sábado, 14 de septiembre de 2019

ATAQUE AL FORTIN SARMIENTO


El día 14 de septiembre de 1871 se efectua un ataque de indios al fortín Sarmiento. En momentos en que el jefe del fortín, Teniente Edelmiro García recorría territorios alejados, una partida de indios ataca el destacamento, defendido por el Sargento Miguel Torino con solo diez hombres, quienes en una resistencia heroica los obligaron a retirarse.

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viernes, 13 de septiembre de 2019

ANIVERSARIO DEL ARMA DE INFANTERÍA “INMACULADA CONCEPCIÓN”


"Si en el combate tu agresividad impresiona
Si tu audacia raya en la temeridad
Y lo sobrehumano de tu conducta paraliza al enemigo
Entonces podrás decir que eres un infante argentino."

Los orígenes del arma se remontan al período colonial, en que los siete batallones de infantería Para buscar sus antecedentes más lejanos, debemos remontamos al siglo XVI, cuando, por la conquista, arribaron a estas tierras los primeros elementos de la Infantería española.
A partir de ese tiempo, y también durante el siglo XVII, el arma, a través de milicias, cumplió diversas operaciones militares con fines básicamente defensivos ante el amago de ataques de piratas y corsarios; los levantamientos de los calchaquíes; el primer sitio de Colonia del Sacramento y la Guerra Paulista.
Durante el siglo XVIII ya puede hablarse de la Infantería que, por intermedio de sus unidades primarias, los tercios y las milicias, intervinieron en: la guerra contra los portugueses; la guerra guaranítica; la expedición española a las Islas Malvinas (1770) y las guerras sociales estalladas en nuestro territorio.
Pero los sucesos más trascendentes en que participa el arma, ya en el siglo XIX, son las Invasiones Inglesas y la Revolución de Mayo. Las tropas de Infantería intervinientes en los tres hechos citados precedentemente, fueron:
En la Primera Invasión Inglesa:
Compañía de Granaderos del Regimiento de Infantería de Buenos Aires; Voluntarios de Infantería de Montevideo; Compañía de Migueletes; Cuerpo de Voluntarios Patricios de la Unión y Real Marina y Marinería desembarcada.
En la Segunda Invasión Inglesa:
Cuerpos de Americanos (criollos); Cuerpo de Patricios; Cuerpo de Arribeños; Batallón de Naturales, Pardos y Morenos; Compañía de Granaderos de Infantería y Compañía de Cazadores Correntinos.
Cuerpos o tercios de españoles; Cuerpo o tercio de Gallegos; Tercio de Andaluces o Batallón de los Cuatro Reinos de Andalucía; Tercio de Catalanes o Miñones y Tercio de Vizcaínos.
En la Revolución de Mayo:
Cuerpos Veteranos: Regimiento de Infantería de Buenos Aires y Asamblea de Infantería y Caballería.
Cuerpos Urbanos (Milicias): Batallones 1 al 5; Batallón Granaderos de Fernando VII y Batallón de Casta de Infantería.
El propio Libertador General Don José de San Martín, durante sus primeros diecinueve años de vida militar, integró la Infantería española, destacándose por sus valores humanos y profesionales acreditados en combate.
La Primera Infantería Argentina
Es importante señalar el papel protagónico que cumplió la Infantería, tanto por la acción de presencia del Regimiento de Patricios, como por la decidida participación político-militar de su prestigioso jefe durante toda la Gesta de Mayo.
Por tal razón, el historiador Emilio Loza relata, en la Historia de la Nación Argentina de Ricardo Levene, el nacimiento de nuestra Infantería de la siguiente manera: “La Infantería constituyó el núcleo más importante de la tropa de línea o veterana de los Ejércitos de la Revolución y de la Independencia, y fue con ella que la Junta Provisional de Gobierno inició la imperiosa e impostergable obra de reforma militar, necesaria para preparar el instrumento que debía apoyar la difusión de los ideales de libertad que acababan de ser proclamados”.
Por decreto y resolución del 29 de Mayo y 31 de Octubre de 1810, respectivamente, los siete batallones de Infantería de milicias existentes en Buenos Aires, desde la reorganización dispuesta por el Virrey Cisneros el 11 de Setiembre de 1809, fueron transformados en regimientos de clase de veteranos de 1.116 plazas.
La primera Infantería argentina estuvo, por lo tanto, constituida por los Regimientos Nº 1 al 5, el de Granaderos de Fernando VII, el de Castas o de Pardos y Morenos, el Regimiento de Infantería de Buenos Aires o Fijo y, además, se encomendó a Don Domingo French la tarea de organizar otro con el nombre de América.
En noviembre de 1810 fue disuelto el Fijo y lo que existía del Nº 5, ingresando algunos restos en el Regimiento de América, al que se le dio el Nº 5 sin perder la otra denominación. Por las razones señaladas precedentemente, se entiende que el 29 de Mayo, al dictarse el decreto de creación de dichos cuerpos militares, inicia su larga y fecunda vida institucional el Ejército Argentino, siendo por lo tanto la Infantería quien la materializa.
No obstante lo expresado, cabe reiterar que se toma como fecha de nacimiento del arma el 13 de Setiembre de 1806, ya que fue ése el día en que se creó el Cuerpo de Patricios, siendo su primer jefe el Coronel Cornelio Saavedra.

