Yerbal, donde fue herido. Vuelto a Buenos Aires, intervino en forma activa en las luchas internas del país. Como jefe del Partido Unitario luchó contra Juan M. Rosas, combatiendo en las acciones de Navarro, Puente de Márquez, Palmar, Carpintería, Yerúa, Don Cristóbal, Sauce Grande, Quebracho y Famaillá, siendo vencido en esta última. Intentó obtener otra victoria militar en el Potrero de las Tablas, pero la sublevación de algunas de sus fuerzas lo obligaron a iniciar una retirada hacia Jujuy. Estaba alojado en la casa del Doctor Bedoya cuando en la mañana del 9 de octubre de 1841, una partida de soldados del General Oribe le dio muerte. Sus compañeros lograron sacar su cadáver para conducirlo a territorio boliviano, siendo sepultado en la Catedral de la ciudad de Potosí. Sus restos fueron repatriados a Buenos Aires el 30 de octubre de 1858.
El nombre de Juan Lavalle, como el de un apóstol, significa toda una vida de lucha y sacrificios, de heroísmos y abnegaciones legendarias. Juan Lavalle más que un nombre, es un credo de libertad escrito en la historia de los pueblos de Sud América, con el corazón, con la pluma y con la espada. Lucho por la independencia y por la libertad, llegando al sacrificio en la prosecución de tan sagrados ideales. Libre la América del dominio español. Volvió a su hogar en busca de reposo; mas aun faltaba Ituzaingó.
Lavalle que había luchado por la independencia de los pueblos, lucho por la libertad de su pueblo. Y en ese duelo a muerte rindió su vida el esforzado paladín, legando a la posteridad el ejemplo de su existencia, noble y desinteresada, sin más ambición que el avasallador deseo del bien de la patria. Por eso Juan Lavalle fue un apóstol, porque predicó el evangelio de la patria; por eso debe conocerse su historia, para tenerla como guía en el camino de nuestra vida. Si, la vida de un hombre que era león en el combate y pensador en los momentos de tregua, raro carácter para ejemplo, en quien se suman tantas virtudes dignas de imitarse.
Siendo sargento mayor se encontraba en el Perú, sirviendo a las órdenes del General Alvarez de Arenales, en la llamada Expedición a la Sierra.
En esa época, como era uno de los pocos oficiales que no tenía reloj, resolvió valerse de una inocente estratagema para hacer creer que también poseía uno. Con es emotivo ató en el extremo de una cadena que usaba a la vista, una bala de fusil que guardó en su bolsillo.
Cuando sus camaradas le descubrieron la treta se lo comentaron al héroe de la Florida, para que le hiciera una broma.
En una ocasión, en que éste estaba próximo a Lavalle, le preguntó muy seriamente por la hora. El futuro León de Río Bamba sacó la bala de fusil y presentándosela a Arenales le dijo:

- Mi General, con esto puedo saber la hora; pero esté usted seguro, mi General, que el Mayor Lavalle siempre llegará a la hora cuando de defender la Patria se trata.

Emocionado el vencedor de Pasco por la varonil respuesta de su subordinado, le dio un fuerte apretón de manos y cuando regresaron a Lima, le obsequió un hermoso reloj.

"Un pueblo que no cultive con amor sus tradiciones y que no rodee de prestigio a los hombres ilustres que le han dado grandeza y gloria, ira perdiendo la conciencia de si mismo y extinguiendo su personalidad".
Fuente: Anecdotario Historico Militar, Juan Roman Silveyra, Ediciones Argentinas Brunetti, Buenos Aires.

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jueves, 16 de octubre de 2014

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL TENIENTE GENERAL LUIS MARIA CAMPOS

En un nuevo aniversario del paso a la inmortalidad de este heroico soldado, ejemplo de lealtad y valor, Creador de la Escuela Superior de Guerra, aquí nuestro respetuoso homenaje.
El día 15 de octubre de 1907 fallece en Buenos Aires el Teniente General Luis María Campos. Ingresó como Subteniente al Primer Regimiento de Guardias Nacionales en 1859. Asistió a la Batalla de Pavón el 17 de septiembre de 1861. Durante la acción entregó al General Bartolomé Mitre la bandera del Batallón San Luis, perteneciente al ejército enemigo. Hizo la campaña de la Guerra del Paraguay, siendo herido en el asalto a la fortaleza de Curupaytí. Tomó parte en el combate de San Ignacio, sobre el Río V, en el que la vanguardia del Ejército Nacional, a las órdenes del Coronel Arredondo, derrotó a las fuerzas mandadas por los hermanos Juan y Felipe Sáa, el 1 de abril de 1867. Vuelto a la Guerra del Paraguay, participó en la Batalla de Lomas Valentinas del 27 de diciembre de 1868, donde fue herido nuevamente. Después de desempeñar otras funciones el 12 de octubre de 1898, fue nombrado ministro de Guerra y Marina por el presidente de la República, General Julio A. Roca.

La batalla de San Ignacio fue librada entre la vanguardia del Ejercito Nacional a las órdenes del coronel D. José Miguel Arredondo y los rebeldes mendocinos mandados por el célebre Juan Saá, conocido con el temible mote de “Lanza Seca”.
Marchaba con las tropas legales una parte del bizarro 6º de Línea, con el Comandante Luis María Campos quien, deseoso de iniciar la victoria a su favor, cargó a la bayoneta contra la artillería enemiga.
En medio del entrevero un mendocino gigantesco le apoyó el fusil en el pecho e hizo fuego dándole apenas tiempo para desviar el arma con el sable, pero sin poder evitar que el fogonazo le quemara la cara, los ojos, y la bala le matara el caballo.
Al verlo caer, los artilleros se abalanzaron sobre él, para ultimarlo, pero no habiendo contado con que las lucientes bayonetas de los veteranos del 6º siempre estaban prontas para socorrer a su jefe y se trabaron a su alrededor en un terrible duelo al arma blanca.
Ganada la acción en todo el frente y perseguidos los rebeldes, un soldado paraguayo se acercó a Campos y le dijo entre risueño y cariñoso:

-Che comandante, me debes la vida; ni ¡Ay! Le dejé decir al colorado que te pegó el tiro.