"Los otros días, Tata Dios me requería, mate de por medio, ya que es criollo-¿lo sabían?-
-Diga che.
-¡¡Mande Jefe!!
-De volver a vivir ¿Qué querrías? Te cuento que sólo por si acaso…
-¿Yo?
-Si Vos, ¿Qué querrías?
-¡Ser otra vez Oficial de Infantería!
-¿Y por si acaso?
-¡Otra vida de pasiones, poesías y balazos!
Hasta aquí- preguntó Dios- ¿Cómo vendrías?
-Por la ancha Avenida de la Gloria, honrado el juramento a la Bandera, Formado entre los héroes de la historia, altivo el gesto, fija la bayoneta, Rindiendo Honores, al Padre de la Patria. ¡Fusil al hombro! ¡A compás! ¡Vista derecha!
-¿Algo más descarado? ¿Quizás un tanto diferente?
-No Dios, demasiado ya me has dado… en todo caso… ¡Otro poco de Gloria solamente!"
Fuentes: Efemérides – Agrupación Patricios Reservistas / Patricios de Vuelta de Obligado / My(r) VGM Luis Daniel de Urquiza.-
 
 

jueves, 12 de septiembre de 2019

LOS OFICIALES DE ÓRDENES

En las campañas militares durante las guerras de la independencia, se empleaba al oficial de órdenes, también llamado “ayudante”, “edecán” o “chasqui de guerra” para transmitir partes y mensajes en combate. Estas tareas que cumplía a caballo y para la cual se seleccionaban a los mejores oficiales, aseguraban los enlaces con las distintas unidades que integraban los ejércitos.
La conducción de la campaña se realizaba, entonces, desde un puesto de comando ubicado en una altura del terreno, desde la que el general seguía el desarrollo de la acción con la ayuda de un catalejo, despachando oportunamente con sus órdenes a los ayudantes y edecanes que lo rodeaban. Estos oficiales tenían la misión de transmitir las órdenes del comandante y a su regreso aportaban informaciones sobre cuanto habían visto con sus propios ojos. A su vez, los jefes subordinados disponían también de sus ayudantes de campo.
Tanto el general Belgrano en las batallas de Tucumán y Salta como el general San Martín durante su campaña libertadora hicieron uso intensivo de ellos, ya sea para impartir directivas a los jefes de regimiento durante el combate como para comunicar con celeridad los resultados de las acciones a las máximas autoridades a cargo del Poder Ejecutivo del país.
El parte de la Batalla de Chacabuco fue llevado a Buenos Aires por el mayor Manuel de Escalada, quien entregó al Director Supremo, Martín de Pueyrredón, no sólo el primer parte de victoria, sino la bandera tomada al enemigo. En cuarenta y ocho horas cruzó la cordillera de los Andes y, en catorce días, este incomparable jinete salvó a todo galope la distancia que lo separaba de Buenos Aires.
Por esta hazaña, los integrantes del arma de Comunicaciones lo honran como a uno de sus más destacados precursores.
Decía el general San Martín: “…nada hay más importante en tiempos de guerra que la celeridad en las comunicaciones….”
Además del general Manuel de Escalada, otros destacados oficiales de órdenes fueron: el general José María Paz, el general Ignacio Warnes, el general Juan O’Brien y el coronel José Segundo Roca.
Fuente: Jorge González Crespo / Héctor Arenales Solís para Ejercito Argentino.