El animoso jefe por toda la respuesta abrazó al fiel soldado que no abandonó a su jefe ni en la hora postrera, pues, cuando fueron llevados a su última morada los restos del Teniente General Campos, un viejecito encorvado llevaba una de las cintas del féretro. Era Ciraco Ortiz, su salvador en San Ignacio.

“Estudiar es progresar, la paz tiene también sus grandes batallas y sus altos triunfos radicados en la escuela, en los libros y en los campos de maniobras” Tte. Gral. Luis M. Campos.


Fuente: Juan Román Silveyra, Anecdotario Histórico Militar, Ediciones Argentinas Brunetti.

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miércoles, 15 de octubre de 2014

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL TENIENTE CORONEL SANTIAGO MAURICE

Natural de Francia. Cuando en febrero de 1841 el almirante Guillermo Brown recibió el encargo de Juan Manuel de Rosas de hacerse cargo de la escuadra que debía organizar para combatir contra las fuerzas navales de Rivera, mandadas por Coe, Santiago Maurice se presentó a aquel Almirante para formar parte de la misma. A fines de abril de aquel año relevó al comandante Nicolás Jorge que se enfermó en el mando de la goleta “Entrerriana”, armada con 8 cañones, cargo que desempeñó hasta el 26 de octubre, fecha en que debió desembarcarse por haberse resentido su salud a bordo de aquella embarcación con malas condiciones de habitabilidad. Pocos días después Brown recomienda al Gobierno que al “teniente graduado de capitán, Santiago Maurice, se le de la efectividad, por ser oficial que hará honor a su despacho”. En estas circunstancias, el 6 de noviembre de 1841 era embarcado en el buque insignia de Brown, en el nuevo bergantín “San Martín”; con el cual se participó en el combate del 9 de diciembre librado contra la escuadra de Coe, a unas 15 millas al S.E. de Montevideo, contribuyendo a la captura del bergantín “Cagancha”, totalmente desarbolado, en las proximidades del Banco Ortiz.
Al año siguiente Maurice se enfermó nuevamente, por lo que debió ser desembarcado, causa por la cual no participó en el combate de Costa Brava librado por Brown contra Garibaldi, el 15 de agosto de 1842. Reembarcado en el “San Martín” en noviembre del mismo año, pronto quedó a cargo del buque interinamente, por haberse desembarcado su comandante Guillermo Bathurst. En enero de 1843 pasó al pailebote “Recuerdo”, que varó en La Colonia, averiándose, culpando el capitán del mismo, S. Dorero, a Maurice de ser el responsable del accidente, circunstancia por la cual solicitó el pago de una indemnización.
A fines de octubre de 1843, Maurice releva al sargento mayor Bathurst en el comando de la barca “25 de Mayo”, después de haber actuado unos meses en el bloqueo de Montevideo, a bordo de la “Chacabuco”.
Con la “25 de Mayo”, Maurice llegó al Buceo el 13 de diciembre de 1843, después de haber recorrido la costa frente a Maldonado, para donde había partido el día 8 del mismo mes, junto con el “9 de Julio”, por orden de Guillermo Brown. A mediados de enero de 1844 Maurice por enfermedad, debió ser relevado por King. El 11 de marzo por orden de Rosas, releva a Bathurst en el mando del bergantín “Echagüe”, siendo remitido el primero preso a Buenos Aires, estando acusada la tripulación del buque que mandaba de haber sacado vestuarios y otros artículos de la barca francesa “Balguerie”, lo que motivó un reclamo del vicecónsul de esta nacionalidad en Maldonado, M. Calamet, y también por el conde de Lurde. Por esta causa, el “Echagüe” se había trasladado a Buenos Aires en el mes de febrero, efectuándose el relevo de Bathurst en esta ciudad: (Este último estaba acusado del referido saqueo por parte de la tripulación de su buque a la “Balguerie”, el 29 de diciembre de 1843, cuando el “Echagüe” fue a salvar la gente de aquella, encallada en el Banco Inglés; tal acusación no parece haber estado suficientemente fundamentada).
Mientras el “Echagüe” sufre largas reparaciones en el Tigre, a donde entrara el 26 de marzo de 1844, Maurice es designado “juez fiscal” en el sumario del desventurado Bathurst, el cual terminó pronto, pues en la noche del 18 de mayo del mismo año falleció el procesado. El fiscal Maurice ordenó la autopsia del cadáver.
Posteriormente, Maurice pasó a comandar el “9 de Julio”, con el cual llegó a la línea de bloqueo frente a Montevideo, el 8 de diciembre de 1844. Este buque, junto con el “San Martín”, el “Echagüe” y el “Maipú”, el 2 de agosto del año siguiente fueron tomados por los anglo-franceses, que izaron en los mismos la bandera de aquella nacionallidad, correspondiéndole la francesa al “9 de Julio”: tal fue el llamado “robo de la escuadra” de Rosas. Las tripulaciones regresaron a Buenos Aires.
El capitán Maurice se incorporó entonces a las fuerzas del general Lucio Norberto Mansilla, que habían recibido órdenes de Rosas de interceptar el pasaje por el Paraná, a la escuadra anglo-francesa: en el Combate de la Vuelta de Obligado, el 20 de Noviembre de 1845, mandó dos piezas de artillería situadas en el flanco izquierdo de la línea federal, figurando entre los que merecieron conceptos elogiosos del general Mansilla en su parte a Rosas.
Formando parte de las mismas fuerzas, participó en la acción del Quebracho el 16 de enero de 1846, y otros cañoneos de menor importancia en el curso del año 1846, cuando la escuadra anglo-francesa y los buques mercantes aliados regresaban de Corrientes. Como sargento mayor de infantería en comisión, participó en la segunda Batalla de la Angostura del Quebracho, el 4 de junio de 1846.
A Santiago Maurice no se le encuentra figurando en los acontecimientos navales del país hasta el año 1853, cuando estalló la guerra entre la Confederación y Buenos Aires: comandando el vapor “Constitución” y formando parte de la escuadra a las órdenes del coronel Coe, asistió al combate naval frente a Martín García, el 18 de abril de aquel año, contra la escuadrilla porteña mandada por el marino polaco Floriano Zurowsky; así como también al bloqueo impuesto a Buenos Aires a partir del 23 del mismo mes. Cuando el 22 de junio, Coe defeccionó con la fuerza a sus órdenes, entregándose a las autoridades de Buenos Aires, los hermanos Cordero, Laserre y Maurice intentaron oponerse a aquel acto traidor con las armas en la mano, sin lograr ningún resultado.
Cuando en 1859 estalló nuevamente la guerra entre porteños y confederados, Maurice, con el grado de teniente coronel, fue designado por Urquiza para mandar el vapor “Pampero”, que formaba parte de la escuadra mandada por el coronel Mariano Cordero; la que hallándose inmovilizada en Montevideo, el 8 de octubre de aquel año, después de una reunión de guerra, resolvieron zarpar en busca de la escuadrilla porteña. El día 14 del mismo mes, Cordero forzaba el paso de Martín García, después de un violento cañoneo contra las baterías de la isla y contra los varios buques armados que se hallaban del otro lado del canal. El forzamiento del paso costó a los confederados cerca de dos horas de intensa lucha, en la que perdió la vida el valiente comandante Santiago Maurice y 24 tripulantes de la escuadra. Por decreto del 21 de octubre de 1859, el presidente Urquiza acordó la pensión íntegra a la viuda Ramona Caraballo de Maurice, por haber muerto su esposo “en acción de guerra”.
En 1860 un buque a vapor de la escuadra de la Confederación se llamó “Maurice”.
Fuentes: Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado / Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1939).

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martes, 14 de octubre de 2014

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL IGNACIO FOTHERINGHAM

Nació en Southampton, Inglaterra, el 11 de setiembre de 1842, siendo su padre el coronel de ingenieros Roberto Hamilton Fotheringham, que estuvo a las órdenes de Wellington en la jornada inmortal de Waterloo, y había servido posteriormente mucho tiempo en la India. Fue bautizado en la iglesia de San José, de su ciudad natal, a los cuatro días de nacido, con los nombres de Ignacio Hamilton. Fotheringham perdió su progenitor cuando tenía 18 años de edad, el 19 de marzo de 1860.

Estudio dos años en una escuela de Southampton, pasando otro en el “Old Hall”, colegio católico de gran nombre en Ware, cerca de Londres. Terminado los cursos en el último, se trasladó a Bélgica, siendo inscripto en el llamado “Le Petit Seminaire de Roulers”, situado en la ciudad de este nombre; completando sus estudios, en 1857, en el “Colegio de la Providence”, en Amiens.
Vuelto al hogar a principios de 1858, Fotheringham rindió pruebas para ser admitido en la escuadra de la India Oriental, de estación en Bombay, haciendo el viaje a mediados del mismo año en un buque a vela de 900 toneladas, “The Aerolite”, a cargo del capitán R. E. Alleyne. Llegado a Bombay, se incorporó como guardiamarina al “Akbar”, pasando después a varios otros buques, permaneciendo año y medio a bordo del “Semiramis”. En 1860, con otros compañeros, Fotheringham visitó una mezquita musulmana en Bushire, y por no haberse descalzado al entrar, como es práctica entre los mahometanos, fueron injuriados por los fieles, produciéndose un desorden mayúsculo. Esta fue una de las causas por la cual Fotheringham debió abandonar el servicio naval en la India, cuya marina fue refundida en la británica, obteniendo pasaje para Inglaterra, viaje que realizó en la fragata “Royal Saxon”, llegando a su país a fines de 1861, siendo el puerto final de llegada Milford Haven, al Sud de Gales.
Después de permanecer un par de años en Inglaterra, quiso la casualidad que el futuro General estrechase relaciones con Manuelita Rosas de Terrero (Hija de Juan Manuel de Rosas) y su esposo, Máximo Terrero, cuya casa estaba cerca de la paterna de Fotheringham, denominada “Kingsbridge House”, rodeada de bosques y jardines, en Southampton. Por intermedio de ambos logró conocer de cerca al Restaurador.
Poco después, Fotheringham se trasladó a Buenos Aires a bordo del “Oneida”, del R. M. S. P., con representaciones para los Terrero, los Mulhall y los Keen.
Permaneció un tiempo en la famosa estancia “Los Cerrillos”, la antigua de Rosas, que estaba en poder de Juan Nepomuceno Terrero e hijos. También ocupó el puesto “La Carolina”, en la estancia “Baigorria”, de la misma firma social, con 2.000 ovejas. Se hallaba ocupado en estas tareas ganaderiles, cuando estalló la guerra del Paraguay.
Junto con sus compañeros, Gerónimo Pizarro y Severo Sánchez, Ignacio Fotheringham se trasladó a Chascomús, donde se presentaron al comandante militar, coronel Juan Antonio Cascallares, el cual le dio al último una carta de presentación para el presidente Mitre. Este les dio una orden para que el general Gelly y Obes les diese de alta como subteniente en el Batallón 5º de la 2ª División “Buenos Aires”, “La División Conesa”, que se estaba formando en la Capital.
Se presentaron al teniente coronel Carlos Keen, y 8 días después, Fotheringham era ascendido a teniente 2º de la compañía de granaderos de su batallón, el 1º de setiembre de 1865. Poco después marcharon a Concordia, de donde prosiguieron el avance con todo el ejército hacia el Norte de Corrientes. En diciembre de aquel año, estando acampados frente al “Rincón de Zeballos”, Fotheringham fue herido casualmente de un balazo en una pierna por su amigo, el capitán Calderón, por lo que debió pasar a curarse al Hospital de sangre en Corrientes. Convaleciente, regresó al campamento de Ensenaditas, donde estaba todo el Ejército Aliado.
Asistió al combate de Pehuajó, el 31 de enero de 1866, en él cayó muerto de un balazo un poco más abajo del corazón, el teniente coronel Keen, y en el que se distinguió por su bizarría el mayor Dardo Rocha. Se encontró en la acción del Paso de la Patria, el 16 de abril del mismo año, después de haber regresado de Buenos Aires poco antes, ciudad a donde debió trasladarse a curarse de sus dolencias, por no haber sanado completamente de la herida mencionada; restablecido, se había reincorporado al Ejército poco antes de iniciarse las operaciones para el cruce del Paraná.
Participó en el combate de Estero Bellaco, el 2 de mayo; en la batalla de Tuyutí, el día 24 del mismo mes; en los combates de Yataytí-Corá, Boquerón y Sauce, los días 10, 11, 16 17 y 18 de julio de 1866. El 4 de setiembre del mismo año ascendió a teniente 1º de Guardias Nacionales de la 1ª compañía de su batallón; asistiendo al terrible asalto de Curupaytí, el 22 de aquel mes, distinguiéndose por su valor. En la “Vida de un soldado”, el general Fotheringham narra el magnífico desfile que precedió a aquel sangriento hecho de armas; al pasar el joven capitán Domingo Fidel Sarmiento (”Dominguito”), se abrazó con aquél y le dijo: “Hasta luego, inglesito”.
A comienzos de 1867 bajó del Paraguay con su cuerpo para incorporarse al ejército que organizaba el general Paunero, que se hallaba acampado en marzo de aquel año en Fraile Muerto (hoy Bellville), punto terminal entonces del F.C.C.A., que aún no llegaba a Córdoba. El 1º de abril, Arredondo deshizo el ejército rebelde del general Juan Saá, en el paso de San Ignacio, sobre el Río V. Reunida la vanguardia vencedora, el mismo día con el resto del ejército de Paunero, marcharon después a Mendoza, donde permaneció Fotheringham desde abril a diciembre de 1867, alternando con la ciudad de San Juan. El 23 de noviembre ascendió a capitán de Guardias Nacionales.
Pasó un tiempo agregado al 6 de Línea con Luis María Campos de jefe, obteniendo su baja del servicio el 31 de marzo de 1868. El Gobierno de Mendoza lo nombró sargento mayor de la Guardia Nacional, e Inspector General de Armas de la misma Provincia, pero por haber pretendido el gobernador Nicolás Villanueva de que la Guardia Nacional se mezclase en apoyo de la candidatura oficial de su propio sucesor, Fotheringham renunció a su cargo y se trasladó a San Juan. En tales circunstancias, el general Arredondo, comandante en jefe de las Fronteras Sur y Sudeste de Córdoba, Sud de San Luis y de Mendoza, lo llamó para que fuese a Córdoba a desempeñar la Inspección General de Armas de la Provincia; siendo dado de alta en el Ejército Nacional, en aquella Frontera, el 1º de setiembre de 1870.