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miércoles, 11 de septiembre de 2019

ALGUNAS MANIFESTACIONES DEL ESPÍRITU MILITAR

Hay que tener muy en cuenta que todo aquello que se ama, aunque se lo sienta profundamente, debe ser abonado en forma permanente, tal y como hacemos con los seres que amamos. Allí, en primer lugar está la Patria, nuestra Institución, el elemento del que formamos parte y el grupo humano que nos toca integrar o comandar.
Con ese objeto, en forma institucional se alientan todas las iniciativas que apunten a proporcionar un mayor calor y vida a las diversas organizaciones que integran la Institución.
Entre ellas, podemos mencionar diversas y variadas formas de actividades de mantenimiento de la moral, que aún ejecutadas en los más bajos niveles de la conducción, contribuyen a unir al personal, a levantar los espíritus y a proporcionar la vida que deben irradiar hacia sus hombres y mujeres, para que estos retroalimenten a aquellas organizaciones.
También se encuentran las Comisiones de las Armas, Especialidades, Servicios y Tropas Técnicas que colaboran con la conducción de la Fuerza a través de la realización de diversos eventos, tales como la celebración anual del día del Arma, organización de torneos deportivos y de carácter técnico profesional, etc.
No podemos dejar de mencionar la forma en que el noble Servicio de Banda contribuye, con su música de marciales sones, a levantar la moral y el espíritu del soldado. ¿A quién no se le pone la piel de gallina con un profundo toque de Silencio o con una jubilosa Diana?
Todavía, a casi cuarenta años de haberlo experimentado recuerdo los días en que, siendo cadete, marchábamos al Salón de Actos del Colegio Militar de la Nación a escuchar los conciertos que nos ofrecía nuestra soberbia Banda de Música.
Allí, el Maestro de Banda, vestido de especial y con su batuta en alto, presidía al numeroso conjunto de ejecutantes que dirigía. Al comenzar el concierto, normalmente como una forma de contribuir a aumentar los conocimientos de música clásica y popular del Cuerpo de Cadetes, ejecutaba una larga serie de melodías de uno y otro tipo.
La masa de los cadetes participaba con cierta unción del acto, escuchando atentamente (algunos también aprovechando para recuperar horas de sueño perdidas). Normalmente una suerte de maestro de ceremonias, integrante de la Banda , anunciaba los temas a ejecutar, obteniendo, cuando de aquellos se trataba, una no muy entusiasta respuesta. Casi siempre, el hábil Maestro de Banda, reservaba la marcha del Colegio Militar de la Nación , San Lorenzo y otras de las más vibrantes y alegres del repertorio musical militar para el final. Aquí se generaba un estruendo de contrapuntos: las masculinas voces que, casi aullando, cantaban las canciones o estribillos de cada Arma.
¡Daba gusto entonces, ver y sentir una suerte de corriente que electrizaba a ese público hasta entonces adormilado, haciéndolo poner de pie y cantar a voz en cuello las piezas referidas!
Cabría aquí reseñar, brevemente, la historia de esta marcha y sacar algunas conjeturas en cuanto a lo que determina en el hombre militar el escuchar los sones de una banda ejecutando una marcha como la de San Lorenzo. Veamos un poco:
Corrían los primeros años de este siglo. La localidad de San Lorenzo, Provincia de Santa Fe, escenario del bautismo de fuego del glorioso Regimiento de Granaderos a Caballo “General San Martín”, se preparaba para homenajear a un ilustre militar argentino, el General D Pablo Riccheri, oriundo del mismo pueblo, y por entonces brillante Ministro de Guerra. Desde varios años antes, Cayetano Silva, un humilde negro uruguayo hijo de esclavos, compositor y veterano de las guerras que ensombrecieron nuestro horizonte nacional de fines del siglo, esperaba con ansiedad un momento especial. Deseaba presentar en forma pública una composición musical militar que lo había mantenido ocupado desde varios años atrás. La ocasión se presentó junto con el evento para el que se preparaba el pueblito santafesino, el 30 de octubre de 1902. Cayetano se había esmerado en pulir especialmente los acordes musicales, tratando de imprimirle una vibrante marcialidad.
El acto se celebró con toda la típica pompa pueblerina. La ejecución de la marcha no solamente entusiasmó y emocionó a los circunstantes, sino que el director tuvo que repetirla varias veces. Tal fue la forma en que llegó a los corazones de la ciudadanía presente y a los de muchos veteranos de rostros curtidos, haciendo resbalarles gruesas lágrimas de emoción.
La marcha fue de inmediato incorporada al repertorio de ese nuestro Ejército que estaba, junto con el resto de la Nación toda, levantándose ante los ojos del mundo como una institución modelo al servicio de una joven, pujante y vigorosa República. Sus notas, seis años más tarde, fueron acompañadas de una letra de inspiradas estrofas, compuestas por Carlos Javier Benielli. Así, se convirtió en un clásico de los desfiles militares, las retretas en las plazas públicas y en todos los cuarteles del Ejército y la Armada.
Pero no está sólo en la referencia a su origen lo curioso de esta nota, sino en otros aspectos que tal vez no sean del conocimiento de todos nuestros lectores. Al escucharse casualmente en Alemania, fue tal el entusiasmo que despertó en sus autoridades y pueblo, que nuestro gobierno decidió donarla al Ejército Imperial Alemán. Recordemos que por entonces, el nuestro era objeto de una gran influencia por parte de aquel. Ésta se observaba en las actividades de intercambio, la presencia de instructores alemanes, cursantes argentinos en Alemania, compra de armamentos, etc. El gobierno alemán correspondió al noble gesto argentino obsequiándonos una marcha de gran sentimiento en nuestro repertorio: “Viejos Camaradas”.
Pero lo relatado no es todo. Esta hermosa pieza musical, compuesta por un humilde mulato, fue la que ejecutó la tropa invasora alemana cuando desfiló bajo el Arco del Triunfo, a su entrada en París en plena IIda Guerra Mundial, guiada por el ideal de imponer la “superioridad” de la raza aria. Y no termina allí el anecdotario. También fue ejecutada en la coronación del rey Jorge V, en Inglaterra, siendo desde entonces una marcha oficial británica. Alemanes e ingleses, enemigos irreconciliables durante mucho tiempo la han considerado (y consideran), incomparable. Juzgan, tal como lo hacemos nosotros, que jamás marcha alguna pudo describir tan acertada, y patéticamente, una batalla... Y el resto de la historia ya la conocemos ¿No es una gran paradoja? Pero no son sólo estas las manifestaciones del Espíritu Militar, ni tampoco las más salientes. Cabría agregar también, la forma en que ese espíritu se muestra en toda su magnitud, en actos o ceremonias especiales como la Jura de la Bandera , desfiles para fechas patrias y otros tipos de eventos semejantes.
Quedaría por mencionar también la forma en que fórmulas, lemas, dichos, motes, brindis, rítmicos cantos de combate y otras exteriorizaciones semejantes iluminan transpirados y cansados rostros, aún luego de las más duras faenas de instrucción. Entre las más conocidas, podemos citar:

• La fórmula clásica del Juramento a la Bandera : ...Soldados, ¿Juráis a la Patria seguir constantemente a su Bandera y defenderla hasta perder la vida? Y la respuesta incontenible, estentórea, única del ¡Sí, Juro!
• El reclamo de subordinación: ¡Subordinación y Valor!, contestado igualmente por un explosivo ¡Para defender a la Patria!
• El lema institucional característico: Ejército Argentino. Nació con la Patria en Mayo de 1810 .
• Los lemas tradicionales y característicos, tales como:
• La montaña nos une (Montañeses).
• ¡Dios y Patria o Muerte! (Comandos).
• Con el cuerpo confiado en la tela, puesta el alma en las manos de Dios (Paracaidistas).
• ¡Paracaidistas! ¡Siempre!
• Rodillas negras (Tropas de monte, particularmente las integrantes del RI Mte 28 “TENIENTE CORONEL JUANA AZURDUY”.

... y tantos otros, que acompañan brindis, adornan estandartes y escudos, se pronuncian en arengas, se cantan durante las marchas al regreso de instrucción, aparecen en carteles en las entradas de cuarteles y diversas instalaciones, simbolizando el Espíritu Militar que sienten quienes los ostentan o pronuncian. Veamos, por ejemplo, cómo simples gestos o actitudes que se pueden tener durante un brindis, vuelcan una desbordante demostración de espíritu militar. Transcribiré para ello uno que se pronunciara en la Academia de Ingenieros del Ejército de Tierra del Reino de España, durante una visita que hiciera a sus cuarteles en el viaje de egresados en 1974. Para su mejor comprensión, cabe aclarar que el Arma de Ingenieros en España tiene como Santo Patrono a San Fernando. He aquí su inolvidable transcripción:

Brindis en un Banquete de San Fernando
Cuenta un antiguo legajo
que he conseguido encontrar
y que llegué a descifrar
con muchísimo trabajo
(por estar en lengua extraña)
que dios Marte, el camorrista
pasar quiso revista
al Ejército de España
Mas luego que se hizo cargo
de todo nuestro efectivo,
se quedó pensativo
y añadió: “les falta algo”.
y como tiene en muy alta
opinión a nuestra tierra
agregó: “Por si arman guerra
les daré lo que les falta”.
Dicho y hecho aquel día mismo
y en retorta colosal
mezcló en proporción igual
Ciencia, lealtad y heroísmo.
Formó con ellos un ser,
usando un procedimiento
que el cronista no relata
(aunque afirma fue sencillo).
Lo vistió de negro y oro
lo selló con un Castillo
y lo mandó a nuestros pueblos
con letreros que decían:
¡Ahí va lo que no tenían:
…SOLDADOS DE INGENIEROS!
De obra tan sin reproche
tan contento el dios estuvo
que en un banquete que hubo
en el Olimpo una noche
cuando de brindar fue hora,
Marte el dios de los guerreros
brindó por los INGENIEROS
igual que brindo yo ahora...
¡SALUD, CAMARADAS!

El Espíritu militar, a través de muchas exteriorizaciones de las que hemos relatado sólo algunos ejemplos, viene a ser en definitiva, el alma de las tropas. Sin él, un soldado, al decir del pensador militar francés André Gavet, sólo sería un “portagalones”. Sin él, las organizaciones militares se verían resumidas a simples cuerpos dotados de vida pero sin razón de ser, carentes del idealismo que arrastra, que empuja y anima desde ésta y no sólo desde el músculo. Combatientes que en nombre de valores como el profesionalismo, el tecnicismo u otros, se asemejarían más a bandas de mercenarios que a verdaderos centuriones, orgullosos de formar las legiones que defienden un ideal, una causa, un suelo, y el alma de un pueblo. Al respecto, Don José Ortega y Gasset, nos refiere desde su obra “España Invertebrada”:

“Un pueblo debe sentir su honor
vinculado a su ejército no por
ser el instrumento con que
puede castigar las ofensas que
otra nación le infiera; éste es un
honor externo, vano, hacia fuera.
Lo importante es que el pueblo
advierta que el grado de perfección
de su ejército mide con pasmosa
exactitud los quilates de la moralidad
y vitalidad nacionales."