Poco después llegaba a Córdoba el Batallón 7º de Infantería al mando de Julio A. Roca, que marchaba para Entre Ríos, donde vencería en la batalla de Ñaembé. El Remington y el cañón modernos vencieron a las tacuaras gauchas de Ricardo López Jordán.
De enero a octubre de 1871, permaneció destacado en Villa Mercedes, obteniendo Fotheringham, con fecha 10 de este último mes, los despachos de sargenti mayor de infantería de línea; mandando en aquel punto el Batallón “San Luis”. El reconocimiento de Fotheringham como jefe del ejército de línea fue a propuesta del propio general Arredondo. En febrero de 1872 pasó a servir en la Frontera de Córdoba, como Jefe del Detall, con asiento en Río IV, donde permaneció hasta el 1º de diciembre del mismo año, fecha en que fue nombrado 2º jefe del Batallón 12 de Infantería.
En aquella frontera debió hallarse constantemente en lucha contra los indios invasores, habiendo estado un tiempo acantonado en Fuerte “3 de Febrero”, desde febrero a julio de 1872. De enero a mayo del año siguiente, permaneció en su batallón en Río IV, marchando en esta última fecha a la provincia de Entre Ríos, con motivo de la rebelión de López Jordán; asistiendo a la campaña realizada en el curso de 1873 contra el indómito caudillo. Se halló en la defensa de la ciudad de Paraná, desde mayo a setiembre, asistiendo al combate del 30 de agosto contra Leiva, y después marchó para Nogoyá, donde permaneció hasta el 1º de febrero de 1874, en que fue designado 2º jefe del Batallón 10 de Infantería, de guarnición en Río IV, destino en el cual quedó hasta el 28 de julio del mismo año, en que pasó a la Plana Mayor de la comandancia de las Fronteras Sud y Sudeste de Córdoba, por haber solicitado el 2 del mismo mes su separación del batallón a que pertenecía, por hallarse enfermo. Fotheringham asistió a la batalla de Don Gonzalo, el 9 de diciembre de 1873, a las órdenes del general Gainza.
Acompañó al general Roca en su campaña contra el general Arredondo, asistiendo a la batalla de Santa Rosa, el 7 de diciembre de 1874, siendo promovido por su heroico desempeño a teniente coronel efectivo sobre el mismo campo de batalla. Quedó destacado en Mendoza hasta marzo de 1875, en que regresó a Río IV, revistando en la Plana Mayor de las fronteras mencionadas. El 25 de abril de 1877 desempeñaba las funciones de secretario del general Julio A. Roca, que ejercía las funciones de comandante en jefe de aquella frontera, pasando el teniente coronel Fotheringham en aquella fecha, a revistar en la “Lista Especial”, por superior resolución, pero continuando en el puesto mencionado.
El 16 de agosto de 1878 el batallón 7º de Infantería, destacado en Trenque Lauquen, cuerpo con el cual tuvo participación activa en la campaña del Río Negro, actuando en todas las operaciones formando parte de la vanguardia mandada por Levalle, comportándose con reconocido valor y especiales aptitudes de organización y mando, según expresa este último en informe del 28 de febrero de 1895.
Desde mayo de 1879 permaneció de guarnición en Choele-Choel, bajando a Buenos Aires con su batallón, en diciembre del mismo año. En febrero del siguiente, marchó al Azul, de donde pasó en marzo a Guaminí. Los sucesos revolucionarios del mes de junio impusieron su regreso a la Capital, incorporándose al ejército de la Chacarita. Asistió a los combates de Puente Barracas, Puente Alsina y Los Corrales, el 20 y 21 de junio de 1880.
Por su comportamiento en esta campaña, el 9 de julio de aquel año fue promovido a coronel graduado, permaneciendo con su batallón de guarnición en la Capital hasta el 31 de enero de 1883, en que por decreto de la fecha se dispuso la formación de 6 regimientos de infantería, de a dos batallones cada uno; el Regimiento 5º constituido por los antiguos batallones 6º y 7º, fue puesto a las órdenes del coronel Ignacio H. Fotheringham, que había recibido la efectividad de su empleo el 30 de setiembre de 1882. Quedó de guarnición en esta Capital.
El 3 de octubre de 1883 fue nombrado gobernador del territorio del Chaco en reemplazo del coronel Francisco B. Bosch, con residencia en Formosa. El 25 de noviembre del año siguiente, después de tomar parte en la campaña mandada por el ministro Victorica, Fotheringham fue designado gobernador del territorio de este último nombre, y en el ejercicio de este cargo ascendió a general de brigada el 5 de agosto de 1886, fecha en que dejó de comandar el 5º de Infantería, jefatura que había retenido al ser nombrado gobernador, como queda dicho. El 17 de marzo de 1885, Fotheringham se embarcó con su familia en el “Tagus”, realizando un viaje por Europa, Nueva York (Estados Unidos), regresando después a Inglaterra para salir de nuevo en el mismo buque, con el que llegaron a Buenos Aires el 5 de setiembre del mismo año.
Por R. S. de 28 de marzo de 1887 pasó a revistar en “Lista de Oficiales Superiores”. El 21 de junio del año siguiente fue reelegido para un nuevo período de gobernador del territorio de Formosa, y el 10 de enero de 1889 fue designado jefe de la guarnición del Chaco Central.
El 27 de noviembre de 1888, ejerciendo el cargo de gobernador, se le hizo revistar en la 2ª Brigada de la 1ª División del 1er Cuerpo de Ejército, situación de revista que conservó hasta el 8 de julio de 1891, en que se le aceptó la renuncia que presentó del puesto de gobernador de Formosa, pasando a “Lista de Oficiales Superiores”.
El 1º de enero de 1894 se le hizo revistar en “Lista de Oficiales Generales”, y el 15 de marzo del mismo año se le nombró jefe de la 1ª Brigada de la 1ª División del 3er Cuerpo de Ejército.
Por decreto del 30 de abril de 1895 fue designado el general Fotheringham Director Interino del Arsenal y Talleres de Guerra, en esta ciudad, por hallarse enfermo el titular, general Napoleón Uriburu. Ejerciendo este puesto, el 10 de julio del mismo año, se terminó la instalación de la cartuchería Mauser.
El 20 de setiembre de igual año se le concedió la exoneración que solicitó de aquel puesto, y con fecha 19 de octubre del mismo, fue nombrado vocal de la Junta Superior de Guerra. Poco después, se ausentó a Río IV por asuntos personales.
El 14 de marzo de 1896 pasó a comandar la Brigada de “Córdoba”, con motivo de la movilización de la Guardia Nacional en toda la República, la que se hallaba acampada en Santa Catalina. En el desempeño de este puesto, el general Fotheringham tuvo una vez más la oportunidad de demostrar sus excepcionales calidades de soldado recto y pundonoroso; por nota Nº 138 “reservada”, de 14 de abril de aquel año, formuló algunas observaciones al Estado Mayor General sobre el proceder del agente de la Intendencia de Río IV, a quien Fotheringham impuso un castigo disciplinario por no cumplir con sus deberes. Pero el Jefe del E. M. G. dio equivocada interpretación a la nota de aquél, en un párrafo en que decía: “Seré el único responsable de mis actos ante la Superioridad de quien he merecido la confianza al ser nombrado Jefe de la Brigada; que siempre procederé en aquel concepto del más exacto cumplimiento de mis deberes, teniendo siempre presente el mejor servicio para el honor de su país y para el propio decoro, cumpliendo las órdenes recibidas”.
El Jefe del E. M. G. contestó por nota del 16 del mismo mes, Nº 58 “reservada”, la cual motivó la de fecha 20 de abril, Nº 144 “reservada”, del general Fotheringham, la que termina con el siguiente párrafo, revelador del concepto exacto de altivez militar que poseía su autor: “Siendo tan recta mi intención, pido a V. S. con el respeto debido, se sirva retirar el apercibimiento que encierra su nota fecha 16, o exonerarme del cargo de Jefe de la Brigada de Córdoba, que no puedo desempeñar a su completa confianza”. Fotheringham permaneció en su puesto hasta la terminación de la movilización general, que era sólo por el término de 60 días.
Volvió nuevamente a la vocalía de la Junta Superior de Guerra hasta el 1º de agosto de 1897, en que fue nombrado comandante en jefe de la División “Cuyo”, compuesta de dos brigadas, con asiento en Mendoza. Tal designación, en momentos en que se obscurecía el horizonte occidental de la República con grandes nubarrones de tormenta internacional, es una prueba acabada del elevado concepto que merecía al Gobierno el general Fotheringham por sus condiciones de mando y capacidad militar.
Permaneció en aquel puesto, que desempeñó con singular eficiencia, hasta el 14 de noviembre de 1899, en que se le concedió el relevo que había solicitado, pasando a revistar en “Lista de Oficiales Generales”.
El 1º de enero de 1902 fue nombrado Jefe de la 5ª Región Militar “Cuyo”, con asiento en Mendoza, teniendo destacamentos de la misma en el Challar, el Marquesado y Uspallata. Nuevamente esta designación fue hecha por el presidente Roca en los momentos en que parecía inminente una guerra internacional, de modo que en este caso el general Fotheringham hubiera tenido el honor de mandar en jefe las primeras tropas que se empeñaran contra el adversario. Afortunadamente, los pactos ajustados poco después, restablecieron la buena armonía en esta parte de la América del Sud.
El 23 de enero de 1904 ascendió a general de división, y ejercía el comando de la Región Militar de Cuyo, cuando tuvo lugar el movimiento subversivo del 4 de febrero de 1905, fecha en que se sublevaron varios cuerpos de la división que mandaba Fotheringham, el cual se hallaba en esos momentos en Río IV. Tomó inmediatamente las medidas militares más convenientes para reprimir el movimiento, con tanto éxito, que el lunes 6 de febrero entraba en la ciudad de Mendoza, sin disparar un tiro, pues los rebeldes se habían desbandado la noche anterior.
Pero molestado el General por la intervención que había tenido en el movimiento algunos cuerpos de su División, el 9 de febrero elevó su renuncia a la Superioridad, la que fue aceptada el día 22 por el Presidente de la República. Destinado a la “Lista de Oficiales Generales”, el 25 dirigió una Orden del Día, fechada en Mendoza, despidiéndose de sus compañeros de armas. El mismo día partió para Río IV, desde donde elevó una nota a la Superioridad el 1º de noviembre de 1905, acusando recibo del decreto del P. E. por el cual pasaba a situación de retiro por edad, de acuerdo a la nueva Ley 4707, con un total de 40 años de servicios corridos, que con el cómputo de campañas, sumaban 58 años, 9 meses y 18 días de servicios aprobados.
Vivió en Río IV el resto de su existencia, falleciendo allí, a las 10.30hs de la mañana del 14 de octubre de 1925, de un ataque de uremia. Había contraído enlace en aquella ciudad el 8 de mayo de 1873, con Adela Ordóñez, natural del lugar, de 17 años, hija de Proto Ordóñez y de Belisaria Ordónez. En igual fecha de 1923, los esposos Ordóñez-Fotheringham festejaron jubilosamente sus bodas de oro, reuniendo a sus hijos y nietos, que llegaron entonces a sumar cuarenta personas. La esposa del General le sobrevivió, obteniendo el 30 de noviembre de 1925 la pensión militar correspondiente con sus hijas solteras. Teresa de Jesús y María Rosa. Adela Ordóñez de Fotheringham falleció en Buenos Aires, el 17 de setiembre de 1938, a la edad de 83 años.
El general Fotheringham recibió las siguientes condecoraciones: cordón de plata de Tuyutí; escudo del mismo metal por el asalto de Curupaytí; medalla por la terminación de la guerra del Paraguay, y las otorgadas por el Brasil y el Uruguay por la misma causa; medalla de oro por la campaña del Río Negro y otra del mismo metal por la del Chaco. El 31 de enero de 1891, el presidente del Brasil, mariscal Deodoro da Fonseca, le otorgó la Orden de Caballero del Cruzeiro, de oro y esmalte. Por la campaña del Río Negro, el 2 de setiembre de 1885, se le otorgó un premio en tierras, consistente en 5.100 hectáreas, y un solar. Fotheringham poseyó un establecimiento de campo y otros intereses en Río IV. Tenía 80 años cuando se le pidió que tomara el juramento de fidelidad a los reclutas del 14 de Infantería, un día de indecible felicidad para el veterano General. Cuando quiso arengar a la tropa, la emoción le impidió hablar, apenas dichas unas palabras, y besó la enseña patria con ternura filial. Tal era el corazón y el temple magnífico de este insigne soldado de la República Argentina.