Fuente: Mayor(R) Sergio O. H. Toyos para el Diario Soldados Digital.

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martes, 10 de septiembre de 2019

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE FRAY LUIS BELTRÁN

El 7 de septiembre de 1784 nace en la proximidad de la ciudad de Mendoza el sacerdote franciscano Fray Luis Beltrán.
Fue un sacerdote mendocino. Por sus conocimientos técnicos en química, matemática y mecánica, el General San Martín lo designó jefe del parque de artillería del Ejército de los Andes. Se encargó de la fabricación de cañones, fusiles, municiones y uniformes. Inventó los aparejos que hicieron posible transportar los cañones a través de las montañas. En 1820 realizó la campaña al Perú. Luego luchó bajo el mando de Simón Bolívar y más tarde intervino en la guerra contra el Brasil.
Falleció el 8 de diciembre de 1827.
El apellido de su familia, de remoto origen francés, era Bertrand. Estudió en Buenos Aires y Córdoba, y se ordenó sacerdote en 1805 en Santiago de Chile.
Se hallaba en Chile cuando estalló la revolución independentista, a la que apoyó enérgicamente. Fue capellán del Director Supremo del Estado, José Miguel Carrera y trabajó en la maestranza del ejército con el grado militar de teniente. Tuvo que estudiar química, matemática y mecánica, ciencias que llegó a dominar ampliamente.
Después de la derrota de Rancagua regresó a Mendoza, donde el General José Francisco de San Martín lo hizo jefe del Parque de Artillería del Ejército de los Andes. Colaboró con José Álvarez Condarco en la fábrica de pólvora y lo suplantó desde que aquél llevara a cabo una misión de espionaje en Chile.
Bajo su dirección se fabricaron todo tipo de armas, municiones, pólvora, herrajes y uniformes. A sus órdenes llegaron a trabajar hasta 700 hombres. En Chile, dio vida en 1811 a lo que en la actualidad son las Fábriacas y Maestranzas del Ejército de Chile (FAMAE). En 1816 abandonó los hábitos, y al año siguiente participó en la campaña a Chile. Diseñó equipos especiales para transportar cañones a lomo de mula, aparejos de su invención para subir las laderas más escarpadas, y puentes colgantes transportables para hombres y mulas.
Combatió en la batalla de Chacabuco y en la sorpresa de Cancha Rayada. Después de esta batalla, cuando San Martín intentaba levantar el ánimo de los militares vencidos, Beltrán los convenció de que tenía municiones de sobra. Era mentira, pero logró fabricar en unos días varias decenas de miles de municiones, con las que San Martín logró la victoria en la batalla de Maipú, que fue definitiva.
Continuó el equipamiento del Ejército de los Andes, esta vez para la Campaña del Perú, en sus talleres en Valparaiso. Instaló una nueva maestranza en Lima en 1821, y proveyó de armas a varias expediciones marítimas y terrestres. Trasladó sus talleres a Trujillo debido a la toma del puerto de El Callao por los realistas. Permaneció en su puesto hasta 1824, cuando fue reemplazado por los oficiales de Simón Bolivar. A órdenes de Antonio José de Sucre participó de la victoria definitiva de la causa americana, la batalla de Ayacucho.
Debido a un altercado con Bolivar, en 1825 fue trasladado a Buenos Aires, donde se incorporó a la maestranza del ejército que marchó a la Guerra del Brasil, pero pronto debió regresar.
Pasó sus últimos años en Buenos Aires donde falleció el 8 de diciembre de 1827. Fue sepultado en esa ciudad con el hábito de su Orden.