Fuente: Fotheringham, Ignacio H – La vida de un soldado / Yaben, jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).



lunes, 13 de octubre de 2014

EL MAYOR LEVALLE Y EL "5º DE FIERRO"


De numerosos militares argentinos quedaron gestos o expresiones que aseguraron su ingreso en la historia con recuerdos memorables.
El día 9 de diciembre de 1873 se libró, en la provincia de Entre Ríos, en las inmediaciones de un arroyo cerca de Nogoyá, la batalla que recibiera el nombre de Don Gonzalo (nombre del arroyo donde se produjo la acción) entre Unitarios y Federales. Esta tuvo por consecuencia la derrota del caudillo Ricardo López Jordán frente a las fuerzas nacionales, al mando del general Martín de Gainza.
El mayor Nicolás Levalle al mando del “5° de Fierro”, tenía orden de cargar al oponente. A punto de hacerlo, recibió la contraorden del general Gainza: Debía replegarse. Levalle la ignoró y continuó los aprestos.
El general despachó un ordenanza reiterando el parte, que el subordinado otra vez desoyó.
Impaciente, Gainza envía otro ayudante con una orden perentoria:
“Mayor Levalle, desista del ataque o le mando pegar cuatro tiros”.
Levalle vuelve a hacer oídos sordos, arremete al frente de sus hombres –eran infantes; en esa época, el jefe debía marchar montado– y recibe un disparo en la rodilla. Impávido, chorreando sangre, continúa la carga, que dura varias horas, y concluye por aplastar la resistencia de los adversarios. Al final, con el último aliento, se presentó al general Gainza:
“Señor, vengo a que me pegue los tres tiros que faltan; el cuarto me lo dieron en la batalla”.
Fuente:Capitán Juan Norberto Rubio Larreta. (Con modificaciones de este Blog).

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domingo, 12 de octubre de 2014