lunes, 9 de septiembre de 2019

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL GENERAL JOSE MARÍA PAZ

Nace en la Ciudad de Córdoba el 9 de septiembre de 1791. General de carrera. Inició la carrera de derecho que nunca terminó por haberse alistado en el ejército durante la guerra de la independencia.
Luchó en Tucumán, Vilcapugio y Ayohuma, bajo las órdenes del general Belgrano. Perdió un brazo en la batalla de Venta y Media, a resultas de lo cual fue conocido con el nombre de "el manco Paz".
En enero de 1820, con Juan Bautista Bustos, caudillo de Córdoba, se sublevó contra el gobierno de Buenos Aires. Más tarde, Bustos lo desterró a Santiago del Estero.
En 1826 se unió nuevamente al ejército para combatir en la guerra contra el Brasil y en 1827 fue designado comandante de ejército, por entonces Paz se había declarado unitario y comenzó su lucha por formar un poder multiprovincial opuesto al liderazgo de Buenos Aires. Pronto Buenos Aires, bajo la dirección de Rosas, declaró la guerra contra Paz.
En 1829 éste llegó a Córdoba y derrotó en San Roque a Bustos, su viejo general de ejército, al mismo tiempo, Facundo Quiroga marchó contra Paz, pero fue derrotado en La Tablada y Oncativo. De esta manera Paz logró transformar a Córdoba en el centro de la Liga del Interior. Integrado por nueve provincias con una forma centralizada de gobierno.
Mientras tanto, Estanislao López asumió el liderazgo de las fuerzas federales y tomó prisionero a Paz. Rosas ordenó su ejecución pero López se rehusó a obedecer la orden. Paz huyó a Corrientes, donde luchó contra Rosas y derrotó al general Echagüe, partidario de Rosas, en Caaguazú (28 de noviembre de 1841).
En 1842 pasó a ser gobernador de Entre Ríos, pero pronto desavenencias suscitadas con Ferré, gobernador de Corrientes, y Rivera, del Uruguay, obligaron a Paz a trasladarse a Montevideo donde organizó a las fuerzas contra el sitio de Oribe. En 1844, el nuevo gobernador de Corrientes, Joaquín Madariaga, lo invitó a regresar para dirigir el ejército contra Rosas, y en 1845 subscribió un tratado con Corrientes y Paraguay para combatir a Rosas. Esperaba atacar a Entre Ríos, mas el triunfo de Urquiza sobre Rivera en India Muerta hizo modificar sus planes.
Paz permaneció en Corrientes y trató de enfrentar a Urquiza, pero renunció debido a complicaciones políticas y emigró al Brasil. Allí, sumido en la pobreza, escribió sus Memorias; permaneció en Río de Janeiro hasta 1852, cuando llegaron a él noticias de la revuelta de Urquiza. Inmediatamente regresó a la Argentina donde llegó en el momento de producirse el levantamiento contra Urquiza, después de la derrota de Rosas. Paz tomó parte en la defensa de la ciudad de Buenos Aires. Fue ministro de Guerra en el gabinete de Pastor Obligado. En 1854, aunque con precaria salud, fue electo legislador por la provincia y participó en los debates constitucionales; Paz y Mitre se opusieron a la firma de esta constitución provincial. Murió el 22 de octubre de 1854 en la Ciudad de Buenos Aires.
Durante la presidencia de Domingo F. Sarmiento, sus restos son llevados a la Catedral de Córdoba junto a los repatriados restos de su esposa.

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domingo, 8 de septiembre de 2019