DÍA DEL COLEGIO MILITAR DE LA NACIÓN

Se celebra el día del Colegio Militar de la Nación por haberse aprobado, el 11 de octubre de 1869, la Ley Nº 357, que autorizaba al Poder Ejecutivo, a cargo de Domingo Faustino Sarmiento, a crear una escuela militar para la formación de los oficiales del Ejército.
SU HISTORIA
En 1869, aún no acallados los ecos de la Guerra del Paraguay, siendo Presidente de la Nación Domingo Faustino Sarmiento, surgió la inquietud de organizar un instituto de formación de oficiales para el Ejército. La idea no era nueva, pues varios ensayos se habían hecho en ese sentido desde los días de mayo de 1810, sin embargo todos ellos tuvieron corta existencia.
Unos años antes, en 1860, en un mensaje que Derqui leyera ante el Congreso de Paraná como Presidente de la Confederación, hizo una serie de consideraciones sobre la necesidad de crear una escuela militar, si bien lamentó los inconvenientes e imposibilidad de organizarla en ese momento.
El 9 de agosto de 1869 cuando aún no había cumplido el primer año de su mandato constitucional, Sarmiento envió un mensaje a la Cámara de Diputados adjuntando un proyecto para la creación de una escuela castrense que proveyera de oficiales altamente capacitados para mandar al Ejército.
Así el Congreso se abocó al estudio del mismo y tras algunos debates fue aprobada la Ley por ambas cámaras con el número 357 que autorizó al Poder Ejecutivo para la formación de una escuela militar.
Promulgada el 11 de octubre de ese mismo año esa Ley 357 se convirtió en la piedra fundamental del Colegio Militar de la Nación.
De inmediato el gobierno designó una comisión militar especial a efectos de proponer el reglamento y plan de estudios de la nueva escuela. Se recurrió para esta tarea a un selecto grupo de oficiales, veteranos de muchas campañas y que habían acreditado destacadas condiciones intelectuales; eran ellos el Brigadier General D. Emilio Mitre, el General D. Indalecio Chenaut, el Coronel D. Mariano Moreno, el Coronel D. Juan F. Czetz y el Sargento Mayor V. L. Peslouan.
Cerca de dos meses llevó a la comisión completar la tarea, que permitió al P.E. dictar un decreto el 22 de junio de 1870, oficializando lo propuesto. Dicho documento, firmado por el presidente Sarmiento y refrendado por el Ministro de Guerra General Martín de Gainza, designó como cuartel del Colegio Militar al edificio que sirviera de residencia a Juan Manuel de Rosas y al mismo tiempo nombra Director del Colegio Militar al Coronel de origen húngaro D. Juan F. Czetz y a los primeros oficiales.
El edificio, que desde Caseros había sido destinado a distintos menesteres en forma temporaria, era de estilo colonial y de grandes proporciones para la época. En sus aulas y recintos se mantenían aún, muebles, estufas, alfombras, arañas y espejos que ornamentaron el lugar en tiempos de su primitivo propietario. Algunos de ellos, como un conjunto de rojos sillones de jacarandá, un escritorio de caoba, una cómoda y una caja de caudales, forman hoy el mobiliario del museo que funciona en la casa histórica de Caseros, dentro del predio del Colegio Militar en El Palomar.
El edificio se erguía al noroeste de la ciudad, distante de ella cerca de una legua, en los terrenos limitados por el arroyo Maldonado y el Río de la Plata. Su construcción databa de 1838.
La primera tarea del flamante director, el Coronel Juan F. Czetz, fue la adaptación de las instalaciones para la nueva función. Meses más tarde, el 19 de julio de 1870, ingresaba el primer alumno del Colegio, Ramón L. Falcón.
Este edificio, que había sido construido para albergar a una familia y al personal de servicio, llegó a cobijar en 1892 a 118 cadetes a los que había que agregar el cuadro de oficiales, el claustro de profesores y el personal de tropa y servicio.
Por espacio de 22 años, el caserón de Palermo de San Benito sirvió como cuartel del Colegio Militar y 17 promociones de oficiales egresaron de sus aulas, antes de ser abandonado en 1892 en búsqueda de mayor espacio.
Para entonces, el Colegio habría alcanzado un alto prestigio académico, formando a los cadetes en un riguroso secundario que, por la época, se consideraba de excelencia y se ubicaba entre las mejores academias militares del mundo
La nueva sede se fijó en la localidad de San Martín, donde hoy se encuentra el Liceo Militar General San Martín. Ese ámbito, al igual que el primero, no fue construido al efecto sino que se aprovechó una edificación ya existente destinada anteriormente a un Colegio de Artes y Oficios. El reacondicionamiento se efectuó con sendas partidas presupuestarias otorgadas a ese efecto por el Congreso.
Más allá de la importancia de la nueva sede en San Martín, pronto las limitaciones de la construcción evidenciaron la necesidad de buscar un espacio especialmente diseñado. Así surgió el proyecto para construir la sede definitiva del Colegio que se hará realidad en el año 1937. Los viejos campos del Palomar de Caseros fueron los elegidos, considerados un espacio ideal por su amplitud y cercanía a la Capital Federal.
La piedra fundamental del nuevo edificio fue colocada por el General Pablo Ricchieri en 1904. Sin embargo, recién en 1921 bajo la presidencia de Hipólito Irigoyen, comenzaron efectivamente los trabajos de construcción.
Se adjudicaron las obras del pabellón "Dirección" a la empresa Bonnen Ibero, Parodi y Figini, iniciándose los trabajos el 19 de julio, con asistencia del entonces Ministro de Guerra Dr. Julio Moreno. Se descubrió en dicha oportunidad una placa adosada al "Palomar" histórico, que más tarde fue colocada al pie del busto del General de División Domingo Faustino Sarmiento, en inmediaciones del arco de entrada del Instituto.
El Ministro de Guerra que seguía de cerca los trabajos, ordenó suspenderlos en 1922 con el objeto de ampliar la capacidad del edificio para 1500 cadetes. Se encontraba ya construida para ese entonces parte de la Plaza de Armas, pavimentada con adoquinado de granito de Tandil, circundando con trazo elíptico al Palomar de Caseros.
Más allá de la importancia de la nueva sede en San Martín, pronto las limitaciones de la construcción evidenciaron la necesidad de buscar un espacio especialmente diseñado. Así surgió el proyecto para construir la sede definitiva del Colegio que se hará realidad en el año 1937. Los viejos campos del Palomar de Caseros fueron los elegidos, considerados un espacio ideal por su amplitud y cercanía a la Capital Federal.
La piedra fundamental del nuevo edificio fue colocada por el General Pablo Ricchieri en 1904. Sin embargo, recién en 1921 bajo la presidencia de Hipólito Irigoyen, comenzaron efectivamente los trabajos de construcción.
Se adjudicaron las obras del pabellón "Dirección" a la empresa Bonnen Ibero, Parodi y Figini, iniciándose los trabajos el 19 de julio, con asistencia del entonces Ministro de Guerra Dr. Julio Moreno. Se descubrió en dicha oportunidad una placa adosada al "Palomar" histórico, que más tarde fue colocada al pie del busto del General de División Domingo Faustino Sarmiento, en inmediaciones del arco de entrada del Instituto.
El Ministro de Guerra que seguía de cerca los trabajos, ordenó suspenderlos en 1922 con el objeto de ampliar la capacidad del edificio para 1500 cadetes. Se encontraba ya construida para ese entonces parte de la Plaza de Armas, pavimentada con adoquinado de granito de Tandil, circundando con trazo elíptico al Palomar de Caseros. aulas interactivas, aulas tácticas, laboratorios de idiomas, física, química, polígono de tiro, capilla, salas de conferencias, cine, casino y un importante campo de deportes con gimnasio cubierto, salón de complementos, esgrima y pileta olímpica climatizada.
Además el Colegio Militar tiene el privilegio de contar con un patrimonio histórico único, ya que alberga dos sitios declarados Monumentos Históricos Nacionales: el Palomar y la Casa de Caseros, testigos mudos de importantes hechos del pasado como la Batalla de Caseros, antesala de la Constitución Nacional o las conversaciones preliminares del Pacto de San José de Flores, que consolidó la unión definitiva del país.
La historia reciente encuentra al Colegio Militar en una etapa de grandes cambios, en los últimos años el Colegio Militar ha pasado a ser un Instituto Universitario que también otorga a los Subtenientes un título de grado que cuentan con el aval del Ministerio de Cultura y Educación. Así los cadetes pueden optar entre las Licenciaturas en Administración, en Enfermería Profesional o Contadores Públicos.
Otro hito importante en este proceso de cambio ha sido la incorporación de la mujer. Ellas hoy ingresan al Colegio Militar en una total igualdad de condiciones que sus pares varones, experiencia que ubica a esta institución como una de las más abiertas del mundo en su tipo.
Así llegamos al presente, que encuentra a este Instituto transitando el camino del afianzamiento y consolidación de esos cambios sin dejar de lado su finalidad esencial que es la de educación y formación de los futuros conductores del Ejército Argentino.
Fuente e Informes: www. colegiomilitar.mil.ar

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