ANIVERSARIO DEL DESEMBARCO EN PERÚ DEL GENERAL JOSE DE SAN MARTIN

El día 8 de septiembre se produce el desembarco del Ejército Libertador en el Perú. En la Bahía de Paracas se inician las operaciones de desembarco. Posteriormente el General José de San Martín, desde su Cuartel General en Pisco, dicta una proclama recomendando a las tropas un comportamiento juicioso y de respeto hacia las personas y bienes, estableciendo penalidades para los infractores. En esta fecha se conmemora el Día de la Amistad Argentino-Peruana.
El llamado Desembarco de San Martín marca el comienzo de una serie de episodios de la historia Peruana de gran significación para la organización política que adoptaría la Sudamerica independiente.
El 20 de agosto de 1820, partió de Valparaiso, Chile, con destino al Perú, la Expedición Libertadora al Perú al mando del Generalísimo José Francisco de San Martín. El jefe de Gobierno chileno, Capitán General Bernardo O’Higgins, realizó grandes esfuerzos para hacer realidad esta costosa y arriesgada empresa.
El Vicealmirante Thomas Cochrane condujo la flota de once naves de guerra de alto bordo y 15 transportes, conduciendo casi 4.000 efectivos de nacionalidad argentina, peruana y chilena adecuadamente uniformados y pertrechados. La escuadra navegó bajo bandera chilena.
La finalidad de la expedición era desembarcar cerca de Lima, establecer una cabeza de playa segura y realizar una rápida incursión militar que aislara a la capital y permitiera enfrentar de manera disgregada al ejército realista. Un hito clave de la estrategia era tomar Lima, hasta entonces llamada Ciudad de los Reyes, y proclamar la independencia, nombrándose San Martín Protector del Perú, para desde esta posición llamar a sumarse a la causa patriota al resto del Perú.
El desembarco se produjo sin novedad en la bahía de Paracas en la mañana del 8 de septiembre. Tomó varias horas el cuidadoso arribo a tierra de las tropas, municiones y artillería. Al momento del arribo un pelotón de caballería del Virrey que custodiaba el lugar huyó hacia el norte. En la ciudad de Pisco hizo otro tanto el jefe militar español de la plaza, Coronel Químper.
Mientras se realizaba el desembarco de todo el ejército, un escuadrón de caballería y una compañía de infantería con artillería ligera se adelantaron a tomar posiciones en las inmediaciones de Pisco. El Ejército Libertador, con el propio San Martín al frente, entró al ciudad en horas de la tarde. A su paso, muchos lugareños vivaron a las tropas patriotas y hubo jóvenes, incluidos algunos esclavos, que se ofrecieron como voluntarios portando como credencial alguna de las proclamas distribuidas clandestinamente en los puertos, meses antes, por el vicealmirante Cochrane.
San Martín instaló su Estado Mayor en una antigua casona ubicada a menos de 50 metros de la plaza mayor. Allí trabajó y residió durante algunos días, definiendo la estrategia militar a seguir en suelo peruano y complementariamente vislumbrando lo que sería la primera bandera y el primer Escudo del Perú independiente.
Allí, fueron aceptados los primeros voluntarios peruanos. José María Palomo, quien tuvo heroica actuación en el Puente Llapay, en Huaura, semanas después; Manuel Tiburcio Odriozola, letrado que llegó a ser secretario de gobierno y que libró batalla ese 4 de octubre en Nazca; Manuel Jorge Bastante, religioso que ejerció como Capellán en filas; Juan José Salas, quien fuera alcalde de primer voto de Ica; Francisco de Paula Cabrera, abogado Iqueño; Isidro y Baltasar Caravedo; José Florez, conspirador entonces prófugo, jefe del grupo de los “deanes” de la calle Monopinta de Lima; Juan José Loyola, quien llegó a ser general; los hermanos Lorenzo; Joaquín Bardales, Pablo Farfán, Santiago Gómez, Manuel Revilla, José Bernaola, Manuel Carrasco; Rafael y José Santos Lévano, trabajadores iqueños y José María de la Fuente Carrillo de Albornoz, marqués de San Miguel de Híjar, quien pidió un puesto en el ejército y aportó caballos y dinero.
Antes de caer la noche del 8 de septiembre, mediante una imprenta portátil perteneciente a su ejército, San Martín emitió su primera proclama desde suelo peruano, firmada:
“San Martín. Cuartel general del Ejército Libertador en Pisco. Septiembre 8 de 1820. Primer día de la libertad del Perú”
En esta proclama decía:
“Compatriotas: […]. El último virrey del Perú hace esfuerzos para prolongar su decrépita autoridad […]. El tiempo de la impostura y del engaño, de la opresión y de la fuerza está ya lejos de nosotros, y sólo existe la historia de las calamidades pasadas. Yo vengo a acabar de poner término a esa época de dolor y humillación. Este es el voto del Ejército Libertador”.
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